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sábado, 19 de septiembre de 2015

CREDIBILIDAD

¿Por qué dudamos?
Luis Barragán


En más de una ocasión, Colombia ha denunciado  la violación de su espacio aéreo por Venezuela. Inmediatamente, nuestras autoridades desmienten los hechos.

Entre nosotros, el desmentido es recibido con cautela, escepticismo y hasta suspicacia.  He acá una vulnerabilidad necesaria de meditar, pues, quedamos sujetos a las invectivas y falsedades de los intereses foráneos, pero también – aceptemos -  somos precavidos frente a las reiteradas mentiras y manipulaciones de nuestro gobierno, el mismo desde hace más de década y media.

Quienes personalmente visitamos año y tanto atrás la frontera tachirense, constatando como otras veces sus dramas, a sabiendas de la mil veces denunciada presencia de las fuerzas irregulares del vecino país y del sufrimiento padecido por la población bajo la dictadura de la escasez, no creemos en la versión oficial. Nunca  los gobernantes han dicho la verdad, abovedadas celosamente las cifras (macro) económicas que deben periódicamente divulgar, por no citar otros sobrados ejemplos.

El chauvinismo populista es la tentación postrera del régimen para salvarse de la paliza electoral que recibirá muy pronto, por lo que la maniobra de provocación – al este u oeste de la República – constituye un recurso desesperado. Y es que tantos afanes patrióticos tampoco se compadecen con la presencia decisiva de los cubanos en nuestro país, creada y fortalecida la inmensa deuda que ahora nos anuda a China.

Cierto, el Estado-Nación significa cohesión y se obliga como cohesionador,  pero ellos insisten en monopolizarlo negándole hasta el sentido de pertenencia a las mayorías venezolanas que desean silentes y resignadas, exiliadas en suelo propio. Peor todavía, donde se dice hambruna, epidemia o incapacidad de recepción de las morgues, el gobierno insiste en guerra económica, guerra bacteriológica y guerra psicológica,  porque la inseguridad personal es una sensación (… que mata).

El problema reside en la desconfianza de los venezolanos hacia el propio gobierno, cuya credibilidad no logran levantar sus venenosas campañas propagandísticas y publicitarias.  Aminoraría el riesgo si hubiese órganos independientes del Poder Público que, como la Asamblea Nacional, fuese capaz de adelantar libremente una investigación, interpelar a las autoridades competentes, o contásemos con medios de comunicación  independientes para un debate necesario y esclarecedor.

Revisando una no tan vieja compilación, Verónique Hébrard distinguía entre la experiencia histórica colombiana y  la venezolana, prendiendo fuertemente en ésta una relación directa entre proeza militar y capacidad política, suposición que remite a la heroización del hombre en armas (“Mitos políticos en las sociedades andinas”, Caracas, 2006).  Vale decir, al imponer el Estado de Excepción, el régimen desea una escena y un escenario que fuesen capaces de acreditarlo – al menos – ante la opinión pública, trastocando sus apuros en una cuestión de marcialidad y patriotismo al remover el subconsciente colectivo.

Fuentes:
http://www.lapatilla.com/site/2015/09/21/luis-barragan-por-que-dudamos/
http://www.noticierodigital.com/2015/09/por-que-dudamos/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=1107177
Fotografías: LB, opinión popular durante la concentración opositora en Caracas (19/09/2015).

viernes, 14 de noviembre de 2014

TINTERO DE PÓLVORA

De la militarización de la memoria
Luis Barragán


Las constantes referencias a la ya distante etapa guerrillera venezolana, especialmente facturadas en el seno de la actual legislatura nacional, seguramente reproducidas en los parlamentos regionales, contribuyen a la interesada recuperación de un pasado extraño a buena parte de las generaciones actuales. La asombrosa identificación del presente con un pasado tan discutible, confirma aquello de “construir el pasado es construir su sentido”, como dijera Félix Vásquez Sixto (“Construyendo el pasado: la memoria como práctica social”, en: “Estudios Centroamericanos”. Universidad “José Simeón Cañas”, El Salvador, nrs. 649-650 de noviembre-diciembre de 2002): a falta de argumentos, bien vale darle plasticidad a la nostalgia.

Parece insuficiente, inconsistente o riesgoso,  aludir a la alianza cívico-militar para buscar y reforzar la equivalencia entre revolución e identidad nacional, aunque – consabido – el respeto y el prestigio de la Fuerza Armada Nacional ontológica (o metafísicamente) se confunden con la gesta independentista misma. Existe una prolija literatura al respecto, pero hagamos tres útiles precisiones en torno al discurso militar del chavezato que insiste en una continuidad con el madurato..

Por una parte, está el trasfondo histórico de un arsenal simbólico que vincula las proezas militares a las capacidades políticas, convertido el soldado en garante de la perennidad de la nación frente a los perversos enemigos, ávidos de poder  (no otros que los políticos y, ahora, toda oposición social). Y, aunque no está comprobada una relación, directa y cualitativa entre las gestas militares y el ejercicio republicano del poder como deducimos de Tomás Pérez Tenreiro en “Los presidentes de Venezuela y su actuación militar (esbozo)” (Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. Caracas, 1981), no cabe duda alguna del importante ingrediente castrense para nuestra identidad nacional: no por azar, el Día de la Independencia es simultánea y oficialmente, el de la Fuerza Armada Nacional.

El Presidente Chávez empleó hábilmente la memoria militarizada del pueblo venezolano, parafraseando a en un aporte para  “Mitos políticos en las sociedades andinas. Orígenes, invenciones y ficciones” (Editorial Equinoccio/Universidad Simón Bolívar – Universidad de Marne-la-Vallé-Instituto Francés de Estudios Andinos, Caracas, 2006),  pues  - significativamente, por fracasada que haya sido la asonada de 1992 – se hizo de la condición de profesional de las armas para tocar uno de los resortes psicológicos del sedimento autoritario de los venezolanos. Así, por otra parte, en buena medida, fue elegido por 1998 en virtud de su condición militar, por ende, libre de toda sospecha y vinculación con los intereses partididistas, aunque – tardamos en descubrir – que tal pureza se convirtió en un rudo afán ultrapartidista, agravándose la corrupción y militarizando toda la vida social en la medida que intenta milicianizar a la institución castrense.

Finalmente, puede hacerse peligrosa la relación cívico-militar que dependa de la ficción profundamente arraigada de una continuidad de la Fuerza Armada Nacional, institucionalizada definitivamente a principios del siglo XX, ya que posee un relato propio o autónomo, sobre todo en lo concerniente al rol desempeñado durante la década de los sesenta. Estimamos que escasamente sirve a los fines de la imposición de un proyecto político fundado en la resistencia heroica del alerta pueblo miliciano frente al imperialismo, que en el profesionalismo castrense. Por añadidura, la institución armada experimenta una sustancial modificación doctrinal, estructural y organizacional, acercándola cada vez más al modelo cubano, mediante una normativa que, en alguna medida, sirvió de preámbulo al intento de  reforma constitucional de 2007.


Unión Interparlamentaria

En la última sesión ordinaria, el oficialismo dio cuenta de la actuación de los delegados a la Unión Interparlamentaria Mundial que no sabemos cómo y cuándo se nombró. No hubo derecho a réplica, sobre todo por la arbitraria versión que dio de casos como el de María Corina Machado. Si mal no recordamos, quedó pendiente una gestión hecha por el diputado Alfonzo Marquina, quien integró una anterior delegación.

Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/20898-de-la-militarizacion-de-la-memoria
Fotografía: http://www.lapatilla.com/site/wp-content/uploads/2013/03/soldaditapeq.jpg