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viernes, 7 de julio de 2017

¿UNA BURBUJA DE ACERO?

¿Por qué los militares venezolanos no le dan la espalda a la dictadura?
Gonzalo Himiob Santomé 

En los 95 días de protestas en Venezuela, que han dejado 75 muertos, destacan el ensañamiento y la violenta alevosía de la policía y de la Guardia Nacional Bolivariana contra los manifestantes. Lo prueban no solo el elevadísimo número de arrestos por protestas y actos represivos entre abril y julio de 2017, sino también de heridos –un promedio de 300 cada día– y los asesinados por balas, bombas lacrimógenas o de perdigones disparados a quemarropa, que ya supera las 65 personas.

Pero lo que más llama la atención ha sido el silencio militar ante lo que está ocurriendo. El ejemplo más reciente es el feroz ataque perpetrado por una gavilla de paramilitares contra la Asamblea Nacional ante la mirada indiferente pero cómplice de la GNB. Esto es algo muy grave, pero, sobre todo, sorprendente, porque en 2002 por mucho menos que eso, el Alto Mando Militar le exigió al presidente Hugo Chávez la renuncia a su cargo. Hace poco, Vladimir Padrino, mayor general del Ejército y ministro de la Defensa, reconoció las graves violaciones a los derechos humanos por parte de la GNB y exhortó al cese de las “atrocidades”, pero estas han continuado ocurriendo como si nada.

El colapso de Venezuela explicado en cinco pasos

La explicación más común sobre la apatía castrense es que los militares venezolanos están “comprados”. Sus miembros, en efecto, no padecen las penurias comunes a los ciudadanos porque el gobierno chavista se ha ocupado de mimarlos con toda clase de prebendas —bienes, recursos, carros, viviendas y dinero— que en la cada vez más deprimida economía venezolana solo están al alcance de una casta de privilegiados. El Ministerio de la Defensa venezolano goza de un presupuesto nueve veces mayor que el Ministerio de Alimentación y está también muy por encima del Ministerio de Salud.

Los militares de mayor jerarquía (recordemos que Venezuela cuenta con más de 2000 generales, casi todos ellos ascendidos durante la “revolución”), por más que se esfuercen, no pueden ocultar riquezas, viajes y lujos que no podrían ser pagados con sus ingresos regulares. Pero la realidad es distinta para la oficialidad media y la tropa, no tan cercana a los núcleos del poder en los que el enriquecimiento ilícito es fácil y las coimas y comisiones están a la orden del día.

¿Pueden esos generales más que sus miles de subordinados? Aunque el gobierno trate de evitarlo, los oficiales subalternos y la tropa, y especialmente sus allegados y familiares, están en general sometidos a las mismas carencias que el resto de la población. Esto debería ser suficiente para llevarles a asumir una postura crítica mucho más cercana a la de quienes se oponen al presidente Nicolás Maduro que a la de quienes lo apoyan, pero hasta ahora, salvo algunas reveladoras insurrecciones y desobediencias recientes que son inmediata y severamente castigadas –se estiman 123 militares detenidos–, los militares han cerrado filas en torno al gobierno.

La oposición venezolana debe buscar la manera de convencer a los oficiales medios y a la tropa en contra de la propaganda gubernamental que afirma que si la oposición llega al poder los privará de los beneficios con los que han sido favorecidos a lo largo de ya casi dos décadas.

¿Qué pasa entonces? El silencio militar es una de las consecuencias de un proceso complejo cuyo alcance está por verse. La Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) tiene ya casi 20 años sistemáticamente sometida a un intenso proceso de adoctrinamiento ideológico y de aislamiento de la realidad más allá de los cuarteles, obstaculizando la posibilidad de identificación con los anhelos y zozobras de los civiles.

Fuerte Tiuna, la principal instalación militar de Caracas, es un buen ejemplo de este lavado de cerebro. Es una especie de claustro al margen del resto del mundo, una burbuja en la que la necesidad, la inseguridad y la escasez, al menos como se padecen afuera, no tienen cabida. Allí, las pintas con los “ojos de Chávez” están en todas partes. Los oficios y órdenes militares se encabezan siempre con un “Saludo revolucionario, bolivariano, antiimperialista y patriota” y cierran con “Patria socialista o muerte, venceremos”. Basta entrar a cualquier oficina militar para conocer la verdadera “cadena de mando”. En las fotos, por encima del presidente, que se supone es el comandante en jefe de la Fuerza Armada Nacional, está un difunto, Hugo Chávez Frías, a quien todos veneran como el “comandante supremo”, lo cual no puede dejar más que asombro en quienes no pertenecemos al mundo militar.

Además, el sometimiento de la Fuerza Armada al Poder Ejecutivo y proyecto político chavista es una idea que se refuerza ante los uniformados periódicamente, a través de discursos altisonantes, en los que la nota común es la exigencia de respeto a lo que digan los superiores; autoproclamados como intérpretes de la voluntad de Chávez y a veces hasta de la de Bolívar. Los altos oficiales dejan claro a sus subalternos cuál debe ser el camino a seguir si no quieren pasar a ser tenidos como “traidores”. Los méritos reales pasan a un segundo plano, detrás de la lealtad al “proceso”, y la entrega de condecoraciones y reconocimientos a quienes mejor llevan adelante la línea oficial, a veces por el propio presidente.

Por ejemplo, hace unos días, después de que el Coronel Vladimir Lugo, de la GNB, agredió al presidente de la Asamblea Nacional venezolana, Julio Borges, Maduro le concedió en un acto público la “Cruz de la Guardia Presidencial”. Los miembros del destacamento de la misma GNB que permitieron otra reciente agresión de los grupos de civiles armados contra la Asamblea Nacional fueron premiados con la medalla de “Honor al Mérito”. Antes de eso, otro grupo de GNB también había sido condecorado por su labor “intachable” en los actos de represión recientes. Maduro se refirió a ellos –lo que no deja duda de la intención política del evento– como víctimas de la “oposición violenta”.

No es solo esto, por supuesto, lo que explicaría la inercia militar. No es que los militares subalternos y la tropa no padezcan, al menos en cierta medida, las privaciones generales, pero cuentan con mejores y más eficaces herramientas para enfrentar la aguda crisis del país.

En 2013, el gobierno creó el Banco de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, que ofrece facilidades de crédito y productos bancarios de cómodo acceso a los miembros y personal administrativo de la FANB. Y otros bancos controlados por el gobierno les brindan oportunidades que no existen para el resto de la población. Son también comunes los planes de vivienda y los operativos de salud dirigidos exclusivamente a los militares y a sus familias. Para los militares, al menos en sus cuarteles, sí son accesibles medicinas y alimentos que son imposibles de obtener fuera del mercado negro y a precios exorbitantes. Desde todo punto de vista, los militares son una casta aparte del venezolano común y sus problemas.

Salvo por la GNB, no se ha visto a ningún otro componente militar participando significativamente en la represión de la ciudadanía. Esto podría indicar que no existe entre los uniformados el apoyo irrestricto a Maduro que él y sus voceros pregonan, y, de hecho, están los 123 militares detenidos y acusados de traición y otros delitos.

La oposición venezolana debe buscar la manera de convencer a los oficiales medios y a la tropa en contra de la propaganda gubernamental que afirma que si la oposición llega al poder los privará de los beneficios con los que han sido favorecidos a lo largo de ya casi dos décadas. También debe luchar contra la percepción generalizada según la cual todo uniformado, sea o no de la GNB, es necesariamente un cómplice de las atrocidades de un régimen que solo los cuida para que pongan sus armas al servicio del grupo que se aferra al poder. Mientras ese trabajo no se haga, las puertas de los cuarteles seguirán cerradas a las aspiraciones mayoritarias de cambio, y la llave que puede abrirlas permanecerá en Miraflores.
(*) Gonzalo Himiob Santoné es abogado, profesor universitario y director de la ONG Foro Penal Venezolano.

Fotografía: El presidente venezolano Nicolás Maduro a su arribo a un desfile militar, flanqueado por su esposa, Cilia Flores, y por el ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, el 24 de junio de 2017 Credit Reuters.
Fuente:
https://www.nytimes.com/es/2017/07/07/por-que-los-militares-venezolanos-no-le-dan-la-espalda-a-la-dictadura/?smid=fb-share-es

domingo, 16 de agosto de 2015

COSMÉTICA DE UN RÉGIMEN

EL NACIONAL, Caracas, 16 de agsto de 2015
Ceballos, Baduel y Oliveros ahora están privados de la voz y la acción política
Políticos advierten sobre estrategia para pacificar a adversarios 
Los analistas Luis Salamanca, Carmen Beatriz Fernández y Gonzalo Himiob coinciden en que el gobierno intenta suavizar su imagen autoritaria
Edgar López

Desde los calabozos donde permanecieron hasta esta semana, Raúl Baduel, Daniel Ceballos y Deivis Oliveros no desperdiciaron oportunidades para persistir en su oposición al gobierno: varias cartas, manifiestos y hasta videos pudieron hacer llegar a la opinión pública. Ahora, cuando las elecciones parlamentarias plantean la posibilidad de un cambio político, los tres no podrían catalizar el descontento con el régimen, pues los jueces les prohibieron tajantemente comunicarse con la prensa o intervenir directamente en la diatriba política.
“Todo apunta a que se trata de una estrategia de pacificación de grandes movilizadores del voto: un político con gran popularidad como Ceballos, un general en jefe trisoleado que alguna influencia debe mantener en los cuarteles como Baduel y un estudiante del ala radical, JAVU, como Oliveros. La condición que les han impuesto a los tres pudiera resumirse en aquello de ‘calladito y quietico te ves más bonito’, porque está claro que el incumplimiento de alguna de las restricciones les puede acarrear su regreso a la cárcel”, advierte el politólogo Luis Salamanca.
La experta en mercadeo electoral Carmen Beatriz Fernández agrega que las limitaciones que ahora tienen Ceballos, Baduel y Oliveros son similares a las aplicadas a otros presos políticos y emergen como una nueva forma de reprimir al adversario, aunque sea menos dura que tenerlo en una celda: “Con el auxilio de jueces que están prestos a acomodar las normas a los intereses gubernamentales, a los opositores que logran salir de las prisiones les coartan las posibilidades de accionar políticamente”.
Salamanca  y Fernández no tienen duda de que la “aparente benevolencia del gobierno” está determinada por la coyuntura electoral, lo cual confirma que las razones para la detención de estas personas no son jurídicas, sino políticas.
El directivo del Foro Penal Venezolano Gonzalo Himiob ofrece evidencias concretas del uso de la justicia penal a favor de los intereses electorales del oficialismo: “El jueves 13 de agosto se llevó a cabo otra sesión del juicio que se le sigue a los estudiantes que instalaron un campamento antigubernamental frente a la sede del PNUD.  Una vez más pedí la liberación de los que permanecen presos (Gerardo Carrero, Nixon Leal, Carlos Pérez y Ángel Contreras) y una vez más la negaron. Es inexplicable, por ejemplo, que mantengan encarcelado a Contreras, pues a él le fueron imputados menos delitos y menos graves que a otros estudiantes acusados en la misma causa y a los que les concedieron libertad condicional. El único patrón claro es que a todos los estudiantes les imponen la prohibición de volver a participar en manifestaciones públicas”.
Himiob agrega que las recientes decisiones en los casos Ceballos, Baduel y Oliveros se debieron tomar desde hace mucho tiempo, porque procedían en buen Derecho: “Ello confirma que sí se trata de presos políticos y que los procesos penales en su contra no los dirigen los jueces, sino el gobierno”.
Tratamiento cosmético. Los tres analistas insisten en que, ante la pérdida de popularidad que amenaza la permanencia del chavismo en el gobierno, todos los órganos del Poder Público han participado en el manejo de los presos políticos de manera orquestada.
Salamanca afirma que existe un plan deliberado que se va ejecutando por sectores y por etapas: “Recordemos las inhabilitaciones de fuertes candidatos de la oposición por la Contraloría General de la República, la incorporación de la paridad de género impuesta por el Consejo Nacional Electoral, las migraciones de electores  fraudulentas avaladas por las autoridades del CNE  y el desmebramiento que causó el Tribunal Supremo de Justicia en las directivas de partidos políticos como Bandera Roja y Copei, por el lado de la oposición, y Joven, IPCN, ORA, Vanguardia Republicana y MEP, por el lado del oficialismo”.
Los analistas también coinciden en que los casos de Ceballos, Baduel y Oliveros corresponden a una especie de limpieza de cutis para suavizar la imagen del gobierno. “Los presos políticos constituyen una mancha muy fea que da cuenta del talante autoritario del gobierno. Eso ha sido advertido por los gobiernos democráticos y los organismos internacionales que han puesto la lupa sobre Venezuela, pero también por sectores moderados del chavismo que dudan de seguir apoyando al régimen”, señala Fernández.
Himiob considera factible que haya más libertades condicionales o casas por cárcel antes del 6 de diciembre. Salamanca califica de “dakasos electorales” esas posibilidades, pero advierte: “Aquí no hay nada definitivo en cuanto a las estrategias, incluso las más inescrupulosas que pudiera usar el chavismo para conservar el poder”.
Los 10 de la Defensoría
Aunque el defensor del pueblo, Tarek William Saab, prefirió no hacer comentarios al respecto, fuentes oficiales aseguraron que el organismo intercedió para que les fueran concedidas medidas de arresto domiciliario o libertad condicional a 10 presos políticos: Marcelo Crovato, Miguel Ángel Nieto, Christian Holdack, Pablo Estrada, Magali Contreras, Andrés León, Antonio Ledezma, Gerardo Resplandor, Jeremías Silva y Raúl Baduel.
Cifra
73 presos políticos cuenta el Foro Penal Venezolano hasta el 13 de agosto de 2015: 27 están recluidos en sedes del Sebin, 17 en cárceles militares, 15 en penales comunes, 5 en comandancias de policía y 9 en arresto domiciliario.

viernes, 28 de febrero de 2014

CUADERNO DE BITÁCORA (2)


Rueda de prensa en la sede de Voluntad Popular. Pendones curiosos. Acto convocado por el Foro Penal Venezolano en la Plaa Alfredo Sadel, Las Mercedes, Caracas. LLeogaron tarde, se les esperó, a un lado estuvieron parados Liliana Henández, Ismael García y Roberto Enríquez.
LB

viernes, 20 de septiembre de 2013

CUADERNO DE BITÁCORA

Hoy estuvo con la periodista Aymara Lorenzo,  Gonzalo Himiob en Globovisión para invitar a un evento a realizarse por la paz, mañana en la Plaza Brión, promovido por más de catorce organizaciones no gubernamentales especializadas en derechos humanos. Nos parece pertinente el evento, pero también reconocer el esfuerzo de las distintas ONG que, a pesar de las adversidades, persisten en su esfuerzo confrontando cara a cara al gobierno. Hay periodistas y penalistas que quizá estarían en inmejorables condiciones económicas de ejercer en el país o en el extranjero, porque son excelentes profesionales, como Tamara Sujú, Carlos Correa, Alonso Medina, Alfredo Romero y el propio Himiob (además, novelista y poeta), los cuales ojalá veamos en una futura curul parlamentaria, entre otros....

LB