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viernes, 29 de diciembre de 2017

RECONOCER AL MESÍAS

Evangelio Dominical: La Sagrada Familia
José Martínez de Toda, S.J.

Comentario dialogado al Evangelio que se proclama en la solemnidad de la Sagrada Familia (Domingo Infraoctava de Navidad B), correspondiente al domingo 31 diciembre 2017.  La lectura es tomada del Evangelio según San Lucas 2, 22-40.

“La familia: comunidad de vida y de amor”

 ¿Cómo es la familia modelo?

La Sagrada Familia cumplió con sus deberes religiosos yendo al Templo: María para su Purificación, y el Niño para su Presentación en él.

María y José cumplieron con el Niño Jesús alimentándolo, cuidándolo y educándolo. Y así dice el Evangelio que “el niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría: y la gracia de Dios lo acompañaba”. Es decir, fue ‘haciéndose’.

¿Cómo fue eso de la Purificación de María?

La ley judía consideraba impura a toda madre por haber dado a luz. Quedaba impura por cuarenta días después del nacimiento de un hijo o por ochenta días después del nacimiento de una hija. Durante ese tiempo se le prohibía ir al templo o tomar objetos santos con sus manos.

Después de los 40 días María fue al Templo de Jerusalén con José y Jesús. Debían llevar un cordero o una paloma, pero a los pobres se les permitía traer sólo dos tórtolas o palominos (Levítico 12:8). Es lo que ofrecieron María y José, como pobres. Jesús comienza así su vida siendo uno de los pobres. Pero parte de su misión será defenderlos. 

¿Y después vino la Presentación del Niño Jesús en el templo?

Sí. Jesús era primogénito (Éxodo 13:1-2, 11-16), y como tal debía, en primer lugar, consagrarse al Señor, pues “Todo varón que abriere la matriz, será llamado santo para el Señor”.

Después debía ser redimido por cinco siclos de plata (Números 18:15-16). El propósito de esta ceremonia era recordar que el Señor los salvó de la última plaga: la muerte de los primogénitos, y los sacó de Egipto (Éxodo 13:16).

Y así como los primogénitos judíos en Egipto fueron redimidos y no murieron, los primogénitos judíos del tiempo de Jesús debían ser redimidos pagando los cinco siclos de plata.

¿Cómo deben cumplir los padres de hoy con sus hijos?

Igual que María y José.

Primero, cumpliendo sus deberes religiosos: llevándolos a bautizar, a la catequesis, a hacer la Primera Comunión, rezando antes de comer, antes de acostarse, al salir de casa en la mañana, al comenzar alguna actividad importante…

Y segundo, educándolos y, sobre todo, dándoles buen ejemplo.

¿Por qué aparece Simeón en ese momento?

En el mismo momento en que María y José ofrecen y presentan al Niño, entra en el templo el anciano Simeón. Él era justo y piadoso. El Espíritu Santo le había revelado que no moriría hasta que hubiera visto al Mesías (vv. 25-26). Por eso el Espíritu lo guía al templo para encontrarse con Jesús, María y José (v. 27).

De inmediato, él reconoce al Niño como el Mesías prometido, lo toma en sus brazos y canta: “Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo partir en paz…” Dios ha cumplido su promesa, y Simeón ha visto al Salvador.

En latín “Ahora puedes dejar”, se dice “Nunc dimittis”. Muchos sacerdotes, religiosos, religiosas y seglares rezan esta oración en la parte del Breviario, llamada “Completas”, que es la última oración antes de acostarse.

¿Se alegraron María y José de lo que les decía el anciano Simeón?

No del todo. Lo que les dijo es también una profecía, que contiene elementos perturbadores. Les dice a José y María: “Miren, este niño está puesto para ser signo de contradicción”. Efectivamente, Jesús será amigo de cobradores de impuestos y pecadores, predicará la verdad y la justicia. Por ello, las autoridades religiosas se le opondrán y finalmente lo mandarán matar.

Y luego dice a María: “y una espada atravesará tu alma también”. Y todo el que esté estrechamente ligado a él, igual que lo está su madre, conocerá en su propia carne los mismos sufrimientos y penalidades.

Pero también apareció por allá una viejita. ¿Dijo cosas tremendas, como Simeón?

Todo lo contrario.

Ana, la profetisa, una viejita simpática, apareció como una sonrisa. Su perfil es radiante y gozoso: pertenece a la tribu de Aser, nombre que significa “felicidad, bendición” (Gn 30, 13). Su Padre se llama Fanuel, que en hebreo significa “rostro de Dios”, señal de bendición, de felicidad (Num 6, 24-26). Ana es, pues, el modelo de una gozosa, esperanzada y pacífica ancianidad; es una de los pobres del Señor que sirven al Señor día y noche con oración y ayuno (Lc 2, 37).

¿Es importante lo que dicen estos dos ancianos sobre Jesús?

Aparte de sus alabanzas y profecías, los dos son importantes desde el punto de vista legal judío. La Ley judío exigía que hubiera dos testigos (Dt 19, 15) para que el testimonio fuera válido y creíble. En este caso son los dos testigos, Simeón y Ana, de la revelación de Jesús como el Mesías, no sólo ante Israel, sino ¡ante todas las naciones! (Lc 2, 32).

Hoy es la Fiesta de la Sagrada Familia. ¿Qué consejos les daría a las familias?

La 1ª lectura de hoy (Libro del Eclesiástico 3, 2-6.12.14) presenta los consejos de Ben Sirac, que vivió varios siglos antes de Jesucristo:


El respeto de los hijos a sus padres es cosa agradable a los ojos de Dios, y éste no los dejará sin recompensa. Los hijos que veneren a sus padres serán venerados a su vez por sus propios hijos.

Fuente:
Gráficas:
Arqº Luis Barragán: Capilla de las Capuchinas, Méx.
Mosaico tomado de la red.

CENTRO DE NUESTRA FE

NOTITARDE, Valencia, 30 de diciembre de 2017
La Sagrada Familia de Nazaret (Lc. 2, 22-40)
diciembre 30, 2017
Joel de Jesús Núñez Flautes
 
A pocos días de haber celebrado la Navidad y en las vísperas de recibir un nuevo año, la Iglesia celebra en este domingo la fiesta de la Sagrada Familia, para centrar su mirada en el hogar de Jesús, María y José que se convierte en modelo de toda familia cristiana. Con esta fiesta contemplamos a Jesús, el centro de nuestra fe, que vivió como niño, como adolescente y joven en medio de un hogar, como cualquiera de nosotros; eso es la expresión de su Encarnación en medio de la naturaleza humana. Pero no podemos dejar de contemplar y esto no le resta valor al puesto central que tiene Cristo en nuestras vidas, lo que Dios mismo eligió para nuestra salvación y es fijarnos también en la figura de la Santísima Virgen María y de San José, que unidos a Nuestro Señor Jesucristo serán siempre recordados como aquellos que fueron fieles a la misión que Dios Padre les encomendó; como modelos de fe, como padres valientes y abnegados que educaron, protegieron y formaron la humanidad del Niño-Dios. Es esto lo que nos narra el evangelio de Lucas, que más allá de una presentación legal de Jesús ante las autoridades del Templo, ellos supieron acogerlo y formarlo con amor de padres. Vale destacar que esta familia, con la certeza de que en medio de ella estaba el Redentor del mundo, no estuvo exenta de dificultades, de problemas, de necesidades materiales, de angustias, de lágrimas, de dudas, de miedos… pero los sostenían la fe y las promesas de Dios y en esto son admirables San José y la Virgen María. Ellos sabían lo que el ángel a cada uno le había indicado de parte de Dios.

IDA Y RETORNO: Feliz y bendecido año 2018 para todos.

Fuente:
Ilustración: La Sagrada Familia en las escaleras, según Nicolas Poussin.

PRIVILEGIADO CONTEXTO

Vive en tu familia, la grandeza de ser plenamente humano
Marcos Rodríguez

La liturgia nos propone hoy la familia de Nazaret como punto de reflexión. No sabemos casi nada de esa familia, pero teniendo en cuenta el refrán: “de tal palo tal astilla”, debemos suponer que fue una familia ideal. No obstante, tenemos que dejar claro desde el principio que el modelo de familia de aquella época tenía muy poco que ver con el nuestro. Los estudios sociológicos que se han hecho sobre la familia en tiempo de Jesús, no dejan lugar a duda.
Si no tenemos en cuenta los resultados de esos estudios será imposible entender nada del ambiente en que se desarrolla la infancia de Jesús y no saldremos nunca de las artificialidades que se nos han querido enseñar como hechos reales. La verdad es que el tipo de familia de Nazaret que se nos ha propuesto durante siglos, no ha existido nunca. El modelo de familia del tiempo de Jesús, era el patriarcal. La familia molecular era completamente inviable, tanto por motivos sociológicos como económicos.
Cuando el evangelio nos dice que José recibió en su casa a María, no quiere decir que formaran una nueva familia, sino que María dejó de pertenecer a la familia de su padre y pasó a integrarse en la familia a la que pertenecía José. Esto no quiere decir que no tuvieran su intimidad y sus relaciones más estrechas, los tres; pero no debemos pensar en una casita separada donde vivían los tres con autonomía de todos sus familiares.
El relato de la pérdida del Niño en Jerusalén es impensable en una familia de tres. Pero cobra su verosimilitud si tenemos en cuenta que es todo el clan el que hace la peregrinación y vuelven a casa todos juntos. Lo mismo cuando el evangelio nos cuenta que su madre y sus hermanos vinieron a llevárselo porque decía que no estaba en sus cabales. Los representantes de la familiar querían evitar un descalabro para todo el clan.
El pasaje evangélico que acabamos de leer, es muy rico en enseñanzas teológicas. Está escrito sesenta o setenta años después de morir Jesús. Lucas quiere dejar claro, desde el principio de su evangelio, que la vida de Jesús estuvo insertada plenamente en las tradiciones judías. Su persona y su mensaje no son realidades caídas del cielo, sino surgidas desde el fondo más genuino del judaísmo tradicional.
Debemos buscar la ejemplaridad de la familia de Nazaret donde realmente está, huyendo de toda idealización que lo único que consigue es meternos en un ambiente irreal que no conduce a ninguna parte.
Sus relaciones, aunque se hayan desarrollado en un marco familiar distinto, pueden servirnos como ejemplo a nosotros, en nuestro propio modelo de familia. Lo importante no es el modelo de familia, sino los valores humanos que desarrollamos, cualquiera que sea el modelo donde tenemos que vivirlos.
Jesús predicó lo que vivió. Si predicó el amor, es decir, la entrega, el servicio, la solicitud por el otro, quiere decir que primero lo vivió él. El marco familiar es el primer campo de entrenamiento para todo ser humano. Todo ser humano nace como proyecto que tiene que ir desarrollándose a lo largo de toda la vida con la ayuda de los demás.
Debemos tener mucho cuidado de no sacralizar ninguna institución. Las instituciones son instrumentos que tienen que estar siempre al servicio de la persona humana. Ella es el valor supremo. Las instituciones ni son santas ni sagradas. Nunca debemos poner a las personas al servicio de la institución, sino al contrario.
Con demasiada frecuencia se abusa de las instituciones para conseguir fines ajenos al bien del hombre. Entonces tenemos la obligación de defendernos de ellas con uñas y dientes. Claro que no son las instituciones las que tienen la culpa. Son algunos seres humanos que se aprovechan de ellas para conseguir sus propios intereses a costa de los demás.
No se trata de echar por la borda una institución por el hecho de que me exija esfuerzo. Todo lo que me ayude a crecer en mi verdadero ser, me exigirá esfuerzo. Pero nunca puedo permitir que la institución me exija nada que me deteriore como ser humano; ni siquiera cuando me reporte ventajas o seguridades egoístas.        
La familia sigue siendo el marco privilegiado para el desarrollo de la persona humana, pero no sólo durante los años de la niñez o juventud, sino que debe ser el campo de entrenamiento durante todas las etapas de nuestra vida.
El ser humano sólo puede crecer en humanidad a través de sus relaciones con los demás. La familia es el marco insustituible para esas relaciones profundamente humanas.
Sea como hijo, como hermano, como pareja, como padre o madre, como abuelo, en cada una de esas situaciones la calidad de la relación nos irá acercando a la plenitud humana si todo encuentro con el otro lo aprovechamos para desplegar nuestra capacidad de amar.
Los lazos de sangre o de amor natural deberían ser puntos de apoyo para aprender a salir de nosotros mismos e ir a los demás con nuestra capacidad de entrega y servicio. Las relaciones familiares tendrían que enseñarnos a dejar nuestro individualismo y egoísmo. Si en la familia superamos la tentación del egoísmo amplificado, aprenderemos a tratar a todos con la misma humanidad: exigir cada día menos y darnos cada día más.
No tenemos que asustarnos de que la familia esté en crisis. El ser humano está siempre en constante evolución, si no fuera así, hubiera desaparecido hace mucho tiempo.
En el evangelio no encontramos ningún modelo especial de familia. Se dio siempre por bueno el existente. Mas tarde, como el cristianismo se extendió por el imperio romano, se adoptó el modelo romano, que tenía muchas ventajas, pues desde el punto de vista legal era muy avanzado. Los cristianos de los primeros siglos hicieron muy bien en adoptar ese modelo. Lo malo es que se sacralizó y se vendió después como modelo cristiano, sin hacer la más mínima critica a los defectos que conllevaba.
Con el evangelio en la mano, debemos intentar dar respuesta a los problemas que plantea la familia hoy. La Iglesia no debe esconder la cabeza debajo del ala e ignorarlos o seguir creyendo que se deben a la mala voluntad de las personas.
No conseguiremos nada si nos limitamos a decir: el matrimonio indisoluble, indisoluble, indisoluble; aunque la estadística nos diga que el 50% se separan.
No se trata de que hoy las personas sean peores que hace cincuenta años. Hoy para mantener un matrimonio se necesita una madurez mucho mayor. Al no darse esa madurez, los matrimonios fracasan.
Dos razones de esta mayor exigencia son:
   a) La estructura nuclear de la familia. Antes las relaciones familiares eran entre un número de personas mucho más amplio. Hoy al estar constituidas por tres o cuatro miembros, la posibilidad de armonía es mucho menor, porque los egoísmos se diluyen menos.
   b) La mayor duración de esa relación. Hoy es normal que una pareja se pase sesenta años juntos. Es más fácil que en algún momento, surjan dificultades insuperables.
Como cristianos tenemos la obligación de hacer una seria autocrítica sobre el modelo de familia que proponemos. Jesús no sancionó ningún modelo, como no determinó ningún modelo de religión u organización política. Lo que Jesús predicó no hace referencia a las instituciones, sino a las actitudes que debían tener los seres humanos en sus relaciones con los demás.
Jesús enseñó que todo ser humano debía relacionarse con los demás como exige su verdadero ser, a esta exigencia le llamaba voluntad de Dios. Cualquier tipo de institución que permita esta relación plenamente humana, puede ser cristiana.
No debemos identificar un matrimonio roto con una infidelidad al evangelio. La falta de amor puede ser sustituida durante mucho tiempo por intereses mutuamente satisfechos. Cuando ese equilibrio de intereses se rompe, no queda más remedio que reconocer la falta de amor.
No sólo no es malo que se separen dos personas que no se aman. Es completamente necesario que se separen, porque no hay cosa más inhumana que obligar, por decreto,  a vivir juntas dos personas que no se aman.
Creo que con el tiempo debería aparecer una ley que prohíba tajantemente vivir juntos a dos personas que no se aman. Esto no contradice en nada la indisolubilidad del matrimonio, porque lo único que demostraría es que la falta de amor ha hecho nulo de todo derecho lo que hemos llamado matrimonio.
Estamos muy acostumbrados a oír que el estado de perfección se da  entre los que deciden no casarse. Esto necesitaría también una pequeña revisión. Creo que el verdadero estado de perfección es el de unos padres que sean, de verdad, modelos para sus hijos; es decir, que les ayuden a desplegar plenamente su humanidad caminando delante de ellos con su humanidad desplegada. Es muy difícil ser padres si no se conforman con enseñar de palabra un evangelio que no se vive personalmente. Muchas veces se lo he oído a los religiosos que se han casado.
Meditación-contemplación
El niño iba creciendo y robusteciéndose y se llenaba de sabiduría.
Éste es el Jesús que nos interesa de verdad.
Un ser humano que recorre nuestro propio camino,
y de esa manera, nos puede indicar la dirección a nosotros.
…………………….
No nos debe asustar que no hayamos llegado a la meta.
Siempre nos quedará un gran trecho para llegar.
Como el horizonte, la meta se verá más lejos,
aunque nos estemos acercando a ella.
…………………..
 En nuestra vida espiritual
lo importante es no instalarse ni apoltronarse.
Paso a paso debemos avanzar, aunque sea en la oscuridad.
Mientras sigas dando pasos, estás en el buen camino.

Fuente:
Gráficas:
SamVanni.
Sagrada Familia, según Paolo Caliari. 

lunes, 29 de diciembre de 2014

RIQUEZA DE UN PILAR

NOTITARDE, Valencia, 28 de diciembre de 2014
“Caminando con Cristo”
La sagrada familia de Nazaret (Lc.2, 22-40)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes

A pocos días de haber celebrado la Navidad y en las vísperas de recibir un nuevo año, la Iglesia celebra en este domingo la fiesta de la Sagrada Familia, para centrar su mirada en el hogar de Jesús, María y José que se convierte en modelo de toda familia cristiana. Con esta fiesta contemplamos a Jesús, el centro de nuestra fe, que vivió como niño, como adolescente y joven en medio de un hogar, como cualquiera de nosotros; eso es la expresión de su Encarnación en medio de la naturaleza humana. Pero no podemos dejar de contemplar y esto no le resta valor al puesto central que tiene Cristo en nuestras vidas, lo que Dios mismo eligió para nuestra salvación y es fijarnos también en la figura de La Santísima Virgen María y de San José, que unidos a Nuestro Señor Jesucristo, serán siempre recordados como aquellos que fueron fieles a la misión que Dios Padre les encomendó; como modelos de fe, como padres valientes y abnegados que educaron, protegieron y formaron la humanidad del Niño-Dios. Es esto lo que nos narra el evangelio de Lucas, que más allá de una presentación legal de Jesús ante las autoridades del Templo, ellos supieron acogerlo y formarlo con amor de padres. Vale destacar que esta familia, con la certeza que en medio de ella estaba el Redentor del mundo, no estuvo exenta de dificultades, de problemas, de necesidades materiales, de angustias, de lágrimas, de dudas, de miedos pero los sostenía la fe y las promesas de Dios y en esto son admirables San José y La Virgen María. Ellos sabían lo que el ángel a cada uno les había indicado de parte de Dios, ellos sabían que Aquel Niño era el Hijo de Dios sometido al tiempo, al espacio, al ritmo, a la historia de la humanidad; por tanto, Dios hablaría en el mismo lenguaje humano, en el mismo ritmo; no iban a estar exentos de sufrimientos, de luchas, como cualquier familia humana. Si bien, Dios hace milagros, esos acontecimientos sobrenaturales no serían siempre lo ordinario en la vida de la familia de Nazaret, sino que como cualquier familia y debido al hecho de la Encarnación del Hijo de Dios, todo entraría en el ritmo al que todo ser humano está sometido en cualquier cultura. Lo decisivo aquí sería la fe y la confianza absoluta en el amor y la promesa de Dios que no defrauda a quien se fía de Él.
Dios en su infinita sabiduría sabe y así lo demuestra la experiencia humana que para un niño crecer, formarse, educarse, tener valores, ser hombre o mujer de bien, que crezca feliz y rodeado de amor, necesita de unos padres que no sólo lo engendren o lo traigan al mundo, sino que a ejemplo María y José sean figura permanente que nutre con el amor, con los consejos y la palabra oportuna, con la protección y el cuidado, con el trabajo honesto que ayuda a crecer y aprender.
Con las distancias y características culturales del hogar de Nazaret, que es distinto de nuestras familias de ahora; debemos ver los valores que nos invita a reflexionar la liturgia de hoy, que son los valores que permanecen y permanecerán como modelo para toda familia y que nos vienen propuestos desde aquel humilde, pero santo hogar de Jesús, María y José. ¿Cuáles son esos valores? El amor que debe mediar en las relaciones interpersonales dentro de la familia; el amor es y será siempre el núcleo de toda familia, por el que se es capaz de perdonar y recomenzar de nuevo. El amor exige renuncia, entrega, sacrificio que supere el egoísmo personal y contribuya al bien de todos. La paternidad y la maternidad son otro valor hermoso y exigente; ya que los padres participan de ese poder creador de Dios que da vida y hay que ejercerlo con amor y responsabilidad con los hijos, por los hijos y para los hijos. La responsabilidad, la solidaridad, el servicio desinteresado, la fraternidad y el compromiso con los más débiles de la sociedad son valores que se deben inculcar al interno de cada familia cristiana.
Ida y retorno
A todos mis asiduos lectores les deseo un Año 2015 lleno de bendiciones para ustedes y sus familias. Que el recuerdo del Nacimiento de Nuestro Señor, Jesucristo, colme sus corazones de paz, alegría y amor en el año que comienza. ¡Feliz Año!

Cfr. José Martínez de Toda (SJ): http://radioevangelizacion.org/noticia/reflexion-al-evangelio-dominical-sagrada-familia-1
Pieza: Francisco Sobrino.

ESPACIOS PARA EL CONFLICTO SUPERABLE

Bandera discutida
José Antonio Pagola
      
Simeón es un personaje entrañable. Lo imaginamos casi siempre como un sacerdote anciano del Templo, pero nada de esto se nos dice en el texto. Simeón es un hombre bueno del pueblo que guarda en su corazón la esperanza de ver un día «el consuelo» que tanto necesitan. «Impulsado por el Espíritu de Dios», sube al templo en el momento en que están entrando María, José y su niño Jesús.
El encuentro es conmovedor. Simeón reconoce en el niño que trae consigo aquella pareja pobre de judíos piadosos al Salvador que lleva tantos años esperando. El hombre se siente feliz. En un gesto atrevido y maternal, «toma al niño en sus brazos» con amor y cariño grande. Bendice a Dios y bendice a los padres. Sin duda, el evangelista lo presenta como modelo. Así hemos de acoger al Salvador.
Pero, de pronto, se dirige a María y su rostro cambia. Sus palabras no presagian nada tranquilizador: «Una espada te traspasara el alma». Este niño que tiene en sus brazos será una «bandera discutida»: fuente de conflictos y enfrentamientos. Jesús hará que «unos caigan y otros se levanten». Unos lo acogerán y su vida adquirirá una dignidad nueva: su existencia se llenará de luz y de esperanza. Otros lo rechazarán y su vida se echará a perder. El rechazo a Jesús será su ruina.
Al tomar postura ante Jesús, «quedará clara la actitud de muchos corazones» El pondrá al descubierto lo que hay en lo más profundo de las personas. La acogida de este niño pide un cambio profundo. Jesús no viene a traer tranquilidad, sino a generar un proceso doloroso y conflictivo de conversión radical.
Siempre es así. También hoy Una Iglesia que tome en serio su conversión a Jesucristo, no será nunca un espacio de tranquilidad sino de conflicto. No es posible una relación más vital con Jesús sin dar pasos hacia mayores niveles de verdad. Y esto es siempre doloroso para todos.
Cuanto más nos acerquemos a Jesús, mejor veremos nuestras incoherencias y desviaciones; lo que hay de verdad o de mentira en nuestro cristianismo; lo que hay de pecado en nuestros corazones y nuestras estructuras, en nuestras vidas y nuestras teologías.

Fuente: http://www.feadulta.com/anterior/Ev-lc-02-22-40-Pag.htm


Vive en tu familia,la grandeza de ser plenamente humano
Fray Marcos (Rodríguez)

La liturgia nos propone hoy la familia de Nazaret como punto de reflexión. No sabemos casi nada de esa familia, pero teniendo en cuenta el refrán: “de tal palo tal astilla”, debemos suponer que fue una familia ideal. No obstante, tenemos que dejar claro desde el principio que el modelo de familia de aquella época tenía muy poco que ver con el nuestro. Los estudios sociológicos que se han hecho sobre la familia en tiempo de Jesús, no dejan lugar a duda.
Si no tenemos en cuenta los resultados de esos estudios será imposible entender nada del ambiente en que se desarrolla la infancia de Jesús y no saldremos nunca de las artificialidades que se nos han querido enseñar como hechos reales. La verdad es que el tipo de familia de Nazaret que se nos ha propuesto durante siglos, no ha existido nunca. El modelo de familia del tiempo de Jesús, era el patriarcal. La familia molecular era completamente inviable, tanto por motivos sociológicos como económicos.
Cuando el evangelio nos dice que José recibió en su casa a María, no quiere decir que formaran una nueva familia, sino que María dejó de pertenecer a la familia de su padre y pasó a integrarse en la familia a la que pertenecía José. Esto no quiere decir que no tuvieran su intimidad y sus relaciones más estrechas, los tres; pero no debemos pensar en una casita separada donde vivían los tres con autonomía de todos sus familiares.
El relato de la pérdida del Niño en Jerusalén es impensable en una familia de tres. Pero cobra su verosimilitud si tenemos en cuenta que es todo el clan el que hace la peregrinación y vuelven a casa todos juntos. Lo mismo cuando el evangelio nos cuenta que su madre y sus hermanos vinieron a llevárselo porque decía que no estaba en sus cabales. Los representantes de la familiar querían evitar un descalabro para todo el clan.
El pasaje evangélico que acabamos de leer, es muy rico en enseñanzas teológicas. Está escrito sesenta o setenta años después de morir Jesús. Lucas quiere dejar claro, desde el principio de su evangelio, que la vida de Jesús estuvo insertada plenamente en las tradiciones judías. Su persona y su mensaje no son realidades caídas del cielo, sino surgidas desde el fondo más genuino del judaísmo tradicional.
Debemos buscar la ejemplaridad de la familia de Nazaret donde realmente está, huyendo de toda idealización que lo único que consigue es meternos en un ambiente irreal que no conduce a ninguna parte.
Sus relaciones, aunque se hayan desarrollado en un marco familiar distinto, pueden servirnos como ejemplo a nosotros, en nuestro propio modelo de familia. Lo importante no es el modelo de familia, sino los valores humanos que desarrollamos, cualquiera que sea el modelo donde tenemos que vivirlos.
Jesús predicó lo que vivió. Si predicó el amor, es decir, la entrega, el servicio, la solicitud por el otro, quiere decir que primero lo vivió él. El marco familiar es el primer campo de entrenamiento para todo ser humano. Todo ser humano nace como proyecto que tiene que ir desarrollándose a lo largo de toda la vida con la ayuda de los demás.
Debemos tener mucho cuidado de no sacralizar ninguna institución. Las instituciones son instrumentos que tienen que estar siempre al servicio de la persona humana. Ella es el valor supremo. Las instituciones ni son santas ni sagradas. Nunca debemos poner a las personas al servicio de la institución, sino al contrario.
Con demasiada frecuencia se abusa de las instituciones para conseguir fines ajenos al bien del hombre. Entonces tenemos la obligación de defendernos de ellas con uñas y dientes. Claro que no son las instituciones las que tienen la culpa. Son algunos seres humanos que se aprovechan de ellas para conseguir sus propios intereses a costa de los demás.
No se trata de echar por la borda una institución por el hecho de que me exija esfuerzo. Todo lo que me ayude a crecer en mi verdadero ser, me exigirá esfuerzo. Pero nunca puedo permitir que la institución me exija nada que me deteriore como ser humano; ni siquiera cuando me reporte ventajas o seguridades egoístas.      
La familia sigue siendo el marco privilegiado para el desarrollo de la persona humana, pero no sólo durante los años de la niñez o juventud, sino que debe ser el campo de entrenamiento durante todas las etapas de nuestra vida.
El ser humano sólo puede crecer en humanidad a través de sus relaciones con los demás. La familia es el marco insustituible para esas relaciones profundamente humanas.
Sea como hijo, como hermano, como pareja, como padre o madre, como abuelo, en cada una de esas situaciones la calidad de la relación nos irá acercando a la plenitud humana si todo encuentro con el otro lo aprovechamos para desplegar nuestra capacidad de amar.
Los lazos de sangre o de amor natural deberían ser puntos de apoyo para aprender a salir de nosotros mismos e ir a los demás con nuestra capacidad de entrega y servicio. Las relaciones familiares tendrían que enseñarnos a dejar nuestro individualismo y egoísmo. Si en la familia superamos la tentación del egoísmo amplificado, aprenderemos a tratar a todos con la misma humanidad: exigir cada día menos y darnos cada día más.
No tenemos que asustarnos de que la familia esté en crisis. El ser humano está siempre en constante evolución, si no fuera así, hubiera desaparecido hace mucho tiempo.
En el evangelio no encontramos ningún modelo especial de familia. Se dio siempre por bueno el existente. Mas tarde, como el cristianismo se extendió por el imperio romano, se adoptó el modelo romano, que tenía muchas ventajas, pues desde el punto de vista legal era muy avanzado. Los cristianos de los primeros siglos hicieron muy bien en adoptar ese modelo. Lo malo es que se sacralizó y se vendió después como modelo cristiano, sin hacer la más mínima critica a los defectos que conllevaba.
Con el evangelio en la mano, debemos intentar dar respuesta a los problemas que plantea la familia hoy. La Iglesia no debe esconder la cabeza debajo del ala e ignorarlos o seguir creyendo que se deben a la mala voluntad de las personas.
No conseguiremos nada si nos limitamos a decir: el matrimonio indisoluble, indisoluble, indisoluble; aunque la estadística nos diga que el 50% se separan.
No se trata de que hoy las personas sean peores que hace cincuenta años. Hoy para mantener un matrimonio se necesita una madurez mucho mayor. Al no darse esa madurez, los matrimonios fracasan.
Dos razones de esta mayor exigencia son:
a) La estructura nuclear de la familia. Antes las relaciones familiares eran entre un número de personas mucho más amplio. Hoy al estar constituidas por tres o cuatro miembros, la posibilidad de armonía es mucho menor, porque los egoísmos se diluyen menos.
b) La mayor duración de esa relación. Hoy es normal que una pareja se pase sesenta años juntos. Es más fácil que en algún momento, surjan dificultades insuperables.
Como cristianos tenemos la obligación de hacer una seria autocrítica sobre el modelo de familia que proponemos. Jesús no sancionó ningún modelo, como no determinó ningún modelo de religión u organización política. Lo que Jesús predicó no hace referencia a las instituciones, sino a las actitudes que debían tener los seres humanos en sus relaciones con los demás.
Jesús enseñó que todo ser humano debía relacionarse con los demás como exige su verdadero ser, a esta exigencia le llamaba voluntad de Dios. Cualquier tipo de institución que permita esta relación plenamente humana, puede ser cristiana.
No debemos identificar un matrimonio roto con una infidelidad al evangelio. La falta de amor puede ser sustituida durante mucho tiempo por intereses mutuamente satisfechos. Cuando ese equilibrio de intereses se rompe, no queda más remedio que reconocer la falta de amor.
No sólo no es malo que se separen dos personas que no se aman. Es completamente necesario que se separen, porque no hay cosa más inhumana que obligar, por decreto,  a vivir juntas dos personas que no se aman.
Creo que con el tiempo debería aparecer una ley que prohíba tajantemente vivir juntos a dos personas que no se aman. Esto no contradice en nada la indisolubilidad del matrimonio, porque lo único que demostraría es que la falta de amor ha hecho nulo de todo derecho lo que hemos llamado matrimonio.
Estamos muy acostumbrados a oír que el estado de perfección se da  entre los que deciden no casarse. Esto necesitaría también una pequeña revisión. Creo que el verdadero estado de perfección es el de unos padres que sean, de verdad, modelos para sus hijos; es decir, que les ayuden a desplegar plenamente su humanidad caminando delante de ellos con su humanidad desplegada. Es muy difícil ser padres si no se conforman con enseñar de palabra un evangelio que no se vive personalmente. Muchas veces se lo he oído a los religiosos que se han casado.
Meditación-contemplación
El niño iba creciendo y robusteciéndose y se llenaba de sabiduría.
Éste es el Jesús que nos interesa de verdad.
Un ser humano que recorre nuestro propio camino,
y de esa manera, nos puede indicar la dirección a nosotros.
…………………….
No nos debe asustar que no hayamos llegado a la meta.
Siempre nos quedará un gran trecho para llegar.
Como el horizonte, la meta se verá más lejos,
aunque nos estemos acercando a ella.
…………………..
En nuestra vida espiritual
lo importante es no instalarse ni apoltronarse.
Paso a paso debemos avanzar, aunque sea en la oscuridad.
Mientras sigas dando pasos, estás en el buen camino.

Fuente: http://www.feadulta.com/anterior/Ev-lc-02-22-40-MR.htm

Ilustraciones: Tomma Abts.

domingo, 2 de febrero de 2014

CANDELARIA

NOTITARDE, Valencia, 01 de febrero de 2014
"Caminando con Cristo"
La presentación del Señor (Lc.2, 22-40)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes

Hoy celebramos la Fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo de Jerusalén. Es la fiesta de la Luz o de la Candela o de María de Candelaria, porque fueron María y  José quienes presentaron a Jesús en el Templo.
Jesús es la Luz del mundo, Él es el Camino, la Verdad y la Vida. En el capítulo 2, 11 Lucas dice que Jesús es el Salvador, Mesías y Señor. Por tanto, el Dios verdadero que se ha encarnado, que ha tomado la condición humana y ha puesto su morada en medio de nosotros. (Jn.1,1-ss).
Dios Padre ha permitido que su Hijo, la segunda Persona de la Santísima Trinidad se manifestará y presentara al mundo como Dios, Mesías y Salvador; que haya tomado nuestra condición humana, menos en el pecado; que viniera a hablar en nuestro propio lenguaje, que compartiera nuestras alegrías y tristezas, nuestros triunfos y fracasos, que asumiera sobre sí las infidelidades de los hombres y todo esto por amor. Dios habla al hombre en su propio lenguaje y se hace compañero de camino; para estar muy cerca y manifestar su amor y perdón y para indicar la vía que nos lleva a la felicidad plena, a la vida eterna.
Como Dios se hizo hombre; lógicamente, como cualquier ser humano nació de una mujer y en este caso como lo atestigua y señala literalmente Lucas es la Virgen María y lo que sucedió en ella que no conocía varón fue obra del Espíritu Santo. San José luego, por revelación de Dios entendió éste misterio y se convirtió en el padre adoptivo de Nuestro Señor, Jesucristo.
Lucas resalta que por ley judía les tocaba a los padres presentar al hijo primogénito en el Templo y si eran pobres la ofrenda que podían ofrecer eran dos pichones de paloma o una tórtola. Así lo hicieron María y José. Lucas llama literalmente a María como la Madre de Jesús y sabemos que Jesús es Dios, Mesías y Salvador. "Señor" en términos bíblicos significa Dios. Decir que Jesús es el Señor significa que es Dios y María es la Madre de Jesús; por tanto, Madre de Dios. Y ella y José fueron fieles a los que Dios Padre a cada uno le pidió por su parte, a través de un ángel y ahora, juntos, como esposos; asumiendo la voluntad de Dios Padre, van al Templo a presentar a Jesús y allí se encuentran con la grata sorpresa de lo que el sabio Simeón exclama y profetiza sobre ese Niño que ellos llevan en sus brazos, que acaba de nacer en Belén y que ahora, después de cuarenta días van a presentar ante Dios y los hombres de fe.
Simeón lleno del Espíritu Santo alaba a Dios Padre, con el Niño Jesús en sus brazos, afirmando que ha llegado la liberación y salvación para Israel y dirigiéndose a María, su madre, le dice todo lo que Jesús significará para la humanidad; muchos lo seguirán y aceptarán, otros lo rechazarán y no harán caso de sus palabras; no aceptarán su luz y su verdad y le profetiza que a ella una espada le atravesará el alma, refiriéndose al inmenso dolor que tendrá que soportar al ver morir a su Hijo Unigénito en la Cruz, por amor a la humanidad.
También la profetiza Ana, que era una mujer de fe, alababa a Dios por el Niño Jesús. Después de presentar al Niño, sus padres volvieron a Galilea, a su pueblo natal de Nazaret, donde iba creciendo en gracia y sabiduría delante de los hombres; es decir, crecía como verdadero hombre; pero siendo al mismo tiempo y sin ninguna separación y división el Hijo de Dios.
En la piedad popular, a la fiesta de la presentación de Jesús en el Templo se le llama también la fiesta de la Candelaria, rindiendo homenaje también a la Madre de Dios; que es Madre de la Luz que es su Hijo Jesús. Ella lo presenta al mundo, como la Luz que trae la salvación, el amor y la paz a todos los hombres. Ella está muy unida a su Hijo Jesús, como toda buena madre está unida siempre al hijo o a los hijos que ha traído al mundo y María fue elegida y preparada por Dios Padre, a través del Espíritu Santo, para ser nada más y nada menos que la Madre de Jesús, el Hijo eterno del Padre que puso su morada en medio de los hombres. (Lc.1,26-38).
IDA Y RETORNO: Felicitaciones a mi Equipo Navegantes del Magallanes, su directiva y fanáticos por el bicampeonato obtenido en la temporada 2013-2014. Dios ha estado con nosotros y ahora vamos a representar a Venezuela en la Serie del Caribe. Anoche tuve la dicha de bendecir nuevamente al Equipo, para desearles todo lo mejor en Margarita y sobre todo que lo que siempre se haga sea para la Gloria de Dios. Aprovecho para agradecer a las Damas de la Fundación Magallanes por el importante donativo que le dieron al Seminario, esto habla de la importante labor social que realiza El Magallanes.

Breve nota LB:

En su homilía de hoy, el Padre José Martínez de Toda (SJ), la que no encontramos en la red, hizo referencia, como la semana pasada, al por qué se le llamada de La Candelaria: no había electricidad y, por ello, las velas.  Después de la homilía, luego de bendecir las candelas, hizo una pequeña procesión e el templo.

Cfr. Isabel Vidal de Tenreiro: http://elimpulso.com/articulo/buena-nueva-que-son-esas-velas#
Pieza: Megan Geckler

ESPACIO DE CONFLICTO

San Lucas, 2: 22-40
Bandera discutida
José Antonio Pagola
     
Simeón es un personaje entrañable. Lo imaginamos casi siempre como un sacerdote anciano del Templo, pero nada de esto se nos dice en el texto. Simeón es un hombre bueno del pueblo que guarda en su corazón la esperanza de ver un día «el consuelo» que tanto necesitan. «Impulsado por el Espíritu de Dios», sube al templo en el momento en que están entrando María, José y su niño Jesús.
El encuentro es conmovedor. Simeón reconoce en el niño que trae consigo aquella pareja pobre de judíos piadosos al Salvador que lleva tantos años esperando. El hombre se siente feliz. En un gesto atrevido y maternal, «toma al niño en sus brazos» con amor y cariño grande. Bendice a Dios y bendice a los padres. Sin duda, el evangelista lo presenta como modelo. Así hemos de acoger al Salvador.
Pero, de pronto, se dirige a María y su rostro cambia. Sus palabras no presagian nada tranquilizador: «Una espada te traspasara el alma». Este niño que tiene en sus brazos será una «bandera discutida»: fuente de conflictos y enfrentamientos. Jesús hará que «unos caigan y otros se levanten». Unos lo acogerán y su vida adquirirá una dignidad nueva: su existencia se llenará de luz y de esperanza. Otros lo rechazarán y su vida se echará a perder. El rechazo a Jesús será su ruina.
Al tomar postura ante Jesús, «quedará clara la actitud de muchos corazones» El pondrá al descubierto lo que hay en lo más profundo de las personas. La acogida de este niño pide un cambio profundo. Jesús no viene a traer tranquilidad, sino a generar un proceso doloroso y conflictivo de conversión radical.
Siempre es así. También hoy Una Iglesia que tome en serio su conversión a Jesucristo, no será nunca un espacio de tranquilidad sino de conflicto. No es posible una relación más vital con Jesús sin dar pasos hacia mayores niveles de verdad. Y esto es siempre doloroso para todos.
Cuanto más nos acerquemos a Jesús, mejor veremos nuestras incoherencias y desviaciones; lo que hay de verdad o de mentira en nuestro cristianismo; lo que hay de pecado en nuestros corazones y nuestras estructuras, en nuestras vidas y nuestras teologías.

http://www.feadulta.com/anterior/Ev-lc-02-22-40-Pag.htm
Pieza: Megan Geckler.