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sábado, 21 de abril de 2012

EL NACIONAL - Sábado 21 de Abril de 2012     Papel Literario/4
Uno se acostumbra
Entramos en la dimensión de una nueva literatura venezolana, muy lejana al clásico acontecer
JOSÉ ANTONIO PARRA

Entrar en la dimensión de Arnoldo Rosas es un viaje donde la hipérbole temporal juega un importante papel. No en balde este escritor apela a una cierta rítmica narrativa que alude, de alguna manera, al discurso cinematográfico. Los planos son suaves y en la figura del protagonista, Antonio Martínez, va sumiendo al lector en un delicadísimo juego donde la corriente de la conciencia juega un rol predominante.

Su búsqueda de una otredad en la figura del ser amado pasa incluso por la referencia de un Ulises moderno, uno que aborda aeropuertos y que de algún modo me ha hecho pensar en el hermosísimo filme de Sofía Coppola, Lost in translation. Sin duda alguna, entramos en la dimensión de una nueva literatura venezolana, muy lejana al clásico acontecer basado en el comienzo, nudo y desenlace. Aquí estamos en presencia de lo soft, de la hechura de un alma que se hace en el otro y en el mismo.

Hábilmente el autor elabora una arquitectura basada en lo sugerente de cinco títulos; a saber de "¡Vamos a volar!", como fase iniciática del viaje;"Para cosechar nalgas de catorce quilates", donde ya se intuye la aparición del otro y en donde la tensión va in crescendo;"Let’sfall in love"; "Juguemos en el bosque... Lobo, ¿estás?" y "Rezo por voz", suerte de plegaria que cierra el ciclo de la totalidad.

De alguna manera, pienso en otras experiencias literarias de gran actualidad, como sería el caso de Chuck Palahniuk, en lo que es esa suerte de humor negro que intercala el autor cuando dispara su trama contra el vacío del solo contra solo, cuando lanza a su protagonista en el tránsito del desierto de la urbe actual, del objeto personificado y de los aeropuertos.

Es decir, que la voz narradora va en un vaivén que en ningún momento se hace vertiginoso, sino seductor, que envuelve en tenues atmósferas que se diluyen en esa suavidad a la que he aludido antes. De igual manera, las relaciones laborales se dan en esa estética de lo Palahniuk, donde el propio jefe de Martínez le da un consejo --no sé si bueno o malo-- de que se busque una novia, y así la tarea comienza; esa nueva tarea que pertenece a la emoción pero desde la máscara del trabajo. En ese instante y ya en el despegue del viaje hacia la mujer ideal y hacia el imago, el ritmo se torna erótico, acompasado; el mundo laboral da lugar a una nueva realidad que en cierto modo es compatible con la hiperaceleración de los hechos y la era de la amnesia de la que los postestructuralistas nos han hablado hasta la saciedad. ¿Estaremos acaso ante una nueva hibridez? No obstante, uno de los aspectos más resonantes resulta ser ese "Let’sfall in love", donde irrumpe la voz femenina frente al amante inerte, al amante que es sólo escucha. Es una mirada femenil que narra, no sólo el avatar femenino de la mujer contemporánea que se ve en el azar meteórico de la familia que crece sobre el fracaso, sino también en la necesidad de huir de un marido hecho representación pura; parapeto,en otras palabras. Su encuentro con Antonio Martínez se da desde la simbología de los nombres y desde la vivencia encarnada de la mujer en su huida para hallarse en una suerte de modernlove. El instante y la anécdota de cama se construyen sobre un intimismo sutil, aun cuando el relato deja entrever el rotundo fracaso de un padre que más que educar a los hijos, los violenta.

Esa misma voz femenina a la que me he referido antes encierra una verosimilitud abismal, hecha mundo que se construye en el día a día y sobre la situación de un estatus que pone en clara denuncia al tan nocivo nuevo riquismo al que nos hemos visto sometidos en tanto sociedad.

Ese acostumbrarse es el viaje mismo del ser, un ser extraviado en su propia circunstancialidad. Martínez no está sólo, ¿pero esa no réplica en el discurso amoroso de la otra no dejara acaso entrever un matiz lacaniano del eco inexistente; del sujeto amputado? Pero de tanto acostumbrarse a la vida con su expareja, Myriam --la contraparte femenina-terminó en uno de esos fracasos, que más que ello, son liberadores. En una suerte de viaje pautado para Miami, la protagonista hizo todo para que las cosas salieran mal, y en efecto así ocurrió. Lo que devino no puede sino ser categorizado como una psicodélica danza de aeropuertos; con padres e hijos colapsados, sin saber qué había pasado y qué rumbo tomarían las cosas. Las escenas se agrietan y de este modo se hacen crudas, vagamente irreales, y con la sospecha de lo inevitable. Myriam había dejado todo por su nuevo amor; ése fue el giro aglutinante de la costumbre y de los sucesos de una mujer que escapa vertiginosa del fracaso.

Así, en una suerte de ritmo que se acentúa, la liberación toma lugar en el caos de los afectos y de la familia en disolución.

Quizá de la familia artificial que nunca existió. ¿Quién puede decirlo? El desplome emocional del padre abusivo lo sume en la depresión ilimitada, en el caos de lo interminable y la secuencia de los abogados, cuya acción, ya es tardía.

Y es que para finalizar este drama donde el desconcierto se apodera del momento clímax, el Señor Gamboa, jefe de la corporación en la que labora Martínez, se ve ante lo próximo de la ausencia. Bajo el leitmotiv de un San Agustín, el lector se halla a sí mismo ante la identificación de una realidad humana, trepidante y demoledora; la realidad de la hecatombe.

Ese "Rezo por voz", como epílogo desdoblado, es no sólo costumbre sino viaje; la franqueza de un texto bajo el tono propio de la prosa y del lenguaje exuberante.

sábado, 6 de agosto de 2011

ARRINCONADOS


Sofía Coppola:"No es una película autobiográfica"
De tal palo

Sofia Coppola "Somewhere en un rincón del corazón" Sofia Coppola tiene 39 años y, sin embargo, el mundo parece tratarla como una niña. Dirigió cuatro películas y ganó un Oscar como guionista de Perdidos en Tokio , pero para gran parte de la gente sigue siendo la hija de Francis Ford Coppola. En el Festival de Venecia, al que llegó para presentar su película Somewhere, en un rincón del corazón , Sofía parecía tener que probar que podía defenderse sola. Y terminó ganando el León de Oro.

Si se ve la película que se estrena hoy y se charla con ella -aunque sea en el mecanizado mundo de las entrevistas y conferencias de prensa- se puede entender qué es lo que lleva a pensar a algunos que Sofia puede ser una niña malcriada y caprichosa que sólo sabe filmar “la tristeza de los niños ricos... en hoteles de lujo” y no mucho más. Pero se estaría ante un enorme error.

Es que, más allá de su parquedad, su dificultad a la hora de expresarse y las temáticas que reaparecen en su filmografía, queda claro que Sofia no sólo es una realizadora con un mundo muy propio y personal (y muy alejado del de su padre), sino que, estilísticamente, acaso sea de las realizadoras más provocativas y realmente independientes del cine estadounidense, con una influencia del cine de arte europeo y de cierto cine asiático que son ineludibles.

Somewhere es una película que parte un poco de experiencias que Sofia ha tenido estando en el Chateau Marmont, un mítico hotel de Los Angeles (ven recuadro), donde han vivido por largo tiempo, han tenido las más diversas aventuras y han muerto varios famosos de Hollywood. Coppola paró muchas veces ahí y fue esa familiaridad con el lugar y confianza con los dueños la que hizo que lograra filmar dentro del hotel, algo casi inédito.

La historia es la de Johnny Marco (Stephen Dorff), un actor muy famoso que vive allí con una corte de amigos y mujeres a su alcance, pero que parece sumido en la rutina y el aburrimiento. Hasta que su ex esposa le deposita por un tiempo indeterminado a su hija de once años, Cleo (Elle Fanning), a la que ve muy poco y con la que debe aprender a convivir en un lugar no del todo apto para ella. El filme se centra en su relación y en todo lo que va pasando alrededor suyo. Muchos suponen que la historia se inspira en la relación de Sofia con su padre, pero ella lo niega.

Un poco -sólo un poco- menos parca que en una entrevista que hizo con este cronista también en Venecia en ocasión del estreno de Perdidos en Tokio (allí la acompañaba Bill Murray y le completaba las frases), la realizadora habló con Clarín del filme y de algunas otras cosas que el grabador registró bajito, como si alguien hubiese estado susurrando en una habitación.

“Cuando vivía en París pensaba bastante en lo que era mi vida en Los Angeles y la diferencia entre lo que muchos creen que es el estilo de vida ‘de las celebridades’ y la realidad. Me parecía que no había muchas películas que mostraran esa diferencia. Parece que lo pasan muy bien con las fiestas y esas cosas, pero hay un lado que no se ve: la soledad, la incertidumbre, lo fugaz de sus relaciones”, explica.

Tu estilo es cada vez más “europeo” y se lo compara mucho con el de Antonioni. ¿Sentís que tus influencias principales son más de allí que de Hollywood? Me gustan muchas películas y realizadores europeos, y Michelangelo Antonioni es uno de ellos. Pero no el único. También películas de Chantal Akerman o cierto cine asiático. No es que no me guste el cine estadounidense. La relación entre el padre y su hija en Luna de papel me encanta. Esa es la dinámica que buscaba en Somewhere .

Es muy diferente a “Maria Antonieta”...

Buscaba alejarme de esa cosa tan decorativa y femenina, quería algo más minimalista, simple. Me parecía que era mejor para capturar la soledad del personaje y esa intimidad entre los dos.

Es interesante la elección de ese estilo para pintar un lugar mítico de Hollywood, que uno podría pensarlo muy glamoroso. ¿De dónde viene tu historia con el Chateau Marmont? No lo conocí, o no lo recuerdo, cuando era niña y tenía la edad del personaje de Elle. Lo recuerdo ya de más grande, en los años ‘90, cuando lo renovaron. En una época, mi padre estuvo a punto de comprarlo, pero no lo hizo...

¿No te preocupaban las similitudes con “Perdidos en Tokio”? El hotel, la relación entre un hombre mayor y una mujer más joven, la soledad...

No, no me preocupaba. Para mí son dos mundos, personajes e historias muy diferentes.

Pero no te gustaría en algún momento hacer algo completamente diferente a lo que hiciste hasta ahora...

Son mundos que conozco y siento que puedo describirlos. Ni el Chateau Marmont ni Versailles (en María Antonieta ) son mi realidad, pero creo que son lugares interesantes y fascinantes. Y sí, hice Las vírgenes suicidas , que era una adaptación, y siempre tuve ganas de hacer una película de vampiros, pero ahora ya no sé... hay demasiadas.

¿Cuánto de autobiográfico tiene la película? No es autobiográfica, para nada. Es una película personal y pongo algunos recuerdos y experiencias de viajes con mi padre, pero mi infancia no tuvo nada que ver con eso. Era completamente diferente.

¿Por qué elegiste a Stephen Dorff? Lo conozco desde hace muchos años y siempre creí que era un gran actor y una persona muy dulce. Y me parecía que tenía la combinación perfecta para darle un poco de humanidad a un personaje que podría ser un poco desagradable.

Si “Somewhere” fue un giro de 180° después de “María Antonieta”, ¿qué podemos esperar para la próxima? Sí, tengo ganas de hacer algo distinto, pero todavía no sé bien qué. Cuando termine con todo el proceso de esta película y pueda descansar un poco, veré.

Fuente:
http://www.clarin.com/espectaculos/Sofia-CoppolaNo-pelicula-autobiografica_0_407959342.html