viernes, 26 de agosto de 2011

CAZA DE CITAS


"El fin de la sociedad política es el bien común, constituido fundamentalmente por los elementos de justicia, de libertad y de amistad cívica que permiten el desarrollo integral de la persona humana. El orden es un factor necesario, pero axiológicamente subordinado, en el bien común".

Gregorio Peces-Barba

("Persona, sociedad, Estado. Pensamiento social y político de Maritain", EDICUSA, Madrid, 1972: 294).

Ilustración: Henry Ossawa Tanner Miraculous Haul of Fishes

PICADURA: JAPG



A propósito de un artículo que está pendiente para su publicación, empipado en la fotografía César Rondón Lovera, señalamos la extendida afición por la picadura en tiempos que se toman ya por remotos. Ocurre que el artefacto estuvo publicitariamente tan asociado a Rómulo Betancourt, que excluía a otras personalidades de su uso en la imaginación popular. Iniciamos una serie protagonizada por la pipa y también el cigarrillo, cuya recurrente presencia en las fotografías de antes sorprendería a las más recientes generaciones. El 100% libre de humo de estos tiempos, no cabe en la antigua hemerografía. Anteriormente, no fue delito el humo. E, incluso, estuvo vinculado a cierta idea de la madurez.

En la gráfica, Jesús Angel Paz Galarraga, zuliano que pasó de jefe de los adecos a jefe de los mepistas.

LB

Fotografía: Jesús Angel Paz Gallaraga. Momento, Caracas, nr. 760 del 17/02/71.

DIVAS: MLL




No sabemos de un estudio sobre el prototipo de belleza de la mujer venezolana, en un país que la hizo exitosa materia de exportación, junto al petróleo y la telenovela. Ciertamente, rubros que también pueden hablar del rentismo banalizador. Frecuentemente, a lo sumo, hallamos algunas consideraciones sobre la abundancia de los años '50, frente a la paulatina delgadez impuesta desde finales de los '60.

Cabe también relacionar a las emblemáticas figuras de la televisión que, definitivamente, se masificó en clara competencia con la radio. Las hubo de una inmensa popularidad. E, incluso, como referentes constantes. Rápidamente, revisamos aquellas portadas del magazine caraqueño, donde predominaron desde principios de los '60 hasta décadas y tantas después, América Alonso, Lupita Ferrer, Lila Morillo o Mirtha Pérez. Nada trivial el asunto, pues de divas se trató en su más limpia significación. De modo que el sociólogo de la cultura, por citar una disciplina que es aliada inmejorable de la historia, tiene una tarea extraordinaria que aportar. El comunicólogo puede decir bastante al respecto. En última instancia, tratamos de los recuerdos y olvidos, la celebridad sostenida y el asombroso y posterior anonimato, que dibujan una memoria colectiva -entre nosotros - evidentemente frágil.

María Luisa Lamata fue una destacada actriz de televisión. Ajenos al mundo de la farándula, no sabemos más de ella. Sin embargo, a finales de los '50 fue un referente que se mantvo por algunos años. Y, como ocurre con aquellas generaciones,de estampa natural. Necesario de subrayar, porque ahora predominan los bisturíes legitimados por los grandes y aún modestos "concursos de belleza". Esa sola naturalidad, constituye un mérito.

LB

Fotografías tomadas de:
Momento, Caracas, nr. 71 del 22/11/57.
Elite, Caracas, nr. 2315 del 30/01/70.
Elite, Caracas, nr. 2363 del 08/01/7

miércoles, 24 de agosto de 2011

¿"HABEMUS DATA"?


CONTRASTE



La esquina de Pajaritos, Caracas, ha sufrido transformaciones importantes en el siglo. Lucen naturales, aunque no lo deliberados golpes a la memoria histórica, cultural y arquitectónica. Hay un edificio que sobrevivió al afán demoledor de los cincuenta. Y, podrá apreciarse, ese edificio contó con una prestancia que día a día extraña la ciudad. Colindante con la parte sur de la Iglesia (y comunidad) de San Francisco, prometía mucho más como zona de tránsito. Por varios años abandonado, aún no sabemos qué fué o se hacía y de quién era el inmueble. Lo adquiere, antes o ahora, la Asamblea Nacional y todavía no indagamos para qué. Ocurre que la asestaron una fachada demencial de concreto armado para los ascensores. E, insoluble la vecindad franciscana, quedaba un rinconcito apto para toda suerte de meadores del lugar, por cierto, insegurísimo a pesar que el edificio del frente, sede administrativa del parlamento, tiene por custodios a los guardias nacionales. Rinconcito laminado contra todo hacedor de necesidades. Esa fachada se decidió en los tiempos de Cilia Flores como presidente de la Asamblea. Es decir, hace pocos años. Y, aunque se diga de la novísima idea, aún fresco el cemento, es parte de la arquitectura del deterioro: la desintegración lo es.

LB

Fotografías: LB, 08/11 - Caracas en Retrospectiva: mariafsigillo.blogspot.com.

FUTURIBLES


Del anonimato político
Luis Barragán


Ocurre también en otros ámbitos, cuesta salir del anonimato político. Alcanzada una cierta y delimitada tribuna dirigencial, trascender a la opinión pública parece un gesto repentino del azar.

Todo dependerá de los tiempos que corran en términos de normalidad política y estabilidad institucional, acreditada la especialidad. De tratarse de un régimen de partidos, aparentemente bastará un cupo en el elenco dirigencial para adquirir la inevitable notoriedad de pareceres y posiciones, ampliada en las instancias burocráticas o parlamentarias.

Competidos o suplantados los partidos como principales agencias de socialización, la generalizada y persistente crisis política llevará a una desespecialización galopante. Por consiguiente, los profesionales del espectáculo tendrán las más acabadas oportunidades de actuar en el medio político, imponiéndose frente a los conocedores del oficio.

Simplificadas ambas fórmulas, cabría considerar la vocación de notoriedad del aspirante a salir del anonimato o de legitimarse en un terreno de inexorable aprendizaje. No constituye una enfermedad cuando la vocación de servicio público concede ese conocimiento por añadidura, caso que no es semejante al abanderado de su propia e inagotable vanidad que, además, agotando el favor de los amigos, triquiñuelando a sus adversarios reales o imaginarios, aún en el mismo bando, tiende a banalizar los problemas colectivos aupándose a sí mismo.

Dura y exigente, la disciplina política cuenta con facetas de reconocimiento inherentes que pueden o no, visar – precisamente – el conocimiento público del atareado. Tratándose de una sucesión de coyunturas efímeras, con un protagonismo efímero, únicamente la suerte prodigará ese conocimiento, al lado de otros que están precedidos por ella al internarse en el medio específico.

Quizá la fórmula concluyente está en que la fama, término ambigüo y temido que genera costos frecuentemente indeseables, luce inevitable cuando se tiene un sostenido y convencido trabajo – valga recalcar - desinteresado por ella. O, el más palpable indicador de la crisis, la obsesión puede llegar a tal calibre que no necesariamente tendrá por sustento el trabajo genuinamente realizado.

La rápida reflexión viene al caso, después de observar una fotografía de Teodoro Petkoff en el convulsionado escenario universitario de principios de los sesenta. El redactor refiere las espontáneas acciones celebradas en el medio estudiantil, sin adivinar la importancia que el orador adquiriría por esos mismos años (Momento, Caracas, nr. 224 del 28/10/60).

El autor de la aludida nota, relacionada con los disturbios consecutivos del orden público por entonces, no estaba en el deber de conocer al dirigente, pues, en el PCV de su militancia, apenas comenzaba a escucharse nacionalmente a “Petckot” (Tribuna Popular, Caracas, 06/05/60), novel presidente de la legislatura regional de Miranda, o “Petkokk” (Elite, Caracas, nr. 1834 del 01/11/60). Convengamos que, como hoy, hubo figuras consagradas que impedían – justamente – ese ejercicio de adivinación.

Ejercicios de tal monta suelen exagerar, como le ocurrió a Jorge Olavarría en un reportaje de 2000 sobre la dirigencia de la década para El Nacional de Caracas, faltando nombres que han destacado a pesar del libreto, probablemente por faltarle la discreción que tuvo Inés Quintero, otro ejemplo, al reportar el cambio de elencos políticos para Venezuela Analítica. En todo caso, al parecer, nada está escrito y puede juntarse el Antonio Machado del caminante, no hay camino…, con el Eudomar Santos con el como vaya viniendo…

Fuente: http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/9191-del-anonimato-politico
Fotografía: Momento, Caracas, nr. 224 del 28/10/60.

lunes, 22 de agosto de 2011

EL NAUFRAGIO CARICATURIZADOR


EL SOL DE MARGARITA, 20 de Agosto de 2011
Cotorreros
Luis Barragán


Expresión quizá en desuso, propia de la Venezuela urbana, recoge muy bien uno de los rasgos fundamentales del chavezato. Y es que le bastará al más escéptico, acercarse a las distintas versiones del discurso oficial para empinarse en toda la suerte de contradicciones que dibujan fielmente la demagogia populista de casi trece años.

Revisando de nuevo las actas de 1999, a objeto de dar con la voluntad del constituyente para el estudio del proyecto de Ley Orgánica de la Cultura, por el parlamento, primera discusión y aprobación por el parlamento, todavía nos asombra aquel país que fue embaucado por una dinámica de la refundación que no era tal. Popularmente acordado un plazo de seis meses para la definitiva propuesta de un texto constitucional alterno, lo redujeron dramáticamente de acuerdo a los intereses y urgencias del aún desconocido Chávez Frías.

Importa subrayar un debate harto simplificado, siendo atropelladas constantemente las voces disidentes que sólo el refrescante ingenio y humor de Alberto Franchesqui aliviaba. Más aún, el secuestro de la voluntad constituyente por una junta directiva que soportaba exclusivamente el poder presidencial, obviando las denuncias en torno al privilegiado empleo del tiempo para las diligencias que lo reforzaran y todos los actos protocolares que lo propulsaran simbólicamente.

Apenas, disponemos de dos de los supuestos tres tomos impresos de las referidas actas, sin que jamás se reprodujeran y distribuyeran como era de esperar, por lo menos, por los medios digitales. No hay una historia parlamentaria del país de no agregar, por lo demás, aquella siniestra figurilla del llamado “congresillo”, que completa toda nuestra consternación.

Abordar la cotorra constituyente es hacerlo también con la supuesta descalificación moral y política hacia aquellos que no votamos esa Constitución, según el reiterado estribillo. Consabido, la falta de argumentos es propicia para las ofensas, por lo que nuestro deber es hacer resistencia y reiterar la necesidad de unas reglas esenciales y comunes. Empero, deseamos finalmente observar otra manifestación de la demagogia galopante.

Suele ocurrir en las vísperas o el desarrollo de los hechos que se desean o anuncian como revolucionarios, según la perspectiva marxista-leninista, asistimos al solemne e inmediato colapso del capitalismo, aunque parece ser que ha tardado algo después que Lenin o Castro tomasen las riendas del Estado. E, incluso, los cubanos - desinformados, gracias a un bloqueo que no levanta estridencia alguna -creen que son los que mejor se alimentan en el mundo, aún precariamente, convencidos de ser un islote excepcional en el vasto océano de la hambruna al que se suma el mundo desarrollado.

Es necesario decirlo, a juzgar por sus intervenciones parlamentarias y lo que recoge la opinión pública, no hay el mínimo, sobrio y coherente abordaje marxista de las fuerzas y corrientes gubernamentales que soporten una contrarrespuesta de la oposición responsable. Unicamente apelan a la fácil y generosa idea de una crisis terminal y mundial del capitalismo, caricaturizándose en el naufragio de las ideas.