jueves, 2 de julio de 2020

TERRORISMO

El gansterato
José Rafael Herrera 

“En la historia no se producen milagros. Los milagros los hacen los dioses.
Los hombres son los que, actuando de acuerdo con las circunstancias y
fijándose metas claras, conducen la historia”.
Rómulo Betancourt

Los virus están “muertos” hasta que encuentran un agente vivo del cual se nutren, corrompen y destruyen. Un gánster es un hampón profesional, un maleante “de carrera” —un “muerto viviente”— que forma parte de una organización criminal que se va introduciendo en las células del tejido de un determinado organismo social hasta infectarlo, corromperlo y extinguirlo. Es lo más similar a una virosis letal, y puede llegar a convertirse en la pandemia del Ethos de toda una formación social, e incluso de una totalidad histórica. De hecho, se va apoderando de ella y, poco a poco, la va enfermando y consumiendo. Va menguando sus fuerzas hasta que la destruye por completo. Y, al igual que las células malignas, potentes y mortales, logra, astutamente, engañar al organismo entero, introducirse en los tejidos que conforman la anatomía de su ser y de su conciencia, aparentando ser lo que no es. Un gánster puede llegar a hacerse pasar por un empresario, un gremialista, un juez, un ideólogo, un religioso, un político o un militar. Se encapucha, se mimetiza y se “arrancha”, para terminar dando rienda suelta a su función destructora. El gansterato que saquea y mantiene secuestrada a Venezuela —y tal vez a buena parte de Occidente— es justo eso: una pandemia mortalmente infecciosa y agresiva que, en estricto sentido, la está conduciendo a los brazos de la muerte.

En 1978, Sofía Ímber y Carlos Rangel entrevistaron al expresidente Rómulo Betancourt para el programa Buenos días, de grata recordación tanto por su calidad intelectual como por la profundización en temas y problemas que, cada mañana, contribuían con el enriquecimiento del debate político y cultural de un país sano, próspero y auténticamente democrático. En aquella entrevista, Betancourt afirmó estas reveladoras palabras, que bien vale la pena transcribir, a los efectos de comprender en detalle contra quiénes se enfrentan las fuerzas democrática de lo que va quedando de país:

“Vivimos en un mundo en el que se ha establecido una internacional del terrorismo. Aquí mismo en Venezuela, tenemos el triste privilegio de haber establecido la célula matriz de ese terrorismo que está conmoviendo al mundo, porque en los años sesenta, cuando se estaban secuestrando aviones, cuando se secuestró a Di Stéfano, cuando se secuestró al coronel Smoller, cuando se asesinó de forma tan cruel como asesinaron a Moro, al señor Iribarren Borges, cuando se asesinó al abogado Seijas, cuando se trató de asesinar al general Moreán Soto. Esos son los antecedentes del terrorismo este que ahora está conmoviendo al mundo. Fue en la época de mi gobierno y en la época del gobierno de Leoni. Y todo eso en Europa lo registraba la prensa como una manifestación del pintoretismo latinoamericano. El terrorismo había comenzado en América Latina, porque era un trasplante del terrorismo cubano. La llamada Revolución cubana fue dirigida por un grupo de pistoleros que se iniciaron no leyendo libros de teoría marxista, no haciendo proselitismo político, no organizando partidos políticos, sino como jefes de bandas universitarias de secuestradores. El señor Fidel Castro es el personaje a quien describe Rómulo Gallegos como Justo Rigores en su novela cubana Una brizna de paja en el viento. Justo Rigores —Fidel Castro—, tal como se lo describió a Gallegos su entonces adversador Raúl Roa —profesor universitario—, era jefe de un bonche universitario, de gente que estaba en un filo de cuchillo entre el Robin Hood de la leyenda inglesa, perseguidor de los ricos en favor de los pobres, y el atracador puro y simple. Esos métodos fueron trasladados a Venezuela por los agentes del quintacolumnismo castrista en nuestro país”.

Betancourt describe, con extraordinaria precisión, los orígenes de la terrible pandemia que, ya desde los inicios mismos del régimen democrático en Venezuela, amenazaba de continuo, una y otra vez, con expandirse y enfermar gravemente la otrora nación, que ya hoy no existe. Y así, en un momento de defensas bajas, con buena parte del virus ya expandido entre una población que fue premeditadamente conducida a su contaminación, a consecuencia del cobijo que encontrara entre poderosos —e inescrupulosos— sectores resentidos, parasitarios, habituados a vivir de los “recursos preferenciales” del Estado, y que vieron en serio peligro los intereses de sus jugosas ganancias, el país terminó en manos de una organización criminal oculta bajo los ropajes constitucionales. En nombre de una “nueva república” se fue acabando sistemáticamente no con la “vieja república”, como se anunciaba, sino con la idea republicana misma y, consecuentemente, con su valiosa objetivación institucional. En su lugar, el hampa gansteril se fue apoderando de todo, destruyendo las fibras vitales del país entero, hasta llevarlo a su completo desfallecimiento y poniéndolo al servicio de los negocios del narcoterrorismo internacional. Ahora la pandemia, planificada y propagada desde el comienzo por Justo Rigores, amenaza con expandirse a todo el Occidente, hasta hacerlo “morder el polvo”, ponerlo de rodillas, intoxicándolo, mientras “el bonche”, del que hablaba Betancourt, se enriquece grosera y grotescamente, en nombre del “pueblo” y de la “revolución”.

Una vez más, Betancourt —quien, por cierto, sí que sabía de teoría y praxis política— tenía razón: no son políticos, en el sentido clásico del término. No se “iniciaron leyendo libros de teoría marxista” ni “organizando partidos políticos”. Son criminales —“pistoleros”, dice Betancourt—, como lo demostraran con fehaciente saña en aquel aciago Puente Llaguno o, más recientemente, con los asesinatos de Oscar Pérez y de Fernando Albán, entre tantos otros. No conforman uno de los extremos de una supuesta relación de polarización, ni son “la izquierda” respecto de “la derecha”. No son el término opuesto, el otro polo. Más bien, son lo distinto que percibe al otro no como su opositor sino, precisamente, como el “no-polo”, el no-existente, la nada. No hay negociación posible con quien se representa al otro no como su adversario político sino como su “enemigo de clase”, “a muerte”. Ni puede haber un “manejo político” de una relación impolítica. Que Luciano o Capone, Escobar o el “Chapo” incursionaran en el escenario político no significa que lo fueran efectivamente. Hace tiempo que las FARC o el ELN abandonaron los llamados “principios” para deslizarse cada vez más hacia el malandraje narcoterrorista. Las pandemias no se curan con hand sanitizer. Y hace mucho tiempo quedó atrás la etapa de las medidas preventivas. El mal está aquí y todo lo contagia sin contemplación. Todo lo va destruyendo a su paso. No conviene esperar milagros. Solo queda la decisión de combatirlo prescribiendo unidad y exigencia de justicia. Lo que solo con virtus se podrá concretar.

02/07/2020:

PROPUESTA CONCRETA

Quitarle piso jurídico a las parlamentarias
Perkins Rocha 

Los temores que se ciernen sobre el inicio de un proceso electoral para escoger una nueva Asamblea Nacional recrudecen. Hay una avanzada que forma parte de una estrategia global del régimen de mutar su apariencia externa hacia una nueva fase organizacional que le permita resistir y sobrevivir la tercera década de su existencia. Solo digo “apariencia”, pues en sus propósitos no está modificar su núcleo, el mismo que ha ido en veinte años depurando progresivamente, hasta llegar a lo que es hoy, una organización delictual sostenida por un entarimado de extensas complicidades internacionales, políticas y económicas, todas vinculadas a un ecosistema criminal, en las que el terrorismo y el narcotráfico integran junto a otros factores los ingredientes de un perverso cóctel.

Sin embargo, las sanciones económicas internacionales que desde Estados unidos y Europa se han impuesto, han permitido develar claramente el rostro de la bestia. Urge por tanto, para el sistema de poder que oscuramente habita tras Maduro, cambiar la fachada del régimen.

La experiencia de convivir con un Parlamento que, a pesar de su lenta agonía –marcada desde la temprana declaratoria de desacato– pudo resistir y crear las bases para una ambiciosa forma de ejercer la oposición, que al principio deslegitimó poderosamente al régimen, gracias al resurgir que de las cenizas hubo el 23 de enero del 2019 –cuando Juan Guaidó asumió, mediante una interpretación constitucional principista y prorrepublicana, el ejercicio de la presidencia interina– hizo que se le estampara internacionalmente a Maduro la imagen de invasor de la soberanía nacional y de presidente “tapa amarilla” de la cual no ha podido zafarse.

Consciente de su deterioro, el régimen necesita un hecho a partir del cual poder construir una imagen amable de totalitarismo competitivo, que brinde espacios de discusión a sus eternos adláteres mundiales y así allanarles el camino de su defensa mundial, precisamente en un momento en el que las mayorías de los gobiernos occidentales tejen nuevos modelos de “estados policiales” que justifiquen en tiempo de pandemias, invasiones a la privacidad y constricción de las libertades individuales. En este escenario se le abre al chavismo –tanto al histórico como al madurismo, hijo natural de aquel– una oportunidad única con las elecciones parlamentarias:de transar con un sector de la zoología opositora unos comicios electorales que otorguen al régimen un Parlamento dócil y al mismo tiempo desbanquen la presidencia interina.

La única manera de enfrentar esta arremetida del régimen, que junto a una oposición cohabitadora se ha lanzado a la aventura de llevar a cabo unas elecciones parlamentarias precisamente en medio de una usurpación presidencial, aún lejos de su cese, es trabajar una matriz de opinión  ciudadana que pueda enfrentar con argumentos jurídicos y políticos la falacia de que “este año tocan obligatoriamente elecciones parlamentarias”, lo cual política y constitucionalmente no es cierto. Para ello, es fundamental derrumbar algunos infundados mitos compuestos tanto por el oficialismo como por la oposición cohabitadora.

Entre otros, aquel que infundadamente afirma que los actuales diputados llevan cinco (5) años en el ejercicio efectivo de sus funciones, tal como aspira la Constitución se haga, de conformidad con el artículo 192. Por el contrario, el presente Parlamento prácticamente desde el inicio de su instalación, ha estado despojado fraudulentamente del ejercicio de sus funciones y asfixiado financieramente por el régimen de Nicolás Maduro, para quien esta institución, al no haber “acatado” las órdenes del TSJ ilegítimo, merece su extinción.

Lo cierto es que,  mediantes actos de fuerza, Nicolás Maduro, coludido con el TSJ ilegítimo, ha obstaculizado el normal funcionamiento de la Asamblea Nacional con más de 100 fallos de apariencia judicial, afectando su funcionamiento ordinario, declarando la nulidad de todas las leyes y otros actos normativos por ella dictados; y con el concurso de la FANB, ha mancillado a los diputados en el ejercicio diario de sus funciones, tolerando la agresión física contra ellos por bandas de civiles armados, que han impedido su libre circulación y hoy los mantienen  sesionando clandestinamente, fuera de su sede natural, entre otras viles acciones consentidas.

Surge en consecuencia, como deber inaplazable de la ciudadanía y de todos los factores políticos, respaldar el rol democrático que institucionalmente representa la actual Asamblea Nacional, y a aquellos diputados que han permanecido fieles a sus principios e inalterables ante los ataques del régimen y de la corrupción organizada especialmente por el “clan alacrán”. Por ello se impone, pedirle a la actual directiva de la Asamblea Nacional y al resto de los diputados que legítimamente sesionan fuera de su espacio natural –por culpa del régimen y de algunos parlamentarios traidores a la patria–, que de conformidad con el poder que le otorga el artículo 20 del Estatuto para la Transición, procedan cuanto antes a prorrogar excepcionalmente el lapso de duración de las funciones de los actuales diputados, por el tiempo que medie hasta que se logre el definitivo cese de la usurpación que en la Presidencia de la República mantiene Nicolás Maduro Moros junto al régimen  que lo acompaña.

Tengo serias críticas al desempeño no solo del Parlamento Nacional sino del ejercicio errático que del gobierno interino ha hecho Juan Guaidó. No haber encontrado fórmulas efectivas para amalgamar la fuerza interna ciudadana que aún habita en el venezolano con los momentos en que la comunidad internacional estuvo dispuesta a ejecutar compromisos multinacionales, debidamente pactados para asumir responsablemente la obligación de asistirnos humanitariamente y liberarnos políticamente del yugo tiránico que nos oprime, es mi mayor queja y distancia. Sin embargo, visualizo el horizonte y pondero la inconveniencia de permitir unas elecciones parlamentarias, mediante las cuales, se legitime una suave manera delictual de mantener un Estado totalitario, bajo formas aparentemente democráticas.

02/07/2020:

ANIVERSARIO

Hace 50 años nació la Asociación de Profesores de la USB
William Anseume

Justo hoy se cumplen cincuenta años del surgimiento de la Asociación de Profesores de la Universidad Simón Bolívar. A seis meses de haberse fundado la universidad, los profesores de entonces - yo aún no estaba siquiera estudiando mis cursos primarios- decidieron darle forma y actividad a un gremio que defendiera sus derechos.

El proceso, al inicio no tan pesaroso como resulta este tramo que hoy padecemos en la vida universitaria venezolana en general y muy en particular en la USB, debió haber estado consustanciado con lo que significaba la fundación de una universidad científico-tecnológica: "La universidad del futuro". En medio de un ambiente propicio para el desarrollo de la educación en Venezuela; se generaban universidades valiosas y de les aportaba suficente apoyo financiero, se les dotaba de terrenos, de edificaciones, de equipos, de materiales, de laboratorios. Igual ocurría con el gremio. La USB era, en su nacimiento y posterior desarrollo, una institución abiertamente consentida por el Estado venezolano y los gobiernos en alternancia democrática. La aridez -palabra suave que no denota esta agonía prolongada- en estos últimos veinte años largos se apoderó de la educación en Venezuela en medio de esta destrucción en todos los órdenes: político, social, económico, cultural, educativo, moral... La Asociación de Profesores no escapó a esa paulatina pero programada degeneración implantada en nuestro país.

Pero, aquí nos tienen a los integrantes de nuestra Junta Directiva, a los profesores en general, en la USB y en todo el territorio nacional, defendiendo nuestros derechos, en el terreno que sea: en las reuniones ministeriales para los acuerdos y desavenencias, más las segundas, desde luego, cuando estas juntas buscando acuerdos aún se podían llevar a cabo. Incluso con un ministro abrazándonos hasta  casi cargarnos, sí del régimen. O, en la bochornosa ocasión en la que un viceministro, andino, según él, nos recibió con una bandera cubana en su escritorio como único símbolo de poder en su enorme oficina de La Hoyada; también enfrentando despropósitos laborales, sociales o políticos en las calles de Caracas o el interior del país. En las marchas de protesta, en las huidas de las persecuciones hasta acosados por las malhadadas bombas lacrimógenas o los agentes represivos, los esbirros de la tiranía. En las visitas a los presos políticos universitarios y los otros; en las firmas de acuerdos, en las diatribas con o en la FAPUV; con las autoridades universitarias, en la escritura o apoyo de manifiestos, comunicados, notas, artículos, en los programas de radio que hemos sostenido: Ondas Universitarias por Radio Capital (tristemente desaparecido) y ahora La voz universitaria por Radio Comunidad. Com. En la asistencia divulgativa en programas de televisión o ruedas de prensa, o en otros programas radiales. En la más reciente pelea por la Autonomía Universitaria en la única Asamblea Nacional. Ahí ha estado ondeando la bandera, la franela o la gorra, la figura o la voz, la palabra o la accion que identifica a un miembro por lo menos, o  muchos, múltiples veces, de la APUSB.

Son 50 años y serán muchos más. Hasta el rescate de la libertad, cuando pueda volver a discutirse humanamente acerca de la situación laboral universitaria, en medio de una vida democrática y de libertades. ¿Cómo negarlo? En la APUSB he aprendido un mundo acerca de relaciones humanas, de carencias y amplitudes; he crecido mucho más en mi existencia como profesor, como ser. He desarrollado una más profunda conciencia política. Es buena escuela el gremio universitario. Me honra y estoy altamente agradecido con la vida y mis compañeros profesores de estar al frente, junto a los otros directivos, en esta ardua pelea por la universidad y el país. La APUSB seguirá la lucha sin desmayo. Habrá sin duda mejores momentos en lo venidero. Saldremos de estos atolladeros, como también, con lo tal vez ínfimo de nuestra ayuda, lo hará el país.

02/07/2020:
http://www.opinionynoticias.com/noticiaseducativas/37214-apusb

UN GREMIO SINTONIZADOR

El profesorado de Sartenejas ha marcado una pauta en la defensa de la libertad

Con motivo del 50º aniversario de la fundación de la Asociación de Profesores de la Universidad Simón Bolívar, el diputado Luis Barragán transmitió en nombre de la Fracción Parlamentaria 16 de Julio y de Vente Venezuela su reconocimiento al gremio.

“Versamos sobre una asociación profesoral que ha destacado no sólo en la lucha sostenida a favor de la autonomía universitaria, sino de las libertades públicas en Venezuela con los riesgos que comporta. Ha marcado una pauta respecto a todos los gremios docentes y estudiantiles del país, fijándoles un horizonte distinto al combate cívico que por estos años hemos desplegado los ciudadanos: no olvidemos que es la asociación que hizo de la Universidad Simón Bolívar un extraordinario referente del 350 constitucional, desde 2017”.

El parlamentario agradeció los aportes a la APUSB al esfuerzo por sintonizar a la Asamblea Nacional con la dramática situación en la que se encuentran las universidades venezolanas, en su mensaje al profesor William Anseume y demás integrantes d la junta directiva.

“Son innumerables los aportes realizados, desde sendos proyectos de acuerdos hasta dos propuestas de leyes sobre la defensa de la autonomía universitaria y  la de simplificación de los procesos electorales para encarar algún días elecciones autonómicas de acuerdo al artículo 109 constitucional en abierto desafío al régimen socialista. Agradecemos que la APUSB nos haya acompañado in situ en todos los debates que hemos dado sobre la materia en la Asamblea Nacional, ocupando incluso la tribuna de oradores en nuestras sesiones”.

02/07/2020:

TEMARIO CASTRENSE

De pensamiento militar venezolano
Luis Barragán

Gracias a la generosa invitación formulada, asistimos a una extraordinaria actividad académica relacionada con el pensamiento militar venezolano. Los profesores Froilán Ramos y José Alberto Olivar, nos  aproximaron a una materia que despertó el interés de un estudiantado al que lo sorprendió tan injustamente el siglo XXI.

Una disertación sobria y sencilla que nos introduce al tema (https://zoom.us/rec/share/v-pXIeHd1kJLZNLKwUTcC7w8Jdncaaa82nQb-6AOzR0giOgcBcqtzr0xAgrBWcKR  Access Password: 5R^0J6L7), actualiza la importancia que cobrará el sector defensa en el país post-dictatorial. Y que no debe, por cierto, dar lugar a las improvisadas posturas y pareceres que también facilitaron su descomposición a tal punto que nos hizo presa fácil de los intereses cubanos, como implícitamente  señaló el profesor Ramos.

En las postrimerías del actual mandato legislativo que, a nuestro juicio, puede prolongarse de no hacer unas elecciones convincentemente limpias y transparentes que autorice y legitime el reemplazo de la actual Asamblea Nacional, el ponente sugirió algunas pistas muy importantes para ponderarla respecto al tema militar. Desde 2000 hasta el presente, con las excepciones de rigor, el discurso parlamentario ha sido descaradamente  propagandístico y prosopopéyico en la órbita oficialista, y obstinadamente convencional en la opositora.

Lo anterior significa que el liderazgo político venezolano debe sintonizar con la vigorosa corriente académica que ha surgido, por estos años, en torno al pensamiento militar venezolano. Valga acotar, diferenciado de las relaciones civiles – militares, por lo que ya vemos la complejidad adquirida por una exigente disciplina de las ciencias sociales.

Al inevitable desempeño sociológico y politológco, el historiador reivindica su oficio, pues, esta aproximación reporta el polvo de estos lodos, enunciando los  orígenes de un marxismo que muchas veces intentó filtrar a la corporación castrense, hasta finalmente lograrlo. Quizá pueda  hablarse de la gravitación de una suerte de “doctrina militar infiltrada” que, al tocar sus límites, fijó los propios  del Estado Cuartel ya en crisis terminal.

02/07/2020:
Fotografía: Tomada de la red, años atrás. Se observa el beneplácito de los diputados de  entonces, al recibir la visita en el hemiciclo de un importante  miembro del Alto Mando Militar. Además de la otrora presidente de la Asamblea Nacional, se ve al segundo vicepresidente (José Albornoz), quien fue luego destituido como tal a raíz de una discrepancia pública con el PSUV: desde entonces, el ostracismo político ha sido extremo.

DEL NOMBRAMIENTO PARLAMENTARIO

Entonces, ¿votamos primero y averiguamos después?
Luis Barragán

Recientemente, la Fracción Parlamentaria 16 de julio salvó su voto en el hemiciclo virtual con motivo de las nuevas designaciones para la directiva de PDVSA. Además, como suele ocurrir, responsable y debidamente fundamentamos nuestra  postura (https://lbarragan.blogspot.com/2020/07/pdvsa-citgo.html). 

Muy pocas horas antes, nos remitieron los nombres y síntesis curriculares de dos de las personas postuladas y, en medio de la sesión, supimos de la  identidad de la tercera. Faltando poco, recibimos la noticia de una emisión de bonos por CITGO que francamente nos sorprendió, desconociendo las condiciones y términos de una materia tan delicada que requiere de tiempo para su estudio y consideración.

La designación  de altos funcionarios por la corporación legislativa, por lo menos, sugiere  la adecuada estimación de la acreditación académica, trayectoria profesional y solvencia moral de los aspirantes, cubiertas las oportunidades para que otros ciudadanos  manifiesten y materialicen su interés en concursar en una selección que,  si bien es cierto, no requiere de la conformación  de sendos procesos de postulación, como ocurre con los titulares de otros órganos del Poder Público, no menos cierto es que el procedimiento ha de cumplir con las más elementales formalidades, incluso, en el caso de los nombramientos más expeditos.  En principio, nuestra negativa a votar favorablemente por los nombres sobrevenidos y finalmente aprobados por el G-4, no significa emitir ningún juicio de valor, sino que evidencia la falta a un elemental procedimiento del parlamento que, precisamente, debe, día a día, reivindicarse como tal.

De alegarse la urgencia de tales nombramientos, reconocida las dificultades de una labor eminentemente digital, imposibilitada la consulta individual de todos los diputados, ésta debió canalizarse con una razonable antelación, a través del coordinador de la fracción parlamentaria o el vocero calificado al que hemos confiado la materia que, en el caso de la 16-J, coinciden en la persona del diputado Omar González, respecto a los  asuntos petroleros. O, en relación a los aspectos financieros, al diputado Carlos Bastardo, pues, es comprensible que  haya una distribución de tareas y una determinada especialización de la labor parlamentaria que facilita el eficaz desempeño de la cámara; valga acotar,  sobre todo por la evidente opacidad de una operación de endeudamiento que ojalá no se una a otras ni siquiera declaradas, por no citar el régimen tan particular de las llamadas ayudas económicas.

Nos negamos a la insana práctica de votar primero y después, o muy después, averiguar las consecuencias de un ejercicio que, por encima de todo, es de responsabilidad ciudadana. En un sentido amplio, porque somos representantes de  la soberanía popular; y, en un sentido más restringido, porque representamos a  los accionistas de PDVSA y sus filiales: a todos los venezolanos, nada más y nada menos.

02/07/2020:
Cfr.