El costo humano del castrismo
Pedro Corzo
En Cuba se fusiló, se masacró en sitios inimaginables, no solo en campamentos militares o lugares previamente designados para tan macabra acción. Las ejecuciones tuvieron lugar en patios de escuelas, en curvas de carreteras, en parques, farallones de las sierras, en cementerios y patios de viviendas, en esa gestión fueron alumnos aventajados del nazismo y del estalinismo, los engendradores del totalitarismo cubano.
Matar para el régimen castrista fue una especie de acto de purificación porque la muerte de los otros le afianzaba en el poder, en consecuencia, cuando el pueblo cubano pueda acceder sin restricciones al conocimiento pleno de los trágicos sucesos con los que la dictadura dinástica de los hermanos Castro ha marcado al país, de seguro quedara profundamente conmovido ante el costo humano a la nación del experimento revolucionario.
Conmoción que tendrá que sumar a las ya acumuladas precarias condiciones de vida que padece, a la destrucción material del país y a los constantes fracasos de todos los proyectos gubernamentales, a pesar del gran esfuerzo realizado por el sector de la población que creyó fervientemente en las promesas del Caudillo.
No pocos “compañeros” participaron en las depredaciones de la dictadura, pero son escasos los que tienen una visión integral del pasado sangriento, ya que el control ejercido sobre la información ha sido muy estricto a la vez que ha estado fundamentado sistemáticamente en una campaña de intimidación de la que se requiere mucha entereza para sustraerse.
Esa puede ser una de las causas por las que más de un victimario cree ciegamente que los abusos fueron aislados y los crímenes inexistentes, tal y como muchos respetables ciudadanos alemanes negaron frenéticamente el Holocausto.
Los crímenes de sangre de la dictadura castrista se remontan a las numerosas ejecuciones realizadas en el periodo insurreccional en llanos y montañas, también, a los actos terroristas contra la población civil que ejecutaron los insurgentes, sin embargo, después del triunfo de la insurrección, cuando el país estaba presto para sembrar la paz y cosecharla abundantemente, la nación se introdujo en una vorágine de asesinatos masivos, apuntalados en ejecuciones sumarias individuales, razón por la cual los expresos políticos Miguel Guevara y Santiago Díaz Bouza, escribieron un libro que titularon “La Muerte se viste de Verde”, ya que aquellos horrendo asesinatos colectivos se apuntalaban en ejecuciones individuales, encierros de miles de personas además del desplazamiento forzoso de campesinos.
El primer asesinato en masa del nuevo régimen ocurrió en la madrugada del 11 de enero de 1959. Raúl Castro, ordeno la ejecución de 71 personas acusadas de haber cometido crímenes durante su asociación al depuesto régimen de Fulgencio Batista. La orden fue cumplida. Varias excavadora abrieron una zanja, los hombres fueron parados ante la misma y asesinados despiadadamente, después, la tumba colectiva fue cubierta con tierras por las misma maquinas que la habían abierto.
Dos años después, abril de 1961, fueron fusilados en el Panteón Nacional de La Cabaña ocho patriotas, una cifra superior al promedio diario de los hombres que allí eran ejecutados. En 1962, según diferentes fuentes, entre decenas y centenares de cubanos fueron fusilados como consecuencia de los arrestos de los complotados en la fracasada conspiración cívico-militar de agosto de ese año.
En junio de 1963, los fusilamientos eran prácticamente diarios, 21 hombres fueron ametrallados frente a una loma de hierba y tierra en la Ceiba, montañas del Escambray. Llevaban casi tres años presos sin juicio.
En 1964 la Fortaleza de La Cabaña fue sede de otro fusilamiento en masa. Catorce guerrilleros, algunos llevaban más de cuatro años alzados en armas, fueron capturados gracias a una hábil maniobra de la seguridad del estado castrista y a la traición de uno de los colaboradores de los insurgentes, el tristemente famoso Alberto Delgado y Delgado.
La ejecución de 1964, al parecer, fue la última masacre ante el paredón, aunque los crímenes de grandes grupos continuaron como se puede apreciar en el asesinato de más de cincuenta personas al hundir la embarcación XX Aniversario en el Rio Canimar, 1980, y posteriormente los 41 asesinados, entre ellos 10 niño, embarcados en Remolcador Trece de Marzo el 13 de julio de 1994.
Fuente:
https://adribosch.wordpress.com/2020/02/17/el-costo-humano-del-castrismo/?fbclid=IwAR1-IXoU8Ums3P40da1ANSjQj85Dfb1bPfamsRgiE2FtHk_UYWx5rIhxYzE
Imágenes:
https://www.gettyimages.es/fotos/cuba?sort=mostpopular&mediatype=photography&phrase=cuba
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sábado, 22 de febrero de 2020
sábado, 26 de octubre de 2019
LA PUNTA DE VARIOS HILOS
Tiempos recios
Juan José Monsant Aristimuño
El Mundo, sábado 26, octubre 2019
Termino de leer el último libro de Mario Vargas Llosa, cuyo título no me cautivó ante tan extraordinaria novela histórica, donde no solo juega con los hechos y personajes, sino con las palabras, como siempre.
Recio, lo relaciono con lo gallardo, valiente, firme, bizarro, solo que ante la duda acudo al tambaleante Diccionario de la Real Academia de la lengua española, en una de cuyas sillas se sienta nada más y nada menos que uno de los mejores escritores de nuestra lengua, el irreverente Don Arturo Pérez-Reverte, quien como la afamada escritora ya fallecida, la recia Oriana Fallaci, se inició como corresponsal de guerra en el arte de la escritura. Entonces el DRAE me aclara que entre tantas denominaciones, recio significa también violento, intenso, áspero, malgeniado.
Deduzco entonces que Vargas Llosa lo utiliza en el sentido de violento e intenso. Y no es para menos, el autor recrea los tiempos del derrocamiento de Jacobo Arbenz, presidente de Guatemala en los primeros años de la década de los años 50, acusado de comunista por la poderosa United Fruit Company.
Arbenz fue discípulo de Juan José Arévalo, y su ministro de Defensa (1944-1951), se casó con la muy bella joven salvadoreña María Cristina Vilanova, considerada una de las primeras feministas de Centroamérica por sus ideas avanzadas para la época en que le tocó actuar. A Arbenz lo señalaron de comunista por su Ley de Reforma Agraria, y exigir que la United Fruit Co., debía pagar impuestos sobre sus ganancias, al igual que toda empresa guatemalteca o estadounidense.
En ese ámbito se desarrolla la novela, plena de conspiraciones militares y hacendados, la CIA, la United Fruit Co., y la presencia del inefable Rafael Leonidas, “Chapita” Trujillo, y sus agentes y sicarios, vengando la afrenta que le hizo el coronel Castillo Armas, una vez investido de presidente, a pesar de toda la ayuda monetaria y de pertrechos que puso a su disposición para el derrocamiento de Arbenz y su aspiración presidencial. Aún se afirma que Trujillo tuvo que ver en el asesinato de Carlos Castillo Armas, en 1957 en el mismo palacio presidencial. Por supuesto no falta la presencia de la amante, y sus particulares manipulaciones, quien al caer Castillo Armas, se refugia en El Salvador y de allí a la República Dominicana, de donde tuvo que salir a la muerte de Trujillo (actualmente a sus 84 años vive a las afueras de Washington).
Hoy en día, tal como se presentan los acontecimientos en nuestro continente, no estamos lejos de recrear aquellos años azarosos, donde se diluye la verdad con la fantasía y el poder fáctico con los valores humanos. Hay factores más poderosos que los que convergieron en Guatemala: el narcotráfico, el lavado de dinero, el terrorismo internacional; no se trata de comunistas, capitalistas, socialdemócratas, socialcristianos, liberales o conservadores. Es el poder, lo que representa y conlleva.
El caso Venezuela es sintomático, se declararon socialistas y terminaron en una tiranía castrista, antioccidental, protectora del terrorismo del Medio Oriente, enemiga de la democracia, y aliados y socios del narcotráfico, minerales, personas y lavado de dinero.
Luego de un breve paréntesis, donde parecía que el modelo se venía abajo, observamos que hay un reagrupamiento del crimen organizado disfrazado de populismo, ante el vacío dejado por la timidez, comodidad, intereses o cobardía, de quienes se llaman demócratas a nivel individual o de países. Dejaron pasar, dejaron hacer.
Perú, Ecuador, Chile, Colombia, el Grupo de Lima y el propio Estados Unidos, han comenzado a sufrir las consecuencias de su pusilanimidad e inactividad canallesca.
El Salvador debe estar muy alerta, irán tras de él, porque fueron poder y lo perdieron; el país es emblemático, por la guerra de los 80, y porque fueron gobierno. De modo la inteligencia debe estar alerta, quienes entran y quienes salen. No dejarán pasar un modelo que presagia estabilidad.
Breve nota LB: Afortunadamente, el autor nos envió el texto.
"Después de 'La fiesta del Chivo', ¿tiene sentido 'Tiempos recios'?"
Andrés Amorós .
"Después de La fiesta del Chivo, ¿es un acierto volver ahora al mismo escenario?", se pregunta Federico Jiménez Losantos refiriéndose a Tiempos recios (Alfaguara), la última novela de Mario Vargas Llosa. Para responderle se encuentra a su lado Andrés Amorós, que ha traído desmenuzado a Es la mañana de esRadio, precisamente, ese "ensayo político, más que novela", que parece el libro.
"Se trata de una biografía y una reivindicación del presidente de Guatemala Jacobo Árbenz", explica el crítico. Su historia política comenzó en 1944, cuando, después de la Revolución que terminó con la destitución de Federico Ponce Vaides, él ejerció de ministro de Defensa en el gobierno de Juan José Arévalo. Al terminar dicha legislatura, en 1950 ganó las elecciones, y ostentó el cargo de presidente del país hasta 1954, año en el que una nueva revolución acabó con él. Sus profundas reformas sociales, en concreto la Reforma Agraria, que pretendía terminar con las desigualdades y aportar oportunidades a los indígenas pobres —que constituían el 70 por ciento de la población guatemalteca—, sirvieron para hacerle pasar por comunista a ojos de Estados Unidos, y terminaron costándole el puesto.
"Pero Vargas Llosa se empeña en explicar por activa y por pasiva que Árbenz no era comunista". La tesis del libro, según explica Amorós, viene a decir que fue Estados Unidos, y más en concreto la CIA, espoleada por la archiconocida United Fruit, la que presentó al presidente falsamente como comunista. "El libro es un análisis del poder terrible que tiene la propaganda y cómo la manipulación de la verdad puede terminar provocando acontecimientos gravísimos".
"Sin embargo", apunta Amorós, "lo curioso es que siendo una reivindicación del presidente depuesto, éste aparece bastante poco en la novela". El protagonismo está repartido entre varios personajes, y ninguno de ellos representa al héroe. "El único, en todo caso, sería el propio destino trágico de Árbenz, que ingenuo, bienintencionado, se equivoca al querer implantar una democracia al estilo estadounidense en Guatemala". Al final, el centro de la trama terminan siendo los villanos: "Por un lado el director general de Seguridad guatemalteco Enrique Trinidad Oliva, y por otro el dominicano Abbes García, además de la ambiciosísima Martita".
"Se trata de una novela sólida, interesante, aunque tampoco genial. Los mejores pasajes son en los que vuelve a aparecer Trujillo, con su familia", resume el crítico. Como puntos fuertes, el estilo de Vargas Llosa, "que nunca deja frases bonitas. Es un narrador eficaz", y "una especie de juego metaliterario al final de la novela, cuando el narrador se entrevista con un personaje". También el mensaje final del libro: "La idea de que esta historia, provocada por la mentira de las fake news, terminó cambiando el destino de todo el continente hispanoamericano, ya que produjo una oleada de rechazo al capitalismo y a Estados Unidos que empujó a muchos de esos países al otro bando de la Guerra Fría". Como punto menos fuerte, "la falta de sorpresa. No es una novela sorprendente. Es sólida, sí, pero no mucho más".
Fuente:
https://www.libertaddigital.com/cultura/2019-10-15/andres-amoros-mario-vargas-llosa-tiempos-recios-la-fiesta-del-chivo-guatemala-arbenz-castillo-armas-trujillo-1276646299/
EL LIBRO DE LA SEMANA
Crítica de 'Tiempos recios': no es país para viejas
Mario Vargas Llosa parece haber acuñado la fórmula perfecta de narrar la corrupción
Ricardo Baixeras
En esta novela de Mario Vargas Llosa (Arequipa, Perú, 1936) está el escribidor que sostiene una endiablada historia política con los tintes cruentos de la verdad de las mentiras o, como quería Daniel Sada, con aquello de que porque parece mentira la verdad nunca se sabe: "¿Era la historia esa fantástica tergiversación de la realidad?¿La conversión en mito y ficción de los hechos reales y concretos? […] ¿Un amasijo de mentiras convertidas en gigantescas conspiraciones de los poderosos?" A cada cual lo suyo, pero para el Nobel peruano sigue valiendo, y mucho, escribir bajo el yugo de una técnica en forma de cruce de voces, un montaje de diálogos cabalmente ensamblados y una estructura contrapuntística sosteniendo una catedral de documentación que le permite asediar el mundo como si de un feudo de malhechores se tratara. Dos palabras fáciles de decir pero harto complejas de llevar al mundo de la ficción: discontinuidad y simultaneidad. Súmenle a esa pareja faulkneriana el impagable toque a lo flaubertiano que en Vargas Llosa significa esto: ¿cómo cabe dibujar un mapa de las debilidades humanas?
En 'La fiesta del Chivo', el general en su laberinto era Trujillo y su República Dominicana. En 'Conversación en La Catedral' le tocó la corrupción moral y la represión política que vivió Perú bajo la dictadura del general Manuel A. Odría. Ahora la mirada de Vargas Llosa se dirige con fruición al golpe militar que Carlos Castillo Armas consumó contra el gobierno legítimo de Jacobo Árbenz en Guatemala.
Contar la corrupción
Y sí. No sólo el lector danza con el narrador en un baile de máscaras nada veneciano y sucumbe al laberinto de la maldad. Los personajes también. Porque son víctimas de una maraña de conspiraciones y contra conspiraciones. Porque están dibujados con la pluma certera de quien parece haber inventado el modo en que debe contarse la corrupción, que todo lo asola. Y porque aquí la música es violenta y no hay lugar para la ternura que no tiene cabida en una historia que mira cara a cara las vidas violentamente sanguinarias de un país que es todos los países latinoamericanos. De aquellos barros, estos lodos.
No hay esperanza para Carlos Castillo Armas, el "caballero exquisito y delicado", ni para el coronel dominicano Johnny Abbes García, "jefe de la Seguridad del Generalísimo Trujillo, asesino, torturador y encargado de varios asesinatos e intentos de crímenes en el extranjero" y que supuestamente prueba de su propia medicina cuando encuentra la muerte cara a cara en Haití de manos de "los tontonmacoutes de Papa Doc". Tal vez solo queden anhelos para un personaje que sobrevive a todo y a todos, incluido un narrador que tal vez les suene, un tal Mario, con quien dialoga en un epílogo que ni cierra el libro ni contiene más verdad -ni más mentira- que cualquier otra sección de esta novela: una vieja Marta Borrero Parra, "la antigua Miss Guatemala (que nunca lo fue)" y a la que ya no le queda país en el que vivir.
Fuente:
https://www.elperiodico.com/es/ocio-y-cultura/20191018/critica-tiempos-recios-mario-vargas-llosa-7689013
Tiempos recios”: nuestra crítica al libro de Mario Vargas Llosa
José Carlos Yrigoyen reseña la esperada obra del premio Nobel de Literatura peruano
Las expoliaciones y abusos de la United Fruit, tenebrosa multinacional estadounidense que durante décadas manejó a su antojo la política y la economía de los países de Centroamérica y el Caribe, han sido sobradamente abordados en la literatura latinoamericana. Basta recordar el episodio de la masacre de las bananeras en “Cien años de soledad” o los horrores de “Los ojos de los enterrados” de Miguel Ángel Asturias. Pero a diferencia de esas novelas, “Tiempos recios”, la más reciente entrega de Mario Vargas Llosa (Arequipa, 1936), no emprende esta historia desde la perspectiva popular, sino a través de los decisivos espacios del poder. Se ocupa de los pormenores secretos y públicos del golpe de Estado que la CIA auspició contra el régimen progresista de Jacobo Árbenz en Guatemala y las intrigas internacionales que este hecho ocasionó en el desarrollo de la Guerra Fría y en diversas vidas particulares.
Alternando con apabullante maestría la crónica política con la ficción, Vargas Llosa reconstruye el germen de este complot situándonos en el centro de las altas esferas donde se planificó y se combatió. Opción difícil, que es acometida con brío. No hay aquí rastro de artificiosidad ni maniqueísmo: a diferencia de otros intentos similares, en este libro las palabras y motivaciones de los militares, empresarios y mandatarios nunca escapan de los terrenos de la verosimilitud. Ello permite redondear actores complejos y efervescentes en sus contradicciones y deseos como es el caso de Árbenz, hombre principista acosado por el alcoholismo y sus ultramontanos enemigos.
Las conexiones que “Tiempos recios” mantiene con “La fiesta del Chivo” son notorias y profundas. Trujillo regresa, abominable, flamígero y todopoderoso; en sus sorpresivas apariciones se reafirma como uno de los más impresionantes personajes que ha modelado Vargas Llosa en toda su obra. También vuelve Johnny Abbes García, jefe de inteligencia del dictador dominicano, quien tiene un papel determinante en esta historia: su personalidad se puebla de nuevas aristas y fisuras, cobrando un inesperado espesor dramático en los capítulos finales. Y así como le ocurre a Urania Cabral, protagonista de “La fiesta del Chivo”, la indomable Marta Borrero –el otro personaje de peso de este libro– cae en un atroz remolino de sexo, política y violencia del que no podrá salir indemne.
Pero hay, además, muchas otras referencias y reverberaciones de distintas novelas de Vargas Llosa, quizá más veladas, pero no por eso menos llamativas. Carlos Castillo Armas, el tirano fantoche apoyado por los norteamericanos, contrahecho y mediocre, apodado por sus enemigos como Cara de Hacha o Míster Caca, recuerda al siniestro Cayo Mierda de “Conversación en La Catedral”, otro militar insignificante a quien se le encarga la represión de los disidentes y otros trabajos sucios. El último capítulo, en el que el autor encuentra a la Marta Borrero real y la entrevista para enterarse de lo que ha debido fantasear a lo largo del libro, remite a la conclusión de “Historia de Mayta”, un magistral juego de espejos entre realidad e invención que expone al modelo vivo del protagonista y la dura derrota de sus dogmáticas convicciones. El tenso intercambio, repleto de evasivas y silencios, insufla a la novela una ambigüedad densa e insondable que no despista al lector, sino que lo adhiere a la hechizante ambivalencia de las ficciones que tienen un pie puesto en la verdad histórica.
Y si “Historia de Mayta” podía leerse como una feroz crítica a la izquierda revolucionaria, “Tiempos recios” resulta una lúcida requisitoria contra lo que Vargas Llosa ha llamado la derecha iliberal, pero también una autocrítica desde el liberalismo: se señala la inconsecuencia de los medios de prensa norteamericanos que ayudaron a derribar el gobierno de Árbenz y colaboraron así para que la alternativa democrática fuera durante décadas inalcanzable en América Latina. Literariamente notable y alejada de estereotipos ideológicos, “Tiempos recios” es la mejor novela de Mario Vargas Llosa desde “La fiesta del Chivo” y prueba irrebatible de su vigencia, aunque algunos detractores se empeñen en afirmar lo contrario.
Fuente:
https://elcomercio.pe/luces/libros/tiempos-recios-nuestra-critica-al-libro-de-mario-vargas-llosa-noticia/
Piedad en tiempos recios
Mario Vargas Llosa construye una novela hermosa y turbadora que trata de la maldad y quisiera conjurarla
José-Carlos Mainer
Tiempos recios —un título que el autor debe a Teresa de Jesús— se divide en dos partes de tamaño muy desigual: la primera, ‘Antes’, contiene todas las historias, reales o imaginarias, que conforman esta novela fascinante, casi hipnótica; la segunda, ‘Después’, cuenta que uno de los personajes que parecía de ficción pertenece al reino de lo real… Tan real como lo es el arranque de la novela en forma de un ameno ensayo de historia política: el encuentro de los judíos emigrados a Estados Unidos —el creador de la empresa United Fruit y el inventor de las public relations—, que fue la causa primera de que en 1954 el Gobierno de Estados Unidos acabara con la presidencia progresista de Jacobo Árbenz en Guatemala. Y de que, no mucho después, se eliminara turbiamente al mismo incauto coronel Castillo Armas que derrocó a Árbenz… Puede que, de añadidura, Vargas Llosa tenga bastante razón al pensar que aquel error chapucero y sangriento —al que contribuyeron dictadores tan impresentables como Somoza, de Nicaragua, y Trujillo, de la República Dominicana, además del arzobispo guatemalteco Mariano Rossell y Arellano— llevara a buena parte de la juventud rebelde americana de 1954 a las filas de la ortodoxia comunista y a la protección de la Unión Soviética (conviene recordar que el anticomunismo ha sido una más de las perversiones políticas del siglo XX y lleva camino de seguir siéndolo…).
No fue un mundo fácil el que surgió de la victoria de 1945 y de la casi inmediata caída del telón de acero. En Haití gobernaba Duvalier, Papa Doc; en Cuba, Fulgencio Batista; en Venezuela, Marcos Pérez Jiménez; en Colombia, Gustavo Rojas Pinilla; en Perú, Manuel Odría. Y era embajador de Estados Unidos en Guatemala el mismo “carnicero de Grecia” que decidió la guerra civil helena… Mario Vargas Llosa empezó a contar esa historia de fraudes y dictaduras en la ya lejana pero inolvidable novela Conversación en La Catedral, que estigmatizó los tiempos de Odría; ensayó luego el relato histórico múltiple, tocado de fantasía, en La guerra del fin del mundo, y volvió a la mezcla de novela política y ficción en La Fiesta del Chivo, retrato de la dictadura de Trujillo. Casi 20 años después, el lector de Tiempos recios reconocerá algunos hechos y personajes de esta. Pero la maestría del autor es mayor, si cabe, que entonces y la novela es un prodigioso mecanismo que invita al lector a dejarse llevar entre la suspensión y el destino, tal como la historia nos lleva a todos, hacedores, testigos o víctimas. El relato es una suerte de historia deconstruida, donde una breve escena, casi un flash, que puede pasar inadvertida —la muerte de Castillo Armas— se desarrolla más ampliamente páginas después. La sosegada plática de un chófer cubano y un atrabiliario funcionario dominicano se va intensificando y explicitando hasta llevar a sus personajes al núcleo central de la acción. En un capítulo como el VII se superpone —en una vertiginosa catarata— toda la relación personal de Castillo Armas con el dictador Trujillo, desde los preparativos de la sublevación a las consecuencias de su éxito. Y una turbia historia de amor y traición en el seno de la alta burguesía guatemalteca —que parece una leyenda de 1900, al modo modernista— alumbra al cabo uno de los personajes más sugestivos del libro: Martita Borrero, la que nunca fue miss Guatemala…
La trama invita al lector a dejarse llevar entre la suspensión y el destino, tal como la historia nos lleva a todos, hacedores, testigos o víctimas
La alternancia de velocidad, suspensión y destino es uno de los poderes del narrador y pocos lo utilizan con la endiablada sabiduría de Mario Vargas Llosa. Pero también la piedad con sus personajes es otra de las potestades que ejercita… Al lector de Tiempos recios no le pasará inadvertida la entereza de Jacobo Árbenz, el militar inseguro de sí que no quiso armar unas milicias populares que se opusieran al atrabiliario ejército “liberacionista” y que prefirió renunciar a la presidencia, cuando recibió el ultimátum de sus colegas. Pero también su enemigo Carlos Castillo Armas, a quien llaman Caca y Cara de Hacha, feo, irascible y lleno de complejos, comparte algo de la debilidad de su rival, y fracasa y muere por manos de quienes creía los suyos. Y está enamorado de una mujer que lo utiliza.
Piedad en tiempos recios
La misma comprensión se aplica a todos, aunque se complazca en los aspectos más chuscos y pintorescos. La vida de Martita —amante de Castillo Armas y luego de Johnny Abbes; después, propagandista radiofónica del dictador y perseguida política— debe más al humor que a la aversión. E incluso la peripecia de Abbes, el más siniestro de todos, se presenta bajo especies cómicas: su fealdad, su vestimenta absurda, su cursilería, sus vicios soeces. Ni siquiera su final —masacrado por los tontons macoutes haitianos— deja de tener un eco farsesco… porque, al cabo, a lo mejor todo ha sido mentira (parece que su muerte “real” —o su última escapatoria— se produjo en la voladura de su casa por la policía de Papa Doc).
Pero prefiero quedarme con las páginas más conmovedoras que son aquellas donde Arturo Borrero, el padre de Martita, a punto de morir de un cáncer, se reconcilia con Efrén García Ardiles, quien fue su amigo, es el padre de su nieto y también el objeto del odio de toda su vida. Esa plática postrera es como el corazón desvalido, incrédulo pero compasivo, de esta novela hermosa y turbadora que trata de la maldad y quisiera conjurarla.
Fuente:
https://elpais.com/cultura/2019/10/08/babelia/1570528763_223994.html
De la sola expectativa
Luis Barragan el día
Numerosos pueden ser los autores de moda, pero escasos los de culto. Menor aún el número de aquellos que medio siglo o más, después, se les lee con avidez fuera del ámbito académico que los preserva.
“Tiempos recios” es la nueva novela anunciada para finales de año, por Mario Vargas Llosa. Versa – se dice – sobre la Guatemala de Árbenz, injustamente depuesto con el concurso decisivo de la CIA.
El escritor ya hundió el bisturí sobre la remota época, sin complejo alguno. El acontecimiento, predilecto de los propagandistas de ocasión, emblematiza las condiciones y consecuencias de la llamada Guerra Fría en este lado del mundo, aunque tardíamente se supo de lo acaecido en el otro.
Debemos esperar unos meses más para conocer la versión del gran narrador peruano, o quizá años de continuar la dictadura venezolana que también nos empobreció editorialmente. Empero, la sola expectativa que levanta el anuncio autorizará cualesquiera textos, conjeturas y apuestas que nos cundirán de otros bytes.
Quien sepa del estilo, ingeniería narrativa e inspiración de Vargas Llosa, e, incluso,el que lo haya decodificado como él mismo hizo con William Faulkner, al iniciarse con la pluma, intentará adivinar la versión definitiva, entre varias de los tiempos de profundidad o puerilidad del autor. Todos coincidirán en el acucioso tratamiento histórico del tema, discrepando sobre una solución que no arriesgará comercialmente una marca tan exitosa: por ello, entre amigos, la breve encuesta concluye que estará más cerca de “La fiesta del chivo”, novela propicia para sus reflexiones políticas, sentido tan cercano el ejercicio que impone sus artículos de opinión, que de una aventura, experimento o “boutade” que, en lo personal, más nos atrae, así lleve algunos años digerirlo y reivindicarlo.
La literatura está hecha para la ruptura, faltando poco, así no la deseen quienes la hacen. Convengamos, el talento es un dato indispensable.
En definitiva, bien escaso, el acreditado intelectual no requiere tampoco de una extraordinaria maquinaria publicitaria para asegurar el éxito de la edición. Ya habrá el apasionado seguidor de don Mario, capaz de escudriñar el tema en toda su obra y, además, el obcecado adversario, blindado por un marco teórico por ahora ocioso, esperando la aparición de “Tiempos recios” para devorarlo y, a los días, despachar el ensayo correspondiente.
06/06/2019:
http://guayoyoenletras.net/2019/06/17/la-sola-expectativa/
Cfr.
Ángel de SanMartín Tudela: "La escritura de Mario Vargas LLosa, heredera de las vanguardias: https://www.tdx.cat/bitstream/handle/10803/285527/ADSMT_TESIS.pdf?sequence=1&isAllowed=y
Opinión de Andrés Amorós: https://www.youtube.com/watch?reload=9&v=_oyqwbPAjgY
Presentación del libro: https://www.youtube.com/watch?v=6rYabLivBjo&t=2489s
Entrevista de Rosa María Palacios: https://www.youtube.com/watch?v=MKuUNzYrFE4
Imágenes: Excepto la portada del libro, capturas de pantalla de la presentación y de la entrevista.
Juan José Monsant Aristimuño
El Mundo, sábado 26, octubre 2019
Termino de leer el último libro de Mario Vargas Llosa, cuyo título no me cautivó ante tan extraordinaria novela histórica, donde no solo juega con los hechos y personajes, sino con las palabras, como siempre.
Recio, lo relaciono con lo gallardo, valiente, firme, bizarro, solo que ante la duda acudo al tambaleante Diccionario de la Real Academia de la lengua española, en una de cuyas sillas se sienta nada más y nada menos que uno de los mejores escritores de nuestra lengua, el irreverente Don Arturo Pérez-Reverte, quien como la afamada escritora ya fallecida, la recia Oriana Fallaci, se inició como corresponsal de guerra en el arte de la escritura. Entonces el DRAE me aclara que entre tantas denominaciones, recio significa también violento, intenso, áspero, malgeniado.
Deduzco entonces que Vargas Llosa lo utiliza en el sentido de violento e intenso. Y no es para menos, el autor recrea los tiempos del derrocamiento de Jacobo Arbenz, presidente de Guatemala en los primeros años de la década de los años 50, acusado de comunista por la poderosa United Fruit Company.
Arbenz fue discípulo de Juan José Arévalo, y su ministro de Defensa (1944-1951), se casó con la muy bella joven salvadoreña María Cristina Vilanova, considerada una de las primeras feministas de Centroamérica por sus ideas avanzadas para la época en que le tocó actuar. A Arbenz lo señalaron de comunista por su Ley de Reforma Agraria, y exigir que la United Fruit Co., debía pagar impuestos sobre sus ganancias, al igual que toda empresa guatemalteca o estadounidense.
En ese ámbito se desarrolla la novela, plena de conspiraciones militares y hacendados, la CIA, la United Fruit Co., y la presencia del inefable Rafael Leonidas, “Chapita” Trujillo, y sus agentes y sicarios, vengando la afrenta que le hizo el coronel Castillo Armas, una vez investido de presidente, a pesar de toda la ayuda monetaria y de pertrechos que puso a su disposición para el derrocamiento de Arbenz y su aspiración presidencial. Aún se afirma que Trujillo tuvo que ver en el asesinato de Carlos Castillo Armas, en 1957 en el mismo palacio presidencial. Por supuesto no falta la presencia de la amante, y sus particulares manipulaciones, quien al caer Castillo Armas, se refugia en El Salvador y de allí a la República Dominicana, de donde tuvo que salir a la muerte de Trujillo (actualmente a sus 84 años vive a las afueras de Washington).
Hoy en día, tal como se presentan los acontecimientos en nuestro continente, no estamos lejos de recrear aquellos años azarosos, donde se diluye la verdad con la fantasía y el poder fáctico con los valores humanos. Hay factores más poderosos que los que convergieron en Guatemala: el narcotráfico, el lavado de dinero, el terrorismo internacional; no se trata de comunistas, capitalistas, socialdemócratas, socialcristianos, liberales o conservadores. Es el poder, lo que representa y conlleva.
El caso Venezuela es sintomático, se declararon socialistas y terminaron en una tiranía castrista, antioccidental, protectora del terrorismo del Medio Oriente, enemiga de la democracia, y aliados y socios del narcotráfico, minerales, personas y lavado de dinero.
Luego de un breve paréntesis, donde parecía que el modelo se venía abajo, observamos que hay un reagrupamiento del crimen organizado disfrazado de populismo, ante el vacío dejado por la timidez, comodidad, intereses o cobardía, de quienes se llaman demócratas a nivel individual o de países. Dejaron pasar, dejaron hacer.
Perú, Ecuador, Chile, Colombia, el Grupo de Lima y el propio Estados Unidos, han comenzado a sufrir las consecuencias de su pusilanimidad e inactividad canallesca.
El Salvador debe estar muy alerta, irán tras de él, porque fueron poder y lo perdieron; el país es emblemático, por la guerra de los 80, y porque fueron gobierno. De modo la inteligencia debe estar alerta, quienes entran y quienes salen. No dejarán pasar un modelo que presagia estabilidad.
Breve nota LB: Afortunadamente, el autor nos envió el texto.
"Después de 'La fiesta del Chivo', ¿tiene sentido 'Tiempos recios'?"
Andrés Amorós .
"Después de La fiesta del Chivo, ¿es un acierto volver ahora al mismo escenario?", se pregunta Federico Jiménez Losantos refiriéndose a Tiempos recios (Alfaguara), la última novela de Mario Vargas Llosa. Para responderle se encuentra a su lado Andrés Amorós, que ha traído desmenuzado a Es la mañana de esRadio, precisamente, ese "ensayo político, más que novela", que parece el libro.
"Se trata de una biografía y una reivindicación del presidente de Guatemala Jacobo Árbenz", explica el crítico. Su historia política comenzó en 1944, cuando, después de la Revolución que terminó con la destitución de Federico Ponce Vaides, él ejerció de ministro de Defensa en el gobierno de Juan José Arévalo. Al terminar dicha legislatura, en 1950 ganó las elecciones, y ostentó el cargo de presidente del país hasta 1954, año en el que una nueva revolución acabó con él. Sus profundas reformas sociales, en concreto la Reforma Agraria, que pretendía terminar con las desigualdades y aportar oportunidades a los indígenas pobres —que constituían el 70 por ciento de la población guatemalteca—, sirvieron para hacerle pasar por comunista a ojos de Estados Unidos, y terminaron costándole el puesto.
"Pero Vargas Llosa se empeña en explicar por activa y por pasiva que Árbenz no era comunista". La tesis del libro, según explica Amorós, viene a decir que fue Estados Unidos, y más en concreto la CIA, espoleada por la archiconocida United Fruit, la que presentó al presidente falsamente como comunista. "El libro es un análisis del poder terrible que tiene la propaganda y cómo la manipulación de la verdad puede terminar provocando acontecimientos gravísimos".
"Sin embargo", apunta Amorós, "lo curioso es que siendo una reivindicación del presidente depuesto, éste aparece bastante poco en la novela". El protagonismo está repartido entre varios personajes, y ninguno de ellos representa al héroe. "El único, en todo caso, sería el propio destino trágico de Árbenz, que ingenuo, bienintencionado, se equivoca al querer implantar una democracia al estilo estadounidense en Guatemala". Al final, el centro de la trama terminan siendo los villanos: "Por un lado el director general de Seguridad guatemalteco Enrique Trinidad Oliva, y por otro el dominicano Abbes García, además de la ambiciosísima Martita".
"Se trata de una novela sólida, interesante, aunque tampoco genial. Los mejores pasajes son en los que vuelve a aparecer Trujillo, con su familia", resume el crítico. Como puntos fuertes, el estilo de Vargas Llosa, "que nunca deja frases bonitas. Es un narrador eficaz", y "una especie de juego metaliterario al final de la novela, cuando el narrador se entrevista con un personaje". También el mensaje final del libro: "La idea de que esta historia, provocada por la mentira de las fake news, terminó cambiando el destino de todo el continente hispanoamericano, ya que produjo una oleada de rechazo al capitalismo y a Estados Unidos que empujó a muchos de esos países al otro bando de la Guerra Fría". Como punto menos fuerte, "la falta de sorpresa. No es una novela sorprendente. Es sólida, sí, pero no mucho más".
Fuente:
https://www.libertaddigital.com/cultura/2019-10-15/andres-amoros-mario-vargas-llosa-tiempos-recios-la-fiesta-del-chivo-guatemala-arbenz-castillo-armas-trujillo-1276646299/
EL LIBRO DE LA SEMANA
Crítica de 'Tiempos recios': no es país para viejas
Mario Vargas Llosa parece haber acuñado la fórmula perfecta de narrar la corrupción
Ricardo Baixeras
En esta novela de Mario Vargas Llosa (Arequipa, Perú, 1936) está el escribidor que sostiene una endiablada historia política con los tintes cruentos de la verdad de las mentiras o, como quería Daniel Sada, con aquello de que porque parece mentira la verdad nunca se sabe: "¿Era la historia esa fantástica tergiversación de la realidad?¿La conversión en mito y ficción de los hechos reales y concretos? […] ¿Un amasijo de mentiras convertidas en gigantescas conspiraciones de los poderosos?" A cada cual lo suyo, pero para el Nobel peruano sigue valiendo, y mucho, escribir bajo el yugo de una técnica en forma de cruce de voces, un montaje de diálogos cabalmente ensamblados y una estructura contrapuntística sosteniendo una catedral de documentación que le permite asediar el mundo como si de un feudo de malhechores se tratara. Dos palabras fáciles de decir pero harto complejas de llevar al mundo de la ficción: discontinuidad y simultaneidad. Súmenle a esa pareja faulkneriana el impagable toque a lo flaubertiano que en Vargas Llosa significa esto: ¿cómo cabe dibujar un mapa de las debilidades humanas?
En 'La fiesta del Chivo', el general en su laberinto era Trujillo y su República Dominicana. En 'Conversación en La Catedral' le tocó la corrupción moral y la represión política que vivió Perú bajo la dictadura del general Manuel A. Odría. Ahora la mirada de Vargas Llosa se dirige con fruición al golpe militar que Carlos Castillo Armas consumó contra el gobierno legítimo de Jacobo Árbenz en Guatemala.
Contar la corrupción
Y sí. No sólo el lector danza con el narrador en un baile de máscaras nada veneciano y sucumbe al laberinto de la maldad. Los personajes también. Porque son víctimas de una maraña de conspiraciones y contra conspiraciones. Porque están dibujados con la pluma certera de quien parece haber inventado el modo en que debe contarse la corrupción, que todo lo asola. Y porque aquí la música es violenta y no hay lugar para la ternura que no tiene cabida en una historia que mira cara a cara las vidas violentamente sanguinarias de un país que es todos los países latinoamericanos. De aquellos barros, estos lodos.
No hay esperanza para Carlos Castillo Armas, el "caballero exquisito y delicado", ni para el coronel dominicano Johnny Abbes García, "jefe de la Seguridad del Generalísimo Trujillo, asesino, torturador y encargado de varios asesinatos e intentos de crímenes en el extranjero" y que supuestamente prueba de su propia medicina cuando encuentra la muerte cara a cara en Haití de manos de "los tontonmacoutes de Papa Doc". Tal vez solo queden anhelos para un personaje que sobrevive a todo y a todos, incluido un narrador que tal vez les suene, un tal Mario, con quien dialoga en un epílogo que ni cierra el libro ni contiene más verdad -ni más mentira- que cualquier otra sección de esta novela: una vieja Marta Borrero Parra, "la antigua Miss Guatemala (que nunca lo fue)" y a la que ya no le queda país en el que vivir.
Fuente:
https://www.elperiodico.com/es/ocio-y-cultura/20191018/critica-tiempos-recios-mario-vargas-llosa-7689013
Tiempos recios”: nuestra crítica al libro de Mario Vargas Llosa
José Carlos Yrigoyen reseña la esperada obra del premio Nobel de Literatura peruano
Las expoliaciones y abusos de la United Fruit, tenebrosa multinacional estadounidense que durante décadas manejó a su antojo la política y la economía de los países de Centroamérica y el Caribe, han sido sobradamente abordados en la literatura latinoamericana. Basta recordar el episodio de la masacre de las bananeras en “Cien años de soledad” o los horrores de “Los ojos de los enterrados” de Miguel Ángel Asturias. Pero a diferencia de esas novelas, “Tiempos recios”, la más reciente entrega de Mario Vargas Llosa (Arequipa, 1936), no emprende esta historia desde la perspectiva popular, sino a través de los decisivos espacios del poder. Se ocupa de los pormenores secretos y públicos del golpe de Estado que la CIA auspició contra el régimen progresista de Jacobo Árbenz en Guatemala y las intrigas internacionales que este hecho ocasionó en el desarrollo de la Guerra Fría y en diversas vidas particulares.
Alternando con apabullante maestría la crónica política con la ficción, Vargas Llosa reconstruye el germen de este complot situándonos en el centro de las altas esferas donde se planificó y se combatió. Opción difícil, que es acometida con brío. No hay aquí rastro de artificiosidad ni maniqueísmo: a diferencia de otros intentos similares, en este libro las palabras y motivaciones de los militares, empresarios y mandatarios nunca escapan de los terrenos de la verosimilitud. Ello permite redondear actores complejos y efervescentes en sus contradicciones y deseos como es el caso de Árbenz, hombre principista acosado por el alcoholismo y sus ultramontanos enemigos.
Las conexiones que “Tiempos recios” mantiene con “La fiesta del Chivo” son notorias y profundas. Trujillo regresa, abominable, flamígero y todopoderoso; en sus sorpresivas apariciones se reafirma como uno de los más impresionantes personajes que ha modelado Vargas Llosa en toda su obra. También vuelve Johnny Abbes García, jefe de inteligencia del dictador dominicano, quien tiene un papel determinante en esta historia: su personalidad se puebla de nuevas aristas y fisuras, cobrando un inesperado espesor dramático en los capítulos finales. Y así como le ocurre a Urania Cabral, protagonista de “La fiesta del Chivo”, la indomable Marta Borrero –el otro personaje de peso de este libro– cae en un atroz remolino de sexo, política y violencia del que no podrá salir indemne.
Y si “Historia de Mayta” podía leerse como una feroz crítica a la izquierda revolucionaria, “Tiempos recios” resulta una lúcida requisitoria contra lo que Vargas Llosa ha llamado la derecha iliberal, pero también una autocrítica desde el liberalismo: se señala la inconsecuencia de los medios de prensa norteamericanos que ayudaron a derribar el gobierno de Árbenz y colaboraron así para que la alternativa democrática fuera durante décadas inalcanzable en América Latina. Literariamente notable y alejada de estereotipos ideológicos, “Tiempos recios” es la mejor novela de Mario Vargas Llosa desde “La fiesta del Chivo” y prueba irrebatible de su vigencia, aunque algunos detractores se empeñen en afirmar lo contrario.
Fuente:
https://elcomercio.pe/luces/libros/tiempos-recios-nuestra-critica-al-libro-de-mario-vargas-llosa-noticia/
Piedad en tiempos recios
Mario Vargas Llosa construye una novela hermosa y turbadora que trata de la maldad y quisiera conjurarla
José-Carlos Mainer
Tiempos recios —un título que el autor debe a Teresa de Jesús— se divide en dos partes de tamaño muy desigual: la primera, ‘Antes’, contiene todas las historias, reales o imaginarias, que conforman esta novela fascinante, casi hipnótica; la segunda, ‘Después’, cuenta que uno de los personajes que parecía de ficción pertenece al reino de lo real… Tan real como lo es el arranque de la novela en forma de un ameno ensayo de historia política: el encuentro de los judíos emigrados a Estados Unidos —el creador de la empresa United Fruit y el inventor de las public relations—, que fue la causa primera de que en 1954 el Gobierno de Estados Unidos acabara con la presidencia progresista de Jacobo Árbenz en Guatemala. Y de que, no mucho después, se eliminara turbiamente al mismo incauto coronel Castillo Armas que derrocó a Árbenz… Puede que, de añadidura, Vargas Llosa tenga bastante razón al pensar que aquel error chapucero y sangriento —al que contribuyeron dictadores tan impresentables como Somoza, de Nicaragua, y Trujillo, de la República Dominicana, además del arzobispo guatemalteco Mariano Rossell y Arellano— llevara a buena parte de la juventud rebelde americana de 1954 a las filas de la ortodoxia comunista y a la protección de la Unión Soviética (conviene recordar que el anticomunismo ha sido una más de las perversiones políticas del siglo XX y lleva camino de seguir siéndolo…).
No fue un mundo fácil el que surgió de la victoria de 1945 y de la casi inmediata caída del telón de acero. En Haití gobernaba Duvalier, Papa Doc; en Cuba, Fulgencio Batista; en Venezuela, Marcos Pérez Jiménez; en Colombia, Gustavo Rojas Pinilla; en Perú, Manuel Odría. Y era embajador de Estados Unidos en Guatemala el mismo “carnicero de Grecia” que decidió la guerra civil helena… Mario Vargas Llosa empezó a contar esa historia de fraudes y dictaduras en la ya lejana pero inolvidable novela Conversación en La Catedral, que estigmatizó los tiempos de Odría; ensayó luego el relato histórico múltiple, tocado de fantasía, en La guerra del fin del mundo, y volvió a la mezcla de novela política y ficción en La Fiesta del Chivo, retrato de la dictadura de Trujillo. Casi 20 años después, el lector de Tiempos recios reconocerá algunos hechos y personajes de esta. Pero la maestría del autor es mayor, si cabe, que entonces y la novela es un prodigioso mecanismo que invita al lector a dejarse llevar entre la suspensión y el destino, tal como la historia nos lleva a todos, hacedores, testigos o víctimas. El relato es una suerte de historia deconstruida, donde una breve escena, casi un flash, que puede pasar inadvertida —la muerte de Castillo Armas— se desarrolla más ampliamente páginas después. La sosegada plática de un chófer cubano y un atrabiliario funcionario dominicano se va intensificando y explicitando hasta llevar a sus personajes al núcleo central de la acción. En un capítulo como el VII se superpone —en una vertiginosa catarata— toda la relación personal de Castillo Armas con el dictador Trujillo, desde los preparativos de la sublevación a las consecuencias de su éxito. Y una turbia historia de amor y traición en el seno de la alta burguesía guatemalteca —que parece una leyenda de 1900, al modo modernista— alumbra al cabo uno de los personajes más sugestivos del libro: Martita Borrero, la que nunca fue miss Guatemala…
La trama invita al lector a dejarse llevar entre la suspensión y el destino, tal como la historia nos lleva a todos, hacedores, testigos o víctimas
La alternancia de velocidad, suspensión y destino es uno de los poderes del narrador y pocos lo utilizan con la endiablada sabiduría de Mario Vargas Llosa. Pero también la piedad con sus personajes es otra de las potestades que ejercita… Al lector de Tiempos recios no le pasará inadvertida la entereza de Jacobo Árbenz, el militar inseguro de sí que no quiso armar unas milicias populares que se opusieran al atrabiliario ejército “liberacionista” y que prefirió renunciar a la presidencia, cuando recibió el ultimátum de sus colegas. Pero también su enemigo Carlos Castillo Armas, a quien llaman Caca y Cara de Hacha, feo, irascible y lleno de complejos, comparte algo de la debilidad de su rival, y fracasa y muere por manos de quienes creía los suyos. Y está enamorado de una mujer que lo utiliza.
Piedad en tiempos recios
La misma comprensión se aplica a todos, aunque se complazca en los aspectos más chuscos y pintorescos. La vida de Martita —amante de Castillo Armas y luego de Johnny Abbes; después, propagandista radiofónica del dictador y perseguida política— debe más al humor que a la aversión. E incluso la peripecia de Abbes, el más siniestro de todos, se presenta bajo especies cómicas: su fealdad, su vestimenta absurda, su cursilería, sus vicios soeces. Ni siquiera su final —masacrado por los tontons macoutes haitianos— deja de tener un eco farsesco… porque, al cabo, a lo mejor todo ha sido mentira (parece que su muerte “real” —o su última escapatoria— se produjo en la voladura de su casa por la policía de Papa Doc).
Pero prefiero quedarme con las páginas más conmovedoras que son aquellas donde Arturo Borrero, el padre de Martita, a punto de morir de un cáncer, se reconcilia con Efrén García Ardiles, quien fue su amigo, es el padre de su nieto y también el objeto del odio de toda su vida. Esa plática postrera es como el corazón desvalido, incrédulo pero compasivo, de esta novela hermosa y turbadora que trata de la maldad y quisiera conjurarla.
Fuente:
https://elpais.com/cultura/2019/10/08/babelia/1570528763_223994.html
De la sola expectativa
Luis Barragan el día
Numerosos pueden ser los autores de moda, pero escasos los de culto. Menor aún el número de aquellos que medio siglo o más, después, se les lee con avidez fuera del ámbito académico que los preserva.
“Tiempos recios” es la nueva novela anunciada para finales de año, por Mario Vargas Llosa. Versa – se dice – sobre la Guatemala de Árbenz, injustamente depuesto con el concurso decisivo de la CIA.
El escritor ya hundió el bisturí sobre la remota época, sin complejo alguno. El acontecimiento, predilecto de los propagandistas de ocasión, emblematiza las condiciones y consecuencias de la llamada Guerra Fría en este lado del mundo, aunque tardíamente se supo de lo acaecido en el otro.
Debemos esperar unos meses más para conocer la versión del gran narrador peruano, o quizá años de continuar la dictadura venezolana que también nos empobreció editorialmente. Empero, la sola expectativa que levanta el anuncio autorizará cualesquiera textos, conjeturas y apuestas que nos cundirán de otros bytes.
La literatura está hecha para la ruptura, faltando poco, así no la deseen quienes la hacen. Convengamos, el talento es un dato indispensable.
En definitiva, bien escaso, el acreditado intelectual no requiere tampoco de una extraordinaria maquinaria publicitaria para asegurar el éxito de la edición. Ya habrá el apasionado seguidor de don Mario, capaz de escudriñar el tema en toda su obra y, además, el obcecado adversario, blindado por un marco teórico por ahora ocioso, esperando la aparición de “Tiempos recios” para devorarlo y, a los días, despachar el ensayo correspondiente.
06/06/2019:
http://guayoyoenletras.net/2019/06/17/la-sola-expectativa/
Cfr.
Ángel de SanMartín Tudela: "La escritura de Mario Vargas LLosa, heredera de las vanguardias: https://www.tdx.cat/bitstream/handle/10803/285527/ADSMT_TESIS.pdf?sequence=1&isAllowed=y
Opinión de Andrés Amorós: https://www.youtube.com/watch?reload=9&v=_oyqwbPAjgY
Presentación del libro: https://www.youtube.com/watch?v=6rYabLivBjo&t=2489s
Entrevista de Rosa María Palacios: https://www.youtube.com/watch?v=MKuUNzYrFE4
Imágenes: Excepto la portada del libro, capturas de pantalla de la presentación y de la entrevista.
sábado, 2 de junio de 2018
LA CAÍDA DE MEDINA ANGARITA
Julio César Moreno León
Al iniciarse el año 1945 dos temas
noticiosos ocupan la atención de la opinión pública venezolana. En el
plano internacional destacan los cruentos combates librados por las tropas
aliadas frente a las de la coalición nazi fascista en Europa, y los enfrentamientos
bélicos que lideran los Estados Unidos ante los ejércitos del imperio japonés,
en el desenlace final de la segunda
guerra mundial. Y en la política nacional el debate en torno a la sucesión
presidencial, es sin duda el asunto de mayor trascendencia a ser definido
durante el año que comienza.
El mandato constitucional del general
Medina, iniciado en 1941, se ha caracterizado por el desarrollo de una
importante obra material, en un ambiente de pleno respeto a las libertades
democráticas sin precedentes en lo que va del siglo xx venezolano.
Corresponde al Congreso Nacional, de
acuerdo con la Constitución vigente, la
designación del nuevo Presidente de la República para el período 1946-1951.
Cuatro factores fundamentales conforman las principales alineaciones políticas
del país. Son estas, el Partido Democrático Venezolano (PDV), agrupación
representativa del oficialismo; la corriente comunista integrada básicamente
por Unión Popular, que ha dado su respaldo a la gestión gubernamental; Acción
Democrática, movimiento de oposición que despunta como una organización con
creciente arraigo en los sectores populares; y los grupos liderados por el
general Eleazar López Contreras quien se vislumbra como aspirante a una nueva nominación
presidencial.
El día 2 de enero todos los medios
impresos ocupan su primera página con la alocución de año nuevo del Presidente
Isaías Medina Angarita. En el balance de la gestión realizada durante el año
que acaba de concluir, el Primer Mandatario al referirse a la posición asumida
por Venezuela en el conflicto bélico mundial señala:
“En la conmoción que hace trepidar
al mundo, no sólo hemos podido mantener todo cuanto constituye nuestra
existencia nacional, sino que además nos ha sido dado acrecentar sus valores
morales, y esos bienes materiales que caracterizan la efectividad de la
democracia venezolana y el creciente bienestar del pueblo.
La hora de la paz que se avecina
habrá de encontrarnos para enfrentar los graves problemas que desde ahora
afloran en la grave situación de la posguerra.
Hemos dado en toda la medida de
nuestras fuerzas, y con la dignidad de quien tiene glorias tradicionales que
respetar, nuestra cooperación más amplia al triunfo de las Naciones Unidas y
Asociadas, porque consideramos que él ha de ser también el triunfo de la
seguridad, la justicia y la democracia”.
Al abordar la situación política
nacional, llama “a la reflexiva madurez que necesita el país para prepararse
a afrontar la importante cuestión de la sucesión presidencial que habrá de
plantearse de manera definitiva en el curso del año que comienza”, y
exhorta a sus compatriotas “a deponer ambiciones para que el hombre que haya de merecer el insigne honor de
la más alta responsabilidad, garantice ampliamente la continuidad
ininterrumpida de la línea de progreso social y cultural de la democracia
venezolana”.
En relación con la cercana elección
de un sucesor, y en evidente alusión a las aspiraciones reeleccionistas del
general López Contreras, Medina se pronuncia por la necesidad de “reafirmar las
instituciones más allá de los personalismos”, y proclama “que la
República no sea nunca, y nunca habrá de serlo, el patrimonio de un caudillo o
el feudo de una casta”. Esas
palabras contribuyen a deslindar en campos opuestos al PDV y al lopecismo, las
dos fuerzas políticas fundamentales con poder de decisión en el Parlamento
Nacional.
Durante el anterior período de
gobierno presidido por el general Eleazar López Contreras, el país da sus
primeros pasos hacia la progresiva instauración del orden democrático. Medina
Angarita, el sucesor escogido por el propio López, ha profundizado ese camino
de libertades y enfrenta ahora las aspiraciones de retorno al poder de su
antiguo mentor. El nuevo año será el
escenario de una confrontación entre estas dos figuras fundamentales del país,
y marcará la fractura del orden que hasta entonces había signado una etapa de
pausado y pacífico progreso de la
sociedad venezolana.
Los medios de comunicación en el
transcurso de este mes de enero informan sobre importantes tareas
gubernamentales en las áreas de obras públicas, educación y salud. En materia
sanitaria, el gobierno hace esfuerzos en la batalla contra el paludismo y la
tuberculosis. Las autoridades informan que en la ciudad de San Fernando de
Apure un ochenta y cinco por ciento de las miles de personas vacunadas con la tuberculina,
reaccionan favorablemente a este medicamento. Está igualmente en marcha una
campaña en contra de la bilharzia que azota por igual a todos los sectores
sociales de la población de Caracas, debido a la contaminación de los ríos y
quebradas del valle capitalino. El médico Luis Enrique Olarte, contabiliza en
14.529 el número de personas afectadas por esta enfermedad a la cual considera “más
terrible que la sífilis”, y señala a los medios de comunicación que para
prevenirla se utiliza cal recién apagada con el fin de matar los caracoles
vectores del parásito.
En el área de obras públicas se
anuncia la aprobación, por parte del Concejo Municipal de Caracas y la
Gobernación del Distrito Federal, del proyecto de la Avenida Simón Bolívar, que partirá de la
reurbanización de El Silencio, y el martes treinta el Ejecutivo decreta la
expropiación de los terrenos y viviendas ubicadas en la zona en donde será construida
la nueva arteria vial. Se adelantan las obras de la Ciudad Universitaria, y la
empresa privada promociona la construcción de la Urbanización Altamira, bajo la
dirección del Arquitecto Luis Roche, presentando a este proyecto urbanístico
como “el más moderno y selecto de la capital, ubicado a sólo tres minutos de
la entrada del Country Club”.
El paso del progreso urbano decreta
el final de los viejos tranvías, y para sustituirlos se propone la adquisición
de modernos trolebuses. Y ante los requerimientos generados por el auge
del transporte aéreo en el país, la Línea Aerovías Venezolanas AVENSA, pone en servicio nuevos
aviones C-30 con capacidad para doce pasajeros, 1.400 kilos de carga, y a un costo de 83.000 dólares cada uno. El Presidente de la República inaugura la
Escuela Normal Miguel Antonio Caro, destinada a la formación de nuevos
maestros, con una capacidad de quinientos alumnos, y en la ciudad de Mérida se
construyen modernas edificaciones en el antiguo Liceo Libertador, a un costo de
1.967.000 bolívares, considerada esta obra como una de las iniciativas de mayor
significación social de que podrá disfrutar la llamada ciudad de los
caballeros.
Con el fin de estructurar la política
de inmigración, destinada a recibir a centenares de europeos víctimas de los
efectos de la guerra, el gobierno implementa los planes respectivos, a través del Comité de
Refugiados integrado por Laureano Vallenilla Lanz, Director del Instituto
Técnico de Inmigración y Colonización; J.R. Sanz Febres, Director de Seguridad
de Extranjeros del Ministerio de Relaciones Interiores; Félix Martínez
Espinoza, Director de Identificación; Roberto Gabaldón, Secretario del Comité
de Inmigración y Colonización para la Posguerra; y Luis Monsanto, Director de
Consulados.
El día 20 se realizan las elecciones
de diputados al Congreso Nacional. De acuerdo con lo establecido en la
Constitución Nacional, los parlamentarios son escogidos por los Concejos
Municipales de todo el país, resultando ganadoras las planchas del oficialismo.
En el Estado Aragua son electos
Ernesto Becerra y Rosendo Lozada Hernández; en Anzoátegui Pedro Cruz Bajares y
Domingo Guzmán Lander; en Apure Rafael Angel Viso Pitaluga; en Bolívar Brígido
Natera Ricci, y Augusto Casado Lezama; en Guárico Alfonso Espinoza y Gregorio
Palacios; en Lara Francisco Manuel Mármol, J.M. Domínguez Escalona, Manuel
Mármol, Antonio Manzano, Oscar Veracochea Lozada y Carlos Felice Cardot; en
Miranda José Fabiani Ruiz, J.E. Saume Carreño, y Estanislao Sifontes; en Zulia
Carlos Ramírez Mac Gregor, Darío Parra, Octavio Rafael Nery, Benito Roncagiolo
y Federico Shoeler, en Barinas Alberto Arvelo Torrealba, en Carabobo Julio
Maldonado Peña y Aníbal Montenegro; en Cojedes Luis Fraino Cordero; en Yaracuy
Mario Cordido y Manuel Vicente Tinoco; en Falcón Manuel Graterol Roque, Héctor
Jurado Roz y José A Silva Tellería; en Monagas Edmundo Luongo Cabello; en
Táchira Antonio Angarita, Ernesto Braga, Rosendo Ovalles y Luis Eduardo Santos;
en Trujillo Numa Quevedo, Augusto Márquez Cañizales y Guillermo Berti; en Sucre
Luis Guerra Olivieri, Eloy Lares Martínez, Antonio Silva Sucre y Miguel José
Guzmán; en Portuguesa Aníbal Lisandro Alvarado; en Mérida Roberto García y
Armando González Puccini; en Nueva Esparta Luis Hernández Solís; y en el
Distrito Federal Arturo Uslar Pietri, Martín Pérez Matos, Carlos Irazábal,
Leopoldo Manrique Terrero, Inocente Palacios y Cirilo José Brea.
En la escogencia de los diputados
cuya designación corresponde al Concejo Municipal del Distrito Federal se presenta una airada
confrontación entre el oficialismo y los sectores de la oposición, al renunciar
al partido Acción Democrática el Concejal Cirilo José Brea, quien uniendo su
voto al sector gubernamental permite el triunfo de esta parcialidad.
El Concejal Brea justifica su
actitud en carta dirigida al CEN de AD,
en la que señala que ese partido hace el juego a las pretensiones
reeleccionistas del general López
Contreras al promover una alianza en el Concejo de la capital en la que
resultarían electos diputados de esa tendencia, que califica como “reaccionaria”.
La Plancha oficialista que
resulta ganadora está integrada por los
diputados principales Arturo Uslar Pietri, Carlos Irazábal, Leopoldo Manrique
Tenreiro, Inocente Palacios, Martín Pérez Matos y Cirilo José Brea. Y por los
suplentes Ramón Alvins, M.V. Méndez Gimón, Fernando Negretti, José Gallegos
Mancera, Guillermo Plaza, y Martín Ayala Aguerrevere.
La lista de los grupos de oposición
derrotados la conforman los principales Humberto Fernández, Rómulo Betancourt,
Gregorio Prato, Lorenzo Fernández, Silvio Gutiérrez, y Felipe Sader Guerra. Y
los suplentes Gonzalo Barrios, Rafael Caldera, Pedro González Rincones, Raúl
Leoni, César Duarte y Carlos D´Ascoli.
Al comentar el resultado de estas
elecciones, el diario El Nacional celebra “la victoria de las fuerzas
democráticas coaligadas del PDV y de Unión Popular, que obtuvieron ayer un
trascendental triunfo político sobre el bloque de Acción Nacional, Acción
Democrática y las Bolivarianas de López Contreras”.
El matutino caraqueño denuncia a Acción
Democrática por hacer causa común en algunas regiones del país, con los que llama sectores reaccionarios, al
dar sus votos a “los falangistas y bolivarianos” Lorenzo Fernández y
Sader Guerra, postulados en la plancha de coalición integrada con AD para los
diputados del Distrito Federal.
Por su parte el diario El País,
vocero de AD, despliega una agresiva campaña contra el gobierno acusándole de
practicar una política de compra de votos. Y señala al disidente Cirilo Brea
como traidor a AD a cambio de prebendas otorgadas por el régimen.
Los acontecimientos ocurridos en el
Concejo Municipal de Caracas contribuyen a estimular una controversia salpicada
de especulaciones, en relación con la
posición que finalmente asumirá el Presidente Medina y con él la mayoría
parlamentaria integrada por el PDV y sus aliados, en relación a la candidatura
presidencial del oficialismo.
El martes 16 de enero, con la
aprobación de la Asamblea Legislativa del Estado Carabobo, se cumple el mínimo
requerido de los dos tercios de los parlamentos regionales, para la
modificación de la Constitución Nacional promovida por el Ejecutivo Nacional y
aprobada previamente por el Congreso de la República.
El día 25 llega a Venezuela el Mayor General Fulgencio
Batista, ex Presidente de Cuba, quien es recibido por el Ministro de Relaciones
Exteriores Caracciolo Parra Pérez, y por el Ministro de Relaciones Interiores
J.N. Rivas, y se entrevista en audiencia oficial en el Palacio de Miraflores
con el Presidente Medina.
El militar y político antillano
ejerció el gobierno de su país durante el período 1940-1944, dando paso al Dr.
Raúl Grau San Martín quien resultó electo Presidente en votaciones
democráticas. En ese período fue legalizado el Partido Comunista, se efectúan
algunas reformas económicas y sociales apoyadas por los sectores de izquierda,
y se permite el uso de bases militares
cubanas que sirven a las tropas norteamericanas en los enfrentamientos bélicos
de la segunda guerra mundial contra el Eje Nazi-Fascista.
El general cubano, declarado Huésped
de Honor, es objeto de múltiples reconocimientos por parte de los distintos
sectores políticos del país. Coloca una ofrenda ante el sarcófago del
Libertador en el Panteón Nacional, realiza un recorrido por los terrenos en los
que se edifica la futura Ciudad Universitaria, acude al Museo de Bellas Artes,
en la Plaza Altagracia rinde honores a José Martí, y el Presidente y su esposa
le ofrecen una cena en la residencia
oficial.
El diario El Nacional reseña el acto
realizado el día 30 en la sede del
partido marxista Unión Popular (UP), donde Batista es recibido por un numeroso
grupo de militantes, quienes le aplauden y corean las consignas “viva
Batista, abajo el fascismo, viva Cuba”.
En la presentación del visitante, Miguel
Otero Silva afirma: “Tenga la seguridad que al entrar a la casa de Unión
Popular, lo ha hecho en su propia casa”.
Rodolfo Quintero dice que el gobierno
de Batista ha sido “El más amplio sistema de libertades que jamás gozó la
tierra cubana”.
Y el dirigente Fernando Negrete
señala que bajo ese gobierno, “los trabajadores consiguieron sus más
legítimas reivindicaciones”.
El ex Presidente al agradecer el
homenaje asegura, “durante mi gestión
no dejé presos políticos, ni exiliados, ni periódicos suspendidos”.
La visita de Batista da pie a una
ácida polémica en los medios de comunicación, en la que algunos sectores
contrarios a su gestión de gobierno le señalan como un mandatario caracterizado
por actos de corrupción en el manejo de los recursos públicos.
En
las páginas del diario El País, vocero oficial del partido AD,
dirigentes de la Universidad Central
rechazan la presencia del ex mandatario.
Los líderes de la Federación de
Estudiantes de Venezuela (FEV) Antonio José Pupio, y Antonio Sotillo Arreaza;
de la Unión Nacional Estudiantil (UNE) Godofredo González y José Antonio Pérez
Díaz; los dirigentes de la Facultad de Derecho Aquiles Oráa, Raúl Ramos
Giménez, y Benito Raúl Lozada; los directivos de Odontología Raúl Vicentelli,
Matilde Ganímez, Carlos León Díaz; de Ingeniería Luciano Mendible Rivero; de
Medicina Miguel Malpica; de Farmacia Carlos Scanone; de Ciencias Económicas y
Sociales Arturo Sosa, así como el presidente del grupo de Periodistas
Universitarios Pedro J Mantellini, en comunicado conjunto declaran “persona
no grata al estudiantado universitario al ex Presidente Batista por haber
realizado durante su gobierno procedimientos de violencia y terror en contra
del estudiantado”. Y denuncian a quienes pretenden presentarlo como el
arquetipo del gobernante democrático y progresista.
Por su parte los dirigentes de UP,
publican en El Nacional el día 26, una declaración firmada por Rodolfo
Quintero, Alfredo Conde Jahn, Manuel Taborda, Pedro Beroes, Miguel Otero Silva,
Carlos Augusto León, Isidro Vallés y Carlos Irazábal, en la que responden a los
ataques realizados en contra del ex Mandatario “por los sectores
reaccionarios del país”.
Al referirse a la labor cumplida en
el desempeño de su gobierno, los firmantes del documento dicen, “el general
Batista como Presidente de la República, hizo que su pueblo recuperara el
pulso, combatió enérgicamente al fascismo, declaró la guerra al Eje, reafirmó
en todo momento su inquebrantable espíritu democrático y progresista, y
estableció relaciones con la Unión Soviética, vanguardia heroica de la
humanidad en su lucha contra el
fascismo”.
Mediante
un decreto del Ejecutivo Federal firmado por el Ministro de Relaciones
Exteriores Caracciolo Parra Pérez y el Ministro de Hacienda Rodolfo Rojas, se
inicia un proceso destinado a clausurar empresas de ciudadanos alemanes establecidos en el país,
ante el temor de que tengan vinculaciones con el régimen nazi. Cumpliendo esta
medida se ordena la clausura de las empresas Blohm y Asociados.
El gobierno da a conocer el programa conmemorativo de los 150 años del
natalicio del Gran Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre. Y en homenaje al
General Rafael Urdaneta, sus descendientes
donan a la nación la espada de este ilustre prócer de nuestra
independencia. La entrega de la valiosa reliquia es realizada por Lola
Urdaneta, Panchita Urdaneta de Díaz Cubillán y Rafael Urdaneta.
Una concentración campesina se realiza en la población de La Victoria,
en el Estado Aragua, a la cual, según el
diario El Nacional asistieron cerca de diez mil personas.
El slogan central del evento político organizado por los grupos de
izquierda es “todo el campesinado contra López Contreras”. Los
manifestantes se pronuncian por “el inicio de la reforma agraria; el
rompimiento con el régimen de Franco, y
el establecimiento de relaciones diplomáticas con la Unión Soviética”.
Los líderes de la reunión, Luis Miquilena, Luis Ojeda y Angel Márquez
dan a conocer el contenido de una comunicación enviada al Presidente Isaías
Medina en el que alertan sobre “los peligros reaccionarios que representa
López Contreras”.
En las salas de cine del país, como exaltación de los valores
nacionales se exhibe la película Alma Llanera, inspirada en la zarzuela
criolla con letra de Rafael Bolívar Coronado y música de Pedro Elías Gutiérrez,
y con la actuación de Héctor Monteverde, Luana Alcañiz, Matilde Cassier, y
Angel María Flores Cordero (Don Timoteo). La dirección del film está a cargo de
Manuel Peluffo, la musicalización es
obra de Pedro Elías Gutiérrez y María Luisa Escobar, y los diálogos son de Luis
Peraza (Pepe Pito).
En el cine Hollywood, se proyecta la película humorística Hitler soy Yo
interpretada por Adolfo Otero y Minin Bujones, y dirigida por Manuel Alonso. El
film satiriza a la figura del Führer, en medio de un despliegue de música
tropical y de un cómico parlamento destinado a condenar al decadente III Reich.
Verdadero furor causa en Caracas la presencia de la joven y famosa
artista cubana de 22 años, María Antonieta Pons quien proveniente de México se
presenta en nuestra capital contratada por el empresario Joaquín Martí. Le
acompañan el pianista Luis Pérez Lozano, y los bongoseros Ramón Castro y
Modesto Durán Martínez.
Entre las noticias relacionadas con el movimiento cultural en Caracas,
destaca la presencia en nuestra capital
del artista checo Emil Friedman, invitado a Venezuela por el Director de
Cultura Juan Bautista Plaza.
El destacado violinista, quien escapó de su país a raíz de la invasión
nazi, junto a cuarenta y tres músicos de
la Filarmónica de Praga, se encuentra alojado en las instalaciones del Hotel
Majestic. Realizará en la capital venezolana una gira que incluye varias
presentaciones en el Teatro Avila, y en el Teatro Municipal, y actuará en una
función de gala con la Orquesta Sinfónica de Venezuela bajo los auspicios de la
Asociación Venezolana de Conciertos, para continuar luego su gira artística por
Uruguay y Brasil. Friedman declara el viernes 19 en el diario La Esfera que “el
porvenir musical de América, está cuajado de inmensas posibilidades”.
Una trágica noticia dada a conocer en este mes de enero, conmociona a la
opinión pública venezolana. Se trata de la muerte de Monseñor Salvador Montes
de Oca, antiguo Obispo de Valencia. Según las notas informativas publicadas por
todos los diarios, el ilustre sacerdote venezolano fue fusilado por las tropas nazis el día 10 de septiembre de
1944, en la población italiana de Massa Apuania, junto a diez monjes que formaban
parte de su congregación religiosa, luego de ser acusados de refugiar a
miembros de la resistencia antifascista en el convento en el que se hallaban
recluidos.
El Canciller Parra Pérez consigna una enérgica Nota de Protesta a través
del Encargado de Negocios de Suiza en Caracas, con el fin de que el Consejo
Federal de ese país, a cargo de los intereses de Venezuela en Alemania,
transmita al régimen de Hitler el sentimiento de repudio nacional ante el
monstruoso crimen.
El escritor Pedro Beroes director del diario Ultimas Noticias, acusado
por el abogado Mario Ortega de haberle injuriado en las páginas de ese medio
informativo, se entrega a las autoridades el lunes 29 de enero. La presentación
de Beroes ante el tribunal, a cargo del Juez Hugolino Hernández, es acompañada
por numeroso público y destacadas personalidades de la prensa caraqueña que
acuden a solidarizarse con el conocido intelectual y periodista.
El
día 31, en acto especial celebrado en el Palacio de Miraflores, presentan sus
cartas credenciales al Presidente Medina Angarita los representantes de
gobiernos de los países bolivarianos que han venido a participar en la
conmemoración del Sesquicentenario del Gran Mariscal de Ayacucho. Los
actos solemnes se inician el 3
de febrero en la ciudad de Cumaná.
Las agencias internacionales de noticias dan cuenta el primero de enero
del “Pánico en Austria” ante el avance de las tropas rusas que realizan
una ofensiva final contra ese país;
anuncian la destrucción de las tropas nazi-húngaras al noreste de
Budapest, y califican la situación como “buen comienzo del año de la
victoria”. Los cables reseñan igualmente la ofensiva iniciada, por el XIV ejército norteamericano al norte de
Birmania. Para el día 12, dicen las
informaciones que en 10 días de lucha los alemanes han perdido diez y seis mil
hombres, y seiscientos cincuenta tanques.
El Presidente norteamericano Franklin Delano Roosevelt pronuncia el día
6, ante el Congreso de Los Estados Unidos su mensaje sobre El Estado de la
Unión. Y al referirse al desarrollo de la guerra mundial afirtma: “Esta
guerra debe librarse con la mayor y más persistente intensidad. Todo lo que
somos y todo lo que poseemos está en juego, y daremos todo lo que somos y todo
lo que poseemos”.
Un cable de UP fechado el día 15 informa que “aproximadamente tres
millones doscientos mil rusos y alemanes están trabados en una de las batallas
más gigantescas de toda la guerra, en un frente ininterrumpido desde Lituania
hasta Yugoeslavia combatiéndose por lo menos en nueve puntos distintos, en
lo que se considera el comienzo del año de la victoria”. Y en lo que los rusos llaman “La gran ofensiva invernal, La Marcha hacia
Berlín, bajo el comando del
general Koniev”.
En la Gran Bretaña, el Primer Ministro Winston Churchil expresa ante la
Cámara de los Comunes, el día 16, que la rendición de los ejércitos nazis debe
ser incondicional, y compromete a su país en un esfuerzo sin treguas para
derrotar la amenaza totalitaria.
Churchil rechaza cualquier acuerdo negociado para finalizar la guerra
con el nazi fascismo, y afirma la voluntad de lograr la victoria total mediante
la acción militar que destruya de raíz al III Reich.
El 17 las tropas soviéticas al mando del Mariscal Gregory Zhukov toman
la ciudad de Varsovia, y avanzan en dirección a la provincia de Berlín,
apoyados por intensos bombardeos aéreos de la aviación aliada al territorio
alemán. Ante la proximidad del Ejército Soviético los archivos de la Gestapo
son sacados de la ciudad.
Por su parte, en su guerra contra Japón los norteamericanos han invadido
Fais, isla de las Carolinas Occidentales, y realizan intensos ataques a Formosa y Okinawa, a bases petroleras en
Sumatra, y a las tropas japonesas establecidas
en Indochina.
El general Douglas Mac Arthur
avanza sobre Manila luego de desembarcar en la isla de Luzón, la más grande del
territorio filipino, en una intensa campaña de reconquista de ese territorio.
El diario El Heraldo anuncia el sábado 27 que veinticinco divisiones alemanas se
encuentran atrapadas en Prusia Oriental, y que el ejército rojo ha dado muerte
o ha capturado a más de trescientos mil alemanes en la llamada ofensiva de
invierno. Se anuncia igualmente que los norteamericanos han capturado una
sección de siete kilómetros en la Línea Sigfrido y se encuentran
aproximadamente a cuarenta kilómetros de la ciudad de Colonia. Fotografía: En la gráfica de 1944, el doctor Diógenes Escalante, Embajador de Venezuela en Estados Unidos, el Presidente Medina y el doctor Gustavo Manrique Pacanins, Procurador General de la Nación, en Washington, DC, EEUU, en la ocasión de la primera visita oficial de un Presidente venezolano a Estados Unidos. Tomada de: https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10156554805824729&set=gm.1704713642942005&type=3&theater&ifg=1
04/06/2018:
http://www.opinionynoticias.com/opinioncultura/32773-moreno-j-
domingo, 22 de abril de 2018
EL LIDERAZGO CUBANO: LISTO, ¿"SANSEACABÓ"?
EL PAÍS, Madrid, 21 de abril de 2018
En análisis
Cuba, tres escenarios
Viñetas del comunismo para Díaz-Canel
Héctor E. Schamis
El nuevo presidente de Cuba fue elegido a dedo por Raúl Castro en una votación que ni siquiera califica como mala copia de la competencia democrática. Es una sucesión forzada por el paso del tiempo con la que el castrismo busca reproducirse como régimen. Miguel Díaz-Canel, así se llama este virtual desconocido, lo confirmó ni bien fue ungido en el cargo. Ratificó su lealtad a los Castro y su alineamiento con los principios del Partido Comunista, cuyo primer secretario será precisamente Raúl hasta 2021.
Pero eso se dice el primer día, es frecuente que el Delfín termine siendo un traidor. Es más, asegurar que todo seguirá igual cuando el dictador ya no se llama Castro es una proposición a verificar. Por ello me aventuro a decir que habrá cambios, si bien en lo inmediato estarán lejos de producir una Cuba democrática. Aquí van tres escenarios hipotéticos, viñetas históricas de transición dentro del comunismo.
Primer escenario: Díaz-Canel revisionista
En febrero de 1956, Nikita Krushchev pronunció su “Discurso Secreto” ante el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética. En él denunció los crímenes y las purgas de Stalin, a quien denostó por fomentar el culto a la personalidad. Dicho discurso señaló el inicio del período revisionista, según lo caracterizó Mao, pero también un regreso a los fundamentos del marxismo-leninismo, marcadamente anti-personalista. El estalinismo constituía una desviación de dicha ortodoxia.
Sesenta años más tarde, no habrá idolatría posible en Cuba. Un Castro es difunto. El otro, sin carisma y octogenario avanzado, se retira de a poco del poder. Lo único viable para el régimen es despojarse del personalismo y volcarse hacia lo institucional. Cuba deberá comenzar su transición hacia el post-sultanismo y, obligadamente, por medio del revisionismo.
Lo cual implicará un sinnúmero de conflictos dentro del bloque en el poder. El Macondo comunista no se podrá reproducir, la dinastía se termina. Institucionalmente, además, Díaz-Canel es un burócrata del partido, no un oficial del ejército. Como tal, es pensable el rediseño de dicha relación. El socialismo de Estado se gobierna por medio de un partido de elites profesionales, con la institución militar subordinada al poder civil. Una dictadura militar personalista siempre fue la heterodoxia caribeña de Fidel Castro.
Segundo escenario: Díaz-Canel reformista
Bajo la larga sombra de la revuelta de 1956, reprimida por los tanques soviéticos, en enero de 1968 el gobierno de János Kádár introdujo el Nuevo Mecanismo Económico, un programa de reformas destinado a incrementar la eficiencia agregada. Si bien no era el único de ese tipo en el bloque socialista—de hecho, una relativa liberalización de precios fue introducida en esa época en Polonia, Bulgaria y Alemania Oriental—el “Comunismo Gulash” fue el más ambicioso de todas las versiones de socialismo de mercado.
Se liberalizó el comercio, se eliminaron las cuotas de producción y se descentralizó la estructura de la propiedad. Las firmas de propiedad estatal comenzaron a ser evaluadas por sus utilidades, lo cual hizo que los gerentes se preocuparan por costos, precios y calidad de sus productos. La transformación capitalista fue lenta pero de dirección clara. No suele recordarse hoy que en Hungría la privatización de empresas públicas comenzó en 1988, bajo la dirección del partido oficial y anticipándose a la disolución del mundo socialista.
Cuba inició un camino parecido en 1991. El fin de la Unión Soviética significó la perdida de los subsidios agrícolas y energéticos, la recesion obligó a las reformas del “Período Especial.” Se instauró el sistema bimonetario y se modificó la constitución a fin de legalizar la propiedad privada e incrementar la competitividad en la agricultura. Parecía que pronto llegarían la apertura política y la democratización.
Pero la democracia no era el objetivo del estado-partido, como tampoco lo era una transicion al capitalismo. La liberalización parcial fue un instrumento para sortear la crisis política descomprimiendo la economía hasta encontrar la manera de atraer recursos financieros externos. Lo cual ocurrió gracias a Petrocaribe a partir de 2005. Venezuela comenzó a vender a Cuba petróleo fuertemente subsidiado, que Cuba a su vez exporta aún hoy a precio de mercado.
Dicho esquema es insostenible a ambos lados de la ecuacion. Para la nomenclatura oficial es una renta parasitaria sin efecto cascada en la sociedad. La capacidad de Venezuela de continuar con el subsidio, a su vez, decrece con el deterioro paulatino del gobierno. Esto indica que el nuevo presidente deberá encarar más reformas y más en serio. Lo hecho hasta ahora en el contexto del descongelamiento con Obama, no mucho más que cuentapropismo, es insuficiente para producir riqueza y generar empleo.
Es racional para los jerarcas del partido desmilitarizar el regimen y transformar la economía. Si en el camino pierden el poder, que siempre es finito de todas formas, podrán mirar a Hungria, justamente, con esperanza. Los comunistas volvieron en 1994 como socialdemocratas y con elecciones libres. La opcion China, por su parte, capitalismo pero conservando el monopolio del poder político, no parece muy probable. Cuba es un país pequeño y Estados Unidos está a solo 90 millas.
Tercer escenario: Díaz Canel chavista
Pocos días después de la elección del 6 de diciembre de 2015, parlamentarias en las que el chavismo fue derrotado abrumadoramente, Maduro se dirigió al país. Lo hizo con pasmosa sinceridad. “Ese voto lo entiendo, pero fue un error. Fue un voto contra ustedes mismos, hermanos. Yo quería construir 500 mil viviendas el próximo año, pero ahorita estoy dudando. No porque no pueda, yo puedo construirlas. Pero te pedí tu apoyo y no me lo diste”.
Es la venganza del rechazo. Se podría reemplazar viviendas por alimentos y medicinas y así explicar la tragedia humanitaria venezolana, el Holodomor del chavismo, estrategia para impedir la transición política. Es la guerra de un gobierno contra su pueblo, como la de Stalin contra el pueblo de Ucrania.
Ello supone un importante grado de sadismo, desde luego, si bien la crueldad de Maduro no es puramente personal, está enraizada en una formulación conceptual. Son las coartadas intelectuales del marxismo, su razonamiento ad-hoc. Si el pueblo nos apoya, elabora el comunista, es la estrategia correcta, la emancipación proletaria en acción. Si no nos apoya, es por falsa conciencia. Igual nos quedamos, pues nos necesitan aunque no lo sepan. De ahí el terror, necesario para reeducar y corregir la falsa conciencia.
Así ha operado el castrismo, con el terror de baja intensidad, la privación en cuotas, la opresión quirúrgica y el exilio por goteo. Ello a diferencia de Venezuela donde, al encontrar a una sociedad civil más movilizada, Maduro respondió con ferocidad y a control remoto desde La Habana. Sin los Castro, la sociedad civil cubana se activará, habrá que ver la respuesta del régimen. A similares grados de opresión y mayor oposición, la baja intensidad podría cambiar.
Claro que, ante esa hipótesis, el nuevo presidente tiene la oportunidad de no ser Maduro creando un cuarto escenario: el de Gorbachov, quien tuvo la grandeza de evitar derramamientos de sangre, reescribiendo en parte la trágica historia de Budapest en 1956 y de Praga en 1968. Anunciando en 1988 que no intervendría en Europa Oriental, aceleró él mismo las revoluciones democráticas en curso.
Allí tiene Díaz-Canel un comunista a imitar y convertirse en un noble Delfín traidor. Con ello podría entrar en la historia como el hacedor de la transición democrática cubana, nada menos. La otra opción que tiene es ser el vasallo que Raúl Castro imaginó.
Fuente:
https://elpais.com/internacional/2018/04/21/america/1524342079_809025.html
Fotografía: El nuevo presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, y Raúl Castro. ALEXANDRE MENEGHINI REUTERS)
EL NACIONAL, Caracas, 18 de abril de 2018
Cuba: cómo se elige al sucesor de Raúl Castro
Cuba tiene su propio guion en la política y lo sigue sin desviarse un ápice.
La República socialista se dispone a nombrar al sucesor de Raúl Castro en la jefatura del Estado.
El menor de los hermanos Castro se atiene a la norma promovida por él mismo y deja el cargo al terminar su segundo mandato de 5 años como presidente.
Aunque hubo otros dos presidentes después del triunfo de Revolución (Manuel Urrutia, 1959 y Osvaldo Dorticós, 1959 - 1976) antes del nombramiento de Fidel Castro como tal y de la aprobación en 1976 de la constitución vigente, los observadores destacan la importancia del momento.
Su sistema político no se parece al de ningún otro país del continente y el momento que se apresta a vivir también es excepcional.
¿Por qué es importante?
Por primera vez desde el triunfo de la Revolución cubana, no será un miembro de la familia Castro ni del grupo que se alzó en armas contra Fulgencio Batista e inauguró el actual sistema político quien asuma el gobierno del país.
Estos son los candidatos:
Fuente:
http://www.el-nacional.com/noticias/bbc-mundo/cuba-como-elige-sucesor-raul-castro_231508
Fotografía: Raúl Castro junto al vicepresidente Díaz-Canel a su llegada este miércoles a la reunión de la Asamblea Nacional de Cuba. Foto: GETTY IMAGES.
En análisis
Cuba, tres escenarios
Viñetas del comunismo para Díaz-Canel
Héctor E. Schamis
El nuevo presidente de Cuba fue elegido a dedo por Raúl Castro en una votación que ni siquiera califica como mala copia de la competencia democrática. Es una sucesión forzada por el paso del tiempo con la que el castrismo busca reproducirse como régimen. Miguel Díaz-Canel, así se llama este virtual desconocido, lo confirmó ni bien fue ungido en el cargo. Ratificó su lealtad a los Castro y su alineamiento con los principios del Partido Comunista, cuyo primer secretario será precisamente Raúl hasta 2021.
Pero eso se dice el primer día, es frecuente que el Delfín termine siendo un traidor. Es más, asegurar que todo seguirá igual cuando el dictador ya no se llama Castro es una proposición a verificar. Por ello me aventuro a decir que habrá cambios, si bien en lo inmediato estarán lejos de producir una Cuba democrática. Aquí van tres escenarios hipotéticos, viñetas históricas de transición dentro del comunismo.
Primer escenario: Díaz-Canel revisionista
En febrero de 1956, Nikita Krushchev pronunció su “Discurso Secreto” ante el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética. En él denunció los crímenes y las purgas de Stalin, a quien denostó por fomentar el culto a la personalidad. Dicho discurso señaló el inicio del período revisionista, según lo caracterizó Mao, pero también un regreso a los fundamentos del marxismo-leninismo, marcadamente anti-personalista. El estalinismo constituía una desviación de dicha ortodoxia.
Sesenta años más tarde, no habrá idolatría posible en Cuba. Un Castro es difunto. El otro, sin carisma y octogenario avanzado, se retira de a poco del poder. Lo único viable para el régimen es despojarse del personalismo y volcarse hacia lo institucional. Cuba deberá comenzar su transición hacia el post-sultanismo y, obligadamente, por medio del revisionismo.
Lo cual implicará un sinnúmero de conflictos dentro del bloque en el poder. El Macondo comunista no se podrá reproducir, la dinastía se termina. Institucionalmente, además, Díaz-Canel es un burócrata del partido, no un oficial del ejército. Como tal, es pensable el rediseño de dicha relación. El socialismo de Estado se gobierna por medio de un partido de elites profesionales, con la institución militar subordinada al poder civil. Una dictadura militar personalista siempre fue la heterodoxia caribeña de Fidel Castro.
Segundo escenario: Díaz-Canel reformista
Bajo la larga sombra de la revuelta de 1956, reprimida por los tanques soviéticos, en enero de 1968 el gobierno de János Kádár introdujo el Nuevo Mecanismo Económico, un programa de reformas destinado a incrementar la eficiencia agregada. Si bien no era el único de ese tipo en el bloque socialista—de hecho, una relativa liberalización de precios fue introducida en esa época en Polonia, Bulgaria y Alemania Oriental—el “Comunismo Gulash” fue el más ambicioso de todas las versiones de socialismo de mercado.
Se liberalizó el comercio, se eliminaron las cuotas de producción y se descentralizó la estructura de la propiedad. Las firmas de propiedad estatal comenzaron a ser evaluadas por sus utilidades, lo cual hizo que los gerentes se preocuparan por costos, precios y calidad de sus productos. La transformación capitalista fue lenta pero de dirección clara. No suele recordarse hoy que en Hungría la privatización de empresas públicas comenzó en 1988, bajo la dirección del partido oficial y anticipándose a la disolución del mundo socialista.
Cuba inició un camino parecido en 1991. El fin de la Unión Soviética significó la perdida de los subsidios agrícolas y energéticos, la recesion obligó a las reformas del “Período Especial.” Se instauró el sistema bimonetario y se modificó la constitución a fin de legalizar la propiedad privada e incrementar la competitividad en la agricultura. Parecía que pronto llegarían la apertura política y la democratización.
Pero la democracia no era el objetivo del estado-partido, como tampoco lo era una transicion al capitalismo. La liberalización parcial fue un instrumento para sortear la crisis política descomprimiendo la economía hasta encontrar la manera de atraer recursos financieros externos. Lo cual ocurrió gracias a Petrocaribe a partir de 2005. Venezuela comenzó a vender a Cuba petróleo fuertemente subsidiado, que Cuba a su vez exporta aún hoy a precio de mercado.
Dicho esquema es insostenible a ambos lados de la ecuacion. Para la nomenclatura oficial es una renta parasitaria sin efecto cascada en la sociedad. La capacidad de Venezuela de continuar con el subsidio, a su vez, decrece con el deterioro paulatino del gobierno. Esto indica que el nuevo presidente deberá encarar más reformas y más en serio. Lo hecho hasta ahora en el contexto del descongelamiento con Obama, no mucho más que cuentapropismo, es insuficiente para producir riqueza y generar empleo.
Es racional para los jerarcas del partido desmilitarizar el regimen y transformar la economía. Si en el camino pierden el poder, que siempre es finito de todas formas, podrán mirar a Hungria, justamente, con esperanza. Los comunistas volvieron en 1994 como socialdemocratas y con elecciones libres. La opcion China, por su parte, capitalismo pero conservando el monopolio del poder político, no parece muy probable. Cuba es un país pequeño y Estados Unidos está a solo 90 millas.
Tercer escenario: Díaz Canel chavista
Pocos días después de la elección del 6 de diciembre de 2015, parlamentarias en las que el chavismo fue derrotado abrumadoramente, Maduro se dirigió al país. Lo hizo con pasmosa sinceridad. “Ese voto lo entiendo, pero fue un error. Fue un voto contra ustedes mismos, hermanos. Yo quería construir 500 mil viviendas el próximo año, pero ahorita estoy dudando. No porque no pueda, yo puedo construirlas. Pero te pedí tu apoyo y no me lo diste”.
Es la venganza del rechazo. Se podría reemplazar viviendas por alimentos y medicinas y así explicar la tragedia humanitaria venezolana, el Holodomor del chavismo, estrategia para impedir la transición política. Es la guerra de un gobierno contra su pueblo, como la de Stalin contra el pueblo de Ucrania.
Ello supone un importante grado de sadismo, desde luego, si bien la crueldad de Maduro no es puramente personal, está enraizada en una formulación conceptual. Son las coartadas intelectuales del marxismo, su razonamiento ad-hoc. Si el pueblo nos apoya, elabora el comunista, es la estrategia correcta, la emancipación proletaria en acción. Si no nos apoya, es por falsa conciencia. Igual nos quedamos, pues nos necesitan aunque no lo sepan. De ahí el terror, necesario para reeducar y corregir la falsa conciencia.
Así ha operado el castrismo, con el terror de baja intensidad, la privación en cuotas, la opresión quirúrgica y el exilio por goteo. Ello a diferencia de Venezuela donde, al encontrar a una sociedad civil más movilizada, Maduro respondió con ferocidad y a control remoto desde La Habana. Sin los Castro, la sociedad civil cubana se activará, habrá que ver la respuesta del régimen. A similares grados de opresión y mayor oposición, la baja intensidad podría cambiar.
Claro que, ante esa hipótesis, el nuevo presidente tiene la oportunidad de no ser Maduro creando un cuarto escenario: el de Gorbachov, quien tuvo la grandeza de evitar derramamientos de sangre, reescribiendo en parte la trágica historia de Budapest en 1956 y de Praga en 1968. Anunciando en 1988 que no intervendría en Europa Oriental, aceleró él mismo las revoluciones democráticas en curso.
Allí tiene Díaz-Canel un comunista a imitar y convertirse en un noble Delfín traidor. Con ello podría entrar en la historia como el hacedor de la transición democrática cubana, nada menos. La otra opción que tiene es ser el vasallo que Raúl Castro imaginó.
Fuente:
https://elpais.com/internacional/2018/04/21/america/1524342079_809025.html
Fotografía: El nuevo presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, y Raúl Castro. ALEXANDRE MENEGHINI REUTERS)
EL NACIONAL, Caracas, 18 de abril de 2018Cuba: cómo se elige al sucesor de Raúl Castro
Cuba tiene su propio guion en la política y lo sigue sin desviarse un ápice.
La República socialista se dispone a nombrar al sucesor de Raúl Castro en la jefatura del Estado.
El menor de los hermanos Castro se atiene a la norma promovida por él mismo y deja el cargo al terminar su segundo mandato de 5 años como presidente.
Aunque hubo otros dos presidentes después del triunfo de Revolución (Manuel Urrutia, 1959 y Osvaldo Dorticós, 1959 - 1976) antes del nombramiento de Fidel Castro como tal y de la aprobación en 1976 de la constitución vigente, los observadores destacan la importancia del momento.
Su sistema político no se parece al de ningún otro país del continente y el momento que se apresta a vivir también es excepcional.
¿Por qué es importante?
Por primera vez desde el triunfo de la Revolución cubana, no será un miembro de la familia Castro ni del grupo que se alzó en armas contra Fulgencio Batista e inauguró el actual sistema político quien asuma el gobierno del país.
Estos son los candidatos:
Fuente:
http://www.el-nacional.com/noticias/bbc-mundo/cuba-como-elige-sucesor-raul-castro_231508
Fotografía: Raúl Castro junto al vicepresidente Díaz-Canel a su llegada este miércoles a la reunión de la Asamblea Nacional de Cuba. Foto: GETTY IMAGES.
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Raúl Castro
domingo, 14 de enero de 2018
EL BISTURÍ SOBRE EL IMAGINARIO
La maldición del pasado
Luis Barragán
Cierto, no era el país que todavía soñamos, aunque – sin lugar a dudas – incomparablemente fue mejor respecto al que hoy tenemos. Valga el ejemplo del profundamente conmovido por los sucesos del Caracazo que ha manipulado hasta la saciedad el único gobierno que ha tenido la nueva centuria, pues, bajo las expectativas del aumento de la gasolina en apenas pocos céntimos, abastecidos – faltando poco – con distintas marcas de un insumo básico, repuesto a los pocos días el que faltaba, y con una inflación que ascendió luego a 100%, viva la exigencia múltiple del respeto del Estado de Derecho, vigente la división de los órganos del Poder Público y reconocido el costo político de la violación de los derechos humanos, el más desavisado de nuestros amables lectores puede realizar el rápido contraste de sus asombros.
Los celebérrimos 40 años quedaron reducidos a una burda y facilona consigna que rápidamente contaminó el lenguaje cotidiano, embutiéndole toda la maldad posible que desembocó en la Venezuela que todavía exhibía la tercera transnacional petrolera más importante del mundo, demasiado lejos de subastar las ahora escasas bolsas de basura – las unas y la otra – que sintetizan la profundidad de nuestros dramas. Operó una maldición de tan extraordinarias quilates que, ahora, obliga a recuperar nociones y hasta términos tan elementales, como libertad, democracia, paz, convivencia, equidad, desarrollo, antes de uso corriente para toda polémica, por doméstica que fuese.
Otro ejemplo, encontramos por casualidad un reportaje de Euro Fuenmayor, cuyo título es revelador: “Ni un solo muerto en Caracas el 31 y el primero y apenas 33 ingresos en todos los hospitales” (El Nacional, Caracas, 02/01/1968). Y, si bien es cierto que contábamos con una menor cantidad de población, no menos lo es que un escolar ejercicio aritmético no ofrece siquiera una aproximación a la actual y escandalosamente desproporcionada cantidad de muertes injustas, prematuras y violentas que el Estado cuida de no publicar con un celo semejante al silencio de los números que dibujan la hiperinflación; valga la coletilla, sobrando los comentarios, después Víctor Manuel Reinoso publica otro reportaje, en el mismo diario, que versa sobre “los 13 mil hombres que cuidan (a la) Caracas” de un millón 800 mil habitantes, gracias a a los servicios de seis entidades policiales y ocho empresas privadas (Ibidem: 04/01/1968).
Se dirá que era la situación de un largo medio siglo atrás, pero coincide con ese período denostado de los 40 de nuestros tormentos que sirvió para legitimar el ascenso de quienes superlativamente elevaron las cifras de muertes por encima de 26 mil en 2017, según el Observatorio Venezolano de la Violencia, cuando despedimos el siglo anterior tan justamente escandalizados por un promedio de cuatro o cinco mil muertes.
Purgando nuestros prejuicios, ese cada vez más remoto pasado que fue tan útil para la demagogia socialista, debe ocupar su adecuado lugar para atender a un presente cada vez más pavoroso. Muy lejos de justificarlo, a pesar de todos los pesares, e, incluso, juzgando por la novelística de Guillermo Cabrera Infante y hasta por una obra postrera de John Dos Passos, sobre la vida cotidiana de la Cuba de entonces, si Fulgencio Batista representó un mal, los Castro Ruz resultaron endiabladamente peores. No obstante, el sargento que llegó a general, por cierto, homenajeado por el Partido Comunista de Venezuela, en la Caracas que visitó por los años ’40 del XX, ha sido la mejor excusa - junto al imperialismo yanqui - para sostener la dictadura que tozudamente aterroriza a sus víctimas con un regreso ya imposible al batistato, como única fórmula de superación.
Referencia:
Fotografía: https://www.lapatilla.com/site/2015/04/24/la-impunidad-impuso-un-toque-de-queda-en-venezuela
Ilustración: Fulgencio Batista, según Raúl Arzubi Borda. El Nacional, Caracas, 02/01/1959.
14/01/2018: http://guayoyoenletras.net/2018/01/14/la-maldicion-del-pasado/
14/01/2018: http://guayoyoenletras.net/2018/01/14/la-maldicion-del-pasado/
domingo, 20 de agosto de 2017
EL GRAN ENGAÑO
EL MUNDO, Barcelona, 15 de agosto de 2017
TRIBUNA
Cuba, el gran engaño de América
Zoé Vadés
Algún día debiéramos estudiar los proyectos de nacional-socialismo que rondaron por la mente de Fidel Castro en su juventud. En aquella época, era un asiduo lector de Mi lucha, de Adolf Hitler;después viró hacia textos más leninistas que marxistas en sus años de matrimonio con una burguesa cuyo hermano le conseguía botellas (puestos ficticios muy bien remunerados) en el Gobierno de Fulgencio Batista y Zaldívar, el mismo que le salvó la vida, y al que el gordito pesado de Birán dejaría chiquito.
Esos sueños del "Novio de la patria" -como el propio Castro se hizo llamar a inicios del tumbe castrocomunista, cuando empezó a autodenominarse "el Papá de todos los cubanos"-, cundieron en la febril mente del joven Hugo Chávez antes de ser entrenado ideológica y militarmente en Cuba y de convertirse en un militar golpista, años más tarde. Devenido entonces presidente bajo una dictadura constitucional (sueño truncado del castrismo con Salvador Allende en Chile, preferían la anhelada guerrilla), declaraba su socialismo nacionalista del siglo XXI, revivido por el bolchevique Raúl Castro, hermano de la Bestia de Birán, y tan bestia y sanguinario como él, o más.
Las relaciones entre Cuba y Venezuela no siempre fueron tan retorcidas ni estuvieron dominadas por un carácter tiránico como las que hoy observamos.
La bandera cubana fue concebida en 1849 por el militar venezolano Narciso López, en Nueva York. La Asamblea Constituyente de Guáimaro la adoptó en 1868, y en 1902 se convirtió en el símbolo de la Cuba independiente. Es la misma enseña que, sin saber su origen, hemos visto quemar por opositores venezolanos como muestra de odio a los invasores castristas. Una pena;los invasores castrocomunistas se han adjudicado la bandera como se han apropiado de una isla, pero esa bandera no representa a la tiranía. La bandera cubana es la bandera de los cubanos, libres o no.
Venezuela y Cuba siempre se mantuvieron aliados. La sólida y genuina cultura cubana que tanto admiraban los venezolanos, al igual que numerosos latinoamericanos, era sin embargo lo que menos interesaba a los que se adueñaron del destino de la isla y expulsaron a sus artistas y escritores al exilio, fusilaron a los defensores de la libertad y persiguieron y apresaron a tantos inocentes por el mero hecho de opinar en contra de lo que se avecinaba: el odio. Y, con el odio, el castrocomunismo.
El producto de marketing creado por Fidel Castro, la revolución comunista tropical plena de aversión y rencor, llegó y triunfó allá donde se predicó. Por el contrario, su revolución interna fracasó. Una rabia urdida frente a un enemigo inventado no podía llegar a nada.
Durante más de 58 años, el gran lobo feroz se ha llamado "el imperialismo yanqui". Con el odio a ese ogro supuestamente amenazador, los Castro ganaron el fervor de América Latina y del resto del mundo.
Sin embargo, 30 años de férrea invasión soviética en Cuba no sensibilizó a los libertarios del mundo. A nadie le importó esa desastrosa invasión. Todos, eso sí, deploraron aquella otra invasión traicionada por J. F. Kennedy, conducida por un grupo de cubanos patriotas que intentaron en vano, abandonados por el Gobierno norteamericano, de defender su país del totalitarismo. Como tampoco nadie apoyó la guerrilla que emprendieron miles de cubanos en las lomas del Escambray en contra del comunismo; muchos de ellos habían combatido a Batista. Los dejaron solos.
La soledad de Cuba es épica. Así y todo, pocos escriben la verdad. Ni antes ni ahora reconocen que los cubanos llevan 58 años batallando contra un monstruo que ha conseguido extender sus tentáculos a través de América Latina y del mundo; también hacia Estados Unidos: sus universidades, sus instituciones y al mismísimo Gobierno. El castrismo se apoderó de Nicaragua, de El Salvador, de Argentina, de Bolivia, del Perú, de Ecuador, de una parte de México, y, por fin, de Venezuela entera, la niña de sus ojos.
Fidel Castro quiso enseñorearse de Venezuela desde los años 60. Allí envió a sus guerrilleros, allí murió Antonio Briones Montoto. Hoy sus sobrinos viven como pachás en Miami, y hasta son dueños de restaurantes y clubes de moda, en lo que ha sido la invasión castrista de Miami más onerosa con la anuencia y el apoyo del Gobierno de Barack Obama. 'Su intercambio cultural' unilateral ha servido para que los hijos, nietos y sobrinos de los militares castristas se asienten con sus millones, y los multipliquen, en la ciudad odiada por sus abuelos, padres y tíos, corazón de la mafia del exilio cubano.
Volviendo a Venezuela. Castro la quería a todo coste, primero que a los demás países de América Latina. La perdió en los 60 cuando su guerrilla fracasó. Entretanto, se metió en Chile, y allí tuvo a Salvador Allende -a pesar de que éste ganara en unas elecciones y no por los embates de una guerrilla-. Su plan era otro, cual un Napoleón, más que un Bolívar, el de usurpar más que liberar. Entonces citaba a Napoleón y a Romain Rolland en sus cartas a Celia Sánchez, antes de verse descubierto en su obsesión hitleriana-leninista.
Tras Chile con Allende y el MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria), Argentina y sus montoneros hoy devenidos millonarios, vinieron Nicaragua y el Frente Sandinista de Liberación Nacional (desde el ICAIC y el ICAP de Cuba se les enviaba armamento), El Salvador y su Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, el Uruguay de los tupamaros, el Perú y Sendero Luminoso, Colombia y las FARC, y así sucesivamente, hasta Angola, Etiopía, Granada, Panamá, y todas las guerras y movimientos injerencistas y batallones de narcoguerrillas y movimientos terroristas. De todo eso los Castro han sido los creadores.
Venezuela no caía. Venezuela con sus gobiernos difíciles se resistía. No perdieron tiempo. Tanto Hugo Chávez como Nicolás Maduro formados en la isla, fueron entrenados para que un día tomaran el poder y convirtieran al país en el horror que es Cuba. Con el tiempo, paciencia y sus entretejidos tentáculos, lo lograron.
Ya lo decía aquella marcha compuesta por el esbirro castrista Agustín Díaz Cartaya a inicios de 1959, autor del himno del 26 de julio, primer movimiento guerrillero dirigido por Fidel Castro, en el peor estilo soviético, la Marcha de América Latina, donde se resume el papel hegemonista de la isla caribeña: "De pie, América Latina... Marchemos junto al socialismo... Cuba, faro de América toda... América revolución". China y Corea del Norte han llamado siempre a Cuba "el pequeño hegemonista";el grande era la URSS.
Desde el primer día en que Chávez tomó las riendas se vio el carácter de marioneta en sus intenciones. Los venezolanos no oyeron a los cubanos que les advirtieron lo que se proyectaba, lo mismo que en Cuba: hambre, desolación, odio, división de las familias, exilio, represión, persecuciones. Comunismo, en una palabra.
Muerto Chávez, el mejor discípulo de los Castro, heredaron el poder Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, designados por Chávez, entrenado el primero también en la isla, y todavía más adocenado y súbdito del máximo poder del Comité Central del Partido Comunista cubano, dirigido por los temibles hermanos y por generales tan asesinos como ellos, Ramiro Valdés y toda su cohorte, que a través del Gobierno narco-castrista hacen y deshacen a su antojo.
Han pasado 18 años de dictadura. Hoy muchos vuelcan su mirada hacia el terror de Venezuela. En Cuba, una tiranía de 58 años conmueve solamente a unos cuantos. Pocos reconocen que el foco de esa atrocidad está en La Habana. Que Cuba ha sido el engaño de América toda, parodiando al himno. Que ese núcleo de oprobio continuará extendiéndose por el mundo.
Venezuela fue convertida en la provincia de ultramar castrista, la provincia rica, bajo la coacción y sometimiento de miles de militares cubanos.
De qué vale que la Unión Europea tome medidas en contra de Venezuela si a Cuba, el meollo del horror, la dejan intacta y le facilitan todo. De qué vale que la ONU condene a Nicolás Maduro si ensalza a los Castro y los reconoce como mediadores entre la narco-guerrilla de las FARC y el Gobierno colombiano.
Sacar a los Castro y a toda su casta significaría liberar a Cuba y a Venezuela, acabaría de una vez y por todas con esa maldición que lleva más de medio siglo acechando y destruyendo por donde pasa y se instala, ahora con su nueva máscara de falsa democracia.
Fuente:
http://www.elmundo.es/opinion/2017/08/15/5991d326468aebea428b45f3.html
Ilustración: Rudy.
TRIBUNA
Cuba, el gran engaño de América
Zoé Vadés
Algún día debiéramos estudiar los proyectos de nacional-socialismo que rondaron por la mente de Fidel Castro en su juventud. En aquella época, era un asiduo lector de Mi lucha, de Adolf Hitler;después viró hacia textos más leninistas que marxistas en sus años de matrimonio con una burguesa cuyo hermano le conseguía botellas (puestos ficticios muy bien remunerados) en el Gobierno de Fulgencio Batista y Zaldívar, el mismo que le salvó la vida, y al que el gordito pesado de Birán dejaría chiquito.
Esos sueños del "Novio de la patria" -como el propio Castro se hizo llamar a inicios del tumbe castrocomunista, cuando empezó a autodenominarse "el Papá de todos los cubanos"-, cundieron en la febril mente del joven Hugo Chávez antes de ser entrenado ideológica y militarmente en Cuba y de convertirse en un militar golpista, años más tarde. Devenido entonces presidente bajo una dictadura constitucional (sueño truncado del castrismo con Salvador Allende en Chile, preferían la anhelada guerrilla), declaraba su socialismo nacionalista del siglo XXI, revivido por el bolchevique Raúl Castro, hermano de la Bestia de Birán, y tan bestia y sanguinario como él, o más.
Las relaciones entre Cuba y Venezuela no siempre fueron tan retorcidas ni estuvieron dominadas por un carácter tiránico como las que hoy observamos.
La bandera cubana fue concebida en 1849 por el militar venezolano Narciso López, en Nueva York. La Asamblea Constituyente de Guáimaro la adoptó en 1868, y en 1902 se convirtió en el símbolo de la Cuba independiente. Es la misma enseña que, sin saber su origen, hemos visto quemar por opositores venezolanos como muestra de odio a los invasores castristas. Una pena;los invasores castrocomunistas se han adjudicado la bandera como se han apropiado de una isla, pero esa bandera no representa a la tiranía. La bandera cubana es la bandera de los cubanos, libres o no.
Venezuela y Cuba siempre se mantuvieron aliados. La sólida y genuina cultura cubana que tanto admiraban los venezolanos, al igual que numerosos latinoamericanos, era sin embargo lo que menos interesaba a los que se adueñaron del destino de la isla y expulsaron a sus artistas y escritores al exilio, fusilaron a los defensores de la libertad y persiguieron y apresaron a tantos inocentes por el mero hecho de opinar en contra de lo que se avecinaba: el odio. Y, con el odio, el castrocomunismo.
El producto de marketing creado por Fidel Castro, la revolución comunista tropical plena de aversión y rencor, llegó y triunfó allá donde se predicó. Por el contrario, su revolución interna fracasó. Una rabia urdida frente a un enemigo inventado no podía llegar a nada.
Durante más de 58 años, el gran lobo feroz se ha llamado "el imperialismo yanqui". Con el odio a ese ogro supuestamente amenazador, los Castro ganaron el fervor de América Latina y del resto del mundo.
Sin embargo, 30 años de férrea invasión soviética en Cuba no sensibilizó a los libertarios del mundo. A nadie le importó esa desastrosa invasión. Todos, eso sí, deploraron aquella otra invasión traicionada por J. F. Kennedy, conducida por un grupo de cubanos patriotas que intentaron en vano, abandonados por el Gobierno norteamericano, de defender su país del totalitarismo. Como tampoco nadie apoyó la guerrilla que emprendieron miles de cubanos en las lomas del Escambray en contra del comunismo; muchos de ellos habían combatido a Batista. Los dejaron solos.
La soledad de Cuba es épica. Así y todo, pocos escriben la verdad. Ni antes ni ahora reconocen que los cubanos llevan 58 años batallando contra un monstruo que ha conseguido extender sus tentáculos a través de América Latina y del mundo; también hacia Estados Unidos: sus universidades, sus instituciones y al mismísimo Gobierno. El castrismo se apoderó de Nicaragua, de El Salvador, de Argentina, de Bolivia, del Perú, de Ecuador, de una parte de México, y, por fin, de Venezuela entera, la niña de sus ojos.
Fidel Castro quiso enseñorearse de Venezuela desde los años 60. Allí envió a sus guerrilleros, allí murió Antonio Briones Montoto. Hoy sus sobrinos viven como pachás en Miami, y hasta son dueños de restaurantes y clubes de moda, en lo que ha sido la invasión castrista de Miami más onerosa con la anuencia y el apoyo del Gobierno de Barack Obama. 'Su intercambio cultural' unilateral ha servido para que los hijos, nietos y sobrinos de los militares castristas se asienten con sus millones, y los multipliquen, en la ciudad odiada por sus abuelos, padres y tíos, corazón de la mafia del exilio cubano.
Volviendo a Venezuela. Castro la quería a todo coste, primero que a los demás países de América Latina. La perdió en los 60 cuando su guerrilla fracasó. Entretanto, se metió en Chile, y allí tuvo a Salvador Allende -a pesar de que éste ganara en unas elecciones y no por los embates de una guerrilla-. Su plan era otro, cual un Napoleón, más que un Bolívar, el de usurpar más que liberar. Entonces citaba a Napoleón y a Romain Rolland en sus cartas a Celia Sánchez, antes de verse descubierto en su obsesión hitleriana-leninista.
Tras Chile con Allende y el MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria), Argentina y sus montoneros hoy devenidos millonarios, vinieron Nicaragua y el Frente Sandinista de Liberación Nacional (desde el ICAIC y el ICAP de Cuba se les enviaba armamento), El Salvador y su Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, el Uruguay de los tupamaros, el Perú y Sendero Luminoso, Colombia y las FARC, y así sucesivamente, hasta Angola, Etiopía, Granada, Panamá, y todas las guerras y movimientos injerencistas y batallones de narcoguerrillas y movimientos terroristas. De todo eso los Castro han sido los creadores.
Venezuela no caía. Venezuela con sus gobiernos difíciles se resistía. No perdieron tiempo. Tanto Hugo Chávez como Nicolás Maduro formados en la isla, fueron entrenados para que un día tomaran el poder y convirtieran al país en el horror que es Cuba. Con el tiempo, paciencia y sus entretejidos tentáculos, lo lograron.
Ya lo decía aquella marcha compuesta por el esbirro castrista Agustín Díaz Cartaya a inicios de 1959, autor del himno del 26 de julio, primer movimiento guerrillero dirigido por Fidel Castro, en el peor estilo soviético, la Marcha de América Latina, donde se resume el papel hegemonista de la isla caribeña: "De pie, América Latina... Marchemos junto al socialismo... Cuba, faro de América toda... América revolución". China y Corea del Norte han llamado siempre a Cuba "el pequeño hegemonista";el grande era la URSS.
Desde el primer día en que Chávez tomó las riendas se vio el carácter de marioneta en sus intenciones. Los venezolanos no oyeron a los cubanos que les advirtieron lo que se proyectaba, lo mismo que en Cuba: hambre, desolación, odio, división de las familias, exilio, represión, persecuciones. Comunismo, en una palabra.
Muerto Chávez, el mejor discípulo de los Castro, heredaron el poder Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, designados por Chávez, entrenado el primero también en la isla, y todavía más adocenado y súbdito del máximo poder del Comité Central del Partido Comunista cubano, dirigido por los temibles hermanos y por generales tan asesinos como ellos, Ramiro Valdés y toda su cohorte, que a través del Gobierno narco-castrista hacen y deshacen a su antojo.
Han pasado 18 años de dictadura. Hoy muchos vuelcan su mirada hacia el terror de Venezuela. En Cuba, una tiranía de 58 años conmueve solamente a unos cuantos. Pocos reconocen que el foco de esa atrocidad está en La Habana. Que Cuba ha sido el engaño de América toda, parodiando al himno. Que ese núcleo de oprobio continuará extendiéndose por el mundo.
Venezuela fue convertida en la provincia de ultramar castrista, la provincia rica, bajo la coacción y sometimiento de miles de militares cubanos.
De qué vale que la Unión Europea tome medidas en contra de Venezuela si a Cuba, el meollo del horror, la dejan intacta y le facilitan todo. De qué vale que la ONU condene a Nicolás Maduro si ensalza a los Castro y los reconoce como mediadores entre la narco-guerrilla de las FARC y el Gobierno colombiano.
Sacar a los Castro y a toda su casta significaría liberar a Cuba y a Venezuela, acabaría de una vez y por todas con esa maldición que lleva más de medio siglo acechando y destruyendo por donde pasa y se instala, ahora con su nueva máscara de falsa democracia.
Fuente:
http://www.elmundo.es/opinion/2017/08/15/5991d326468aebea428b45f3.html
Ilustración: Rudy.
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