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sábado, 26 de julio de 2014

EN LA MERA TORRE (2)

EL NACIONAL - Jueves 24 de Julio de 2014     Opinión/8
El Editorial
Proyecto fracasado
En la mera torre

La Torre Confinanzas se pensó como una fábrica de ensueño, como el edificio más inteligente de América Latina
Es una expresión mexicana, que habitualmente se usa para referirse a un hecho contundente: a fulano le dieron en la mera torre, por ejemplo. Pero, ¿a quién le dieron en la mera torre con la inesperada mudanza del promisorio y después abandonado edificio Confinanzas, llamado popularmente Torre de David, que se está llevando a cabo? Si recordamos que la historia gira alrededor de una construcción deshabitada y en espera de planes del sector público, para la que se perfilaba un destino mejor cuando Chávez ascendió al poder, pero que fue objeto de una ocupación favorecida por la autoridad de entonces, la respuesta se orienta hacia quienes en su momento permitieron el espectáculo de una de las invasiones más estrambóticas que se puedan recordar.
La Torre Confinanzas se pensó como una fábrica de ensueño, como el edificio más inteligente de América Latina, como residencia de magnates en cuyas manos quedaría un derrotero de progreso material que se escribiría con letras de oro en las páginas de la historia. Sin embargo, la inteligencia tiene sus enigmas y lo que era un designio de avance económico y de afirmación de la burguesía más avanzada de las burguesías, terminó en la ruleta de una crisis bancaria que le cambió el dueño y la trayectoria. Como sabemos, pasó a manos del Estado, que no acertó con proyectos inmediatos sobre una maravilla devenida en timo. Pese a que la construcción estaba adelantada y parecía un reto capaz de atenderse sin mayores quebraderos de cabeza, terminó en el espacioso limbo de los elefantes blancos. Hasta que Chávez encontró la solución, por supuesto.

¿Cuál solución? Un "plan" que no solo consistió en permitir su ocupación por el pueblo soberano, sino también en presentar el hecho como un logro de la revolución. La propaganda sobre la insólita colonización del edificio llegó hasta la Bienal de Venecia, exposición artística de fama universal en la cual se presentó el poblamiento del lugar como un aporte arquitectónico aguijoneado por la justicia social, como un producto del ingenio popular y de la redención de los oprimidos que merecía la atención de la culta Europa. Los reportajes, los documentales pagados por el erario, los panfletos de papel glacé y las fotos multicolores del insólito barrio vertical y de sus moradores le dieron la vuelta al mundo, con la complacencia del régimen encabezado por el comandante Chávez que así exhibía uno de sus logros más curiosos y atrayentes para los asiduos a esas muestras habitualmente visitadas por los progres más ingenuos y fáciles de sorprender.
Fantasía sin sentido y justicia popular echada a la basura, si nos atenemos a la mudanza que hoy lleva a cabo el madurismo. Ya la Torre perdió su contenido de plan equitativo para los pobres, que se había pregonado en los años anteriores. Lo que era una maravilla se convirtió en adefesio digno de olvido, si juzgamos por la celeridad de la agencia de traslados que se ha puesto en marcha sin hacer memoria de los logros del comandante supremo, tan cacareados hasta hace poco, o tratando de encontrar una explicación que no toque ni con el pétalo de una rosa lo que se hizo con los pies y ahora se endereza con ministeriales manos. No solo se le da en la mera torre a la Torre de David, sino también a los disparates que prohijó el "gobierno anterior". Estamos frente a una de las mudanzas más interesantes de los últimos tiempos, por lo tanto.

Fotografía:  http://www.elpuercoespin.com.ar/images/2013/02/torre-david-4.jpeg


 EL PAÍS, Madrid, 27 de julio de 2014
Adiós a la favela en el rascacielos
Venezuela comienza a reubicar a las 1.100 familias que ocupan la Torre de David, un edificio sin acabar y con un prestigioso premio arquitectónico
Alfredo Meza 

Si los planes del Gobierno chavista del presidente Nicolás Maduro se concretan, en pocos meses se desocupará la Torre de David, la favela de hormigón más alta del mundo. La noticia ha sorprendido a la opinión pública, que miraba entre desconcertada y avergonzada cómo lo que prometía ser el icono arquitectónico de la Caracas de la última década del siglo XX, cuya construcción fue abandonada en medio de la crisis financiera de 1994, era invadido por familias sin techo —los más— y malvivientes —los menos— ante la indiferente mirada de las autoridades. El chavismo intelectual veía en la toma de la construcción en forma de zigurat —dos torres de 45 y 28 pisos más un estacionamiento de 10 niveles y una azotea que haría las veces de helipuerto— el símbolo del fracaso del neoliberalismo de los años noventa. Para sus habitantes, ocuparlo a la fuerza fue la única manera de concretar el sueño de poseer una vivienda propia, un deseo que cruza transversalmente a toda la sociedad venezolana.
El desalojo comenzó el pasado lunes en la noche con la colaboración de miembros de la Fuerza Armada Nacional, quienes ayudaban a los vecinos a bajar sus enseres desde los pisos superiores para introducirlos en camiones especialmente dispuestos para la ocasión. En primer lugar saldrán 160 familias —de las 1.156 censadas— hacia una zona urbanizada por el Gobierno en los Valles del Tuy, en las afueras de Caracas.
La iniciativa supone un esfuerzo del chavismo por desmarcarse de la promoción de las invasiones urbanas alentadas por Hugo Chávez, y un gesto que pretende reubicar a quienes viven en sitios inadecuados. Otras informaciones apuntan a que el edificio podría albergar a empresas chinas, como parte del acuerdo firmado con el presidente Xi Jinping durante su visita esta semana a Caracas. El viernes en la noche el presidente Nicolás Maduro sugirió incluso que la estructura de fachada espejada podría ser demolida.
Si esto llegara a ser así, se cerraría el capítulo más triste de la vida de Kimberly Caminiti. El viernes por la mañana, como todos los días, esta mujer de 43 años, de piel blanca y con pecas apenas visibles en los pómulos, alquilaba teléfonos celulares en la acera de la torre. Hace siete años Kimberly llegó al edificio, premiado en 2012 con el León de Oro en la Bienal de Arquitectura de Venecia, decidida a no volver a pagar una renta por una vivienda. Vivía hacinada con sus tres hijos, entonces de 15, 6 y 2 años, en un dormitorio alquilado.
Durante muchos años la Torre de David —conocida también como Torre Confinanzas— fue administrada por un expresidiario llamado Alexander Daza, El niño Daza, quien decidía quién entraba, o no. Kimberly Caminiti pudo obviar ese requisito. El padre del segundo de sus hijos, que había participado en la invasión, la recibió en su vivienda del piso 13. Vivían juntos, “pero no revueltos”, dice ella, como para dejar claro que su presencia en casa de su antigua pareja era el sacrificio que haría antes de obtener su lugar propio. En los pisos superiores, entre el 24 y el 28, había suficiente espacio para alojarse, aunque con no pocas dificultades y riesgos. A la falta de agua corriente —problema solucionado con el tiempo con la instalación de bombas que la impulsaban hasta los pasillos de los pisos, donde los vecinos debían acarrearla hasta sus apartamentos— se sumaba la ausencia de paredes laterales. Si decidía mudarse allí, Kimberly y sus hijos solo estarían resguardados por la fachada espejada. No había ventanas ni bloques para proteger a la niña de dos años que recién comenzaba a caminar.
Para llegar hasta el piso 28, el último nivel habitable y el primero en clausurarse, hay que tener una buena condición física o subir en las motocicletas apostadas en la planta baja del estacionamiento. En cualquier caso, no hay manera de ascender sin la compañía de los líderes de la comunidad. El objetivo es espantar a la mala prensa mediante visitas guiadas y desvelar la cara amable de la comunidad.
Kimberly recuerda los esfuerzos que a diario debía hacer para subir los 13 pisos con bolsas y una niña a cuestas. Pero antes de llegar al apartamento donde ocurriría su desgracia, Kimberly y sus hijos vivieron en el piso 18 en un espacio más pequeño. No duraría mucho tiempo allí, porque finalmente llegó al apartamento amplio que muchas veces había imaginado. Se mudó al piso 25 con sus hijos el 24 de diciembre de 2009, pero mes y medio después, el 13 de febrero de 2010, estaba regresando de nuevo a la casa de su antigua pareja. “A la torre llegamos cuatro personas. Y desde ese día somos tres”.

Kimberly trabajaba como cajera de un supermercado en el centro de Caracas cuando recibió una llamada. Había dejado a su niña, a punto de cumplir cinco años, al cuidado de una vecina que a su vez vigilaba a otros chiquitos. Decidieron jugar al escondite. La hija de Kimberly corrió a esconderse detrás de un aparato que cubría un enorme foso en el centro de la torre. Cayó al vacío. Fue, según sus cálculos, una de las tres víctimas, junto a un motorista ebrio y una mujer que resbaló mientras intentaba pasar de una fachada a otra. A ciencia cierta, nadie sabe cuánta gente ha podido morir.
Si el chavismo concreta su promesa, Kimberly debería recibir su vivienda dentro de algunos meses. Está dispuesta a mudarse lejos si es necesario, pero aún no se la han asignado. Cuando eso ocurra, nunca más volverá a la Torre Confinanzas. Aquí, aparte de lo que ocurrió, a ella y a sus vecinos se los tiene como los responsables del auge de la delincuencia en el barrio de Sarría y sus alrededores. Kimberly no teme a un nuevo comienzo, quizás porque sabe que algún día llegará a una morada segura

Cfr. Fotogalería, con autoría de Alejandro Cegarra: http://internacional.elpais.com/internacional/2014/04/11/album/1397213765_870482.html#1397213765_870482_1397217333

sábado, 12 de julio de 2014

MARCIALIDAD FUTBOLEADA (2)

EL PAÍS, Madrid, 10 de julio de 2014
Un Gobierno militar con rostro civil
Maduro asciende a 229 oficiales a generales y almirantes para premiar su lealtad al chavismo
Son parte de una oligarquía castrense que controla Venezuela
Alfredo Meza 

Cada vez que asoma el mes de julio los oficiales ascendidos a la alta jerarquía de las Fuerzas Armadas venezolanas lucen sus nuevas presillas y caponas en los mejores restaurantes de carne de Caracas, en comidas rociadas con abundante whisky. Al principio solían ser celebraciones discretas porque eran unos pocos, pero desde hace algunos años son muchos.
En Venezuela hay más generales y almirantes que cargos vacantes en el estamento militar, pero eso no parece ser un obstáculo para el Gobierno del presidente Nicolás Maduro. Este año se sumaron a esos rangos 229 coroneles y capitanes de navío, siguiendo una costumbre iniciada hace cuatro años por su antecesor, Hugo Chávez. Ha sido la manera que ha encontrado el chavismo no solo de honrar sus orígenes castrenses, sino de estimular a quienes les han servido de principal soporte en tres lustros, más allá de la obligación impuesta en la Constitución venezolana. El de Maduro es un Gobierno militar con una fachada civil.
La cifra contrasta con lo que era una costumbre incluso con Chávez en el poder. Si en 2006 apenas ascendieron siete oficiales a general de división fue porque todavía era norma la costumbre de solo cubrir las bajas por retiro. Eso fue cambiando con los años después de las reformas a la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana —que agregó dos nuevos escalafones (mayor general y general en jefe) a los dos existentes (general de brigada y general de división) en la alta jerarquía— pero en definitiva con un asunto más intangible como el significado de la justicia. Chávez, que le había quitado la competencia al Senado tras promover un Parlamento unicameral en la Constitución de 1999, siempre consideró como una injusticia que las decisiones de ascenso estuvieran en manos de civiles.

En los Gobiernos civiles que le antecedieron, según Chávez, muchos buenos oficiales se quedaron a las puertas de los altos cargos postergados por otros, menos talentosos, que se ocupaban de forjar buenas relaciones con la dirigencia política. Pero salvo la cantidad de militares de alto grado, una rareza en América según los estudiosos del tema, el chavismo también utiliza las promociones como una manera de premiar la lealtad.
Solo unos pocos de esos nuevos generales y almirantes ocuparán puestos de mando. Otros serán trasladados a cargos clave en la administración pública, algunos se quedarán sin destino dentro de las fuerzas armadas y el resto, muy pocos en realidad, terminarán su carrera militar con el ascenso. El último de los nombramientos más resaltantes en cargos administrativos fue el de Giuseppe Yofreda, un saliente comandante general de la aviación, como presidente de la recién creada Corporación Venezolana de Comercio Exterior, la instancia creada por Maduro para centralizar las importaciones del Estado venezolano a la tasa sobrevaluada de 6,3 bolívares por dólar. Es un poder incluso mayor que comandar tropas. En Venezuela ponerle la mano a los dólares baratos que entrega el Estado para luego revenderlos en el mercado negro, que multiplica por doce su valor, es la vía más rápida para hacerse rico.
La mayoría de esos oficiales son parte de una gran oligarquía castrense que controla el país y está consolidando lo que la directora de la ONG Control Ciudadano, Rocío San Miguel, ha llamado “el diseño de un Estado militar”. “Se busca que la sociedad se intimide y se subordine a sus designios”, agrega. Los militares retirados, además de altos cargos públicos, gobiernan el 52% de los estados, ocupan ministerios y la presidencia de la Asamblea Nacional. Su poder tiene amplias ramificaciones políticas y económicas, como ha ocurrido con más o menos preponderancia en casi 200 años de vida republicana, que se ha fortalecido con la reciente decisión del Tribunal Supremo de Justicia de permitir a los militares su participación en actos proselitistas. Se trata en definitiva de un tutelaje sobre lo civil que apenas se interrumpió entre 1958 y 1998, cuando en Venezuela se sucedieron elecciones cada cinco años y se eligieron presidentes civiles, y del cual se hace constante gala. Un ejemplo: el último orador de orden de la sesión del 5 de julio en la Asamblea Nacional, que conmemora el aniversario de la firma del acta de la independencia venezolana, fue el general en jefe Vladimir Padrino López, jefe del Comando Estratégico Operacional, la máxima instancia operativa de las fuerzas militares.

Entre los nuevos ascensos destaca el del nuevo general en jefe Jacinto Pérez Arcay, un anciano maestro de Chávez reincorporado a la actividad militar por órdenes del líder bolivariano. Pérez Arcay tiene una prosa ampulosa que suele poblar de adjetivos rimbombantes el relato de la independencia nacional. Maduro lo ha mantenido como una suerte de asesor en temas históricos que despacha en el palacio de gobierno. Tanto él y los nuevos generales y almirantes recibieron sus insignias delante de la tumba de Hugo Chávez, en el cuartel de la Montaña, el nuevo lugar de peregrinación de la oficialidad venezolana.

Fotografías: Una, Reuters. Otras,  Ovario de Venezuela (https://www.facebook.com/ovario.venezuela?fref=ts), Paseo de Los Próceres, Desfile Militar del 05/07/2014.

sábado, 21 de junio de 2014

ESCORIÁSIS

EL PAÍS, Madrid, 20 de junio de 2014
Maduro carga contra el ministro que cuestionó su “falta de liderazgo”
El presidente venezolano aseguró que “no hay excusa para la traición” de Giordani sin mencionarlo directamente
Maduro destituye al responsable de la política económica de Venezuela
Alfredo Meza 

El Gobierno de Nicolás Maduro ha salido al paso de las críticas del histórico exministro de Planificación Jorge Giordani después de su salida, esta semana, del Gabinete. El presidente venezolano se refirió a él, sin mencionarlo, en la noche del pasado miércoles durante el juramento de su sustituto, Ricardo Menéndez, haciendo rodeos generales sobre la lealtad que debería guiar el comportamiento de la militancia chavista. “Hay compañeros que prefieren refugiarse en la retaguardia de la retaguardia y ser los cronistas del fracaso. No hay excusa para la traición de nadie al proyecto revolucionario”, afirmó en un acto celebrado en el palacio presidencial de Miraflores.
Había mucha expectativa por conocer la reacción del gobernante, de quien Giordani resaltó, en un escrito publicado en el portal chavista Aporrea, su “falta de liderazgo” y la ausencia de un programa fiscal ajustado a la visión frugal del socialismo. Entre los lectores ha quedado la sensación de que Maduro está enfrentando la primera crisis de gran calado dentro de las fuerzas que le apoyan. Y así ha sido. La cúpula del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) ha respondido al desafío planteado, por lo que el diario El Nacional ha llamado “el efecto Giordani”, con la gira de sus altos cargos por las provincias, con el objetivo de recordar la importancia de permanecer unidos en torno al delfín de Hugo Chávez. Lo manifestó Jorge Rodríguez, uno de los líderes del partido y alcalde del municipio Libertador (centro-oeste de Caracas), en una asamblea en el estado Cojedes, en el centro del país: “Vienen nuevos combates y algunos sinsabores, pero mientras nos mantengamos unidos y pensemos en ese hombre que miró más allá de su dolor, podemos decir que pueden venir todas las batallas”. Fue una alusión a la última comparecencia pública de Chávez el 8 de diciembre de 2012, poco antes de viajar a Cuba para operarse por cuarta vez del cáncer que padecía. En aquella ocasión el caudillo pedía unidad a sus seguidores y el apoyo sin reservas para Maduro.
Las críticas de Giordani, uno de los hombres duros de la era chavista, no anuncian una división de las fuerzas bolivarianas, pero sí representan un desafío para medir el liderazgo de Maduro en el próximo congreso del partido, a finales de julio, del que saldrán las nuevas autoridades de la formación. El mensaje parece claro: criticar y debatir antes del pleno acerca de las múltiples y encontradas maneras de construir el socialismo chavista, pero con lealtad a las autoridades. Para ello el PSUV ha confiado a las denominadas Unidades de Batalla Hugo Chávez, sus brigadas de catequización, llevar el mensaje de Maduro a las bases. El primero de ellos está claro. Giordani ha hecho méritos para ser incluido en la larga lista de traidores —que encabeza el mentor político de Chávez, Luis Miquilena— elaborada por la nomenclatura gobernante.

EL PAÍS, Madrid, 21 de junio de 2014
El nuevo zar de la economía chavista
Con la caída de Jorge Giordani, Rafael Ramírez, el ministro de petróleo, es el hombre más poderoso de Venezuela
Alfredo Meza 
   
Con la salida del economista Jorge Giordani del gabinete de Nicolás Maduro, Rafael Ramírez se ha convertido en el ministro que más tiempo ha permanecido en el gabinete chavista en tres lustros. Nombrado por Nicolás Maduro como vicepresidente del Área Económica, Ramírez es además presidente de la compañía estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA), que aporta el 96% de las divisas que ingresan al país desde 2004 y ministro de Petróleo y Minería desde 2002. En torno a él se concentra un poder que nunca antes tuvo un funcionario público alguno en Venezuela.
La cabeza sangrante de Giordani manda muchos mensajes. Hay muchos modos de interpretar el legado de Hugo Chávez. En la interpretación de Ramírez no hay que prescindir o minimizar la contribución del sector privado a la economía, como pretendían las políticas impulsadas por Giordani, que Chávez hizo suyas a partir de 2010 al liquidar el mercado de capitales y fortalecer el peso del Estado. La muerte de Chávez en marzo de 2013 provocó que cada uno de sus más estrechos colaboradores trabajara de acuerdo con su visión y tratara de imponerla. En el sector petrolero Ramírez convenció a Maduro de que había que buscar financiación para incrementar la producción petrolera, la única forma de manera de mantener el elevado gasto social, el secreto de la larga permanencia del chavismo en el poder. El año pasado Ramírez obtuvo préstamos por unos 10.000 millones de las empresas National Petroleum Corporation (CNPC), Rosneft, Chevron, Gazprombank y Schlumberger para encarar diferentes proyectos.
Ramírez, como lo indica el periodista venezolano Juan Carlos Zapata, es clave para Maduro porque posee las conexiones en el escenario internacional para oxigenar las arcas públicas y mantener a un gobierno debilitado por su menguada popularidad. No es la primera vez que Ramírez, ingeniero mecánico egresado de la Universidad de los Andes en 1989, con maestrías de Estudios Energéticos en la Universidad Central de Venezuela, demuestra su solidaridad en momentos de crisis con un presidente.
Ramírez fue una pieza inamovible durante el Gobierno de  Chávez
Durante el paro de la industria petrolera (diciembre de 2002-febrero de 2003) ayudó al gobierno de Chávez a conjurarla asestando golpes clave a la gerencia que entonces manejaba el corazón tecnológico de la petrolera. Desde entonces fue una pieza inamovible del gabinete a pesar de algunos escándalos ocurridos durante su larga gestión: el hallazgo de alimentos básicos podridos que fueron importados a través de la Productora y Distribuidora Venezolana de Alimentos (Pdval), una filial de PDVSA, o la incautación en 2007 en un aeropuerto de Argentina de un maletín con 800.000 dólares en efectivo pertenecientes a la estatal petrolera venezolana y destinados a financiar la campaña presidencial de la entonces candidata Cristina Fernández. En todos los casos cayeron sus subordinados, pero él se mantuvo firme. Los coletazos de la investigación jamás lo afectaron.
De esos contactos no podría presumir Giordani, un viejo profesor de la Universidad Central de Venezuela, con fama de honesto y casado con sus ideas marxistas. Sólo Ramírez, un conocedor de las perspectivas del negocio petrolero, tiene dentro del chavismo la capacidad de viajar por el mundo para enviar tranquilidad a los mercados. La semana pasada estuvo en Londres donde garantizó que Venezuela en el corto plazo unificaría su sistema cambiario en un esfuerzo por eliminar las distorsiones de su economía, en torno al 15% del Producto Interior Bruto. En la época de Chávez esos anuncios jamás los hacía un ministro.
Hay quienes advierten en ese modo de conducirse las primeras señales de un proyecto propio. El artículo de Giordani así lo señala. En silencio Ramírez se ha ido erigiendo como un polo de poder que pocos tomaron en cuenta cuando se perfilaban los escenarios posteriores a la muerte de Hugo Chávez. Hoy el presidente de PDVSA no solo tiene nombre propio dentro del chavismo. A partir de esta semana habrá que decir que en Venezuela no solo el poderoso presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, es candidato para suceder a Maduro.

viernes, 9 de mayo de 2014

ENFOQUE

EL PAÍS, Madrd, 8 de mayo de 2014
La oposición venezolana se ahoga en sus diferencias
Ni moderados ni radicales logran concesiones del Gobierno
Cientos de jóvenes detenidos tras una escalada represiva
Alfredo Meza 

Un nueva grieta ha aparecido en la ya dividida oposición venezolana tras las declaraciones de Roberta Jacobson, secretaria de Estado Adjunta de EE UU para Latinoamérica, que en una audiencia ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado estadounidense del jueves aseguró que una parte de la dirección de la oposición venezolana había pedido no sancionar al Gobierno del presidente Nicolás Maduro por las reiteradas violaciones a los derechos humanos en la violenta represión de las protestas.
El ala radical de la oposición, que exige el fin del Gobierno de Maduro desde hace tres meses liderando protestas callejeras, interpretó esa declaración como una maniobra del ala moderada para copar el espacio opositor. Ese ala está representada por la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), una alianza de partidos políticos calificada hasta de colaboracionista por los más intransigentes del sector radical. El principal portavoz de la Mesa de Unidad, el secretario ejecutivo Ramón Guillermo Aveledo, se movilizó rápidamente para intentar atajar las sospechas. “Nunca un portavoz de la MUD ha planteado a funcionario de país alguno que se dicten sanciones que hagan que el pueblo pague las culpas de sus gobernantes. Tampoco que se exonere a personas de asumir la responsabilidad que acarrea su conducta”, expresó en un comunicado.
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Las dudas sobre el papel de la MUD han continuado especialmente por el lento avance del diálogo con el Gobierno. A esto se suma el asalto que el jueves llevaron a cabo las fuerzas policiales a cuatro acampadas estudiantiles en Caracas, que derivaron en la detención de 243 personas. “A casi un mes del inicio de la mesa de diálogo hoy hay más presos, más torturados, más allanamientos e intimidación”, escribió en su cuenta de Twitter el alcalde metropolitano de Caracas Antonio Ledezma, uno de los líderes, junto a la defenestrada diputada María Corina Machado y el coordinador nacional de Voluntad Popular Leopoldo López, del sector crítico con el Gobierno partidario de intensificar las protestas en las calles.
El proyecto de la llamada Ley de Libertad Venezolana y Protección Democrática, impulsado por congresistas republicanos y demócratas para sancionar a aquellas personas implicadas en la violación de derechos humanos, calza muy bien con el propósito de debilitar al Gobierno defendido por el núcleo duro de la oposición. Sin embargo, de momento parece haberse impuesto en el Congreso estadounidense la tesis que defienden los moderados: cualquier sanción de Estados Unidos afianzaría en el Gobierno la convicción de que las protestas son parte de un ataque transnacional a la revolución bolivariana, una tesis que durante más de una década ha mantenido el chavismo con éxito.
La división de la oposición es ya inocultable y ha obligado a sus portavoces a reivindicarla como una de sus fortalezas en un intento por restarle importancia a las diferencias. Además de López, Machado y Ledezma, en la lista de supuestos responsables de los disturbios están los miembros del partido de López: su número dos, Carlos Vecchio, que hoy está en la clandestinidad, la dirigente estudiantil Gaby Arellano y los alcaldes Lester Toledo y David Smolansky. Todos han sido calificados como terroristas por el ministro del Interior y Justicia, Miguel Rodríguez Torres.
La oposición venezolana no se reduce a los partidos, pero la alianza que los agrupa es en los hechos el legítimo contrincante al que apunta el Gobierno. El ala que propone tomar la calle hasta provocar la caída de Maduro ha perdido protagonismo dentro de la MUD. Cuando en febrero se hizo evidente que romperían con la estrategia de apostar al desgaste del Gobierno y acumular fuerzas para propinarle una derrota amplia en venideros procesos electorales, María Corina Machado quedó fuera del G7, la instancia política que traza la estrategia de la MUD, y fue sustituida por su colega Stalin González.
La parlamentaria asistía a esas reuniones desde hacía año y medio en representación de la bancada opositora de la Asamblea Nacional. Aunque Aveledo dijo no saber las razones por las cuales Machado había sido relevada como representante de los diputados, cuando se le preguntó hace algunas semanas durante un almuerzo, confesó que parecía lógico que Machado se quedara por fuera después de contradecir la estrategia electoralista trazada por la MUD.
A casi tres meses del inicio de las protestas el Gobierno ha tomado decisiones difíciles de imaginar a principios de año
A casi tres meses del inicio de las protestas el ala de Machado, López y Ledezma ha empujado al Gobierno a tomar decisiones difíciles de imaginar a principios de año. Gracias a esta presión la Asamblea Nacional designará a los nuevos miembros del Consejo Nacional Electoral y del Tribunal Supremo de Justicia, y reconsiderará la situación del comisario Iván Simonovis, el preso político más emblemático de la era chavista, cuyos abogados han pedido su excarcelación al Ejecutivo debido a su precario estado de salud.
No es el ala radical, sin embargo, la que se ha sentado con el Gobierno a dialogar. Han sido los moderados encabezados por Aveledo —entre los que están los miembros de Primero Justicia, el partido del ex candidato presidencial Henrique Capriles, el gobernador del estado Lara Henri Falcón, el secretario general de Acción Democrática, Henry Ramos Allup, o el miembro de Un Nuevo Tiempo, Omar Barboza— los que han capitalizado esa oferta para posicionarse ante el Gobierno y la comunidad internacional como los interlocutores válidos de la oposición.
Los acuerdos parciales no satisfacen a los radicales. En el fondo cuestionan la decisión de sentarse a la mesa sin condiciones. Para ellos la MUD debía esperar que el movimiento acumulara más fuerzas para, entonces, sí sentarse a negociar. No reniegan del diálogo, pero sí son partidarios de que éste produzca cambios inmediatos. Un movimiento clave es la liberación de Leopoldo López. A casi tres meses de su detención aún no se ha celebrado la audiencia preliminar, que determinará si queda en libertad o si es enjuiciado como uno de los principales responsables de la ola de violencia en Venezuela. El pasado 29 de abril, el dirigente festejó su 43 cumpleaños en la cárcel.