sábado, 11 de julio de 2020

5-J: EL AULA

Universidad y libertad: 5-J
William Anseume  

Conmemoramos la libertad pérdida. Los fundadores, reunidos en Congreso Constituyente, sabiamente, desde la política,

proclamaron palabras inolvidables, en acta: "... usar de los derechos de que los tuvo privada la fuerza...". "Soberanía". "...la horrorosa suerte que vamos ya a apartar de nosotros para siempre...". "...estamos libres y autorizados para no depender de otra autoridad que la nuestra...". Y así...

Pues bien, varios de esos diputados pertenecían a la Universidad de Caracas. Encabezados, los miembros pertenecientes a ella, nada menos que por uno de los cerebros más útiles de la fundación, acariciador del proyecto de la liberación desde mucho antes del 19 de abril del año anterior a la independencia: Juan Germán Roscio. 

Además, si atendemos las relaciones documentadas en el libro de Inés Quintero y otros autores, titulado Más allá de la guerra (2008), muchos universitarios conformaron la más o menos escandalosa y rebelde Sociedad Patriótica. Así: "La Universidad de Caracas respaldó la declaración de independencia del 5 de julio de 1811". "La respuesta de los estudiantes y profesores de la Universidad de Caracas fue de compromiso y defensa del proyecto independentista". Hasta en armas: "... los estudiantes de la Universidad de Caracas se comprometieron de manera directa en la protección y defensa de la República". No abundo más, innecesariamente. 

Desde la fundación de la República, toda tiranía tiene en la universidad un fortísimo enemigo. Puede cotejarse revisando cuidadosamente el devenir histórico al respecto: la universidad contra Gómez, la universidad contra Pérez Jiménez, la universidad contra Chávez y ahora contra Maduro, por ejemplo. Tiranía y universidad, opresión y universidad, son definitivamente incompatibles desde los orígenes que nos permitieron la libertad, ésa, la que se nos volvió desgraciadamente a extraviar. 

Es una obligación la restitución de la República. De nuevo el congreso (Asamblea Nacional),con escaso tiempo de permanencia ya, y los representantes de los respectivos estados, los diputados, varios de ellos que fueron o son universitarios; varios de ellos presos en las mazmorras hoy, corre con el peso mayor de las circunstancias políticas. Deben obrar con todas las cartas sobre y bajo la ¿mesa? Fincarse, además, en la universidad. Porque el propósito hoy, como aquel 5 de julio, no puede ser otro que la libertad y la soberanía. Dos conceptos oprimidos hasta la muerte en este momento también horrendo en Venezuela. La universidad tiene mucho que aportar y lo hace, como siempre: ideas y lucha continua. Universidad y libertad han corrido hermanadas. No es momento, como se aprecia en el odio mortal que el el régimen le profesa, para que haya separación alguna, ni chica, entre libertad y universidad. 

Libertad y soberanía vuelven a esperar por su rescate. Los venezolanos, universitarios o no, debemos apreciar de nuevo no sólo el acta como un resultado simbólico al que alabar de lejos, sino fundamentarnos en las acciones que indujeron a la liberación. Allá debemos ir responsablemente. Sin detención alguna. Es tarde. Luego será más tarde. 

05/07/2020:
Captura de imagen / Graduación de Oficiales / Universidad Militar:

5-J: EL PRESENTE

Venezuela esta como pocas veces en riesgo desde el 5-J de 1811
Armando Martini

El 5-J, se conmemora una fecha patria, sublime, gloriosa, excelsa, tiempo ciudadano, momento de libertad. La declaración de Independencia. Proceso político/jurídico que comienza a dar sus pasos el 19 de abril 1810, y culmina con la promulgación de la Constitución, el 21 de diciembre 1811. Genuino y único proceso constituyente que ha habido en Venezuela. Y con ocasión de esa causa, se da la transformación política transcendental: de la Monarquía a la República.

El 2 de marzo de 1811 se instala el Congreso General de Venezuela, primer Parlamento de nuestra historia republicana, reunido en la capilla del Seminario Santa Rosa de Lima, cuya misión seria la redacción de la Constitución. Sin embargo, se observa, percibe un ambiente de necesidad que reclama juramentos para una declaración seria, formal de independencia; se plantea la oportunidad, considera la legitimidad, fundamentan alegatos de las razones y queda la redacción del Acta a cargo de Juan Germán Roscio/Francisco Isnardi.

En su primer párrafo se ubica en contexto y justifica:

“En el nombre de Dios Todopoderoso, nosotros, los representantes de las Provincias Unidas de Caracas, Cumaná, Barinas, Margarita, Barcelona, Mérida y Trujillo, que forman la Confederación americana de Venezuela en el continente meridional, reunidos en Congreso, y considerando la plena y absoluta posesión de nuestros derechos, que recobramos justa y legítimamente desde el 19 de abril de 1810, en consecuencia de la jornada de Bayona y la ocupación del trono español por la conquista y sucesión de otra nueva dinastía constituida sin nuestro consentimiento, queremos, antes de usar de los derechos de que nos tuvo privados la fuerza, por más de tres siglos, y nos ha restituido el orden político de los acontecimientos humanos, patentizar al universo las razones que han emanado de estos mismos acontecimientos y autorizan el libre uso que vamos a hacer de nuestra soberanía”.

Diáfana, cristalina e inequívoca en el último párrafo:

“Nosotros, pues, a nombre y con la voluntad y autoridad que tenemos del virtuoso pueblo de Venezuela, declaramos solemnemente al mundo que sus Provincias Unidas son, y deben ser desde hoy, de hecho y de derecho, Estados libres, soberanos e independientes y que están absueltos de toda sumisión y dependencia de la Corona de España o de los que se dicen o dijeren sus apoderados o representantes, y que como tal Estado libre e independiente tiene un pleno poder para darse la forma de gobierno que sea conforme a la voluntad general de sus pueblos, declarar la guerra, hacer la paz, formar alianzas, arreglar tratados de comercio, límite y navegación, hacer y ejecutar todos los demás actos que hacen y ejecutan las naciones libres e independientes”.

Un evento civil, como pocos, (16J 2017 día de la Consulta Nacional o plebiscito, es otro magnífico ejemplo), ante la situación política derivada de la invasión napoleónica a España, los venezolanos se plantean hasta qué punto es legítimo el sometimiento a esa Corona. El proceso de Independencia fue así, en su origen, un planteamiento fundamentado en ideas, preocupación por cuál era el camino legítimo y correcto a seguir como Nación.

Es por ello que una ceremonia militar, como es la tradición, resulta anacronismo histórico. El 5-J de 1811, debe ovacionarse en la Asamblea Nacional, heredera del Congreso General de Venezuela, en el cual se declararía la Independencia y suscribiría el Acta.

2020 debe ser jornada de valor, coraje, ya no seremos peones cómplices ni complacientes del castrismo, ni de la torpeza injustificable de secuaces asociados, menos aún, de una revolución ficticia producto de un capricho e ignorancia de patibularios; sinvergüenzas oportunistas, que abandonaron la delincuencia, en la cual ayudaron a saquear y saquearon a su vez, estableciéndose descarados en inversos, con el solo interés de sobrevivencia, encontrando encubridores en la impunidad a sus delitos, tropelías y abusos. Todos deberán ser denunciados, juzgados, expuestos; pagar con cárcel y desprecio popular sus infracciones.

Los ciudadanos están comprometidos con la conciencia en la mirada y voluntad de cambio profundo, radical, por los que vendrán mañana. Somos dueños de nuestro destino, beneficiarios de la sangre ardiente libertadora y herencia genética de los próceres. No roedores de la tiranía, sino abanderados de la libertad.

Venezuela vive una tragedia y atraviesa una de la más grave crisis de su historia. Dificultades en todos los aspectos y ámbitos de la sociedad. El panorama es de enorme intranquilidad e inmenso desespero, se plantea la entrega a un régimen castrista por la irrita e ilegítima Asamblea Nacional Constituyente, arrogándose poderes soberanos, al margen de la Constitución, principios y valores republicanos que, condensados en el Acta de Independencia, deberían ser el ámbito de nuestra vida política.

Se nos quiere imponer con arbitrariedad y dominación atraso en las conquistas ciudadanas a la libertad lograda, con avances y retrocesos, desde el 19 de abril 1810 y el 5 de julio 1811. Si la celebración como acto civil de rebeldía constitucionalmente protegida ante el poder espurio, fraudulento, abusivo, opresor y violador de los Derechos Humanos es vital recordarlo cada año, este 2020 es mucho más que todos los anteriores.

¡Dios bendiga a Venezuela y a quienes, en ella, tuvimos la distinción de haber nacido o adoptado como patria!

05/07/2020:
https://www.lapatilla.com/2020/07/05/venezuela-esta-como-pocas-veces-en-riesgo-desde-el-5-j-de-1811-por-armandomartini/
Captura de imagen / Nicolás Maduro el 5 de julio de 2020:
https://www.youtube.com/watch?v=6hOlZXsh3_A

viernes, 10 de julio de 2020

IMPRESIONES DE (IN) EFICIENCIA

“En tu cabeza” de Daniel Sánchez Arévalo, Kike Maíllo, Borja Cobeaga y Alberto Ruiz Rojo (2016):  Cuatro cortometrajes tejidos por el guión de Daniel Sánchez Arévalo. De los escasos comentarios que  hay  en las redes, uno acierta al caracterirlo como  de “eficiencia ficción” (https://www.20minutos.es/noticia/2754733/0/en-tu-cabeza-cinergia-gas-natural-fenosa-michelle-jenner-hugo-silva-cortos). Trabajo convincente de Hugo Silva  y, sobre todo , Michelle Jenner, hay un engranaje del discurso cinematográfico de muy buena factura, incluyendo la pérdida del sentimiento amor (simple y espontáneamente, se deja de sentir en las escenas finales, pasando practicamente inadvertido). Hay  un manejo de la paraoja del tiempo y de la intervención humana para alterar las  condiciones que, en contraste a  la serie  de "Volver al futuro"  del Robert Zemeckis que lo solventó un poco más, luce ineficaz con la maniplación arbitraria d la Andrea de 2052 y el caricaturesco tribunal que procesó a uno de los jueces, faltando poco.
(https://www.youtube.com/watch?v=X__wfX1sNNc&t=3230s).

“The Art of Us” de Kristoffer Tabori (2017): Entendemos que fue una cinta para la televisión y, por ello, el código convencional de un romance que no se concreta, sino hasta el final. Por cierto, llama la atención, no hace concesiones a maniqueísmo, por  lo menos, respecto al viejo relacionado de Taylor Cole, pues, la criticó con honestidad su trabajo plástico, aunque arriesgara la relación sentimental, como ocurrió; y, no cayendo en el clásico resentimiento, supo reconocer el talento de Steve Lund, por encima de a tradicional rivalidad con un sobrevenido.  La obra tiene por mérito asomar las tensiones propias de la vida académica y del mercado del arte, administrando las propiamente carnales de los protagonistas de un infinito auto-control. Cosas de "El arte de amar" ... Por cierto, interesante algunas escenas que tienen por fondo el arreglo de una cnción de Mazzy  Star: https://www.youtube.com/watch?v=2FdP0eS47ts.
(https://www.youtube.com/watch?v=vj7vLtZy1qg)

jueves, 9 de julio de 2020

VOTO SALVADO

TODA UNA ESCUELA

Consternación (con la sombra del miedo a cuestas)
José Rafael Herrera 

“Sentí que había cometido un pecado, quizá el que 
no perdona el Espíritu”
Jorge Luís Borges, El espejo y la máscara

Según el Kierkegaard de Temor y temblor, el miedo logra conjugar la extravagancia, la sutileza y la frivolidad en cada golpe de su gélido y tembloroso puño. Es el puño de Abraham, a punto de asesinar a su propio hijo por mandato de divino, a la espera de que ocurra, en el último instante, el milagro de una contraorden. La misma condición religiosa, que el pensador danés, en su dialéctica externa, ubica por encima de las esferas estética y ética, hace que el camino para su conquista no pueda prescindir de esa tortuosa, trémula y terrorífica experiencia de la medrosidad. En él —en el miedo— se confunden realidades y apariencias que son proyectadas como un horror en sí mismo, porque el horror en sí mismo es desdoblamiento y el desdoblamiento termina siendo el miedo mismo. Más que una incertidumbre, el miedo es una presunción, una sospecha proyectada sobre el sí mismo.

El miedo —precisamente, bajo la figura de la confusión de realidades y apariencias— es el arma más potente con que cuenta el gansterato aquí y ahora. Con él se propone premeditadamente ocultar sus propios temores, proyectarlos y expandirlos. Y es que el miedo es la afección que, según el bueno de Spinoza, dispone a los humanos de tal modo de no querer lo que quieren, o de querer lo que no quieren, toda vez que “el hombre queda dispuesto por él a evitar un mal que juzga va a producirse, mediante un mal menor. Si el mal que teme es la vergüenza, entonces el temor se llama pudor. Si el deseo de evitar un mal futuro es reprimido por el temor de otro mal, de modo que no sabe ya lo que se quiere, entonces el miedo se llama consternación, especialmente si los males que se temen son de los mayores”. Como nunca antes, la sombra, la duplicación del miedo, pende sobre los hombros de la totalidad del ser y de la conciencia de la consternada Venezuela.

La consternación, pues, es el miedo como intento de evitar mediante un mal menor otro mayor al que se teme. Por ejemplo, sería preferible llegar a un “entendimiento” con un grupo de gansters antes de verse inmerso en una —imaginaria— invasión o en una —no menos imaginaria— “guerra fratricida”. La pusilanimidad consiste en el despreciable y repugnante temor a un mal al que nadie teme. Es el caso de quien se llena de temor tan solo de pensar en las terribles consecuencias que le pudiese acarrear el citar una frase de alguien que ha llamado a los terroristas por su nombre. Pero la consternación —que es una suerte de pusilanimidad, oculta tras un “humanismo” cortesano y decadente— consiste en la vana intención de permitir un mal frente al asombro que se llega a sentir por el mal que se teme. Es un vivir en el terror, con la sombra del miedo a cuestas. Es, como dice Spinoza, “el miedo que mantiene al hombre hasta tal punto estupefacto o vacilante, que no puede liberarse del mal”. Estupefacto, porque su deseo de liberarse del mal es reprimido por su asombro. Vacilante, porque supone que ese deseo es reprimido por el temor a otro mal que, de igual modo, le atormenta, al punto que no sabe de cuál de los dos debería liberarse. La consternación no consiste tanto en desconfiar de todo como de no confiar en sí mismo. No se fía de sí mismo el secuestrado, pero tampoco se fía de sí mismo el secuestrador, quien recientemente ha sido definido a cabalidad como “un cobarde con armas”. Sus temores no sólo no le permiten liberarse sino que, muy por el contrario, lo convierten en esclavo de sí mismo. Si hay algo que no es libre es el miedo. Y cuando el miedo institucionalizado deviene modo de vida, nervio central de la cotidianidad, la libertad se tuerce en esperanza, en pasiva espera, y juntando las palmas de las manos, con la mirada puesta sobre el cielo o sobre el Norte, ruega la llegada de la redención, de algo o de alguien que atienda las súplicas de una multitud despavorida y extrañada que —hace tiempo— perdió las virtudes públicas.


Según Vico, la antigüedad, por lo menos hasta la llegada de la barbarie ritornata, supo transformar sus temores en mitos, sobre los cuales lograron construir, paso a paso y con ‘mente heroica’, la historia de la humanidad. El pasaje viquiano es inversamente proporcional a la dialéctica de las medianías kierkergaardianas, ya denunciadas por Adorno. Vico muestra filológica y filosóficamente, en la Scienza Nuova, cómo el temor condujo al religare y cómo este dio lugar a la eticidad que fraguó los cimientos de la poiesis estética, es decir, nada menos que aquello a lo que define Platón como “la causa que convierte cualquier cosa que consideremos de no-ser a ser”. En otras palabras, enfrentar los propios miedos, mirarlos cara a cara, es vencer a la muerte (no por caso, la palabra latina mor es la raíz de ti-mor y de mor-te: el temor es la muerte invertida). Quizá sea por eso que la virtud no consista tanto en la capacidad de producir determinados efectos plausibles, virtuosos, como en la condición propiamente viril (vir significa hombre libre) de donde proviene su significado. La virtus omnia vincit.

Pero la escuela del miedo, su perfeccionamiento y sistematización a los fines de someter a las mayorías por medio del terror, es otra cosa. Cabe reconocer a Torquemada como el auténtico pionero de semejante industria. Pero fue durante la edad contemporánea, con un fascismo inspirado en las viejas prácticas tiránicas orientales —es decir, en el instante en el cual tuvo lugar el proceso de inversión de la historia—, lo que hizo posible que la “cobardía armada” obtuviera uno de sus más efectivos recursos para asegurar su propia estabilidad. Y es que el miedo es la base firme sobre la cual se erigen esos regímenes en los que resulta imposible distinguir las prácticas despóticas de la acción gansteril y en los que la política se solapa —se encapucha— con la corporación criminal.

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, una vez que las tropas soviéticas se apoderaran de la mitad de Alemania, los nazis, “expertos” en difundir el miedo para someter a los ciudadanos, pasaron a formar parte de la nómina de empleados del régimen stalinista. Al final, se trataba de lo mismo. Allí se adiestrarían más tarde los pistoleros cubanos que durante los últimos veinte años han dictado cátedra a los “cuerpos de seguridad” del gansterato que ha secuestrado a Venezuela y que, además de conducirla premeditada y alevosamente a la miseria, la ha convertido en una punta de lanza del narcoterrorismo internacional. Hoy el miedo es la institución más sólida con la que cuenta el gansterato venezolano. Su sombra cuelga sobre los hombros de la ciudadanía para mantenerla consternada. Y será necesario recuperar, muy por encima del espejismo de la esperanza, la virtud, el coraje y la inteligencia necesarias, para poner fin al yugo opresor y poder recuperar el país. Hay que sacudirse el miedo y hacer que se apodere de sus promotores. “No tengas miedo”, afirmaba el último gran Papa del siglo XX. Cuando el secuestrador comprenda que ha caído en su propia trampa, que ha sido secuestrado por sí mismo, Venezuela será libre.

09/07/2020:
Pieza: Erwin Wurm.

RECONOCIMIENTO

Marcos Falcón Briceño y el Esequibo
Ramón Escovar León   

Figúrense ustedes que cuando se dictó el Laudo Arbitral en París el 3 de octubre, en Venezuela había estallado una revolución y estaba a diecinueve días de Caracas, la capital. Yo podría decir –y eso es histórico– que, en esos momentos, en 1899, casi no teníamos gobierno. Claro que esto no es culpa de la Gran Bretaña, sino que es nuestra culpa, pero lo digo para pintar el ambiente en momentos en que se estaban dilucidando estas cosas”.  Estas son palabras de Marcos Falcón Briceño, el ilustre venezolano que, como canciller de Rómulo Betancourt, se dirigió a las Naciones Unidas el 12 de noviembre de 1962 para denunciar el Laudo Arbitral de 1899.

En octubre de 1899 Cipriano Castro avanzaba hacia Caracas al frente de la Revolución Liberal Restauradora. En esos momentos, Venezuela vivía una poderosa anarquía institucional. Esto fue aprovechado por el Reino Unido para impulsar el arbitraje y despojar a nuestro país de 159.500 Km2 de su territorio. El presidente Ignacio Andrade, asediado política y militarmente, podía hacer poco, salvo protestar y asumir su barranco. El país, dividido entre escaramuzas internas, personalismos y falta de sentido estratégico y carente de estadistas, creó el ambiente propicio para el despojo. 

En este contexto se dicta el Laudo Arbitral que le arrebató a Venezuela “un territorio muy extenso e importante, sobre el cual Gran Bretaña no tenía, en mi opinión, la menor sombra de derecho”, como lo afirma Severo Mallet-Prevost en memorando del 8 de febrero de 1944 y publicado, post mortem, en julio de 1949 en The American Journal of International Law.  

Esta historia dolorosa para los venezolanos cambia de rumbo a partir del histórico discurso de Marcos Falcón Briceño en su intervención ante la ONU el 12 de noviembre de 1962. Falcón Briceño señaló las razones de la nulidad del Laudo Arbitral de París de 1899. Gracias a esto, el Reino Unido aceptó conversar sobre la reclamación venezolana. El prestigio del presidente Rómulo Betancourt y de su canciller le dio peso a la posición venezolana.

Durante el gobierno de Raúl Leoni, el canciller Ignacio Iribarren Borges suscribe el 17 de febrero de 1966 el Acuerdo de Ginebra. (A los tres meses de la firma, la Guayana Británica se independiza de Gran Bretaña y cambia el nombre por Guyana). Este acuerdo busca un arreglo “practico y satisfactorio” de la disputa y constituye uno de los mayores éxitos de nuestro país en la defensa de su integridad territorial.  

La clara posición de los gobiernos de Rómulo Betancourt y de Raúl Leoni (y de sus respectivos cancilleres Falcón Briceño e Iribarren Borges) fueron determinantes en la firma del Acuerdo de Ginebra. Venezuela contó con el apoyo de cuatro hombres de Estado, es decir, con un liderazgo civil que poseía autoridad intelectual, ética y política. 

Todo marchaba con un sentido de unidad estratégica hasta el 20 de febrero del 2004, cuando el presidente Hugo Chávez afirmó: “el gobierno venezolano no será obstáculo para cualquier proyecto a ser conducido en el Esequibo, y cuyo propósito sea beneficiar a sus habitantes”. Estas declaraciones causaron “honda preocupación en sectores de la población, particularmente entre los intelectuales cercanos al ámbito diplomático y de relaciones internacionales”, como lo señala el historiador Manuel Donís Ríos en su reciente obra titulada Venezuela y sus espacios marítimos en el Atlántico ayer y hoy. (Caracas, Abediciones, 2020, p. 35). Pero hay algo más que no puede pasar inadvertido: a partir de esa fecha Guyana “radicalizó su posición y desconocimiento al Acuerdo de Ginebra y sus intentos por delimitar áreas marinas y submarinas que afectan los derechos de jurisdicción de Venezuela en el océano Atlántico” (Donís: p. 36). Nuestra salida al Atlántico queda, pues, amenazada. 

En 2007 el presidente y comandante Chávez afirmó que la reclamación venezolana se inició “por presiones de los Estados Unidos para desestabilizar el gobierno comunista de Chaddy Jagan”. Se introduce de esta manera el condimento ideológico que desnaturaliza el fondo de lo debatido en este delicado asunto. Posteriormente, el gobierno de la República Cooperativa de Guyana inició una serie de atropellos a la soberanía de Venezuela, al incursionar agresivamente en nuestro espacio marítimo. Esto fue denunciado por la Academia de Ciencias Políticas y Sociales en un pronunciamiento del 1 de octubre de 2013. Por fortuna, en ese mismo año la Armada venezolana -en un acto que merece ser reconocido- detuvo unas embarcaciones que hacían estudios petroleros en el área en reclamación. 

En el presente el conflicto es más complejo en vista de la demanda propuesta en marzo del 2018 por Guyana contra Venezuela ante la Corte Internacional de Justicia para judicializar el caso y separarse del camino trazado en el Acuerdo de Ginebra. Guyana mantiene la misma línea argumentativa sostenida por el Reino Unido, de la cual es heredera en esta controversia. 

Así las cosas, llegamos a la audiencia preliminar celebrada el pasado 30 de junio en la Corte Internacional de Justicia, sin la participación de Venezuela. El régimen envió un memorando en el cual ratifica la tradicional posición de nuestro país de resolver la disputa sobre la base del Acuerdo de Ginebra. Un memorándum de esta naturaleza debe ser producto de una discusión amplia entre todos los sectores venezolanos. Las universidades, las academias, los internacionalistas con experiencia en este conflicto, los partidos políticos de todas las tendencias junto a la Fuerza Armada no deben quedar al margen de un texto como el referido. Es un asunto de Estado que no puede estar salpicado de intereses ideológicos que obnubilan el entendimiento. Hay venezolanos con experiencia y conocimientos en esta materia que deben ser consultados.

Y aquí cabe destacar la falta de comparecencia de nuestro país a la antes referida audiencia preliminar del 30 de junio. Venezuela ha podido presentarse para invocar sus argumentos en defensa del Acuerdo de Ginebra, sin que ello signifique aceptar la competencia de la Corte Internacional de Justicia: la asistencia no equivale a reconocer la competencia del tribunal. El debate oral ha podido ser aprovechado para exponer a los jueces los claros títulos y argumentos que posee el país. Se perdió la oportunidad de hablar alto y claro.  

Tampoco se puede dar la espalda a los valiosos aportes de distintos venezolanos que se han ocupado del asunto del Esequibo. Los sacerdotes jesuitas Hermann González Oropeza, Pablo Ojer y José Del Rey realizaron investigaciones seminales sobre los títulos que posee Venezuela sobre la zona en reclamación. No en balde, Rómulo Betancourt nombró a los dos primeros asesores de la Cancillería sobre el tema del Esequibo. En la defensa de Venezuela no pueden omitirse estos valiosos materiales. El Instituto de Investigaciones Históricas Hermann González Oropeza de la Universidad Católica Andrés Bello tiene mucho que aportar en esta faena.

Venezuela no está libre de riesgos por la posición pública y notoria del gobierno cubano de apoyo a Guyana. En efecto, el castrismo no ha vacilado en exponer su posición desde hace años. Así ocurrió con la declaración del canciller cubano Ricardo Alarcón, quien el 7 de octubre de 1981 afirmó: “El reclamo venezolano es prueba de expansionismo y Guayana tiene pleno derecho a gozar de su entero territorio con plena libertad”. 

Estamos ante un asunto vital para la integridad territorial de Venezuela, en el cual no puede haber margen para la improvisación, ni la inacción, ni para someter los intereses del país a sectarismos excluyentes. Esto también es materia que atañe a la seguridad de la nación; tarea que corresponde a un trabajo mancomunado entre el Estado y la sociedad civil, como lo postula el artículo 326 de la Constitución. 

Cuando Marcos Falcón Briceño pronunció las palabras de apertura en la sesión de la ONU del 12 de noviembre de 1962, el presidente de Venezuela era Rómulo Betancourt, que lideraba un gobierno en camino a consolidar la democracia. Para ello, tuvo que enfrentar -y derrotar- los sucesivos ataques del castrismo contra Venezuela, que deseaba apoderarse de nuestro petróleo. El sistema político gozaba de prestigio y las Fuerzas Armadas apoyaban sin vacilar al gobierno y a la democracia. La voz del canciller tenía el respaldo de un país unido sobre un tema estratégico de interés general. 

Ahora la situación es distinta en vista del desconocimiento de las democracias occidentales a Nicolás Maduro. Vivimos una crisis política permanente sin respiro ni reposo. La división interna, la falta de libertad y la permanente zozobra de la vida cotidiana debilitan la posición venezolana ante Guyana. Se repite una situación semejante a la que vivió el país al momento de la firma del fatídico Laudo de París. 

La disputa con Guyana atañe al más elevado interés estratégico nacional. Es un asunto de Estado que no puede manejarse sobre la base de dogmas ideológicos e interese políticos particulares y excluyentes. Es momento de que la dirigencia política conozca y reconozca la estrategia sobre el Esequibo de Marcos Falcón Briceño, el canciller de Rómulo Betancourt.  

09/07/2020:
Fotografías: 

sábado, 4 de julio de 2020

ESTE - OESTE

El Esequibo expresa una decidida ofensiva anti-occidental

“El problema del Esequibo ha adquirido otras dimensiones bajo el régimen socialista, por lo que es necesario superar aquella comprensión convencional de un simple reclamo territorial”, aseguró el diputado Luis Barragán durante su intervención en el foro virtual organizado por Vente Urbaneja, estado Anzoátegui.

“La clave reside – indicó – en la doble desintegración territorial venezolana: digamos, en lo externo, la negligencia y el entreguismo del Esequibo, pulverizada toda noción de política de Estado por el madurato; y, en lo interno, la pérdida de todo control territorial a favor de las mafias, terroristas e irregulares, agravando la condición de Estado Fallido. No obstante, ya el asunto no concierne exclusivamente a nuestro país, sino que expresa una ofensiva anti-occidental que busca la reconfiguración hemisférica para balcanizarla en todo lo posible de acuerdo a obscuros intereses geopolíticos”.

Indicó el parlamentario que del fenómeno ni siquiera se ha impuesto debidamente el liderazgo guyanés, en el contexto del foro virtual en el que también intervinieron  Pedro Galvis y el Cnel. ( R ) Ramón Martínez de Vente Urbaneja, al igual que el diputado Omar González, jefe de la Fracción Parlamentaria 16 de Julio.

Respecto a las críticas que se han hecho sobre un reciente documento emitido por la Asamblea Nacional sobre la materia, aseveró que es responsabilidad exclusiva de la Comisión Mixta Sobre el Esequibo y la Fachada Atlántica.

04/07/2020: