EL NACIONAL - Jueves 05 de Diciembre de 2013 Opinión/8
Aquella derrota
COLETTE CAPRILES
Es muy poco posmoderno, pero lo cierto es que aún hay hambre de definiciones y mientras lo que sucede en Venezuela pueda seguir apareciendo, sobre todo ante ojos internacionales, como un típico mal gobierno latinoamericano con mucha plata, corruptísimo y gordinflón, pero con cierta voluntad redistributiva para "enfrentar" la pobreza, la buena conciencia mundial quedará apaciguada y mirará hacia otros rincones. Mientras tanto, aquí adentro, la cuestión ontológica o la pregunta acerca de qué es esto y hacia dónde va, adquiere una urgencia subrayada por estas elecciones que, además de su importancia intrínseca, podrían ser las últimas en años, o incluso ser las últimas a secas, si se avanza lo suficiente en la instauración de las comunas.
Por supuesto, no hay ninguna categoría política que albergue cómodamente esto que vivimos, como puede dolorosamente comprobarlo cualquiera que pretenda explicarlo ante una audiencia incluso bienintencionada. En realidad las etiquetas con las que suelen describirse los regímenes políticos no son terriblemente exactas y cada caso parece único.
Habría que aspirar simplemente a encontrar el "aire de familia" y marcar más bien las diferencias y las metamorfosis. Sobre todo, considerando que lo propio de la experiencia política del siglo XXI es la fetichización de la democracia, lo que exige a las autocracias la habilidad de mimetizarse jugando peligrosamente con los bordes grises de las instituciones democráticas.
Hay gente que piensa que la obsesión electoral del chavismo podría ser un ejemplo de ese juego perverso con las formas democráticas, pero creo que por el contrario, las elecciones eran sustantivas, en el sentido de que la legitimidad carismática exigía una "prueba" constante que los resultados electorales podían proveer. En estos días se cumplieron siete años de la increíble derrota de la propuesta de reforma constitucional y es muy fácil recordar la frustración personal, la herida narcisista (y su correlato, la ira incontenible) que padeció el fallecido presidente en aquella ocasión.
Los objetivos políticos que perseguía esa reforma se cumplieron por otros medios, arteramente, pero estos exigieron a su vez ratificación popular directa o indirecta mediante otras elecciones.
Por supuesto, el mero hecho de negarse a escuchar la sustancia del veredicto del pueblo en aquella ocasión, pervirtiéndolo, revela el talante del extinto presidente y la calidad que quiso imprimirle al acto electoral: parecería que las elecciones funcionaban como espejo e instrumento del carisma, más que como ejercicio de la voluntad popular. Ese esquema ya no se sostiene por razones obvias, y los comicios adquieren un sentido distinto. Se parecen más a una oportunidad de juzgar al gobierno, de apoyarlo o de repudiarlo, en bloque o localmente. Quizás, en la perspectiva de lo interno del régimen, se juegue de nuevo la legitimidad de Maduro como "primus inter pares" en el archipiélago Chávez. Es deprimente, en todo caso, que la táctica electoral de Maduro haya sido afirmarse como flamígero agente del control y la represión, sobre todo por lo que esto revela de lo que el chavismo espera de un presidente.
Más que puesta en práctica de un silabario leninista, lo que hay es un ejercicio de autoridad. Como dicen los críticos desde el chavismo, la revolución no ha avanzado nada en la eliminación de la propiedad privada de los medios de producción. No ha afectado la propiedad en general, es cierto, pero está suspendiendo el mercado como mecanismo de asignación de recursos. Las transacciones entre privados están ya o estarán pronto intermediadas por el Estado que será el único fijador de precios: la propiedad seguirá existiendo, pero no tendrá valor alguno fuera del arbitrariamente fijado por el funcionario. Esa discrecionalidad es la "autoridad" a la que Maduro aspira y que sin duda corresponde al imaginario de poder del chavismo.
Y contra esto y el mal gobierno local, vamos a elegir alcaldes y concejales. Vamos a dar juicio sobre el régimen. Vamos a enviar el mensaje de resistencia y afirmación de la democracia y las libertades.
Fotografía: http://internacional.elpais.com/internacional/2013/12/01/album/1385900051_894553.html#1385900051_894553_1385940042
jueves, 5 de diciembre de 2013
CULTO MINISTRO, CULTO
Gisela Kozak Rovero
Nos hemos acostumbrado a perder el país y un sinfín de detalles resultan nimiedades ante lo que estamos viviendo, pero no por parecer nimiedades lo son: aunque el estado publique millones de discos o de libros, reparta canaimitas y organice conciertos y funciones de teatro gratis, la verdad de la cultura venezolana es que cada vez la oferta de textos, música, espectáculos, televisión, radio y cine disminuye en variedad.
La radio y televisión estatales son un aparato de propaganda que excluye a la mitad del país con su programación sesgada ideológicamente. En materia de libros muy pocas novedades llegan del exterior habida cuenta del control de cambio con sus secuelas por todos conocidas; así mismo, se dificulta el trabajo de las editoriales no estatales por falta de papel y las bibliotecas universitarias están desactualizadas. La piratería afecta los derechos de autor tanto de extranjeros como de los propios venezolanos ante la vista gorda del Estado. Aunque el cine nacional está presente en las carteleras, la producción norteamericana predomina y nos perdemos en parte de lo mejor de la creación fílmica mundial. Siendo Internet vía preferente para conocer la producción internacional en el área cultural -pensemos en la música- tenemos conexiones inalámbricas de muy baja velocidad. Los espectáculos resultan muy caros y aquellos que son gratuitos dependen de las simpatías políticas del artista. En cuanto a museos la política de adquisiciones, de investigación y de exposiciones de artistas extranjeros dificulta el contacto directo con los movimientos internacionales.
Toda cultura se alimenta del intercambio con otras. La creatividad venezolana sigue de pie y tendrá que medirse con las serias amenazas a la actividad independiente que significa la Ley Orgánica de Cultura; pero la sociedad requiere de una oferta variada pues disponer libremente de las opciones culturales existentes en la nación y fuera de ella es un derecho humano. Las políticas de estado que controlan o pretende controlar la sociedad a punta de discrecionalidad, dogmatismo y ventajismo político conducen a la sumisión y al conservadurismo, a la pobreza intelectual y estética.
No es de extrañar lo que ocurre porque las políticas culturales están al servicio de los intereses del gobierno, no de la población.
Además, el ministro del Poder Popular para la Cultura, Fidel Barbarito, se entretiene visitando negocios con el fin de supervisar los precios de los artículos en venta. En esta cruzada épica del socialcorotismo chavista el ministro deja de ocuparse de temas esenciales de la cartera de la que es titular para entregarse a tareas nada compatibles con su cargo.
Mientras los malandros nos asaltan y la escasez de divisas atenta contra la creación y disfrute de la cultura, los policías vigilan las colas de la ciudadanía consumista y el ministro vive su asalto al Cuartel Coroto, en consonancia con su nombre. Pobre país.
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/17601-la-cultura-sin-ministro
Breve nota LB: La ilustración habla muy bien de los otros tiempos ya idos. El MACC era noticia.
miércoles, 4 de diciembre de 2013
AUTOEXIGENCIA
EL PAÍS, Madrid, 4 de diciembre de 2013
Renovar la política
JOAN BOADA
La pasada semana hemos tenido una buena noticia en el ámbito internacional: Silvio Berlusconi, mal llamado Il Cavaliere, ha sido expulsado del Senado italiano. El icono de la política corrupta, machista y populista ha perdido la protección parlamentaria y ahora podrá ser juzgado, condenado y encarcelado por sus numerosas causas pendientes. Por fin la justicia lo ha cazado. Pero, ¿por qué ha sido la justicia y no las urnas la que lo ha echado de la política? Veinte años gobernando y delinquiendo sin que la mayoría de ciudadanos italianos hicieran nada para botarlo. Un hecho que no llego a comprender, pero que no solo pasa en Italia sino que es extensible a la orilla norte del Mediterráneo y que en España y Cataluña brilla con luz propia.
Observemos qué pasa en nuestras latitudes. Según un estudio de la Oficina Antifraude de Catalunya, el 80% de los ciudadanos están en contra de la corrupción y una proporción similar cree que ha aumentado. Luego, si somos conscientes de esta triste realidad, ¿por qué continuamos votando a esos individuos y partidos que han de gestionar el presente e imaginar el futuro?
En el País Valencià, los imputados, condenados y encarcelados podrían llenar la sede central del PP. Muchos de ellos estaban en las listas de las elecciones generales y autonómicas arrastrando la condición de imputados. A pesar de todo, los ciudadanos les dieron la mayoría absoluta. En Catalunya lo mismo: imputados en las listas de CiU, el propio partido con la sede central embargada por corrupción, y ganan las elecciones.
Hemos de ser críticos con los políticos, pero evitando caer en populismo y sin olvidar nuestro poder como ciudadanos
En Castellón y Ourense los ex presidentes de las dos Diputaciones han ejercido el cargo al estilo caciquil (también denominado mafioso). Han robado, engañado y comprado voluntades. Nada se movía ni se hacía en estas provincias sin ellos saberlo. Nadie los ha echado y la justicia les ha condenado levemente.
Nuestra democracia dista de ser participativa, simplemente la ciudadanía vota a las persones que quieren que los gobiernen cada cuatro años. Es la manera que nos permite rendir cuentas, la única forma de expresar nuestro apoyo o rechazo hacia unos políticos, unos partidos, unas políticas y un modo de hacer política.
Pero parece ser que no somos capaces de aprovecharlo. Si en el momento de ejercer el derecho a voto somos tan comprensivos con los políticos corruptos, por qué al mismo tiempo nos indignamos y les insultamos, les menospreciamos y les escupimos, alejándonos de ellos y de la política como si fuera la peste? El catedrático de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Barcelona, Quim Brugué, responde a esta pregunta en su libro, És la política, idiotes (que recomiendo con pasión), cuando afirma que “la democracia nos obliga a ser muy exigentes con los políticos, pero también con nosotros mismos como ciudadanos”.
Esta autoexigencia significa renovar la política. Estamos abordando problemas del siglo XXI con instrumentos del siglo XIX. Y esto nos aboca al fracaso. Pero no es la política la que explica este fracaso, sino una política incapaz de renovarse y de dignificarse. Hemos de ser muy críticos con la política y muy exigentes en su ejercicio, pero siempre desde su defensa.
¿Por qué continuamos votando a esos individuos que han de gestionar el presente e imaginar el futuro?
Por eso es tan importante apostar por un cambio de cultura política (la nuestra es escasa seguramente porque tenemos pocos años de experiencia democrática). Y eso solo se consigue desde la educación, no solo en las aulas, sino también en la calle. No solo desde las instituciones, sino también desde los medios de comunicación. En todos los ámbitos se tiene que invitar a la ciudadanía a participar, a decidir: referéndums como hacen en Suiza, iniciativas legislativas populares, presupuestos participativos a diferentes niveles, listas electorales abiertas, exigencia de transparencia en todos los ámbitos, públicos y privados.
Tener la mente abierta y un gran sentido de responsabilidad y ética para permitir experimentar e innovar con la participación, para aprender aprendiendo la importancia de formar parte de la política en tanto que todo es política.
No va ser fácil conseguir este cambio. No solo se arregla con leyes salidas de los parlamentos, hace falta un cambio cultural, que demos valor a la política ejercida desde la dignidad. Si metemos a todos los políticos en el mismo saco de la corrupción o la mentira, si no diferenciamos los buenos de los malos mediante nuestro voto, si no somos conscientes de nuestro poder como ciudadanos soberanos, corremos el peligro de rechazar la política, que ha sido nuestra fuerza civilizadora. Tal rechazo nos acerca al infierno de los pupulismos, de las salidas autoritarias, de los mesianismos que dicen tener la solución a todo.
Por eso hago mías las palabras de Brugué cuando concluye que “la política está destinada al fracaso cuando la ciudadanía renuncia a hacer política”. Por ahora está fracasando.
(*) Joan Boada Masoliver es profesor de Historia.
Fotografías: Remed & Okuda.
Renovar la política
JOAN BOADA
La pasada semana hemos tenido una buena noticia en el ámbito internacional: Silvio Berlusconi, mal llamado Il Cavaliere, ha sido expulsado del Senado italiano. El icono de la política corrupta, machista y populista ha perdido la protección parlamentaria y ahora podrá ser juzgado, condenado y encarcelado por sus numerosas causas pendientes. Por fin la justicia lo ha cazado. Pero, ¿por qué ha sido la justicia y no las urnas la que lo ha echado de la política? Veinte años gobernando y delinquiendo sin que la mayoría de ciudadanos italianos hicieran nada para botarlo. Un hecho que no llego a comprender, pero que no solo pasa en Italia sino que es extensible a la orilla norte del Mediterráneo y que en España y Cataluña brilla con luz propia.
Observemos qué pasa en nuestras latitudes. Según un estudio de la Oficina Antifraude de Catalunya, el 80% de los ciudadanos están en contra de la corrupción y una proporción similar cree que ha aumentado. Luego, si somos conscientes de esta triste realidad, ¿por qué continuamos votando a esos individuos y partidos que han de gestionar el presente e imaginar el futuro?
En el País Valencià, los imputados, condenados y encarcelados podrían llenar la sede central del PP. Muchos de ellos estaban en las listas de las elecciones generales y autonómicas arrastrando la condición de imputados. A pesar de todo, los ciudadanos les dieron la mayoría absoluta. En Catalunya lo mismo: imputados en las listas de CiU, el propio partido con la sede central embargada por corrupción, y ganan las elecciones.
Hemos de ser críticos con los políticos, pero evitando caer en populismo y sin olvidar nuestro poder como ciudadanos
En Castellón y Ourense los ex presidentes de las dos Diputaciones han ejercido el cargo al estilo caciquil (también denominado mafioso). Han robado, engañado y comprado voluntades. Nada se movía ni se hacía en estas provincias sin ellos saberlo. Nadie los ha echado y la justicia les ha condenado levemente.
Nuestra democracia dista de ser participativa, simplemente la ciudadanía vota a las persones que quieren que los gobiernen cada cuatro años. Es la manera que nos permite rendir cuentas, la única forma de expresar nuestro apoyo o rechazo hacia unos políticos, unos partidos, unas políticas y un modo de hacer política.
Pero parece ser que no somos capaces de aprovecharlo. Si en el momento de ejercer el derecho a voto somos tan comprensivos con los políticos corruptos, por qué al mismo tiempo nos indignamos y les insultamos, les menospreciamos y les escupimos, alejándonos de ellos y de la política como si fuera la peste? El catedrático de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Barcelona, Quim Brugué, responde a esta pregunta en su libro, És la política, idiotes (que recomiendo con pasión), cuando afirma que “la democracia nos obliga a ser muy exigentes con los políticos, pero también con nosotros mismos como ciudadanos”.
Esta autoexigencia significa renovar la política. Estamos abordando problemas del siglo XXI con instrumentos del siglo XIX. Y esto nos aboca al fracaso. Pero no es la política la que explica este fracaso, sino una política incapaz de renovarse y de dignificarse. Hemos de ser muy críticos con la política y muy exigentes en su ejercicio, pero siempre desde su defensa.
¿Por qué continuamos votando a esos individuos que han de gestionar el presente e imaginar el futuro?
Por eso es tan importante apostar por un cambio de cultura política (la nuestra es escasa seguramente porque tenemos pocos años de experiencia democrática). Y eso solo se consigue desde la educación, no solo en las aulas, sino también en la calle. No solo desde las instituciones, sino también desde los medios de comunicación. En todos los ámbitos se tiene que invitar a la ciudadanía a participar, a decidir: referéndums como hacen en Suiza, iniciativas legislativas populares, presupuestos participativos a diferentes niveles, listas electorales abiertas, exigencia de transparencia en todos los ámbitos, públicos y privados.
Tener la mente abierta y un gran sentido de responsabilidad y ética para permitir experimentar e innovar con la participación, para aprender aprendiendo la importancia de formar parte de la política en tanto que todo es política.
No va ser fácil conseguir este cambio. No solo se arregla con leyes salidas de los parlamentos, hace falta un cambio cultural, que demos valor a la política ejercida desde la dignidad. Si metemos a todos los políticos en el mismo saco de la corrupción o la mentira, si no diferenciamos los buenos de los malos mediante nuestro voto, si no somos conscientes de nuestro poder como ciudadanos soberanos, corremos el peligro de rechazar la política, que ha sido nuestra fuerza civilizadora. Tal rechazo nos acerca al infierno de los pupulismos, de las salidas autoritarias, de los mesianismos que dicen tener la solución a todo.
Por eso hago mías las palabras de Brugué cuando concluye que “la política está destinada al fracaso cuando la ciudadanía renuncia a hacer política”. Por ahora está fracasando.
(*) Joan Boada Masoliver es profesor de Historia.
Fotografías: Remed & Okuda.
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Silvio Berlusconi
APROXIMACIÓN (1)
EL NACIONAL - Miércoles 04 de Diciembre de 2013 Opinión/8
Mao vive
ANÍBAL ROMERO
Hace un par de semanas, en la ciudad de Londres, la policía reveló la existencia de tres "esclavas", quienes durante treinta años habían sido mantenidas en los confines de una casa, sometidas al dominio de una pareja que por décadas perteneció a los círculos de la izquierda británica. El líder del grupo, un personaje con ínfulas mesiánicas, fue director de un "Instituto para el estudio del marxismo-leninismo-pensamiento Mao Zedong". Las "esclavas" compartían de un modo u otro las expectativas utópicas de la secta.
Este caso pone de manifiesto el impacto del adoctrinamiento ideológico sobre numerosas personas, quienes a pesar de la evidencia que abrumadoramente demuestra el fracaso rotundo de ciertas creencias, en este caso de los desastres que el marxismo produjo y sigue produciendo hoy en varias partes del mundo, se rehúsan a admitir el error y siguen adelante, confiados en que un día a ellos les corresponderá establecer el paraíso en la tierra.
Ni hablar de la tragedia que significó Mao para China, así el régimen comunista preserve su cadáver embalsamado como objeto de culto, en un esfuerzo para legitimar el despotismo. Los millones de muertos por hambre y represión que arrojaron los experimentos delirantes de Mao, como el llamado Gran Salto Adelante y la demencial Revolución Cultural, no han sido suficientes para convencer a los socialistas de hoy acerca del horror que espera al final del camino a quienes se empeñan en no aprender de la experiencia.
Deseo destacar dos aspectos del tema con relación a Venezuela. Por un lado, la sencilla pero intrigante pregunta de por qué tenemos en nuestro país tanta gente de izquierda en general, y no pocos marxistas, leninistas y hasta maoístas en particular. De otro lado, la no menos enigmática interrogante sobre la escasa importancia que la dirigencia democrática concede a este asunto, negándose (con muy pocas excepciones) a atacar el socialismo y denunciar su presencia activa como uno de los elementos dinamizadores del caos bolivariano.
Las respuestas a tales preguntas se vinculan. En Venezuela, a diferencia de otros países, la cultura de izquierda no ha asimilado aún los embates de la realidad ni de una contraofensiva ideológica firme desde otras perspectivas socio-políticas.
Las universidades públicas se encargaron de crear generaciones de izquierdistas. Los que están en la oposición dicen: "Los chavistas no son de izquierda, sino fascistas", y los chavistas responden de igual modo.
Como me dijo un destacado profesor de literatura, a quien me topé en un pasillo universitario: "Aquí en Venezuela todos somos de izquierda, y la oposición también". Tenía razón, aunque no del todo, pues me eximo de esas veleidades (aunque una vez fui joven y, por tanto, inmaduro). Lo importante en todo caso es que la dirigencia democrática, que es predominantemente de izquierda y "progresista", desdeña con no poca frivolidad la tangible relevancia de la ideología en el contexto de las luchas políticas que tienen lugar en Venezuela. Hasta el tema de Cuba solo recibe atención secundaria y esporádica.
Al colocar el debate en el plano de la corrupción y la incompetencia del régimen, obviando el tema del socialismo y la dominación cubana, la oposición transmite este mensaje: "Somos lo mismo que los chavistas, pero en el gobierno no robaremos y lo haremos mejor". Aparte de superficial, se trata de un mensaje estéril y sin pegada comunicacional. Al hablar de "enchufados" y "bates quebrados" la oposición se mantiene en el más rudimentario de los niveles, ocultando el sol con un dedo.
Pieza: Martín Mancera (FIA, 2013)
Mao vive
ANÍBAL ROMERO
Hace un par de semanas, en la ciudad de Londres, la policía reveló la existencia de tres "esclavas", quienes durante treinta años habían sido mantenidas en los confines de una casa, sometidas al dominio de una pareja que por décadas perteneció a los círculos de la izquierda británica. El líder del grupo, un personaje con ínfulas mesiánicas, fue director de un "Instituto para el estudio del marxismo-leninismo-pensamiento Mao Zedong". Las "esclavas" compartían de un modo u otro las expectativas utópicas de la secta.
Este caso pone de manifiesto el impacto del adoctrinamiento ideológico sobre numerosas personas, quienes a pesar de la evidencia que abrumadoramente demuestra el fracaso rotundo de ciertas creencias, en este caso de los desastres que el marxismo produjo y sigue produciendo hoy en varias partes del mundo, se rehúsan a admitir el error y siguen adelante, confiados en que un día a ellos les corresponderá establecer el paraíso en la tierra.
Ni hablar de la tragedia que significó Mao para China, así el régimen comunista preserve su cadáver embalsamado como objeto de culto, en un esfuerzo para legitimar el despotismo. Los millones de muertos por hambre y represión que arrojaron los experimentos delirantes de Mao, como el llamado Gran Salto Adelante y la demencial Revolución Cultural, no han sido suficientes para convencer a los socialistas de hoy acerca del horror que espera al final del camino a quienes se empeñan en no aprender de la experiencia.
Deseo destacar dos aspectos del tema con relación a Venezuela. Por un lado, la sencilla pero intrigante pregunta de por qué tenemos en nuestro país tanta gente de izquierda en general, y no pocos marxistas, leninistas y hasta maoístas en particular. De otro lado, la no menos enigmática interrogante sobre la escasa importancia que la dirigencia democrática concede a este asunto, negándose (con muy pocas excepciones) a atacar el socialismo y denunciar su presencia activa como uno de los elementos dinamizadores del caos bolivariano.
Las respuestas a tales preguntas se vinculan. En Venezuela, a diferencia de otros países, la cultura de izquierda no ha asimilado aún los embates de la realidad ni de una contraofensiva ideológica firme desde otras perspectivas socio-políticas.
Las universidades públicas se encargaron de crear generaciones de izquierdistas. Los que están en la oposición dicen: "Los chavistas no son de izquierda, sino fascistas", y los chavistas responden de igual modo.
Como me dijo un destacado profesor de literatura, a quien me topé en un pasillo universitario: "Aquí en Venezuela todos somos de izquierda, y la oposición también". Tenía razón, aunque no del todo, pues me eximo de esas veleidades (aunque una vez fui joven y, por tanto, inmaduro). Lo importante en todo caso es que la dirigencia democrática, que es predominantemente de izquierda y "progresista", desdeña con no poca frivolidad la tangible relevancia de la ideología en el contexto de las luchas políticas que tienen lugar en Venezuela. Hasta el tema de Cuba solo recibe atención secundaria y esporádica.
Al colocar el debate en el plano de la corrupción y la incompetencia del régimen, obviando el tema del socialismo y la dominación cubana, la oposición transmite este mensaje: "Somos lo mismo que los chavistas, pero en el gobierno no robaremos y lo haremos mejor". Aparte de superficial, se trata de un mensaje estéril y sin pegada comunicacional. Al hablar de "enchufados" y "bates quebrados" la oposición se mantiene en el más rudimentario de los niveles, ocultando el sol con un dedo.
Pieza: Martín Mancera (FIA, 2013)
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Socialismo del siglo XXI
APROXIMACIÓN (2)
EL NACIONAL - Jueves 11 de Octubre de 2007 NACION/13
La realidad es así
JOAQUÍN MARTA SOSA
Nada más sencillo que creer en la realidad como un animal dócil que puede ser domesticado a voluntad y que sólo intereses infamantes se pueden oponer a transformarla, pese a las injusticias o infecciones de corrupción que esté sufriendo.
A partir de esta conseja, en la cabeza de algunos personajes, por buenas o malas razones, se desata la comezón de enarbolar la inconformidad tras la cual, si pueden, nos arrojan promesas, terremotos y estallidos. Pero, cuidado, éste es apenas uno de los rostros en el espejo.
El otro, como buen espejo, refleja la misma cara, pero invertida, con las facciones de quienes aseguran que la terrenalidad, tal como es, tiene su razón y sus causas, que por algo, ignoto, sí, pero inamovible, es la que es y nada puede perturbarla de su lugar ni siquiera unos milímetros. Quienes se apoyan en esta ordenanza son reacios a cualquier impronta reformadora arguyendo que a nada y a nadie beneficiará salvo al desorden.
Los primeros forman las tribus de los optimistas irredimibles, los segundos las de los pesimistas sin redención.
Para unos, basta con lucidez de conciencia y voluntad de acción para que nazca en la tierra el Paraíso. En el fondo se sienten pequeños dioses o grandes, depende del personaje, pues, en definitiva, se pasean por el tiempo y el espacio como si nada les estuviese impedido, como si su especificidad personal consistiera en hacer el mundo y sus realidades a la medida del cuerpo que su imaginación supura. Son esos grandes sastres de la Historia que, hasta hoy al menos, sólo nos provocan calamidades enormes con sus trajes hechos a la medida de sus fiebres y cogitaciones.
Los otros, los que combaten con fiereza para que las piedras del yermo o los árboles del bosque sean siempre los mismos por los siglos de los siglos, que no perezcan ni envejezcan, nos llevan en la procesión del Flautista de Hamelín rumbo a los charcos donde nos ahogaremos, y en esto la experiencia constatada es terca.
Algo de lo dicho es lo que vemos inundar las mesas de esta batalla en la que han metido de cabeza al país. Nada nuevo, por lo demás, a pesar de que algunos creen haber descubierto el secreto de los secretos, el de montar un país a imagen y semejanza de su puño y de su letra y ponerlo a andar. "Pintar un pájaro / es gran facilidá / abrirle el pico y que coma / esa es la dificultá", dice la sabia copla llanera que nada sabe o mucho, de teorías, imperialismos y oligarcas.
Así que hemos descubierto lo de siempre, que el menú de la historia que cocina nuestra especie resulta sólo un poco más variado, pero muy, muy poco, que el de cualquier otra. Pero, en fin, algo es algo. Es decir, el mundo y sus sociedades cambian, no tienen más remedio que hacerlo, pero las trazas y la ciudad donde arriba ese camino ni las escribe un elegido en la madrugada indigesta de cafeína en su escritorio ni las receta un fantasma desde las grutas del pretérito remoto. Él no puede ser sino la tarea siempre inconclusa, jamás perfecta o deslumbrante, de muchos que pugnan con la realidad, aprenden a leerla, descubren sus teclas maduras y allí ponen el dedo. De lo contrario tendremos enfrente el vozarrón de Goya: "Los sueños engendran monstruos", sin olvidar la admonición de Saint Exupéry, el de El Princi pito, "fuera del cambio nada hay sino la muerte", unidos en el sereno Maritain: "Las corrientes no se hicieron para seguirlas, sino para nadar en su contra".
Pieza: Martín Mancera (FIA, 2013)
La realidad es así
JOAQUÍN MARTA SOSA
Nada más sencillo que creer en la realidad como un animal dócil que puede ser domesticado a voluntad y que sólo intereses infamantes se pueden oponer a transformarla, pese a las injusticias o infecciones de corrupción que esté sufriendo.
A partir de esta conseja, en la cabeza de algunos personajes, por buenas o malas razones, se desata la comezón de enarbolar la inconformidad tras la cual, si pueden, nos arrojan promesas, terremotos y estallidos. Pero, cuidado, éste es apenas uno de los rostros en el espejo.
El otro, como buen espejo, refleja la misma cara, pero invertida, con las facciones de quienes aseguran que la terrenalidad, tal como es, tiene su razón y sus causas, que por algo, ignoto, sí, pero inamovible, es la que es y nada puede perturbarla de su lugar ni siquiera unos milímetros. Quienes se apoyan en esta ordenanza son reacios a cualquier impronta reformadora arguyendo que a nada y a nadie beneficiará salvo al desorden.
Los primeros forman las tribus de los optimistas irredimibles, los segundos las de los pesimistas sin redención.
Para unos, basta con lucidez de conciencia y voluntad de acción para que nazca en la tierra el Paraíso. En el fondo se sienten pequeños dioses o grandes, depende del personaje, pues, en definitiva, se pasean por el tiempo y el espacio como si nada les estuviese impedido, como si su especificidad personal consistiera en hacer el mundo y sus realidades a la medida del cuerpo que su imaginación supura. Son esos grandes sastres de la Historia que, hasta hoy al menos, sólo nos provocan calamidades enormes con sus trajes hechos a la medida de sus fiebres y cogitaciones.
Los otros, los que combaten con fiereza para que las piedras del yermo o los árboles del bosque sean siempre los mismos por los siglos de los siglos, que no perezcan ni envejezcan, nos llevan en la procesión del Flautista de Hamelín rumbo a los charcos donde nos ahogaremos, y en esto la experiencia constatada es terca.
Algo de lo dicho es lo que vemos inundar las mesas de esta batalla en la que han metido de cabeza al país. Nada nuevo, por lo demás, a pesar de que algunos creen haber descubierto el secreto de los secretos, el de montar un país a imagen y semejanza de su puño y de su letra y ponerlo a andar. "Pintar un pájaro / es gran facilidá / abrirle el pico y que coma / esa es la dificultá", dice la sabia copla llanera que nada sabe o mucho, de teorías, imperialismos y oligarcas.
Así que hemos descubierto lo de siempre, que el menú de la historia que cocina nuestra especie resulta sólo un poco más variado, pero muy, muy poco, que el de cualquier otra. Pero, en fin, algo es algo. Es decir, el mundo y sus sociedades cambian, no tienen más remedio que hacerlo, pero las trazas y la ciudad donde arriba ese camino ni las escribe un elegido en la madrugada indigesta de cafeína en su escritorio ni las receta un fantasma desde las grutas del pretérito remoto. Él no puede ser sino la tarea siempre inconclusa, jamás perfecta o deslumbrante, de muchos que pugnan con la realidad, aprenden a leerla, descubren sus teclas maduras y allí ponen el dedo. De lo contrario tendremos enfrente el vozarrón de Goya: "Los sueños engendran monstruos", sin olvidar la admonición de Saint Exupéry, el de El Princi pito, "fuera del cambio nada hay sino la muerte", unidos en el sereno Maritain: "Las corrientes no se hicieron para seguirlas, sino para nadar en su contra".
Pieza: Martín Mancera (FIA, 2013)
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Realidad
APROXIMACIÓN (3)
EL NACIONAL - Miércoles 25 de Junio de 2008 Opinión/10
ATres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
Cuestiones del socialismo campamental
Sigue intacto el problema de la legitimación del poder y la comprensión misma del país
LUIS BARRAGÁN*
Circunscritos a las observaciones consignadas por Jesús Puerta y habida cuenta del poco espacio disponible, nuestra inicial intención es la de interpelar al marxismo que el régimen ha caricaturizado inevitablemente. La crisis es, en propiedad, la del leninismo que fuerza y contamina los aportes gramscianos, pero –sin dudas– obedece a otra de mayores y decisivas magnitudes: la de una coalición populista que, anacrónica, se resiste a las insuficiencias del recurso externo que la soporta y a las salidas más sensatas del descalabro.
Una sociedad tan compleja y plural no cabe en la versión del populismo realmente existente, en cuyo seno pudiera aparecer otro bloque histórico (lo de nacional-popular, antiimperialista y socialista, no aporta novedad alguna, rindiendo tributo a las lejanas conclusiones del III Congreso del PCV).
La naturaleza utilitaria, prebendaria y clientelar sabe de una reedición siempre agónica de la coalición que nos lleva a otra de las crisis: la del Estado, empecinada en una hegemonía organicista, la polarización artificial y las posturas maniqueas.
La concepción instrumental del Estado, represivo directa y –sobre todo– indirectamente, constituye el fundamento de un chavezato contrarrevolucionario que, amén de rechazar la salida posrentista, a pesar de las bulliciosas representaciones sociales de una revolución, sienta sus bases en los registros mercantiles e inmobiliarios, promoviendo a otros sectores que se convierten en burguesía comercial y financiera y, como siempre, en pugna con lo que queda o pudiera quedar de la industrial.
Valga acotar que la discusión de los contratos colectivos en Venezuela es tema vedado para el oficialismo de escasa incidencia real en el mundo sindical. Por lo demás, el Estado burgués invocado en nada considera el desarrollo institucional del Estado Social y de Derecho construido en años anteriores, por lo que el fallido proyecto constitucional sólo se contentó con pretender desestatizar para fortalecer a la cúpula conductora de lo que queda del Estado, deseando transferir enteramente a las comunidades los problemas que las agobian y rebasan completamente sus posibilidades materiales para solventarlos, como el desempleo, la inseguridad personal y la falta de viviendas.
En un apretado esfuerzo de síntesis, sostenemos que los viejos esquemas duvergereanos le impiden a Puerta superar el fácil discurso del bi/monopartidismo, pasando por alto las lindezas del PSUV y la función subsidiaria del PPT y el PCV, al igual que la aparición de sendos partidos orgánicos. O el asunto de la "antipolítica", en realidad "infrapolítica", que le permitió a Hugo Chávez acceder y mantenerse en el poder. O, si se me permite la hipótesis, la hazaña antiimperialista que corre detrás de la re-creación de la Gran Colombia, siendo más viable construir un referente internacional-estatal (FARC, ELN, ALBA, etc.), que internacional-popular.
Sigue intacto el problema de la legitimación del poder en Venezuela y la comprensión misma del país, por lo que la sociedad posrentista –como reto y como realización– servirá –igualmente– para no explicar más la situación gracias al petróleo y permitir, así, una renovación del pensamiento político que algún día tocará al marxismo que –ni siquiera– logra salir del leninismo que cohabita asfixiantemente con Gramsci. Por cierto, hay más de propaganda sobre las asunciones autoritarias que constataciones en la respuesta del interlocutor Puerta, convertida la hojarasca en el denso polvo que ata las hojas caídas por el sismo silencioso de la crisis teórica que evidencia.
Mounier diferenciaba entre la revolución de los desfiles y la trabajadora de los pobres. Es en aquélla donde invierten toda la pólvora mediática, dineraria y asimétrica que hace al socialismo campamental. Reconozcámoslo: sobrios para hallar lo sustancial del drama, sin que –al revés– hagamos un melodrama para adivinar una respuesta tardía.
* Centro de Investigaciones y Estudios Latinoamericanos (Ciela)
Pieza: Martín Mancera (FIA, 2013)
ATres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
Cuestiones del socialismo campamental
Sigue intacto el problema de la legitimación del poder y la comprensión misma del país
LUIS BARRAGÁN*
Circunscritos a las observaciones consignadas por Jesús Puerta y habida cuenta del poco espacio disponible, nuestra inicial intención es la de interpelar al marxismo que el régimen ha caricaturizado inevitablemente. La crisis es, en propiedad, la del leninismo que fuerza y contamina los aportes gramscianos, pero –sin dudas– obedece a otra de mayores y decisivas magnitudes: la de una coalición populista que, anacrónica, se resiste a las insuficiencias del recurso externo que la soporta y a las salidas más sensatas del descalabro.
Una sociedad tan compleja y plural no cabe en la versión del populismo realmente existente, en cuyo seno pudiera aparecer otro bloque histórico (lo de nacional-popular, antiimperialista y socialista, no aporta novedad alguna, rindiendo tributo a las lejanas conclusiones del III Congreso del PCV).
La naturaleza utilitaria, prebendaria y clientelar sabe de una reedición siempre agónica de la coalición que nos lleva a otra de las crisis: la del Estado, empecinada en una hegemonía organicista, la polarización artificial y las posturas maniqueas.
La concepción instrumental del Estado, represivo directa y –sobre todo– indirectamente, constituye el fundamento de un chavezato contrarrevolucionario que, amén de rechazar la salida posrentista, a pesar de las bulliciosas representaciones sociales de una revolución, sienta sus bases en los registros mercantiles e inmobiliarios, promoviendo a otros sectores que se convierten en burguesía comercial y financiera y, como siempre, en pugna con lo que queda o pudiera quedar de la industrial.
Valga acotar que la discusión de los contratos colectivos en Venezuela es tema vedado para el oficialismo de escasa incidencia real en el mundo sindical. Por lo demás, el Estado burgués invocado en nada considera el desarrollo institucional del Estado Social y de Derecho construido en años anteriores, por lo que el fallido proyecto constitucional sólo se contentó con pretender desestatizar para fortalecer a la cúpula conductora de lo que queda del Estado, deseando transferir enteramente a las comunidades los problemas que las agobian y rebasan completamente sus posibilidades materiales para solventarlos, como el desempleo, la inseguridad personal y la falta de viviendas.
En un apretado esfuerzo de síntesis, sostenemos que los viejos esquemas duvergereanos le impiden a Puerta superar el fácil discurso del bi/monopartidismo, pasando por alto las lindezas del PSUV y la función subsidiaria del PPT y el PCV, al igual que la aparición de sendos partidos orgánicos. O el asunto de la "antipolítica", en realidad "infrapolítica", que le permitió a Hugo Chávez acceder y mantenerse en el poder. O, si se me permite la hipótesis, la hazaña antiimperialista que corre detrás de la re-creación de la Gran Colombia, siendo más viable construir un referente internacional-estatal (FARC, ELN, ALBA, etc.), que internacional-popular.
Sigue intacto el problema de la legitimación del poder en Venezuela y la comprensión misma del país, por lo que la sociedad posrentista –como reto y como realización– servirá –igualmente– para no explicar más la situación gracias al petróleo y permitir, así, una renovación del pensamiento político que algún día tocará al marxismo que –ni siquiera– logra salir del leninismo que cohabita asfixiantemente con Gramsci. Por cierto, hay más de propaganda sobre las asunciones autoritarias que constataciones en la respuesta del interlocutor Puerta, convertida la hojarasca en el denso polvo que ata las hojas caídas por el sismo silencioso de la crisis teórica que evidencia.
Mounier diferenciaba entre la revolución de los desfiles y la trabajadora de los pobres. Es en aquélla donde invierten toda la pólvora mediática, dineraria y asimétrica que hace al socialismo campamental. Reconozcámoslo: sobrios para hallar lo sustancial del drama, sin que –al revés– hagamos un melodrama para adivinar una respuesta tardía.
* Centro de Investigaciones y Estudios Latinoamericanos (Ciela)
Pieza: Martín Mancera (FIA, 2013)
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