EL MUNDO, Barcelona, 8 de septiembre de 2018
CAFÉ STEINER
La tentación de los cuatro
José Ignacio Torreblanca
Cuatro líderes, cuatro candidatos a la presidencia del Gobierno. Pedro Sánchez, nacido en 1972; Pablo Iglesias en 1978, Albert Rivera en 1979 y Pablo Casado en 1981. Ninguno de ellos tiene la más mínima memoria personal del franquismo, ni siquiera de la transición a la democracia o del golpe de Estado de 1981. Alcanzan su mayoría de edad entre 1990 y 1999, cuando la democracia está consolidada y España ha superado el pasado y vuelto al mundo. Son la prueba del éxito colectivo del país. Pero andan enzarzados en un debate sobre la memoria del franquismo y la Guerra Civil.
Que la generación anterior alcanzara un gran acuerdo en los años 70, celebrado dentro y fuera de España, y que ellos no sólo sean incapaces de ponerse de acuerdo sobre las cuestiones clave que marcarán el futuro de este país sino siquiera de ofrecer una visión compartida del pasado transcurridos 40 de la aprobación de la Constitución es para preocuparse.
Se puede y se debe criticar lo logrado por las generaciones anteriores. Sin duda. Pero si uno todavía no ha logrado algo que se acerque mínimamente a la altura histórica de aquello que critica, lo aconsejable sería hacerlo honrando lo logrado, entendiendo las limitaciones que sus autores enfrentaron y aspirando, con mucha modestia, a retomar la tarea donde aquellos la dejaron.
Puede ser una ensoñación pero uno esperaría que transcurridos más de 40 años de la muerte de Franco y 80 de la Guerra Civil, esta generación de jóvenes, que tan bien representa todo lo logrado por los que pactaron la Constitución del 78, no tardara más de 10 minutos en, como ciudadanos educados en una democracia europea que son, mirar al pasado con la misma justicia y equidad que, por otra parte, la mayoría de la sociedad que aspiran a gobernar ya practica. No parece pedir mucho.
Pero como ironizaba Oscar Wilde: "Puedo resistir todo menos la tentación". Así que ante la sospecha de Sánchez e Iglesias de que Casado y Rivera podrían retratarse ante una conveniente utilización del franquismo por parte del PSOE y Podemos, ¿qué es lo que hacen éstos? Retratarse con un proyecto de ley de concordia que supura equidistancia, abstenciones que siembran la duda sobre el liberalismo que se predica y miradas nerviosas a las encuestas. ¡Qué previsible todo! Si cuando estamos a punto de conmemorar los 40 años de la Constitución de 1978, lo único que nos pueden ofrecer cuatro jóvenes líderes es un desacuerdo, precisamente, sobre el pasado, es que estamos haciendo algo muy mal.
Fuente:
http://www.elmundo.es/opinion/2018/09/08/5b926863ca474165238b4653.html
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miércoles, 12 de septiembre de 2018
lunes, 3 de septiembre de 2018
MANIOBRERO
EL MUNDO, Barcelona, 30 de agosto de 2018
EDITORIAL
Franco, un recurso ante la falta de ideas
Más que un nuevo cambio de opinión se trata de una continua improvisación. Con un solo propósito: ocultar con la enésima ocurrencia sobre la exhumación de los restos de Franco la falta de proyecto político de un Gobierno que llegó al poder para ocuparlo, no para ejercerlo. Aprovechando su visita al Museo de la Memoria chileno, Pedro Sánchez, que interpreta estos días por Sudamérica el papel de hombre de Estado, sustituyó sobre la marcha su idea de convertir la basílica de Cuelgamuros en un memorial a las víctimas de la Guerra Civil y la dictadura, por la de transformar todo el complejo del Valle de los Caídos en un cementerio civil.
Sánchez reconocía así que la apuesta por hacer "un centro nacional de memoria", como pedía el PSOE en la proposición de ley presentada en el Congreso en diciembre de 2017, es inviable. Pero ante la imposibilidad de atajar el desafío independentista sólo le queda prolongar un debate que interesa más bien poco a la opinión pública, pero la divide. La política de concesiones al separatismo está llevando a Cataluña a una situación de preocupante enfrentamiento civil. Ese es el problema real al que el presidente del Gobierno debería dedicar sus energías. España no puede seguir viviendo en el pasado.
Fotografía: Fernando Calvo.
Fuente:
http://www.elmundo.es/opinion/2018/08/30/5b86dc9546163f71178b4623.html
EDITORIAL
Franco, un recurso ante la falta de ideas
Más que un nuevo cambio de opinión se trata de una continua improvisación. Con un solo propósito: ocultar con la enésima ocurrencia sobre la exhumación de los restos de Franco la falta de proyecto político de un Gobierno que llegó al poder para ocuparlo, no para ejercerlo. Aprovechando su visita al Museo de la Memoria chileno, Pedro Sánchez, que interpreta estos días por Sudamérica el papel de hombre de Estado, sustituyó sobre la marcha su idea de convertir la basílica de Cuelgamuros en un memorial a las víctimas de la Guerra Civil y la dictadura, por la de transformar todo el complejo del Valle de los Caídos en un cementerio civil.
Sánchez reconocía así que la apuesta por hacer "un centro nacional de memoria", como pedía el PSOE en la proposición de ley presentada en el Congreso en diciembre de 2017, es inviable. Pero ante la imposibilidad de atajar el desafío independentista sólo le queda prolongar un debate que interesa más bien poco a la opinión pública, pero la divide. La política de concesiones al separatismo está llevando a Cataluña a una situación de preocupante enfrentamiento civil. Ese es el problema real al que el presidente del Gobierno debería dedicar sus energías. España no puede seguir viviendo en el pasado.
Fotografía: Fernando Calvo.
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http://www.elmundo.es/opinion/2018/08/30/5b86dc9546163f71178b4623.html
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lunes, 12 de diciembre de 2011
IRRECONCILIACIÓN

EL PAÍS, Madreid, 11 de Diciembre de 2011
TRIBUNA: SANTOS JULIÁ
Una imposible resignificación
El 25 de enero de 1942 realizó el general Franco una visita a la abadía benedictina de Montserrat. Allí, el abad mitrado, Antoni Maria Marcet, rodeado de obispos y superiores de órdenes religiosas, lo recibió como "instrumento de la Providencia", agradeciendo a sus ejércitos, victoriosos "contra la furia de sus enemigos", la devolución a los monjes de "sus templos y hogares y con ellos el ejercicio de los derechos de cristianos y españoles". Franco, entronizado en la basílica bajo palio y en loor de multitud, recordó la Cruzada y mostró su alegría por haber liberado "a España de las hordas rojas".
El Valle de los Caídos nunca será un monumento a la reconciliación
De nuevo bajo palio, de nuevo rodeado de cardenales, obispos y monjes, de nuevo en loor de multitud, el 1 de abril de 1959, Franco visitó otra abadía benedictina, recién construida en roca viva, bajo una cruz colosal erigida a la memoria de los caídos en la Cruzada. Allí, ante otro abad mitrado, Justo Pérez de Urgel, y su ilustre y nutrida audiencia, sentenció una vez más: "La anti-España fue vencida y derrotada".
Y ahora, tantas décadas después de tan gloriosas efemérides, una comisión de expertos propone a un gobierno en funciones, incapaz de resolver por sí mismo el futuro de aquel horror de monumento, que negocie con la Iglesia católica el traslado del cadáver del general allí enterrado, de manera que se proceda a "resignificar" todo el conjunto monumental como lugar de reconciliación y de memorias compartidas. Donde los fundadores erigieron un monumento a la gloria de los que dieron su vida por Dios y por España, los expertos, previo el obligado trabajo de resignificación, quieren fundar, "sin destruir ni cambiar nada", un Memorial a las víctimas de "los dos bandos".
¿Puede dotarse a una gigantesca cruz sobre una enorme basílica de un significado no ya distinto sino contrario a lo que en sí misma significa? ¿Cabe la "relectura" de un monumento extrayendo de él un sentido contrario al que se deriva de su texto en piedra? Los expertos dicen que sí, porque "como no son las piezas, los soportes, quienes poseen la fuerza comunicativa sino el relato que emana de su fundación, lo que procede es un discurso que desvele el significado global del proyecto".
O sea, las piezas y sus soportes, la colosal cruz y la basílica, son mudas, no dicen nada; lo que importa no es lo que en sí mismas significan, sino el relato que acompañó su fundación. Cambiemos, pues, de relato, y cambiará el significado del monumento.
No será "empresa fácil", escriben, y por eso proponen abordar esa resignificación del Valle "de una manera global", con una "actuación integral" que proporcione a los visitantes la relectura completa del conjunto monumental. Para lograrlo, los expertos sugieren la construcción de un Centro de Interpretación, situado a la entrada de la basílica, de la que se habrá retirado el cadáver del general Franco. El visitante, antes de entrar en lugar sagrado, habrá de tomar una especie de ducha laica, impartida en el Centro, de la que saldrá empapado de relectura y de resignificado. Y ¿quiénes serán los que impartan esa relectura, quiénes serán los muñidores de la resignificación? De eso nada se dice, pero es curioso que encarguen la tarea de resignificación a un centro oficial que necesariamente habrá de estar bajo control del Estado.
Dejando aparte discusiones teóricas sobre los límites de la interpretación y representación del pasado -ni aunque se arrepintieran todos los nazis se podría nunca reinterpretar Auschwitz como lugar de reconciliación- una cosa es clara en esta propuesta: los estragos que han provocado las amenidades posmodernas cuando reducen la realidad, pasada o presente, a mera construcción discursiva. Pues por mucha relectura y mucha resignificación que caiga sobre sus piedras, el Valle de los Caídos nunca será un monumento a la reconciliación ni un lugar de memorias compartidas. Es el monumento erigido al triunfo de la Nación Católica por un dictador, tras una devastadora guerra civil, resignificada, ella sí, como Cruzada en el relato mítico de los obispos. Eso fue en su origen, eso era a la muerte del dictador, eso es hoy, y eso será siempre que, bajo la sombra y el peso de la cruz, se mantenga en pie la abadía y no se derrumbe la basílica.
Hay, con todo, en el informe un motivo de esperanza para el futuro: el conjunto amenaza ruina y serán necesarios millones de euros para taponar las filtraciones de agua en la basílica y rehabilitar el deterioro de los grupos escultóricos. Dejemos, pues, que la madre naturaleza siga su curso y resignifique por sí sola como campos de soledad, mustio collado, todo el conjunto monumental. Abandonemos, con o sin Franco en su tumba, aquellos parajes a las nieves del invierno y a los soles del verano hasta que surja otro poeta que cante: "Este llano fue plaza, allí fue templo
Mira mármoles y arcos destrozados / mira estatuas soberbias que violenta / Némesis derribó, yacer tendidas / y ya en alto silencio sepultados / sus dueños celebrados..."
Nunca lucirá más hermoso que en sus ruinas el Valle de los Caídos.
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