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domingo, 10 de enero de 2016

FUERZA EN LA ORACIÓN

Evangelio Dominical: Bautismo de Jesús
José Martínez de Toda (SJ)

Comentario dialogado al Evangelio que se proclama el Domingo Post-Epifanía, correspondiente al domingo 10 enero 2016.  La lectura es tomada del Evangelio según San Lucas 3, 15-16. 21-22.
"¡Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto!"
Lo que hoy cuenta el evangelio es como el lanzamiento público de Jesús como Mesías. ¿Dónde ocurrió eso?
Jesús había vivido con sus padres en Nazaret casi 30 años.
Entonces se comenzó a hablar de Juan el Bautista. Decían que se parecía a los antiguos profetas de hacía 400 años, pues llamaba a respetar los derechos de los pobres. Y todo ello en preparación a la llegada del Mesías. La gente se iba a escucharlo.
Y un día se fue Jesús también al río Jordán con otros. Y cuando se pusieron en fila para ser bautizados por Juan, Él también se puso en fila.
Para ello, el que bautizaba desataba las correas del calzado al que se iba a bautizar, y le ayudaba a desvestirse.
Después se sumergía en el agua y se levantaba. Los judíos del desierto se bautizaban con ocasión de ciertas fiestas, para demostrar su deseo de alcanzar una vida más limpia, cuando viniera el Salvador.
El diablo le había propuesto otro tipo de lanzamiento: desde el pináculo del Templo. Jesús prefiere la oración, el Espíritu Santo, la humildad de bautizarse. ¿Cuál de los dos hubiera elegido usted?
Pero Juan habla de dos bautismos. ¿Cuáles son ellos?
Él distingue dos clases de bautismo: el de él y el del Mesías, que está a punto de llegar.
¿En qué se distinguen ambos Bautismos?
El Bautismo de Juan es un simple bautizo con agua. Con agua se lavan las manchas de la ropa. Es algo meramente simbólico.
Se trata de expresar públicamente el deseo de estar limpios para la llegada del Mesías.
Pero lo lavado difícilmente se parece a lo nuevo, y hay manchas que no se van de la ropa.
Estos deseos y promesas son falibles, como todo compromiso humano, y no bastan para extirpar del corazón la raíz misma del mal.
¿Y cómo es el Bautismo de Jesús?
El Bautismo de Jesús, en cambio, es algo real y transformador. Es nacer de nuevo para convertirnos en hijos adoptivos de Dios, para participar en la misión de su Hijo.
Y para ello el bautismo del Mesías será con agua, Espíritu Santo y fuego.
El Espíritu Santo garantiza que transformará interiormente a las personas, y las hará hijos de Dios.
Y se parecerá al fuego, que purifica el metal oxidado, y de ese crisol sale el metal brillante, como si fuera nuevo. Es un fuego purificador, no destructor.
Juan reconoce que su Bautismo es inferior al de Jesús. Inclusive Juan no se siente digno de desatar sus sandalias. Con esas palabras Juan reconoce que no es digno de bautizar a Jesús.
¿Por qué se bautizó Jesús?
Jesús no necesitaba conversión ni recibir el bautismo de Juan. Pero siendo el Salvador, quiere empezar acompañando a sus hermanos pecadores, que buscan el camino del perdón.
Además, al recibir el bautismo de Juan, Jesús se solidariza con Juan, que busca la justicia y trabaja para que todos reformen su propia vida.
¿Qué es lo más importante del evangelio de hoy?
Lo más importante se halla en estas frases:

Así que son varios los pasos:
Primero: Jesús ora. La oración de Jesús precede a los acontecimientos más importantes de su vida. El ministerio de Jesús y el de la iglesia toman su fuerza de la oración.
Segundo: El cielo se abre, no al ser bautizado Jesús, sino durante la oración que siguió a su bautizo. Y baja el Espíritu Santo como en forma de paloma
Tercero: "Y se oyó una voz del cielo que decía: "Tú eres mi Hijo amado, el predilecto"" (v. 22c). Es la voz de Dios, del Padre Celestial, presente también en este bautismo de Jesús.
¿Cuál es el papel del Espíritu Santo en el Bautismo de Jesús?
El Espíritu Santo aparece en el evangelio de Lucas desde su mismo principio.
- En la Anunciación
- En la Visitación de la Virgen a su prima Isabel.
- En la Presentación de Jesús en el Templo
El Espíritu es como la paloma del Arca de Noé, que fue un símbolo de paz – una señal de la presencia de Dios – una promesa de salvación.
- Ahora, después del Bautismo, el Espíritu Santo desciende sobre Jesús, para que comience su ministerio.
¿Por qué el Padre lo llama 'el predilecto'?
A los reyes de Israel se les había llamado "Hijo de Dios".
Pero, especialmente se usaba esta frase 'Hijo de Dios', cuando se quería designar al Mesías. Por eso el Mesías es el 'Predilecto Hijo de Dios'.
Efectivamente, Jesús era Hijo de Dios más que nadie, Hijo Único del Padre, Dios nacido de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero. Y ahora el Padre con la voz y el Espíritu en forma de paloma lo invitan a empezar su ministerio de salvación. Precisamente algunos días después de este bautismo, María, su Madre, en las bodas de Caná, terminó de decidirlo a actuar en público como Mesías. Jesús es el líder, la luz del mundo.
Despedida
Les invitamos a la Misa, a la Eucaristía, sacramento del amor. Allí asistimos con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo al inicio del ministerio de Jesús, de su vida pública, dedicada a enseñar en la práctica cómo amar a los demás, y que culminará en su Muerte y Resurrección, representados en la Eucaristía. Allí nos sentimos fortalecidos para nuestra propia misión cristiana, con Jesús y a la manera de Jesús.

Fuente:
http://radioevangelizacion.org/noticia/evangelio-dominical-bautismo-jesus 

Ilustración: Pietro Perugino, 1482.

FIESTA

NOTITARDE, Valencia, 10 de enero de 2016
El Bautismo del Señor (Lc. 3,15-16.21-22)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes

Con la fiesta del Bautismo de Jesús llegamos al final del tiempo de la Navidad. En estos días hemos meditado sobre el nacimiento y la infancia de Jesús; hoy lo contemplamos ya adulto, dispuesto a comenzar su vida pública, anunciando la llegada del Reino de Dios manifestado en su persona que trae liberación al hombre. En el texto del evangelio de hoy vemos claramente dos partes: 1. Juan Bautista anuncia la llegada del Mesías que viene a liberar y salvar a la humanidad de su pecado. De hecho, Juan dice delante de sus oyentes que él bautiza con agua, un bautismo de conversión, pero vendrá otro, más poderoso que él que bautizará con Espíritu Santo y fuego, refiriéndose a Jesús, a quien no es digno de desatarle las correas de su sandalias. 2. Jesús es bautizado y se realiza una manifestación de la Trinidad. El Espíritu Santo desciende sobre Él en forma de paloma y se escucha la voz del Padre que dice: “Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy”. La realidad del Bautismo de Jesús fue entendida a plenitud por sus apóstoles y discípulos a la luz de su Resurrección; que comprendieron que Él era el Mesías e Hijo de Dios que había venido al mundo, enviado por el Padre y ungido por el Espíritu Santo para lograr la liberación y salvación del hombre sumergido en la oscuridad del pecado. Jesús no se bautiza por ser pecador; en Él no había pecado (Heb. 4,15), pero libremente quiso ser contado entre los pecadores y al mismo tiempo manifestar la presencia de un Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Podemos afirmar, que el fin del Bautismo de Cristo era manifestar la realidad de un Dios cercano y amigo del hombre y presentar a Aquel que desde ese momento y para siempre es y será el Hombre Nuevo, prototipo de la humanidad salvada.
IDA Y RETORNO: Sigamos orando por Venezuela.

Pieza: Yaacov Agam.

VENIR DEL AGUA Y DEL ESPÍRITU

La prolongada experiencia de oración de Jesús
Marcos Rodríguez

Contexto
Terminado el “tiempo de Navidad”, empezamos hoy el “tiempo ordinario”. El evangelio nos relata el principio de la vida pública de Jesús. Con los conocimientos que yo tengo hoy, me atrevo a decir que, el bautismo de Jesús, es el acontecimiento más importante de toda su vida, desde su nacimiento hasta su muerte.
Los relatos del bautismo son simbólicos y no hacen referencia a un hecho puntual, sino a una experiencia que se pudo prolongar durante mucho tiempo, incluso durante toda su vida. En esos relatos se nos invita a tomar conciencia de cómo vivió él esa experiencia de Dios. Jesús descubrió lo que Dios era para él y lo que tenía que ser él para Dios. Por tanto descubrió el sentido de su vida y la misión que debía realizar de parte de Dios.
Los cuatro evangelistas resaltan, a su vez, la importancia que tuvo para Jesús el descubrimiento de su misión y el encuentro con Juan el Bautista; a pesar de que es un reconoci­miento de cierta dependencia de Jesús con relación a Juan.
Juan no formó ningún grupo estable de seguidores. Todo lo que sabemos de él, nos ha llegado por los escritos cristianos. Si a pesar de que se podía interpretar como una subordinación a Juan, lo han narrado todos los evangelistas, quiere decir que tiene unas posibilidades muy grandes de ser histórico. Es más, sería el primer dato histórico que nos ha llegado de la vida de Jesús
Celebramos hoy el verdadero nacimiento de Jesús. Él mismo nos dijo que el nuevo nacimiento del agua y del Espíritu, era el verdaderamente importante. Si seguimos celebrando con mayor énfasis el nacimiento carnal, es que no hemos entendido en su justa medida el mensaje evangélico. Nuestra religión sigue empeñada en que busquemos a Dios donde no está. Dios no está en lo material, en lo biológico, en los acontecimientos que podemos percibir por los sentidos. Dios está en lo hondo del ser y allí tenemos que descubrirlo.
El bautismo de Jesús tiene un innegable calado en todos los evangelios, precisamente  porque el relato nos lanza más allá de lo sensible. Recordemos que Marcos y Juan no saben nada de la infancia de Jesús y comienzan su evangelio con el bautismo.
Explicación
El relato de Lucas que acabamos de leer, no da ninguna importancia al hecho concreto del bautismo. Se centra precisamente en los símbolos: cielo abierto, bajada del Espíritu y voz del Padre. Imágenes que en el AT están relacionadas, todas ellas, con el Mesías.
Se trata de una teofanía. Según aquella mentalidad, Dios está en los cielos y tiene que venir de allí. Abrirse los cielos es señal de la cercanía de Dios a los hombres. Esa venida tiene que ser descrita de una manera visible, para poder ser percibida.
Dios garantiza la veracidad del enviado, afirmando su relación con él. Por lo tanto, lo importante no es lo que sucedió fuera, si no lo que vivió Jesús dentro de sí mismo, y que el relato trata de trasmitirnos con esos símbolos.
El evangelio de Juan es todavía más drástico, ni siquiera narra el bautismo, lo da por supuesto y habla directamente de la presencia del Espíritu en Jesús, que es lo importante. Todos están hablando de una experiencia interna de Jesús, porque el Espíritu no tiene que venir de ninguna parte.
El gran protagonista de la liturgia de hoy es el Espíritu. En las tres lecturas se hace referencia directa a él. En el NT el Espíritu es entendido a través de Jesús; y a la vez, Jesús es entendido a través del Espíritu. Esto indica hasta que punto se consideran mutuamente implicados.
Comprenderemos esto mejor si damos un repaso a la relación de Jesús con el Espíritu en los evangelios, aunque no en todos los lugares podemos estar seguros de que la palabra “espíritu” se refieren a la misma realidad.
Marcos:
1,10  Vio rasgarse los cielos y al Espíritu descender sobre él.
1,12  El Espíritu lo impulsó hacia el desierto.
Mateo:
1,18  Resultó que (María) había concebido por obra del Espíritu Santo.
1,20  El ángel a José: no temas, el hijo que espera, viene del Espíritu Santo.
3,16  Se abrieron los cielos y vio el Espíritu de Dios que bajaba como paloma.
Lucas:
1,35  El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con...
3,22  El Espíritu Santo bajó sobre él en forma corporal como una paloma.
4,1   Jesús salió del Jordán lleno del Espíritu Santo
4,14  Jesús, lleno de la fuerza del Espíritu, regresó a galilea.
4,18  El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido.
Juan:
1,32  Yo he visto que el Espíritu bajaba del cielo y permanecía sobre él.
1,33  Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu, es quien bautiza con E. S. y fuego.
3,5   Nadie puede entrar en el reino, si no nace del agua y del Espíritu.
6,63  El Espíritu es el que da vida, la carne no sirve de nada.
Está claro que la figura de Jesús no podría entenderse si no fuera por la acción del Espíritu. Seguir entendiendo esa acción del Espíritu referida a su procedencia biológica es desbaratar el sentido de las Escrituras.
Recordemos lo que dice el mismo Jesús a Nicodemo: “Hay que nacer de nuevo” y “Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es Espíritu”.
¡Claro que Jesús es inconcebible sin la acción del Espíritu! Hay que tener en cuenta sin embargo, que cuando hablamos del Espíritu, estamos hablando del mismo Dios como energía, como vida; es lo que significaba espíritu en el AT. También hay que recordar que estamos hablando de la experiencia de Jesús como ser humano, no de la segunda o de la tercera persona de la Trinidad.
Lo que de verdad nos debe importar a nosotros es el descubrimiento de la relación de Dios para con él como ser humano, y la respuesta que el hombre Jesús dió a esa toma de conciencia. Lo singular de esa relación es la respuesta de Jesús a esa presencia de Dios-Espíritu en él.
En contra de lo que siempre se nos ha dicho, el bautismo no es la prueba de la divinidad de Jesús, sino la prueba de una verdadera humanidad. Un ser humano que acepta sus limitaciones y ora.
En el discurso de despedida de Juan en la última cena, Jesús hace constantes referencias al Espíritu que les enviará, pero también les dice que no les dejará huérfanos, que volverá. Sin duda esas dos expresiones hacen referencia a la misma realidad. De la misma manera que también dice que el Padre y él vendrán y harán morada en aquel que le ama. Esto nos indica hasta que punto Jesús se siente identificado con Dios que es Espíritu.
Aunque no tenemos datos suficientes para poder adentrarnos en la psicología de Jesús, los evangelios no dejan ninguna duda sobre la relación de Jesús con Dios. Fue una relación personal. Se atreve a llamarle Abba, (papá) cosa inusitada en su época y aún en la nuestra. Hace su voluntad, le escucha siempre, etc.
Todo el mensaje de Jesús se reduce a manifestar su experiencia de Dios como Espíritu. El único objetivo de su predica­ción fue que también nosotros lleguemos a esa misma experiencia. Aquí podemos encontrar el mejor camino para comprender lo que es el Espíritu para la primera comunidad cristiana.
En el diálogo con la Samaritana lo deja bien claro: Dios es Espíritu y el que quiera adorarlo debe hacerlo en espíritu y en verdad. La comunicación de Jesús con su "Abba", no fue a través de los sentidos ni a través de un órgano especial y portentoso. Se comunicaba con Dios como nos podemos comunicar cualquiera de nosotros, sólo a través de su propio ser. Ningún hilo telefónico especial. Tenemos que descartar cualquier privilegio en este sentido.
Sólo a través de la oración, de la contemplación el Hombre Jesús descubrió quién era Dios para él. Lucas  nos acaba de decir que toda esa manifestación de la presencia de Dios en Jesús se produjo “mientras oraba”.
El descubrimiento de esa presencia nace sencillamente de su concien­cia de criatura. Dios como creador está en la base de todo ser creado, constituyéndolo en ser. Yo soy yo porque soy de Dios. Todo lo que tengo de positivo me lo está comunicando Dios; es el mismo ser de Dios en mí.
Sólo una cosa me diferencia de Dios; mis limitaciones. Esas, sí son mías y hacen que yo no sea Dios, ni criatura alguna pueda identificarse con Dios. Lo importante para nosotros es intentar descubrir lo que pasó en el interior de Jesús y ver hasta qué punto podemos nosotros aproximarnos a esa misma experiencia.
La experiencia de Dios que tuvo Jesús no fue un chispazo que sucedió en un instante. Más bien tenemos que pensar en una toma de conciencia progresiva que le fue acercando a lo que después intentó transmitir a los discípulos.
Los evangelios no dejan lugar a duda sobre la dificultad que tuvieron los primeros seguidores de Jesús para entender esto. Eran todos judíos y la religiosidad judía estaba basada en la Ley y el templo, es decir, en una relación puramente externa con Dios.
Para nosotros esto es muy importante, porque nos advierte que la toma de conciencia de nuestro verdadero ser no puede producirse de la noche a la mañana, sino que es un proceso que dura toda nuestra vida.
Meditación-contemplación
Jesús nació del Agua y del Espíritu (bautismo).
Parir, es “dar a luz. Nacer, es “venir a la luz”
Este segundo nacimiento da a luz mi verdadero ser.
.............................
Jesús era la lámpara perfecta.
El Espíritu la atraviesa y la transforma en luz.
No sólo es luz, sino que ilumina a todos.
..................
La energía que enciende la lámpara, es el Espíritu.
Es Dios en cuanto energía que hace incandescente todo mi ser.
Sigo siendo yo, pero completamente transformado.
....................
No te identifiques con tus limitaciones, con tus fallos.
Descubre que los fallos son ausencia de ser, carencias.
Tú eres lo positivo que hay en ti.

Fuente:
http://www.feadulta.com/anterior/Ev-lc-03-15-16-21-22-MR-C.htm
Cfr.
Isabel Vidal de Tenreiro: http://www.elimpulso.com/opinion/buena-nueva-jesus-bautizado
Ilustración: Pablo Palazuelo.

domingo, 13 de enero de 2013

LANZARSE

San Lucas, 3: 15-16, 21-22

En su homilía de hoy, el Padre Javier Alberdi (SJ) apuntó que Lucas quería decir quién era Jesús. Primer rasgo, hombre judío, normal, vivió en Nazaret, miserable aldea de unos 300 habitantes, la cual no parece ni en el censo. Va el sábado, le y comenta el texto para asombro de todos, algo que choca y genera comentarios:  el piquito de oro es hijo de María y José.

Jesús fue un Juan Bimba, un pata en el suelo, cuyo padre era artesano de la piedra, no propiamente un carpintero. ¿Por qué llega a ser importante? Estaba lleno del Espíritu Santo, descubre que Dios es Padre bueno, se fía de Dios, quien tiene un proyecto bien bonito. Vivió como Dios quiere: haciendo su voluntad. El paraíso no es un lugar, es un estado de felicidad.

Jesús se mete de cabeza a construir una sociedad para que sea un paraíso. Se mete con la gente, se moja, se mete en el agua, no se queda en la orilla. Compromete para construir un mundo. Hoy, en Venezuela, ¿somos hermanos?, ¿no es posible una sociedad en la que lo seamos?

Nos gusta quedarnos en la orilla. Unos dicen, católico pero no fanático, cristiano pero no me meto en problemas. Se lavan las manos. No se puede ser cristiano si no nos mojamos, nos lanzamos al agua, sin construir un pueblo de seres humanos. Llevar la vida como Jesús. No como esos bautizados que no se lanza, sino pasan apenas por agua. Vamos a dejarnos llevar por el Espíritu.

Is 42,1-4, 6.7
Salmo 28
He 10, 34-38

Fotografía: Tomada de la red.

RITOS Y VIDA

Tú eres mi Hijo amado Lc 3, 15-16. 21-22
Iniciar la reacción Pasar de Dios Espiritualidad cristiana
José Antonio Pagola


INICIAR LA REACCIÓN
El Bautista no permite que la gente lo confunda con el Mesías. Conoce sus límites y los reconoce. Hay alguien más fuerte  y decisivo que él. El único al que el pueblo ha de acoger. La razón es clara. El Bautista les ofrece un bautismo de agua. Solo  Jesús, el Mesías, los "bautizará con el Espíritu Santo y con fuego".
A juicio de no pocos observadores, el mayor problema de la Iglesia es hoy "la mediocridad espiritual". La Iglesia no  posee el vigor espiritual que necesita para enfrentarse a los retos del momento actual. Cada vez es más patente. Necesitamos ser bautizados por Jesús con su fuego y su Espíritu.
Estos últimos años ha ido creciendo la desconfianza en la fuerza del Espíritu, y el miedo a todo lo que pueda llevarnos a  una renovación. Se insiste mucho en la continuidad para conservar el pasado, pero no nos preocupamos de escuchar las  llamadas del Espíritu para preparar el futuro. Poco a poco nos estamos quedando ciegos para leer los "signos de los
tiempos".
Se da primacía a certezas y creencias para robustecer la fe y lograr una mayor cohesión eclesial frente a la sociedad  moderna, pero con frecuencia no se cultiva la adhesión viva a Jesús. ¿Se nos ha olvidado que él es más fuerte que todos  nosotros? La doctrina religiosa, expuesta casi siempre con categoría premodernas, no toca los corazones ni convierte  nuestras vidas.
Abandonado el aliento renovador del Concilio, se ha ido apagando la alegría en sectores importantes del pueblo cristiano, para dar paso a la resignación. De manera callada pero palpable va creciendo el desafecto y la separación entre la institución eclesial y no pocos creyentes. Es urgente crear cuanto antes un clima más amable y cordial. Cualquiera no podrá despertar en el pueblo sencillo la ilusión perdida. Necesitamos volver a las raíces de nuestra fe. Ponernos en contacto con el Evangelio. Alimentarnos de las  palabras de Jesús que son "espíritu y vida".
Dentro de unos años, nuestras comunidades cristianas serán muy pequeñas. En muchas parroquias no habrá ya  presbíteros de forma permanente. Qué importante es cuidar desde ahora un núcleo de creyentes en torno al Evangelio. Ellos  mantendrán vivo el Espíritu de Jesús entre nosotros. Todo será más humilde, pero también más evangélico.
A nosotros se nos pide iniciar ya la reacción. Lo mejor que podemos dejar en herencia a las futuras generaciones es un  amor nuevo a Jesús y una fe más centrada en su persona y su proyecto. Lo demás es más secundario. Si viven desde el  Espíritu de Jesús, encontrarán caminos nuevos.

PASAR DE DIOS
A nuestra vida, para ser humana, le falta una dimensión esencial: La interioridad. Se nos obliga a vivir con rapidez, sin detenernos en nada ni en nadie, y la felicidad no tiene tiempo para penetrar hasta nuestra alma.
Pasamos rápidamente por todo y nos quedamos casi siempre en la superficie. Se nos está olvidando escuchar y mirar la vida con un poco de hondura y profundidad.
El silencio nos podría curar, pero ya no somos capaces de encontrarlo en medio de nuestras mil ocupaciones. Cada vez hay menos espacio para el espíritu en nuestra vida diaria. Por otra parte, ¿quién se atreve a ocuparse de cosas tan sospechosas como la vida interior, la meditación o la búsqueda de Dios?.
Privados de vida interior, sobrevivimos cerrando los ojos, olvidando nuestra alma, revistiéndonos de capas y más capas de proyectos, ocupaciones, ilusiones y planes. Nos hemos adaptado ya y hasta hemos aprendido a vivir “como cosas en medio de cosas”
Pero lo triste es observar que, con demasiada frecuencia, tampoco la religión es capaz de dar calor y vida interior a las personas. En un mundo que ha apostado por lo “exterior”, Dios queda como un objetivo demasiado lejano y, a decir verdad, de poco interés para la vida diaria.
Por ello, no es extraño ver que muchos hombres y mujeres “pasan de Dios”, lo ignoran, no saben de qué se trata, han conseguido vivir sin tener necesidad de El. Quizás existe, pero lo cierto es que no les “sirve” para nada útil.
Los evangelistas presentan a Jesús como el que viene a “bautizar con Espíritu Santo, es decir, como alguien que puede limpiar nuestra existencia y sanarla con la fuerza del Espíritu. Y, quizás, la primera tarea de la Iglesia actual sea, precisamente, la de ofrecer ese “Bautismo de Espíritu Santo” al hombre de hoy.
Necesitamos ese Espíritu que nos enseñe a pasar de lo puramente exterior a lo que hay de más íntimo en el hombre, en el mundo y en la vida. Un Espíritu que nos enseñe a acoger a ese Dios que habita en el interior de nuestras vidas y en el centro de nuestra existencia.
No basta que el Evangelio sea predicado con palabras. Nuestros oídos están demasiado acostumbrados y no escuchen ya el mensaje de las palabras. Sólo nos puede convencer la experiencia real, viva, concreta de una alegría interior nueva y diferente.
Hombres y mujeres, convertidos en paquetes de nervios excitados, seres movidos por una agitación exterior vacía, cansados ya de casi todo y sin apenas alegría interior alguna, ¿podemos hacer algo mejor que detener un poco nuestra vida, invocar humildemente a un Dios en el que todavía creemos y abrirnos confiadamente al Espíritu que puede transformar nuestra existencia?

ESPIRITUALIDAD CRISTIANA
«Espiritualidad» es una palabra desafortunada. Para muchos solo puede significar algo inútil, alejado de la vida real. ¿Para qué puede servir? Lo que interesa es lo concreto, lo material, no lo espiritual.
Sin embargo, el «espíritu» de una persona es algo valorado en la sociedad moderna, pues indica lo más hondo y decisivo de su vida: la pasión que la anima, su inspiración última, lo que contagia a los demás, lo que esa persona va poniendo en el mundo.
El espíritu alienta nuestros proyectos y compromisos, configura nuestro horizonte de valores y nuestra esperanza. Según sea nuestro espíritu así será nuestra espiritualidad. Y así será también nuestra religión y nuestra vida entera.
Los textos que nos han dejado los primeros cristianos nos muestran que entienden su seguimiento de Jesús como un fuerte «movimiento espiritual». Se sienten habitados por el Espíritu de Jesús. Solo es cristiano quien ha sido bautizado con ese Espíritu. «El que no tiene el Espíritu de Cristo no le pertenece». Animados por ese Espíritu lo viven todo de manera nueva.
Lo primero que cambia radicalmente es su experiencia de Dios. No viven ya con «espíritu de esclavos», agobiados por el miedo a Dios, sino con «espíritu de hijos», que se sienten amados de manera incondicional por un Padre. El Espíritu de Jesús les hace gritar en el fondo de su corazón: ¡Abbá, Padre! Esta experiencia es lo primero que todos deberían encontrar al acercarse a las comunidades de Jesús.
Cambia también su manera de vivir la religión. Ya no se sienten «prisioneros de la ley», las normas y los preceptos, sino liberados por el amor. Ahora conocen lo que es vivir con «un espíritu nuevo», escuchando la llamada del amor y no con «la letra vieja», ocupados en cumplir obligaciones religiosas. Este es el clima que entre todos hemos de cuidar y promover en las comunidades cristianas si queremos vivir como Jesús.
Descubren también el verdadero contenido del culto a Dios. Lo que agrada al Padre no son los ritos vacíos de amor, sino que vivamos «en espíritu y en verdad». Esa vida vivida con el espíritu de Jesús y la verdad de su Evangelio es para los cristianos su auténtico «culto espiritual».
No hemos de olvidar lo que Pablo de Tarso decía a sus comunidades: «No apaguéis el Espíritu». Una Iglesia apagada, vacía del espíritu de Cristo, no puede vivir ni comunicar su verdadera novedad. No puede.

Fuente: http://www.musicaliturgica.com/0000009a2106d5d04.php
Fotografía: Tomada de la red.

TAMBIÉN CELEBRARNOS EN EL RESCATE

NOTITARDE, Valencia, 13 de Enero de 2013-01-13 
"Caminando con Cristo"
El bautismo de Jesús, el Cristo (Lc. 3, 15-16.21-22)


Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes
   
Con la fiesta litúrgica que la Iglesia celebra hoy, donde recuerda el Bautismo de Jesús por manos de Juan Bautista en el Jordán, se cierra el tiempo de Navidad.
El domingo pasado celebramos la solemnidad de la Epifanía o manifestación de Dios a los Reyes Magos, que declaraba a Jesús Rey de los judíos, Mesías y Salvador de la humanidad. En la fiesta que hoy celebramos se proclama a Jesús como Hijo de Dios en carne mortal, que comienza su vida pública en medio de Israel.
Tan significativo fue el hecho del Bautismo de Jesús, que los tres evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) lo narran de manera especial. Resaltan los evangelios, como lo vemos en el texto de Lucas que hoy leemos, que Jesús al ser bautizado a orillas del río Jordán fue declarado Hijo Amado de Dios Padre: "Tú eres mi Hijo amado, yo te he engendrado hoy".
Debemos decir, que en tiempos de Jesús era conocido y practicado el bautismo de inmersión a la par del rito de circuncisión. El bautismo que dispensa Juan es más ético, de conversión y purificación de los pecados y no tanto legal, como se realizaba en el Templo de Jerusalén o la sinagoga. Ahora bien, si Jesús es el Hijo de Dios, igual a nosotros menos en el pecado, ¿De qué debía purificarse? ¿Qué pecado tenía que serle perdonado? Jesús, se somete al bautismo para significar la llegada del tiempo mesiánico, el cumplimiento de lo que había anunciado su precursor San Juan Bautista. Se deja bautizar para que se manifieste el poder de Dios Padre y para que todo el pueblo que se agolpaba a las orillas de aquel río contemplara, que Dios había enviado a su propio Hijo, como Mesías. Se somete al bautismo para significar y decretar ahora que el trae la fuerza del Espíritu Santo que santificará la vida de aquellos que reciban y acepten su mensaje de salvación. Él viene ahora para bautizar con agua y Espíritu Santo. Hay un detalle exclusivo del evangelista Lucas que dice que cuando Jesús está orando se abrió el cielo; esto para poner de relieve la teofanía de la Trinidad, la manifestación de Dios Uno y Trino y que indica que ahora Jesús viene a cargar los pecados de la humanidad y Él será el dispensador del Espíritu Santo. De hecho, de manera hermosa, el Bautismo del Señor, viene a ser una señal clara de la misión que el Padre Eterno le encomendó. Siendo inocente, se mete en la fila de los pecadores y esto recuerda lo que sucederá en El Calvario. Cristo viene para morir por todos los pecadores, se deja matar como el peor de los criminales, para demostrarle al mundo el inmenso amor de Dios Padre por la humanidad. Así, que el bautismo de Cristo será también un programa de vida, una dirección a seguir para rescatar a la humanidad extraviada.
Celebrar hoy el bautismo de Cristo, es recordar también nuestra condición de bautizados. También nosotros fuimos "sumergidos" en el agua del bautismo para morir al pecado y renacer bajo la fuerza del Espíritu Santo, como hijos amados de Dios. Tenemos la tarea y el compromiso de hacer de nuestra vida cristiana; mientras dure nuestro peregrinar aquí en la tierra, un servicio al reino de Dios. Que nuestros pensamientos, sentimientos y acciones vayan siempre guiados por los mandamientos de Dios; que sean la norma de nuestras vidas. Y los cristianos sabemos que la ley de Dios se resume en el amor que tiene una triple dirección: Amar a Dios y al prójimo como a uno mismo. Es decir, para amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a mí mismo, necesito primero quererme y aceptarme como hijo amado de Dios.
Imitemos, por tanto, a Cristo que vino al mundo a hacer el bien, nos vino a hablar del amor de Dios, a estar cerca de los más pobres y necesitados, de los enfermos y de los tristes, de los pecadores y olvidados. Hoy más que nunca el mensaje de Cristo sigue vigente y así la tarea del cristiano; sobre todo en la Venezuela que nos toca vivir, que demanda por cristianos que pongan en práctica su condición de bautizados; es decir, de vivir como verdaderos discípulos de Cristo y auténticos hijos de Dios.
IDA Y RETORNO: Algunos me preguntan ¿Qué hacer para rescatar a Venezuela de tantos antivalores? Es una pregunta compleja, pero al mismo tiempo clara. Se trata de sembrar valores, de apelar a lo que hemos sido y tenemos como esencia los venezolanos que es la alegría, el optimismo, la unión, la fraternidad, el compartir, la amistad; rescatar y profundizar nuestras raíces cristianas católicas, el valor de la familia, el respeto al hogar y en el hogar, educar y formar bien a las nuevas generaciones con el ejemplo de vida, no aplaudir ni festejar vicios, ni malas costumbres, trabajar por el bien común, buscar los que nos une y no lo que nos separa y los que somos creyentes darle a Dios la primacía en nuestras vidas y vivir de acuerdo a sus enseñanzas, vivir en el temor de Dios que significa creer en Él, creerle a Él y respetarlo y amarlo como se merece en nuestra existencia. Con Cristo en el centro de la vida se logran cambios.

Fotografía: Tomada de la red.