Mostrando entradas con la etiqueta Dulce María Tosta. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dulce María Tosta. Mostrar todas las entradas

miércoles, 14 de junio de 2017

CERTEZA DE PRESENTE

Héroes
Dulce María Tosta

Una vez más, Venezuela se nos llenó de héroes. La larga lista de muchachos que liberó a media América durante el azaroso siglo XIX, parece no haber terminado. Los de hoy no son menos meritorios que los generales de ayer, a pesar de no mostrar vistosas casacas o brillantes botas, ni tener la oportunidad de posar para que el pincel del artista inmortalizara su grandeza.

Los de hoy son muchachos con escudos de latón y corazón de acero, capaces de enfrentar arrogantes al robocop de la Guardia Nacional, al policía ladrón y al colectivo homicida. La magia digital nos ha permitido verlos en acción y arrobar al mundo entero con su valor e intrepidez, pues desde tierras lejanas les llegan mensajes laudatorios, consejos acertados y ovaciones sonoras. Gracias a ellos, Venezuela, como hace dos siglos, ha incitado la mirada del mundo.

Llegará el momento en que todas estas heroicidades serán historia, mas como dijera Thomas Jefferson «me gustan más los sueños del futuro que la historia del pasado». Por tanto, vamos a ello:

El chavismo, necesariamente, desaparecerá de la faz de la tierra y, aun antes, el régimen que asola a nuestro País desde hace más de dieciocho años; pero no basta con que la ruindad gobernante desaloje el poder y deje espacio a caminos medianamente democráticos. En este aspecto debemos ser ambiciosos cual más y exigir a todo pulmón y con gesto airado que el principio fundamental de la democracia –su alfa y omega– la soberanía popular, deje de ser un paquete chileno y devenga en realidades concretas y no en botín para políticos electoralmente exitosos.

La distancia entre la soberanía realmente ejercida por el pueblo y la realidad de los regímenes transcurridos desde 1958, está en un sistema electoral viciado donde el ciudadano vota, pero no elige, donde élites partidistas, omnímodas y omnipotentes, lo deciden todo, de acuerdo a sus más particulares intereses.

Pronto será hora de devolverle al pueblo lo que nunca ha dejado de pertenecerle en justicia; para ello debemos empezar por asir una gran verdad que –seguramente– tratará de ser desvirtuada o escondida por los aventureros de siempre: la heroína en esta gesta fue la gente, el ciudadano común,  los jóvenes, hombres y mujeres, viejos y ancianos, sin militancia partidista alguna,  que se resistieron a ser esclavos, a vivir entre la miseria de la bolsa CLAP y el peligro de la boca del arma empuñada por el delincuente.

Si por torpeza o ambición los políticos  –con sus malas artes– nos llevan a una democracia de medio pelo, donde la forma prevalezca sobre la sustancia y el querer de partidos políticos que no abarcan el diez por ciento de la población, determine el camino a seguir, estarán echando las bases de una nueva tragedia y nosotros permitiéndolo.

La solución de nuestros males está en la actitud vigilante del ciudadano para que sea cierta la soberanía ejercida por él. Haremos de este un gran País, solo en la medida en que participemos efectivamente en la toma de decisiones y, para ello, debemos ser electores antes que votantes y rechazar con coraje toda intención de birlarnos la soberanía mediante la elección de nuestros representantes.

Constitución tras constitución hemos repetido que la soberanía reside en el pueblo, pero la torturante realidad de este país desde 1958 para acá, es que la soberanía reside en los partidos. Los ciudadanos hemos sido relegados al anodino lugar de votantes, tristes convalidadores  de decisiones ajenas tomadas en partidos políticos renuentes al ejercicio interno de la democracia. Ello ha traído, como necesaria consecuencia, la formación de roscas, la eternización de dirigentes, negociados de todo tipo y, lo que es peor, la desvinculación del ciudadano de la actividad política, con lo que los partidos se han convertido en vertederos sociales que, a la larga, terminan gobernando al País.

Esto debe y puede cambiar. Todos los cargos de elección popular, desde el Presidente de la República hasta el concejal del pueblo más apartado, deben pasar por el cedazo de la elección primaria. Es menester permitirle a pequeños grupos de ciudadanos que propongan sus candidatos y a los propuestos obligarlos, de esta forma, a vincularse con el pueblo. No se me ocurre mayor, más trascendente y hermoso homenaje a los que se inmolaron por la libertad, ni reconocimiento más alto a nuestros caballeros andantes sin monturas y con escudos de latón.

Fuente:
Fotografías: Nestor Coll (Facebook).

sábado, 4 de febrero de 2017

CARNE(T)STOLENDA

Carnet   
Dulce María Tosta

La actividad política y administrativa del régimen ha tenido –desde los tiempos del difunto– dos características fundamentales: eficacia y progresividad.

En una oportunidad oí a Chávez citar al panameño Omar Torrijos: «lo importante no es andar por ahí moviéndose a la velocidad de la luz, sino moverse un milímetro, cinco milímetros, diez milímetros, pero en la dirección correcta.» Con la meticulosidad de un oficial de artillería determinando el ángulo de tiro y la graduación de la espoleta, los chavistas han entendido que es vana la pretensión de destruir el objetivo con un solo disparo, que es preciso hacer otros cuantos que, aun cuando parezcan ociosos, son necesarios para lograr el acierto final.

El Carnet de la Patria, observado a la luz de esa tradición chavista y actualmente vinculado a la lucha del venezolano común para no morir de inanición, o de una enfermedad contraída con motivo de la ingesta de alimentos sacados de la basura, es posible que se encuentre en su etapa de determinación de la deriva, necesaria para poner el proyectil de artillería en el mero centro del objetivo.

Sin querer hundirnos en los charcos del pesimismo, se nos ocurre que el Carnet de la Patria es el primer paso para la categorización política de todo el conglomerado nacional; es posible que con el tiempo llegue a suplir la Cédula de Identidad y sea exigido para todos los actos de la vida civil, incluidos hasta los más personales como el matrimonio, el registro de nacimiento, la inscripción de hijos en institutos educacionales y otros de similar catadura.

Este Carnet no será entregado de forma gratuita, pues si bien en apariencia no tendrá relación con lo crematístico, el receptor deberá pagar mediante la renuncia a sus derechos civiles, políticos y económicos señalados por la Constitución y su vida –si a eso puede llamarse vida– se convertirá en una inacabable sucesión de admisiones, renuncias y genuflexiones, que darán al traste con todo vestigio dignidad. Vivir para obedecer puede resultar la consigna.

Por su parte, el no carnetizado verá como poco a poco se le irán conculcando sus derechos fundamentales y que la patria, que desde su advenimiento al mundo creyó suya, ahora es ajena y él una visita indeseable, invitada a partir hacia otras tierras; para él este plástico será el carnet de la patria ajena, del sueño renunciado y del futuro incierto.

El mal llamado Carnet de la Patria es un peligro grave que se parece más al hierro candente que el ganadero aplica al anca del becerro para marcarlo como propio, que a una identificación ciudadana. Por ahora, las masas famélicas que lo solicitan son obligadas a firmar una solicitud de disolución de la anodina Asamblea Nacional, con la cual no tienen ninguna conexión ni agradecimiento y si el reclamo por el despilfarro de la fortuna política que el esfuerzo popular le confirió el 6 de diciembre de 2015, y que sólo ha servido para que los partidos dominantes en la MUD colocaran a sus activistas y a uno que otro tonto útil, esos que los políticos han utilizado siempre para dar visos de honorabilidad a lo que no lo es.

La carnetización por hambre puede ser excusable; la madre que lo solicita para aliviar el hambre de sus hijos o el hombre que lo pide para alimentar a sus padres ancianos, incapaces de procurarse el sustento, no deben ser despreciados. Los que no tienen perdón de Dios son los políticos que se hacen los distraídos mientras esta grave amenaza gana terreno en detrimento de la libertad.

Mientras este monstruoso intento de convertirnos en un País de esclavos toma fuerza, los partidos que se auto titulan opositores y se agrupan en la MUD, siguen aplicando la política del pendejismo, que ni siquiera es de su autoría, pues dicen que hace siglos la inventó el primer avestruz que enterró su cabeza en la arena para huir del peligro.

Fuente:
http://www.dulcemariatosta.com/index.php/de-dulce-maria-tosta?layout=default&id=836

viernes, 13 de enero de 2017

ARRIEROS SOMOS ...

Unidad
Dulce María Tosta

Uso y abuso se ha hecho del término «unidad», como expresión de una cohesión inexistente entre los dirigentes del grupo de partidos que conforman la Mesa de la Unidad Democrática (MUD).

Hablamos de dirigentes porque las decisiones y acuerdos que allí se toman emanan de los líderes visibles de AD, PJ y UNT, dado que los demás solo cuentan a la hora de las apariencias, de las fotos y de la dilución de responsabilidades.

La palabra que nos ocupa, en manos de los cabecillas de la MUD, se asemeja más a una franquicia comercial, como puede ser Mc Donald o Arturo’s, que a la expresión de una realidad política o de un sentimiento popular. Para nuestra lengua, la franquicia es una concesión de derechos de explotación de un producto, actividad o nombre comercial, otorgada por una empresa a una o varias personas en una zona determinada.

Con la misma vesania con que el PSUV se apropió la palabra Patria, quienes se llaman sus opositores lo hicieron del término Unidad, pero un leve análisis nos permite concluir que ambos se asemejan en la antonimia de sus realidades: ni los del PSUV tienen patria ni los de la MUD unión.

¿Cómo pueden llamarse patriotas quienes son sumisos a potencia extranjera o unitarios quienes se asemejan a beodos peleando por una botella vacía? ¿Acaso no es de todos sabida la presencia e influencia cubana en nuestro País, o el permanente atajaperros entre los precandidatos presidenciales de la MUD?, cada uno de los cuales arrima la brasa para su sardina sin importarles la realidad de un pueblo al que el hampa le ha arrebatado centenares de miles de vidas y, lo que es peor, lo somete al riesgo de que las próximas generaciones sufran de cretinismo como consecuencia del hambre que trata de mitigar con la ingesta de basura, propia de los países más pobres del mundo.

Hablar de unidad en ausencia de unidad de propósitos es una estafa. La comunidad de objetivos es necesariamente previa a cualquier unidad de acción. No pueden marchar juntos quienes se dirigen a diferentes lugares, como absurdo es que partidos que sostienen la conveniencia estratégica de mantener a Maduro en el poder, compartan su andar con quienes promueven la salida como solución a buena parte de nuestros males.

Estos conflictos de fondo convierten a la MUD en un canceroso metastásico y terminal, por mucho que sus beneficiarios pretendan cambiarle el nombre y esconder a algunos hombres para que todo siga igual, en una jugada capaz de sonrojar de envidia a Giuseppe di Lampedusa, autor de El Gatopardo.

Tal como están las cosas, el mejor servicio que puede prestarle la MUD al País es su desaparición; no me refiero a las letras que conforman la sigla, sino a los hombres que la determinaron, anteponiendo sus intereses particulares a los del colectivo y que ahora pretenden cambiar de camisa para parecer distintos.

Los que durante más de tres lustros jugaron ping-pong con el régimen, copando espacios que correspondían a otros, deben ser repudiados por todos y marcharse de la política venezolana. Hacen falta nuevas caras que impulsen nuevos procedimientos signados por los principios que diferencian a la democracia de los demás regímenes políticos; pero detrás de esas caras debe haber estadistas que estén más atentos a la próxima generación que a la próxima elección.

En ausencia de propósitos comunes, cualquier organización se asemejaría a un grupo de borrachos empujando a un automóvil que se niega a prender, sin tomar en cuenta que unos lo hacen hacia atrás desde el capó y otros hacia delante desde la maletera, mientras piensan quién sería el bribón que escondió la botella que no sabe vacía.

Fuente:
http://www.dulcemariatosta.com/index.php/de-dulce-maria-tosta?layout=default&id=833
Ilustración: Dumont.

viernes, 3 de junio de 2016

INÉDITO EN LA VENEZUELA CONTEMPORÁNEA


Genocidio 
Dulce María Tosta
 
Venezuela atraviesa una situación caótica. La escasez de alimentos y de  medicamentos y la abundancia de delitos nos han escamoteado el derecho a vivir y nos recuerdan -cada momento- la ineluctable proximidad de la muerte.
El tornillo del garrote vil que un régimen político perverso puso en el cuello de la República, ha sido apretado lenta pero constantemente; los demenciales métodos aplicados en otras latitudes con resultados humanos y económicos desastrosos, están siendo impuestos en la patria de Bolívar y Miranda con inaudita vesania, provocando miseria y desesperanza; pero la hora del «sálvese quien pueda» parece haber llegado, no para huir despavoridos ante el inminente hundimiento de la nave, sino para ponernos de pie, enarbolar banderas y luchar por la vida.
La situación venezolana no es inédita: Armenia (1915 – 1923), Ruanda (1994), Ucrania (1932 – 1933) y Europa (1939 – 1945) presenciaron la desaparición de millones de personas por motivos de raza, religión o política y que el jurista judío Raphael Lemkin (1900 – 1959), llamara genocidio, provocando que  en diciembre de 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobara la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio,  Convención de la cual Venezuela es signataria.
Dicho instrumento comienza señalando que el delito puede cometerse tanto en tiempo de guerra como de paz; muy importante precisión, pues indica que se puede cometer por medios «pacíficos», (no militares) tales como la destrucción de medios de producción de bienes de primera necesidad, la creación de una situación de inestabilidad jurídica que inhiba la inversión o destruya la existente, la persecución de expertos necesarios para la producción de bienes y servicios; la promoción del éxodo de profesionales calificados necesarios para la satisfacción de las necesidades sociales; el rechazo de ayuda internacional requerida por enfermos graves; … y pare de contar.
En la tipificación del genocidio, se lee: «Artículo II (omissis)   c) Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial;». Surge de inmediato una pregunta: ¿Se pueden considerar intencionales y de resultados previsibles las acciones del Poder Ejecutivo que han causado hambruna y mortandad en los últimos años? Creemos que sí, pues no solamente  causaron hechos antijurídicos, sino que las acciones mismas fueron antijurídicas, directamente violatorias de la Constitución y la ley. Citemos, a título de ejemplo, las múltiples expropiaciones que hicieron famoso el término ¡Exprópiese! en boca de Chávez; esa orden constituye un hecho antijurídico por contrariar abiertamente el artículo 115 constitucional que reserva al poder judicial («sentencia firme») la expropiación de cualquier clase de bienes «con pago oportuno de justa indemnización».
Estas acciones confiscatorias no solamente fueron voluntarias, reiteradas y publicitadas, sino que se realizaron en franca desobediencia a la prohibición que encierra el término «Solo» del citado artículo 115; las consecuencias de tal violación eran previsibles: la estampida de capitales nacionales y foráneos por la pérdida de confianza en el sistema económico nacional. Igualmente voluntaria y de resultados previsibles fue la paralización de los planes de electrificación cuyas consecuencias fueron advertidas por expertos en la materia: producción insuficiente ante el crecimiento esperable de la demanda por razones poblacionales. Pero donde la intencionalidad mostró fulgor solar fue en el rechazo a la ayuda internacional para socorrer a los enfermos mediante la donación de medicinas, a pesar de que el Poder Ejecutivo, a través de su servicio aduanero, está habilitado para «Exonerar total o parcialmente de impuestos, y dispensar de restricciones, registros u otros requisitos, el ingreso o la salida temporal o definitiva de mercancías destinadas a socorro con ocasión de catástrofes, o cualquier otra situación de emergencia nacional, que sea declarada como tal por el Ejecutivo Nacional;» (Ley Orgánica de Aduanas, artículo 5°, numeral 12).
Como consecuencia de políticas públicas propias de orates, centenares de niños pequeños y neonatos mueren en nuestros hospitales y a muchísimos otros se le obscurece el futuro a la sombra del cretinismo por mala alimentación, ante la mirada impasible de un régimen capaz de gastar más de 25 millones de dólares en bufas maniobras militares para enfrentar enemigos ficticios, en vez de auxiliarlos y escuchar el ruego de los médicos que se ven impedidos de ejercer con éxito su profesión. Nuestros centros de salud públicos y privados, en vez de ser promesas de vida y salud, son ductos hacia la muerte, suerte de puertas infernales con horrendos letreros: «Perded toda esperanza».
En nuestro criterio, los venezolanos estamos sometidos a genocidio, ideado en el extranjero y ejecutado por fanáticos y delincuentes que se escudan tras tesis políticas rotunda y universalmente fracasadas. Toca a los juristas amantes de esta tierra preparar la denuncia correspondiente ante la Corte Penal Internacional y ante un mundo que mira con incredulidad la tragedia venezolana.
Miles de nuestros compatriotas mueren como moscas en calles y hospitales; como diría Cantinflas: Si esto no es un genocidio, se le parece.
Fuente:
Fotografía: http://internacional.elpais.com/internacional/2016/06/02/america/1464897224_380860.html: Adriana Cubillos (AP). “Un agente de policía detiene a un manifestante”. // Juan Barreto (AFP). “Las fuerzas de seguridad se deplegan para intentar contener las protestas”.

viernes, 27 de mayo de 2016

PREGUNTARIO (2)



Preguntas  
Dulce María Tosta

Desde el instante en que Jehová le preguntó al hijo mayor de Adán y Eva «¿Dónde está tu hermano?» hasta el presente, hemos realizado infinidad de preguntas y obtenido infinidad de respuestas ambiguas, calco de la primera con la cual se quiso ocultar el fratricidio: «¿Soy acaso el guardián de mi hermano?».
Quizás la evasiva respuesta de Caín fue el primer acto de mala política que recuerde la historia; después de ese se cuentan por billones las piruetas verbales, las mentiras, las medias verdades, las omisiones y distorsiones diseñadas a la medida de los intereses grupales.
Consciente de los riesgos que asume quien pregunta, pues las malas preguntas son promotoras de respuestas protervas, no hacerlas es inexcusable en tiempos de angustia, cuando el tema no atañe al futuro  sino al ya, al ahora, al próximo segundo. No es fácil hacer preguntas adecuadas, al punto de que Voltaire señaló: «Juzga a un hombre por sus preguntas en vez de hacerlo por sus respuestas». Asumiendo los riesgos correspondientes, pongamos manos a la obra:
A la Conferencia Episcopal Venezolana. En 1958, Monseñor Rafael Ignacio Arias Blanco era Arzobispo de Caracas; ejercía su ministerio con prudencia, pero con firmeza antiperezjimenista. A pesar de la férrea  censura de prensa, radio y TV impuesta por el régimen, la gente percibía que los pastores no abandonaban sus rebaños, hasta que el mediodía del 21 de enero, las campanas de todas las iglesias del País tocaron a arrebato, llamando al pueblo a la huelga general convocada por la Junta Patriótica y a la protesta popular. Pregunto: ¿En la Catedral de Caracas también se encuentra enterrado, junto a su cuerpo, el espíritu libertario del valiente, amado y admirado Obispo?
A los colegios profesionales y academias. Ustedes constituyen los reservorios de los conocimientos técnicos y humanísticos del País, lo cual les genera una gran responsabilidad. Pregunto: ¿Se han dirigido oportunamente a sus conciudadanos en términos sencillos y comprensibles denunciando errores y planteando soluciones? ¿Los colegios de abogados han denunciado las sentencias inconstitucionales del TSJ y la Resolución N° 070906-2770 del CNE, en la cual se fijan requisitos extraconstitucionales a las solicitudes de referendos revocatorios?
Al Cuerpo Diplomático. ¿Informa permanente y adecuadamente a sus gobiernos acerca de la crisis humanitaria que vive Venezuela y la necesidad de aplicar la Carta Democrática Interamericana?
A la Asamblea Nacional. La Asamblea Nacional está siendo percibida como un apéndice de la MUD, como lo es el TSJ del PSUV. Genera desazón entre la gente común observar que la Asamblea está más cerca de los cálculos e intereses políticos de los grupos que la conforman que del contundente mandato de enfrentar al régimen que le fuera dado el 6 de diciembre, en claro desacato al artículo 201 de la Constitución. Pregunto: ¿Por qué no han solicitado prueba fehaciente de la nacionalidad de Maduro, tal como fuera propuesto en el decreto Gramcko? ¿Por qué prefiere –con exclusividad– el largo y tortuoso camino del revocatorio?
A María Corina Machado. Algunos no te tragan, como Rafael Poleo que te llama «muchacha hiperquinética», pero para muchos que admiran tu constancia, inteligencia y valor, eres la versión criolla y sin gorro frigio de Marianne, la francesa en cuyo regazo se acunaron los principios revolucionarios de libertad, igualdad y fraternidad. En poco tiempo has acumulado un capital político envidiable; entre el «expropiar es robar» que le espetaste a Chávez como asambleísta, hasta la agresión que sufrieras en Mérida hace poco, tu estatura política ha crecido exponencialmente y hoy eres respetada aun por aquellos que no te desean buena fortuna. A la luz de estos asertos, pregunto: ¿Qué haces en la MUD? ¿Qué poderosas razones –debe haberlas– te mantienen atada a una confederación de intereses tan distintos a los tuyos? ¿Cuándo asumirás el rol de líder de la resistencia que el País te reclama? Parafraseando: Vacilar es perderte, no tengas miedo.
Al hombre llano. Todos los habitantes de este País, en mayor o menor grado, somos responsables de lo que nos sucede. Paulatinamente nos fuimos alejando de los asuntos públicos por considerar que eran ajenos a nuestros intereses y obligaciones, con lo que llenamos las ciudades de habitantes, pero no de ciudadanos; aceptamos la corrupción administrativa como gracejada de los políticos, al punto de permitir diputados y magistrados con antecedentes criminales; perdimos oportunidades brillantes, como  elegir Presidente a Arturo Uslar Pietri en 1963 e impedir la marramuncia electoral acaecida 30 años después. Pregunto: ¿Has aprendido la lección? ¿Estás listo para asumir el costo de tener futuro? De ser así, estamos salvados.

Fuente: