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sábado, 5 de mayo de 2012

¿GUATEPEOR TERMINÓ REIVINDICANDO A GUATEMALA?

EL PAis, Madrid, 5 de Mayo de 2012
TRIBUNA
La vuelta de Batista: ¿revisionismo o restauración?
El recuerdo del antiguo dictador cubano rebrota como paradigma perfecto de este tiempo en que la democracia no es necesaria para la implantación y éxito del capitalismo
Iván de la Nuez 

Al principio fue leve. Más tarde fue ganando en intensidad hasta que, por fin, alcanzó la categoría de huracán. Batista —Fulgencio Batista y Zaldívar— ha resurgido como hashtag cubano; un trending topic que ha apuntalado su presencia de ultratumba, probablemente con la mayor fuerza del último medio siglo. Con motivo del 60 aniversario de su golpe de Estado, y a través de entrevistas, artículos, ensayos e hipótesis, varios intelectuales cubanos han resucitado al general que interrumpió, en 1952, el último gobierno votado en la isla bajo un sistema pluripartidista. Una figura de entre-revoluciones, a quien la de 1930 se lo dio todo y la de 1959 despojó de todo.

Los argumentos emanados de esta revisión (pueden consultarse en Diario de Cuba o Tumiamiblog, entre otros), así como el eco expansivo de los debates en los foros de Internet, nos plantan directamente sobre un sepulcro cerrado en falso (lo que, a la larga, no deja de ser positivo). Pero también irradian, y esto es lo inquietante, el desasosiego de una cultura que —por muy tropical que parezca— nos obliga a padecer, cada cierto tiempo, la angustia de Wilheim Reich ante el deseo de las masas por el fascismo. En el caso cubano, un ardor que es tal vez más exagerado entre los intelectuales.

Este revival de El Hombre, como también fue conocido este tirano, no se debe, curiosamente, a la perdurabilidad de su recuerdo en viejos correligionarios (casi todos muertos). En este año 12 del siglo XXI, Batista es revisitado y discutido, sobre todo, por una generación que no conoció su gobierno y que se formó, mayoritariamente, en el sistema educativo de la revolución. Valga el añadido de que buena parte vive hoy en países democráticos de Occidente.

El caso es que aquí le tenemos, amplificado como sujeto multidimensional. El Batista bueno y el Batista malo, el constitucionalista de 1940 y el traidor a esa constitución en 1952. El sargento sublevado y el general implacable. El que, para unos, está en el origen de la episódica democracia cubana y, para otros, en el nacimiento del eterno régimen posterior. El factotum de medio siglo XX cubano, pasado por el escáner de la tiranía comparada, obsesionada por dilucidar –“dime, espejo mágico”—, como una letanía, si ha sido mejor o peor que un Fidel Castro sembrado en la otra parte del tiempo insular.

Este retorno abocaría el porvenir cubano hasta el grado cero de un “mercado sin república”

No ha faltado, en el empeño, el aligeramiento de la carga de sus muertos ni la conversión de la tortura sistemática de su último gobierno en un desliz puntual. Tampoco su tratamiento como déspota “de excepción”, lo que ha llevado a compararlo con dictadores latinoamericanos posteriores —Pinochet o Videla— quienes, “contra su voluntad”, no tuvieron más remedio que echar mano de la represión: estos últimos por la amenaza de otra Cuba, Batista por la amenaza de la suya. Los millones robados pasan a ser pecata minuta y el personaje demoníaco que explotó Hollywood —Coppola o Pollack—, si bien no tuvo un cine particular en su mansión para deleitarse con Drácula, tal como le caricaturizó Richard Lester, se nos descubre en estos días como usufructuario de una biblioteca considerable. Al mismo tiempo, se ha resaltado el factor racial que dinamizó, durante el batistato, el ascenso de mulatos en la sociedad cubana, representado por el propio Batista o por un escritor como Gastón Baquero.

En el más vehemente, brillante y discutible artículo sobre este asunto, el poeta Néstor Díaz de Villegas ha patentado incluso la existencia de una “estética batistiana”, recordándonos que, además, Batista fue enaltecido por Neruda, tuvo su portada en Time o se posó en una página de Emil Luwig.

Esta recuperación no es asunto exclusivo de pensadores de la derecha o el exilio. A pesar de que Batista fue un tabú para el régimen cubano, o precisamente por eso, algunos historiadores marxistas han repasado a fondo su época. José A. Tabares del Real, que combatió contra su dictadura como miembro del Directorio Estudiantil Revolucionario, se dedicó, hasta su muerte, a intentar la biografía de su enemigo. Este historiador llamó la atención sobre su lógica de poder —“el método Batista”, que le permitió medrar en la política cubana desde los años 30— y alertó sobre su competencia estratégica. Para Tabares del Real, reconocerle tales destrezas era, por decirlo de algún modo, un ejercicio “revolucionario”. A fin de cuentas, no hay mérito alguno en ganarle la guerra a un estúpido.

¿Qué significa, entonces, esta rehabilitación de Batista en pleno siglo XXI y qué puede aportar su retorno al imaginario de las actuales generaciones de cubanos? Si se trata de examinar una época, un estilo de gobierno, o de iluminar los puntos oscuros en la biografía del personaje con la mayor acumulación de poder durante el primer medio siglo XX en Cuba, estaríamos frente a un ejercicio plausible de revisión histórica. Una reapertura sin contemplaciones de la historia sólo puede ser digna de elogio. Se trate de quien se trate; incluido un tirano (sobre todo un tirano).

Particularmente, si tenemos en cuenta, para remitirnos tan solo a la literatura, que no sobran los libros rigurosos sobre Batista. La narrativa cubana, hasta el momento, ha sido bastante más pródiga en retratar la atmósfera opresiva de su régimen que su persona. Ahí están los ejemplos de Así en la paz como en la guerra, de Guillermo Cabrera Infante y, en alguna medida, Los años duros, de Jesús Díaz, o La situación, de Lisandro Otero. Es sintomático, por otra parte, que Reinaldo Arenas, Heberto Padilla o Cabrera Infante, los tres arquetipos más notorios de la literatura disidente, nunca hayan reclamado a Batista como un modelo aceptable para la recomposición futura de Cuba.

Ahora bien, si como decía Marx, los hombres se parecen más a su época que a sus padres, entonces no cabe duda de que este retorno no obedece, exclusivamente, a un ejercicio académico. Como no lo fue, pongamos por caso, hablar de la Nueva Edad Media para abordar una posmodernidad que desechaba el racionalismo.

En ese sentido, Batista rebrota como el paradigma perfecto, y siniestro, de este tiempo en que la democracia no es necesaria para la implantación y éxito del capitalismo. En su coctelera, la represión mezcla perfectamente con la especulación, la mano dura con el enriquecimiento y la corrupción con el “todo vale”, excepto que la gente se anime a preocuparse por la política y a cuestionarse su condición ciudadana. (Desde Franco hasta el pujante modelo chino, pasando por el experimento neoliberal en el cono sur, esta combinación ha ido afianzando su larga marcha).

Si en lugar de una revisión histórica, lo que está teniendo lugar es la posibilidad de una restauración política, entonces estaríamos sumergidos en un círculo vicioso que, como ha previsto Rafael Rojas, abocaría el porvenir cubano hasta el grado cero de un “mercado sin república”. Semejante reposición certificaría nuestra capitulación definitiva como cultura; la rendición a un destino manifiesto según el cual los cubanos no estamos capacitados para la democracia.

Llegados a ese punto, valdría la pena sugerir que los intelectuales cubanos del futuro se decantaran por la única rama de la cultura que, si no redimirnos, al menos podría explicarnos dentro de cien años: la psiquiatría.

Iván de la Nuez es crítico de arte y escritor cubano

Nota de Marcos Villasmil, al remitirnos amablemente el link:

Valga recordar que Batista, en ese momento ex-presidente de Cuba, visitó Venezuela en enero de 1945. Será recibido por el presidente Medina, visita el Panteón Nacional, realiza una visita a los terrenos de la futura Ciudad Universitaria, y en un acto del partido de izquierda Unión Popular, Miguel Otero Silva le dirá: "tenga Ud. la seguridad de que al entrar en la casa de Unión Popular, lo ha hecho en su propia casa." Rodolfo Quintero afirma que "bajo su gobierno, Cuba gozó del más amplio sistema de libertades."

En cambio en el diario El País (vocero oficial de AD), dirigentes universitarios tanto de la Federación de Estudiantes de Venezuela (FEV), como Antonio J. Puppio, y de la UNE (Godofredo González y José Antonio Pérez Díaz) sacan un comunicado conjunto donde lo declaran persona non grata, ya que durante su gobierno se persiguió duramente a la dirigencia universitaria cubana.

A ello reaccionan, en El Nacional, los dirigentes de Unión Popular Rodolfo Quintero, Alfredo Conde Jahn, Pedro Beroes, Miguel Otero Silva, Carlos Augusto León y Carlos Irazábal respondiendo que dichos ataques contra Batista son de "sectores reaccionarios."


sábado, 25 de enero de 2014

DESDE EL PRINCIPIO

EL NACIONAL - JUEVES 31 DE DICIEMBRE DE 1998 / INTERNACIONAL Y DIPLOMACIA
La revolución cubana cumple 40 años
Armas venezolanas defendieron a Castro en la Sierra Maestra
Cerca de una decena de vuelos llevaron a Cuba armamento, comida, ropa, equipos y hombres para respaldar la caída de Fulgencio Batista. Cuatro décadas después, algunos protagonistas decidieron romper el silencio y reconstruir los hechos
Marianela Palacios

En las postrimerías de la Junta de Gobierno presidida por Wolfgang Larrazábal, y siguiendo las señas de una operación militar "estrictamente confidencial", 150 fusiles, 50 ametralladoras, 100 granadas de demolición, 35 cajas de municiones y 3 cajas de armamento de grueso calibre sustraídas del Parque de Armas venezolano, fueron embarcadas en Maiquetía con destino a la Sierra Maestra en noviembre de 1958. ¿El objetivo? Dar apoyo a la causa rebelde cubana que intentaba derrocar a la dictadura de Fulgencio Batista.
Cerca de una decena de vuelos llevaron a Cuba armas, comida, ropa, equipos y hombres. 40 años después, los protagonistas de esa historia han decidido romper el silencio y recrear los hechos.
Fidel Castro era una especie de leyenda viviente para el pueblo venezolano en 1958, un símbolo de los aires revolucionarios democráticos que se respiraban en Latinoamérica. Los ciudadanos contribuían masivamente en campañas de colecta de fondos para los guerrilleros de la Sierra Maestra. Pero el Gobierno no había querido involucrarse directamente con la causa. De hecho, aunque algunos gremios y organizaciones no gubernamentales lo habían solicitado, nunca se rompieron las relaciones diplomáticas con el régimen de Batista, y cualquier respaldo a la revolución habría causado tensiones políticas importantes.
No obstante, el Gobierno venezolano se involucró. Subrepticiamente claro. "Queríamos apoyar el clamor popular, pero un gobierno es un gobierno, no una agencia de tráfico. Por eso todo se hizo bajo cuerda", admitió el vicealmirante (r) Larrazábal. Según él, la operación contó con el respaldo de otros miembros de la Junta de Gobierno, pero "Rómulo Betancourt no estaba al tanto y, si estaba, lo disimuló".
Operación Cóndor
El historiador Manuel Caballero relata que a finales de los cincuenta "se corrió la voz de que Fidel recibió apoyo militar venezolano, pero eso no se demostró. Nunca se supo con exactitud si el Gobierno patrocinó aquello, ni cómo sucedieron las cosas".
Hoy ya no hay lugar para la duda. La operación tuvo cuatro figuras claves: Fidel Castro, identificado como Cóndor durante las trasmisiones de radioaficionados que permitieron coordinar los vuelos; Wolfgang Larrazábal (Cóndor 1) y su hermano Carlos Larrazábal (Cóndor 2), quien era entonces comandante de la Armada; y Carlos Taylhardat (Cóndor 3), hoy ex embajador de la República y quien siendo teniente de navío en 1958 supervisó los vuelos a Cuba y concretó el despacho de las armas.
Pese a la confidencialidad impuesta, no sólo ellos cuatro sabían de la acción. Francisco Pividal Padrón, líder del Movimiento 26 de Julio y luego embajador de Cuba en Venezuela, menciona otros nombres: "El coronel Hugo Trejo (...) Por la marina, el capitán de navío Miguel Rodríguez Olivares, el capitán de fragata Héctor Abdelnour y el jefe de la Infantería de Marina. Por el Ejército, el mayor Carlos Julio Mora y el teniente Hugo Montesinos. Por los civiles, el senador Alberto Ravell, el diputado Raúl Ramos Jiménez y Marcelino Madriz". En otro capítulo cita al periodista Fabricio Ojeda, quien había sido presidente de la Junta Patriótica.
Sin razones políticas
Cuando se le preguntó a Wolfgang Larrazábal por qué autorizó la operación y quién solicitó esa ayuda, respondió: "Posiblemente fue el espíritu de la libertad. No hubo negociaciones políticas de por medio. Lo hicimos porque interpretábamos la voluntad del pueblo venezolano y deseábamos que toda Latinoamérica viviera en libertad".

Sin embargo, Mario Llerena, quien fue presidente del comité del exilio cubano en 1958, admitió que sí hubo un lobby político y no escatimó en dar el lujo del detalle. Tenía en su poder una carta manuscrita de Fidel Castro, fechada el 26 de abril de 1958, que ordenaba gestionar la ayuda de algunos gobiernos latinoamericanos para "fortalecer la revolución en su aspecto militar".
La campaña para apoyar el Movimiento 26 de Julio comenzó en Venezuela. En mayo de 1958 se consiguió un contacto directo con Wolfgang Larrazábal. Llerena puntualizó que "se obtuvo la entrevista por medio de su secretario privado, que era amigo de Sergio Rojas Santamaría, secretario del Comité del Movimiento 26 de Julio en Caracas. (Manuel) Urrutia, (Raúl) Chibás y yo fuimos invitados a almorzar en el suntuoso club militar de las afueras de la ciudad. Allí nos presentaron a Larrazábal (...) Sugerimos diplomáticamente que había tres áreas donde se apreciaría más la ayuda: en el reconocimiento internacional a la causa rebelde, dando permiso para que los cubanos hicieran campaña y operaran libremente en Venezuela y con abastecimiento de equipo militar".
Los cubanos salieron convencidos del éxito de aquella reunión: "Larrazábal escuchaba con una sonrisa y nos dio la seguridad de su buena voluntad personal. Tuvimos la impresión de que recibiríamos una respuesta positiva. No importaba si el encuentro había sido secreto o extraoficial, pero el presidente de Venezuela había consentido en reunirse con los representantes de un grupo revolucionario comprometido con el derrocamiento de un gobierno extranjero reconocido y había expresado simpatía por la revolución. Meses después llegó un cargamento de armas venezolanas a la Sierra Maestra", contó Llerena.
La bala inaugural
Fidel Castro declaró en 1959 que durante los primeros 15 meses de lucha en la Sierra no habían recibido "ni una sola bala del exterior" (Elite, 31-01-59). El primer contingente llegó de Costa Rica en marzo de 1958, con el respaldo del Partido de Liberación Nacional de ese país: "Fue el primer gran eslabón hacia el triunfo de la revolución. Llevamos 200 mil balas, 2 ametralladoras pesadas calibre 50 y varias ametralladoras trípode calibre 30", reveló el piloto de aquel vuelo inaugural, Pedro Díaz Lanz, quien realizó con éxito 13 vuelos a la Sierra Maestra y fue nombrado comandante en jefe de las fuerzas aéreas rebeldes (Elite, 11-07-59).
A partir de entonces, una vez que se demostró que era posible burlar la "cortina" de la dictadura, los despachos aéreos se multiplicaron. Partiendo de México y Centroamérica hubo otras entregas.
Armas yanquis para Fidel
Los vuelos desde Venezuela, patrocinados por el Gobierno (Operación Cóndor), por grupos civiles y políticos (como el Movimiento 26 de Julio y el PCV) o por particulares (el periodista Julio César Martínez, por ejemplo), aumentaron su frecuencia en diciembre de 1958. 
"La aviación de Batista necesitaba al menos 20 minutos para responder a las emergencias. Así que teníamos que aterrizar en Cuba, dejar la carga, y emprender el regreso antes de que transcurriera ese tiempo. Los rebeldes improvisaban pistas de aterrizaje a fuerza de machete y colocaban jeeps a lo largo de la vía para iluminarlos. Usamos plataformas enceradas para deslizar las cargas de forma inmediata. No hubo complicaciones", relata Carlos Taylhardat.
El armamento que se llevó a Cuba en el primer viaje venezolano había estado almacenado en el país desde 1947. Paradójicamente, era parte de una donación de Estados Unidos para abastecer a la recién creada Infantería de Marina. Eran armas (M1) usadas por los norteamericanos en la Segunda Guerra Mundial, pero nunca utilizadas por militares venezolanos.
¿Dinero de la partida secreta?
Las armas fueron transportadas en un Curtis C-46, un avión de carga que la línea aérea Avensa vendió por 10 mil dólares (unos 40 mil bolívares para la época). ¿De dónde salió ese dinero? Carlos Taylhardat asegura que el almirante Wolfgang Larrazábal entregó un cheque a un miembro de la Casa Militar, el capitán Héctor Abdelnour, para que comprara la nave a título personal. "No la podíamos comprar para el Gobierno porque no convenía que se supiera que estábamos participando en esto", justificó Taylhardat.
En sintonía con lo anterior, Manuel Caballero explica que, históricamente, ese tipo de actividades se ha financiado con la partida secreta del Ministerio del Interior.
Sin embargo, Wolfgang Larrazábal sostiene otra cosa: "Ese cheque no salió de mis manos. Era dinero de las campañas de recolecta de fondos para la revolución, era dinero recogido en las calles. No era del Estado".
Cubanos en el exilio pertenecientes al Movimiento 26 de Julio también han sido referidos como financistas de esta negociación: a mediados de 1958 ya habían recaudado 220 mil dólares para respaldar la causa cubana (Ultimas Noticias, 20-09-98).
Un Fal para Fidel
El avión usado para transportar el armamento venezolano a Cuba fue bautizado con el nombre de "El Libertador". Lo pilotearon dos cubanos: J.R. Segredo (piloto) y Humberto Armada (copiloto). En el primer vuelo, sólo viajaron ellos, el entonces teniente de navío Carlos Taylhardat y las siete toneladas de armas que se extrajeron del Cuartel San Carlos, tal como consta en una Hoja de Ruta firmada por el teniente coronel del Ejército Rodrigo Chacón el 21 de noviembre de 1958.
A pesar de que era armamento viejo, grande y pesado, resultó ser una bendición para los rebeldes. "Ellos habían empezado con machetes, escopetas, bombas caseras y cuchillos. Se fueron armando progresivamente. Su principal proveedor fue el mismo ejército de Batista, porque cada vez que ganaban un combate en la Sierra se adueñaban de las armas del enemigo. Pero las venezolanas fueron determinantes para algunas batallas. Sobre todo por el efecto psicológico que desencadenaron: los rebeldes se sentían apoyados por hermanos latinoamericanos", argumentó Taylhardat.
Voceros del Movimiento 26 de Julio consideraron que las armas de Venezuela fueron decisivas en una de las últimas batallas, la de Maffo, realizada el 30 de diciembre de 1958. Francisco Pividal Padrón, un líder del movimiento, lo describió en estos términos: el empleo de esas armas "desmoralizaría a las tropas de la tiranía que están acostumbradas a escuchar disparos con armas muy variadas. En esta ocasión, habrían de sorprenderlos las detonaciones producidas con un armamento uniforme y de grueso calibre".
El Libertador también transportó a rebeldes gravemente heridos que fueron sacados de la isla y llevados a hospitales de Caracas.
El 6 de diciembre de 1958, un día antes de las elecciones que llevaron al poder a Rómulo Betancourt (49,6%) y en las que Wolfgang Larrazábal llegó de segundo (36,6%), el avión llevó a Cuba otra remesa de armas y a cinco personajes claves de la revolución cubana: Manuel Urrutia (quien fue nombrado presidente de Cuba al caer Batista), Luis Buch Rodríguez (coordinador del Movimiento 26 de Julio en Venezuela), Guillermo Figueroa (rebelde en el exilio), Esperanza Laguno y Enrique Jiménez Moya (dominicano que lideró la fallida insurrección contra el general Rafael Trujillo en Santo Domingo).
En ese mismo viaje se le envió a Fidel Castro un fusil con sentido emblemático: "Era mi Fal. Le pedí a Enrique Jiménez Moya que se lo entregara a Fidel, para que lo usara durante la guerra y luego me lo devolviera. Y así pasó. Cuando triunfó la revolución y Fidel vino a Venezuela en enero de 1959, lo trajo consigo y me lo entregó", recordó Carlos Taylhardat.
Bajo la bandera del socialismo
ÿLA HABANA/AFP
Contra muchos pronósticos, Cuba cumple mañana 40 años bajo el mando de Fidel Castro, quien a sus 72 años insiste en mantener a flote a la isla con la bandera del socialismo, alentado por la crisis económica neoliberal en el mundo.
Castro llegó al poder el 1 de enero de 1959 encabezando un movimiento guerrillero que derrocó al dictador Fulgencio Batista. Desde entonces, muchos apostaron a la caída del Gobierno revolucionario, y varios de ellos fueron quedando en el camino.
Tras cuatro décadas, una después de haber concluido la Guerra Fría, el edificio de la revolución cubana se mantiene en pie, aunque apuntalado con elementos de la economía de mercado, que le ayudaron a evitar el colapso luego del terremoto que borró de un plumazo al bloque socialista europeo a finales de los años ochenta.
Las reformas económicas que dieron oxígeno al régimen en esta década han filtrado, sin embargo, virus que amenazan la salud de un tejido social duramente castigado por casi una década de carencias, debido a la severa crisis y al apretón de tuercas que dio Washington en 1996 en su bloqueo a la isla, con la aprobación de la polémica ley Helms-Burton.
El brote de manifestaciones como la prostitución, la corrupción oficial, el robo y la drogadicción son consecuencia de la libre circulación del dólar, de la apertura al turismo en gran escala y de la formación de pequeñas empresas familiares, han asegurado en diversas ocasiones miembros del gobernante Partido Comunista Cubano (PCC).
Pero el régimen ha tenido que aprender a vivir con esos virus para salvar su proyecto de socialismo caribeño, máxime cuando las reformas comenzaron a sacar a flote a la isla en 1995, luego de un hundimiento brutal del PIB, de 37%, entre 1989 y 1993.

Aun así, la economía cubana camina a marchas forzadas y sufre una desaceleración; luego de 7,8% de crecimiento registrado en 1996, el PIB llegó a 2,5% en 1997 y este año apenas rebasará 1%.
Pero si en el terreno económico las cosas no han funcionado como quisieran las autoridades, en el escenario político la isla logró en el último año un fortalecimiento de su imagen en el exterior, tras años de aislamiento.
La puerta la abrió el papa Juan Pablo II con su histórica visita a la isla comunista, en enero de 1998, seguida de la del primer ministro canadiense, Jean Chretien, y del canciller español, Abel Matutes, quien allanó el camino para el futuro viaje -en la primavera de 1999- de los reyes de España, Juan Carlos y Sofía.
En el interior, la isla presenta una paz social debido al imperante sistema autoritario, aseguran los detractores del Gobierno. El discurso de la oposición interna, representada por minúsculos y fragmentados grupos que no cuentan con un espacio legal para desarrollar sus actividades, tiene escaso eco en la población, pero ha logrado llegar al exterior, desde donde personalidades como el Papa han abogado por la excarcelación de varios disidentes.

domingo, 14 de enero de 2018

EL BISTURÍ SOBRE EL IMAGINARIO

La maldición del pasado
Luis Barragán

Cierto, no era el país que todavía soñamos, aunque – sin lugar a dudas – incomparablemente fue mejor respecto al que hoy tenemos. Valga el ejemplo del profundamente conmovido por los sucesos del Caracazo que ha manipulado hasta la saciedad el único gobierno que ha tenido la nueva centuria, pues, bajo las expectativas del aumento de la gasolina en apenas pocos céntimos, abastecidos – faltando poco – con distintas marcas de un insumo básico, repuesto a los pocos días el que faltaba,  y con una inflación que ascendió luego a 100%, viva la exigencia múltiple del respeto del Estado de Derecho, vigente la división de los órganos del Poder Público y reconocido el costo político de la violación de los derechos humanos, el más desavisado de nuestros amables lectores puede realizar el rápido contraste de sus asombros.

Los celebérrimos 40 años quedaron reducidos a una burda y facilona consigna que rápidamente contaminó el lenguaje cotidiano, embutiéndole toda la maldad posible que desembocó en la Venezuela que todavía exhibía la tercera transnacional petrolera más importante del mundo, demasiado lejos de subastar las ahora escasas bolsas de basura – las unas y la otra – que sintetizan la profundidad de nuestros dramas. Operó una maldición de tan extraordinarias quilates que, ahora,  obliga a recuperar nociones y hasta términos tan elementales, como libertad, democracia, paz, convivencia, equidad, desarrollo, antes de uso corriente para toda polémica, por doméstica que fuese. 

Otro ejemplo, encontramos por casualidad un reportaje de Euro Fuenmayor, cuyo título es revelador: “Ni un solo muerto en Caracas el 31 y el primero y apenas 33 ingresos en todos los hospitales” (El Nacional, Caracas, 02/01/1968). Y, si bien es cierto que contábamos con una menor cantidad de población, no menos lo es que un escolar ejercicio aritmético no ofrece siquiera una aproximación a la actual y escandalosamente desproporcionada cantidad de muertes injustas, prematuras y violentas que el Estado cuida de no publicar con un celo semejante al silencio de los números que dibujan la hiperinflación; valga la coletilla, sobrando los comentarios, después Víctor Manuel Reinoso publica otro reportaje, en el mismo diario, que versa sobre “los 13 mil hombres que cuidan (a la) Caracas” de un millón 800 mil habitantes, gracias a a los servicios de seis entidades policiales y ocho empresas privadas (Ibidem: 04/01/1968).

Se dirá que era la situación de un largo medio siglo atrás, pero coincide con ese período denostado de los 40 de nuestros tormentos que sirvió para legitimar el ascenso de quienes superlativamente elevaron las cifras de muertes por encima de 26 mil en 2017, según el Observatorio Venezolano de la Violencia, cuando despedimos el siglo anterior tan justamente escandalizados por un promedio de cuatro o cinco mil muertes.

Purgando nuestros prejuicios, ese cada vez más remoto pasado que fue tan útil para la demagogia socialista, debe ocupar su adecuado lugar para atender a un presente cada vez más pavoroso. Muy lejos de justificarlo, a pesar de todos los pesares, e,  incluso, juzgando por la novelística de Guillermo Cabrera Infante y hasta por una obra postrera de John Dos Passos, sobre la vida cotidiana de la Cuba de entonces, si Fulgencio Batista representó un mal, los Castro Ruz resultaron endiabladamente peores. No obstante, el sargento que llegó a general, por cierto, homenajeado por el Partido Comunista de Venezuela, en la Caracas que visitó por los años ’40 del XX, ha sido la mejor excusa - junto al imperialismo yanqui - para sostener la dictadura que tozudamente aterroriza a sus víctimas con un regreso ya imposible al batistato, como única fórmula de superación.

Referencia:
Ilustración: Fulgencio Batista, según Raúl Arzubi Borda.  El Nacional, Caracas, 02/01/1959.
14/01/2018: http://guayoyoenletras.net/2018/01/14/la-maldicion-del-pasado/

domingo, 20 de agosto de 2017

EL GRAN ENGAÑO

EL MUNDO, Barcelona, 15 de agosto de 2017
 TRIBUNA
Cuba, el gran engaño de América
Zoé Vadés

Algún día debiéramos estudiar los proyectos de nacional-socialismo que rondaron por la mente de Fidel Castro en su juventud. En aquella época, era un asiduo lector de Mi lucha, de Adolf Hitler;después viró hacia textos más leninistas que marxistas en sus años de matrimonio con una burguesa cuyo hermano le conseguía botellas (puestos ficticios muy bien remunerados) en el Gobierno de Fulgencio Batista y Zaldívar, el mismo que le salvó la vida, y al que el gordito pesado de Birán dejaría chiquito.

Esos sueños del "Novio de la patria" -como el propio Castro se hizo llamar a inicios del tumbe castrocomunista, cuando empezó a autodenominarse "el Papá de todos los cubanos"-, cundieron en la febril mente del joven Hugo Chávez antes de ser entrenado ideológica y militarmente en Cuba y de convertirse en un militar golpista, años más tarde. Devenido entonces presidente bajo una dictadura constitucional (sueño truncado del castrismo con Salvador Allende en Chile, preferían la anhelada guerrilla), declaraba su socialismo nacionalista del siglo XXI, revivido por el bolchevique Raúl Castro, hermano de la Bestia de Birán, y tan bestia y sanguinario como él, o más.

Las relaciones entre Cuba y Venezuela no siempre fueron tan retorcidas ni estuvieron dominadas por un carácter tiránico como las que hoy observamos.

La bandera cubana fue concebida en 1849 por el militar venezolano Narciso López, en Nueva York. La Asamblea Constituyente de Guáimaro la adoptó en 1868, y en 1902 se convirtió en el símbolo de la Cuba independiente. Es la misma enseña que, sin saber su origen, hemos visto quemar por opositores venezolanos como muestra de odio a los invasores castristas. Una pena;los invasores castrocomunistas se han adjudicado la bandera como se han apropiado de una isla, pero esa bandera no representa a la tiranía. La bandera cubana es la bandera de los cubanos, libres o no.

Venezuela y Cuba siempre se mantuvieron aliados. La sólida y genuina cultura cubana que tanto admiraban los venezolanos, al igual que numerosos latinoamericanos, era sin embargo lo que menos interesaba a los que se adueñaron del destino de la isla y expulsaron a sus artistas y escritores al exilio, fusilaron a los defensores de la libertad y persiguieron y apresaron a tantos inocentes por el mero hecho de opinar en contra de lo que se avecinaba: el odio. Y, con el odio, el castrocomunismo.

El producto de marketing creado por Fidel Castro, la revolución comunista tropical plena de aversión y rencor, llegó y triunfó allá donde se predicó. Por el contrario, su revolución interna fracasó. Una rabia urdida frente a un enemigo inventado no podía llegar a nada.

Durante más de 58 años, el gran lobo feroz se ha llamado "el imperialismo yanqui". Con el odio a ese ogro supuestamente amenazador, los Castro ganaron el fervor de América Latina y del resto del mundo.

Sin embargo, 30 años de férrea invasión soviética en Cuba no sensibilizó a los libertarios del mundo. A nadie le importó esa desastrosa invasión. Todos, eso sí, deploraron aquella otra invasión traicionada por J. F. Kennedy, conducida por un grupo de cubanos patriotas que intentaron en vano, abandonados por el Gobierno norteamericano, de defender su país del totalitarismo. Como tampoco nadie apoyó la guerrilla que emprendieron miles de cubanos en las lomas del Escambray en contra del comunismo; muchos de ellos habían combatido a Batista. Los dejaron solos.

La soledad de Cuba es épica. Así y todo, pocos escriben la verdad. Ni antes ni ahora reconocen que los cubanos llevan 58 años batallando contra un monstruo que ha conseguido extender sus tentáculos a través de América Latina y del mundo; también hacia Estados Unidos: sus universidades, sus instituciones y al mismísimo Gobierno. El castrismo se apoderó de Nicaragua, de El Salvador, de Argentina, de Bolivia, del Perú, de Ecuador, de una parte de México, y, por fin, de Venezuela entera, la niña de sus ojos.

Fidel Castro quiso enseñorearse de Venezuela desde los años 60. Allí envió a sus guerrilleros, allí murió Antonio Briones Montoto. Hoy sus sobrinos viven como pachás en Miami, y hasta son dueños de restaurantes y clubes de moda, en lo que ha sido la invasión castrista de Miami más onerosa con la anuencia y el apoyo del Gobierno de Barack Obama. 'Su intercambio cultural' unilateral ha servido para que los hijos, nietos y sobrinos de los militares castristas se asienten con sus millones, y los multipliquen, en la ciudad odiada por sus abuelos, padres y tíos, corazón de la mafia del exilio cubano.

Volviendo a Venezuela. Castro la quería a todo coste, primero que a los demás países de América Latina. La perdió en los 60 cuando su guerrilla fracasó. Entretanto, se metió en Chile, y allí tuvo a Salvador Allende -a pesar de que éste ganara en unas elecciones y no por los embates de una guerrilla-. Su plan era otro, cual un Napoleón, más que un Bolívar, el de usurpar más que liberar. Entonces citaba a Napoleón y a Romain Rolland en sus cartas a Celia Sánchez, antes de verse descubierto en su obsesión hitleriana-leninista.

Tras Chile con Allende y el MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria), Argentina y sus montoneros hoy devenidos millonarios, vinieron Nicaragua y el Frente Sandinista de Liberación Nacional (desde el ICAIC y el ICAP de Cuba se les enviaba armamento), El Salvador y su Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, el Uruguay de los tupamaros, el Perú y Sendero Luminoso, Colombia y las FARC, y así sucesivamente, hasta Angola, Etiopía, Granada, Panamá, y todas las guerras y movimientos injerencistas y batallones de narcoguerrillas y movimientos terroristas. De todo eso los Castro han sido los creadores.

Venezuela no caía. Venezuela con sus gobiernos difíciles se resistía. No perdieron tiempo. Tanto Hugo Chávez como Nicolás Maduro formados en la isla, fueron entrenados para que un día tomaran el poder y convirtieran al país en el horror que es Cuba. Con el tiempo, paciencia y sus entretejidos tentáculos, lo lograron.

Ya lo decía aquella marcha compuesta por el esbirro castrista Agustín Díaz Cartaya a inicios de 1959, autor del himno del 26 de julio, primer movimiento guerrillero dirigido por Fidel Castro, en el peor estilo soviético, la Marcha de América Latina, donde se resume el papel hegemonista de la isla caribeña: "De pie, América Latina... Marchemos junto al socialismo... Cuba, faro de América toda... América revolución". China y Corea del Norte han llamado siempre a Cuba "el pequeño hegemonista";el grande era la URSS.

Desde el primer día en que Chávez tomó las riendas se vio el carácter de marioneta en sus intenciones. Los venezolanos no oyeron a los cubanos que les advirtieron lo que se proyectaba, lo mismo que en Cuba: hambre, desolación, odio, división de las familias, exilio, represión, persecuciones. Comunismo, en una palabra.

Muerto Chávez, el mejor discípulo de los Castro, heredaron el poder Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, designados por Chávez, entrenado el primero también en la isla, y todavía más adocenado y súbdito del máximo poder del Comité Central del Partido Comunista cubano, dirigido por los temibles hermanos y por generales tan asesinos como ellos, Ramiro Valdés y toda su cohorte, que a través del Gobierno narco-castrista hacen y deshacen a su antojo.

Han pasado 18 años de dictadura. Hoy muchos vuelcan su mirada hacia el terror de Venezuela. En Cuba, una tiranía de 58 años conmueve solamente a unos cuantos. Pocos reconocen que el foco de esa atrocidad está en La Habana. Que Cuba ha sido el engaño de América toda, parodiando al himno. Que ese núcleo de oprobio continuará extendiéndose por el mundo.

Venezuela fue convertida en la provincia de ultramar castrista, la provincia rica, bajo la coacción y sometimiento de miles de militares cubanos.

De qué vale que la Unión Europea tome medidas en contra de Venezuela si a Cuba, el meollo del horror, la dejan intacta y le facilitan todo. De qué vale que la ONU condene a Nicolás Maduro si ensalza a los Castro y los reconoce como mediadores entre la narco-guerrilla de las FARC y el Gobierno colombiano.

Sacar a los Castro y a toda su casta significaría liberar a Cuba y a Venezuela, acabaría de una vez y por todas con esa maldición que lleva más de medio siglo acechando y destruyendo por donde pasa y se instala, ahora con su nueva máscara de falsa democracia.

Fuente:
http://www.elmundo.es/opinion/2017/08/15/5991d326468aebea428b45f3.html
Ilustración: Rudy.

domingo, 18 de septiembre de 2016

BREVE NOTICIA DE UNA ANTIGÜEDAD IDEOLÓGICA

La maldición moral del pasado
Luis Barragán


La terrible dictadura de Fulgencio Batista cayó gracias a una amplia conjunción de las  fuerzas democráticas, entre las cuales, obviamente, destacó la valiente  insurgencia guerrillera de Sierra Maestra. Ésta, a la vuelta de muy poco tiempo, terminó monopolizando el triunfo, tras liquidar cobardemente a sus adversarios, admitiendo su orientación marxista-leninista.

En todo caso, cualquier ensayo de una transformación socio-económica necesaria, por ejemplo,  la de una reforma agraria, generaba un fortísima  perturbación prontamente absorbida por las circunstancias objetivas de la Guerra Fría. Una consecuencia semejante, aunque de distinta naturaleza, ocurrió con la suerte de la II República española, atrapada en la intensa conflictividad europea de consabido desenlace.

La vinculación de La Habana con Moscú, principiando la década de los sesenta, supuso la adopción de un modelo – ante todo – de vida que, igualmente, desafiaba las previsiones de los creadores de la escuela, por  lo que la llamada revolución cubana adquirió las características propias que sintetizó el voluntarismo político y el imaginario social guevarista, como respuesta a un subdesarrollo de memoria aún corta.  Toda explicación del proceso, vale decir, su más sentida legitimación, pasaba por maldecir moralmente el pasado: se venía de los peores males del mundo, dibujados por el burdel caribeño que dejó como herencia el batistato.

Al iniciarse el siglo XXI venezolano, sin delatar el proyecto socialista luego impuesto, mas nunca explicado, el pasado próximo se convirtió en el confín de todos los lodos, erigiéndose el heroísmo evidentemente moral de los nuevos elencos del poder que reclamaron hasta el hastío su probidad personal y política. Sin embargo, la sospecha se convirtió progresivamente en una realidad espantosa, pues, ahora,  generando una hambruna antes inconcebible,  esos elencos, convertidos paradójicamente en un pasado que se resiste, no han  tenido límites para sus apetencias personales e improvisaciones de toda índole, esgrimiendo un gesto y un lenguaje escatológicos como respuesta natural de una concepción cabaretera del mundo y de las cosas.

Concepción  agresiva y agresora que prendió con el derrocamiento de Batista, pero no con el de Pérez Jiménez, se entiende con una autoridad  dizque moral para juzgar a los enemigos, dueña de un espectáculo sufragado  por la renta petrolera. Suele ocurrir en estos casos, por una parte, quienes ofenden desde Miraflores se sienten rápidamente ofendidos y envalentonados; y, por otra, merecedor de un profundo estudio de los especialistas, la trayectoria y conducta personal de los ofendidos, por ironía, muestra una peor valía que la de los viejos gobernantes.

19/09/2017:
http://guayoyoenletras.net/2016/09/18/la-maldicion-moral-del-pasado/

sábado, 2 de junio de 2018

LA CAÍDA DE MEDINA ANGARITA

ENERO 1945
Julio César Moreno León
Al iniciarse el año 1945 dos temas noticiosos ocupan la atención de la opinión pública venezolana. En el plano internacional destacan los cruentos combates librados por las tropas aliadas frente a las de la coalición nazi fascista en Europa, y los enfrentamientos bélicos que lideran los Estados Unidos ante los ejércitos del imperio japonés, en  el desenlace final de la segunda guerra mundial. Y en la política nacional el debate en torno a la sucesión presidencial, es sin duda el asunto de mayor trascendencia a ser definido durante el año que comienza.
El mandato constitucional del general Medina, iniciado en 1941, se ha caracterizado por el desarrollo de una importante obra material, en un ambiente de pleno respeto a las libertades democráticas sin precedentes en lo que va del siglo xx venezolano.
Corresponde al Congreso Nacional, de acuerdo  con la Constitución vigente, la designación del nuevo Presidente de la República para el período 1946-1951. Cuatro factores fundamentales conforman las principales alineaciones políticas del país. Son estas, el Partido Democrático Venezolano (PDV), agrupación representativa del oficialismo; la corriente comunista integrada básicamente por Unión Popular, que ha dado su respaldo a la gestión gubernamental; Acción Democrática, movimiento de oposición que despunta como una organización con creciente arraigo en los sectores populares; y los grupos liderados por el general Eleazar López Contreras quien se vislumbra como aspirante a una nueva nominación presidencial.      
El día 2 de enero todos los medios impresos ocupan su primera página con la alocución de año nuevo del Presidente Isaías Medina Angarita. En el balance de la gestión realizada durante el año que acaba de concluir, el Primer Mandatario al referirse a la posición asumida por Venezuela en el conflicto bélico mundial señala:
En la conmoción que hace trepidar al mundo, no sólo hemos podido mantener todo cuanto constituye nuestra existencia nacional, sino que además nos ha sido dado acrecentar sus valores morales, y esos bienes materiales que caracterizan la efectividad de la democracia venezolana y el creciente bienestar del pueblo.
La hora de la paz que se avecina habrá de encontrarnos para enfrentar los graves problemas que desde ahora afloran en la grave situación de la posguerra.
Hemos dado en toda la medida de nuestras fuerzas, y con la dignidad de quien tiene glorias tradicionales que respetar, nuestra cooperación más amplia al triunfo de las Naciones Unidas y Asociadas, porque consideramos que él ha de ser también el triunfo de la seguridad, la justicia y la democracia”.
Al abordar la situación política nacional, llama “a la reflexiva madurez que necesita el país para prepararse a afrontar la importante cuestión de la sucesión presidencial que habrá de plantearse de manera definitiva en el curso del año que comienza”, y exhorta a sus compatriotas “a deponer ambiciones para que el hombre que haya de merecer el insigne honor de la más alta responsabilidad, garantice ampliamente la continuidad ininterrumpida de la línea de progreso social y cultural de la democracia venezolana”.
En relación con la cercana elección de un sucesor, y en evidente alusión a las aspiraciones reeleccionistas del general López Contreras, Medina se pronuncia por la necesidad de “reafirmar las instituciones más allá de los personalismos”, y proclama “que la República no sea nunca, y nunca habrá de serlo, el patrimonio de un caudillo o el feudo de una casta”.  Esas palabras contribuyen a deslindar  en  campos opuestos al PDV y al lopecismo, las dos fuerzas políticas fundamentales con poder de decisión en el Parlamento Nacional.
Durante el anterior período de gobierno presidido por el general Eleazar López Contreras, el país da sus primeros pasos hacia la progresiva instauración del orden democrático. Medina Angarita, el sucesor escogido por el propio López, ha profundizado ese camino de libertades y enfrenta ahora las aspiraciones de retorno al poder de su antiguo mentor.  El nuevo año será el escenario de una confrontación entre estas dos figuras fundamentales del país, y marcará la fractura del orden que hasta entonces había signado una etapa de pausado  y pacífico progreso de la sociedad venezolana.
Los medios de comunicación en el transcurso de este mes de  enero  informan sobre importantes tareas gubernamentales en las áreas de obras públicas, educación y salud. En materia sanitaria, el gobierno hace esfuerzos en la batalla contra el paludismo y la tuberculosis. Las autoridades informan que en la ciudad de San Fernando de Apure un ochenta y cinco por ciento de las miles de personas  vacunadas con la tuberculina, reaccionan favorablemente a este medicamento. Está igualmente en marcha una campaña en contra de la bilharzia que azota por igual a todos los sectores sociales de la población de Caracas, debido a la contaminación de los ríos y quebradas del valle capitalino. El médico Luis Enrique Olarte, contabiliza en 14.529 el número de personas afectadas por esta enfermedad a la cual considera “más terrible que la sífilis”, y señala a los medios de comunicación que para prevenirla se utiliza cal recién apagada con el fin de matar los caracoles vectores del parásito.
En el área de obras públicas se anuncia la aprobación, por parte del Concejo Municipal de Caracas y la Gobernación del Distrito Federal, del proyecto de  la Avenida Simón Bolívar, que partirá de la reurbanización de El Silencio, y el martes treinta el Ejecutivo decreta la expropiación de los terrenos y viviendas ubicadas en la zona en donde será construida la nueva arteria vial. Se adelantan las obras de la Ciudad Universitaria, y la empresa privada promociona la construcción de la Urbanización Altamira, bajo la dirección del Arquitecto Luis Roche, presentando a este proyecto urbanístico como “el más moderno y selecto de la capital, ubicado a sólo tres minutos de la entrada del Country Club”.
El paso del progreso urbano decreta el final de los viejos tranvías, y para sustituirlos se propone la adquisición de modernos trolebuses. Y ante los requerimientos generados por el auge del transporte aéreo en el país, la Línea Aerovías   Venezolanas AVENSA, pone en servicio nuevos aviones C-30 con capacidad para doce pasajeros, 1.400 kilos de carga,  y a un costo de 83.000 dólares cada uno.  El Presidente de la República inaugura la Escuela Normal Miguel Antonio Caro, destinada a la formación de nuevos maestros, con una capacidad de quinientos alumnos, y en la ciudad de Mérida se construyen modernas edificaciones en el antiguo Liceo Libertador, a un costo de 1.967.000 bolívares, considerada esta obra como una de las iniciativas de mayor significación social de que podrá disfrutar la llamada ciudad de los caballeros.
Con el fin de estructurar la política de inmigración, destinada a recibir a centenares de europeos víctimas de los efectos de la guerra, el gobierno implementa los  planes respectivos, a través del Comité de Refugiados integrado por Laureano Vallenilla Lanz, Director del Instituto Técnico de Inmigración y Colonización; J.R. Sanz Febres, Director de Seguridad de Extranjeros del Ministerio de Relaciones Interiores; Félix Martínez Espinoza, Director de Identificación; Roberto Gabaldón, Secretario del Comité de Inmigración y Colonización para la Posguerra; y Luis Monsanto, Director de Consulados.
El día 20 se realizan las elecciones de diputados al Congreso Nacional. De acuerdo con lo establecido en la Constitución Nacional, los parlamentarios son escogidos por los Concejos Municipales de todo el país, resultando ganadoras las planchas  del oficialismo.
En el Estado Aragua son electos Ernesto Becerra y Rosendo Lozada Hernández; en Anzoátegui Pedro Cruz Bajares y Domingo Guzmán Lander; en Apure Rafael Angel Viso Pitaluga; en Bolívar Brígido Natera Ricci, y Augusto Casado Lezama; en Guárico Alfonso Espinoza y Gregorio Palacios; en Lara Francisco Manuel Mármol, J.M. Domínguez Escalona, Manuel Mármol, Antonio Manzano, Oscar Veracochea Lozada y Carlos Felice Cardot; en Miranda José Fabiani Ruiz, J.E. Saume Carreño, y Estanislao Sifontes; en Zulia Carlos Ramírez Mac Gregor, Darío Parra, Octavio Rafael Nery, Benito Roncagiolo y Federico Shoeler, en Barinas Alberto Arvelo Torrealba, en Carabobo Julio Maldonado Peña y Aníbal Montenegro; en Cojedes Luis Fraino Cordero; en Yaracuy Mario Cordido y Manuel Vicente Tinoco; en Falcón Manuel Graterol Roque, Héctor Jurado Roz y José A Silva Tellería; en Monagas Edmundo Luongo Cabello; en Táchira Antonio Angarita, Ernesto Braga, Rosendo Ovalles y Luis Eduardo Santos; en Trujillo Numa Quevedo, Augusto Márquez Cañizales y Guillermo Berti; en Sucre Luis Guerra Olivieri, Eloy Lares Martínez, Antonio Silva Sucre y Miguel José Guzmán; en Portuguesa Aníbal Lisandro Alvarado; en Mérida Roberto García y Armando González Puccini; en Nueva Esparta Luis Hernández Solís; y en el Distrito Federal Arturo Uslar Pietri, Martín Pérez Matos, Carlos Irazábal, Leopoldo Manrique Terrero, Inocente Palacios y Cirilo José Brea.
En la escogencia de los diputados cuya designación corresponde al Concejo Municipal  del Distrito Federal se presenta una airada confrontación entre el oficialismo y los sectores de la oposición, al renunciar al partido Acción Democrática el Concejal Cirilo José Brea, quien uniendo su voto al sector gubernamental permite el triunfo de esta parcialidad.
El Concejal Brea justifica su actitud  en carta dirigida al CEN de AD, en la que señala que ese partido hace el juego a las pretensiones reeleccionistas del general López  Contreras al promover una alianza en el Concejo de la capital en la que resultarían electos diputados de esa tendencia, que califica como “reaccionaria”.
La Plancha oficialista que resulta  ganadora está integrada por los diputados principales Arturo Uslar Pietri, Carlos Irazábal, Leopoldo Manrique Tenreiro, Inocente Palacios, Martín Pérez Matos y Cirilo José Brea. Y por los suplentes Ramón Alvins, M.V. Méndez Gimón, Fernando Negretti, José Gallegos Mancera, Guillermo Plaza, y Martín Ayala Aguerrevere.
La lista de los grupos de oposición derrotados la conforman los principales Humberto Fernández, Rómulo Betancourt, Gregorio Prato, Lorenzo Fernández, Silvio Gutiérrez, y Felipe Sader Guerra. Y los suplentes Gonzalo Barrios, Rafael Caldera, Pedro González Rincones, Raúl Leoni, César Duarte y Carlos D´Ascoli.   
Al comentar el resultado de estas elecciones, el diario El Nacional celebra “la victoria de las fuerzas democráticas coaligadas del PDV y de Unión Popular, que obtuvieron ayer un trascendental triunfo político sobre el bloque de Acción Nacional, Acción Democrática y las Bolivarianas de López Contreras”.
El matutino caraqueño denuncia a Acción Democrática por hacer causa común en algunas regiones del país,  con los que llama sectores reaccionarios, al dar sus votos a “los falangistas y bolivarianos” Lorenzo Fernández y Sader Guerra, postulados en la plancha de coalición integrada con AD para los diputados del Distrito Federal.
Por su parte el diario El País, vocero de AD, despliega una agresiva campaña contra el gobierno acusándole de practicar una política de compra de votos. Y señala al disidente Cirilo Brea como traidor a AD a cambio de prebendas otorgadas por el régimen.
Los acontecimientos ocurridos en el Concejo Municipal de Caracas contribuyen a estimular una controversia salpicada de especulaciones,  en relación con la posición que finalmente asumirá el Presidente Medina y con él la mayoría parlamentaria integrada por el PDV y sus aliados, en relación a la candidatura presidencial del oficialismo.
El martes 16 de enero, con la aprobación de la Asamblea Legislativa del Estado Carabobo, se cumple el mínimo requerido de los dos tercios de los parlamentos regionales, para la modificación de la Constitución Nacional promovida por el Ejecutivo Nacional y aprobada previamente por el Congreso de la República. 
El día 25  llega a Venezuela el Mayor General Fulgencio Batista, ex Presidente de Cuba, quien es recibido por el Ministro de Relaciones Exteriores Caracciolo Parra Pérez, y por el Ministro de Relaciones Interiores J.N. Rivas, y se entrevista en audiencia oficial en el Palacio de Miraflores con el Presidente Medina.
El militar y político antillano ejerció el gobierno de su país durante el período 1940-1944, dando paso al Dr. Raúl Grau San Martín quien resultó electo Presidente en votaciones democráticas. En ese período fue legalizado el Partido Comunista, se efectúan algunas reformas económicas y sociales apoyadas por los sectores de izquierda, y se permite el uso de bases  militares cubanas que sirven a las tropas norteamericanas en los enfrentamientos bélicos de la segunda guerra mundial contra el Eje Nazi-Fascista. 
El general cubano, declarado Huésped de Honor, es objeto de múltiples reconocimientos por parte de los distintos sectores políticos del país. Coloca una ofrenda ante el sarcófago del Libertador en el Panteón Nacional, realiza un recorrido por los terrenos en los que se edifica la futura Ciudad Universitaria, acude al Museo de Bellas Artes, en la Plaza Altagracia rinde honores a José Martí, y el Presidente y su esposa le ofrecen una cena en la  residencia oficial.
El diario El Nacional reseña el acto realizado el día 30 en  la sede del partido marxista Unión Popular (UP), donde Batista es recibido por un numeroso grupo de militantes, quienes le aplauden y corean las consignas “viva Batista, abajo el fascismo, viva Cuba”.
En la presentación del visitante, Miguel Otero Silva afirma: “Tenga la seguridad que al entrar a la casa de Unión Popular, lo ha hecho en su propia casa”.
Rodolfo Quintero dice que el gobierno de Batista ha sido “El más amplio sistema de libertades que jamás gozó la tierra cubana”.
Y el dirigente Fernando Negrete señala que bajo ese gobierno, “los trabajadores consiguieron sus más legítimas reivindicaciones”.
El ex Presidente al agradecer el homenaje asegura, “durante  mi gestión no dejé presos políticos, ni exiliados, ni periódicos suspendidos”.
La visita de Batista da pie a una ácida polémica en los medios de comunicación, en la que algunos sectores contrarios a su gestión de gobierno le señalan como un mandatario caracterizado por actos de corrupción en el manejo de los recursos públicos.
En  las páginas del diario El País, vocero oficial del partido AD, dirigentes de la Universidad Central  rechazan la presencia del ex mandatario.
Los líderes de la Federación de Estudiantes de Venezuela (FEV) Antonio José Pupio, y Antonio Sotillo Arreaza; de la Unión Nacional Estudiantil (UNE) Godofredo González y José Antonio Pérez Díaz; los dirigentes de la Facultad de Derecho Aquiles Oráa, Raúl Ramos Giménez, y Benito Raúl Lozada; los directivos de Odontología Raúl Vicentelli, Matilde Ganímez, Carlos León Díaz; de Ingeniería Luciano Mendible Rivero; de Medicina Miguel Malpica; de Farmacia Carlos Scanone; de Ciencias Económicas y Sociales Arturo Sosa, así como el presidente del grupo de Periodistas Universitarios Pedro J Mantellini, en comunicado conjunto declaran “persona no grata al estudiantado universitario al ex Presidente Batista por haber realizado durante su gobierno procedimientos de violencia y terror en contra del estudiantado”. Y denuncian a quienes pretenden presentarlo como el arquetipo del gobernante democrático y progresista.       
Por su parte los dirigentes de UP, publican en El Nacional el día 26, una declaración firmada por Rodolfo Quintero, Alfredo Conde Jahn, Manuel Taborda, Pedro Beroes, Miguel Otero Silva, Carlos Augusto León, Isidro Vallés y Carlos Irazábal, en la que responden a los ataques realizados en contra del ex Mandatario “por los sectores reaccionarios del país”.
Al referirse a la labor cumplida en el desempeño de su gobierno, los firmantes del documento dicen, “el general Batista como Presidente de la República, hizo que su pueblo recuperara el pulso, combatió enérgicamente al fascismo, declaró la guerra al Eje, reafirmó en todo momento su inquebrantable espíritu democrático y progresista, y estableció relaciones con la Unión Soviética, vanguardia heroica de la humanidad en su  lucha contra el fascismo”.
Mediante un decreto del Ejecutivo Federal firmado por el Ministro de Relaciones Exteriores Caracciolo Parra Pérez y el Ministro de Hacienda Rodolfo Rojas, se inicia un proceso destinado a clausurar empresas de  ciudadanos alemanes establecidos en el país, ante el temor de que tengan vinculaciones con el régimen nazi. Cumpliendo esta medida se ordena la clausura de las empresas Blohm y Asociados.
El gobierno da a conocer el programa conmemorativo de los 150 años del natalicio del Gran Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre. Y en homenaje al General Rafael Urdaneta, sus descendientes  donan a la nación la espada de este ilustre prócer de nuestra independencia. La entrega de la valiosa reliquia es realizada por Lola Urdaneta, Panchita Urdaneta de Díaz Cubillán y Rafael Urdaneta.
Una concentración campesina se realiza en la población de La Victoria, en  el Estado Aragua, a la cual, según el diario El Nacional asistieron cerca de diez mil personas.
El slogan central del evento político organizado por los grupos de izquierda es “todo el campesinado contra López Contreras”. Los manifestantes se pronuncian por “el inicio de la reforma agraria; el rompimiento con el régimen  de Franco, y el establecimiento de relaciones diplomáticas con la Unión Soviética”.
Los líderes de la reunión, Luis Miquilena, Luis Ojeda y Angel Márquez dan a conocer el contenido de una comunicación enviada al Presidente Isaías Medina en el que alertan sobre “los peligros reaccionarios que representa López Contreras”.
En las salas de cine del país, como exaltación de los valores nacionales  se exhibe la película  Alma Llanera, inspirada en la zarzuela criolla con letra de Rafael Bolívar Coronado y música de Pedro Elías Gutiérrez, y con la actuación de Héctor Monteverde, Luana Alcañiz, Matilde Cassier, y Angel María Flores Cordero (Don Timoteo). La dirección del film está a cargo de Manuel  Peluffo, la musicalización es obra de Pedro Elías Gutiérrez y María Luisa Escobar, y los diálogos son de Luis Peraza (Pepe Pito).
En el cine Hollywood, se proyecta la película humorística Hitler soy Yo interpretada por Adolfo Otero y Minin Bujones, y dirigida por Manuel Alonso. El film satiriza a la figura del Führer, en medio de un despliegue de música tropical y de un cómico parlamento destinado a condenar al decadente III Reich.
Verdadero furor causa en Caracas la presencia de la joven y famosa artista cubana de 22 años, María Antonieta Pons quien proveniente de México se presenta en nuestra capital contratada por el empresario Joaquín Martí. Le acompañan el pianista Luis Pérez Lozano, y los bongoseros Ramón Castro y Modesto Durán Martínez.
Entre las noticias relacionadas con el movimiento cultural en Caracas, destaca la presencia en nuestra capital  del artista checo Emil Friedman, invitado a Venezuela por el Director de Cultura Juan Bautista Plaza.
El destacado violinista, quien escapó de su país a raíz de la invasión nazi,  junto a cuarenta y tres músicos de la Filarmónica de Praga, se encuentra alojado en las instalaciones del Hotel Majestic. Realizará en la capital venezolana una gira que incluye varias presentaciones en el Teatro Avila, y en el Teatro Municipal, y actuará en una función de gala con la Orquesta Sinfónica de Venezuela bajo los auspicios de la Asociación Venezolana de Conciertos, para continuar luego su gira artística por Uruguay y Brasil. Friedman declara el viernes 19 en el diario La Esfera que “el porvenir musical de América, está cuajado de inmensas posibilidades”.
Una trágica noticia dada a conocer en este mes de enero, conmociona a la opinión pública venezolana. Se trata de la muerte de Monseñor Salvador Montes de Oca, antiguo Obispo de Valencia. Según las notas informativas publicadas por todos los diarios, el ilustre sacerdote venezolano fue fusilado por  las tropas nazis el día 10 de septiembre de 1944, en la población italiana de Massa Apuania, junto a diez monjes que formaban parte de su congregación religiosa, luego de ser acusados de refugiar a miembros de la resistencia antifascista en el convento en el que se hallaban recluidos.
El Canciller Parra Pérez consigna una enérgica Nota de Protesta a través del Encargado de Negocios de Suiza en Caracas, con el fin de que el Consejo Federal de ese país, a cargo de los intereses de Venezuela en Alemania, transmita al régimen de Hitler el sentimiento de repudio nacional ante el monstruoso crimen.
El escritor Pedro Beroes director del diario Ultimas Noticias, acusado por el abogado Mario Ortega de haberle injuriado en las páginas de ese medio informativo, se entrega a las autoridades el lunes 29 de enero. La presentación de Beroes ante el tribunal, a cargo del Juez Hugolino Hernández, es acompañada por numeroso público y destacadas personalidades de la prensa caraqueña que acuden a solidarizarse con el conocido intelectual y periodista.
El día 31, en acto especial celebrado en el Palacio de Miraflores, presentan sus cartas credenciales al Presidente Medina Angarita los representantes de gobiernos de los países bolivarianos que han venido a participar en la conmemoración del Sesquicentenario del Gran Mariscal de Ayacucho. Los actos  solemnes se inician  el 3  de febrero en la ciudad de Cumaná.
Las agencias internacionales de noticias dan cuenta el primero de enero del “Pánico en Austria” ante el avance de las tropas rusas que realizan una ofensiva final contra ese país;  anuncian la destrucción de las tropas nazi-húngaras al noreste de Budapest, y califican la situación como “buen comienzo del año de la victoria”. Los cables reseñan igualmente la ofensiva iniciada, por el  XIV ejército norteamericano al norte de Birmania. Para el día 12, dicen  las informaciones que en 10 días de lucha los alemanes han perdido diez y seis mil hombres, y seiscientos cincuenta tanques.
El Presidente norteamericano Franklin Delano Roosevelt pronuncia el día 6, ante el Congreso de Los Estados Unidos su mensaje sobre El Estado de la Unión. Y al referirse al desarrollo de la guerra mundial afirtma: “Esta guerra debe librarse con la mayor y más persistente intensidad. Todo lo que somos y todo lo que poseemos está en juego, y daremos todo lo que somos y todo lo que poseemos”.
Un cable de UP fechado el día 15 informa que “aproximadamente tres millones doscientos mil rusos y alemanes están trabados en una de las batallas más gigantescas de toda la guerra, en un frente ininterrumpido desde Lituania hasta Yugoeslavia combatiéndose por lo menos en nueve puntos distintos, en lo que se considera el comienzo del año de la victoria”. Y en lo que los rusos llaman “La gran ofensiva invernal, La Marcha hacia Berlín, bajo el comando del general Koniev”.
En la Gran Bretaña, el Primer Ministro Winston Churchil expresa ante la Cámara de los Comunes, el día 16, que la rendición de los ejércitos nazis debe ser incondicional, y compromete a su país en un esfuerzo sin treguas para derrotar la amenaza totalitaria.
Churchil rechaza cualquier acuerdo negociado para finalizar la guerra con el nazi fascismo, y afirma la voluntad de lograr la victoria total mediante la acción militar que destruya de raíz al III Reich. 
El 17 las tropas soviéticas al mando del Mariscal Gregory Zhukov toman la ciudad de Varsovia, y avanzan en dirección a la provincia de Berlín, apoyados por intensos bombardeos aéreos de la aviación aliada al territorio alemán. Ante la proximidad del Ejército Soviético los archivos de la Gestapo son sacados de la ciudad.   
Por su parte, en su guerra contra Japón los norteamericanos han invadido Fais, isla de las Carolinas Occidentales, y realizan  intensos ataques  a Formosa y Okinawa, a bases petroleras en Sumatra, y a las tropas japonesas establecidas en Indochina.
El general Douglas  Mac Arthur avanza sobre Manila luego de desembarcar en la isla de Luzón, la más grande del territorio filipino, en una intensa campaña de reconquista de ese territorio.
El diario El Heraldo anuncia el sábado 27  que veinticinco divisiones alemanas se encuentran atrapadas en Prusia Oriental, y que el ejército rojo ha dado muerte o ha capturado a más de trescientos mil alemanes en la llamada ofensiva de invierno. Se anuncia igualmente que los norteamericanos han capturado una sección de siete kilómetros en la Línea Sigfrido y se encuentran aproximadamente a cuarenta kilómetros de la ciudad de Colonia.   

Fotografía: En la gráfica de 1944, el doctor Diógenes Escalante, Embajador de Venezuela en Estados Unidos, el Presidente Medina y el doctor Gustavo Manrique Pacanins, Procurador General de la Nación, en Washington, DC, EEUU, en la ocasión de la primera visita oficial de un Presidente venezolano a Estados Unidos. Tomada de: https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10156554805824729&set=gm.1704713642942005&type=3&theater&ifg=1

04/06/2018:
http://www.opinionynoticias.com/opinioncultura/32773-moreno-j-

sábado, 31 de diciembre de 2016

MEMORANDUM

EL PAÍS, 11 de diciembre de 2016
 Piedra de Toque
La muerte de Fidel
Mario Vargas Llosa

El 1 de enero de 1959, al enterarme de que Fulgencio Batista había huido de Cuba, salí con unos amigos latinoamericanos a celebrarlo en las calles de París. El triunfo de Fidel Castro y los barbudos del Movimiento 26 de Julio contra la dictadura parecía un acto de absoluta justicia y una aventura comparable a la de Robin Hood. El líder cubano había prometido una nueva era de libertad para su país y para América Latina y su conversión de los cuarteles de la isla en escuelas para los hijos de los guajiros parecía un excelente comienzo.

En noviembre de 1962 fui por primera vez a Cuba, enviado por la Radiotelevisión Francesa en plena crisis de los cohetes. Lo que vi y oí en la semana que pasé allí —los Sabres norteamericanos sobrevolando el Malecón de La Habana y los adolescentes que manejaban los cañones antiaéreos llamados “bocachicas” apuntándolos, la gigantesca movilización popular contra la invasión que parecía inminente, el estribillo que los milicianos coreaban por las calles (“Nikita, mariquita, lo que se da no se quita”) protestando por la devolución de los cohetes— redobló mi entusiasmo y solidaridad con la Revolución. Hice una larga cola para donar sangre e Hilda Gadea, la primera mujer del Che Guevara, que era peruana, me presentó a Haydée Santamaría, que dirigía la Casa de las Américas. Esta me incorporó a un Comité de Escritores con el que, en la década de los sesenta, me reuní cinco veces en la capital cubana. A lo largo de esos 10 años mis ilusiones con Fidel y la Revolución se fueron apagando hasta convertirse en críticas abiertas y, luego, la ruptura final, cuando el caso Padilla.

Mi primera decepción, las primeras dudas (“¿no me habré equivocado?”) ocurrieron a mediados de los sesenta, cuando se crearon las UMAP, un eufemismo —las Unidades Militares de Ayuda a la Producción— para lo que eran, en verdad, campos de concentración donde el Gobierno cubano encerró, mezclados, a disidentes, delincuentes comunes y homosexuales. Entre estos últimos cayeron varios muchachos y muchachas de un grupo literario y artístico llamado El Puente, dirigido por el poeta José Mario, a quien yo conocía. Era una injusticia flagrante, porque estos jóvenes eran todos revolucionarios, confiados en que la Revolución no sólo haría justicia social con los obreros y los campesinos sino también con las minorías sexuales discriminadas. Víctima todavía del célebre chantaje —“no dar armas al enemigo”— me tragué mis dudas y escribí una carta privada a Fidel, pormenorizándole mi perplejidad sobre lo que ocurría. No me contestó pero al poco tiempo recibí una invitación para entrevistarme con él.

Fue la única vez que estuve con Fidel Castro; no conversamos, pues no era una persona que admitiera interlocutores, sólo oyentes. Pero las 12 horas que lo escuchamos, de ocho de la noche a las ocho de la mañana del día siguiente, la decena de escritores que participamos de aquel encuentro nos quedamos muy impresionados con esa fuerza de la naturaleza, ese mito viviente, que era el gigante cubano. Hablaba sin parar y sin escuchar, contaba anécdotas de la Sierra Maestra saltando sobre la mesa, y hacía adivinanzas sobre el Che, que estaba aún desaparecido, y no se sabía en qué lugar de América reaparecería, al frente de la nueva guerrilla. Reconoció que se habían cometido algunas injusticias con las UMAP —que se corregirían— y explicó que había que comprender a las familias guajiras, cuyos hijos, becados en las nuevas escuelas, se veían a veces molestados por “los enfermitos”. Me impresionó, pero no me convenció. Desde entonces, aunque en el silencio, fui advirtiendo que la realidad estaba muy por debajo del mito en que se había convertido Cuba.

La ruptura sobrevino cuando estalló el caso del poeta Heberto Padilla, a comienzos de 1970. Era uno de los mejores poetas cubanos, que había dejado la poesía para trabajar por la Revolución, en la que creía con pasión. Llegó a ser viceministro de Comercio Exterior. Un día comenzó a hacer críticas —muy tenues— a la política cultural del Gobierno. Entonces se desató una campaña durísima contra él en toda la prensa y fue arrestado. Quienes lo conocíamos y sabíamos de su lealtad con la Revolución escribimos una carta —muy respetuosa— a Fidel expresando nuestra solidaridad con Padilla. Entonces, este reapareció en un acto público, en la Unión de Escritores, confesando que era agente de la CIA y acusándonos también a nosotros, los que lo habíamos defendido, de servir al imperialismo y de traicionar a la Revolución, etcétera. Pocos días después firmamos una carta muy crítica a la Revolución cubana (que yo redacté) en que muchos escritores no comunistas, como Jean Paul Sartre, Susan Sontag, Carlos Fuentes y Alberto Moravia tomamos distancia con la Revolución que habíamos hasta entonces defendido. Este fue un pequeño episodio en la historia de la Revolución cubana que para algunos, como yo, significó mucho. La revaluación de la cultura democrática, la idea de que las instituciones son más importantes que las personas para que una sociedad sea libre, que sin elecciones, ni periodismo independiente, ni derechos humanos, la dictadura se instala y va convirtiendo a los ciudadanos en autómatas, y se eterniza en el poder hasta coparlo todo, hundiendo en el desánimo y la asfixia a quienes no forman parte de la privilegiada nomenclatura.

¿Está Cuba mejor ahora, luego de los 57 años que estuvo Fidel Castro en el poder? Es un país más pobre que la horrenda sociedad de la que huyó Batista aquel 31 de diciembre de 1958 y tiene el triste privilegio de ser la dictadura más larga que ha padecido el continente americano. Los progresos en los campos de la educación y la salud pueden ser reales, pero no deben haber convencido al pueblo cubano en general, pues, en su inmensa mayoría, aspira a huir a Estados Unidos, aunque sea desafiando a los tiburones. Y el sueño de la nomenclatura es que, ahora que ya no puede vivir de las dádivas de la quebrada Venezuela, venga el dinero de Estados Unidos a salvar a la isla de la ruina económica en que se debate. Hace tiempo que la Revolución dejó de ser el modelo que fue en sus comienzos. De todo ello sólo queda el penoso saldo de los miles de jóvenes que se hicieron matar por todas las montañas de América tratando de repetir la hazaña de los barbudos del Movimiento 26 de Julio. ¿Para qué sirvió tanto sueño y sacrifico? Para reforzar a las dictaduras militares y atrasar varias décadas la modernización y democratización de América Latina.

Eligiendo el modelo soviético, Fidel Castro se aseguró en el poder absoluto por más de medio siglo; pero deja un país en ruinas y un fracaso social, económico y cultural que parece haber vacunado de las utopías sociales a una mayoría de latinoamericanos que, por fin, luego de sangrientas revoluciones y feroces represiones, parece estar entendiendo que el único progreso verdadero es el que hace avanzar la libertad al mismo tiempo que la justicia, pues sin aquella este no es más un fugitivo fuego fatuo.

Aunque estoy seguro de que la historia no absolverá a Fidel Castro, no dejo de sentir que con él se va un sueño que conmovió mi juventud, como la de tantos jóvenes de mi generación, impacientes e impetuosos, que creíamos que los fusiles podían hacernos quemar etapas y bajar más pronto el cielo hasta confundirlo con la tierra. Ahora sabemos que aquello sólo ocurre en el sueño y en las fantasías de la literatura, y que en la realidad, más áspera y más cruda, el progreso verdadero resulta del esfuerzo compartido y debe estar signado siempre por el avance de la libertad y los derechos humanos, sin los cuales no es el paraíso sino el infierno el que se instala en este mundo que nos tocó.

Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/12/09/opinion/1481282434_957974.html
Ilustración: Fernando Vicente.
Cfr. De la utopía a la libertad: https://www.youtube.com/watch?v=G6Zgq6voolo&t=1502s

viernes, 28 de febrero de 2014

Y DE LA NOCHE VENIMOS

EL PAÍS, Madrid, 27 de febrero de 2014
Muere Huber Matos, comandante de la revolución y el exilio
Entró con Castro en la Habana, estuvo en la cárcel 20 años y fue líder en Miami
Mauricio Vicent 

Huber Matos fue de todo en la revolución cubana: llegó a lo más alto en la guerrilla de Fidel Castro, y también fue líder en la cárcel y en el exilio de Miami. Bajó de la Sierra Maestra como comandante y tomó la ciudad de Santiago de Cuba el 1 de enero de 1959, entrando una semana más tarde a La Habana como un héroe junto a Camilo Cienfuegos y Castro. Condenado por traición a los diez meses del triunfo revolucionario, cumplió 20 años de cárcel en diversas prisiones de la isla, convirtiéndose en un reo legendario. Al ser excarcelado y llegar a Miami, Matos fundó la organización anticastrista Cuba Independiente y Democrática (CID), con la que abogó por el derrocamiento de Castro por las buenas o por las malas. El jueves, a la edad de 94 años, murió de un infarto en la capital del exilio cubano y hasta el último momento mantuvo sus posiciones radicales. Tanto por su tono como por su contenido, la voz de Matos en la radio de Miami era de las que más fuerte sonaba, hasta el extremo de que hace unos años llegó a hacer un llamado a los militares cubanos para que se alzasen contra el Gobierno.
Huber Matos Benítez nació el 26 de noviembre de 1918 en el poblado de Yara, en la antigua provincia de Oriente. Era el hijo mayor de un agricultor y la maestra del pueblo, lo que le permitió educarse. Desde niño ayudó a su padre en las tareas del campo y para escapar a ese destino estudió Magisterio, graduándose en la Escuela Normal para Maestros de Santiago de Cuba en 1940. Cuatro años más tarde obtuvo un doctorado en Pedagogía en la Universidad de La Habana.
Durante algún tiempo trabajó en varias escuelas rurales del oriente cubano, donde comenzó a adquirir conciencia política. A los 18 años entró en el Partido Revolucionario Auténtico y en 1947, luego de que fue fundado el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) por Eddy Chibás, entró a militar en esta organización, a la cual perteneció también Fidel Castro. En 1950 fue nombrado vicedecano del Magisterio Nacional.
La vida de Cuba y de Huber Matos cambiaron radicalmente con el golpe de Estado que dio Fulgencio Batista el 13 de marzo de 1952, a pocos meses de unas elecciones generales en las que Castro se presentaba como candidato al Congreso por el Partido Ortodoxo. En ese momento Matos trabajaba como profesor de la Escuela Normal para Maestros de Manzanillo, una de las principales ciudades de la provincia de Oriente, donde enseñaba Cívica e Historia.
Su oposición a la dictadura batistiana le llevó a exiliarse en Costa Rica en 1956, donde entabló amistad con el presidente José Figueres. Cuando Castro organizó la expedición del yate Granma y se hizo fuerte en la Sierra Maestra, Matos consiguió preparar una expedición con armas y voluntarios y aterrizó con una avioneta en las montañas de Cuba, uniéndose a los barbudos. Terminó la guerra con el grado de comandante, el más alto de la guerrilla, al frente de la columna 9ª Antonio Guiteras.
Tras tomar Santiago de Cuba y entrar triunfalmente en La Habana en el mismo jeep de Castro y Cienfuegos, ocupó diversas responsabilidades hasta que fue designado jefe del Ejército Rebelde en la provincia de Camagüey.

Desde muy pronto Matos se opuso al giro radical de la revolución, y cuando percibió que esta se inclinaba hacia el socialismo y entraban en las instituciones del Gobierno miembros del antiguo partido comunista (el Partido Socialista Popular) escribió una carta personal a Castro renunciando a su cargo. “No deseo convertirme en un obstáculo para la revolución y creo que, teniendo que escoger entre acomodarme a las circunstancias o hacerme a un lado para no causar ningún daño, lo más revolucionario para mí es irme…”, decía en la misiva, enviada al líder cubano el 19 de octubre de 1959.
Matos agregaba: “Si se quiere que la revolución triunfe, dígase a dónde vamos y cómo vamos, óiganse menos los chismes y las intrigas, y no se trate de conjurado o de reaccionario al que con criterio honrado plantee estas cosas”. Aunque Matos siempre aseguró que esta carta fue la verdadera causa de su encarcelamiento, Fidel Castro y sus seguidores dijeron que en realidad preparaba un levantamiento en Camagüey y Camilo Cienfuegos fue enviado a detenerle allí. Huber Matos se entregó sin oponer resistencia, y Cienfuegos, al regresar a La Habana, se estrelló en una avioneta debido al mal tiempo.
El juicio a Matos se celebró el 11 de diciembre en el antiguo campamento militar de Columbia y allí intervino Castro durante varias horas seguidas para acusar a su antiguo comandante de traición. El Che Guevara y Rául Castro eran partidarios de la pena de muerte, pero Fidel Castro dijo que si se hacía eso se le convertiría en un “mártir”. Finalmente el tribunal lo condenó a 20 años de prisión, de los que no se le perdonó ni una hora.
En presidio realizó varias huelgas de hambre y denunció que estuvo años aislado en una celda, convirtiéndose en uno de los famosos presos “plantados”, denominados así por negarse a vestir el uniforme de reo común. Al salir de la cárcel en 1979 se instaló en Costa Rica y posteriormente se trasladó a Miami, donde fundó la organización Cuba Independiente y Democrática, uno de los grupos anticastristas que con más beligerancia atacó al régimen de Fidel Castro en las últimas décadas y que apoyó la ley Helms-Burton, que hizo extraterritorial el embargo norteamericano, cuando fue promulgada en 1996. En 2001 ganó en España el XIV Premio Comillas por su libro de memorias Cómo llegó la noche.


Nota LB: Políticamente,  crecimos con una doble curiosidad hacia el proceso cubano: el del entusiasmo y la decepción. Muy jóvenes, decididos por una opción ideológica, asumimos con una punzante crítica lo que había detrás de la gesta del derrocamiento de la ictadura de Batista. Era difícil, pues, las posturas no capitalistas de una tendencia democristiana,  forzaban a subrayar el por qué no compartíamos lo que ocurrió y ocurría en la isla caribeña. Digamos que José Barbeito, con un pequeño ensayo, contribuyó mucho a la claridad de las posiciones. A principios del presente siglo, vimos "Cómo llegó la noche" de Huber Matos en la ya extinta Librería del Ateneo de Caracas. Era un ejemplar costoso. Y, si mal no recordamos, lo devoramos. Además, nos pareció bien escrito. Además, el formato y diseño de Tusquetsera lo suficientemente atractivo. Al parecer puede bajarse en http://www.libro-s.com/l/como-llego-la-noche-de-huber-matos-153137/ y hay una buena reseña crítica en http://www.redalyc.org/pdf/128/12871407.pdf. Suele ocurrir, desearíamos releerlo, pero a alguien, siglos atrás, le prestaríamos el ejemplar que ya no volverá a la estantería de la casa y, en vano, habría que indagar a quién se le prestó. Recientemente fallecido, Matos lanza un dardo de interpelación sobre Venezuela.