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domingo, 1 de marzo de 2015

FICCIÓN DE NORMALIDAD

De la sombra y sus medidas
Luis Barragán


Profundamente conmovido el país, la muerte del adolescente Kluivert Roa de nuevo nos ofrece una justa medida del poder establecido. Un hecho infinitamente atestiguado, imposible de ocultar por más malabarismos que se ensayen, constituye la más exacta radiografía de la crisis que nos colma, incluyendo a ciertos “defensores” de los derechos humanos por correspondencia.

Maduro dijo despachar rápidamente el asunto, tildándolo de miembro de una secta de derecha.  Jamás se había visto algo semejante en todo nuestro historial republicano,  insólitamente conjugadas la irresponsabilidad y la insensibilidad que amasan densamente el discurso violento que padecemos por demasiados años. Sin embargo, la profusión de las imágenes nos permitió reparar en una de las más modestas: corajudamente arrodillado un muchacho ante la  barrera policial que rinde tributo a la resolución 8610, se cuela un perrito que cruza la calle con su distraída dueña.

El fotógrafo, cuyo nombre desconocemos, congela el instante que repentinamente puede quebrar una bala perdida. Coexisten en la gráfica, presuntamente a las puertas de la residencia del gobernador tachirense, el piquete policial de satisfecha superioridad ante la víctima,  la conversación de unos hastiados funcionarios al fondo, el espectador amoldado a la pared, con el perrito de correa tensada por una joven que resolvió pasearlo después de la tempestad.

Escena parecida a tantas que dibujaron las guerras balcánicas,  el poder establecido ha pretendido autorizar una tal normalidad en medio de las más francas y terribles anormalidades que nos aquejan.  Poco importa la muerte – preferiblemente – ajena, pues, al día siguiente, convoca una marcha de obligados funcionarios públicos que aplauden los cohetones atragantados de las divisas negadas para los alimentos y medicamentos indispensables, por lo que nada extraña que, en una misma calle, coexista la más cruda represión con los vecinos deseosos de un momento para ventilarse al amparo de una simulada atmósfera con resquicios de distracción y tranquilidad.


Son numerosas las medidas de la espesa sombra que proyecta el régimen, cuyo afán de supervivencia implica la generación de sendas patologías sociales.  Insistimos, nunca antes visto en Venezuela.

Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/21902-de-la-sombra-y-sus-medidas

miércoles, 22 de enero de 2014

LA NORMALIDAD ENFERMA

Del sutil engaño: 23-E
Luis Barragán


Nunca tan graves las amenazas, el perezjimenato había experimentado anteriores situaciones críticas, añadido el nada fácil fraude constituyente de 1952. Empero, enero de 1958, la anunciada normalización del país fue harto sospechosa, como suele ocurrir cuando se intentan ocultar los sismos que estremecen a la colectividad, francamente irreprimibles en la voz baja de sus estridencias.

Ocurrió el alzamiento del primero que tendió a prolongarse por 48 horas más, en el caso de una mayor decisión y coordinación de los elementos comprometidos, aunque los actos protocolares de año nuevo retrataron un ambiente de templado sosiego, como había ocurrido en ocasiones más o menos parecida.  El dictador hizo y recibió las salutaciones correspondientes, oficiando al frente del Estado, convencido de controlar el desajuste castrense para que el resto de la sociedad hiciese lo propio, pernoctando el despacho presidencial.

Excepto el persistente esfuerzo unitario de la oposición, conseguida la oportunidad que el  plebiscito concedió, el país parecía feliz. La economía todavía solvente, dibujaba el precursor proceso de sustitución de importaciones, mientras que el programa de restricciones voluntarias de adquisición del crudo, en Estados Unidos, tardaría en hacerse sentir.

Las figuras conocidas de los diversos ámbitos, exponían sus mejores deseos para el novísimo año, a la vez que los magazines daban cuenta de los hechos y personalidades más destacados del anterior que areció expirar rebosado de optimismo.  Valga el pleonasmo, el poderío del poder se decía gigantesco  e incontaminable, relumbrando los escenarios.

El Sputnik 1, desafiante experimento soviético que abría un puerta ya sospechada en el marco de la guerra fría, por ejemplo, generaba la opinión de aquellos que, luego, revelaron todas sus rabias antidictatoriales, ora porque supieron lanzarse en el más osado oportunismo, ora porque cumplían también una tarea pública que escondía sus luchas clandestinas. Particular faceta ésta, porque la aparente normalidad también depara sorpresas.

Probablemente, ventilamos un asunto – la normalidad y la sorpresa – que tampoco molestó al diputado ponente del oficialismo al proponer un proyecto de acuerdo recientemente, alusivo a los hechos del 23 de Enero de 1958.  A pesar que el suscrito dedicó algunas líneas de modesta reflexión al respecto, no se sintió animado para intervenir en el debate de la Asamblea Nacional del 21 de los corrientes, sobre todo por el sesgo que la propuesta, finalmente aprobada, tuvo:  la tergiversación política de los hechos y una confusa interpretación ideológica que lo remitió a la lucha armada de los sesenta,  reveló toda una hazaña del orador que obvió al Presidente Chávez Frías y el despreció por el 23-E, sin que mencionemos sus halagos a Pérez Jiménez.

Un terremoto político no puede ocultarse, así prospere la alegría en la superficie de los sobrevivientes.  Varias veces, en nuestro historial republicano, imprevistamente, la rutina ha sido un sutil engaño que todavía asombrosa.

Reproducciones: Élite, Caracas, nrs. 1684 del 04/01 y  1685 del 11/01/1958
http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/18014-del-sutil-engano-23-e

lunes, 2 de julio de 2012

FICCIÓN DE NORMALIDAD

EL NACIONAL - MIÉRCOLES 9 DE FEBRERO DE 2000 / OPINION
Esguince y fracturación
Luis Barragán



"Querer vivir a cualquier precio es aceptar un
día vivir al precio de las razones de vivir.
Solo existimos definitivamente desde el momento
en que nos hemos constituido un cuadro interior
de valores y de abnegaciones contra el cual,
sabemos, ni siquiera prevalecerá la amenaza de la muerte"
Emmanuel Mounier



En los últimos lustros, el advenimiento de los comicios para renovar los órganos del poder público sirvió como el mejor pretexto para diferir, contener o aplacar las diferencias internas de las organizaciones partidistas. La urgencia y la prontitud, no siempre coincidentes, constituían los argumentos esencialmente esgrimidos en esa generosa interpretación de las previsiones estatutarias que soportaban los más sorprendentes cálculos para la dilación.
Ahora, se dirá, sobran los motivos, pues se trata del novedoso, incontenible y aún enigmático desafío de las elecciones inaugurales de otro ciclo republicano, por lo que es necesario esquivar u obviar toda disonancia, en el mejor de los casos remendarla, para salvaguardar la unidad y el vigor de la organización. Vale decir: nada ha sucedido realmente en los últimos tiempos e, incólume el entusiasmo y la emoción de la membresía, o siendo la única fórmula secreta capaz de mantenerla en sus niveles históricos, no vale la pena asumir el riesgo del autocuestionamiento.
Mediante secuencias nada inéditas, la actual dirigencia acciondemocratista proclama el (siempre) supremo interés de renovación que sólo debe esperar la realización de las (mega) elecciones para sorprender, a propios y extraños, con un salto gatopardiano de buena estirpe. La socialcristiana, deudora de un evento que las bases reclaman desde la crisis existencial que abrió sus cauces en diciembre de 1998, ofrece un testimonio semejante.
Digamos que se trata de una ficción de normalidad, ensayada al interior de la organización en el constante intento de una rutina justificada en sí misma. El partido socialcristiano, cuya vocación histórica y carácter ideológico debemos reivindicar, sustentando los valores y las abnegaciones de una adhesión esperanzada, ha de volver a la realidad y ello pasa, inevitablemente, por la renuncia de su actual cuadro directivo, con la inmediata aprobación del proyecto de reforma estatutaria originalmente planteado por la comisión que presidió Carlos Moros Ghersi.
Una tardanza en la convocatoria de las convenciones nacional, regional y local, con la directa selección por las bases de quienes conducirán a la organización en tan difíciles circunstancias, tenderá a consolidar los vicios estructurales de un populismo que penetró todos los rincones el partido, inmovilizándolo hasta hacer de la participación otra consigna de ocasión. Esto nos remite a la ejecución de tareas más trascendentales que los afanes de reubicación burocrática, dibujados casi como el único fundamento doctrinario de los que, incluso, llegan a concebir a la organización como una franquiciadora, capaz de darle al mejor postor un puesto en las boletas electorales.
Reactivar la discusión ideológica, encontrándonos en una etapa que dice privilegiar la construcción de una distinta legitimidad; reinstitucionalizar las instancias y posiciones del partido, asegurando una reinserción social honesta, fluida y transparente que, por una parte, responda a los retos de la eficacia y de la efectividad que irremediablemente surgen, y, por otra, acepte que la política no es un fenómeno exclusivamente estatal; procesar y agregar las ideas y el idealismo, las iniciativas e intereses de una diversidad irreprimible; actualizarnos gracias a la genuina rebeldía ética de las más recientes generaciones, sin dar paso a las deplorables versiones de un oportunismo inescrupuloso. Apenas, los enunciados del otro itinerario histórico a cumplir, evitando que el esguince se convierta en una definitiva fracturación política.
La democracia cristiana venezolana tiene un camino que andar. No son los atajos los que nos seducen, sino una larga travesía que despierte la emoción y la imaginación, capitalizada la voluntad popular para realizar el proyecto histórico pendiente.
Luisbarragan@hotmail.com