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domingo, 19 de noviembre de 2017

TONO DE SEGUNDA VENIDA

NOTITARDE, Valencia, 19 de noviembre de 2017
“CAMINANDO CON CRISTO”
Parábola de los talentos  (Mt. 25, 14-30)
 Joel de Jesús Núñez Flautes

Estamos acercándonos al final del año litúrgico y a la celebración del tiempo de adviento y por eso, las lecturas nos hablan de los últimos tiempos, de la segunda venida del Señor. Bajo este tono está el evangelio que hoy se nos propone para nuestra meditación: la parábola de los talentos. Esta parábola está dirigida al Pueblo de Dios, a los cristianos que aguardan la segunda venida del Señor; es una invitación para la vigilancia productiva; es decir, estar atentos al regreso de Cristo, pero sin permanecer pasivos o cruzados de brazos, sino al contrario, atentos en el amor. El cristiano, el discípulo-misionero  de Cristo necesita tener su corazón centrado en su Dios y Salvador; saber esperar su retorno, pero mientras eso sucede se sostiene en la fe y en los sacramentos dejados por Él mismo, sobre todo el de la Eucaristía y además, se ejercita en el servicio, en la caridad; especialmente con los más necesitados de la sociedad, se compromete a trabajar por la paz, por la justicia, por el progreso y la verdad. El buen cristiano es aquel que sabiéndose bendecido por Dios, primeramente, con el don de la vida y luego por dones especiales que descubre en su existencia, los pone a la disposición de la comunidad de fe, hace que la Iglesia progrese, que la Comunidad cristiana avance y se extienda el mensaje de la salvación para todos los hombres. El mal cristiano es aquel que no sabe reconocer los dones de Dios en su vida, cae en la pasividad, el pesimismo, no le importa si su Iglesia avanza o se detiene.

IDA Y RETORNO: Hoy es el día mundial de los pobres, convocado por el Papa Francisco, para tender la mano al que sufre o necesita

Fuente:
http://www.notitarde.com/parabola-de-los-talentos-mt-2514-30/columnistas-del-dia/2017/11/19/1083476
Cfr.
José Martínez de Toda: http://wwow.homiletica.org/PDF16/aahomiletica036586.html
Isabel Vidal de Tenreiro: http://www.elimpulso.com/opinion/buena-nueva-pecado-omision-2
Marcos Rodríguez: http://www.feadulta.com/anterior/Ev-mt-25-14-30-MR.htm
Breve nota LB: Al momento de orbitar la reseña, da error el acostumbrado portal del que tomamos el texto del Padre Martínez de Toda (http://radioevangelizacion.org/secciones/padre-jose-martinez-toda-sj), por lo que, recurriendo a su correo electrónico semanal, apelamos a otra fuente. No obstante, ésta, contentiva de la versión PDF, no logramos ajustarla al blog, por lo que la citamos y, más allá, citamos toda la reflexión que le suscita San Mateo: http://www.homiletica.org/JosemartinezdetodaCICLOAGR.htm.
Ilustración: Elena Pedrueza.

domingo, 16 de noviembre de 2014

CRISTIANIDAD QUE SE TRABAJA

NOTITARDE, Valencia, 16 de noviembre de 2014 
“Caminando con Cristo”
Parábola de los talentos (Mt. 25,14-30)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes  

Estamos acercándonos al final del año litúrgico y a la celebración del tiempo de adviento y por eso, las lecturas nos hablan de los últimos tiempos, de la segunda venida del Señor. Bajo este tono está el evangelio que hoy se nos propone para nuestra meditación: la parábola de los talentos. Esta parábola está dirigida al Pueblo de Dios, a los cristianos que aguardan la segunda venida del Señor; es una invitación para la vigilancia productiva; es decir, estar atentos al regreso de Cristo, pero sin permanecer pasivos o cruzados de brazos, sino al contrario, atentos en el amor. El cristiano, el discípulo-misionero  de Cristo necesita tener su corazón centrado en su Dios y Salvador; saber esperar su retorno, pero mientras eso sucede se sostiene en la fe y en los sacramentos dejados por Él mismo, sobre todo el de la Eucaristía y además, se ejercita en el servicio, en la caridad; especialmente con los más necesitados de la sociedad, se compromete a trabajar por la paz, por la justicia, por el progreso y la verdad. El buen cristiano es aquel que sabiéndose bendecido por Dios, primeramente, con el don de la vida y luego por dones especiales que descubre en su existencia, los pone a la disposición de la comunidad de fe, hace que la Iglesia progrese, que la Comunidad cristiana avance y se extienda el mensaje de la salvación para todos los hombres. El mal cristiano es aquel que no sabe reconocer los dones de Dios en su vida, cae en la pasividad, el pesimismo, no le importa si su Iglesia avanza o se detiene, si cumple su misión o no; siempre es negativo y cree que con sólo estar bautizado es suficiente para salvarse. Valdría la pena que cada uno de nosotros que conformamos la Iglesia Católica nos preguntáramos ¿qué talento tengo yo en mi vida? ¿Qué dones me ha regalado Dios que puedo poner a disposición de mis hermanos en la fe y de la sociedad donde vivo? Estoy seguro, que cada uno tiene su talento y Dios quiere que lo pongamos a producir como los dos primeros hombres de la parábola y no como el insensato que fue flojo y no correspondió a lo que Dios le había donado. Por eso, al final de nuestra existencia Dios mismo nos pedirá cuentas de lo que hicimos con nuestra vida, con los talentos que Él nos regaló. Dios nos ha dado la vida, la familia, una carrera, un trabajo, la inteligencia, el don de la palabra, de la risa, del consejo, del servicio, de la amistad, de la música, del arte, de un oficio especial, de la educación, de algo que caracteriza a nuestra personalidad y hace bien a los demás. Somos muy ricos en talentos y esto hay que ponerlo a producir para el bien de todos.
La Iglesia conformada por todos los bautizados (pastores y fieles) debe poner a funcionar los dones recibidos de Dios; sabiendo que Dios premia la fidelidad de quien corresponde a su amor. Así se debe entender lo que dice el evangelio de hoy: “Al que tiene se le dará, y le sobrará; pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene”. En nuestra vida diaria al que es responsable, trabajador, que sabe producir; se le confía y se le da más, sabiendo que se destaca en su trabajo. En cambio, al flojo, al descuidado, se le da menos y llega el momento que se le quita todo. Se condena, por tanto, el pecado de omisión; el que sabiendo que puede hacer más o lo que se necesita hacer, hace poco o no hace nada. 
Los tiempos actuales para la Iglesia, para nuestra sociedad venezolana y para el mundo entero exigen cristianos decididos, proactivos, dinámicos, trabajadores y no es momento para la dejadez, el pesimismo o la derrota. 
IDA Y RETORNO: Necesitamos orar con fe y perseverancia por Venezuela. No es secreto para nadie los momentos difíciles que estamos viviendo. Como cristianos católicos necesitamos mantener la fe, la esperanza y la caridad y pedir al Señor que bendiga a nuestra patria con progreso, justicia, libertad, paz y unidad entre todos los venezolanos. Estemos seguros que cuando nos ponemos a orar juntos por una causa común, Dios no deja de atender nuestras súplicas. Pidamos que el mal sea vencido y que venga su Reino entre nosotros; que podamos superar la crisis generalizada que afrontamos en nuestro país y podamos reencontrarnos en paz.

Pieza: Alexander Kosolapov.
 

ARRIESGARSE

No enterrar nuestra responsabilidad 
José Antonio Pagola

La parábola de los talentos es un relato abierto que se presta a lecturas diversas. De hecho, comentaristas y predicadores la han interpretado con frecuencia en un sentido alegórico orientado en diferentes direcciones. Es importante que nos centremos en la actuación del tercer siervo, pues ocupa la mayor atención y espacio en la parábola.
Su conducta es extraña. Mientras los otros siervos se dedican a hacer fructificar los bienes que les ha confiado su señor, al tercero no se le ocurre otra cosa que «esconder bajo tierra» el talento recibido para conservarlo seguro. Cuando el señor llega, lo condena como siervo «negligente y holgazán» que no ha entendido nada. ¿Cómo se explica su comportamiento?
Este siervo no se siente identificado con su señor ni con sus intereses. En ningún momento actúa movido por el amor. No ama a su señor, le tiene miedo. Y es precisamente ese miedo el que lo lleva a actuar buscando su propia seguridad. Él mismo lo explica todo: «Tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra».
Este siervo no entiende en qué consiste su verdadera responsabilidad. Piensa que está respondiendo a las expectativas de su señor, conservando su talento seguro, aunque improductivo. No conoce lo que es una fidelidad activa y creativa. No se implica en los proyectos de su señor. Cuando éste llega, se lo dice claramente: «Aquí tienes lo tuyo».
Cuando se piensa que el cristianismo ha llegado a un punto en el que lo único o lo primordial es «conservar» y, no tanto, buscar con coraje y confianza en el Señor, caminos nuevos para acoger, vivir, y anunciar su proyecto del reino de Dios, estamos olvidando cuál es nuestra verdadera responsabilidad.
Si nunca nos sentimos llamados a seguir las exigencias de Cristo más allá de lo enseñado y mandado siempre; si no arriesgamos nada por hacer una Iglesia más fiel a Jesús; si nos mantenemos ajenos a cualquier conversión que nos pueda complicar la vida; si no asumimos la responsabilidad del reino como lo hizo Jesús, buscando «vino nuevo en odres nuevos», es que necesitamos aprender la fidelidad activa, creativa y arriesgada a la que nos invita su parábola.

Fuente:
http://www.feadulta.com/anterior/Ev-mt-25-14-30-Pag.htm
Ilustración: Carla Badiali.

AFÁN DE SEGURIDADES

Lo que importa es la actitud de servicio a los demás
Fray Marcos
 
Contexto
Mateo sigue con sus amonestaciones. Estamos en el tiempo de la comunidad, antes de que llegue el tiempo escatológico, que aquellos cristianos creían cercano. Cada miembro debe tomar la parte de responsabilidad que le corresponde y no defraudar ni a Dios ni a los demás.
Seguramente en tiempo de Mateo, ya había quien se dedicaba a vivir del cuento, sin dar golpe. Es curioso que las tres parábolas de este capítulo 25 hagan referencia a omisiones, a la hora de advertir de las consecuencias de nuestros actos.
Explicación 
El talento no era una moneda real, sino imaginaria, era como un billete de banco o un pagaré. Era una cantidad desorbitada, que equivalía a 26- 41 kilos de plata = 6.000 denarios; el salario de 16 años de un jornalero. Esto es importante a la hora de apreciar la realidad espiritual significada en esas cantidades.
Para entender lo de enterrar el talento, hay que tener en cuenta, que había una norma jurídica, según la cual, el que enterraba el dinero que tenía en custodia en un pañuelo de cabeza, no tenía responsabilidad civil, si se perdía. Parece ser que era la forma más segura de guardarlo.
Tenemos que empezar con una advertencia sobre la interpretación literal y materialista del texto. Se ha empleado esta parábola para invitarnos a producir y acaparar bienes materiales.
De esta interpretación nace una cultura, en la que toda acción se valora por los resultados. Es uno de los casos en que hemos utilizado el evangelio en contra del evangelio.
Es verdad que el capitalismo es el sistema económico que más riqueza ha creado, pero también ha creado las desigualdades; y el abismo entre ricos y pobres no hace más que aumentar, excluyendo del acceso a los bienes necesarios a una masa cada vez mayor de seres humanos, que, mientras no conste lo contrario, tienen el mismo derecho a vivir. El domingo que viene dirán: “Porque tuve hambre y no me disteis de comer...”
También sería una equivocación interpretar “talentos” como cualidades de la persona. Esta interpretación ha quedado sancionada por el lenguaje. ¿Qué significa tener talento? Pero tampoco es éste el verdadero planteamiento de la parábola.
En el orden de las cualidades estamos obligados a desplegar todas las posibilidades, pero siempre pensando en el bien de todos y no emplear la mayor inteligencia, el mayor ingenio, las mayores habilidades o la mejor preparación, en beneficio propio: para acaparar más y desplumar a los menos capacitados. Eso sí, dando gracias a Dios por ser más listos que los demás.
En todos los órdenes tenemos que poner los talentos a fructificar, pero no todos los órdenes tienen la misma importancia. Como seres humanos tenemos algo esencial y mucho que es accidental. Lo importante es la esencia que constituye al hombre como tal. Ese es el verdadero talento. Todo lo que puede tener o no tener (lo accidental) no puede ser la principal preocupación.
Los talentos de que habla el evangelio, tienen como fin el hacer al hombre más humano. Y ser más humano significa amar más. Y amar quiere decir don y servicio a los demás. Sólo en esta dirección puede desplegar el hombre su plenitud.
Los talentos a los que hace referencia la parábola, son los bienes esenciales que debemos descubrir. La parábola del tesoro escondido es una pista. No entendida como que hay algo en nosotros, sino descubriendo que somos un tesoro de valor incalculable. La primera obligación de un ser humano es descubrir esa realidad.
La “buena noticia” sería que todos pusiéramos ese tesoro al servicio de todos. En eso consistiría el Reino predicado por Jesús. El relato del domingo pasado, el de hoy y el del próximo, terminan prácticamente igual: “Entraron al banquete de boda...” “Pasa al banquete de tu señor”. “Venid, heredad el Reino...”. Banquete y Reino son símbolos de la felicidad.
Algunos puntos de la parábola nos resultan difíciles de digerir. En primer lugar, podemos preguntarnos por qué no ha contemplado una tercera posibilidad. Un empleado negocia con sus talentos con la mejor voluntad, pero pierde todo el dinero. Me gustaría saber qué hubiera hecho el señor con él. Estoy seguro que la respuesta no hubiera sido de condena. La parábola apunta más bien a que lo que se valora no son los resultados, sino la actitud de búsqueda y la confianza que los empleados tienen en el amo y en ellos mismos.
En segundo lugar, el que no arriesga el dinero, no lo hace por holgazanería o comodidad, sino por miedo. El siervo inútil no derrocha la fortuna del amo. Simplemente no hace nada. También debía hacernos pensar que se condene tan severamente a uno por no hacer nada. Creo que en nuestra comunidad eclesial, lo que hoy predomina es el miedo. No se deja poner en marcha iniciativas que supongan riesgo de perder seguridades, pero con esa actitud, se está cercenando la posibilidad de llevar esperanza a muchos desanimados.
En tercer lugar, la actitud del señor tampoco puede ser ejemplo de lo que hace Dios con los que no cumplen. Pensemos en la parábola del hijo pródigo que después de la que armó, es tratado por el Padre de una manera completamente diferente. Quitarle al que tiene menos lo poco que tiene para dárselo al que tiene más, tomando al pie de la letra la parábola, sería impropio del Dios de Jesús.
Hay que analizar con más cuidado la actitud del dueño. El que escondió el talento ya se ha privado de él haciendo inútil su existencia. No sólo ha perdido toda posibilidad de hacer que fructifique, sino que realmente lo ha perdido ya. Sólo se conserva lo que se da. Lo que se retiene se pierde.
Es también muy interesante constatar que tanto el que negocia con cinco, como el que negocia con dos, reciben exactamente el mismo premio. Esto indica que en ningún caso se trata de valorar los resultados del trabajo, sino la actitud de los empleados.
Aplicación 
La parábola nos tiene que llevar a un serio examen de todos los aspectos de nuestra vida. Ningún ámbito se puede escapar a la crítica que la parábola hace de la pasividad. Las posibilidades (talentos) que tenemos en el orden del ser son inmensas. Hay que dedicar tiempo a descubrirlas, y sobre todo no hay que tener miedo al riesgo de ponerlos a funcionar, es decir, a disposición de los demás. No se trata de negociar con los talentos para el provecho propio. Se trata de ponerlos al servicio de toda la comunidad.
Si nos quedamos en el orden de las cualidades, podíamos concluir que Dios es injusto, porque ha dado más a unos que a otros. No es en ese ámbito donde está la valoración. Lo que se juzga no son las cualidades, sino el uso que yo hago de ellas. Tenga más o menos, lo que se me pide es que las ponga al servicio de mi auténtico ser y, por tanto, al servicio de todos.
En el orden del ser, todos somos exactamente iguales. Cuando percibimos esas diferencias es que estamos haciendo referencia a lo accidental. En el orden del ser todos tenemos miles de talentos. Esos no dependen de las circunstancias ni externas ni internas. Las bienaventuranzas lo dejan claro. La verdadera salvación está al alcance de todos.
La parábola nos está hablando de una dinámica de progreso, de evolución constante hacia lo no existente, mejor dicho, hacia lo no descubierto todavía. El único pecado del hombre es negarse a profundizar, refugiar­se en lo ya conseguido y disfrutar cómodamente de lo ya descubierto. El ser humano tiene que estar volcado hacia su interior para poder desplegar todas sus posibilidades.
Todo el pasado del hombre (y de la vida) no es más que el punto de partida, la rampa de lanzamiento hacia mayor plenitud. Claro que la tentación está en querer asegurar lo que ya tengo, enterrar el talento. Tal actitud no demuestra más que falta de fe (confianza) en uno mismo y en la vida, y por lo tanto, en Dios. Es la tentación de todos los tiempos.
Los judíos del tiempo de Jesús prefirieron seguir confiando en el cumplimiento de la Ley y en el templo, que abrirse a la novedad del amor.
Lo primero que tenemos que hacer es tomar conciencia de la riqueza que ya tenemos. Unos no llegan a descubrirlos y otros los esconden. El resultado es el mismo. No es nada fácil, porque nos han repetido hasta la saciedad, que estamos en pecado desde antes de nacer, que no valemos para nada, que estamos enfangados en el mal y que no podremos nunca salir de allí. La única salvación posible tiene que venirnos de fuera.
Lo malo es que nos lo seguimos creyendo. El relato del camello que se negaba a moverse porque se creía atado a la estaca, aunque no lo estaba, es el mejor ejemplo de nuestra postura ante la religión. O el león que vivía con las ovejas como un borrego más sin enterarse de lo que era.
Todo afán de seguridades, todo afán de instalarse en verdades absolutas y normas de conducta inmutables, carecen de todo sentido cristiano. Ninguna presencia de Dios es definitiva; hace siempre referencia a un más allá. Estamos aquí para evolucio­nar, para que la vida nos atraviese y salga de nosotros enriquecida.
El miedo no tiene sentido, porque la fuerza y la energía no la tenemos que poner nosotros. No podemos convertir la religión en una valla de protección que me da seguridades y me aísla de todo lo demás. Creer es confiar, perder todo miedo incluso al fracaso. El miedo es lo más contrario a la fe.
Meditación-contemplación
No hay un “yo” que posea un tesoro.
Soy, realmente, un tesoro de valor incalculable.
Sólo hay un camino para poder disfrutar de lo que soy:
poner toda esa riqueza a disposición de los demás.
…………………
Es la gran paradoja del ser humano.
Alcanza su plenitud cuando se da plenamente.
Esto va en contra de lo que nos dicen los sentidos e incluso la razón.
Por eso es tan difícil convencerse de ello.
………………
Hay una única manera de descubrir la trampa.
Bajar a lo hondo del ser y descubrir lo auténtico.
Hacer oídos sordos a la sirena de los sentidos.
No hacer caso a los discursos hedonistas de la razón.

Fuente:
Cfr. Mons. Antonio José López Castillo (Arzobispo de Barquisimeto): http://elimpulso.com/articulo/arquidiocesana-tus-talentos
Ilustración: Mario Radice.

lunes, 14 de noviembre de 2011

TALENTO, PREPARACIÓN Y DILIGENCIA


San Mateo, 25: 14-30

En su homilía del domingo 13 de Noviembre de 2011, el Padre Alvaro Lacaste (SJ) señaló que el señor eligió a las personas más competentes y de mayor confianza, siendo dos los que pusieron en práctica sus exigencias. Ellos lo conocen muy bien, aunque una tercera persona – bastante extraña – no quiso arriesgar, por esa idea distorsionada del señor: tiene miedo.

Dios es exigente. No sirve de mucho conservar lo que Dios nos ha dado, sin que hagamos nada.

Pereza y mezquindad que tampoco sirven para abrir el camino de la paz, la justicia y la solidaridad hacia el Reino de Dios. Debemos reflexionar acerca de la responsabilidad que tenemos. Un examen de consciencia, a las puertas del Adviento, debe llevarnos a preguntas como ¿para qué los talentos?, ¿los he utilizado?, ¿qué nos dice el Espíritu Santo?, ¿el mismo de años atrás, sin un mínimo cambio cualitativo?.

San Agustín, el no cristiano es el que no arriesga y queda intacto. ¿Qué vive construir y reconstruir? Otro mundo es posible: lo será si arriesgamos los talentos. Miedo: protegerse de Dios, no lo ama, no confía, busca la religión para esconder miedos y fantasmas. Paganizado en su temor. Recordar párabolas como la de la sal.

Final dramático: noche y tinieblas. El que no da lo que tiene, lo pierde todo.

Por cierto, el Padre Guillermo (16/11/08) versó sobre la preparación y la diligencia: ¿a dónde?, ¿quién??, ¿qué?, ¿ante quién?. La primera lectura habla bien de la mujer. La segunda, prepararse para el fin de los tiempos. Hay que estar pilas, moscas, como dicen los muchachos. Superar el desánimo, la pereza, la flojera. Pedir a Dios.
El Padre Jesús Pino, quien dio la misa anterior, apenas escuchado al llegar a la Iglesia de San Francisco, versaba sobre el talento petrolero y el voto.

NOTA LB: El Padre Huillermo es el mismo, creemos, recientemente fallecido. Y a quien se refieron los sacerdotes en los últimos domingos, después que le diera un infarto. No tuvimos ocasión de asistir regularmente a sus misas. Dios lo tenga en su gloria.

Ilustración: Dezső Korniss