Mostrando las entradas para la consulta Día del Estudiante ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Día del Estudiante ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

martes, 14 de noviembre de 2017

MEMORANDUM

Érase el Día del Estudiante
Guido Sosola

Aplastada toda disidencia por la dictadura perezjimenista, hacia 1956 apareció el Frente Estudiantil de resistencia que involucró a la muchachada de los liceos y de las universidades. El consabido plebiscito aguijoneó las protestas y, para el 21 de noviembre de 1957, en plena celebración del Congreso Mundial de Cardiología y de la Comisión Preparatoria del Congreso de la Organización Internacional de la Aviación Civil,  estrenando la novísima sede de la Universidad Central de Venezuela, la dirigencia estudiantil de las distintas escuelas, incluyendo a los más decididos profesores, irrumpieron ese día jueves en reclamo de libertad y de democracia. Incluso, la feroz censura, en tiempos muy lejanos a las redes sociales, no impidió la difusión inmediata del inmenso y corajudo testimonio de rebeldía.

Caído el dictador, la Junta de Gobierno no sólo reconoció la autonomía universitaria, sino que decretó la fecha como la del Día del Estudiante. Al  pasar los años, les fue muy útil a la ultraizquierda – además – armada en sus faenas de propaganda para victimizarse, con una presencia determinante en el movimiento estudiantil que, ahora, en el poder, ya super-armada, ofrece los más dramáticos contrastes: es enemiga de la autonomía universitaria, ha reprimido hasta la saciedad al estudiantado y teme de la celebración de cualesquiera elecciones hasta para dar con un delegado de curso, pretendiendo empinarse sobre los escasos jóvenes que, palanqueados, portan los más viejos vicios de la política del patio.

Antes, armaba una alharaca gigantesca, cuando resultaba malherido o moría algún estudiante, pues, con demasiada razón, al país le estremecían que los jóvenes fuesen objeto de una tragedia y, por algo, en 1937, tiroteado Eutimio Rivas en la vieja sede de la Universidad Centra, todavía existe una placa alusiva en el Palacio de las Academias. Otra comparación, este año, sólo este año, el actual régimen cegó la vida de más de un centenar de jóvenes y todavía pretende que lo celebremos con bombos y platillos.

Después de las jornadas de protesta de 2017, hay un natural y provisional repliegue que, por cierto, no ha de significar jamás el abandono de una fecha tan significativa y de profundo aliento histórico. En las proximidades, sería importante que el movimiento estudiantil la retomara, que salón por salón sus líderes actualizaran el problemón de la autonomía universitaria y de la propia universidad que peligra, haciendo – aunque parezca un pleonasmo – política cívica, pues, no todo se dirime ante una cámara de televisión y con las frases que la ocasión brinda.

Érase y puede ser de nuevo, el Día del Estudiante. Sobre todo, cuando la política y los cambios sociales en Venezuela, para curiosidad de la intelectualidad europea, no se entiende sin él (que también es ella), teniendo por epicentro las aulas.

lunes, 19 de noviembre de 2012

APROXIMACIÒN A UN (OS) DÌA (S) [2]

Cuatro días del Estudiante Venezolano
Luis Barragán

La prensa de finales de los cincuenta, reporta el origen de una celebración que necesitamos urgentemente recobrar. Etapa postrera de la dictadura de Pérez Jiménez, la reapertura de las actividades ucevistas hacia 1953 significó un exitoso ensayo de la represión selectiva que forzó al normal y continuo desenvolvimiento de las actividades universitarias. Sin embargo, decididamente encaminado hacia la farsa plebiscitaria, el 21 de Noviembre de 1957 pareció un día más de la asifixiante rutina, según los titulares: amenazado de muerte el jefe de los sindicatos de Cuba, contrabando de ganado colombiano, construcción de un buque mercante estadounidense con propulsión nuclear, visita de Amalia Rodrígues, niño sordomudo venezolano gana certamen de dibujos en el extranjero, Judy Garland se reúne con Isabel II, fallece viuda de Valle Inclán, fondo de becas de la OEA para América Latina, liberada la poetisa Blanca Luz Brum en Chile,  leche venezolana haya cupo en el tratado comercial con Estados Unidos, además de los casos de William Giscard, Argelia, y Rusia en la Comisión de Desarme de la ONU.

El Frente Universitario, instancia convergente de todas las corrientes opositoras, toma la iniciativa en la UCV, y, apesadumbrando al rector Spósito Jiménez, sensibiliza a los cursantes de ingeniería, derecho y economía para tomar la Plaza del Rectorado y realizar un mitin encabezado por Jesús Carmona (AD) y Chela Vargas (PCV). Celebrándose el Congreso Internacional de Cardiología en la casa de Villanueva, irrumpe el estudiantado en el salón de sesiones, pronunciando un encendido discurso Remberto Uscátegui (COPEI).

Además, la bandera nacional es llevada hasta el “trébol” de la autopista y comienzan las escaramuzas con la policía, causando las primeras detenciones. La prensa de los días siguientes, no dará noticia alguna de la protesta, añadiendo otros congresos o coloquios como el de la Asociación Venezolana de Psiquiatría, el de Otorrinolaringología o el de Puericultura y Pediatría, aunque la sede de la Seguridad Nacional y la Cárcel Modelo, nada más en Caracas, está repleta de una dirigencia imputada por delitos ordinarios, convencidos el régimen de su invencibilidad o, como diríamos ahora, blindaje.

Un año después, acogida la propuesta formulada por Régulo Arias (COPEI), la Junta de Gobierno decreta el Día del Estudiante Venezolano, además de crear la UDO,  y el festejo tendrá por escenario estelar el Aula Magna con asistencia del gobierno provisorio y todo el liderazgo estudiantil, político, sindical, gremial, empresarial, que culminará con una fiesta en el Rancho Pampero. Alrededor de tres mil personas, el 21 de Noviembre de 1958, atienden el llamado en una etapa de grandes amenazas y peligros para la transición que motiva el desarrollo de sendas actividades para la defensa de la democracia, y del propio movimiento estudiantil en dos vertientes: la inmediata y específica, promoviendo encuentros como el nacional de los cursantes de comercio que, entre otras exigencias, demandan el acceso paritario a la universidad, de acuerdo a las declaraciones de Pedro Charlita y Antonio LLerandi;  la mediata y general, facilitando la reorganización de las juventudes políticas que coinciden en un importante documento, surgido de la irreprimible pluralidad ideológica que las caracteriza.

El sector juvenil se hará estratégicamente decisivo, alentando una campaña electoral entusiasta y convencida. La promoción de abogados de la UCV, llevará por nombre “21 de Noviembre de 1957” (Manuel Lima Ortega, Ramón Losada Aldana, Virginia Infante, David Esteller, Isabel Bustamante, sus portavoces, anuncian el padrinazgo de Rafael Caldera, Humberto Cuenca, Alberto Carnevali, Rafael Pizani, Ernesto Silva Tellerias y Jóvito Villalba).

El 21 de Noviembre de 1959, por cierto, realizadas las Segundas Jornadas Internacionales de Cardiología, en Maracaibo, el acto celebracional cuenta con las intervenciones del rector Francisco de Venanzi; los líderes estudiantiles Héctor Pérez Marcano, Germán Lairet, Hilarión Cardozo, Víctor José Ochoa; y los invitados especiales, Rolando Cubela, presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de La Habana, y René Anillo, secretario general del Directorio Revolucionario y director del diario “Combate”. Éstos, militarmente uniformados, para nuestro actual asombro, demostrarán cuán lejos llegó la revolución cubana en nuestro imaginario social, aunque Orlando Albornoz, en uno de sus libros injustamente olvidados (“Ideología y política en la universidad latinoamericana”, 1972), comprobó la deplorable suerte del gremio estudiantil caribeño.

El popular rector ucevista, entre otros aspectos, habló a favor de la eliminación de los liceos militares que ejemplarizaban un criterio de casta, junto a las urbanizaciones residenciales castrenses, pronunciándose contra las luchas partidistas en el seno de la universidad. Por entonces, la Escuela Técnica Industrial de Barquisimeto reclamaba y diligenciaba el reemplazo de los profesores del antiguo régimen, el caraqueño Liceo de Aplicación declaraba un paro simbólico por la falta de laboratorios, pero – lo más importante – el peligro representado por el general Jesús María Castro León, ya desde el exilio, concitaba una rápida, firme y puntual movilización popular.

La histórica fecha ha de interpelarnos, en el siglo XXI, ya que  - manipulada y explotada por varias décadas – las fuerzas que hoy ejercen el poder, tienen por inspiración otro calendario, decididamente marcial, y el franco retroceso en la institucionalidad representativa del estudiantado, por decir lo menos, nos interna en la inmensa duda sobre la propia existencia del movimiento. Por consiguiente, el otro Día del Estudiante Venezolano, nos orienta hacia las condiciones que harán posible la implementación de los interesados consejos estudiantiles del oficialismo, indiferentes ante los consejos educativos en curso: un 21 de Noviembre de 2012, harto difícil, pues, como aquella vieja y representativa canción del extinto grupo venezolano “Farenheit”: es un día más.

Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2012/11/cuatro-dias-del-estudiante-venezolano/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=918545


Post-data LB: La interpretación musical data de uno de la época dineraria del país, hecha de momentos acumuladores de otros momentos.



domingo, 20 de noviembre de 2016

UN DÍA PARTICULAR

Política y antipolítica: Día del Estudiante
Luis Barragán


En las postrimerías de la férrea y, valga subrayar, económicamente exitosa dictadura de Pérez Jiménez, hirvió el estudiantado liceísta caraqueño en una protesta que comprometió a los cursantes de la UCV y UCAB: el Frente Universitario accionó desde la Ciudad  de Villanueva y, aunque no ganó los grandes titulares de la prensa, ésta obviedad no pudo ocultar el masivo descontento de la ciudadanía en todo el país que la gesta muy bien sintetizaba. Según las fuentes, el sector partidista, mejor organizado que otros demasiado incipientes del resto de la sociedad civil, si no enteramente desaparecidos gracias a la represión, articuló las acciones por iniciativa de Héctor Rodríguez Bauza y Mercedes Vargas Medina (PCV), Jesús Carmona y Jesús Petit Da Costa (AD), Enrique Aristeguieta Gramcko y Remberto Uzcátegui (COPEI), aprovechándose de la celebración del Congreso Mundial de Cardiología y la preparación  del Congreso de la Organización Internacional de la Aviación Civil, los cuales garantizaron su inmediata repercusión internacional un 21 de noviembre de 1957.

Un año más tarde, decretado por la Junta de Gobierno, fue celebrado el Día del Estudiante con diferentes actos, ocupando lo más estelares aquellos dirigentes uniformados provenientes de la Cuba que no se adivinaba todavía definitivamente capturada por los hermanos Castro Ruz.  Frecuentemente, era recordado el día según los objetivos tácticos de los sectores marxistas hasta diluirse, en la medida que estos sectores se debilitaban, confiscada la fecha.

Por décadas,  el movimiento estudiantil sufrió una inmensa crisis de la que hay escasos estudios, a pesar de su significación histórica y peso sociológico. Hubo épocas de resurgimiento al lado de otras de franca depresión, en ciclos que interpelan al sistema político mismo. La degradación la emblematizó muy bien el sector de la ultraizquierda que hasta finales del siglo pasado, convirtió la protesta en una banalidad de la violencia que también incidió en la militante desafección política de sus adversarios o supuestos adversarios, acaso, deslumbrados por las promesas de un rápido enriquecimiento: los jóvenes encapuchados y los aspirantes a corredores bursátiles, se dieron la mano en un criminal desprecio hacia la política, lo político y los políticos, contribuyendo con el polvo que nos trajo a estos lodos.

Paradójicamente, el grueso de la llamada generación de los ’80 que hizo vida en la UCV, tildada como boba por Edmundo Chirinos (o su entrevistadora, algo nada claro aún), es la que hoy gobierna y lo hace tal como ocurría en la casa de estudios por entonces: marxistas de convicción, se escondieron tras los bastidores de la causa ecológica, feminista o de cualesquiera otras que hablase de un responsable desempeño gremial, aunque – eso sí – con un ventajoso provecho de la autonomía y del presupuesto universitarios. Al confluir con un sector retrógrado de las Fuerzas Armadas, quedó bien redondeada la diligencia, pues, sostenemos, contribuyeron a ponerle el sello correspondiente a un régimen de vocación totalitaria, absolutamente ineficaz y profundamente corrupto.

Esa generación tiene por elevada característica un sentido morboso de la represión, la que – además – es capaz de utilizar a los presos políticos como rehenes, festejar que un colectivo armado – de acuerdo a la jerga – vuele con un artefacto explosivo los espacios de la universidad y literalmente despoje a las víctimas de sus pertenencias personales, en nombre del amor y de la paz. Días, como el del Estudiante, son propicios para una campaña publicitaria cuando no es posible olvidarlos: alérgicos a la historia, hacen lo imposible para que la política, lo político y los políticos no  vuelvan renovadas a correr por todos los espacios públicos, intentando liquidar al dirigente comprometido en emociones, ideas y acciones, o, a lo sumo, tolerando y estimulando a aquél estúpido que dice adversarlos.
21/11/2016:
http://www.radiowebinformativa.com/opinion/luisbarraganj-politica-y-antipolitica-dia-del-estudiante/

lunes, 12 de noviembre de 2012

LEGÍTIMA INTERPELACIÓN

¿Existen las juventudes políticas?
Luis Barragán


Quizá la última, acaso única, masiva y continua evaluación que se hizo del liderazgo político juvenil venezolano, fue la larga serie de entrevistas que celebró el desaparecido periodista Eduardo Delpretti para un diario de circulación nacional, a mediados de los ochenta. Desde entonces, atravesando varias etapas, ha desaparecido de la escena, con la salvedad testimonial de algunos opositores y la estridencia propagandística de los gubernamentales, por estos años.

Avecindándonos al Día del Estudiante, creemos oportuna la interpelación. El ya tradicional y ridículo desprecio hacia los partidos, tiene un elevadísimo costo que nos ha llevado a la despolitización con el peso de una doble paradoja: la efectiva ultrapartidización del Estado que se traduce en una militarización de la sociedad, como la debilidad del esfuerzo por combatirla  en nombre de una puerilidad ideológica tan exaltada.

Por lo pronto, importa recordar lo ocurrido en las lejanas postrimerías de 1957, enfatizar el rápido proceso de reorganización política de las juventudes de entonces, y traer sucintamente a colación nuestra propia experiencia por estos años. Ojalá que contribuya un poco más al debate que creemos necesario, en torno al curso que toma la desocialización política en nuestro país.Venezuela.

La movilización estudiantil

Reabierta la emblemática Universidad Central de Venezuela por 1953, la política represiva de la dictadura fue sincerándose hasta minimizar no sólo a los partidos que sociológicamente podían tomarse como tales, distintos a las organizaciones creadas al calor del régimen, sino a los gremios estudiantiles y juveniles que fueron relevantes en las décadas anteriores. Procurando plebiscitarse Marcos Pérez Jiménez, el día 21 de Noviembre de 1957, en medio de unas jornadas internacionales de cardiología, estalla la protesta en la casa de Villanueva que distintos hechos, supuestamente aislados, como los del liceo “Fermín Toro”, anunciaban.

Obviamente, la prensa de la época no reporta la inicial campanada de disconformidad estudiantil, al igual que la feroz persecución y encarcelamiento de los protestatarios que supieron de la sede de la Seguridad Nacional y de La Modelo. El tránsito es de la movilización precursora al firme compromiso político, pues toda iniciativa estudiantil lo es así no traspase el umbral de la disciplina partidista.

Reorganización juvenil

Sobreviene la caída del régimen desarrollista, y  - necesariamente – el activismo estudiantil deriva en la institucionalización de un compromiso más duradero y exigente. Tengamos en cuenta dos datos fundamentales: por una parte, que la muchachada participante – acaso – había iniciado el bachillerato cuando Pérez Jiménez se consagró en 1952, por lo que – de alguna manera – puede decirse que la “escolarizó políticamente”; y, por otra, coexistiendo con vigorosas expresiones de la llamada sociedad civil, los partidos experimentaron una reorganización de cuadros y estructuras que no podían desconocerla, en el particularísimo año de 1958.

Importa recordar, como una de las consecuencias de las jornadas del 21 de Noviembre de 1957, la constante y decidida movilización de los jóvenes harto motivados por las circunstancias. Y, celebrando la propia existencia de las juventudes políticas que concedían nuevos horizontes a la otrora movilización estudiantil, perfilando identidades, la capacidad de discutir y concertar posiciones.

Hacia noviembre de 1958, representantes de los sectores juveniles partidistas acuerdan un documento de constitución del Comando Nacional de Defensa de la Democracia, consensuando sus principios, proclamando el respeto de los resultados de los comicios presidenciales pendientes y precisando un conjunto de demandas de carácter programático.  Intervienen en su redacción y definitiva aprobación: José de la Cruz Fuentes y Leonardo Certad, por la Juventud Revolucionaria Copeyana (JRC); Héctor Suniaga, Luis Hilario Figuera e Iván Lucas (Vanguardia Juvenil Urredista); Lino Martínez, Gumersindo Rodríguez, José Rafael Múñoz, Américo Martín y Héctor Pérez Marcano (J-AD); Héctor Rodríguez Bauza, Freddy Múñoz y Germán Lairet (Juventud Comunista); Rafael Poleo (PRT); y Néstor Ávila (J-Partido Socialista de los Trabajadores).

Por esos días, la prensa versa sobre el pleno nacional que ratificó al buró juvenil de Acción Democrática (Gumersindo Rodríguez, Rómulo Henríquez, Rafael José Múñoz, Américo Martín, Héctor Pérez Marcano). La fracción socialcristiana de la Universidad Católica Andrés Bello, con José de la Cruz Fuentes, secretario juvenil nacional, y José Rafael Urbáez,  atiende materias como la relación de la política y la eficiencia estudiantil, la nomenclatura legal de las universidades y el presupuesto educativo, condenando a la agresiva dictadura china, saludando al III Congreso Nacional de Trabajadores, y disponiéndose a cooperar con los comités parroquiales y de barrios del partido en el ámbito de la formación doctrinaria. Acotemos, los socialcristianos eligieron como  representantes al pleno nacional universitario jotarrecista, a Joaquín Silva, Jorge Fanianos, Clara Illaramendi, Rafael Acosta, y Humberto Njaim, suplidos por Eduardo Fernández, Alfredo Rojas, Domingo Mariani, Ramón Fuguet y Hugo Briceño Salas.

La celebración del Día del Estudiante Venezolano, decretada por la Junta de Gobierno, propuesta por Régulo Arias Moreno (JRC),  en 1958, es distinta al segundo aniversario. Las severas amenazas golpistas, siendo la más destacada y angustiosa la del general Jesús María Castro León, quien se encontraba fuera del país, traduce otro de los difíciles contextos de una época de permanentes y urgidas movilizaciones.

Anotemos, hoy como curiosidad, que el 21 de Noviembre de 1959 tuvo como figuras estelares del acto a Rolando Cubela (presidente de la Federación Estudiantil de la Universidad de La Habana),  y René Anillo (Secretario General del Directorio Revolucionario), quienes – uniformados – ejemplifican cuán lejos llegó la identificación, el entusiasmo, y – comentado por Julio Moreno – la sensualidad que provocó la revolución cubana en Venezuela. Fidel Castro no pudo llevarse gratuitamente el petróleo, pero se hizo de nuestro imaginario político, aunque – observado por Orlando Albornoz, en una posterior obra especializada – el movimiento estudiantil de la isla definitivamente naufragó con la aún imperante dictadura.

El desarrollo ulterior de las juventudes políticas, revela una sorprendente vivacidad que muchas veces las llevará al drama. A modo de ilustración, soportadas por la influencia efectivamente ejercida en el medio estudiantil, a partir de los sesenta, llegando moribundamente a los noventa, a grandes trazos son los jóvenes adecos los que logran la primera división del partido; los socialcristianos, los que le inyectan una ya legendaria vitalidad ideológica; los comunistas, quienes ponen el acento de lo que fue el MAS, hasta que, acuñándose como símbolo de lo que es el actual régimen, el denominado Movimiento 80 (UCV) enmascara propósitos y pretensiones que también lo convierten en fundador de la llamada antipolítica en Venezuela.

¿Cuáles juventudes políticas?

Ingresamos a la juventud socialcristiana a mediados de los setenta, siendo muchas las peripecias acumuladas en un largo y difícil itinerario. Nunca fuimos devotos de la tesis generacional, aunque – como promoción – obviamente vivimos tiempos distintos a los actuales. No obstante, hubo una juventud y unas juventudes políticamente organizadas y estables que, no pocas veces contrapuestas a las directrices partidistas, dejaron un testimonio que ojalá los muchachos de ahora fuesen capaces de conocer y superar.

De acuerdo a nuestra modesta experiencia, fue importante construir una trayectoria juvenil que comprobara y avalara toda vocación y promoción dirigencial. Incluso, en los comicios internos que, acentuémoslo, regularmente celebraba la JRC, una circunstancial derrota no significaba la liquidación política inmediata, sino que se entendía como parte de una lucha mínima y democráticamente reglada que exponía otras oportunidades.

Cada convención juvenil desembocaba en una secretaría general y un directorio, como instancias máximas de conducción. La colegiación de las decisiones guardaba correspondencia con la de los otros organismos funcionales (trabajadores, profesionales, mujeres y agrarios), añadido el comité nacional, por lo que – reglamentariamente – sesionaba semanalmente el directorio que se hacía representar con voz y voto en el elenco ejecutivo del partido a nivel nacional, regional, municipal y parroquial.

El directorio juvenil ponderaba y nombraba al secretariado administrativo, asegurando un desarrollo institucional – por ejemplo – en el campo estudiantil con el empuje de la Democracia Cristiana Universitaria (DCU), la que gozaba de autonomía funcional. Ésta, a su vez, resultaba de los plenos reglamentariamente realizados en cada centro de enseñanza, facultad y escuela, con su dirección política y administrativa.

Baremo indispensable y básico, cabe preguntarse si existen ahora las juventudes políticas en Venezuela, legitimadas democráticamente, aunque la respuesta jamás la podrán dar las oficialistas, adedadas burocráticamente en el marco de las generosidades presidenciales. Juventudes que sepan de un largo historial, convencidas éticamente, comprometidas ideológicamente, susceptibles de solventar las diferencias agonalmente, dispuestas a una contestación innovadora, despiertas al aprendizaje mutuo, multiplicadas por una vivencia institucional, calibradoras de vocaciones.

Nunca el pasado será mejor cuando sobra porvenir, pero – con todas las fallas, imperfecciones e ingratitudes – hay ese historial que nos enorgullece. Por ello, existen miles de personas que no desertarán, porque se afincan en una profunda experiencia y vivencia, y así como – otro ejemplo – los jóvenes socialcristianos hicimos el encuentro ideológico nacional, por cierto, previendo las amenazas autoritarias que por entonces se dibujaban; el de la dirigencia estudiantil de Barquisimeto, marcando orientaciones; o, presos y ferozmente reprimidos, protestamos el acuerdo de refinanciamiento de la deuda externa, hacia 1986, otras entidades podrán exhibir credenciales parecidas.

El Día del Estudiante también es el del compromiso político de las juventudes venezolanas, las que comprenden cabalmente la misión siempre perfectible de los partidos. Y, mal que bien, ellos manifiestan un compromiso ciudadano que se hace de comprobado coraje, pues – no olvidemos – aceptaron, acudieron y se resistieron en actos como El Petarazo y El Catiazo, en esta misma década del XXI, a sabiendas de lo que les esperaba.

Una juventud que le sea afín, contribuye al empuje institucional de los partidos, mas no la vanidad aislada de los muchachos que tienen la suerte de hallar un cupo en la televisión. El convencimiento doctrinario, ideológico y programático; el sentido estratégico y la orientación táctica; la organización y la estructuración de voluntades; la disposición al riesgo personal; la más modesta voluntad de reunirse y discutir los problemas que trasciendan a la fulanización de la vida política, constituyen los mejores valladares al intenso y enmascarado proceso de despolitización que hemos sufrido en la era del chavezato: debemos hacer una pública y sincera evaluación para afrontar la definitiva militarización de nuestras vidas. 

Fotografía de García, en la que aparecen los por entonces dirigentes universitarios Héctor Pérez Marcano, Héctor Rodríguez Bauza, José de la Cruz Fuentes,  Héctor Suniaga Pérez y Joaquín Silveira, informando de los actos del primer aniversario de los hechos del 21/11/57 (El Nacional, Caracas, 20/11/58).

Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2012/11/%C2%BFexisten-las-juventudes-politicas/

viernes, 29 de diciembre de 2017

LA NOCHE Y EL DÍA DE LOS LÁPICES

Apenas, un esbozo sistémico del problema universitario
Luis Barragán

A mediados del presente mes, advertimos una breve reseña de prensa en la que la ciudadana rectora de la Universidad Central de Venezuela se quejaba del insuficiente presupuesto asignado. Apenas, alegó con razón, alcanzará para cancelar los sueldos y salarios del personal.

Tardío el reclamo, el caso ilustra muy bien toda una particularidad del sistema político que sufrimos, pues, siendo tan harto previsible el resultado, por una parte, planteado el proyecto presupuestario de 2018 en la tal constituyente, usurpadas las competencias de la Asamblea Nacional, muchos sectores optaron por callar y, así, como si tal conducta hubiese sido posible reconocerla y hasta recompensarla,  pasaron por debajo de la mesa soslayando una polémica tan necesaria como oportuna.

El ya tradicional y muy bien calculado déficit presupuestario de las universidades públicas y autónomas, por otra parte, clamaba por una debida articulación de sus demandas e intereses. Sin embargo, siendo numerosas las autoridades rectorales que administraron su silencio con la detención de algunos emblemáticos profesores, por lo menos, pudieron diligenciar una respuesta pública contundente y convincente en relación a los recursos en camino.

La Asamblea Nacional, luego, pecó por omisión, desperdiciando una ocasión para debatir intensamente los problemas, riesgos y peligros que corren la autonomía y la noción misma de la universidad en Venezuela. En lugar de contribuir al indispensable esfuerzo, prefirió diluirse en la posibilidad del diálogo en República Dominicana, monumentalmente fracasado, incapaz de atender simultáneamente la obvia complejidad de un país en crónica emergencia.

Al respecto, los parlamentarios de Vente Venezuela nos dirigimos por escrito al presidente de la corporación legislativa, solicitando la inclusión del problemario universitario en la agenda de discusiones, sin obtener respuesta alguna, como tampoco la lograron los docentes agremiados de la Universidad Simón Bolívar que lo hicieron vehementemente, abierta la oportunidad en dos fechas importantes que coincidieron con el día de sesión ordinaria: el martes 21 de noviembre, Día del Estudiante, y el martes 5 de diciembre, Día del Profesor Universitario. Por consiguiente, el producto que arroja el sistema, tratándose de todo un régimen que sobrecondiciona a los actores, anticipando la respuesta, lleva la impronta de la propia oposición que, negligente,  sólo queda para quejarse amargamente, retroalimentándolo voluntaria e involuntariamente.

29/12/2017:

AMARGA RETROALIMENTACIÓN

Esbozo sistémico del problema universitario
Luis Barragán

A mediados del presente mes, advertimos una breve reseña de prensa en la que la ciudadana rectora de la Universidad Central de Venezuela se quejaba del insuficiente presupuesto asignado. Apenas, alegó con razón, alcanzará para cancelar los sueldos y salarios del personal.

Tardío el reclamo, el caso ilustra muy bien toda una particularidad del sistema político que sufrimos, pues, siendo tan harto previsible el resultado, por una parte, planteado el proyecto presupuestario de 2018 en la tal constituyente, usurpadas las competencias de la Asamblea Nacional, muchos sectores optaron por callar y, así, como si tal conducta hubiese sido posible reconocerla y hasta recompensarla,  pasaron por debajo de la mesa soslayando una polémica tan necesaria como oportuna.

El ya tradicional y muy bien calculado déficit presupuestario de las universidades públicas y autónomas, por otra parte, clamaba por una debida articulación de sus demandas e intereses. Sin embargo, siendo numerosas las autoridades rectorales que administraron su silencio con la detención de algunos emblemáticos profesores, por lo menos, pudieron diligenciar una respuesta pública contundente y convincente en relación a los recursos en camino.

La Asamblea Nacional, luego, pecó por omisión, desperdiciando una ocasión para debatir intensamente los problemas, riesgos y peligros que corren la autonomía y la noción misma de la universidad en Venezuela. En lugar de contribuir al indispensable esfuerzo, prefirió diluirse en la posibilidad del diálogo en República Dominicana, monumentalmente fracasado, incapaz de atender simultáneamente la obvia complejidad de un país en crónica emergencia.

Al respecto, los parlamentarios de Vente Venezuela nos dirigimos por escrito al presidente de la corporación legislativa, solicitando la inclusión del problemario universitario en la agenda de discusiones, sin obtener respuesta alguna, como tampoco la lograron los docentes agremiados de la Universidad Simón Bolívar que lo hicieron vehementemente, abierta la oportunidad en dos fechas importantes que coincidieron con el día de sesión ordinaria: el martes 21 de noviembre, Día del Estudiante, y el martes 5 de diciembre, Día del Profesor Universitario. Por consiguiente, el producto que arroja el sistema, tratándose de todo un régimen que sobrecondiciona a los actores, anticipando la respuesta, lleva la impronta de la propia oposición que, negligente,  sólo queda para quejarse amargamente, retroalimentándolo voluntaria e involuntariamente.

29/12/2017:
02/01/2018:

lunes, 19 de noviembre de 2012

APROXIMACIÒN A UN (OS) DÌA (S) [1]

De un día para el estudiante
Luis Barragán


Década y media atrás, frecuentemente sufrimos el espectáculo de los encapuchados que sistemáticamente perturbaron el orden público, excepto los días feriados y sus cercanías. Además de revelar la quiebra y degeneración del movimiento estudiantil, en cuyo nombre se victimizaban tan celosos del más modesto aumento del  transporte público, por ejemplo, gozaban de la inmunidad dispensada por el fenómeno generalizado de la anomia.

Ahora, muchos de los apedreadores urbanos de oficio ejercen el poder y, obviamente, no admiten el menor gesto de disconformidad en las instituciones públicas y privadas de enseñanza, convertido prontamente en una materia exclusiva de la policía política. Además, emulando las viejas gestas, electoralmente minoritarias, pero debidamente amparadas por ese poder, violentamente irrumpen en las casas de estudios a las que niegan el elemental derecho de contar con un presupuesto justo.

Salvo la movilización que produjo el consabido cierre de Radio Caracas TV, precedida de una campaña publicitaria de sensibilización, no la ha habido más con la energía y trascendencia esperadas. Por añadidura, las comunidades universitarias del país rinden un testimonio de miedo e indiferencia que, necesarísimo de reconocerlo, guarda correspondencia con una dirigencia acomodaticia, temerosa y anónima que, a lo sumo, aspira a una cómoda figuración mediática, no importa si efímera aunque suficiente para disfrutar de la celebridad que los momentos deparen.

Es larga, rica y ejemplarizante la historia del activismo estudiantil venezolano que, a nuestro juicio, pasó por diferentes etapas. Una de ellas, la inicial, en el siglo XIX, no sólo incorporándose a la lucha independentista, sino combatiendo las distintas dictaduras de las que posteriormente padecimos, coronada con sucesos como La Delpinada; otra, estacionados en la primera parte del XX, procurando la hazaña generacional, frente al gomezato, la cual derivó en una incontestable modernización política del país con la aparición de los partidos; luego, en la segunda mitad, coadyuvando al derribamiento del perezjimenato que, en los términos de un especialista como Orlando Albornoz, rindió testimonio de la existencia y eficacia de lo que – en propiedad – pudo denominarse como movimiento estudiantil.

Las agitadas faenas y vicisitudes de la década de los sesenta, reportan también un duro combate en los predios liceístas y universitarios, formalizadas las juventudes políticamente organizadas que los atendían y dirimían en una difícil y, varias veces, incomprendida defensa de la democracia ante  quienes la atacaban y justificaban gracias al inmenso oleaje que produjo la revolución cubana. Poco a poco, la política específicamente estudiantil fue deteriorándose hasta que, a mediados de los setenta, nos aprestamos a la reorganización de los centros y federaciones de carácter gremial que, igualmente, sucumbieron, quedando como piezas arqueológicas, entendemos, por obra de las bonanzas dinerarias que festejamos  en todo el territorio nacional, evidentemente exportables con el “ta’baratismo” trastocado en señal de identidad.

En las postrimerías del siglo, anidando las estridencias de la crisis global del rentismo que nos aquejó, hoy apenas represada, el patio estudiantil se hizo escenario de la legítima protesta al lado de otras manifestaciones sinceras y dramáticas de una anomia que permitía enmascarar una vocación totalitaria en nombre de los más cándidos intereses académicos, ambientales, culturales o cualesquiera otra de las índoles acostumbradas. Éstos grupos de un ultraísmo que consolidó otra expresión de la antipolítica, coincidió con el ya viejo reclamo de una extrema neutralidad, quizá patentada por el uslarismo ucevista y ucabista de los sesenta, reforzada por el desprecio hacia los partidos y la política de aquellos que deseaban literal y simplemente manufacturarse como profesionales en serie.

Visitantes de la UCV, a veces, cuando nos dirigimos hacia el  baño de Humanidades, tropezamos en el camino con la puerta del Centro de Estudiantes de Psicología que ostenta una placa con el nombre de Livia Gouverneur. E, independientemente del juicio que nos merezca, recordamos a Antonio García Ponce que, entre otros, nos iluminaron en torno a las circunstancias reales de su muerte, presumiendo cuán honda fue la indignación original que produjo el  homicidio y el bautizo del local: cincuenta años después, el mito sigue intacto.
Abrigamos severas dudas sobre la existencia actual del movimiento estudiantil, aunque reconocemos y nos anima el coraje de los jóvenes que han arriesgado sus vidas y, aún sin sentencia alguna, tienen varios años condenados a una periódica presentación ante los tribunales penales. Empero, conceptual y estratégicamente es poco lo que tienen para encarar la pretensión de imponer sendos consejos estudiantiles, comunalizando el medio, desde el poder establecido que, por cierto, ha burocratizado a sus dirigentes, convirtiéndolos en soldados de un régimen que los maniatará para liquidarlos como legítima manifestación de un espíritu y de un movimiento cívico: ¿ocurrió algo diferente en Cuba?

Puede decirse que la historia del movimiento estudiantil venezolano es también la de sus instituciones de representación y participación, alcanzadas en más de un siglo de perseverancia ante el poder. La terca osadía gubernamental trepa sobre las raquíticamente sobrevivientes expresiones del movimiento estudiantil, las que no pueden auxiliar debidamente los partidos democráticos también supervivientes, aventajada por la ya aludida resignación de quienes caminan hacia el cadalzo, dejándose quitar hasta fechas emblemáticas como la del Día del Estudiante.

jueves, 14 de febrero de 2013

EL OTRO FEBRERO

EL UNIVERSAL, Caracas, 14 de Febrero de 1936
El Programa de Febrero 1936
JESÚS E. MAZZEI ALFONZO 

El Programa de Febrero nace de la mente de los más lúcidos venezolanos de principios del siglo XX, entre los cuales cabe mencionar a Alberto Adriani Mazzei, Diógenes Escalante, Caracciolo Parra, Manuel Egaña entre otros, que hacen un diagnóstico de la Venezuela postgomecista, tiene ocho puntos cardinales de análisis y presentación de propuestas de cursos de acción gubernamental para gobernar en el quinquenio 1936-1941. Al respecto los puntos a tocar fueron: 1) Régimen de Legalidad, 2) Higiene pública y asistencia social, 3) Vías de comunicación, 4) Educación nacional, 5) Agricultura y cría, 6) Política fiscal y política comercial, 7) Inmigración y colonización y Puntos complementarios. Es posible, que los redactores del Programa de Febrero se hayan adelantado a su tiempo en cuanto al diagnóstico y medidas a ejecutar.
Así las cosas, dentro del Programa de Febrero entre otros como Alberto Adriani, que será determinante y corredactor en tres políticas públicas entre otras que estarán en este Programa de Febrero. Estaban pues, allí esbozadas, algunas ideas para modernizar y adecuar tanto el sector agrícola como el sector pecuario del país, entre otras materias que tocaba este documento.
En efecto, contenía el Programa de Febrero entre otras ideas y medidas aplicar, la creación de: un Banco Agrícola y Pecuario, creación de cátedras ambulantes de agricultura, conservación de los recursos naturales del país; política de bosques, política de aguas, conservación de los suelos, organización y desarrollo de nuestra industria de pesca, distribución económica y rápida de los productos en pesca entre otras medidas  que revolucionaran el hacer de políticas públicas del país.
Estaban allí, pues, esbozadas algunas ideas para modernizar y adecuar el sector de las finanzas públicas del país. En efecto, contenía el Programa de Febrero entre otras ideas y materias, la creación de una política fiscal estimuladora de la producción nacional,  una reforma del sistema tributario, manejo escrupuloso de los fondos públicos; es decir, una ética pública del ejercicio de la función pública, aumentar la renta minera, estudiar la organización bancaria para una reforma de la misma, impulsará y estimulará los primeros estudios para establecer un Banco Central Banco (que se hará efectivo en 1941), coordinación de los sistemas tributarios del estado Federal, Estadual y de Municipios, establecimiento de tratados bilaterales y multilaterales de conformidad con la política comercial que se adopte de fomento a la producción nacional entre otras medidas, que invito a los amigos lectores a leer de este documento. Otras propuestas de ese texto, girarán en torno a la inmigración, colonización, que buscaba de acuerdo al texto... "Entre las grandes necesidades del país está la de una población relativamente densa, físicamente fuerte, moral e intelectualmente educada,  y que disfrute de una economía próspera. La inmigración y la colonización contribuirán poderosamente en tal sentido. Pero para que esa inmigración pueda rendir todos sus beneficios y la población  inmigrada no se sustituya, si no se asimile a nuestra población nativa, es necesario que se cumplan previamente ciertas condiciones...".
Más adelante expresará el Programa de Febrero que... "La colonización con inmigrantes extranjeros debería ser precedida de una colonización interior, a base de nativos, lo que permitiría preparar el terreno para la adaptación física y espiritual de los colonos extranjeros...".
Creo que el balance que se puede hacer a través de la historia es de lo acertado de las medidas que planteaba y del claro momento histórico que se vivía en aquel entonces, una Venezuela que se abría al siglo XX, como afirmaba ese gran venezolano Mariano Picón Salas. Invito a las nuevas generaciones de estudiantes sobre todo de ciencias políticas de la UCV, de la materia de sistema político venezolano a estudiar y analizar este documento por la vigencia y actualidad de muchas de sus políticas públicas.

EL IMPULSO, Barquisimeto, 14 de Febrero de 2013
14 de febrero de 1936
Luis Eduardo Cortés Riera

El común de la gente desconoce el significado y la trascendencia de esta fecha de capital importancia en la historia reciente de Venezuela. Me asombra que nuestros compatriotas la confundan con el Día del amor y de los enamorados, el día de san Valentín de la tradición anglosajona. Es por ello que como historiador de oficio me siento en la necesidad de aclarar ciertos aspectos relativos a tan significativa fecha.
Ese día se realizó una movilización popular multitudinaria y espontánea en Caracas, la cual ejerció tal presión que el presidente Eleazar López Contreras debió dar marcha atrás unas impopulares ejecutorias y  destituir al general Félix Galavís, un gomecista declarado que había ordenado disparar a  la multitud que se hallaba en protesta pacífica en la Plaza Bolívar ese día por la mañana. Además  debió restituir las garantías suspendidas desde el 5 de enero, derogar el decreto de censura, así como eliminar el odioso control de  periódicos y radios. A ello debemos agregar que gracias a tal movilización  removió el primer mandatario a un  grupo de gomecistas enquistados en el gobierno, y se vio conminado a presentar un plan de gobierno, al cual se llamó “Programa de Febrero”.
Todo este cuadro de conmoción social se había desatado desde la muerte del general Juan Vicente Gómez ocurrida en 1935. Desde ese momento los paros, huelgas, manifestaciones eran el pan de cada día. Era natural que aquello sucediese, pues la protesta social había sido ahogada o reducida al mínimo durante los larguísimos 27 años de férrea y brutal dictadura del  andino. Como escribió Mariano Picón Salas: “Venezuela entró al siglo XX en 1936”.
El  14 de febrero hubo seis muertos y resultaron heridos unos 150 ciudadanos. Los manifestantes gritaban “no somos comunistas”, “queremos prensa libre”, “queremos garantías”. Sin embargo la manifestación no se disolvió. Algunos manifestantes llegaron a tomar sangre de los fallecidos y escribir con ella en las paredes de la odiada sede de la Gobernación: “Muera Galavís”, al tiempo que eran saqueadas las casas de los capitostes de la dictadura.
La gente tenía el presentimiento que López Contreras quería continuar bajo la consigna de un “gobierno de Gómez sin Gómez”, pero aquel temor se disipó al ordenar el presidente la detención del general Galavís, al tiempo que el  poeta Andrés Eloy blanco se dirigió a los manifestantes en la Plaza Bolívar, logrando con su arenga aquietarlos.
Por la tarde de ese mismo día salió a la calle otra manifestación, tan multitudinaria como la de  la  mañana, apoyada esta vez por la Junta Patriótica, compuesta por Jorge Luciani, Profesor Miguel Acosta Saignes, Rolando Anzola, el poeta Manuel Felipe Rugeles, Ernesto Silva Tellería, Hernani Portocarrero y Raúl Osuna, seguida por  organizaciones obreras y  estudiantes de la Universidad Central de Venezuela, encabezada por el eminente médico Dr. Francisco Antonio Rísquez, su Rector, y el estudiante Jóvito Villalba. Fue tal movilización un innegable triunfo de la llamada “Generación del 28”, la cual ocho años antes había insurgido contra la autocracia gomecista en los memorables carnavales de 1928.
El Programa de Febrero comenzó siendo un  diagnóstico de las áreas más problemáticas y la solución que el gobierno creía convenientes para enfrentarlas. Una de ellas fue la promulgación de una Constitución Nacional a tono con los  cambios que el país había experimentado, la creación de una Oficina Nacional del Trabajo, el desarrollo de una campaña sanitaria, la reorganización de la educación a cargo de Mariano Picón Salas, la reforma del sistema tributario, el establecimiento de un Banco Central, el fomento de la inmigración, la modernización del Ejército y la incentivación del alicaído aparato productivo. Estas medidas fueron un logro político inmediato, pues pudo apaciguar el clima de crispación nacional que campeaba. Tal Programa haría incomprensible a la Venezuela moderna que hoy conocemos y se puede entender como un mecanismo para asumir la modernidad en el país.
En tierras larenses fueron los adecos del trienio 1945-1948, quienes desde el Concejo Municipal propusieron que se bautizara con el nombre de “14 de Febrero” la avenida que todos conocemos y transitamos  en el sector Trasandino de Carora, en homenaje a las heroicas jornadas populares de aquel memorable día, las que han quedado para la posteridad como un triunfo de la democracia y de la libertad contra la opresión y el despotismo.
Carora, febrero de 2013.
cronistadecarora@hotmail.com

Nota de LB:

Según la "Guía histórica de Venezuela" de A. Arellano Moreno (1977),  los ánimos están encrespados a principios de 1936. Distintas protestas destacan, además, el protagonismo de la Federación de Estudiantes de Venezuela presidida por Jóvito Villalba.  Suspensión de las garantías constitucionales y demanda popular por su restititución.  Disolución del Congreso gomecista y convocatoria de una Asamblea Constituyente, es la consigna. Al Presidente López Contreras lo visitan unas 50 mil personas que recorren las calles de Caracas, pero desde la Gobernación de la ciudad capital disparan. Y el 14 de Febrero de 1936, hay varios muertos y heridos. Centenares de inmuebles gomecistas resultan saqueados, huyendo muchos de sus propietarios al exterior.

López Contreras planteará el llamado Programa de Febrero y, ya para el 20 de los corrientes, los ánimos están más calmados. Arminio Borjas, Presidente de la Corte Federal, se encarga del poder, y el Congreso elige en abril a López Contreras como Presidente Constitucional.  Lo cierto es que, para Manuel Caballero, leído en alguna parte,  el 14-F es el inicio de la democracia venezolana, si mal no recordamos, pero - lo más importante - observó que el referido programa no surgió de la noche a la mañana: estaba en el libreto.

La fotografía es del insigne Juanito Martínez Pozueta. Por cierto, una personalidad pendiente de una más seria cercanía. Dejó un inmenso testimonio fotográfico, e - incluso - hemos visto en la vieja prensa, artículos especializados sobre la técnica y el arte de la fotografía, suscritos por él con entusiasmo. Creemos que falleció muy al principio de los setenta.

Fotografía: Juanito Martínez Pozueta para el artículo de Analuisa LLovera sobre los sucesos del 14 de Febrero de 1936. Momento, Caracas, nr. 396 del 16/02/64.

domingo, 16 de noviembre de 2014

FATALIDAD

Unas y otras muertes
Luis Barragán

Cercano el Día del Estudiante, nos permitimos un rápido inventario hemerográfico de las más legítimas e históricas inconformidades que, inevitable, dan ocasión al enfoque generacional. No obstante, llama la atención el recurrente desenlace trágico de las numerosas jornadas de protesta que también lamentablemente  ayudaron a edificar nuestra historia.

La muerte de inocentes no debe convertirse en un dato secundario que, a la postre, la banalice por sobradas justificaciones que pretenda el régimen represivo.  Y, aunque ella signó a las dictaduras que lo precedieron, durante el gobierno de Eleazar López Contreras conmovió extraordinariamente al país  la del estudiante Eutimio Rivas hacia 1937, al incursionar la policía en la vieja sede de la Universidad Central de Venezuela, en el marco de las sucesivas oleadas protestatarias que bien ha examinado Luis Salamanca (“Protestas contra la tiranía: el nacimiento del movimiento ciudadano entre 1935 y 1937”, UCV, Caracas,  2011): pocos fueron indiferentes ante ese solo acontecimiento y así lo ilustra la versión de un magazine semanal, como Élite (Caracas, nr.  596 del 13/02/1937).

En las sucesivas etapas, la persecución, el encarcelamiento y la pérdida de vidas humanas, por motivos políticos,  tampoco dejaron de impactar a la sociedad por más rigurosas que fuesen las medidas oficiales de silenciamiento. Empinándose sobre la censura de los medios, aunque desconocida en toda su dimensión, la noticia corría inexorablemente.

Así mismo, parafraseando aquella sentencia ortegueana de la moneda falsa que circula gracias a  la verdadera,  hubo hechos de un profundo impacto que la propaganda política, incluso, décadas más tarde, facilitó para la manipulación interesada. Por ejemplo, hallamos una nota de Jesús Sanoja Hernández (“Los estudiantes”, Deslinde, Caracas, 01/12/1969), quien después de reseñar brevemente la huelga estudiantil de finales de 1957, dictaminó que “… de 1963 en adelante todo es rojo sangre”, permitiéndose un acento crítico sobre la otrora izquierda: si bien es cierto que supimos de aquella feroz represión gubernamental, no menos cierto es que también la subversión traspasó los límites del terrorismo, satanizando una década de formidable rentabilidad política para los muy posteriores esfuerzos de consolidación del poder conquistado. Y, valga añadir, que no reparó en publicitar extensamente esas faenas represivas, procurándose una autoridad moral, aunque la muerte de la joven Livia Gouvernier (SIC), principiando el decenio,  no fuese – precisamente – a manos de la policía: el aviso de un acto conmemorativo, con la exhibición del rostro de los cadáveres de ella y Alberto Rudas  (Clarín, Caracas, 18/11/1963), valga la acotación, se da en el contexto del fortísimo sabotaje intentado de los comicios generales que incluyó el crimen de El Encanto.

El caso está en que la muerte de un estudiante, en una fecha remota en la que se quiso romper definitivamente con una tradición dictatorial, o las más cercanas en el calendario republicano, levantó la justa indignación del país y avaló o dijo avalar moralmente a las fuerzas antaño opositoras y hogaño gubernamentales. Excepto un detalle nada mísero y trivial: en escasos meses de 2014, murieron 43 jóvenes que levantaron las no menos justas banderas de la protesta cívica y pacífica, mientras que los actuales conductores del Estado – traicionando la antigua prédica – procuran descalificarlos, burlándose al inventar y estimular un comité de víctimas de las guarimbas que, semejante al tristemente célebre 11-A, convierta en victimaria a la propia oposición.

Fotografía: LB, tributo a los jóvenes caídos. Plaza Altamira, Caracas (2014).
Reproducciones: Clarín, Caracas, 18/11/1963, y Élite, Caracas, nr. 596 del 13/02/1937.

domingo, 7 de diciembre de 2014

ESPECTÁCULO Y VICIO

Del espectáculo crónico
Luis Barragán

Marcada la huella de las remotas faenas ultraizquierdistas, el régimen surgió de los escombros que dejó la llamada antipolítica, en las puertas del nuevo siglo.  Vale decir, del  espectáculo que se hizo interminable sólo para postergar el modelo rentístico que nos agobia.

Nada debe extrañar que, en medio de las precariedades que nos explican, dando el ejemplo desde Caracas, ésta se convierta en un monumental festejo de festejos con la debida licuefacción de las divisas estrictamente controladas para quienes no tienen asidero gubernamental alguno: las mayorías. El alcalde funge como un manager extraordinario del pool de cantantes que, por mucho que clamen a los cielos por la corrupción, indiferentes ante la puntual censura, deben pagar la nevera fiada en nombre del profesionalismo y de la oportunidad.

Expresarse libremente queda para las travesuras infantiles sobre los automotores que se resisten al lavado, circulando con las leyendas que deja un dedo ocioso sobre la capa de polvo en la carrocería.  Excepto que se conviertan en inadvertidas tribunas del descontento popular, seguiremos andando las calles y avenidas de una ciudad que incesantemente suena por el hampa y el deterioro, ejemplificada a lo largo y ancho del país.

CIZAÑA ESTUDIANTIL

Días atrás casi ni nos enteramos del   Día del Estudiante, síntesis de una extraordinaria tradición de luchas hoy revitalizada, así  también nos permitamos  apuntar  un momento dudoso de lo que después se convirtió en importante testimonio contra la dictadura gomecista. Una aproximación histórica y hasta sociológica de los instantes que hicieron al movimiento estudiantil venezolano, da cuenta de vicios que pudieron superarse, aunque otros adquirieron  la jerarquía de una virtud que hipotéticamente atribuimos a la dislocación de los valores reportada por  las consabidas bonanzas petroleras.

En un sobrio y bien escrito trabajo, Willmen Ortega (“La Asociación General de Estudiantes de Venezuela”, Centro Nacional de Historia, Caracas, 2009), habla del nombramiento por el gobierno nacional  de Felipe Guevara Rojas como rector de la Universidad Central de Venezuela,  en 1912. El titular de la Cátedra de Anatomía Patológica, quien realizó importantes estudios en el extranjero, inmediatamente indagó en torno al resultado fraudulento de los exámenes del estudiantado de medicina, los que igualmente había inquietado al sabio Francisco Antonio Rísquez, suscitando una decidida campaña moralizadora y a la aplicación de medidas concretas para remediar el   asunto.

Medidas que propiciaron una confrontación con el alumnado, deslindando al personal docente, pues, la “abrupta llegada” del nuevo rector generó malestar entre otros docentes de mayor trayectoria catedrática. Comenzando por el acto de apertura del año escolar 1912-1913, fueron varias las escenas de violencia que llevó a la expulsión de varios bachilleres y a la renuncia de Guevara Rojas, inaceptable para un gobierno que procuraba manejar la crisis con prudencia para evitar que evolucionara hacia su definitivo y masivo  cuestionamiento, como ya se veía hasta que, por una parte, promovió al propio rector como ministro de Instrucción Pública, “donde realizó innovadoras reformas en el sistema educativo nacional”, y, por otra,  cerró la Universidad Central, auspiciando más tarde las llamadas escuelas independientes, hasta la reapertura de la casa de estudios en 1922, bajos los extremos y rigores de un continuismo que las juventudes de entonces adversaron.

Aguja en el inmenso pajar hemerográfico, la notable periodista Ana Mercedes Pérez logró la versión de uno de los protagonistas de la denominada huelga estudiantil de 1912 que motivó la clausura de la Universidad, a la vuelta de varias décadas presidente de la Academia Nacional de Medicina: Pedro Blanco Gásperi (Élite, Caracas, nr. 2027 del 01/08/1964). Luego de reseñar un malentendido periodístico del rector  que molestó  a reconocidos galenos, indicó que Guevara Rojas constató y enfrentó la trampa que se hacía con los exámenes – incluso – orales, recibiendo solamente el apoyo de Luis Razetti, José Gregorio Hernández y Enrique Delgado Palacios: distintos altercados, expulsiones, añadido un desafío personal, tejieron el drama de aquellos meses previos a las grandes y decisivas maniobras políticas protagonizadas por Juan Vicente Gómez.

De la interpretación más desinhibida, directa y espontánea de Blanco Gásperi, se desprende el engañoso desempeño académico de no pocos estudiantes de  medicina de entonces, aventajados por un sistema de evaluación prácticamente delictivo, deslizando la sospecha hacia aquellos que prontamente cambiaron de carrera, como Juan de Dios Celis Paredes, Mario Briceño Iragorry, Luis Ramos Sucre, Salvador de la Plaza o Juan José Márquez Iragorry. Además, con el cierre o clausura de la Universidad Central, la aparición de sendas escuelas de medicina, derecho e ingeniería, sumada la que abrió Razetti entre las esquinas de LLaguno a Bolero que duró hasta 1915: vale decir, surgió un sistema alternativo que pudo prosperar.

Así las cosas, una triquiñuela en la evaluación académica que trató de corregir Guevara Rojas, merecedor del reconocimiento excepcional que el balance histórico le ha concedido a Gumersindo Torres, en el cuadro de una dictadura siniestra,  se nos antoja como la cizaña en el trigo del legítimo rechazo que consiguió el gobierno. Sin embargo, agudizado el hábito en los lustros finales del siglo XX, era difícil imponer un poco más de orden en los predios universitarios ante la protesta recurrente contra el Reglamento de Repitientes, todo esfuerzo de control y transparencia del gasto o a favor de adelantar incomprensiblemente los días de asueto que, bastándose increíblemente como demandas políticas, banalizaron las luchas estudiantiles que olvidaron las causas más profundas y sustanciales, como la de reconvertirse en una república rentista que implicaba la propia interpelación del proyecto nacional.

No por casualidad, un porcentaje considerable de los actuales elencos del poder surgió de las pretendidas hazañas del encapuchado urbano y, por ironía, cruelmente  reprime a quien osa la protesta con el rostro descubierto.  Lo más grave, quedan muy atrás de compararlos con los ministros de los peores regímenes que hemos tenido. 

EL KLINDT ANTI-IMPERIALISTA

Acotemos,  Blanco Gásperi refiere la visita a Caracas del escritor argentino Manuel Ugarte, quien debió dictar una conferencia contra Estados Unidos, en 1912.  Prohibida, la muchachada se dirigió al céntrico hotel  “Klindt”, donde se alojaba, atenta al discurso anti-imperialista que disparó desde uno de los balcones. No es difícil imaginarse la pequeña Caracas de entonces, conmovida por la llegada de la policía y consiguiente dispersión de los estudiantes, como la salida del país de un activista que, suponemos, no lo creían un delegado de la arquidiócesis o empresario bonaerense. 

El gobierno allanó el local de la Asociación de Estudiantes, abriendo caminos a La Rotunda.  Entre los nombres que hicieron a aquella generación, el entrevistado cita además a F.S. Ángulo Ariza (“enconchado por varios años”, algo que no sabíamos del luego ilustre procesalista penal), Enrique Tejera, Alfredo Damirón, Nicomedes Zuloaga, Gustavo Machado, Luis Gerónimo Pietri, José Izquierdo, Eduardo Arroyo Lameda, Leopoldo Aguerrevere, entre otros.
Reproducciones: Acto en homenaje al Dr. Luis Razetti, Pedro Blanco Gásperi, Salvador de la Plaza, Gustavo Machado Hernández, F. S. Ángulo Ariza, reproducidos por la citada edición de Élite (1964). Hotel "Klindt", aviso publicitario de la época. "Segundo Centenario de la Universidad Central", posan para Avilán las autoridades universitarias juntos con las del gobierno nacional y la eclesiástica, a las puertas de la casa de estudios: Billiken, Caracas, nr. 40 del15/08/1925. Un camión en plena autopista: Caracas, 29/11/2012.
Fuente: http://www.opinionynoticias.com/opinionnacional/21235-del-espectaculo-cronico-y-cizana-estudiantil

jueves, 14 de noviembre de 2019

SOBREVUELO: LOS AGUILUCHOS

Cincuenta y cinco años de la hazaña de Los Aguiluchos|De un avión llovieron hojas que denunciaban el asesinato de Livia Gouverneur
T/Mercedes Aguilar
27/11/2016

El 27 de noviembre de 1961, hace 55 años, cinco estudiantes de bachillerato desviaron la ruta de un avión, lleno de pasajeros y sobrevolaron Caracas para lanzar volantes por toda la ciudad.
En el volante denunciaban el asesinato de la joven estudiante universitaria Livia Gouverneur y la violenta represión desatada contra las fuerzas populares por el gobierno adeco de Rómulo Betancourt. La noticia se conoció en todos los países del mundo.
Rafael Bosque, Comandante del grupo que desvió la nave, describe la acción como una tarea, organizada por el Partido Comunista de Venezuela, (PCV), ejecutada por la Juventud Comunista, para dar a conocer la situación que imperaba en Venezuela y para que el gobierno sintiera una respuesta a la forma como estaba conduciendo la política en el país.
Esta acción, denominada Operación Livia Gouverneur, fue considerada como un acontecimiento de impacto mundial que se había cumplido en forma perfecta. Hoy, forma parte de los hechos que contribuyeron al arribo de la Revolución Bolivariana, resalta Bosque.
“Cien por ciento positiva, resultó tal como se planificó, pues se realizó sin tropiezos. No hubo problemas para los pasajeros, los tripulantes, ni para nosotros. Fue una pequeña contribución, un granito de arena, dentro del mar de hechos que este pueblo hizo en esa etapa histórica por liberase y construir un mundo de justicia y paz”, aseguró.
Comprmiso con el pueblo
Bosque destacó el desprendimiento que hubo, por parte de los jóvenes, que sin esperar prebendas personales, arriesgaron su vida, pues pese a lo bien calculado, cualquier detalle fortuito e insignificante podía causar una tragedia.
“Estábamos conscientes de eso, pero actuamos guiados por nuestro sentido de la responsabilidad y el compromiso por la Patria. Confiamos en el partido y honramos la confianza que nos dio”, explicó Bosque.
Desvío del avión
“No nos conocíamos. Éramos cinco estudiantes: Efraín León Ascanio, 22 años, militante de la JC, sector de El Manicomio; Gilman Bracamonte, 20 años de El Cementerio, parroquia Santa Rosalía; Rubén Basilio Palma, 22 años, de ese mismo sector, ambos militantes de la JC; Antonio Paiva, estudiante de Ingeniería en la Universidad Central de Venezuela (UCV) y Rafael Bosque, estudiante de bachillerato y militante de la Juventud en la parroquia San Juan, Comandante del grupo”, recordó.
“Cada quien estaba en su sector, ellos en sus barrios, Paiva en la universidad y yo me encontraba en lo que llamaban el Aparato Especial. Nos vimos la primera vez cuando nos reunimos para recibir las instrucciones”, apuntó.
“Actuamos con serenidad. Tanto que cuando llegamos donde chequean el embarque la muchacha que estaba allí me pegunta: Vas a llevar eso como equipaje de mano?” y le contestamos :“Sí”. Ella me preguntó de nuevo: “Van a llevar en mano ese equipaje? y que llevas allí?”.
Le dije: “Un estuche con una ametralladora y un maletín lleno de propaganda” y todos nos reímos. Ella también rió: Eso marcó el ritmo de la acción desde el comienzo al fin”.
“Estábamos muy claros de que debíamos llevar todo como equipaje de mano. Eso no podía pasar al compartimiento de equipaje porque de ocurrir, cómo sacábamos eso de ahí”, reflexionó.
“Pero en esa época no había detectores de metales, ni chequeo visual. Pasamos sin problemas”, explicó.
Marco histórico
Desde principios del año 60, a mediados del 61 la situación política comenzó a agudizarse debido a la dictadura disfrazada de democracia que encabezaban los partidos Acción Democrática y Copei y que hacía honor al acuerdo político suscrito por sus cúpulas en el norte y ratificado aquí en el Pacto de Punto Fijo.
Señaló que el pueblo esperaba, después de la caída de la dictadura de Pérez Jiménez, una mejoría económica y la solución de sus graves problemas sociales, pero encontró que se manejaba un criterio de limitación, dificultad, presión, y represión.
“Había mucha gente encarcelada, hasta se llevaban para las Colonias Móviles de El Dorado, en Santa Elena de Uairén, a los estudiantes capturados en las manifestaciones populares de protesta por la situación del país, aplicándoles un decreto que llamaban la Ley de Vagos y Maleantes”, indicó.
“Surgieron las manifestaciones de descontento. La represión contra el pueblo y las fuerzas de izquierda agudizó la contradicción entre gobierno, pueblo y fuerzas de izquierda. El gobierno respondió con más represión “, subrayó.
El Comandante de Los Aguiluchos recordó que Betancourt se rodeó de una camarilla de origen cubana proveniente de los aparatos represivos del dictador Batista, que se enquistó en el aparato policial político, en ese momento la Digepol, entre los que figuraban Salvador Romaní y Posada Carriles, quien después participó en la voladura del avión de Cubana de Aviación en 1976.
-Ante toda esa situación debía haber una respuesta del pueblo y de la izquierda. La gente del Partido Comunista y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) un desprendimiento de AD producido en el 60, consideró que no era suficiente la lucha callejera, el debate en el congreso, los discursos, las denuncias.
“Juzgaron que estaban dadas las condiciones para pasar a otro tipo de lucha y en marzo del año 61 el PCV realiza su tercer Congreso y allí toma la decisión de ir a la lucha armada”.
“Se organiza la operación para la cual fuimos escogidos. Nos reunimos varias veces con un piloto que conocía las características de los aviones. Explicó los detalles de la nave que era necesario conocer, como moverse dentro de ella.
Subrayó que todo se planificó: “Qué día, a qué hora, la logística, que consistía en la propaganda, las armas, los pasajes del avión, es decir, todo lo necesario, lo más rápidamente posible, tomando en consideración que por primera vez se realizaba una acción de ese tipo. Se hizo 26 días después de la muerte de Livia”.
Las consecuencias
Aparte del objetivo propagandístico, nuestra misión hizo que muchos adquirieran conciencia de la situación política que se estaba viviendo y después motivó a muchas personas a incorporarse al proceso-precisó Bosque.
“Fue tal el incremento que al año siguiente se abrieron los frentes guerrilleros rurales que ya en los años 60 y principios del 61 estaban organizándose y entrenándose. Mucha gente tomó la decisión de incorporarse a la lucha armada. En forma inmediata”.
Dijo que en lo personal, como partícipes del hecho tenían que sufrir las consecuencias: “Estuvimos presos durante 4 años y medio. Caímos el 27 de noviembre de 1961 y salimos en marzo del 66”.
La cárcel se convirtió para nosotros en una escuela. Compañeros profesores universitarios, personas con más experiencia, como por ejemplo José Rafael Núñez Tenorio, Héctor Rodríguez Bauza, Antonio García Ponce, Luis Emiro Arrieta, contribuyeron a esa formación política, ideológica, estudios formales y formación cultural para los que estábamos allí, agregó.

Fuente:
http://www.correodelorinoco.gob.ve/un-avion-llovieron-hojas-que-denunciaban-asesinato-livia-gouverneur

Los Aguiluchos” y la Operación “Livia Gouverneur” A 47 años del secuestro del avión de Avensa
Andrés Eloy Milano
27/11/2008

Un grupo de jóvenes de la Juventud Comunista, denominado “Los Aguiluchos”, como así fueron conocidos: José R. Bosque Figueroa, Antonio Paiva Reinoso, Rubén B. Palma Delgado, Efraín E. León Marcano y Girman Bracamonte, secuestran, el 27 de noviembre de 1961, un avión de la Compañía “AVENSA” y lanzan desde el aire propaganda denunciando la represión. “El secuestro del avión fue un éxito, no hubo sangre, eso fue limpio, perfecto. Se logró el objetivo que era tirar propaganda sobre Caracas y hacer una acción espectacular, que era lo que quería la dirección.
La muerte de Livia Gouverneur desató la más grande repulsa que se conozca en la historia del movimiento estudiantil en Venezuela. El 28 de noviembre de 1961, cinco jóvenes militantes de la Juventud Comunista del PCV secuestran el avión DC-6B (YV-C-EUG de Avensa), con 43 personas a bordo, en una operación que llevó el nombre de la heroína y que denunciaba al mundo también la suspensión indefinida de los derechos constitucionales.
La Operación “Livia Gouverneur”
En un día lluvioso de noviembre, a una semana de la muerte de la estudiante universitaria y combatiente revolucionaria Livia Gouverneur, el diputado comunista Teodoro Petkoff convoca a una reunión clandestina a una célula de la Juventud Comunista del PCV.
-¿Qué carajo tendrá entre manos el diputado?-, comenta Grimán en voz baja.
-Con ese papelero que carga en encima nos va a meter en una vaina seria-, comenta uno de los muchachos bajando la cabeza como para nadie lo escuche.
-Muchachos, la muerte de Livia debe ser el acicate que necesitamos para denunciar este gobiernito asesino. He estado pensando –continúa Teodoro- que podemos hacer como hicieron los portugueses el año pasado cuando se llevaron un avión y lo pasearon por Lisboa.
Se dirige Teodoro a una de las paredes de la casa y pega un plano de un avión DC-3 de esos que adornan las oficinas de las agencias de viaje. Se quita el paltó y con un bolígrafo señala.
Vean esta vaina. Esto es papita. De lo que se trata es apoderarse del avión sin hacerle daño a nadie y soltar panfletos en Caracas. Simplemente deben manejarse en esta zona –señala el diputado la zona delantera, “de primera” con dos aquí -ustedes se ponen de acuerdo, y Rubén con la ametralladora y Girman toman la cabina.
-Verga Teodoro, tú y tus vainas-, dice Rafael. ¿No has pensado que un avión de esa naturaleza a tan baja altura –porque tenemos que volar bajo- se pueda escoñetar y matar a los que vamos en el avión y los que están abajo como unos pendejos?..
-Les voy a decir una vaina-, dice Teodoro, “el que se mete a comunista tiene que ser arrecho y no pensar que siempre las vainas van a salir mal. Esto nunca se ha hecho en Venezuela y debemos confiar en el elemento sorpresa”. Coño, ¿No te parece?..
-OK, salgamos de esto… sabrás lo que haces. Confío en la Dirección del partido-, contesta Rafael más calmado. -Teodoro y después que volemos esa vaina, ¿para dónde nos vamos?-, dice Antonio Paiva.
-Les sugiero Curazao- contesta Petkoff rascándose la cabeza. “Esa isla está bajo leyes holandesas y esos carajos no se meten en vainas… no creo que le hagan presos. A Castro León, Moncada Vidal y los otros presos que tomaron el avión cuando iban presos aterrizaron allá y no les pasó un coño. Así que tranquilos.”
-Coño, se me olvidaba lo más importante…-se devuelve Teodoro súbitamente, girando sobre sus talones- la propaganda que van a lanzar. Antes de irse yo les mando una maleta llena de los planfetos. El texto lo redacto ahora. Esta operación la vamos a llamar Livia Gouverneur a sugerencia de Pancho Toro. Así que a moverse…
Llegado el día, los cinco jóvenes hacen su cola para montarse en el avión y embarcan sin problemas. El avión de Avensa despega a las 10 am llevando una carga de coraje dentro de su vientre.
El avión de Avensa estaba programado para cubrir la ruta matinal Caracas-Maracaibo. Vuelo No 519. A las 9,30 am los cuarenta y tres pasajeros chequean sus boletos en el terminal aéreo de Maiquetía. Las tramitaciones son de rutina
Ya en la pista, rumbo al avión, Girman y Rafael se dan cuenta que no es un DC-3 sino un DC-6.
-Coño vale, las vainas del diputado-, comentan entre sí.
-Bueno, camaradas, a improvisar se ha dicho. Debemos hacer todo rápido. Apenas termine la aeromoza (Flor Suárez) de hablar y se estabilice el avión actuamos-, dice Girman.
Por supuesto que cuando se montan en el DC-6 la diferencia con el DC-3 es abismal. El primero es más largo, el segundo es inclinado. Montan una maleta llena de planfetos y cada uno lleva su arma. Rubén lleva una Sub-ametralladora Madsen.
Los panfletos dicen:
“¡La suspensión indefinida de las garantías constitucionales es la dictadura personalista de Rómulo Betancourt!
¡Un año de violación de los derechos humanos y de las libertades públicas, abolida la constitución y asesinando a los estudiantes es el balance de la nueva dictadura!
¡Todos los venezolanos en la protesta del 28 de noviembre!
¡Honor a los caídos en la lucha por la libertad!
Operación Livia Gouverneur”
Bueno, qué coño. Actuemos rápido.
Cuando han transcurrido apenas siete minutos de vuelo, Antonio Paiva, uno de los pasajeros más jóvenes, se levanta de su asiento. Al mismo tiempo lo hace otro, casi tan joven como él, Wilmer Bracamonte. Paiva se dirige hacia la cabina. A corta distancia lo sigue Bracamonte. Mientras tanto un tercero, José Borges, se ha colocado al final del pasillo
Cuando Paiva entra en la cabina, ni el piloto ni el copiloto se mueven. Tiene que alzar la voz. No puede ocultar la emoción. -Por favor, ¡quietos en su sitio!
Todavía pasan unos segundos para que la tripulación reaccione.-¿Quién es usted?, pregunta el capitán Juan Nolck. Paiva tiene una pistola en la mano. -Somos revolucionarios. ¡Obedezcan y no pasará nada!
-A sus espaldas se encuentra Bracamonte. Está pálido lo que le hace aparecer mucho más joven. No llega a los 18 años. Un leve vello comienza a despuntar encima de los labios y en la barbilla. Está armado con un revólver 38, cañón corto.
-Eso no se puede hacer, muchachos, dice el capitán Nolck; si se abren las ventanillas, el avión puede hasta estallar. Paiva está prevenido.
-Vuele a baja altura. Despresurice el avión para abrir las ventanillas. Sabe que el avión debe ser despresurizado para poder arrojar las hojas volantes. En la cabina la tensión baja. El capitán Nolck entiende que los muchachos “saben lo que hacen”. Que no puede engañarlos. -Bueno, Uds., son los que mandan.
El avión comienza a cambiar de rumbo. Inclina un ala. Vira a la izquierda. Se empina de proa.
-Señores, pasajeros –dice en voz alta Rafael a los pasajeros- estamos en estos momentos llevándonos este avión para sobrevolar Caracas. Bajo el nombre de Operación “Livia Gouverneur” queremos denunciar el régimen adeco represivo del señor Betancourt. En estos tres últimos años, la matanza de estudiantes ha sido intolerable. Desde hace un año Venezuela vive bajo un régimen de excepción. Las libertades democráticas, ganadas por el pueblo con la insurrección de enero de 1958, han sido liquidadas. Las agresiones contra la izquierda están a la orden del día. Persiguen y encarcelan, allanan los locales de los partidos de oposición. Se aplica una política de rabioso anticomunismo. "Aislar y segregar" es la consigna oficial. Las calles para la policía, disparar primero y averiguar después: son los lemas que se difunden desde Miraflores.
Les aconsejo que se queden quietos en sus puestos, no se desabrochen los cinturones-. Luego del discurso, todos deciden entrar en la cabina del piloto que después de encañonado y alertado resuelve no oponer resistencia junto a la demás tripulación.

Un vuelo no previsto surca el cielo de Caracas. El poderoso zumbido de un cuatrimotor Douglas de la línea aérea Avensa resuena por encima de las torres del Centro Simón Bolívar. A muy baja altura. Los caraqueños están acostumbrados a las pequeñas avionetas que se desplazan hacia La Carlota. Pero, éste es un gigantesco avión comercial que aturde con sus motores.
Cuando el avión de Avensa está casi rozando los edificios del centro de Caracas una nube de pequeñas hojas se esparce por su alrededor. Los papeles levantan vuelo. Se dejan mecer por la brisa. Luego descienden suavemente por los edificios y las calles.
Pasado la hora de vuelo, entran a Caracas por el corredor del oeste. Tres veces dan la vuelta a la ciudad capital a unos 500 metros de altura. No se cansan de lanzare panfletos. El piloto el copiloto y pasajeros ayudan divertidos en la tarea. Los pasajeros disfrutan del “Tour” a baja altura sobre la capital.
-Coño, pasemos por Miraflores y lancemos que jode-, dice uno de los muchachos en la febril jornada de manos que se entrecruzan sacando papeles de la maleta y metiéndolas en las ventanillas.
Ya sobre Miraflores, luego de lanzar una tanda de papeles se dan cuenta que desde abajo hay movimientos de tropas que preparan fuego antiaéreo.
-Ni de vaina paso sobre Miraflores otra vez –dice el piloto- son capaces esos coños de madre de tumbarnos.

-Si tienes razón, vámonos pa’l coño. Señor piloto ponga rumbo a Curazao que si llega, ordena Rafael.
Una vez llegado a Curazao y ya alertadas las autoridades de la isla, los cinco jóvenes deciden entregarse según lo acordado.
Lo que no sabía era que el gobierno venezolano ya acordado con el curazoleño que si se repetía lo de Castro León serían devueltos al país, como así aconteció.
Una comisión de la Digepol comandada por Atahualpa Montes se dirigió a la isla a arrestar a los jóvenes que después de esta acción fueron a parar a prisión por cuatro largos años, durante su prisión en el año 1965 el Aguilucho Antonio Paiva contrajo matrimonio con la militante combatiente Sol Aranda.
la tarjeta de felicitación (en dos partes) y firmas originales de los camaradas Luis Emiro Arrieta, Héctor Rodríguez Bauza y Antonio Garcìa Ponce.
La pintura de la tarjeta fue realizada por Gil Bustillos
Una operación que con nombre de mujer dignificaba la resistencia de un pueblo que aún combate.
A 47 años de esos hechos la juventud venezolana es y será siempre el protagonista.

Fuente:
http://circulobolivarianofabriciojeda.blogspot.com/2008/11/los-aguiluchos-y-la-operacin-livia.html

Antonio Paiva Reinoso - El Aguilucho
Por: Gil Ricardo Salame Ruiz | Sábado, 16/10/2010 05:07 PM | Versión para imprimir
Quien hace unos días se presentó en VENEVISION como flamante economista, adeco, y Nuevo Liberar, despotricando de nuestro presidente Comandante Hugo Rafael Chávez Frías, perteneció a la Juventud Revolucionaria del Partido Comunista de Venezuela y fue encarcelado por órdenes del propio Rómulo Betancourt tras haber secuestrado un avión para lanzar volantes sobre Caracas. Veamos lo escrito el 30 de octubre de 2009.

Por: J. Enrique Montero P. Especial para Tribuna Popular

“La suspensión indefinida de las garantías constitucionales es la dictadura personalista de Rómulo Betancourt. Un año de violación de los derechos humanos y de las libertades públicas, abolida la Constitución y asesinando a los estudiantes es el balance de la nueva dictadura!!! Todos los venezolanos unidos en la protesta del 28 de noviembre!!! Honor a los caídos en la lucha por la libertad!!! ¡¡¡Operación LIVIA GOUVERNEUR!!! “

En una acción de audacia y valor, para aquella época, sin precedentes similares en Venezuela, cinco jóvenes militantes de la JUVENTUD COMUNISTA DE VENEZUELA, cuyos héroes fueron: JOSE RAFAEL BOSQUE, EFRAIN ENRIQUE LEON, RUBEN PALMA, ANTONIO PAIVA REINOSO y GIRMAN BRACAMONTE, secuestran la nave aérea en vuelo de Maiquetía a Maracaibo y obligan al piloto y copiloto sobrevolar Caracas para lanzar los volantes. El “Aguilucho” que habló, portando una sub-ametralladora, les comunicó a los pasajeros con mucha serenidad: “Señores pasajeros, no se preocupen. Este avión ha sido tomado por nosotros en cumplimiento de una misión política que nos ha encomendado nuestro Partido, el PARTIDO COMUNISTA. Es el inicio de la operación LIVIA GOUVERNEUR”.

Luego de llevarse a cabo la operación con todo éxito, el avión es llevado a Curazao, en vista de que no pudieron ir a Cuba, donde solicitan asilo político, el cual les fue negado por las autoridades de la isla, quedando detenidos los camaradas, quienes serían extraditados a Venezuela días más tarde. Así finalizaba el episodio de la audaz operación llevada a cabo por unos jóvenes COMUNISTAS que fueron bautizados con el calificativo de “LOS AGUILUCHOS” .

¡¡¡ HONOR Y GLORIA A NUESTROS MARTIRES Y HÉROES!!!

Fuente:
https://www.aporrea.org/actualidad/a110364.html