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viernes, 19 de febrero de 2016

FRENTE AL VENDAVAL



Domingo 14 de febrero de 2016
"No sólo de pan vive el hombre" (Lc 4, 1-13)
José Martínez De Toda, S.J.

Moderador/a: Buenos días. Estamos aquí en el Estudio… (Se presentan los participantes).
El Evangelio del domingo de hoy presenta un debate entre Jesús y el diablo. Son las famosas Tentaciones de Jesús. Escuchémoslo.
Lectura del santo evangelio según San Lucas (Lc 4, 1-13)
NARRADOR/A – En aquel tiempo Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y, durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo. Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre. Entonces el diablo le dijo:
DIABLO – "Si eres el Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan".
NARRADOR/A – Jesús le contestó:
JESÚS – "Está escrito: "No sólo de pan vive el hombre".
NARRADOR/A – Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo:
DIABLO – "Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo".
NARRADOR/A – Jesús le contestó:
JESÚS – "Está escrito: "Al Señor, tu Dios, adorarás y a Él sólo darás culto".
NARRADOR/A – Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo:
DIABLO – "Si eres hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: "Encargará a los ángeles que cuiden de ¨Tí", y también: "Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras".
NARRADOR/A – Jesús le contestó:
JESÚS – "Está mandado: "No tentarás al Señor, tu Dios".
NARRADOR/A – Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión.
Pregunta 1 – Este evangelio asusta: Jesús y el diablo frente a frente. ¿Qué pasó en realidad?
El relato evangélico de las tentaciones en el desierto no debe ser leído como una narración histórica, sino como un esquema teológico y un resumen, en tres momentos, de las principales pruebas que Jesús tuvo que superar a lo largo de toda su vida.
Según el evangelista Marcos, «el Espíritu empuja a Jesús al desierto». La vida de Jesús no va a ser un camino de éxito fácil; más bien le esperan pruebas, crisis, inseguridad y amenazas. Jesús necesita hablar con el Padre.
Y el «desierto» es el mejor lugar para escuchar, en silencio y soledad, la voz de Dios.
Hoy día el cristianismo está viviendo momentos difíciles... Tenemos crisis, secularización, abandono de prácticas religiosas. <¿No será Dios quien nos está empujando a este «desierto»? ¿No necesitábamos algo de esto para liberarnos de tanta vanagloria, poder mundano, vanidad y falsos éxitos acumulados inconscientemente durante tantos siglos?... Sólo se nos pide rechazar con lucidez las tentaciones> (Pagola)
Estamos rodeados de tentaciones desde Adán y Eva.
Pregunta 2 – ¿Cuál fue la primera tentación?
El tentador ve a Jesús hambriento, y le dice: “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.”
Jesús responde al diablo: Escrito está: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” Como diciendo: “El alimento es importante, pero es más importante obedecer la palabra de Dios.” Y parte de la palabra de Dios es no aprovecharse de su poder para hacerse milagros, saciar su hambre y vivir cómodamente a cuenta de ellos: como ‘el hijo de papá’, que usa el carro de su padre para cualquier cosa.
Es la tentación del cuerpo, del hambre, del poder.
Le dice ‘Hijo de Dios’, aludiendo a aquella voz de Dios Padre en su Bautismo: “Éste es mi Hijo”. El diablo le quiere hacer dudar, y le reta a que demuestre su divinidad.
Pero para Jesús, ser Hijo no tiene nada que ver con vivir cómodamente a cuenta de sus milagros.
Más bien, ser Hijo es fiarse de Dios y de su Palabra incondicionalmente. En el evangelio de Juan (4,34), Jesús les dice a sus discípulos: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y realizar su obra”. Es decir, no le alimenta alardear ni hacer valer sus derechos. No “le engorda” ser poderoso.
Pregunta 3 – ¿Por qué es más importante la Palabra de Dios?
Porque esa Palabra de Dios no habla de egoísmo, sino de amor, de servicio al prójimo, de fidelidad, de valores que no se marchitan, de preocuparse por otros y menos por sí mismo. Por ejemplo, Jesús multiplicó los panes, pero fue para alimentar a los hambrientos.
Por cierto, las tentaciones que tientan más no son las grandes, sino las que vienen envueltas en un lenguaje que suena obvio: convertir la piedra en pan, simplemente porque tengo hambre y lo puedo hacer.
Pregunta 4 – ¿Cuál es la segunda tentación?
La tentación de la soberbia: El diablo lleva a Jesús a las almenas del templo de Jerusalén.
Abajo está la multitud. El diablo le susurra a Jesús: “¡Qué momento tan bueno para presentarte ante todo el pueblo como Mesías! Así apareces ante todos a lo grande, a lo espectacular, como caído del cielo.
Échate. Y descenderás sobre ellos suavemente. Vienes a salvar el mundo. Así rápidamente podrás conseguir muchos seguidores”.
Pero la estrategia de Jesús para llevar adelante su misión es distinta: humildad, vivir con la gente, hablar con ella, decirle que Dios es su Padre, que Dios es amor. Él repetirá: “Ámense los unos a los otros. Sean humildes, no jactanciosos, porque la soberbia lleva a todos los males. El que quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo”. No usa recursos psicológicos impulsivos, que disminuyen la libertad y el raciocinio. Jesús deja a la gente en libertad. ‘El fin no justifica los medios’. Y Jesús le respondió al diablo:
“No tentarás al Señor, tu Dios” (Deuteronomio 6,16).
Pregunta 5 – ¿Y cuál es la última tentación?
La tentación de la riqueza: el diablo lo sube a un monte muy alto, y le muestra todos los reinos del mundo, sus ejércitos, su poder, sus riquezas, sus monumentos.
Y le dice: “Todo esto te daré, si me adoras”.
Pero Jesús se presenta soberanamente libre, íntegro e insobornable. Jesús responde: “Vete, Satanás, que escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y á él solo servirás”.
Y he aquí que los ángeles llegaron y le servían.
Pregunta 6 – Entonces, ¿son dos caminos distintos: el de Jesús y el del mundo?
S. Ignacio de Loyola pinta muy claramente estos dos caminos contrapuestos en sus “Ejercicios Espirituales” en la meditación de “Las dos Banderas”: la de Jesús y la del diablo (EE., 136-147).
El camino del mundo tiene tres pasos que nos enredan y nos deshumanizan: codicia de riqueza, búsqueda de honores y “crecida soberbia”, de la cual pueden venir todos los males. “La raíz de todos los males es el afán del dinero” (1 Timoteo 6,10).
El camino de Cristo, en cambio, es precisamente todo lo contrario:
Primero, la pobreza (o austeridad). Segundo, aceptar las humillaciones. Y, por fin, la humildad, que es la mejor disposición para todos los bienes, como el servicio y el amor.
Pregunta 7 – ¿Cuáles son tus tentaciones de hoy? ¿De qué te confiesas?
Robar, la corrupción, insultar, egoísmo, sexo indebido, droga, alcohol, abandono de compromisos (de hogar, etc).
Pregunta 8 – Comenzamos la Cuaresma el pasado Miércoles de Ceniza. ¿Qué es la Cuaresma?
Tres pasos: 1. Arrepentimiento; 2. Cambio; 3. Seguir a Jesús.
La Cuaresma es un período de 40 días para examinarnos si somos víctimas de las Tentaciones, que Jesús superó.
Es un tiempo de conversión a los valores auténticamente humanos y cristianos.
La Cuaresma es el tiempo de cambiarme a mí, para cambiar este mundo de maldad.
La Cuaresma es como una vacuna. El niño tiene miedo a la aguja, porque no sabe que ese pinchazo le va a evitar muchas enfermedades. Nosotros estamos rodeados de antivalores y virus: a través de los MCS, de los egoísmos de la economía y de la política, etc.
Un periódico hizo esta pregunta a sus lectores: "¿Cuál es la causa de que haya tanto mal en el mundo?" Hubo miles de respuestas. G. K. Chesterton contestó: "Soy yo".
Despedida
Les invitamos a la Misa, a la Eucaristía, sacramento del amor. Venimos a la Misa, para cambiarnos, para cambiar las cosas, para ser diferentes. Las Lecturas hablan de la lucha entre el Bien y el Mal, entre Jesús y el Diablo, entre nosotros y el Diablo. La fuerza para vencer nos viene de la Eucaristía, de Cristo, que es nuestro alimento.

Fuente:

Gráfica: aportada para Marie Claire Chahdad (Facebook).

VARIOS PRECIPICIOS



Lc 4, 1-13
Ayuno, oración y limosna, los antídotos de las tentaciones
Marcos Rodríguez

Introducción
Empieza la cuaresma y debemos tomar conciencia de lo que esto significa para nuestra vida espiritual. Aunque debemos superar el sentido luctuoso que ha tenido durante demasiado tiempo, podemos seguir descubriendo un sentido que nos puede hacer mucho bien en nuestra religiosidad.
No debemos insistir en el aspecto de sacrificio, pero sí en la necesidad que tenemos todos de retirarnos al desierto para conocer mejor nuestro verdadero ser y así abrir nuevas rutas que llenen de sentido nuestra existencia.
Jesús fue tentado como nosotros, porque la tentación no es algo que viene de fuera, sino que es inherente a todo ser humano. El mayor peligro que tenemos a la hora de interpretar las tentaciones de Jesús es pensar que era un extraterrestre. El mismo evangelio nos dice que el diablo se marchó "hasta otra ocasión".
Los evangelistas tematizan las tentaciones en un momento y lugar determinado, pero dejan bien claro que fueron una constante en su vida, como lo son en todos y cada uno de los hombres. Ni Jesús ni nosotros necesitamos que venga nadie a tentarnos. La lucha es contra nuestro falso ego.
Explicación
No debemos escandalizarnos cuando los exegetas nos dicen que estos relatos no son historia sino teología. Marcos, que fue el primero que escribió su evangelio, reduce el relato a menos de tres líneas. No son crónicas de sucesos externos, pero son descarnadamente reales.
Empleando símbolos conocidos por todos, nos quieren hacer ver una verdad teológica fundamental: La vida humana se presenta siempre como una lucha a muerte entre los dos aspectos de nuestro ser; por una parte lo instintivo o biológico y por otra lo espiritual o trascendente. Si no hay lucha, es que hemos aceptado la derrota.
El mito del mal personificado (diablo), ha atravesado todas las culturas y religiones hasta nuestros días y por lo que se puede adivinar, tiene cuerda para rato. La realidad es que no necesitamos ningún enemigo que nos tiente desde fuera. El diablo nace como necesidad de explicar el mal, que no puede venir de Dios.
Sin embargo, el mal no tiene ningún misterio; es inherente a nuestra condición de criaturas. La voluntad sólo es atraída por el bien, pero como nuestro conocimiento es limitado, la inteligencia puede presentar a la voluntad un objeto como bueno, siendo en realidad malo.
El mal es consecuencia de una inteligencia limitada. Sin conocimiento, la capacidad de elección sería imposible y no podía haber mal moral. Si el conocimiento fuera perfecto, también sería imposible porque sabríamos lo que es malo y el mal no puede ser apetecible. Si la voluntad va tras el mal, es siempre consecuencia de una ignorancia. Es decir, creemos que es bueno para nosotros lo que en realidad es malo.
Recordar lo que dice el evangelio: “la verdad os hará libres. La libertad de elección solo se puede dar entre dos bienes. Plantear una lucha entre el bien y el mal, es puro maniqueísmo. La lucha se da entre el bien aparente (mal), y el bien real.
La primera observación que debíamos hacer sobre el relato, es que al empezar se hace mención por dos veces del Espíritu. Lleno del Espíritu Santo quiere decir lleno de Dios. Jesús es un ser humano en el que Dios lo es todo y que actúa como lo haría el mismo Dios.
El tiempo de desierto es precisamente un tiempo en que esa presencia de lo divino se activa y se potencia, para que nada de lo sensible, caduco, terreno, tenga la fuerza suficiente para no dejar actuar lo divino en él. Si dejamos actuar al Espíritu, la victoria está asegurada.
Que las tentaciones sean tres, no es casual. Se trata de un resumen perfecto de todas las relaciones que puede desarrollar un ser humano. La tentación consiste en entrar en una relación equivocada con nosotros mismos, con los demás y con Dios. Una auténtica relación humana con los demás, que es lo que se manifiesta en nuestra vida real, depende, querámoslo o no, de una adecuada relación con nosotros mismos y con Dios.
PRIMERA TENTACIÓN: poner la parte superior de nuestro ser al servicio de la inferior.
Si eres Hijo de Dios... No se debe entender desde los conceptos dogmáticos acuñados en el siglo IV. No hace referencia a la segunda persona de la Trinidad. Significa hijo en el sentido semita. Jesús no es fiel a Dios porque es Hijo, sino que es Hijo porque es fiel...
Si tú has hecho en todo momento la voluntad de Dios, también Él hará lo que tú quieres. Fíjate bien que la tentación de hacer la voluntad de Dios para que después Él haga lo que yo quiero, no tiene que venir ningún diablo a sugerírnosla; es lo que estamos haciendo todos los días.
Di que esta piedra se convierta en pan. La tentación permanente es dejarse llevar por los instintos, sentidos, apetitos. Es decir hacer en todo momento lo que te apetece. Es negarse a seguir evolucionando y superarse a sí mismo, porque eso exige esfuerzo.
Los instintos nos ayudan a garantizar nuestro ser animal. Si ese fuera nuestro objetivo, no habría nada de malo en seguirlos, como hacen los animales. En ellos los instintos nunca son malos. Pero si nuestro objetivo es ser más humanos, sólo a través del esfuerzo lo podremos conseguir, porque debemos ir más allá de lo puramente biológico.
El fallo está en utilizar la inteligencia para potenciar nuestro ser animal.
No sólo de pan vive el hombre. El pan es necesario, pero, ni es lo único necesario ni es lo más importante. Para el animal sí es suficiente. Nuestro hedonismo cotidiano demuestra que no hemos aceptado aún estas palabras de Jesús.
Dar al cuerpo lo que me pide es para muchos lo primero y esencial, descuidando la preocupación por todo aquello que podría elevar nuestra humanidad.
El antídoto de esta tentación es el ayuno. Privarnos voluntariamente de aquello que es bueno para el cuerpo, es la mejor manera de entrenarnos para no ceder, en un momento dado, a lo que es malo.
SEGUNDA TENTACIÓN: Si me adoras, todo será tuyo. Olvídate de Dios y adora al ídolo. Por él conseguirás cumplir tus deseos de dominio y poder.
El poder, en cualquiera de sus formas, es la idolatría suprema. El poder lleva siempre consigo la opresión, que es el único pecado que existe.
Adorar a Dios y darle culto no significa ir en busca del dios exterior que necesita incienso y alabanza. Se trata de descubrir lo que de Dios hay en nosotros y potenciarlo, cultivarlo hasta que se haga visible a través de todos los poros de nuestro ser.
Nuestro auténtico ser no está en el ego aparente, en nuestra individualidad, sino más a lo hondo. Si descubro mi ser profundo, no me importará desprenderme de mi yo y, en vez de buscar el dominio de los demás, buscaré el servicio a todo el que encuentre en mi camino.
El antídoto es la limosna. Para no caer en la tentación de aprovecharnos de los demás, debemos hacer ejercicios de donación voluntaria de lo que tenemos y de lo que somos.
Tercera tentación: Tírate de aquí abajo. Realiza un acto verdaderamente espectacular, que todo el mundo vea lo grande que eres. Demuestra que tienes a Dios en el bolsillo y que eres más que nadie. Todos te ensalzarán y tu (vana) gloria llegará al límite.
Es curioso que en esta tentación el mismo diablo utilice la Escritura para tentar. Nos está diciendo que utilizar la Escritura también puede ser diabólico.
La respuesta es que dejes a Dios ser Dios. Acepta tu condición de criatura y desde esa condición alcanza la verdadera plenitud.
Dios no tiene que darte nada. Mucho menos podrá tener privilegios con nadie. Ya se lo ha dado todo a todos. Eres tú el que debes descubrir las posibilidades de ser que tienes sin dejar de ser criatura. Ya es hora de que dejemos de acusar a Dios de haber hecho mal su obra y exigirle que rectifique.
El antídoto es la oración. Al decir oración no queremos decir “rezos” sino meditación profunda. Descubrir al verdadero Dios, me librará de utilizar al dios ídolo.
Sin duda este relato es el mejor pórtico para entrar en la cuaresma. Nos obliga a plantear los tres temas que caracterizan este tiempo litúrgico:
ayuno (relación con tu verdadero yo),
oración (relación con Dios),
limosna (relación con los demás).
No debemos plantearnos la lucha contra el mal desde el voluntaris­mo, sino desde un mejor conocimiento de la persona, de la realidad y de Dios.
El pecado no consiste en la trasgresión de una ley, sino en deteriorar tu propio ser. La ley lo único que puede hacer es advertirte de que esto o aquello puede hacerte daño; pero eres tú el que tienes que descubrir la razón de mal si quieres que la voluntad deje de apetecer lo que te daña.
Debemos desmitificar el pecado. No se trata de ninguna ofensa a Dios sino de un deterioro de mi propio ser. El pecado sólo en una segunda instancia tiene connotación religiosa. Su primer impacto es simplemente humano.
También el que no cree se deteriora como ser humano cada vez que da preferencia al gozo inmediato dejándose llevar de los instintos que le empujan a la animalidad, perdiendo la posibilidad de una plenitud de ser.
A cada tentación Jesús responde con palabras de la Escritura. Si tenemos en cuenta que es un relato simbólico, descubriremos lo que los evangelistas nos quieren decir con esto. Dios por medio de su palabra quiere orientarnos en la toma de decisiones. Pero como decía Pablo: esa palabra está cerca de ti, la tienes en los labios y en el corazón.
Meditación-contemplación
Cuaresma es tiempo de desierto.
Camina hacia tu interior repleto de peligros y asechanzas.
Para llegar a tu verdadero ser, hay que atravesar tu propio desierto.
Libérate de todo lo que crees ser, para llegar al centro.
..........................
Sólo en tu propio desierto afrontarás la verdadera batalla de la vida.
Eso sí, empujados por el Espíritu.
En desierto y solo, tienes que tomar la decisión definitiva.
Confía. La tierra prometida”, está ya ahí, al otro lado de tu falso yo.
.............................
Mantente en el silencio,
hasta que se derrumbe el muro que te separa de ti mismo.
Sólo la ignorancia nos mantiene alejados del SER.
Deja que la luz que ya está en tu interior te invada por completo.
Serás feliz y harás felices a los que viven junto a ti.

Ilustración: Sandro Botticelli.

CONSTANCIA DE PASOS



NOTITARDE, Valencia, 14 de febrero de 2016
"Caminando con Cristo"
Tiempo de cuaresma (Lc. 4, 1-13)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes

El Miércoles de Ceniza pasado comenzamos el tiempo de cuaresma, cuarenta días que nos preparan a la celebración de la Pascua de Nuestro, Señor Jesucristo. Es decir, su Pasión, Muerte y Resurrección que celebraremos en la Semana Santa.
Un tiempo de purificación y penitencia. La conversión significa un cambio de vida, dirigir de nuevo o constantemente los pasos a Dios, ya que muchas veces nos hemos alejado de Él. Es un tiempo para abrir el corazón al hermano, buscar la reconciliación, vivir el servicio, la práctica del amor sincero convertido en atención al prójimo, especialmente al más necesitado; que muchas veces no está lejos de nosotros, sino en nuestra propia familia, en nuestro entorno.
Ahora bien, para poder convertir el corazón a Dios y al prójimo, necesitamos algunos actos y de eso se nos hablará mucho en este tiempo, para alcanzar una verdadera conversión. Primero, la oración, el diálogo constante con Dios; buscar un espacio de nuestro día a día para estar con Él, para hablar como se habla con un amigo.
Quien habla con Dios cada día se va transformando espiritualmente, va creciendo en gracia. En segundo lugar, el ayuno y la abstinencia; es un tiempo para hacer sacrificios, ofrendar a Dios ese pequeño sacrificio para pedir a Él los dones que más necesitamos y alcanzar reciedumbre espiritual que tanto necesita el cristiano.
Por último, necesitamos aumentar la caridad, el servicio a los hermanos; porque no hay verdadero amor a Dios o culto a Dios, si no hay atención al hermano, especialmente al más necesitado.
IDA Y RETORNO: Felicitaciones a Fernando Jesús por estar hoy de cumpleaños, que Dios lo bendiga y cuide siempre y agradezco también al Señor por un año más de vida que también me regala. Oremos por el éxito del viaje apostólico del Papa a México. Que sigamos siendo una Iglesia misionera del amor.

Ilustración: Martin Schöngauer.

domingo, 17 de febrero de 2013

DISCERNIMIENTO

San Lucas, 4: 1 – 13

En su homilía de hoy, el Padre Roberto Martialay (SJ), señaló que la Cuaresma es un tiempo duro, fuerte, exigente. Solemos ver dos momentos: la subida de Jesús a Jerusalén, camino al calvario, de endurecido rostro, decidido, del quetoma el arado y no mira atrás; y el comienzo de la vida pública, yendo al árido desierto, solitario.

Enfrentarse con el mal espíritu y discernir su filiación con Dios. Oración más fuerte, compleja, dedicada. Algo como los ejercicios espirituales de San Ignacio, una mayor concentración en Dios. Recomendar una hora y media diaria de oración y discernimiento. Ensayo de estar más atento al Señor para discernir y tomar decisiones en la vida. Hay decisiones que requieren de un especial discernimiento.

No debemos estar en manos de brujos, echadores de cartas, etc. La Providencia y la libertad se juntan, y vamos por esos rieles hacia el futuro.

La tentación no es un mal en sí, lo malo es caer. No hay pecado en sentir tentaciones.

Dt 26, 4-10
Salmo 90
Rom 10, 8-13

Fotografía: Fabio Bucciarelli de la agencia France Press, en Alepo (Siria) el 10 de octubre de 2012 que ha quedado segunda en la categoría de "Noticias generales" del certamen World Press Photo. El País, Madrid, 16/02/13.

HECHOS EN LA TENTACIÓN A GRAN ESCALA

DOMINGO 1º DE CUARESMA /C
Lc 4, 1-13
No desviarnos de Jesús Identificar las tentaciones Lucidez y fidelidad
José Antonio Pagola

NO DESVIARNOS DE JESÚS

Las primeras generaciones cristianas se interesaron mucho por las pruebas y tensiones que tuvo que superar Jesús para  mantenerse fiel a Dios y vivir siempre colaborando en su proyecto de una vida más humana y digna para todos.
El relato de las tentaciones de Jesús no es un episodio cerrado, que acontece en un momento y en un lugar determinado.  Lucas nos advierte que, al terminar estas tentaciones, "el demonio se marchó hasta otra ocasión". Las tentaciones volverán en la vida de Jesús y en la de sus seguidores.
Por eso, los evangelistas colocan el relato antes de narrar la actividad profética de Jesús. Sus seguidores han de conocer  bien estas tentaciones desde el comienzo, pues son las mismas que ellos tendrán que superar a lo largo de los siglos, si no quieren desviarse de él.
En la primera tentación se habla de pan. Jesús se resiste a utilizar a Dios para saciar su propia hambre: "no solo de pan  vive el hombre". Lo primero para Jesús es buscar el reino de Dios y su justicia: que haya pan para todos. Por eso acudirá un  día a Dios, pero será para alimentar a una muchedumbre hambrienta.
También hoy nuestra tentación es pensar solo en nuestro pan y preocuparnos exclusivamente de nuestra crisis. Nos  desviamos de Jesús cuando nos creemos con derecho a tenerlo, y olvidamos el drama, los miedos y sufrimientos de quienes  carecen de casi todo.
En la segunda tentación se habla de poder y de gloria. Jesús renuncia a todo eso. No se postrará ante el diablo que le ofrece el imperio sobre todos los reinos del mundo: "Al Señor, tu Dios, adorarás". Jesús no buscará nunca ser servido sino  servir.
También hoy se despierta en algunos cristianos la tentación de mantener, como sea, el poder que ha tenido la Iglesia en  tiempos pasados. Nos desviamos de Jesús cuando presionamos las conciencias tratando de imponer a la fuerza nuestras  creencias. Al reino de Dios le abrimos caminos cuando trabajamos por un mundo más compasivo y solidario.
En la tercera tentación se le propone a Jesús que descienda de manera grandiosa ante el pueblo, sostenido por los ángeles  de Dios. Jesús no se dejará engañar: "No tentarás al Señor, tu Dios". Aunque se lo pidan, no hará nunca un signo  espectacular del cielo. Solo hará signos de bondad para aliviar el sufrimiento y las dolencias de la gente.
Nos desviamos de Jesús cuando confundimos nuestra propia ostentación con la gloria de Dios. Nuestra exhibición no  revela la grandeza de Dios. Solo una vida de servicio humilde a los necesitados manifiesta su Amor a todos sus hijos.
No sólo de pan vive el hombre

IDENTIFICAR LAS TENTACIONES

Según los evangelios, las tentaciones experimentadas por Jesús no son propiamente de orden moral. Son planteamientos en los que se le proponen maneras falsas de entender y vivir su misión. Por eso, su reacción nos sirve de modelo para nuestro comportamiento moral, pero, sobre todo, nos alerta para no desviarnos de la misión que Jesús ha confiado a sus seguidores.
Antes que nada, sus tentaciones nos ayudan a identificar con más lucidez y responsabilidad las que puede experimentar hoy su Iglesia y quienes la formamos. ¿Cómo seremos una Iglesia fiel a Jesús si no somos conscientes de las tentaciones más peligrosas que nos pueden desviar hoy de su proyecto y estilo de vida?
En la primera tentación, Jesús renuncia a utilizar a Dios para «convertir» las piedras en panes y saciar así su hambre. No seguirá ese camino. No vivirá buscando su propio interés. No utilizará al Padre de manera egoísta. Se alimentará de la Palabra viva de Dios. Sólo «multiplicará » los panes para alimentar el hambre de la gente.
Ésta es probablemente la tentación más grave de los cristianos de los países ricos: utilizar la religión para completar nuestro bienestar material, tranquilizar nuestras conciencias y vaciar nuestro cristianismo de compasión, viviendo sordos a la voz de Dios que nos sigue gritando: ¿dónde están vuestros hermanos?
En la segunda tentación, Jesús renuncia a obtener «poder y gloria» a condición de someterse como todos los poderosos a los abusos, mentiras e injusticias en que se apoya el poder inspirado por el «diablo». El reino de Dios no se impone, se ofrece con amor. Sólo adorará al Dios de los pobres, débiles e indefensos.
En estos tiempos de pérdida de poder social es tentador para la Iglesia tratar de recuperar el «poder y la gloria» de otros tiempos pretendiendo incluso un poder absoluto sobre la sociedad. Estamos perdiendo una oportunidad histórica para entrar por un camino nuevo de servicio humilde y de acompañamiento fraterno al hombre y a la mujer de hoy, tan necesitados de amor y de esperanza.
En la tercera tentación, Jesús renuncia a cumplir su misión recurriendo al éxito fácil y la ostentación. No será un mesías triunfalista. Nunca pondrá a Dios al servicio de su vanagloria. Estará entre los suyos como el que sirve.
Siempre será tentador para algunos utilizar el espacio religioso para buscar reputación, renombre y prestigio. Pocas cosas son más ridículas en el seguimiento a Jesús que la ostentación y la búsqueda de honores. Hacen daño a la Iglesia y la vacían de verdad.

LUCIDEZ Y FIDELIDAD

No le resultó fácil a Jesús mantenerse fiel a la misión recibida de su Padre sin desviarse de su voluntad. Los evangelios recuerdan su lucha interior y las pruebas que tuvo que superar, junto a sus discípulos, a lo largo de su vida.
Los maestros de la ley lo acosaban con preguntas capciosas para someterlo al orden establecido, olvidando al Espíritu, que lo impulsaba a curar incluso en sábado. Los fariseos le pedían que dejara de aliviar el sufrimiento de la gente y realizara algo más espectacular, «un signo del cielo», de proporciones cósmicas, con el que Dios lo confirmara ante todos.
Las tentaciones le venían incluso de sus discípulos más queridos. Santiago y Juan le pedían que se olvidara de los últimos y pensara más en reservarles a ellos los puestos de más honor y poder. Pedro le reprende porque pone en riesgo su vida y puede terminar ejecutado.
Sufría Jesús y sufrían también sus discípulos. Nada era fácil ni claro. Todos tenían que buscar la voluntad del Padre superando pruebas y tentaciones de diverso género. Pocas horas antes de ser detenido por las fuerzas de seguridad del templo, Jesús les dice así: «Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas» (Lucas 22,28).
El episodio conocido como las «tentaciones de Jesús» es un relato en el que se reagrupan y resumen las tentaciones que hubo de superar Jesús a lo largo de su vida. Aunque vive movido por el Espíritu recibido en el Jordán, nada le dispensa de sentirse atraído hacia formas falsas de mesianismo.
¿Ha de pensar en su propio interés o escuchar la voluntad del Padre? ¿Ha de imponer su poder de Mesías o ponerse al servicio de quienes lo necesitan? ¿Ha de buscar su propia gloria o manifestar la compasión de Dios hacia los que sufren? ¿Ha de evitar riesgos y eludir la crucifixión o entregarse a su misión confiando en el Padre?
El relato de las tentaciones de Jesús fue recogido en los evangelios para alertar a sus seguidores. Hemos de ser lúcidos. El Espíritu de Jesús está vivo en su Iglesia, pero los cristianos no estamos libres de falsear una y otra vez nuestra identidad cayendo en múltiples tentaciones.
Para seguir a Jesús con fidelidad hemos de identificar las tentaciones que tenemos los cristianos de hoy: la jerarquía y el pueblo; los dirigentes religiosos y los fieles. Una Iglesia que no es consciente de sus tentaciones pronto falseará su identidad y su misión. ¿No nos está sucediendo algo de esto? ¿No necesitamos más lucidez y vigilancia para no caer en la infidelidad?

Fuente: http://www.musicaliturgica.com/0000009a2106d5d04.php
Fotografía: Prueba nuclear norcoreana (EFE).