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domingo, 7 de febrero de 2016

¿CUÁL ES EL NÚMERO TELEFÓNICO DE DIOS?

Evangelio Dominical: Pesca milagrosa
Padre José Martínez de Toda, S.J.

Comentario al Evangelio que se proclama el 5° Domingo del Teimpo Ordinario, Ciclo C, correspondiente al domingo 7 de febrero 2016.  La lectura es tomada del Evangelio según San Lucas 5, 1-11
"Y, dejándolo todo, lo siguieron")
Esta es una escena bonita: todos quieren oír a Jesús, y se aprietan alrededor suyo. ¿Qué hace Jesús en ese momento?
Se dio cuenta de que era demasiada gente, y que cada día había más.
Ve Jesús que la gente tiene hambre de Dios. La gente quiere escuchar una palabra de esperanza, de consuelo, de ánimo. Pero está sólo. Se da cuenta de que necesita colaboradores, pero de calidad.
¿Cómo los conquista?
Cuando terminó de hablar a la gente, le dijo a Simón:
- "Lleva la barca a la parte honda del lago, y echa allí las redes para pescar".
Increíble. Los pescadores ya habían bajado las redes y las acababan de lavar. Estaban cansados y callados. Sólo querían irse a su casa, comer, y dormir un poco.
Y Simón Pedro respondió:
"Maestro, hemos estado trabajando toda la noche sin pescar nada; pero, ya que tú lo mandas, voy a echar las redes".
Y con otra barca salieron a alta mar, recogieron tanto pescado que las redes se rompían. Entonces, hicieron señas a sus compañeros de la otra barca, para que fueran a ayudarlos. Ellos fueron, y llenaron tanto las dos barcas que les faltaba poco para hundirse.
¿Cómo reacciona Pedro ante tanta pesca milagrosa?
Al ver esto, Simón Pedro se puso de rodillas delante de Jesús, y le dijo:
¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador!
Pedro se da cuenta de que está frente a un milagro, frente a la divinidad. Antes llamó a Jesús 'Maestro'. Ahora lo llama 'Señor'.
Y Jesús le dijo a Simón: - No tengas miedo; desde ahora vas a pescar hombres.
Y lo mismo les dijo a los demás pescadores. Dicho y hecho. Los pescadores llevaron las barcas a tierra, lo dejaron todo y se fueron con Jesús. No era mucho lo que tenían, pero sí era toda su vida: trabajo, familia y su pasado de pescadores.
¿Cómo quiere Jesús que sean sus colaboradores?
Como lo que cuentan del inventor del lápiz:
"Cinco cosas debes saber y recordar siempre, si quieres ser el mejor lápiz del mundo":
Podrás hacer grandes cosas, pero sólo si permites que alguien te use.
Experimentarás dolor cuando te saquen punta, pero es necesario si quieres ser el mejor lápiz del mundo.
Corregirás todas las faltas que cometieres.
Tu parte más importante está siempre dentro de ti.
Dejarás tu huella sobre toda superficie sobre la que seas usado.
El lápiz prometió recordarlo siempre>
Así quiere Jesús que sean sus colaboradores: como los lápices, de forma que les podría haber dicho:
Puedes hacer grandes cosas, pero sólo si dejas que Dios y los demás te usen y, a veces, abusen.
Sentirás dolor cuando los problemas de la vida y las dificultades de todo tipo te saquen punta. Es necesario para crecer y fortalecerte.
Corrige todos los errores que cometas.
Tu parte más importante está dentro de ti.
Deja una huella hermosa por donde escribas y pases.>
¿Qué aprendemos de esta pesca milagrosa?
Que la cercanía de Dios produce dos resultados: humildad, pero también disponibilidad para con Él: "Lo que Tú digas".
Precisamente hoy es el día de las tres llamadas en cada Lectura de hoy. Isaías, Pablo y Pedro se declaran incapaces de llevar adelante la labor, que les encomendará Dios.
Pero ellos se fiaron de Dios y fueron lápices eficaces en sus manos.
Pero Jesús, el hijo de Dios, lo puede todo. Entonces, ¿para qué necesita colaboradores?
Un sacerdote amigo me cuenta lo siguiente:
"¿Crees que puedo pedirle a Dios que se lleve los mosquitos o que vuelen más alto y dejen de picarnos a los niños?"
'Me parece una buena idea", le dijo la mamá, "Pídeselo".
Al cabo de un rato volvió el niño y le dijo:
- "¿Y cuál es el número de teléfono de Dios? No lo encuentro en la guía".>
Nosotros debemos hacer presente a Dios, cuando la gente no lo ve. Dios quiere actuar a través de otros hombres y mujeres: "Vayan y prediquen la Buena Nueva..."
Oyentes no le faltan, pero necesita apóstoles. Seremos lápices eficaces, en la medida en que dejemos que Jesús nos afile y nos use con su poder.

Fuente:
http://radioevangelizacion.org/noticia/evangelio-dominical-pesca-milagrosa

Ilustración: Odili Donald Odita.

CONFIANZA

NOTITARDE, Caracas, 7 de febrero de 2016
 “Caminando con Cristo”
Jesús llama a sus apóstoles (Lc. 5, 1-11)
 Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes

El evangelio de éste domingo está dividido en tres partes: 1. La predicación de Jesús a la gente que le seguía. 2. La pesca milagrosa. 3. La vocación de los cuatro primeros discípulos y apóstoles de Jesús. Jesús venía predicando por todas las sinagogas de Galilea, Lucas dice de Judea para afirmar que la predicación estaba abarcando todo el pueblo de Israel; es decir, que su fama se iba extendiendo y la gente lo conocía y seguía; por eso al llegar a orillas del Lago de Galilea comienza a predicar.
Jesús no sólo predicaba, realizaba signos para atestiguar que no era un simple hombre, sino que los tiempos mesiánicos habían llegado, que Él era el Mesías esperado y anunciado por los profetas. Por eso, hace el milagro de la pesca abundante y asocia al mismo tiempo de la predicación y del milagro el llamado a sus primeros apóstoles y discípulos, para dejar claro su deseo e intención de asociar a algunos hombres a la misión que el Padre eterno le había confiado. Llama a hombres escogidos del pueblo, sencillos, con su cultura y realidad personal para que junto a Él se dedicaran a predicar y hacer signos delante de la gente que dijeran que el Cristo esperado había llegado.
Resalta aquí la fe de Pedro, que siendo un experto pescador, de mayor edad, confía en la palabra de un joven que se presenta como un nuevo maestro en Israel. Lo extraordinario es que la pesca la hace de día, abundante, después de no haber pescado nada durante toda la noche. Ante tal milagro, Pedro cae de rodillas ante Jesús y éste le dice: “desde ahora serás pescador de hombres”; así mismo llamó a su hermano Andrés, que aunque Lucas no menciona su nombre, por los otros evangelistas se sabe que estaba con Pedro en la barca y también llamó a los otros dos hermanos Santiago y Juan.
IDA Y RETORNO: Vivamos una santa cuaresma, haciendo el bien.

Crf. http://www.elimpulso.com/opinion/arquidiocesana/notas-pastorales-quinto-domingo-del-tiempo-ordinario-c-07022016
Ilustración: Jacopo Bassano.

A PESCAR EN EL PROPIO POZO

Rema mar adentro
Marcos Rodríguez

Introducción
Las tres lecturas de hoy van en la misma dirección. Experiencia de indignidad ante la cercanía de lo divino y salto al descubrimiento de lo que los protagonistas son por la cercanía de Dios.
·         Isaías descubre que es un hombre de labios impuros, pero una vez tocado por el fuego, se cree capacitado para llevar a cabo la misión. Aquí estoy, mándame.
·         Pablo, que se considera un aborto, reconoce que ha trabajado más que todos ellos, “pero no yo, sino la gracia de Dios en mí”.
·         Pedro se reconoce “pecador” y pide a Jesús que se aleje, pero, dejándolo todo lo siguió.
En los tres casos se trata de proclamar la palabra de Dios. Una palabra que tiene fuerza por sí misma, independientemente de la indignidad de los que la proclaman. Incluso Jesús está allí para predicar “la palabra de Dios”.
Contexto
Después de la lectura del domingo pasado, se han sucedido varios episodios que hemos saltado:
·         la primera predicación en la sinagoga de Cafarnaún,
·         la curación de un endemoniado,
·         la curación de la suegra de Pedro y otros enfermos que le trajeron.
Empezamos hoy el capítulo 5 con un episodio múltiple:
·         la multitud que se agolpa en torno a Jesús para escuchar la palabra de Dios;
·         la enseñanza desde la barca;
·         la invitación a volver al mar;
·         la pesca inesperada;
·         la confesión de la indignidad de Pedro;
·         la llamada de los discípulos;
·         el inmediato seguimiento.
Explicación
El relato de Lucas que acabamos de leer, tiene mucho que ver con el que Juan narra en el capítulo 21, después de la resurrección. Allí es Pedro el que va a pescar en su barca. También allí se habla de una noche de pesca sin fruto alguno. Jesús les manda, contra toda lógica que echen las redes a esa hora de la mañana. El mismo resultado de abundante pesca. Y también la precipitada respuesta de Pedro de ir hacia Jesús.
Dado el simbolismo que envuelve todo el relato, tiene más sentido en ambiente pascual. De hecho Pedro llama a Jesús “Señor”, título que sólo los primeros cristianos le asignaron. Cuando se escribieron estos evangelios, la “barca” ya era  considerada como símbolo de la Iglesia caminando en medio del mundo hostil. Jesús enseña, pero una vez desaparecido él, son los cristianos lo encargados de predicar. La palabra de Dios llega ahora a todos desde la Iglesia.
Hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada. El hecho de que la pesca abundante sea precedida de un total fracaso, tiene un significado teológico muy profundo. La actuación de los hombres, por su cuenta y riesgo lleva al fracaso. Tendrá éxito cuando actúe en nombre de Jesús.
Claro que “en nombre de Jesús” quiere decir que debemos actuar de acuerdo con su manera de pensar, de actuar y de decir, que es algo muy distinto a  ponerlo como coletilla al final de nuestras oraciones.
Es simbólica también la sugerencia de Jesús: “rema mar adentro”. En griego “bados” y en latín “altum” significan profundidad, y expresan mejor el simbolismo. Sólo de las profundidades se puede sacar lo más auténtico del hombre. Todo lo que buscamos en vano  a nuestro alrededor, está dentro de nosotros mismos.
Pero ir más adentro no es tan fácil como pudiera parecer. Exige traspasar las seguridades del yo superficial y adentrarse en lo incontrolable de nuestro ser. Confiar en lo que no controlamos exige una fe-confianza auténtica.
Decía Teilhard de Chardin: “Cuando bajaba a lo hondo de mi ser, llegó un momento en que dejé de hacer pie y parecía que me deslizaba hacia el vacío”. Dejar de controlar la situación exige renunciar a lo más firme de nuestro ego.
Fiado en tu palabra, echaré las redes. El que Pedro se fíe de la palabra de Jesús, que le manda contra toda lógica echar las redes a una hora impropia, tiene mucha miga. Las tareas importantes las debemos hacer siempre fiándonos de otro. Tenemos que dejarnos conducir por la Vida. Cuando intentamos por todos los medios domesticar lo que es más que nosotros, con el pretexto de que sabemos más que nadie, aseguramos nuestro fracaso.
El mismo Nietzsche dijo: “El ser humano nunca ha llegado más lejos que cuando no sabía a dónde le llevaban sus pasos”. Lo que trasciende a nuestro ser consciente es mucho más importante que el pequeñísimo espacio que abarcamos con nuestra razón. Dejarnos llevar por lo que es más grande que nosotros es signo de verdadera sabiduría. La evolución ha conseguido llevarnos a lo que somos sin contar para nada con nosotros.
El mar era el símbolo de las fuerzas del mal. “Pescar hombres” era un dicho popular que significaba sacar a uno de un peligro grave. No quiere decir, como se ha entendido con frecuencia, pescar o cazar a uno para la causa de Cristo. Aquí quiere decir ayudar a los hombres a salir de la influencia del mal. Pero sólo puede ayudar a otro a salir de la influencia del mal, el que ha encontrado lo verdadero de sí mismo e invita otro a encontrarlo también.
Lo mejor que puedo hacer por el otro es ser yo mismo. Crecer en mi verdadero ser es lo mejor que puedo hacer por todos los demás y por la creación entera. La primera y principal tarea de todo ser humano está dentro de él, nunca fuera. Aquí podemos descubrir los errores de planteamiento de la propia vocación, cuando la planificamos como hacer bien al prójimo, creyendo que eso es lo que espera Dios de mí. Dios sólo quiere que seas auténtico.
En las tres lecturas se está dilucidando la diferencia entre el verdadero Dios que libera, que salva y eleva al ser humano hasta su mismo ser, dándole su misma vida, y el ídolo que mantiene al hombre alejado, humillándolo y sometiéndolo.
Es más, mientras más hundido se sienta el hombre, más grande será el ídolo. Lo triste es que nos sentimos mucho más a gusto frente al ídolo, porque lo hemos creado nosotros a nuestra imagen. Eso es lo que haríamos nosotros si fuésemos Dios. Pero sobre todo, ese es el dios más útil para mantener, en su nombre, a los seres humanos dominados.
El Dios de Jesús no admite siervos. Lo que desea para nosotros es lo que desea para Él; por eso nos hace partícipes de su misma Vida. Y espera de nosotros que llevemos esa misma vida a los demás.
Una vez descubierto el don de Dios, nos sentiremos capacitados para llevarlo a los demás. Sentiremos que en Él lo podemos todo. No caeremos en la trampa de creer que puede darnos o no dar, que puede elegirnos o no. Dios elige a todos, y no elige a nadie en particular.
Soy muy poca cosa, pero nadie puede ocupar mi lugar en el universo. Soy sólo una nota, pero imprescindible en el coro del universo. Lo único que debo pretender es que mi ser esté en armonía con el resto de la creación y así ayudar a desplegar la sinfonía universal.
El fallo más común es querer llevar la voz cantante por encima de los demás, estropeando el coro. Descubrir que soy sólo una voz, me ayudará también a valorar a los demás como indispensables para formar el coro armónico total.
Y, dejándolo todo, lo siguieron. Estamos ante un lenguaje teológico. Es imposible que Pedro y sus socios dejaran las barcas con los peces cogidos, la familia y se fueran físicamente detrás de Jesús desde aquel instante.
El tema de la vocación es muy importante en la vida de todo ser humano. La vida es siempre ir más allá de lo que somos, por lo tanto el mismo hecho de vivir nos plantea las posibilidades que tenemos de ir en una dirección o en otra al planificar mi futuro.
Con demasiada frecuencia se reduce el tema de la "vocación" al ámbito religioso. Nada más ridículo que esa postura. Quedaría reducido el tema a una mínima minoría. Todos estamos llamados por Dios y nadie es llamado de una manera externa y ostensible. Los ejemplos de vocaciones que encontramos en la Escritura y en la vida, son experiencias internas de Dios. Estamos llamados a crecer desde nuestra nada.
La vocación no es nada distinto de mi propio ser. No es un acto puntual de Dios en un momento determinado de mi historia. Dios no tiene ninguna manera de decirme lo que espera de mí, más que a través de mi ser. Elige a todos de la misma manera, sin exclusiones ni privilegios. La meta es la misma para todos. Dios no puede tener privilegios con nadie.
Al crearme, me ha puesto todas las posibilidades de ser que yo debo desarrollar a lo largo de mi existencia. Ni puede ni tiene que añadir nada a mi ser. Desde el principio están en mí todas las posibilida­des que puedo desplegar, no tengo que esperar nada de Dios. El creer que Dios me puede dar una vocación o puede no dármela es absurdo.
Desde esta perspectiva, descubrir mi vocación sería encontrar el camino que me llevará más lejos en esa realización personal, aprovechando al máximo todos mis recursos, mis aptitudes, mis cualidades.
Los distintos caminos no son, en sí, ni mejores ni peores unos que otros. Lo importante es acertar con el que mejor se adecue  a mis aptitudes personales.
La vocación la tenemos que buscar dentro de nosotros mismos, no fuera. No debemos olvidar nunca que toda elección lleva consigo muchas renuncias que no se tienen que convertir en obsesión, sino en la conciencia clara de nuestra limitación.
Si de verdad queremos avanzar hacia una meta, no podemos elegir más que un camino. El riesgo de equivocarnos no debe paralizarnos, porque aunque nos equivoquemos, si hacemos todo lo que está de nuestra parte, llegaremos a la meta, aunque sea con un mayor esfuerzo.
Meditación-contemplación
“Rema mar adentro”. Llega a lo profundo de tu ser.
Es una invitación que se hace a todo hombre.
Sin esa profundización, no es posible la plenitud humana.
La contemplación es el único camino.
.............................
No es necesario que recorras los mares buscando alimento.
Aprende a pescar en tu propio pozo.
Lo que con tanto afán buscas fuera de ti,
lo tienes todo al alcance de la mano dentro de ti.
.......................
Si no has pescado nada, ¿qué podrás ofrecer a los demás?
Si no has aprendido a pescar, ¿cómo podrás enseñar a los demás?
Da verdadero sentido a tu vida,
y ayudarás a los demás a conseguirlo.

Fuente:
http://www.feadulta.com/anterior/Ev-lc-05-01-11-MR-C.htm
Cfr. Isabel Vidal de Tenreiro: http://www.elimpulso.com/opinion/buena-nueva-no-hay-excusa
Ilustración Konrad Witz, "The Miraculous Draft of Fishes".  

domingo, 10 de febrero de 2013

PESCADORES DE HOMBRES

DOMINGO 5º DEL TIEMPO ORDINARIO /C
Lc 5, 1-11
La fuerza del Evangelio Error nefasto. Reconocer el pecado
José Antonio Pagola

LA FUERZA DEL EVANGELIO

El episodio de una pesca sorprendente e inesperada en el lago de Galilea ha sido redactado por el evangelista Lucas para  infundir aliento a la Iglesia cuando experimenta que todos sus esfuerzos por comunicar su mensaje fracasan. Lo que se nos dice es muy claro: hemos de poner nuestra esperanza en la fuerza y el atractivo del Evangelio.
El relato comienza con una escena insólita. Jesús está de pie a orillas del lago, y "la gente se va agolpando a su alrededor para oír la Palabra de Dios". No vienen movidos por la curiosidad. No se acercan para ver prodigios. Solo quieren escuchar de Jesús la Palabra de Dios.
No es sábado. No están congregados en la cercana sinagoga de Cafarnaún para oír las lecturas que se leen al pueblo a lo largo del año. No han subido a Jerusalén a escuchar a los sacerdotes del Templo. Lo que les atrae tanto es el Evangelio del Profeta Jesús, rechazado por los vecinos de Nazaret.
También la escena de la pesca es insólita. Cuando de noche, en el tiempo más favorable para pescar, Pedro y sus compañeros trabajan por su cuenta, no obtienen resultado alguno. Cuando, ya de día, echan las redes confiando solo en la Palabra de Jesús que orienta su trabajo, se produce una pesca abundante, en contra de todas sus expectativas.
En el trasfondo de los datos que hacen cada vez más patente la crisis del cristianismo entre nosotros, hay un hecho innegable: la Iglesia está perdiendo de modo imparable el poder de atracción y la credibilidad que tenía hace solo unos años.
Los cristianos venimos experimentando que nuestra capacidad para transmitir la fe a las nuevas generaciones es cada vez menor. No han faltado esfuerzos e iniciativas. Pero, al parecer, no se trata solo ni primordialmente de inventar nuevas estrategias.
Ha llegado el momento de recordar que en el Evangelio de Jesús hay una fuerza de atracción que no hay en nosotros.
Esta es la pregunta más decisiva: ¿Seguimos "haciendo cosas" desde un Iglesia que va perdiendo atractivo y credibilidad, o ponemos todas nuestras energías en recuperar el Evangelio como la única fuerza capaz de engendrar fe en los hombres y
mujeres de hoy?
¿No hemos de poner el Evangelio en el primer plano de todo? Lo más importante en estos momentos críticos no son las doctrinas elaboradas a lo largo de los siglos, sino la vida y la persona de Jesús. Lo decisivo no es que la gente venga a tomar parte en nuestras cosas sino que puedan entrar en contacto con él. La fe cristiana solo se despierta cuando las personas escubren el fuego de Jesús.
Señor, soy pecador.

ERROR NEFASTO

Está muy extendida la idea de que la culpa es algo introducido por la religión. Muchos piensan que si Dios no existiera, desaparecería totalmente el sentimiento de culpa, pues no habría mandamientos y cada uno podría hacer lo que quisiera.
Nada más lejos de la realidad. La culpa no es algo inventado por los creyentes, sino una experiencia universal que vive todo hombre, como lo ha recordado con insistencia la filosofía moderna. Creyentes y ateos, todos nos enfrentamos a esta realidad dramática: nos sentimos llamados a hacer el bien pero, una y otra vez, hacemos el mal.
Lo propio del creyente es que vive la experiencia de la culpa ante Dios. Pero, ¿ante qué Dios? Si el creyente se siente culpable ante la mirada de un Dios resentido e implacable, nada hay en el mundo más culpabilizador y destructor. Si, por el contrario, experimenta a Dios como alguien que nos acompaña con amor, siempre dispuesto a la comprensión y la ayuda, es difícil pensar en algo más luminoso, sanante y liberador.
Pero, ¿cuál es la actitud real de Dios ante nuestro pecado? No es tan fácil responder a esta pregunta. En el Antiguo Testamento se da un largo proceso que, a veces, los creyentes no llegan a captar. «Todavía queda mucho camino hasta que comprendamos o adivinemos que la cólera de Dios es solamente la tristeza de su amor».
Pero resulta todavía más deplorable que bastantes cristianos no lleguen nunca a captar con gozo al Dios de perdón y de gracia revelado en Jesucristo. ¿Cómo ha podido irse formando, después de Jesucristo, esa imagen de un Dios resentido y culpabilizador? ¿Cómo no trabajar con todas las fuerzas para liberar a la gente de tal equívoco?
No pocas personas piensan que el pecado es un mal que se le hace a Dios, el cual «impone» los mandamientos porque le conviene a él; por eso castiga al pecador. No terminamos de comprender que el único interés de Dios es evitar el mal del hombre. Y que el pecado es un mal para el hombre, y no para Dios. Lo explicaba hace mucho santo Tomás de Aquino: «Dios es ofendido por nosotros sólo porque obramos contra nuestro propio bien. »
Quien, desde la culpa, sólo mira a Dios como juez resentido y castigador, no ha entendido nada de ese Padre cuyo único interés somos nosotros y nuestro bien. En ese Dios en el que no hay absolutamente nada de egoísmo ni resentimiento, sólo cabe ofrecimiento de perdón y de ayuda para ser más humanos. Somos nosotros los que nos juzgamos y castigamos rechazando su amor.
La escena que nos describe Lucas es profundamente significativa. Simón Pedro se arroja a los pies de Jesús, abrumado por sus sentimientos de culpa e indignidad: «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.»
La reacción de Jesús, encarnación de un Dios de amor y perdón, es conmovedora: «No temas. Desde ahora, serás pescador de hombres.»

RECONOCER EL PECADO

El relato de "la pesca milagrosa" en el lago de Galilea fue muy popular entre los primeros cristianos. Varios evangelistas recogen el episodio, pero sólo Lucas culmina la narración con una escena conmovedora que tiene por protagonista a Simón Pedro, discípulo creyente y pecador al mismo tiempo.
Pedro es un hombre de fe, seducido por Jesús. Sus palabras tienen para él más fuerza que su propia experiencia. Pedro sabe que nadie se pone a pescar al mediodía en el lago, sobre todo si no ha capturado nada por la noche. Pero se lo ha dicho Jesús y Pedro confía totalmente en él: «Apoyado en tu palabra, echaré las redes».
Pedro es, al mismo tiempo, un hombre de corazón sincero. Sorprendido por la enorme pesca obtenida, «se arroja a los pies de Jesús» y con una espontaneidad admirable le dice: «Apártate de mí, que soy pecador». Pedro reconoce ante todo su pecado y su absoluta indignidad para convivir de cerca con Jesús.
Jesús no se asusta de tener junto a sí a un discípulo pecador. Al contrario, si se siente pecador, Pedro podrá comprender mejor su mensaje de perdón para todos y su acogida a pecadores e indeseables. «No temas. Desde ahora, serás pescador de hombres». Jesús le quita el miedo a ser un discípulo pecador y lo asocia a su misión de reunir y convocar a hombres y mujeres de toda condición a entrar en el proyecto salvador de Dios.
¿Por qué la Iglesia se resiste tanto a reconocer sus pecados y confesar su necesidad de conversión? La Iglesia es de Jesucristo, pero ella no es Jesucristo. A nadie puede extrañar que en ella haya pecado. La Iglesia es "santa" porque vive animada por el Espíritu Santo de Jesús, pero es "pecadora" porque no pocas veces se resiste a ese Espíritu y se aleja del evangelio. El pecado está en los creyentes y en las instituciones; en la jerarquía y en el pueblo de Dios; en los pastores y en las comunidades cristianas. Todos necesitamos conversión.
Es muy grave habituarnos a ocultar la verdad pues nos impide comprometernos en una dinámica de conversión y renovación. Por otra parte, ¿no es más evangélica una Iglesia frágil y vulnerable que tiene el coraje de reconocer su pecado, que una institución empeñada inútilmente en ocultar al mundo sus miserias? ¿No son más creíbles nuestras comunidades cuando colaboran con Cristo en la tarea evangelizadora, reconociendo humildemente sus pecados y comprometiéndose a una vida cada vez más evangélica? ¿No tenemos mucho que aprender también hoy del gran apóstol Pedro reconociendo su pecado a los pies Jesús?

Ilustración: Piet Mondrian

¿CONFIAR?

NOTITARDE, Valencia, 10 de Febrero de 2013
Cristo nos llama a seguirle (Lc. 5, 1-11)
Joel de Jesús Nuñez

El evangelio de este domingo nos presenta tres partes: Jesús aparece predicando a la gente a la orilla del Lago de Galilea; era tanta la multitud que quería escucharlo, que tuvo que subirse a la barca de Simón, que luego Jesús lo llamará Pedro, y se puso a predicarles la Buena Noticia del Reino de los cielos. Dice el evangelista Lucas que Jesús se sentó en la barca y comenzó a enseñar a la gente. Lucas, y los demás evangelistas, presentan a Jesús como el verdadero Maestro, que viene a enseñar no sabiduría humana, sino a revelarnos la sabiduría divina, a transmitirnos un mensaje que viene de lo alto, de Dios Padre. Hay algo que resalta en esta primera parte del evangelio de hoy, la gente quiere escuchar a Cristo, porque descubren que su forma de hablar, su lenguaje, sus palabras son diferentes, llenan y nutren la vida, “son palabras de vida eterna” y por eso prestan atención a lo que dice el Maestro de Nazaret y al mismo tiempo, se percibe que Dios quiere hablar al hombre, lo busca, se quiere encontrar con Él, quiere guiarlo, proporcionarle las enseñanzas que podrán ayudarlo a vivir su vida cotidiana, su día a día. Jesús va al lugar de trabajo de toda aquella gente, para allí transmitirle el mensaje de Dios. En nuestra sociedad de hoy, en la Venezuela de hoy, necesitamos escuchar a Dios, prestar oído a lo que nos pide Cristo, hacer vida sus enseñanzas. Hoy más que nunca, percibimos a la gente necesitada de un mensaje de fe, esperanza y sobre todo amor, esas palabras que llenan la vida nos la transmite Cristo; lo que necesitamos pedirle es que nos ayude hacerlas vida, que nos dé signos de su presencia entre nosotros, que nos fortalezca con su Espíritu Santo para poder hacer vida su palabra en medio de lo que nos toca hacer cada día.
En la segunda parte del evangelio de hoy, Jesús realiza en medio de aquella gente y a la vista de Simón Pedro, su hermano Andrés y los hermanos Santiago y Juan, el milagro de la pesca milagrosa, es ya de día, ya habían regresado de pescar toda la noche, estaban lavando las redes para prepararse para otro día, Jesús le dice a Pedro que conduzca la barca mar adentro para pescar; en su lógica humana le dice a Jesús que han pasado toda la noche pescando y no han sacado nada, pero ahora en su nombre, es decir, teniendo fe en Él, creyendo en su persona como Dios, creyendo en sus palabras, echará las redes, así lo hace y la pesca fue abundante. Hay aquí varios signos, primero lo que pide Cristo a Pedro, un salto de fe, creer en Dios y creerle a Dios, trascender la lógica humana. El subir a la barca y llevarla mar adentro es prefiguración de la vocación de Pedro, no sólo seguir a Cristo como discípulo, sino que en medio de ese seguimiento tendrá la misión especial de guiar a la Iglesia que Cristo vino a fundar, guiarla en su nombre, la barca de la Iglesia. La pesca milagrosa, donde hay peces de todos los tamaños es la universalidad del mensaje cristiano.
Cristo ha venido a salvar a todos los hombres. Por eso, la tercera parte del evangelio es la vocación, el llamado que Jesús hizo a aquellos cuatro hombres, parejas de hermanos, a “ser pescadores de hombres”, es decir, a predicar el mensaje de la salvación a toda la humanidad. Es la tarea del creyente, del que sigue a Cristo, en medio del mundo distinguirse como discípulo de Jesús, como uno que ha escuchado su llamado y se convierte en instrumento de salvación, traducido en un hombre o mujer al servicio de los hermanos, que vive de la fe, la esperanza y el amor, ayudando al prójimo a encontrar el sentido de su vida, a encontrarse con Dios que llena todas las expectativas del corazón del hombre. Así como Pedro y los otros que lo dejaron todo para seguir a Jesús, porque descubrieron que en Dios toda la existencia humana se ilumina, se renueva, se transforma y comienza a vivirse una nueva dimensión de la vida que comienza a dar plenitud a todo lo que hacemos y nos proyecta a esa vida que no termina, sino que tiene su culmen en la contemplación cara a cara de Dios.
Pidamos al Señor que nos ayude, que nos fortalezca para que en medio de este mundo cansado, que va sin rumbo, que necesita de Dios y a veces no lo sabe, los cristianos podamos transmitir el mensaje que salva y renueva al ser humano.
Ida y retorno
Con el Miércoles de Ceniza, los cristianos católicos, iniciamos la Cuaresma, tiempo de conversión, de volver a Dios, espacio para intensificar la oración, el ayuno, la penitencia, la caridad con el prójimo. Que estos cuarenta días nos sirvan para crecer espiritualmente, para vivir más cerca de Dios. Si así lo hacemos, les aseguro que experimentaremos la alegría de descubrir lo que se siente y vive cuando se está con Dios; hasta las adversidades y las crisis se superan, porque con Dios se logra todo o se encuentra el sentido a todo. Feliz Cuaresma, que nos preparemos bien para la Pascua del Señor.

Breve nota LB:  No tomamos apuntes de la misa de hoy. Empero, recordamos aquello de estar hechos a su imagen y semejanza, debiendo resolver en la vida, contando con la inteligencia para afrontar las situaciones diversas...., además que los bienes son para nosotros y, no al revés, vivir para nuestros bienes.... Dejar todo, entregarse: no se puede estar marcando con boyas el sitio de pesca. Esto es, confiar (Iglesia de La Coromoto, El Paraíso, Caracas).

Ilustración: Miki Karni.