Mostrando entradas con la etiqueta Ciudadano's. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ciudadano's. Mostrar todas las entradas

viernes, 31 de agosto de 2018

NOVOVETUSTARIO

EL MUNDO, Barcelona, 8 de agosto de 2018
TRIBUNA
Vieja y nueva política
Gabriel Tortella

El desarrollo del drama parlamentario que presenciamos a fines del pasado mayo me ha traído a la memoria insistentemente el título de la famosa conferencia de Ortega con que osadamente encabezo estas líneas. Aunque las circunstancias actuales son diferentes de las del tiempo en que Ortega pronunció su exposición (24 mayo 1914), existen, por desgracia, paralelos entre ambas épocas. El filósofo hablaba en nombre de la recién creada Liga de Educación Política Española, con objeto de darla a conocer y de iniciar su labor de curación de un sistema político y de un cuerpo social que en España estaban "enfermos". No podía saber el gran pensador cuán crucial era el momento escogido para su discurso: pocos meses más tarde estallaría la Primera Guerra Mundial, que marcaría una gran divisoria en la historia contemporánea y cuyas consecuencias de todo orden harían olvidar sus propósitos de educación política, aunque no ciertamente la conferencia en sí.

Reprochaba el filósofo al sistema político español que sus partidos se habían ido "anquilosando, petrificando, y consecuentemente, habían perdido toda intimidad con la nación". Se trataba de "partidos fantasmas, que defienden los fantasmas de unas ideas" (algo muy parecido diría Cambó ocho años más tarde en sus Memorias). Sólo salvaba Ortega de este anquilosamiento al "partido socialista y al movimiento sindical... las únicas potencias de modernidad que existen hoy en la vida pública española".

Acertaba plenamente nuestro filósofo: entonces. Las cosas han cambiado mucho en este siglo largo que ha transcurrido desde su famosa conferencia. Las ideas socialistas han triunfado en este intervalo y hoy socialismo y sindicalismo pertenecen plenamente a la vieja política, de pensamiento fantasmal y petrificado. Basta simplemente considerar las triquiñuelas de ilusionista a que recurre hoy el PSOE para hacerse con el poder cueste lo que cueste (si lo sabrá el sufrido contribuyente) y sin atreverse a consultar al electorado antes de embarcarse en una huida hacia delante con la esperanza de ganarse a los votantes con guiños y prebendas. El Partido Socialista está hoy firmemente incrustado en esa vieja política que, como denunciaba Ortega, no ofrece grandes ideas de reforma y mejora, sino simplemente envoltorios vacíos con colores pretendidamente atractivos (exhumación de Franco, aborto infantil y un largo etcétera). No es el único: pero es la formación que lideró esa turbia maniobra parlamentaria del pasado mes de mayo para impedir la manifestación de la voluntad popular. Para ello, el socialismo de Sánchez concitó a un abigarrado aquelarre de partidos hoy ya viejos (algunos catalanes se renuevan sólo en el nombre, como ciertas damas provectas se maquillan para quitarse años y pasados incómodos) a los que unía un solo objetivo: impedir que el pueblo votara para dar un giro a la política antigua, cobarde y suicida que el sistema español viene ofreciendo como solución al problema más grave que tiene planteado nuestro país desde hace ya muchos años: el separatismo. Y esa vieja solución se resume en tres palabras: ceder, conceder y subvencionar.

La vieja política de hoy conserva persistentes resabios del franquismo: es incapaz de librarse de la pesada herencia de aquel régimen que, con su machacona condena de "rojos y separatistas", confirió a estas opciones políticas una aureola totalmente injustificada. El cuerpo político español parece incapaz de desprenderse, de curarse del absurdo prejuicio de que si para Franco rojos y separatistas eran los enemigos, algo bueno habían de tener. Ello ha dado lugar a dos graves anomalías de la opinión política española: de un lado, lo que podríamos llamar la asimetría cainita; de otro, una suicida tolerancia del separatismo.

No hace mucho Teresa Giménez Barbat comentaba que en Alemania a nadie se le ocurriría relacionar a la CDU con el nazismo; sin embargo, en España no son infrecuentes las acusaciones de que el PP es heredero del franquismo. Y lo más curioso es que el PP, en lugar de emparentar al PSOE con las chekas o con Paracuellos, pongo por caso, ha aceptado con mansedumbre las acusaciones de sus detractores, esforzándose solamente en demostrar que ya está muy enmendado y regenerado. La insistencia de la izquierda en descalificar al centroderecha acusándole de ser "derecha extrema", como repetía el inefable Rodríguez Zapatero, tiene graves consecuencias; la peor de todas, el cainismo: si la derecha es tan impresentable, la colaboración con ella es imposible; por lo tanto, es preferible aliarse con los separatistas que con el Partido Popular

Esto lleva a la situación actual y concede a los separatistas una situación de privilegio político que explica que, con un 4,6% de los votos, tengan en jaque permanente a todo el sistema político español y lo desprestigien a los ojos de nuestros socios y aliados. Esto se ha visto ahora en los tribunales europeos, que han venido a decirnos: "¿Cómo quieren ustedes que definamos como reos de un delito de rebelión a unos políticos con los que ustedes pactan amigablemente a diario? No nos pidan que les resolvamos el problema que ustedes no se atreven a afrontar, que les saquemos del fuego sus propias castañas". Este humillante varapalo ha sido la consecuencia directa de este viejo cainismo que no sólo se remonta a Franco, sino que viene de muy atrás, desde el Trágala gaditano, si no desde antes. Ya decía Machado que las dos Españas nos helarían el corazón. Pues siguen haciéndolo. La asimetría cainita, esa vieja lacra de nuestra política, trae consigo una tolerancia irresponsable con los separatistas. Ejemplo perfecto de esta afirmación lo encarna el actual presidente del Gobierno.

¿Quién representa hoy la nueva política? Sin duda Ciudadanos que, con todos sus defectos e indefiniciones, ofrece la superación del viejo cainismo, con una posición de centro que conlleva una renuncia a la descalificación de los demás partidos constitucionalistas. Ciudadanos se ha mostrado dispuesto a aliarse tanto con el Partido Popular como con el PSOE, actitud que cierra la brecha creada por el cainismo. Por eso concita el odio sarraceno de los separatistas, que agreden y acosan a Rivera y Arrimadas con métodos reminiscentes de los primeros años del hitlerismo. Y por eso se unió contra Ciudadanos todo esa turbamulta de la vieja política que protagonizó la lamentable tragicomedia de la moción de censura del pasado mayo, incluida, y esto fue lo más tragicómico de todo, la víctima propiciatoria, el propio PP, demostrando hasta qué punto formaba parte del viejo bloque.

El Partido Popular, que humilló la cabeza y ofreció el pescuezo al verdugo antes que defenderse gallardamente y, si fuere necesario, convocar nuevas elecciones, demostró hasta qué punto tenía interiorizado el cainismo de que era víctima. En aquel episodio lamentable, la vieja política se retrató, coaligándose contra las elecciones, contra la democracia, con tal de cerrar el paso a la nueva política, es decir, a Ciudadanos, el único partido que se oponía claramente al separatismo y que creyó ingenuamente que su posición inequívoca sería una baza decisiva a su favor. Resultó ser una baza decisiva en su contra. Triunfó la vieja política, la de la cesión, concesión y subvención al separatismo.

El tiro pudo haberles salido por la culata a los de la vieja política cuando el PP se rebeló contra ella y eligió por sorpresa a Pablo Casado, que representa algo muy distinto a la ambigüedad de Rajoy. Contra él se concitan, con el tema del máster, los que, sin estar libres de pecado, están dispuestos a lanzar la primera piedra y las que hagan falta para impedir la renovación política.

Decía Ortega de las Cortes de 1914 que "no pueden vivir, porque para un organismo de esta naturaleza vivir al día, en continuo susto, sin poder tomar una trayectoria un poco amplia, equivale a no poder vivir". Igualito que ahora. Ha pasado más de un siglo y la vieja política sigue con nosotros. ¿Hasta cuándo?

(*) Gabriel Tortella,  economista e historiador, cuenta, entre sus publicaciones recientes con Cataluña en España. Historia y mito (con J.L. García Ruiz, C. E. Núñez y G. Quiroga) y "¿Es España una nación?", en Claves, mayo-junio 2018.

Ilustración: Raúl Arias.
Fotografía: José Ortega y Gasset: http://barricadaletrahispanic.blogspot.com/2012/02/jose-ortega-y-gasset.html
Fuente:
http://www.elmundo.es/opinion/2018/08/08/5b6973fae2704ea61e8b4610.html

domingo, 29 de mayo de 2016

BAJO LA MIRADA MIRANDINA



Dientes en la oscuridad

Luis Barragán

Más vale tarde que nunca, pues, la comunidad internacional ya reconoce el carácter dictatorial de un gobierno que profusamente antes se publicitó como toda una hazaña democrática para redimir a los pobres. No faltan sólo las libertades públicas, sino el propio alimento y medicamento para mantenerse en pie por estas peligrosas calles bajo pleno dominio del hampa.

En un mismo día, hubo las visitas contrastantes del diputado español Albert Rivera y del canciller cubano Bruno Rodríguez. El uno, amenazado con la consabida prohibición gubernamental, tuvo por destacada actuación la de acudir a la Asamblea Nacional para un acto libérrimo de confirmación de su solidaridad con la causa democrática, generando expectativas y entusiasmos; y, el otro, no por casualidad, celebró un encuentro con los médicos cubanos dependientes de la muy aminorada alcaldía menor, dando ocasión para que la canciller Delcy Rodríguez reincidiera en los consabidos halagos hacia Fidel, etc., etc. Por cierto, en días cercanos, ya había ocurrido el incidente entre Antonio Tajani, vicepresidente del Parlamento Europeo, y Darío Vivas, quien – allende la mar – confortablemente acudió a pedir respeto y a defender la soberanía con su habitual nota de envalentonamiento  (https://www.publico.pt/multimedia/video/discussao-sobre-venezuela-quase-chega-a-vias-de-facto-no-parlamento-2016518010143).

Supimos del diputado Rivera, gracias al decidido gesto de solidaridad que tuvo con Leopoldo López y todo el drama venezolano en el foro parlamentario, reiterándolo en nuestra casa a pesar de la campaña que sus adversarios abrieron en la suya. Algunos de esos adversarios, agazapada o abiertamente, fueron beneficiarios del régimen  petrolero por el que ahora no arriesgaran siquiera una pestaña, privilegiada la agenda ibérica de un aparente e irresistible ascenso al poder que debe mover a la reflexión que es oír y dejarse oír, permitiendo que la oscuridad limpie la dentadura.

Inevitable consecuencia de la crisis española, muy distinta a la que brutalmente padecemos, surgen movimientos y partidos emergentes que, por cierto, de un modo u otro tienen por raíces la antipolítica. Y, ésta, convengamos, la que les permite navegar realidades peninsulares tan difíciles a entidades encontradas como Podemos y Ciudadano´s, cede un poco más por la sobriedad, consistencia y trascendencia que la sola consideración de problemas como el de la Venezuela sumergida en un proyecto totalitario, les impone impidiendo la sonrisa fácil de una frívola posición política.

Obviamente, desconocemos la vida cotidiana de una España que, al mirar hacia nuestro país, puede hallar motivos para bregar por la libertad y la democracia, únicamente capaces de garantizar los mejores niveles de vida con equidad, evitando la banalización de sus más urgidos problemas. Una vez, fuimos referentes para la nada fácil transición democrática que adelantó, como ahora lo somos para no perder los logros alcanzados: no pasará mucho tiempo para coincidir en una etapa de recuperación social y económica bajo el signo de la libertad que dignifica.