Mostrando las entradas para la consulta Enzo del Bufalo ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Enzo del Bufalo ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

sábado, 7 de abril de 2012

SOCIALISMO: CURSO BÁSICO


EL NACIONAL - Sábado 07 de Abril de 2012 Opinión/4
A Tres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
¿Adiós socialismo, adiós capitalismo?
JAVIER BIARDEAU R.


"...Algunos declaran con placer que
en lo que concierne a la política, y
más precisamente a la política
revolucionaria, todo ha terminado
y para siempre. Sin embargo, renunciar
a la emancipación equivale a actuar como
un médico que, al fracasar en el descubrimiento
de una vacuna, declara el
triunfo eterno de una enfermedad"
(Pensar la libertad. Miguel Bensayag, p.14)


El diálogo polémico (Bajtin dixit) con el más reciente trabajo del doctor Enzo del Bufalo, Adiós al socialismo, continúa con diversos géneros de discurso (Jesús Puerta, Rigoberto Lanz, Héctor Silva Michelena, Eduardo Vásquez, entre otras voces). En Valencia tuvimos la grata oportunidad de presentar un texto denso, polémico, que invita a un debate con implicaciones (aún postergado) sobre cuestiones sustantivas de las izquierdas (socialismo / comunismo / poscapitalismo), que requiere adentrarse en la "enciclopedia" (Eco dixit) utilizada por el profesor Del Bufalo: la corriente de interpretación "autonomista" propia de los marxismos del siglo XXI (Negri, Virno, Medrazza, Hardt), la apropiación de la inmanencia de Deleuze, la genealogía de Nietszche / Foucault, la contraposición de la línea materialista: Maquiavelo / Spinoza / Marx a Hobbes / Rousseau / Hegel, cierto núcleo positivo del liberalismo político radical (¿McPherson?), una tendencia crítico-libertaria contra la hegemonía del "bolchevismo doctrinario" (Korsch, Rosa Luxemburgo), para salir del impasse de la figura del "movimiento obrero administrado" por el "socialismo nacionalestatal".

La tesis de Enzo del Bufalo sugiere reabrir debates aparentemente saldados por guiones ideológicos de una izquierda latinoamericana refugiada en mitos consoladores: repetir la corriente jacobina de la Revolución francesa (Robespierre / Saint-Just), repetir la Comuna de París (Blanqui), repetir la Revolución rusa (Lenin), repetir la Revolución china (Mao), repetir la Revolución cubana (Fidel / Che), cuando no recaer en neoarcaísmos autoritarios.

Repetir, como compulsión de "calco y copia", hasta llegar a decir: "Seamos como Fidel y como el Che". Una suerte de "platonismo inconsciente" se desliza en boca de "revolucionarios", sociedad-fábrica, encarnada por un "partido único" conductor de la sociedad, con comisarios políticos e ideológicos y sus anhelados "comités de salud pública".

Lo que sacude el texto Adiós al socialismo es la genealogía de toda esta parafernalia moderna, industrialista, disciplinaria, reproductora de diferentes versiones y prácticas del unodespótico, ajena al reconocimiento de diferencias-multiplicidades como potencias que configuran nuevos espacios de libertad. Basta meditar en la cita introductoria del texto de la Liga de los Comunistas donde "estos comunistas de la libertad" dejan claro su diferendo frente a comunistas autoritarios que enarbolaron el fetiche del "socialismo realmente inexistente".

Oponerse en todas las relaciones de sumisión despóticas, esa es la pretensión central del texto de Enzo del Bufalo; y desde mi perspectiva no puede comprenderse sin la lectura de Notas sobre Babilonia. ¿Podrá acaso el "movimiento socialista" cumplir la promesa incumplida del primer liberalismo político, concretar la idea moderna de una sociedad de hombres libres e iguales, en la cual no cabe un poder que organiza la sociedad en estratos de sumisión-despotismo o bajo la soberanía de una instancia que monopoliza decisiones fundamentales? ¿O degradará el "movimiento" en una "gobernanza" para la constitución de Estados nacionales subsumidos al metabolismo del capital? El efecto más perverso de la lucha histórica del "movimiento" sería la constitución de una "lumpen-burguesía de Estado", administradora de negocios comunes de una "nueva clase de privilegiados".

Se liquidaría así el antídoto para semejante regresión histórica que impide realizar cualquier "adiós al capitalismo": la articulación histórica de prácticas de democracia radical, social y participativa que superen el orden despótico de la sociedad-fábrica capitalista.

jueves, 22 de marzo de 2012

RECAPITULACIÓN (1)


EL NACIONAL - Miércoles 14 de Marzo de 2012 Opinión/8
A Tres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
Sobre Adiós al socialismo
ENZO DEL BUFALO

Hola Rigoberto.

Gracias por haberte tomado la molestia de hacer algunas consideraciones ­que entiendo son preliminares­ sobre mi libro. De entrada leo algo que me sorprende: "Una clave interpretativa que atraviesa todo el texto (y que es tal vez un factor polémico del que no será fácil prescindir) es la atribución al término `socialismo’ de una propiedad material que está en las prácticas sociales y no principalmente en el pensamiento".

Querido Rigoberto: ¡Cuando se rompe el espejo, luego es muy difícil juntar los pedazos sin que se noten los quiebres! El pensamiento es parte integrante de toda práctica social y toda práctica social es pensamiento. Este es el principio fundamental del materialismo histórico, el de Marx y el mismo que reproduce Foucault en su teoría del enunciado. No hay actores sociales inmersos en un metabolismo material como si fueran espíritus astrales caídos en un mundo demoníaco de la materia inerme; sino prácticas sociales que configuran subjetividades que actúan, piensan y sienten de acuerdo con las r eglas que en cada caso las definen en una red de relaciones de poder. (Esto es: prácticas sociales). Por eso ya incorporan de suyo "las condiciones epistemológicas de visiones del mundo, miradas y mentalidades que tienen su propio dinamismo. Claro está, fuertemente articuladas a la dialéctica específica de los movimientos socio-económicos," y por eso también "en ningún caso derivables de las prácticas materiales".

En todo caso, el libro trata del socialismo como movimiento social en todas sus vertientes para acortarlo como un momento en el desarrollo tendencial de la modernidad; desarrollo irregular ciertamente, pero definible en una tendencia a la constitución de la sociedad común de personas libres e iguales en la cual se inscribe el "riquísimo debate en la izquierda mundial en el último medio siglo XX. Me parece que allí está uno de los mejores capítulos de la controversia socio-política del pensamiento socialista". Controversia socio-política del pensamiento socialista que este libro no ignora; por el contrario presume de ser su sinopsis más completa, para no decir ¡la mejor! Decir adiós al socialismo es ya una primera respuesta a: La cuestión central es poder discernir sobre las construcciones teóricas que invocan el "socialismo" como referencia y se asumen explícitamente como alternativas anticapitalistas.

¿En qué consiste ese "socialismo"? ¿Cómo se articula a las tradiciones socialistas del pasado? ¿Cuál es la consistencia de una tal denominación en la coyuntura de hoy? ¿Cómo se vincula este "socialismo" con la crisis de paradigmas de la vieja izquierda y del pensamiento crítico? Es una respuesta porque significa deslastrarse de aquello que ya no está en la tendencia para volver a pensar y actuar de modo que se superen los viejos paradigmas que nos atrapan, como puede constarse en este mismo intercambio.

Un Abrazo Enzo


Amigo Enzo: Me concentro en este asunto cardinal: la cuestión del "socialismo" no es lo mismo que pensamiento crítico o que marxismo crítico o que izquierda radical. Entonces conviene situar bien de qué estamos hablando cuando nombramos la palabra "socialismo". (Por cierto, en lo personal nunca me interesó demasiado el asunto, no recuerdo haber usado esa terminología en varias décadas de debates; cuando me animo a tematizar este asunto es para evidenciar problemas).

Lo que ocurre es que hay una envoltura muy difícil de despejar con la superposición de "socialismo" con "pensamiento crítico". Por ejemplo, ¿qué es el libro de Marcuse sobre la naturaleza de la URSS? Es un brutal desmantelamiento de la barbarie estalinista hecha desde el pensamiento crítico.

¿Entonces? Marcuse no está defendiendo ningún "socialismo", está argumentando desde una postura teórica y política a favor de la revolución. Lo mismo diría de Toni Negri, Edgar Morin o Martin Hopenhayn.

Lo que sostengo es que el interés de una discusión sobre el "socialismo" pasa por su conexión con la agenda del pensamiento crítico, de otro modo se corre el riesgo de desenterrar cadáveres y ese no es el oficio del amigo Enzo.

R. Lanz


EL NACIONAL - Jueves 22 de Marzo de 2012 Opinión/8
ATresManos
Miradas múltiples para el diálogo
Sobre Adiós al socialismo (II)
ENZO DEL BUFALO

Querido Rigoberto: Estoy totalmente de acuerdo: la cuestión del "socialismo" no es lo mismo que pensamiento crítico o que marxismo crítico o que izquierda radical. El socialismo del que me ocupo en mi libro es aquel conjunto de prácticas sociales que han configurado por casi doscientos años ese movimiento social, que con multifacéticas expresiones políticas e intelectuales ha querido reorganizar la sociedad y que en su devenir diverso se ha reconocido en el término "socialismo". El pensamiento crítico puede que guarde relación con el socialismo, o puede que para seguir siendo crítico deba separarse definitivamente de todo lo que el término y la realidad que define.

Esto es una discusión posible; pero no es mi prioridad en este momento.

No porque no crea que sea importante, sino porque no es oportuno, si antes no se mira claramente al pasado que es aún presente. Entrar en este tipo de discusión sin antes haber saldado cuentas de manera clara con esa "compleja realidad" abarcada genéricamente por ese término, es como invitar a un banquete de excelentes platillos a gente con una crisis de constipación. La purga es una limpieza necesaria para asegurarnos de que a la mesa se sienten comensales capaces de apreciar los platillos. En el fondo se trata de establecer las diferencias que impidan a la crítica ser recuperada ­dialécticamente o no­ por un sistema de sumisión. Esto por lo menos es el deseo de esa subjetividad que sólo se perfila en la tendencia ¿hacia...? Enzo Del Bufalo Leyendo el libro, muy interesante para el debate por venir, el título pudo ser "genealogía de los socialismos", pero fue Adiós al socialismo ... Lo singular del socialismo es que fue multiplicidad y subsumir bajo un mismo significante; la heterogeneidad de prácticas parece un contrasentido, con las mismas premisas del autor, pero es muy sugerente.

El libro traerá cola aunque sigue marcado por cierto horizonte de prejuicios que no terminan de explicitarse, sobre todo el uso de las prácticas sociales sin referencia explícita a las relaciones de fuerzas.

Por otra parte, eso de "individuo soberano" después de la ruptura freudiana del sujeto todo-conciencia, o del sujeto que controla la red semiótica que lo soporta me parece bastante fofo... El sujeto colectivo no es una agregación de individuos libres e iguales que pactan desde la conciencia un poder inmanente... Hay cierta nostalgia por recuperar cierta dosis de subjetividad radical-libertaria que creo que en las actuales condiciones de posibilidad es una extravagancia, pero vale la pena mantener esa ficción a ver cómo funciona en el lazo social, más allá de la modernidad y la colonialidad...

Javier Biardeau ¡No! el libro jamás podría llamarse "genealogía de los socialismos". El libro es Adiós al socialismo como movimien- to político, social, intelectual etc., porque además de una genealogía tiene principalísimamente un análisis de la tendencia de las prácticas sociales a construir una nueva subjetividad que es su parte central y la que obviamente se te escapa, Javier. Una subjetividad que la modernidad ha definido como "individuo soberano", no yo. Dicho sea de paso, el individuo soberano no tiene nada que ver con la conciencia, es figura de la subjetividad construida por las prácticas sociales ­por ciertas prácticas sociales­ en el marco de una conflictualidad históricamente determinada. Es por lo menos sorprendente criticarle la falta de referencia explícita a las "relaciones de fuerzas" a un libro que muy bien podría leerse como una fenomenología del conflicto social.

Creo que, una vez más, estamos frente a una incomprensión muy común ­no sólo tuya­ de qué son las prácticas sociales y qué relación guardan con la plasticidad histórica de la subjetividad. Sólo si se entiende qué es la tendencia y cómo se define mediante el conflicto de las prácticas sociales, se entiende qué es la construcción de subjetividad, esa subjetividad que no es nada nostálgica y precisamente por eso le dice adiós a un pasado agotado por la propia tendencia que lo rebasa.

Un saludo cordial, Enzo del Bufalo

RECAPITULACIÓN (3)


EL NACIONAL - Sábado 17 de Marzo de 2012 Papel Literario/1
Adiós al socialismo
HÉCTOR SILVA MICHELENA

Personas libres y soberanas El socialismo, palabra abusada en los tiempos modernos, es repetida en los más disparatados sentidos, pero pocos saben cómo y porqué surgió, y casi nadie comprende en qué ha devenido realmente hoy en día. El libro Adiós al socialismo, de Enzo del Búfalo, busca aclarar estos temas y colocar la reflexión política en el ámbito de la tendencia moderna hacia la construcción de una sociedad de personas libres y soberanas.

Aquí hallamos la primera de las tesis fundamentales del texto: las prácticas sociales que han ido socavando la vieja sociedad feudal occidental remplazándola con la sociedad moderna, definen una tendencia a la formación de una figura subjetiva particular que se denomina individuo soberano. Este tipo de subjetividad necesita vivir en una sociedad en la cual cada individuo se relaciona con otros sin ningún tipo de sumisión que el autor denomina despótica. Este es el sentido de la historia moderna.

Esta tendencia es también la de constituir una subjetividad humana distinta. Sustenta esta tesis el postulado según el cual el ser humano se va transformando con sus prácticas sociales. Este postulado es propio del materialismo histórico que contra lo que sostiene cierta tradición marxista no tiene nada que ver con la dialéctica hegeliana; por el contrario, es su más radical negación puesto que pone en el origen la idea; en cambio, el materialismo histórico rastrea el origen de cada concepto en su radical diversidad, y en la materialidad de los procesos sociales, su verdadero origen; este análisis se complementa con la llamada plasticidad histórica de la subjetividad.

Con esta base metodológica, el autor articula el análisis del socialismo como un movimiento que expresa un momento histórico de la tendencia a la constitución de la sociedad de personas libres e iguales. De hecho el socialismo, al igual que el liberalismo antes que él, surge como práctica y doctrina que reivindica espacios de libertad contra el orden despótico imperante pero, al igual que el liberalismo, termina siendo recuperado por el orden despótico. Si el liberalismo, en su afirmación de la soberanía del individuo, insurge contra el Estado absolutista y los privilegios de clase para dejarse atrapar por la organización despótica de la industria y el comercio; el socialismo surge para superar esta capitulación del liberalismo frente a la organización capitalista y se deja seducir por el Estado. Pero Estado y capital son tan sólo dos formas del mismo orden despótico que siempre ha sido y será incompatible con la sociedad de individuos soberanos.

Tanto la organización capitalista de la producción como el Estado, en todas sus variantes, son organizaciones sociales basadas en relaciones de sumisión. Ni el liberalismo ni el socialismo entienden correctamente la naturaleza del poder despótico y es por eso que su concepción de las transformaciones sociales es jacobina, es decir, se basa en la idea de que este poder despótico puede ser apropiado, mediante la revolución, por una minoría ilustrada que lo empleará para reconstruir la sociedad.

Reconstrucción del orden despótico Nada más falso, sostiene el autor. El poder despótico se rehace a sí mismo y es por eso que todas las revoluciones lo reproducen. Sin embargo, el poder despótico se destruye mediante la separación. El socialismo inicial fue un movimiento realmente subversivo porque tendía a sustraerse al orden de la fábrica capitalista y al del Estado oligárquico y, así, interrumpía su funcionamiento poniendo en crisis la estabilidad social. Pero esto duraba tan sólo el tiempo que el capital necesitaba para recuperarlo mediante reformas que al satisfacer parcialmente sus aspiraciones, permitían recomponer el orden despótico. La historia del socialismo es, según del Bufalo, la historia de los distintos momentos de separación y recuperación del movimiento en un orden despótico superior. Un movimiento dialéctico en el cual una masa inicial de gente depauperada y embrutecida se separa de la fábrica para reivindicar mejores pautas de trabajo y de vida que les permitan desarrollar su subjetividad autovalorando su fuerza de trabajo. Este momento reivindicativo es seguido por cambios tecnológicos en el proceso productivo y por reformas sociales que permitían satisfacer estas reivindicaciones, al tiempo que hace posible relanzar la acumulación sobre una base superior. Este conflicto generó el gran dinamismo de la sociedad moderna y se expresa en el movimiento dialéctico entre autovaloración obrera y acumulación del capital que en cada fase culmina con una mayor subsunción de la producción y de la sociedad en el ciclo del capital. Así denominó Marx este proceso mediante el cual primero las pautas de trabajo, y luego todas las instancias de la vida social se van reconformando de acuerdo a la lógica acumulacionista.

De manera que la historia del socialismo es la de un movimiento de masas embrutecidas y depauperadas que dirigidas por una minoría radical democrática ­llamada su conciencia externa­ causa un conflicto social al plantear su separación del orden social que el orden despótico recupera mediante concesiones y reformas. Esta dinámica conflictiva va transformando, por un lado, la subjetividad proletaria, diversificándola en múltiples series de individuos, liberándola así de esa estratificación típicamente despótica que es la clase social; pero, por el otro, no sólo las pautas de trabajo, sino también las instancias en las que reproduce la vida de estos individuos, como la familia, escuela, el esparcimiento, etc., son subsumidas en la lógica de la acumulación. Si en las primeras décadas del movimiento socialista, administrado por la conciencia externa del partido, prevalecía el momento de la separación, con el pasar del tiempo empezó a prevalecer el momento reformista o revolucionario en el cual el socialismo se convertía en instrumento de prácticas políticas y sociales que si bien satisfacían ciertas reivindicaciones de los trabajadores, hacían posible una mayor subsunción de la subjetividad obrera y de toda la sociedad en el ciclo de acumulación. Así los socialistas y comunistas ocuparon el poder del Estado para hacer reformas o para hacer la revolución jacobina. En el primer caso, el socialismo construyó el Estado del bienestar que, si bien satisface muchas de las reivindicaciones sociales, funciona como estabilizador de la acumulación de capital en las economías de libre mercado.

En el segundo caso, el socialismo creó un orden social a imagen y semejanza de la fábrica capitalista del siglo XIX con el Estado y la nueva clase como únicos extractores de excedentes, y controladores de toda la vida social. Así el socialismo es hoy la manera más eficaz de administrar la subsunción de la sociedad en el capital.

Vivir en multiplicidad Frente a esto, todo movimiento que quiera mantenerse en la tendencia hacia la construcción de una sociedad de personas libres y soberanas debe luchar contra todas las formas de sumisión despótica. Es la manera de separarnos de la subsunción del capital. "Podría decirse pues que, hoy en día todo socialismo es necesariamente fascistoide [...] y es hoy en día inevitablemente fascista y debe ser repudiado por todos aquellos que se colocan en la tendencia histórica del conflicto social que nos pone más allá del socialismo".

Hay que afirmar las diferencias de cada individuo como diferencias de igual valor social. Esto es lo que significa vivir en multiplicidad.

Pero esta tendencia no podrá realizarse hasta tanto no se supere toda organización despótica. Inventar formas organizativas que no impliquen sumisión es el reto que tiene el individuo para superar el último obstáculo para la afirmación de su plena soberanía. Para hacerlo debe antes abatir los fantasmas de la historia. Este libro quiere ayudar a estos fines ¿otra utopía de la edad de oro?

EL NACIONAL - Viernes 16 de Marzo de 2012 Opinión/6
A Tres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
¿Adiós al socialismo?
JESÚS PUERTA*

Los libros de Enzo del Bufalo siempre nos han ofrecido una exquisita erudición en una hermosa prosa. Adiós al socialismo no es la excepción, aparte de que constituye un valioso aporte a un debate necesario. Es imposible dar cuenta de este libro tan rico en un breve artículo de opinión. En el marco del Doctorado de Ciencias Sociales de la UC le dedicamos una mañana que fue corta. Valga, de todos modos, este corto texto para comentar algunas cosas.

¿Por qué Enzo del Bufalo le dice adiós al socialismo? Fundamentalmente porque se desvió del proyecto de una sociedad de individuos libres e iguales. La postura del autor se presenta diferente de la del neoliberal y del decepcionado amargado por el engaño en que perdió parte de su vida. La desviación del socialismo para Enzo tiene que ver con que a) el socialismo asumió la defensa del estado nación, lo cual implica compromisos con las relaciones despóticas; b) dejó de ser movimiento de diferenciación respecto del despotismo capitalista y se integró al capital; y c) por obsoleto, fracasado, etc.

El "individuo soberano": esa fue la "promesa incumplida" del liberalismo, el cual "traicionó" por entrar en compromisos con los despotismos feudales. Pero la utopía se confronta con su propia base "genealógica", pues la modernidad resulta ser un "compromiso de relaciones despóticas, iguales y de parentesco". Enzo sólo valora el socialismo en el momento en que fue un movimiento de separación del movimiento obrero respecto del despotismo del capital en el siglo XIX. Pero la utopía se mezcla y se abigarra. Creemos sentir aquí el pesar del teórico al ver mancharse y mezclarse el limpio y puro ideal, cuando entra en contacto con su aplicación.

Con la misma sensibilidad, el autor opone la "muchedumbre abigarrada" del "eclecticismo" propio del actual socialismo (alusión al chavismo) a la "multitud múltiple diferenciada" donde se lucha contra los despotismos afirmando las diferencias individuales que nunca convergen en el "Uno".

Todo esto lleva a Enzo a un extraño razonamiento que ya hemos observado en otros autores antichavistas. Para él, el socialismo actual (¿Venezuela? ¿China?) es, necesariamente, fascismo. La explicación de este salto en el razonamiento está en la página 515: "El ejemplo histórico que mejor interpreta esa territorialización es el fascismo". No se explica por qué el fascismo es "el mejor ejemplo" de territorialización nacional.

Pero sigue más abajo con que el socialismo es "necesariamente fascista", pues reedita la articulación "entre el capitalismo privado globalizado y un capitalismo de Estado nacional". Reconoce, sólo de paso, que este movimiento beneficia la situación de los "hambrientos"; pero internaliza el socialismo para subsumirlo en el capital.

La cosa es que esa conjunción, que para él es fascista, también la hizo históricamente la socialdemocracia. Por otra parte, el nacionalismo de nación oprimida o colonia es diferente del chovinismo imperial.

Por no considerar esto, Enzo no ubica nada de fascismo del lado del imperialismo actual, materializado en el intervencionismo terrorista del gran capital.

Para nosotros, el fascismo es la dictadura terrorista del gran capital sobre los trabajadores y colonias, que aplasta su movimiento emancipador social y etno-nacional, acompañada de una política guerrerista. La integración capitalismo-Estado, aun en sentido social, tiene que ver con las superestructuras del keynesianismo que, sí, puede ser usado por el fascismo, pero también por el "welfare state".

Habría que preguntarse: si ha habido tantas versiones del socialismo (o de la izquierda), que han tenido sus fallas, fracasos y errores, pero todas de alguna manera expresan esa tendencia hacia una sociedad de hombres libres, iguales y fraternos, no hay razón para abandonar su aspecto utópico, así como para un cristiano no bastan las atrocidades de la Iglesia Católica para abandonar su fe.

Al parecer el teórico introdujo un elemento impuro, concreto y abigarrado en su razonamiento puro y abstracto: el rechazo silvestre al chavismo.

viernes, 16 de marzo de 2012

SOCIALISMO A VARIAS MANOS


EL NACIONAL - Miércoles 14 de Marzo de 2012 Opinión/8
A Tres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
Sobre Adiós al socialismo
ENZO DEL BUFALO

Hola Rigoberto.

Gracias por haberte tomado la molestia de hacer algunas consideraciones ­que entiendo son preliminares­ sobre mi libro. De entrada leo algo que me sorprende: "Una clave interpretativa que atraviesa todo el texto (y que es tal vez un factor polémico del que no será fácil prescindir) es la atribución al término `socialismo’ de una propiedad material que está en las prácticas sociales y no principalmente en el pensamiento".

Querido Rigoberto: ¡Cuando se rompe el espejo, luego es muy difícil juntar los pedazos sin que se noten los quiebres! El pensamiento es parte integrante de toda práctica social y toda práctica social es pensamiento. Este es el principio fundamental del materialismo histórico, el de Marx y el mismo que reproduce Foucault en su teoría del enunciado. No hay actores sociales inmersos en un metabolismo material como si fueran espíritus astrales caídos en un mundo demoníaco de la materia inerme; sino prácticas sociales que configuran subjetividades que actúan, piensan y sienten de acuerdo con las r eglas que en cada caso las definen en una red de relaciones de poder. (Esto es: prácticas sociales). Por eso ya incorporan de suyo "las condiciones epistemológicas de visiones del mundo, miradas y mentalidades que tienen su propio dinamismo. Claro está, fuertemente articuladas a la dialéctica específica de los movimientos socio-económicos," y por eso también "en ningún caso derivables de las prácticas materiales".

En todo caso, el libro trata del socialismo como movimiento social en todas sus vertientes para acortarlo como un momento en el desarrollo tendencial de la modernidad; desarrollo irregular ciertamente, pero definible en una tendencia a la constitución de la sociedad común de personas libres e iguales en la cual se inscribe el "riquísimo debate en la izquierda mundial en el último medio siglo XX. Me parece que allí está uno de los mejores capítulos de la controversia socio-política del pensamiento socialista". Controversia socio-política del pensamiento socialista que este libro no ignora; por el contrario presume de ser su sinopsis más completa, para no decir ¡la mejor! Decir adiós al socialismo es ya una primera respuesta a: La cuestión central es poder discernir sobre las construcciones teóricas que invocan el "socialismo" como referencia y se asumen explícitamente como alternativas anticapitalistas.

¿En qué consiste ese "socialismo"? ¿Cómo se articula a las tradiciones socialistas del pasado? ¿Cuál es la consistencia de una tal denominación en la coyuntura de hoy? ¿Cómo se vincula este "socialismo" con la crisis de paradigmas de la vieja izquierda y del pensamiento crítico? Es una respuesta porque significa deslastrarse de aquello que ya no está en la tendencia para volver a pensar y actuar de modo que se superen los viejos paradigmas que nos atrapan, como puede constarse en este mismo intercambio.

Un Abrazo Enzo


Amigo Enzo: Me concentro en este asunto cardinal: la cuestión del "socialismo" no es lo mismo que pensamiento crítico o que marxismo crítico o que izquierda radical. Entonces conviene situar bien de qué estamos hablando cuando nombramos la palabra "socialismo". (Por cierto, en lo personal nunca me interesó demasiado el asunto, no recuerdo haber usado esa terminología en varias décadas de debates; cuando me animo a tematizar este asunto es para evidenciar problemas).

Lo que ocurre es que hay una envoltura muy difícil de despejar con la superposición de "socialismo" con "pensamiento crítico". Por ejemplo, ¿qué es el libro de Marcuse sobre la naturaleza de la URSS? Es un brutal desmantelamiento de la barbarie estalinista hecha desde el pensamiento crítico.

¿Entonces? Marcuse no está defendiendo ningún "socialismo", está argumentando desde una postura teórica y política a favor de la revolución. Lo mismo diría de Toni Negri, Edgar Morin o Martin Hopenhayn.

Lo que sostengo es que el interés de una discusión sobre el "socialismo" pasa por su conexión con la agenda del pensamiento crítico, de otro modo se corre el riesgo de desenterrar cadáveres y ese no es el oficio del amigo Enzo.

R. Lanz


EL NACIONAL - Viernes 16 de Marzo de 2012 Opinión/6
A Tres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
¿Adiós al socialismo?
JESÚS PUERTA*

Los libros de Enzo del Bufalo siempre nos han ofrecido una exquisita erudición en una hermosa prosa. Adiós al socialismo no es la excepción, aparte de que constituye un valioso aporte a un debate necesario. Es imposible dar cuenta de este libro tan rico en un breve artículo de opinión. En el marco del Doctorado de Ciencias Sociales de la UC le dedicamos una mañana que fue corta. Valga, de todos modos, este corto texto para comentar algunas cosas.

¿Por qué Enzo del Bufalo le dice adiós al socialismo? Fundamentalmente porque se desvió del proyecto de una sociedad de individuos libres e iguales. La postura del autor se presenta diferente de la del neoliberal y del decepcionado amargado por el engaño en que perdió parte de su vida. La desviación del socialismo para Enzo tiene que ver con que a) el socialismo asumió la defensa del estado nación, lo cual implica compromisos con las relaciones despóticas; b) dejó de ser movimiento de diferenciación respecto del despotismo capitalista y se integró al capital; y c) por obsoleto, fracasado, etc.

El "individuo soberano": esa fue la "promesa incumplida" del liberalismo, el cual "traicionó" por entrar en compromisos con los despotismos feudales. Pero la utopía se confronta con su propia base "genealógica", pues la modernidad resulta ser un "compromiso de relaciones despóticas, iguales y de parentesco". Enzo sólo valora el socialismo en el momento en que fue un movimiento de separación del movimiento obrero respecto del despotismo del capital en el siglo XIX. Pero la utopía se mezcla y se abigarra. Creemos sentir aquí el pesar del teórico al ver mancharse y mezclarse el limpio y puro ideal, cuando entra en contacto con su aplicación.

Con la misma sensibilidad, el autor opone la "muchedumbre abigarrada" del "eclecticismo" propio del actual socialismo (alusión al chavismo) a la "multitud múltiple diferenciada" donde se lucha contra los despotismos afirmando las diferencias individuales que nunca convergen en el "Uno".

Todo esto lleva a Enzo a un extraño razonamiento que ya hemos observado en otros autores antichavistas. Para él, el socialismo actual (¿Venezuela? ¿China?) es, necesariamente, fascismo. La explicación de este salto en el razonamiento está en la página 515: "El ejemplo histórico que mejor interpreta esa territorialización es el fascismo". No se explica por qué el fascismo es "el mejor ejemplo" de territorialización nacional.

Pero sigue más abajo con que el socialismo es "necesariamente fascista", pues reedita la articulación "entre el capitalismo privado globalizado y un capitalismo de Estado nacional". Reconoce, sólo de paso, que este movimiento beneficia la situación de los "hambrientos"; pero internaliza el socialismo para subsumirlo en el capital.

La cosa es que esa conjunción, que para él es fascista, también la hizo históricamente la socialdemocracia. Por otra parte, el nacionalismo de nación oprimida o colonia es diferente del chovinismo imperial.

Por no considerar esto, Enzo no ubica nada de fascismo del lado del imperialismo actual, materializado en el intervencionismo terrorista del gran capital.

Para nosotros, el fascismo es la dictadura terrorista del gran capital sobre los trabajadores y colonias, que aplasta su movimiento emancipador social y etno-nacional, acompañada de una política guerrerista. La integración capitalismo-Estado, aun en sentido social, tiene que ver con las superestructuras del keynesianismo que, sí, puede ser usado por el fascismo, pero también por el "welfare state".

Habría que preguntarse: si ha habido tantas versiones del socialismo (o de la izquierda), que han tenido sus fallas, fracasos y errores, pero todas de alguna manera expresan esa tendencia hacia una sociedad de hombres libres, iguales y fraternos, no hay razón para abandonar su aspecto utópico, así como para un cristiano no bastan las atrocidades de la Iglesia Católica para abandonar su fe.

Al parecer el teórico introdujo un elemento impuro, concreto y abigarrado en su razonamiento puro y abstracto: el rechazo silvestre al chavismo.

*Universidad de Carabobo


EL NACIONAL - Viernes 16 de Marzo de 2012 Opinión/7
Socialismo bolivariano
ÓSCAR LUCIEN

1. Lejos quedaron aquellos días cuando el teniente coronel Chávez y connotados voceros oficialistas se referían a la Constitución venezolana como un infante que requería de todos los mimos.

En ese tenor conmemoraron sus años iniciales. También hubo días en que la carta magna se enarboló como una amenaza contra los "escuálidos", y bautizada como la bicha, se le mostraba a los venezolanos con el mismo talante de quien confronta al demonio con un crucifijo o a un vampiro con un espejo. Pero ya esto es historia.

Para Chávez y la mariclaque que lo secunda, el famoso librito azul ha sido degradado a tal punto que apenas si queda como banal utilería prêt à porter de actos oficiales, desaplicada y vaciada de todo su contenido doctrinario y normativo. Un mínimo detalle: más relevancia institucional tuvo para el Gobierno la conmemoración de la cruenta felonía de Hugo Chávez el 4 de febrero de 1992 que la conmemoración de la aprobación de la Constitución de la República en 1999 en referéndum popular. Como se dice en criollo, por la maleta se conoce al pasajero.

2. "Socialismo bolivariano: democracia autosuicidada" es el título de unos apuntes que en condición de comentarista presenté en el Encuentro de Organizaciones de la Sociedad Civil, realizado en la Universidad Católica Andrés Bello, del 6 al 10 de marzo. Titulé mis comentarios a partir de una analogía entre el título de la ponencia de Ricardo Combellas: "Actuales desafíos de la representación política y de la participación ciudadana" y, particularmente, de su conclusión: "Una democracia sin control será insostenible, pues el desprecio de la autorrestricción que impone el principio de la legalidad equivale al suicido de la democracia".

Al reconocer la consistencia argumental del texto de Combellas, en su trazado de la pertinente genealogía conceptual de términos como representación y participación, los cuales forman parte de nuestra cotidianidad pero integran una carga histórica muy precisa, quise detenerme sobre lo más específico del ejercicio de la ciudadanía y la importancia relevante de las ONG como instancias de participación en las sociedades democráticas, como entes contralores de la gestión pública y como defensoras de derechos políticos y civiles de los ciudadanos. Resulta muy transparente para nosotros que las ONG no reemplazan a los partidos políticos ni al sistema de representación política. De igual manera, que la mera actuación de los ciudadanos para elegir sus gobernantes se revela como insuficiente para hacer frente a las complejidades de la vida social: pasamos de la mera democracia representativa a la democracia participativa, la cual demanda cada vez con más urgencia un papel activo de los ciudadanos en las cuestiones públicas.

Como pocas en el mundo, la Constitución de Venezuela, en su artículo 62 consagra el rango definitorio de esta participación: "Todos los ciudadanos y ciudadanas tienen el derecho de participar libremente en los asuntos públicos, directamente o por medio de sus representantes elegidos o elegidas. La participación del pueblo en la formación, ejecución y control de la gestión pública es el medio necesario para lograr el protagonismo que garantice su completo desarrollo, tanto individual como colectivo.

Es obligación del Estado y deber de la sociedad facilitar las condiciones más favorables para su práctica". Asimismo, la Carta Democrática Interamericana, de la cual Venezuela es país signatario, reafirma la participación como una condición necesaria para el pleno y efectivo ejercicio de la democracia.

Lamentablemente, estos reconocimientos formales se han convertido en letra muerta en la realidad venezolana y padecemos lo que en alguno de sus pasajes Combellas llama "esquizofrenia constitucional". Valga decir que esta conclusión fue coincidente y unánime entre todos los panelistas y comentaristas de la sesión: El ciudadano y el Estado. Estado de Derecho y organización del Estado.

3. El socialismo bolivariano (sic) recurre, en algunos casos de manera tácita, aunque frecuentemente en forma perversa y manipulada, a la dicotomía pueblo versus ciudadano. El pueblo, encarnado por el líder máximo del proceso subsume su participación en la gestión de gobierno y en instancias orquestadas en el llamado Estado comunal, absolutamente contrarias a la Constitución, que alienan la verdadera participación autónoma y sin ataduras; mientras que quienes actuamos libremente en ONG somos víctimas cotidianos de esta esquizofrenia constitucional: se consagra la participación pero se criminaliza y persigue a quienes participan. Y sin participación, libre, no hay democracia
.

jueves, 22 de marzo de 2012

RECAPITULACIÓN (2)


EL NACIONAL - Domingo 19 de Febrero de 2012 Opinión/8
ATresManos
Miradas múltiples para el diálogo
El país que falta
RIGOBERTO LANZ

"El espacio político de la sociedad de
multiplicidades está formado por instituciones
que reconocen la divergencia como principio de
organización social...".

Enzo Del Bufalo: Adiós al socialismo , P.521


He insistido en varias ocasiones en la existencia de una Venezuela sumergida que no es perceptible a través del discurso electoral. No se trata de una parcela física ubicada en alguna geografía misteriosa. Se trata sí de una realidad transversal, que está en todos lados, invisibilizada por la predominancia de los poderes en escena.

Pero, además, tenemos desde hace rato una dicotomía exacerbada por la hostilidad de los discursos, por una beligerancia política que no se corresponde con la naturaleza de los cambios reales que están en agenda. Estamos pagando una factura de caviar cuando en verdad comemos diablito.

¿Cuál es el negocio? Las palabras no son neutras, por ellas se pagan altos precios cuando se aumenta el volumen sin respaldo efectivo en la realidad.

La operación --maquiavélica-- debería ser exactamente al revés: hacer cambios radicales y matizarlos con lenguajes amigables... haciendo siempre "como si" no pasara nada. Hay una parte importante del país que está permanentemente señalada con discursos de exclusión (de lado y lado).

El resultado psicológico (y luego político) es la sensación de campos de batalla donde todo vale, donde se juega a matar o morir, y, por tanto, donde se definen los bandos amigosenemigos.

Este clima pre-político está hace rato instalado en las facciones más activas del juego político-electoral. Pero hay otro país: por debajo, por encima, en un costado. País que responde a otras lógicas, que espera respuestas del Estado, que no está en el juego electoral, que no se ha enfermado de histeria colectiva, que espera su momento.

Bien lejos de esa imagen falaz y bobalicona de "rescatar la democracia" como si aquí alguna vez ha habido alguna democracia verdadera. O de esta otra imagen tan socorrida de la "reconciliación" como si alguna vez este país hubiese vivido en armonía y agarraditos de las manos. Venimos del infierno de una Venezuela atravesada por toda clase de aberraciones sociales. Por allí no es la cosa.

De lo que se trata es de instaurar un sentido de la gobernanza que coloque a la sociedad toda en el centro de las políticas públicas, con los conflictos y contradicciones que están en la base de este modelo de sociedad, sin inventar falsas hermandades donde sólo hay intereses fundamentales contrapuestos. Pero justamente por ello es esencial que una visión de Estado coloque las reglas de juego que marcan el límite de lo que es aceptable, así la acción de gobierno supera el sectarismo de partido, la visión restringida de una lucha de todos contra todos y la exclusión a priori de todo aquello que no es "lo mío".

En una compleja transición como esta, en la que se dilapidan demasiadas energías en trifulcas mediáticas que dejan rastro, es indispensable resituar las prioridades y el manejo de antagonismos en clave de juego democrático, comprometiendo al adversario en cada conflicto, colocando siempre el horizonte-país por encima de la pragmática de los intereses parciales, separando netamente la lógica de partido de la lógica de Estado (esta confusión es letal), abriendo el juego cada vez que la violencia ciega intenta cerrarlo. No estoy planteando una agenda utópica para un país extraterrestre.

Lo que estoy argumentando está ya en la tradición democrática de muchos países, no estamos inventando el agua tibia. Lo curioso es que este abecé de la política parece un sueño dado el primitivismo de las prácticas y discursos realmente existentes.

Cambios inmediatos deben producirse. El desgaste de los discursos, la acumulación de extravíos, la pérdida de oportunidades por las que nadie responde, la elementalidad de las opciones que aparecen en escena, el diferimiento de grandes decisiones que marcarán lo que será Venezuela en los próximos 30 años, en fin, los enormes vacíos de visiones trascendentes en los operadores que ocupan la escena pública, suscitan una sensación de urgencia que ya no se puede colmar con las expectativas de 1999.


EL NACIONAL - Domingo 11 de Marzo de 2012 Opinión/9
ATres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
En la era de los adioses
RIGOBERTO LANZ

"La izquierda subsiste... porque habrá una afinidad...
entre esa izquierda ideológicamente difunta y una
sociedad políticamente indiferente, entre una izquierda
transparente y una sociedad sin secretos, entre
la resignación de esa izquierda a todo objetivo
histórico y la resignación de la sociedad civil
a toda voluntad política".

Jean Baudrillard: La gauche divine, p.117


El amigo Enzo Del Bufalo nos propone ahora una revisión histórica de la idea de "socialismo" recreando para ello pensamientos y escenarios que vienen de muy lejos. Con el sugerente título de Adiós al socialismo (Caracas, Edit. Bid & co., 2011), nos pasea por ese largo historial de debates y confrontaciones en las que la izquierda política ha intentado erigirse como opción frente a la sociedad capitalista.

Una clave interpretativa que atraviesa todo el texto (y que es tal vez un factor polémico del que no será fácil prescindir) es la atribución al término "socialismo" de una propiedad material que está en las prácticas sociales y no principalmente en el pensamiento. Es decir, será "socialismo" el propio metabolismo de la sociedad industrial, una suerte de secreción del mundo del trabajo y la producción. Esta lectura tiene más de un problema, desde luego.

Tal vez su tensión más aguda la apreciamos en la dificultad para dar cuenta del riquísimo debate en la izquierda mundial en el último medio siglo XX. Me parece que allí está uno de los mejores capítulos de la controversia socio-política del pensamiento socialista. Esta ausencia se entiende porque la mirada analítica se centra en las caracterizaciones de las prácticas materiales de los actores sociales en cada momento histórico. Lo que estoy planteando es que será muy difícil convenir sobre una idea de "socialismo" que no penetre las condiciones epistemológicas de visiones del mundo, miradas y mentalidades que tienen su propio dinamismo. Claro está, fuertemente articuladas a la dialéctica específica de los movimientos socio-económicos, pero en ningún caso derivables de las prácticas materiales.

Hay una construcción discursiva (un "régimen de enunciación", Foucault dixit) donde el metarrelato "socialista" funciona como representación, como ideología, como imaginario colectivo, como agenciamiento identitario, como programa político. El conjunto de presupuestos, teorías, conceptos y categorías, sistemas interpretativos y lecturas de la realidad, con las que la izquierda pensó la revolución (incluido el "socialismo") tienen una determinada racionalidad que debe ser penetrada con una mirada autónoma, deconstruida en su propio humus epistémico. De ese modo, la idea de "socialismo" remite a un constructo intelectual --una cierta narrativa-- que tiene sus propios contenidos teórico-ideológicos, a su vez disímiles por la diversidad de "socialismos" que se han cruzado, sobremanera, en la segunda mitad del siglo XX.

Es cosa bien diferente evaluar el fracaso del socialismo como agotamiento e implosión de una configuración ideológica singular (como el estalinismo, por ejemplo) que situarlo en el terreno de su depasamiento de cara al tipo de capitalismo donde nació. Alguien dirá que las dos cosas van juntas. Sí, pero no. Ciertos debates no se entenderían fuera de su contexto histórico. Las elaboraciones teórico-políticas están conectadas con los eventos de cada coyuntura. Los distintos "socialismos" conocidos son expresión de esos metabolismos. Ese no es el punto. La cuestión central es poder discernir sobre las construcciones teóricas que invocan el "socialismo" como referencia y se asumen explícitamente como alternativa anticapitalistas. ¿En qué consiste ese "socialismo"? ¿Cómo se articula a las tradiciones socialistas del pasado? ¿Cuál es la consistencia de una tal denominación en la coyuntura de hoy? ¿Cómo se vincula este "socialismo" con la crisis de paradigmas de la vieja izquierda y del pensamiento crítico? Adiós al socialismo evoca una imagen del mismo tipo del Adiós a la modernidad con la que hemos caracterizado insistentemente este cambio epocal por donde transitamos hoy, o el Adiós al proletariado con el que Gorz escandalizó en su tiempo. Moraleja: no es lo mismo decir adiós... que hasta luego.

EL NACIONAL - Jueves 29 de Marzo de 2012 Opinión/9
A Tres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
Sobre Adiós al socialismo (III)
JAVIER BIARDEAU

Ciertamente, se me escapa el análisis de tendencia de la nueva subjetividad, no he llegado allí, pero esta combinación de fuentes: Foucault, Negri y Deleuze, tratando de escapar a la malla dialéctica de extracción hegeliana es común en una tendencia ya conocida: el autonomismo y la multitud; aunque insisto: ¿y por qué no nuevas subjetividades(s)? ¿Por qué tanto énfasis en el rasgo unario del uno despótico si precisamente allí reside la confusión permanente entre el orden simbólico y lo real en sentido lacaniano? El orden simbólico genera una poderosa fuerza hacia la "ley" como equivalencia del código. ¡Nueva subjetividad! ¿No se lee acaso allí una insistencia en que la salida es una determinación por abstracción en el código de equivalencias? ¿Dónde queda lo disparatado de la "nueva subjetividad"? No hay que despachar la gramática, ni la retórica ni la lógica como trivium de la semiótica de las prácticas sociales.

Unificar el socialismo feudal, el socialismo de Proudhon, el socialismo fabiano en el rasgo unario de socialismo como si las prácticas sociales convergen en el significante-amo que organiza las relaciones sociales sigue siendo una incógnita poco despejada. Allí hay una operación teórica poco clarificada en el texto. La "diferencia" pareciera recaer en "lo mismo", dada la in-distinción entre alteridad y diferencia. Seguimos presos en la malla semiótica de la lengua castellana para abordar lo inabordable desde esta red: la heterogeneidad de lo disparatado, que son fuerzas, intensidades, espacios que descuadran la geometría del concepto, cuando éste deja de apelar a las formas platónicas...

querer brincar sobre la sombra platónica para terminar girando en círculos con ella.

Insisto, los estratos de sumisión ciertamente dan cuenta de la conflictualidad que opera en las prácticas sociales, pero hay conceptos con genealogías contractualistas, como aquel de la "legitimidad". El "autor" tal vez debe abordar las incomprensiones, matices, tensiones, hendiduras, desgarramientos, aberraciones, sobreinterpretaciones como elementos, justamente, de la heterogeneidad de lo disparatado de las prácticas sociales.

Saludos.

Javier.

Comentario al margen: 1) Enzo del Bufalo, en una ya numerosa obra, ha insistido en una genealogía de la subjetividad en la cual juega con dos términos dicotómicos, con los cuales categoriza las prácticas sociales: las relaciones de equivalencia y las despóticas.

Las primeras resultan del mercado, son como la extensión de las condiciones de intercambio de productos equivalentes a la relación entre los seres humanos. En ellas encuentran su génesis desde la razón hasta cualquier asomo de relación no-despótica. Esta forma de plantear la cuestión, ¿no inocula cierto maniqueísmo en una polaridad que inicialmente sirve simplemente para categorizar, pero luego, al aplicarse a períodos históricos demasiado largos, se sustantivizan en dos principios independientes? 2) Otra duda a aclarar: cuando se afirma que la modernidad ha definido una nueva subjetividad, el "individuo soberano", ¿se trata de la modernidad central o de la periférica, es decir, de la colonialidad? ¿Ese "individuo soberano" aparece en todo lugar? Ya sé que hay autores (entre ellos el propio Rigoberto y creo que Enzo también) que definen la modernidad desde un referente europeo, a partir de la Ilustración; pero pienso que esa forma de comprender la cuestión oculta una parte importante del cuento.

3) Hablar del "individuo soberano", ¿no es dibujar una perspectiva, un horizonte, una proyección de las tendencias de la Modernidad? Si es así, la operación se parece a la del Marx, para quien el comunismo nunca fue un proyecto de sociedad que habría que imponer, sino "el movimiento histórico" mismo. Sobre la base de esas tendencias históricas, Marx se permitía esbozar elementos programáticos en el plano político, que no en el teórico. En su obra propiamente teórica, Marx siempre advertía que no se proponía imponer un proyecto prediseñado de sociedad, sino vislumbrar hacia dónde tendían las contradicciones y conflictos de la sociedad moderna.

Jesús Puerta

domingo, 18 de marzo de 2012

¿Y NOS ESTAMOS EN UN ENFERMIZO "HASTA PRONTO"?


EL NACIONAL - Sábado 17 de Marzo de 2012 Papel Literario/1
Adiós al socialismo
HÉCTOR SILVA MICHELENA

Personas libres y soberanas El socialismo, palabra abusada en los tiempos modernos, es repetida en los más disparatados sentidos, pero pocos saben cómo y porqué surgió, y casi nadie comprende en qué ha devenido realmente hoy en día. El libro Adiós al socialismo, de Enzo del Búfalo, busca aclarar estos temas y colocar la reflexión política en el ámbito de la tendencia moderna hacia la construcción de una sociedad de personas libres y soberanas.

Aquí hallamos la primera de las tesis fundamentales del texto: las prácticas sociales que han ido socavando la vieja sociedad feudal occidental remplazándola con la sociedad moderna, definen una tendencia a la formación de una figura subjetiva particular que se denomina individuo soberano. Este tipo de subjetividad necesita vivir en una sociedad en la cual cada individuo se relaciona con otros sin ningún tipo de sumisión que el autor denomina despótica. Este es el sentido de la historia moderna.

Esta tendencia es también la de constituir una subjetividad humana distinta. Sustenta esta tesis el postulado según el cual el ser humano se va transformando con sus prácticas sociales. Este postulado es propio del materialismo histórico que contra lo que sostiene cierta tradición marxista no tiene nada que ver con la dialéctica hegeliana; por el contrario, es su más radical negación puesto que pone en el origen la idea; en cambio, el materialismo histórico rastrea el origen de cada concepto en su radical diversidad, y en la materialidad de los procesos sociales, su verdadero origen; este análisis se complementa con la llamada plasticidad histórica de la subjetividad.

Con esta base metodológica, el autor articula el análisis del socialismo como un movimiento que expresa un momento histórico de la tendencia a la constitución de la sociedad de personas libres e iguales. De hecho el socialismo, al igual que el liberalismo antes que él, surge como práctica y doctrina que reivindica espacios de libertad contra el orden despótico imperante pero, al igual que el liberalismo, termina siendo recuperado por el orden despótico. Si el liberalismo, en su afirmación de la soberanía del individuo, insurge contra el Estado absolutista y los privilegios de clase para dejarse atrapar por la organización despótica de la industria y el comercio; el socialismo surge para superar esta capitulación del liberalismo frente a la organización capitalista y se deja seducir por el Estado. Pero Estado y capital son tan sólo dos formas del mismo orden despótico que siempre ha sido y será incompatible con la sociedad de individuos soberanos.

Tanto la organización capitalista de la producción como el Estado, en todas sus variantes, son organizaciones sociales basadas en relaciones de sumisión. Ni el liberalismo ni el socialismo entienden correctamente la naturaleza del poder despótico y es por eso que su concepción de las transformaciones sociales es jacobina, es decir, se basa en la idea de que este poder despótico puede ser apropiado, mediante la revolución, por una minoría ilustrada que lo empleará para reconstruir la sociedad.

Reconstrucción del orden despótico Nada más falso, sostiene el autor. El poder despótico se rehace a sí mismo y es por eso que todas las revoluciones lo reproducen. Sin embargo, el poder despótico se destruye mediante la separación. El socialismo inicial fue un movimiento realmente subversivo porque tendía a sustraerse al orden de la fábrica capitalista y al del Estado oligárquico y, así, interrumpía su funcionamiento poniendo en crisis la estabilidad social. Pero esto duraba tan sólo el tiempo que el capital necesitaba para recuperarlo mediante reformas que al satisfacer parcialmente sus aspiraciones, permitían recomponer el orden despótico. La historia del socialismo es, según del Bufalo, la historia de los distintos momentos de separación y recuperación del movimiento en un orden despótico superior. Un movimiento dialéctico en el cual una masa inicial de gente depauperada y embrutecida se separa de la fábrica para reivindicar mejores pautas de trabajo y de vida que les permitan desarrollar su subjetividad autovalorando su fuerza de trabajo. Este momento reivindicativo es seguido por cambios tecnológicos en el proceso productivo y por reformas sociales que permitían satisfacer estas reivindicaciones, al tiempo que hace posible relanzar la acumulación sobre una base superior. Este conflicto generó el gran dinamismo de la sociedad moderna y se expresa en el movimiento dialéctico entre autovaloración obrera y acumulación del capital que en cada fase culmina con una mayor subsunción de la producción y de la sociedad en el ciclo del capital. Así denominó Marx este proceso mediante el cual primero las pautas de trabajo, y luego todas las instancias de la vida social se van reconformando de acuerdo a la lógica acumulacionista.

De manera que la historia del socialismo es la de un movimiento de masas embrutecidas y depauperadas que dirigidas por una minoría radical democrática ­llamada su conciencia externa­ causa un conflicto social al plantear su separación del orden social que el orden despótico recupera mediante concesiones y reformas. Esta dinámica conflictiva va transformando, por un lado, la subjetividad proletaria, diversificándola en múltiples series de individuos, liberándola así de esa estratificación típicamente despótica que es la clase social; pero, por el otro, no sólo las pautas de trabajo, sino también las instancias en las que reproduce la vida de estos individuos, como la familia, escuela, el esparcimiento, etc., son subsumidas en la lógica de la acumulación. Si en las primeras décadas del movimiento socialista, administrado por la conciencia externa del partido, prevalecía el momento de la separación, con el pasar del tiempo empezó a prevalecer el momento reformista o revolucionario en el cual el socialismo se convertía en instrumento de prácticas políticas y sociales que si bien satisfacían ciertas reivindicaciones de los trabajadores, hacían posible una mayor subsunción de la subjetividad obrera y de toda la sociedad en el ciclo de acumulación. Así los socialistas y comunistas ocuparon el poder del Estado para hacer reformas o para hacer la revolución jacobina. En el primer caso, el socialismo construyó el Estado del bienestar que, si bien satisface muchas de las reivindicaciones sociales, funciona como estabilizador de la acumulación de capital en las economías de libre mercado.

En el segundo caso, el socialismo creó un orden social a imagen y semejanza de la fábrica capitalista del siglo XIX con el Estado y la nueva clase como únicos extractores de excedentes, y controladores de toda la vida social. Así el socialismo es hoy la manera más eficaz de administrar la subsunción de la sociedad en el capital.

Vivir en multiplicidad Frente a esto, todo movimiento que quiera mantenerse en la tendencia hacia la construcción de una sociedad de personas libres y soberanas debe luchar contra todas las formas de sumisión despótica. Es la manera de separarnos de la subsunción del capital. "Podría decirse pues que, hoy en día todo socialismo es necesariamente fascistoide [...] y es hoy en día inevitablemente fascista y debe ser repudiado por todos aquellos que se colocan en la tendencia histórica del conflicto social que nos pone más allá del socialismo".

Hay que afirmar las diferencias de cada individuo como diferencias de igual valor social. Esto es lo que significa vivir en multiplicidad.

Pero esta tendencia no podrá realizarse hasta tanto no se supere toda organización despótica. Inventar formas organizativas que no impliquen sumisión es el reto que tiene el individuo para superar el último obstáculo para la afirmación de su plena soberanía. Para hacerlo debe antes abatir los fantasmas de la historia. Este libro quiere ayudar a estos fines ¿otra utopía de la edad de oro?

domingo, 11 de marzo de 2012

METARRELATORÍA


EL NACIONAL - Domingo 11 de Marzo de 2012 Opinión/9
ATres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
En la era de los adioses
RIGOBERTO LANZ


"La izquierda subsiste...
porque habrá una afinidad...
entre esa izquierda ideológicamente
difunta y una sociedad políticamente indiferente,
entre una izquierda transparente y una sociedad
sin secretos, entre la resignación de esa izquierda
a todo objetivo histórico y la resignación de la
sociedad civil a toda voluntad política".

Jean Baudrillard: La gauche divine, p.117


El amigo Enzo Del Bufalo nos propone ahora una revisión histórica de la idea de "socialismo" recreando para ello pensamientos y escenarios que vienen de muy lejos. Con el sugerente título de Adiós al socialismo (Caracas, Edit. Bid & co., 2011), nos pasea por ese largo historial de debates y confrontaciones en las que la izquierda política ha intentado erigirse como opción frente a la sociedad capitalista.

Una clave interpretativa que atraviesa todo el texto (y que es tal vez un factor polémico del que no será fácil prescindir) es la atribución al término "socialismo" de una propiedad material que está en las prácticas sociales y no principalmente en el pensamiento. Es decir, será "socialismo" el propio metabolismo de la sociedad industrial, una suerte de secreción del mundo del trabajo y la producción. Esta lectura tiene más de un problema, desde luego.

Tal vez su tensión más aguda la apreciamos en la dificultad para dar cuenta del riquísimo debate en la izquierda mundial en el último medio siglo XX. Me parece que allí está uno de los mejores capítulos de la controversia socio-política del pensamiento socialista. Esta ausencia se entiende porque la mirada analítica se centra en las caracterizaciones de las prácticas materiales de los actores sociales en cada momento histórico. Lo que estoy planteando es que será muy difícil convenir sobre una idea de "socialismo" que no penetre las condiciones epistemológicas de visiones del mundo, miradas y mentalidades que tienen su propio dinamismo. Claro está, fuertemente articuladas a la dialéctica específica de los movimientos socio-económicos, pero en ningún caso derivables de las prácticas materiales.

Hay una construcción discursiva (un "régimen de enunciación", Foucault dixit) donde el metarrelato "socialista" funciona como representación, como ideología, como imaginario colectivo, como agenciamiento identitario, como programa político. El conjunto de presupuestos, teorías, conceptos y categorías, sistemas interpretativos y lecturas de la realidad, con las que la izquierda pensó la revolución (incluido el "socialismo") tienen una determinada racionalidad que debe ser penetrada con una mirada autónoma, deconstruida en su propio humus epistémico. De ese modo, la idea de "socialismo" remite a un constructo intelectual --una cierta narrativa-- que tiene sus propios contenidos teórico-ideológicos, a su vez disímiles por la diversidad de "socialismos" que se han cruzado, sobremanera, en la segunda mitad del siglo XX.

Es cosa bien diferente evaluar el fracaso del socialismo como agotamiento e implosión de una configuración ideológica singular (como el estalinismo, por ejemplo) que situarlo en el terreno de su depasamiento de cara al tipo de capitalismo donde nació. Alguien dirá que las dos cosas van juntas. Sí, pero no. Ciertos debates no se entenderían fuera de su contexto histórico. Las elaboraciones teórico-políticas están conectadas con los eventos de cada coyuntura. Los distintos "socialismos" conocidos son expresión de esos metabolismos. Ese no es el punto. La cuestión central es poder discernir sobre las construcciones teóricas que invocan el "socialismo" como referencia y se asumen explícitamente como alternativa anticapitalistas. ¿En qué consiste ese "socialismo"? ¿Cómo se articula a las tradiciones socialistas del pasado? ¿Cuál es la consistencia de una tal denominación en la coyuntura de hoy? ¿Cómo se vincula este "socialismo" con la crisis de paradigmas de la vieja izquierda y del pensamiento crítico? Adiós al socialismo evoca una imagen del mismo tipo del Adiós a la modernidad con la que hemos caracterizado insistentemente este cambio epocal por donde transitamos hoy, o el Adiós al proletariado con el que Gorz escandalizó en su tiempo. Moraleja: no es lo mismo decir adiós... que hasta luego.

martes, 17 de agosto de 2010

de travesías


EL NACIONAL - Domingo 15 de Agosto de 2010 Opinión/9
ATres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
Sin debate no hay nada
"Mi libertad es sintonía ­que no es identidad ni uniformidad­ de mi deseo con el deseo de otros, un deseo que no surge de la carencia, sino de la afirmación de ser, de una plusvalía de deseo".
Enzo Del Bufalo: Notas de babilonia, p. 752
RIGOBERTO LANZ

Para mucha gente zambullida en el frenesí de "la práctica" la discusión puede aparecer como un estorbo, sobre manera, aquellos debates que ponen en cuestión las creencias más rupestres y los consuelos ideológicos que dejan dormir tranquilos a tantos funcionarios que no entienden casi nada.

Pero debatir es otra cosa, no se trata de la majadería de llevar la contraria, ni de la manía de dejar constancia de opiniones. Los debates existen porque la vida es ella misma una compleja trama de contradicciones, porque somos diferentes (afortunadamente), porque la uniformidad de visiones es siempre sospechosa.

Alienar un punto de vista por cálculos pragmáticos ha sido la desgracia de todo aparato.

Adosarse a la línea oficial ha sido históricamente el expediente de los oportunistas. Hipotecar la autonomía crítica del pensamiento ha sido desgraciadamente la fatalidad de la izquierda burocrática en todo mundo. La primera regla de oro para derrotar el pragmatismo ciego es habilitar espacios de debate, crear condiciones apropiadas para que las discusiones fluyan (hay muchos debates falsos). Normalmente los aparatos de poder son alérgicos a cualquier debate serio. Por eso hay que ganar la batalla primaria de contar con espacios para el debate, el clima y las condiciones para que no se escamoteen las discusiones que importan. Ello acredita los más disímiles esfuerzos por abrir ventanas que aireen la polémica, que faciliten el libre juego de tendencias intelectuales, que propicien la libre circulación de las ideas, en fin, que den vida a la diversidad ético-epistémica que es consustancial a la idea misma de emancipación radical.

Donde no se debate reinan los automatismos despóticos de espíritus cosificados. Donde no hay discusión lo que prima es la lógica del poder burocrático: el practicismo, el tareismo, el seguidismo, la vida instruccional de todos los aparatos del viejo Estado, etc.

Una cultura del debate nace de otras fuentes y de otra sensibilidad. Para que haya debate de ideas es menester tener ideas. Allí comienzan los problemas: no abundan los militantes bien formados, los ciudadanos cultos, la gente con apropiados equipamientos intelectuales como para hacerse presentes en los debates que marcan rumbos. En su lugar, a causa de la ramplonería reinante, se propicia la lógica del coro, el consignismo y las recetas ideológicas simples, la igualación por abajo y la consiguiente masificación de los lemas oficiales.

La ausencia de debates serios equivale a la liquidación anticipada de todo chance de cambio cultural (el verdadero lugar de los cambios revolucionarios). Prácticas y discursos envueltos en sonoridades "revolucionarias" van y vienen con gran facilidad. No hay voluntad de fraude en esta inquietante paradoja, lo que hay es la fatalidad de un proceso que no ha puesto suficiente empeño para encarar la tarea mayor de la formación de la gente, de la elevación del nivel intelectual, de la complejización de los problemas que enriquece las opciones. El facilismo de compactar la mediocridad en coros bulliciosos es un espejismo que rentabiliza políticamente pero que pospone lo que es esencial: nada remplaza una sólida formación intelectual.

Mientras tanto hay que cargar con lo que hay, abrirse paso en la adversidad de las incomprensiones, no ceder a los chantajes del pragmatismo, ninguna concesión al paradigma de la simplicidad. Hay que animar esta "aburrida travesía" (así la llama el amigo Javier Biardeau) tensando los lugares comunes, haciendo las preguntas inconvenientes, poniendo en evidencia lo que la fuerza bruta escamotea sistemáticamente.

"A tres manos" es justamente ese intento de promoción del debate por encima de las grillas y las camorras. Con la energía y la pasión con las que vibra cada cual, en los estilos y maneras que imprime cada colega a su manera de pensar.

Depende de nosotros la fecundidad y la trascendencia de lo que aquí discutimos.