Mostrando entradas con la etiqueta Ramón Escovar León. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ramón Escovar León. Mostrar todas las entradas

jueves, 9 de julio de 2020

RECONOCIMIENTO

Marcos Falcón Briceño y el Esequibo
Ramón Escovar León   

Figúrense ustedes que cuando se dictó el Laudo Arbitral en París el 3 de octubre, en Venezuela había estallado una revolución y estaba a diecinueve días de Caracas, la capital. Yo podría decir –y eso es histórico– que, en esos momentos, en 1899, casi no teníamos gobierno. Claro que esto no es culpa de la Gran Bretaña, sino que es nuestra culpa, pero lo digo para pintar el ambiente en momentos en que se estaban dilucidando estas cosas”.  Estas son palabras de Marcos Falcón Briceño, el ilustre venezolano que, como canciller de Rómulo Betancourt, se dirigió a las Naciones Unidas el 12 de noviembre de 1962 para denunciar el Laudo Arbitral de 1899.

En octubre de 1899 Cipriano Castro avanzaba hacia Caracas al frente de la Revolución Liberal Restauradora. En esos momentos, Venezuela vivía una poderosa anarquía institucional. Esto fue aprovechado por el Reino Unido para impulsar el arbitraje y despojar a nuestro país de 159.500 Km2 de su territorio. El presidente Ignacio Andrade, asediado política y militarmente, podía hacer poco, salvo protestar y asumir su barranco. El país, dividido entre escaramuzas internas, personalismos y falta de sentido estratégico y carente de estadistas, creó el ambiente propicio para el despojo. 

En este contexto se dicta el Laudo Arbitral que le arrebató a Venezuela “un territorio muy extenso e importante, sobre el cual Gran Bretaña no tenía, en mi opinión, la menor sombra de derecho”, como lo afirma Severo Mallet-Prevost en memorando del 8 de febrero de 1944 y publicado, post mortem, en julio de 1949 en The American Journal of International Law.  

Esta historia dolorosa para los venezolanos cambia de rumbo a partir del histórico discurso de Marcos Falcón Briceño en su intervención ante la ONU el 12 de noviembre de 1962. Falcón Briceño señaló las razones de la nulidad del Laudo Arbitral de París de 1899. Gracias a esto, el Reino Unido aceptó conversar sobre la reclamación venezolana. El prestigio del presidente Rómulo Betancourt y de su canciller le dio peso a la posición venezolana.

Durante el gobierno de Raúl Leoni, el canciller Ignacio Iribarren Borges suscribe el 17 de febrero de 1966 el Acuerdo de Ginebra. (A los tres meses de la firma, la Guayana Británica se independiza de Gran Bretaña y cambia el nombre por Guyana). Este acuerdo busca un arreglo “practico y satisfactorio” de la disputa y constituye uno de los mayores éxitos de nuestro país en la defensa de su integridad territorial.  

La clara posición de los gobiernos de Rómulo Betancourt y de Raúl Leoni (y de sus respectivos cancilleres Falcón Briceño e Iribarren Borges) fueron determinantes en la firma del Acuerdo de Ginebra. Venezuela contó con el apoyo de cuatro hombres de Estado, es decir, con un liderazgo civil que poseía autoridad intelectual, ética y política. 

Todo marchaba con un sentido de unidad estratégica hasta el 20 de febrero del 2004, cuando el presidente Hugo Chávez afirmó: “el gobierno venezolano no será obstáculo para cualquier proyecto a ser conducido en el Esequibo, y cuyo propósito sea beneficiar a sus habitantes”. Estas declaraciones causaron “honda preocupación en sectores de la población, particularmente entre los intelectuales cercanos al ámbito diplomático y de relaciones internacionales”, como lo señala el historiador Manuel Donís Ríos en su reciente obra titulada Venezuela y sus espacios marítimos en el Atlántico ayer y hoy. (Caracas, Abediciones, 2020, p. 35). Pero hay algo más que no puede pasar inadvertido: a partir de esa fecha Guyana “radicalizó su posición y desconocimiento al Acuerdo de Ginebra y sus intentos por delimitar áreas marinas y submarinas que afectan los derechos de jurisdicción de Venezuela en el océano Atlántico” (Donís: p. 36). Nuestra salida al Atlántico queda, pues, amenazada. 

En 2007 el presidente y comandante Chávez afirmó que la reclamación venezolana se inició “por presiones de los Estados Unidos para desestabilizar el gobierno comunista de Chaddy Jagan”. Se introduce de esta manera el condimento ideológico que desnaturaliza el fondo de lo debatido en este delicado asunto. Posteriormente, el gobierno de la República Cooperativa de Guyana inició una serie de atropellos a la soberanía de Venezuela, al incursionar agresivamente en nuestro espacio marítimo. Esto fue denunciado por la Academia de Ciencias Políticas y Sociales en un pronunciamiento del 1 de octubre de 2013. Por fortuna, en ese mismo año la Armada venezolana -en un acto que merece ser reconocido- detuvo unas embarcaciones que hacían estudios petroleros en el área en reclamación. 

En el presente el conflicto es más complejo en vista de la demanda propuesta en marzo del 2018 por Guyana contra Venezuela ante la Corte Internacional de Justicia para judicializar el caso y separarse del camino trazado en el Acuerdo de Ginebra. Guyana mantiene la misma línea argumentativa sostenida por el Reino Unido, de la cual es heredera en esta controversia. 

Así las cosas, llegamos a la audiencia preliminar celebrada el pasado 30 de junio en la Corte Internacional de Justicia, sin la participación de Venezuela. El régimen envió un memorando en el cual ratifica la tradicional posición de nuestro país de resolver la disputa sobre la base del Acuerdo de Ginebra. Un memorándum de esta naturaleza debe ser producto de una discusión amplia entre todos los sectores venezolanos. Las universidades, las academias, los internacionalistas con experiencia en este conflicto, los partidos políticos de todas las tendencias junto a la Fuerza Armada no deben quedar al margen de un texto como el referido. Es un asunto de Estado que no puede estar salpicado de intereses ideológicos que obnubilan el entendimiento. Hay venezolanos con experiencia y conocimientos en esta materia que deben ser consultados.

Y aquí cabe destacar la falta de comparecencia de nuestro país a la antes referida audiencia preliminar del 30 de junio. Venezuela ha podido presentarse para invocar sus argumentos en defensa del Acuerdo de Ginebra, sin que ello signifique aceptar la competencia de la Corte Internacional de Justicia: la asistencia no equivale a reconocer la competencia del tribunal. El debate oral ha podido ser aprovechado para exponer a los jueces los claros títulos y argumentos que posee el país. Se perdió la oportunidad de hablar alto y claro.  

Tampoco se puede dar la espalda a los valiosos aportes de distintos venezolanos que se han ocupado del asunto del Esequibo. Los sacerdotes jesuitas Hermann González Oropeza, Pablo Ojer y José Del Rey realizaron investigaciones seminales sobre los títulos que posee Venezuela sobre la zona en reclamación. No en balde, Rómulo Betancourt nombró a los dos primeros asesores de la Cancillería sobre el tema del Esequibo. En la defensa de Venezuela no pueden omitirse estos valiosos materiales. El Instituto de Investigaciones Históricas Hermann González Oropeza de la Universidad Católica Andrés Bello tiene mucho que aportar en esta faena.

Venezuela no está libre de riesgos por la posición pública y notoria del gobierno cubano de apoyo a Guyana. En efecto, el castrismo no ha vacilado en exponer su posición desde hace años. Así ocurrió con la declaración del canciller cubano Ricardo Alarcón, quien el 7 de octubre de 1981 afirmó: “El reclamo venezolano es prueba de expansionismo y Guayana tiene pleno derecho a gozar de su entero territorio con plena libertad”. 

Estamos ante un asunto vital para la integridad territorial de Venezuela, en el cual no puede haber margen para la improvisación, ni la inacción, ni para someter los intereses del país a sectarismos excluyentes. Esto también es materia que atañe a la seguridad de la nación; tarea que corresponde a un trabajo mancomunado entre el Estado y la sociedad civil, como lo postula el artículo 326 de la Constitución. 

Cuando Marcos Falcón Briceño pronunció las palabras de apertura en la sesión de la ONU del 12 de noviembre de 1962, el presidente de Venezuela era Rómulo Betancourt, que lideraba un gobierno en camino a consolidar la democracia. Para ello, tuvo que enfrentar -y derrotar- los sucesivos ataques del castrismo contra Venezuela, que deseaba apoderarse de nuestro petróleo. El sistema político gozaba de prestigio y las Fuerzas Armadas apoyaban sin vacilar al gobierno y a la democracia. La voz del canciller tenía el respaldo de un país unido sobre un tema estratégico de interés general. 

Ahora la situación es distinta en vista del desconocimiento de las democracias occidentales a Nicolás Maduro. Vivimos una crisis política permanente sin respiro ni reposo. La división interna, la falta de libertad y la permanente zozobra de la vida cotidiana debilitan la posición venezolana ante Guyana. Se repite una situación semejante a la que vivió el país al momento de la firma del fatídico Laudo de París. 

La disputa con Guyana atañe al más elevado interés estratégico nacional. Es un asunto de Estado que no puede manejarse sobre la base de dogmas ideológicos e interese políticos particulares y excluyentes. Es momento de que la dirigencia política conozca y reconozca la estrategia sobre el Esequibo de Marcos Falcón Briceño, el canciller de Rómulo Betancourt.  

09/07/2020:
Fotografías: 

sábado, 21 de marzo de 2020

LA PESTE CHINA ANTES DESMENTIDA

El coronavirus no es ideológico
Ramón Escovar León

Li Wenliang, médico chino de 34 años, fue uno de los primeros en advertir el ataque del coronavirus a través de mensajes a un grupo de compañeros de la escuela de medicina.

Por esa advertencia, el régimen lo acusó de difundir rumores e “información falsa”. La costumbre comunista de ocultar la verdad y de mentir fue lo que permitió que el virus tomara fuerza hasta convertirlo en una pandemia mundial. Una primera lección de toda esta tragedia es que los gobiernos deben diseñar sus políticas sanitarias basadas en la verdad: la salud pública está por encima de los intereses “revolucionarios”.

En el caso venezolano, el coronavirus encuentra a un sistema de salud deteriorado y afectado por la falta de atención. Los hospitales carecen de los insumos necesarios para su funcionamiento y el personal es muy mal remunerado. Además de ello, la falta de agua y los constantes cortes eléctricos son moneda de cuenta en la vida hospitalaria (en esta materia estamos a la par de Haití, el país más pobre de América Latina). En Venezuela se ha privilegiado el gasto militar en lugar de atender primero los requerimientos de salud, de educación y de investigación científica.

Pese a la deficiente infraestructura, Venezuela cuenta con la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Venezuela, que es una de las más reconocidas en América Latina. Asimismo, tenemos el Instituto de Medicina Tropical de la misma Universidad, el cual lleva el nombre de su fundador, el sabio Félix Pifano, que ha hecho valiosos aportes en la lucha contra la malaria, el chagas, la chikungunya, el dengue, la hepatitis y otras enfermedades infecciosas. No debemos olvidar a los sabios Jacinto Convit y Arnoldo Gabaldón, cuyos poderosos aportes permitieron desterrar la lepra y la malaria de nuestro país.

La experiencia del Instituto de Medicina Tropical debe ser utilizada en los planes de contingencia en la lucha contra la pandemia. Igualmente, este instituto y demás organizaciones, como la Federación Médica Venezolana, pueden recibir de la comunidad científica mundial (especialmente de Alemania, Canadá y Estados Unidos) la información necesaria para que los científicos puedan disponer de las herramientas necesarias para el mejor combate contra el covid-19.

En el combate contra el coronavirus deben separarse los intereses políticos y las ataduras ideológicas. La intolerancia política y la represión no pueden mantenerse en paralelo al combate contra esta seria amenaza que nos ha tocado enfrentar. Estamos ante una oportunidad para que el régimen libere a los presos políticos; si no lo desea, que los deje en detención domiciliaria.

Como muestra de las ataduras ideológicas tenemos el caso de la suspensión de vuelos; se impone a Europa, Colombia, Panamá y República Dominicana, pero no se incluye a Cuba, Turquía e Irán. Si alguien quiere viajar de Panamá a Venezuela, tiene que ir primero a Estambul o a La Habana y de ahí a Caracas. Esto es kafkiano, por lo absurdo. Sin embargo, la experiencia nos enseña que las aprehensiones ideológicas evitaron la ayuda de los Estados Unidos con ocasión del deslave de 1999. La población de Vargas fue muy afectada por esta decisión.

Como afirma Michael Levitt, Premio Nobel de Química, el coronavirus ya alcanzó el pico y está en bajada en aquellos países con buenos sistemas de salud y que tomaron las medidas acertadas. Países exitosos han sido Corea del Sur, Singapur, Taiwan, Australia y Nueva Zelanda, los cuales disponen de robustos sistemas hospitalarios y no politizan la salud pública.

La lucha contra la pandemia en nuestro país debe ser dirigida por un grupo de médicos venezolanos que permita orientar a la población con eficiencia. Dejar esto en manos de políticos marcados por el dogmatismo ideológico no puede ser una solución. Al contrario, habría que integrar un equipo en el cual participen el Instituto de Medicina Tropical de la Universidad Central de Venezuela, la Federación Médica Venezolana y la Sociedad Venezolana de Infectología, entre otros, para llevar a cabo el plan sanitario de emergencia que se requiere. La improvisación debe dejarse de lado en obsequio de la seriedad y la prudencia.

Ante esta crisis debe privar la unidad, el compromiso con Venezuela y se deben dejar de lado las solidaridades ideológicas. Todo ello basados en la verdad y la transparencia. Si la dictadura china, en lugar de amenazar y reprimir a Li Wenliang, hubiese escuchado su advertencia, otra sería la situación. Esto demuestra que el combate contra el coronavirus no es ideológico.

Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/36572-covid-19
Ilustración: Jeremy Geddes.
Cfr.
https://www.diariolasamericas.com/mundo/venezolana-desarrolla-prueba-rapida-deteccion-del-coronavirus-n4195169
https://twitter.com/cristiancrespoj/status/1241026103596199937

viernes, 18 de mayo de 2018

GENUINO LEGADO

Actualidad
Humberto Njaim, ciencias políticas y derecho constitucional
Ramón Escovar León

“Yo veía en García-Pelayo que se podía ser elegante y, sin embargo, sobrio, que se podía ser preciso sin ser árido”, afirma Humberto Njaim en su trabajo titulado “Del deslumbre al oficio. Testimonio de un discípulo de García-Pelayo” en Libro homenaje a Manuel Garcia-Pelayo, Caracas, UCV, 1989, T. I, p. 11. Pero el profesor Njaim no solo aprendió del pensador español el estilo elegante y preciso sino también el arte de nadar con soltura entre la teoría política y el derecho constitucional. Esta destreza fue del dominio de intelectuales como Carl Schmitt y Manuel García-Pelayo, que produjeron una obra de necesaria lectura sobre dichas materias, de la cual se nutrió Njaim.

Humberto Njaim nos dejó el pasado 5 de abril del 2018 y por eso conviene presentar sucintamente la importancia de su pensamiento, sobre todo en estos momentos de aniquilamiento de las libertades y de la democracia.

Un mes antes de su partida, el 6 de marzo, lo visité en su casa del Club Hípico para entregarle un libro que le había ofrecido: Carl Schmitt pensador español, de Miguel Saralegui. Escogí esa obra por el profundo conocimiento que tenía Njaim acerca del pensamiento del polémico autor alemán. Schmitt ejerció una gran influencia sobre los constitucionalistas y politólogos españoles, entre ellos Manuel García-Pelayo, quien fue maestro de Njaim —y de una generación de politólogos de la Universidad Central de Venezuela—. El pensador español estudió en detalle la obra de Schmitt y las ideas de este fueron punto de partida de sus reflexiones. No obstante, García-Pelayo se apartó de los planteamientos políticos del alemán, debido a su tránsito por el nazismo (Schmitt salió ileso del juicio de Núremberg, pero luego de su autocrítica quedó marginado por un tiempo). En vista de esto, le propuse a Njaim que dirigiera un seminario ad hoc para un grupo de amigos que sentían curiosidad por estudiar la obra del pensador alemán. Este proyecto se quedó en el camino, por la sorpresiva y dolorosa partida del sabio venezolano.

Diego Bautista Urbaneja afirma que para quienes se formaron bajo el manto intelectual de Manuel García Pelayo, en el Instituto de Estudios Políticos de la Universidad Central de Venezuela, hubo “una referencia teórica distintiva: la de Carl Schmitt” (“El proceso constituyente venezolano de 1999 y el concepto de lo político de Carl Schmitt”. En: Constitución y constitucionalismo hoy. Caracas, Fundación Manuel García-Pelayo, 2000, p.763). Si uno se adentra en las estratagemas de los totalitarismos —como el socialismo del siglo XXI—, se encuentra con algunos criterios políticos del autor alemán. En efecto, Schmitt propone la existencia de un poder absoluto del Estado sin pluralismo político, y estas son posiciones cuestionadas del alemán, entendidas como justificación del totalitarismo. Se siente el aroma schmittiano desde las sentencias de la extinta Corte Suprema de Justicia en las que se diseñó el concepto de supraconstitucionalidad que permitió colocara a la Asamblea Nacional Constituyente de 1999 por encima de la Constitución; sentencias que dieron fundamento a lo que nos condujo a este totalitarismo socialista.

Lo anterior fue lo que pretendí destacar en un artículo publicado en Prodavinci “El dilema amigo-enemigo y el síndrome del ‘enemigo externo’”. Este dilema amigo-enemigo es esencial para la definición de lo político, según Schmitt. Y es fundamental porque el mismo aplica en las estructuras dictatoriales como la venezolana. Desde que Hugo Chávez llegó al poder, todo el discurso político que discrimina a quienes no comparten las ideas del marxismo trasnochado se reduce a categorizarlos como “enemigos” que deben ser aniquilados. Para ello existen adjetivos calificativos como “traidores a la patria”, o “derecha explotadora”. Este dilema justifica en la Venezuela del socialismo del siglo XXI la elaboración de leyes para someter al “enemigo”, como la ley contra el odio.

Por su parte, Humberto Njaim en su trabajo de incorporación a la Academia de Ciencias Políticas y Sociales, titulado La democracia participativa, de la retórica al aprendizaje, calificó a Manuel García-Pelayo como “maestro de la vida”; y colaboró con él en la fundación de la Escuela de Estudios Políticos de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad Central de Venezuela. En este ensayo de Njaim se advierte su preocupación por la vinculación entre el poder constituyente y la manipulación de la participación popular. En este sentido, afirma: “La participación sería tolerada en la medida en que no obstaculizara la intención hegemónica y si lo hacía tendría, entonces, que ser arrollada” (p. 109). Por eso predicó “la necesidad de elevar el grado de reflexión política y constitucional en nuestro país”, lo que es necesario para poder tomar decisiones acertadas sobre la base de lo esencial sin detenerse en lo adjetivo.

Sus reclamos sobre las imprecisiones del actual texto constitucional fueron proféticos de lo que ha ocurrido en el presente. Así advirtió tempranamente sobre los atropellos perpetrados a la sombra de las excesivas facultades de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, y esto quedó plasmado en su trabajo Sociedad civil y democracia participativa.

El estudio del proceso constituyente del año 1999, que debe apreciarse como uno de los más sofisticados golpes de Estado jamás visto —y que Curzio Malaparte en su Técnica del golpe de Estado no pudo siquiera imaginar—, no escapan al agudo ojo de Njaim. Este asombroso proceso se inicia con la sentencia del 19 de enero de 1999 de la Sala Político Administrativa y continúa con un congresillo que nadie eligió pero que asumió funciones legislativas. Nada de esto podía ser examinado bajo la lupa del jurista y requería la aguda visión del politólogo; Njaim poseía ambas.

Todo esto importa para entender la nueva propuesta electoral de Nicolás Maduro, contenida en el “Plan de la Patria 2025”, que es su programa de gobierno para el período 2019-2025, con el cual se pretende sustituir la república por un Estado comunal. Si bien la Constitución de 1999 contiene el síndrome del gendarme necesario, con el exceso de poderes que otorga al presidente, también consagra el Estado de derecho y de justicia y el pluralismo democrático. Constitucionalmente no puede ser establecido un Estado comunal, que no es otra cosa sino una réplica del modelo comunista cubano en Venezuela.

El sistema presidencialista se concentra poderes y facultades que lo individualizan en forma desproporcional, lo que entraña un desequilibrio en las vigas maestras del constitucionalismo venezolano. Esto nos permite reflexionar sobre la revisión del sistema presidencialista para sustituirlo por una democracia parlamentaria, como lo ha sugerido el profesor José Amando Mejía (El Nacional, 10.4.2002, p. A-10).

El maestro Humberto Njaim deja una obra relevante, escrita bajo la técnica del ensayo sobre diversos temas, como el derecho constitucional, la filosofía política, los partidos políticos, la cultura de la corrupción, la participación y los sistemas electorales. Por eso, he propuesto a las autoridades de la Universidades Metropolitana, Central de Venezuela y Católica Andrés Bello la publicación de toda la obra de este sabio, que se encuentra dispersa para hacerla accesible a estudiantes e interesados. Se trata de un cuerpo doctrinal original y que nos permite entender este proceso devastador que ha significado la era del chavismo; y, además, escrito con un lenguaje claro, “elegante y sobrio” como le enseñó su maestro Manuel García-Pelayo.

Con su brillante obra, Humberto Njaim contribuye a elevar el tono de la “reflexión política y constitucional” de los venezolanos. No es poca cosa en estos momentos trágicos de la vida nacional.

Fotografía:https://www.scoopnest.com/es/user/VillegasPoljak/982455944671002625-con-el-respeto-que-merecen-las-ideas-opuestas-lamentamos-el-fallecimiento-del-profesor-humberto-njaim-miembro-de-la-academia-de-ciencias-sociales-y-destacado-discipulo-del-insigne-catedratico-manuel-garcia-pelayo
Fuente:
https://prodavinci.com/humberto-njaim-ciencias-politicas-y-derecho-constitucional/