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domingo, 6 de mayo de 2018

INVITACIÓN

NOTITARDE, Valencia, 6 de mayo de 2018
Caminando con Cristo
Jesús nos invita a permanecer en Él (San. Juan 15, 1-8)
Joel Núñez Flautes
 
El evangelio del domingo pasado nos presentaba a Jesús diciendo: “Yo Soy el Buen Pastor”, hoy en el texto de Juan que se nos propone, Jesús afirma: “Yo Soy la Vid”. Ambas expresiones afirman su divinidad, su ser Hijo de Dios, su unidad con Dios Padre, recordando lo que desde el Antiguo Testamento significa el “Yo Soy”; es decir, expresión con la que Dios se da a conocer.

Jesús invita al discípulo no sólo a seguirle, como lo pedían también los maestros judíos de su tiempo; les invita a una comunión estrecha con Él, común-unión; a permanecer unidos a Él. Para esto Jesús se compara con una vid (una mata de uvas) y a los discípulos los compara con los sarmientos (las ramas) y les dice: “Yo Soy la Vid y ustedes los sarmientos” e insistentemente Jesús utiliza el verbo “permanecer” para pedir e indicar a los discípulos que sólo permaneciendo unidos a Él podrán dar muchos frutos, sólo en unidad estrecha con Él podrán tener vida, sólo unidos a su persona evitaran marchitarse y secarse con el peligro de ser cortados y quedar fuera del árbol que da vida; sólo en comunión con Él podrán pedir lo que quieran y se les concederá.

Dios Padre tiene la potestad de podar o cortar las ramas de la Vid, porque es el Viñador, otras veces las poda para que den más fruto y en esto está la gloria de Dios Padre, en que los hombres sean discípulos de su Hijo Jesús y den muchos frutos y dar fruto significa poseer la vida divina y a Jesús dentro del alma, como Él mismo lo dice en el evangelio de hoy. La segunda expresión más repetida en el texto del evangelio de hoy es “dar fruto”; permanecer unidos a Cristo para dar fruto, porque sin Él nada puede hacer el discípulo.

Para que una rama pueda dar fruto, necesita la savia del árbol, de igual forma, para que el cristiano pueda dar fruto necesita de la gracia de Dios, de la gracia de Cristo que es el don de su Espíritu.

IDA Y RETORNO: Venezuela nos necesita unidos.

Fuente:
Cfr.
Ilustración: Georges Rouault.

lunes, 30 de abril de 2018

CONEXIÓN

Evangelio Dominical: La Vid
José Martínez de Toda, S.J.

Quinto domingo de Pascua. Comentario dialogado sobre el Evangelio que se proclama el quinto Domingo de Pascua, ciclo B, correspondiente al domingo 29 abril 2018.  La lectura es tomada del Evangelio según San Juan 15, 1-8

 “Sin mí Ustedes no pueden hacer nada”

- Aquí Jesús se compara con una vid. ¿Por qué?

 Jesús se está despidiendo de sus discípulos y les quiere dar un consejo, que no se les olvide. Para ello utiliza una alegoría muy gráfica: Él se compara con la vid.

La vid es un arbolito con sarmientos o ramas, que produce uvas y de ellas se hace el vino. Pero para ello hace falta que los sarmientos estén bien unidos a la vid.

El viñador es Dios Padre, que cuida personalmente la viña para que dé fruto abundante. La vid es Jesús. La vid (con cepas y troncos) es como la madre y el padre, que engendran vida. Jesús nos dice: “Yo soy la vid”, es decir, yo soy la vida. “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”.

Y los sarmientos somos nosotros, que vivimos de la savia que nos llega de Jesús. Necesitamos la savia, es decir, la gracia, el amor, la vida, el Espíritu comunicado por Jesús.

El fruto será la construcción del Reino de Dios, es decir, hacer realidad el proyecto divino de hacer un mundo más humano y feliz para todos.

 ¿Y cuál es el problema?

Hay sarmientos secos por los que no circula la savia de Jesús.

Hay vides no cuidadas, que dan uvas agrias (Salmo 79; Is 5)

La viña necesita ser muy cuidada por el viñador. Él corta la hierba alrededor de la vid, le echa azufre y veneno para matar la peste. Quita las ramas improductivas, pues roban la fuerza de la planta.

En algunos casos se necesita la poda: arrancar de nuestra vida todo lo inútil, todo lo dañino, lo que nos impide ver a Dios como Padre, lo que nos impide ver a las personas como hermanos.

Hay quienes no dan frutos, porque no corre por sus venas el Espíritu del Resucitado. Son las comunidades cristianas que languidecen desconectadas de su persona.

Por eso Jesús hace una afirmación cargada de intensidad:

 “Permanezcan en mí y yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí solo, si no permanece en la vid, así tampoco ustedes darán fruto, si no permanecen en mí. Sin mí no pueden hacer nada”.

¿Qué se necesita para ser de veras cristiano?

No basta con estar bautizado. (Pagola).

No basta el «folklore» religioso. Necesitamos seguir a Jesús, tener su pasión por un mundo más humano, alimentar en nuestros grupos, redes, comunidades y parroquias el contacto vivo con él. En la unión con Jesús está la fuerza.

 Es lo que nos ocurre con el aire. No podemos funcionar físicamente si se nos corta el aire que respiramos.  Estar desconectado de Jesús es ser cortado de la fuente de la vida.

Es lo que ocurre también con la electricidad. Podríamos decir que Jesús es la planta eléctrica, y nosotros los bombillos. Para que se haga la luz en la casa, tenemos que estar conectados a Jesús.

Lo mismo ocurre con el Internet. Necesitamos estar conectados a la Banda Ancha  para poder enviar y recibir mensajes de Facebook, Twitter y correos electrónicos.

Que nunca nos falte la conexión con el Internet de Jesús. Hoy nos visita el misionero Jesús en nuestra pequeña casa y nos dice: "Tienen que estar conectados conmigo. Tienen que vivir una vida centrada en Mí. No pueden producir frutos, si no permanecen en mí".

¿Todos los cristianos están conectados con Jesús?

Son muchos los que están desconectados: quieren brillar por su cuenta, entienden la religión a su manera, se conectan con Dios sólo para mendigar en los tiempos difíciles…

Todos estos no se dejaron podar por Dios. Nunca fueron parte de la viña de Dios.

Pero aún estamos a tiempo: Primero, tenemos que eliminar los bombillos quemados: nuestros egoísmos y soberbias.

Pero, además, somos recargables, si estamos conectados a Cristo. Somos recargables por la energía, el poder, el amor y el espíritu de Cristo. Y así como una batería recargada da luz y pone en movimiento un carro, así también una vida cristiana recargada con el amor de Dios produce los frutos del amor, de la fe y de la esperanza.

¿Qué significa estar conectados con Jesús?

Es estar con Él allí donde Él está:

-En la comunidad, en la oración comunitaria (“Donde haya dos o tres reunidos en mi nombre, allí estaré yo con ustedes”), Nuestra oración será más exitosa, si estamos unidos a Él. Jesús lo garantiza: “Si estuvieran en mí, y mis palabras estuvieren en ustedes, pidan todo lo que quieran, y les será concedido” (v. 7).  Tenemos un gran poder, pero solo mientras nos mantengamos conectados a la fuente del poder. 

-   En el servicio a los demás, especialmente en los más pobres,

-   En los Sacramentos, especialmente en la Eucaristía. En la Comunión reconocemos que él es la fuente de nuestra energía y de nuestro vivir. En el culto.

-   En la escucha atenta y madura del Magisterio de la Iglesia,

-   En la oración personal, en los Ejercicios Espirituales, en la Lectura Orante de la biblia, en la contemplación agradecida de la creación.

-   Al reconocer que Él está fielmente con nosotros, acompañándonos en los momentos difíciles y en los alegres.

¿Cómo se conocerá si estamos conectados con Jesús?

 “Por los frutos los conocerán”, dijo Jesús. Nosotros, los bautizados en Cristo, somos ramas o extensiones que llevamos la savia de Cristo a los hermanos, y damos los mismos frutos de Jesús.

Pablo menciona los frutos del Espíritu Santo, que son: amor, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. (Gálatas 5:22). Podemos añadir la comprensión, misericordia, justicia, perdón, solidaridad.

Me pregunto: ¿Mi vida produce frutos de vida?

Fuente:
http://radioevangelizacion.org/noticia/evangelio-dominical-vid-0
Cfr.
Isabel Vidal de Tenreiro: http://www.elimpulso.com/opinion/opinion-unos-queramos-otros-podado

Ilustración: Paul Gauguin.

domingo, 29 de abril de 2018

DAR FRUTO

NOTITARDE, Valencia, 29 de abril de 2018
Caminando con Cristo
Jesús nos invita a permanecer en él (Jn. 15, 1-8)

Joel de Jesús Núñez Flautes

El evangelio del domingo pasado nos presentaba a Jesús diciendo: “Yo Soy el Buen Pastor”, hoy en el texto de Juan que se nos propone, Jesús afirma: “Yo Soy la Vid”. Ambas expresiones afirman su divinidad, su ser Hijo de Dios, su unidad con Dios Padre, recordando lo que desde el Antiguo Testamento significa el “Yo Soy”; es decir, expresión con la que Dios se da a conocer.

Jesús invita al discípulo no sólo a seguirle, como lo pedían también los maestros judíos de su tiempo; les invita a una comunión estrecha con Él, común-unión; a permanecer unidos a Él. Para esto Jesús se compara con una vid (una mata de uvas) y a los discípulos los compara con los sarmientos (las ramas) y les dice: “Yo Soy la Vid y ustedes los sarmientos” e insistentemente Jesús utiliza el verbo “permanecer” para pedir e indicar a los discípulos que sólo permaneciendo unidos a Él podrán dar muchos frutos, sólo en unidad estrecha con Él podrán tener vida, sólo unidos a su persona evitaran marchitarse y secarse con el peligro de ser cortados y quedar fuera del árbol que da vida; sólo en comunión con Él podrán pedir lo que quieran y se les concederá.

Dios Padre tiene la potestad de podar o cortar las ramas de la Vid, porque es el Viñador, otras veces las poda para que den más fruto y en esto está la gloria de Dios Padre, en que los hombres sean discípulos de su Hijo Jesús y den muchos frutos y dar fruto significa poseer la vida divina y a Jesús dentro del alma, como Él mismo lo dice en el evangelio de hoy. La segunda expresión más repetida en el texto del evangelio de hoy es “dar fruto”; permanecer unidos a Cristo para dar fruto, porque sin Él nada puede hacer el discípulo.

Para que una rama pueda dar fruto, necesita la savia del árbol, de igual forma, para que el cristiano pueda dar fruto necesita de la gracia de Dios, de la gracia de Cristo que es el don de su Espíritu.

IDA Y RETORNO: Venezuela nos necesita unidos.

Fuente: http://www.notitarde.com/caminando-con-cristo-5
Cfr.
Marcos Rodríguez: http://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/83-la-savia-que-nos-une-es-el-amor-es-dios.html
Ilustración: Marc Chagall.

lunes, 4 de mayo de 2015

UNIDAD

NOTITARDE, Valencia, 3 de mayo de 2915
Caminando con Cristo
Jesús nos invita a permanecer en Él (Juan 15, 1-8)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez 

El evangelio del domingo pasado nos presentaba a Jesús diciendo: “Yo Soy el Buen Pastor”, hoy en el texto de Juan que se nos propone, Jesús afirma: “Yo Soy la Vid”. Ambas expresiones afirman su divinidad, su ser Hijo de Dios, su unidad con Dios Padre, recordando lo que desde el Antiguo Testamento significa el “Yo Soy”; es decir, expresión con la que Dios se da a conocer y con la cual se revela al mundo.
Jesús invita al discípulo no sólo a seguirle, como lo pedían también los maestros judíos de su tiempo; les invita a una comunión estrecha con Él, común-unión; a permanecer unidos a Él. Para esto Jesús se compara con una vid (una mata de uvas) y a los discípulos los compara con los sarmientos (las ramas) y les dice: “Yo Soy la Vid y ustedes los sarmientos” e insistentemente Jesús utiliza el verbo “permanecer” para pedir e indicar a los discípulos que sólo permaneciendo unidos a Él podrán dar muchos frutos, sólo en unidad estrecha con Él podrán tener vida, sólo unidos a su persona evitaran marchitarse y secarse con el peligro de ser cortados y quedar fuera del árbol que da vida; sólo en comunión con Él podrán pedir lo que quieran y se les concederá.
Dios Padre tiene la potestad de podar o cortar las ramas de la Vid, porque es el Viñador, otras veces las poda para que den más fruto y en esto está la gloria de Dios Padre, en que los hombres sean discípulos de su Hijo Jesús y den muchos frutos y dar fruto significa poseer la vida divina y a Jesús dentro del alma, como Él mismo lo dice en el evangelio de hoy. La segunda expresión más repetida en el texto del evangelio de hoy es “dar fruto”; permanecer unidos a Cristo para dar fruto, porque sin Él nada puede hacer el discípulo.
Para que una rama pueda dar fruto, necesita la savia del árbol, de igual forma, para que el cristiano pueda dar fruto necesita de la gracia de Dios, de la gracia de Cristo que es el don de su Espíritu Santo dentro del cristiano. Necesitamos de Cristo en nuestros corazones para poder dar frutos de santidad. Sólo unidos a Cristo tenemos vida. El mismo Jesús lo dijo en otra ocasión: “Yo he venido para que tengan vida y vida en abundancia” y dijo también: “Yo soy la Vida”. Es la Vida y fuente de la Vida porque es Dios.
Por medio de Él fueron creadas todas las cosas y el ser humano; por eso, sólo unidos a Él podemos mantener la vida y dar frutos de vida. Lo contrario a esto es la muerte y Dios quiere la vida de sus hijos; la vida sin fin, vida eterna. ¿Qué sucede en nuestra vida cristiana que sentimos que no damos frutos? ¿Qué sucede que nuestros proyectos pastorales fracasan o no consiguen su fin? La respuesta nos la da el evangelio de hoy: “Sin mí nada pueden hacer”. Para dar fruto necesitamos estar unidos a Jesús. Para que la Iglesia pueda dar fruto necesita estar unida a su Fundador y permanecer en Cristo significa escuchar y vivir sus palabras, es dialogar con Él a través de la oración. La figura Vid-sarmientos representa a la Iglesia, al nuevo Israel.
Jesús es el fundador de la Nueva Viña y las ramas son sostenidas, nutridas por Él. La Iglesia es podada muchas veces por el Padre Dios y necesitamos dejarnos podar como comunidad para no quedar infecundos, para no ser arrojados al fuego eterno. Podar la soberbia, la búsqueda del poder, la vanidad, el tener y las adulaciones. Dios Padre purifica a su Iglesia y no tenemos que sentir miedo cuando viene la prueba o la poda, porque eso a la larga contribuirá para que la Iglesia de más frutos y vengan nuevos retoños, nuevos cristianos y discípulos de Cristo.
A nivel personal necesitamos también ser podados por Dios, que nos quite las ramas secas y nos nutra de nuevo con su Espíritu, pero necesitamos dar espacio a Dios en nuestras vidas para poder tener vida. Permanezcamos unidos a Cristo y daremos frutos en abundancia.
IDA Y RETORNO: A los columnistas del Notitarde se nos ha comunicado que por la falta de papel a partir de mañana los artículos que hacemos para que salgan impresos tendrán que tener 2.100 caracteres, lo que implica que se reducirá más de la mitad de lo que actualmente sale publicado. Así que ya este artículo no lo verán en la extensión habitual y lo podrán ver completo en la página web de este diario, los que tengan internet y no se les vaya la luz. Es lamentable que lleguemos a estos niveles en el país; las preguntas que quedan en el aire son: ¿Qué pasa con el papel periódico en Venezuela? ¿Hasta cuándo será esto? ¿Quién otorga el dinero para que se exporte el papel o a quién le corresponde traerlo? ¿Por qué otros países de Latinoamérica no pasan por esta crisis del papel periódico? ¿Qué se puede hacer para solucionar este grave problema que afecta a la comunicación libre y necesaria en un país?

Cfr.
Homilías del Padre José Martínez de Toda (SJ): http://homiletica.org/JosemartinezdetodaCICLOBPP.htm
Ilustración: Pablo Palazuelo.
BREVE NOTA LB: Adquirimos por curiosidad Notitarde (en físico) y ni siquiera aareció.

LABRAR LA INTEGRACIÓN

Formamos una unidad con la humanidad, el cosmos y Dios
Fray Marcos (Rodríguez)

Introducción
El texto que leemos hoy es el comienzo del capítulo 15 del evangelio de Juan, incluido en el larguísimo discurso de despedida, después de la última cena. El ambiente es radicalmente distinto del que encontramos el domingo pasado; la agresividad con los “judíos” está sustituida por la más profunda intimidad con sus discípulos.
En esta parte del discurso, se habla de la comunidad y su misión en el mundo. Lo que hoy leímos insiste en que la Vida de Dios debe atravesar a cada miembro para que sea posible el amor que luego se debe manifestar en obras.
El simbolismo de la viña es muy frecuente en el Antiguo Testamento. Pero no es tan frecuente la imagen de la vid. Con todo, el sentido que le da Juan es completamente original. El doble aspecto de una misma vivencia individual y una proyección a los demás, es la clave de la experiencia pascual. Aunque no se nombra expresamente la Vida (en Jesús y en sus seguidores) sigue siendo el centro del discurso.
Explicación
Para poder entender esta alegoría, es imprescindible conocer bien los términos de la comparación. Hay que tener en cuenta que la vid es una de las plantas que no produce fruto de provecho, si no se poda severamente. Su capacidad de echar follaje es tan grande que, si no se le aplican fuertes correctivos, se le va toda la fuerza en tallos y hojas.
La poda se realiza en dos etapas. La primera se hace antes de que brote y consiste en  eliminar casi todos los sarmientos del año anterior, dejando sólo una parte mínima (dos o tres nudos) de los más robustos. La segunda se hace en verde, eliminando todos los tallos que no llevan fruto e incluso desmochando los que lo llevan.
Estos cuidados son imprescindibles si queremos que la vid produzca frutos.
Yo soy la vid verdadera. Detrás del símbolo de la vid, se esconde todo un mundo de sugerencias. Se trata de un ser vivo que se manifiesta a través de elementos distintos, pero unificados por una realidad que los trasciende, la vida.
Una vez más es la Vida el centro del discurso. Al añadir “verdadera” (alêthinê), nos está diciendo que puede haber una vid falsa, cuyos sarmientos no están animados por la vida de la cepa.
La vid (cepa y sarmientos) es ahora todo el que se adhiere a Jesús. No hay más pueblo de Dios que el que se desarrolle a partir de Jesús.
Juan ya había hablado de la luz verdadera, contrapuesta a la Ley; del verdadero pan, contrapuesto al maná. En el Antiguo Testamento es frecuente que la viña sea improductiva, esté desolada y no agrade a Dios (sea falsa).
Mi Padre es el labrador. Como en el Antiguo Testamento, es el Padre quien la ha plantado y la cuida. Pero hay que tener cuidado a la hora de interpretar este aspecto. Jesús nunca se propone como centro de su mensaje. Él predica el Reino que es Dios. Nunca se interpone entre Dios y el ser humano. Jesús nos dice que lo que Dios es para él, lo es también para cada uno de los hombres. La alusión al Padre labrador, expresa la preocupación y el interés de que los sarmientos den fruto.
Todo sarmiento que en mí no produce fruto, lo arranca, y a todo el que produce fruto, lo poda, para que dé más fruto. ¡Ojo a este párrafo!
Tenemos un juego de palabras muy curioso: “aireo” no significa cortar ni arrancar sino abolir, quitar; “kathairo” no significa podar sino limpiar, purificar. Ni uno ni otro verbo se suele utilizar para designar tareas agrarias. Al emplearlos nos fuerza a ira más allá del simple significado.
El versículo siguiente nos ayuda a salir del posible error de interpretación: Vosotros estáis ya limpios por el mensaje que os he comunicado. “limpios” tampoco tiene nada que ver con la pureza legal que se consigue por rituales. Para Juan el único pecado (el pecado del mundo) es la opresión. Como ellos han salido de ese ámbito, están limpios. La purificación se efectúa al optar por el mensaje de Jesús, el amor.
No debemos entender estos versículos como si Dios actuara en nosotros desde fuera y mecánicamente. Para Jesús, Dios es la savia, la Vida que se comunica a toda la vid. Jesús es el primer sarmiento que vivió plenamente de esa savia divina.
No debemos considerar al hombre Jesús como el Dios cristiano, sino como el primer cristiano que haciendo suya la misma Vida de Dios, nos ha indicado la manera de alcanzar la verdadera plenitud humana. El mensaje de Jesús consiste en que todos vivamos esa Vida divina.
Ni cada individuo, ni la comunidad deben considerarse entes estáticos, tienen que dar fruto. Sarmiento improductivo es el que pertenece a la comunidad pero no responde al Espíritu. Incluso el que produce fruto tiene que seguir un proceso que no acaba nunca. Sólo el don total de sí mismo permitiría alcanzar la meta. La posesión del Espíritu es un dinamismo que no se detiene.
El producir fruto no hace referencia a una moralidad, sino a la manifestación del amor que es una exigencia de la identificación con Dios.
El sarmiento no tiene vida propia, necesita recibir la savia de la cepa. La ausencia de fruto, delata la falta de unión con Jesús. La presencia de fruto manifiesta que la savia-vida está llegando al sarmiento. Ni la vid sin sarmientos puede producir frutos, ni los sarmientos separados de la cepa. Los frutos se alcanzan por la unidad de ambos.
Esa unión con Jesús no es algo automático, ni ritual, ni externo. Exige la actualización constante por parte del discípulo. Tanto el individuo como la comunidad tienen que estar alertas, tienen que estar constantemente eliminando todo aquello que les impida llegar a la identificación con Jesús y, por lo tanto, con Dios.
Existe una fuerte tendencia a equiparar el “producir fruto” con las buenas obras. En Juan no se hace ninguna distinción entre ser y obrar. Adherirse a Jesús es inseparable de producir el fruto que esa adhesión conlleva,  pero el fruto no son directamente las obras, sino la Vida-amor, que necesariamente se manifestará en obras.
De esta manera queda erradicado el peligro de creer que son las obras las que me llevan a la identificación con Jesús. Podemos hacer obras impulsados por una programación que no cambia mi actitud interior; esas obras no salvan. Solo la Vida-Amor nos hace ser y nos capacita para obrar.
Porque sin mí, no podéis hacer nada. Por activa y por pasiva repite una y otra vez la misma idea. El sarmiento que es una sola vida con la cepa produce fruto y hace que la vid sea capaz de dar fruto. El que está separado, no sirve para nada porque no tiene vida. Se trata de participar de la misma Vida de Jesús, que es la del Padre.
Recordad: “El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el padre; del mismo modo el que me coma vivirá por mí”. Estar unido, comer a Jesús es comprometerse con él y participar de su misma Vida. De la misma manera alejarse de Jesús es garantizarse la esterilidad y la muerte.
La nueva humanidad no depende de la pertenencia o no a una institución. Es participación de la misma Vida de Jesús que es opción personal permanente.
En esto se ha manifestado la gloria de mi Padre, en que hayáis comenzado a producir mucho fruto por haberos hecho discípulos míos. En este versículo queda claro que no pueden ser palabras pronunciadas por Jesús en la última cena. Los discípulos no comenzaron a dar frutos hasta después de la experiencia pascual. Sólo entonces descubrieron al verdadero Jesús y lo vivieron de verdad. No son palabras de Jesús, sino palabras de la comunidad sobre Jesús. Si no hacemos esta composición de lugar, no habrá manera de dar un auténtico sentido al evangelio de Juan.
“La gloria” no es estar sentado en un trono y recibiendo honores y agasajos. Dios no puede ser enriquecido con nada externo a Él. Su gloria es su esencia, es decir, el ser amor; un amor que se manifiesta siempre a favor del hombre. La gloria de Dios es que en Jesús y en los discípulos se manifieste esa esencia de Dios por un Amor auténtico.
Aprendiendo de Jesús, los discípulos llevan a cabo la misma obra que llevó a cabo él, el don total de sí mismo. Se está hablando aquí desde la perspectiva de las primeras comunidades que sí desplegaron ese amor entre sus miembros y con los demás.
Aplicación
El domingo pasado se hablaba de un solo rebaño, hoy nos habla de una sola vid. No dice que Jesús sea la cepa y los discípulos los sarmientos como realidades separadas. Jesús y los discípulos constituyen una sola realidad viva. Ser vid significa estar unido no solo a Jesús y a Dios, sino a los demás sarmientos. Si me separo de otro sarmiento que está unido a la vid, me tengo que separar de la vid.
Esa es la experiencia pascual que tiene que continuar hoy en nosotros. Todos participamos de la misma Vida de Dios que descubrimos gracias a Jesús. La Vida es una sola; al participar de ella tomamos conciencia de que formamos una unidad con todos los hombres con todo el cosmos y con Dios. La religión, o nos conduce a esa experiencia de unidad o se queda en programación externa que ni nos enriquece ni nos salva.
Meditación-contemplación
Sin la savia divina no puede haber fruto de verdadera humanidad.
En el centro de mi ser esta la fuente de Vida.
Si aparto lo que le impide manifestarse,
inundará todo mi ser con esa Vida.
……………
En el orden del Espíritu, todo es Uno.
La aparente diversidad es una ficción de la mente.
Si consigo trascender el mundo de las apariencias,
me encontraré inmerso en la inmensidad del Ser.
………………
En nuestro verdadero ser todo es distinto.
Las contradicciones quedan superadas.
Las limitaciones pierden su sentido negativo.
La armonía y la paz son absolutas y definitivas.

Fuente:
http://www.feadulta.com/anterior/Ev-jn-15-01-08-MR.htm
Cfr.
José Antonio  Pagola: http://www.feadulta.com/anterior/Ev-Jn-15-01-08-Pag-B.htm
Mons. Antonio José López Castillo, Arzobispo de Barquisimeto: http://elimpulso.com/articulo/arquidiocesana-jesus-el-buen-pastor
Isabel Vidal de Tenreiro: http://elimpulso.com/articulo/buena-nueva-los-quemados-y-los-podados
Ilustración: Martin Isaac.

domingo, 6 de mayo de 2012

TIEMPOS DE SILENCIO Y DE SERVICIO

San Juan, 15: 1 – 8

En su homilía de hoy, el Padre Numa Molina (SJ) expresó que Jesús sabía que las discípilas y los discípulos no iban a perseverar, si no estaban unidos a Él. El verbo de hoy es permanecer en Él. Además, sin frutos el cristianismo está vacío. Pablo VI insistía en el ejemplo, en lugar de las lecciones. Las primeras comunidades cristianas daban el ejemplo con el modo de vida, el amor, la solidaridad.

¿Cómo hacer para permanecer? Vivir, experimentar su presencia, caminar tras Él. Y, por ello, dos recomendaciones: un tiempo de silencio para saborear la Palabra de Dios, y una vida de servicio. Recomendaciones para la vida de cada día. Para tener vida y vida en abundancia. Eol plus está en lo que hagamos con pasión y hagamos bien. El fruto no está en lo que nos sobra, sino en dar lo mejor. Glorificación de Dios dando frutos.

Además, antes de concluir la misa, hubo tres intervenciones extraordinarias. Dos de ellas, en representación de los discapacitados (sordos) que, por señas, siguieron la misa en un ala de la Iglesia. La otra, la de un seminarista que estuvo acompañado por otro, completando la emoción de una renovada asamblea eucarística.

He 9, 26-31
Salmo 21
1 Jn 3, 18-24

Obra: Jesús F. García

PERMANENCIA

NOTITARDE, Valencia, 6 de Mayo de 2012
Quien permanece en cristo da fruto (Jn. 15, 1-8)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes

El evangelio de este domingo nos presenta un símil donde Jesús se compara con la vida: "Yo soy la vid y ustedes son los sarmientos" (las ramas).

Jesús en el texto del evangelio que hoy se nos propone para nuestra meditación, se compara a si mismo con una mata de uva (en la cultura israelita la imagen de la vid es muy conocida) y a sus seguidores los compara con las ramas. Así como la rama del árbol para mantenerse verde, echar flores y dar frutos, necesita nutrirse de la sabia del árbol, así el cristiano para dar frutos de fe, esperanza y amor, necesita estar unido a Cristo que es la Vida, la manifestación del Amor de Dios al mundo. La vid, el árbol le da armonía a las ramas, las mantiene unidas; así Cristo mantiene unidos a sus discípulos, le da sustento, fortaleza y vitalidad a su Iglesia, a la Comunidad de los que creen en Él y lo siguen.

El evangelista Juan destaca en toda la narración del texto que hoy nos ocupa el verbo "permanecer". El cristiano necesita permanecer unido a Cristo, estar vinculado a su persona, vivir en una unión estrecha con Él, lograr una perfecta comunión para poder nutrirse de la fe, la esperanza y sobre todo el amor. El cristiano que se desvincula de Cristo, que no busca estar todos los días unido a Él, que se distrae en otros intereses, que se aparta de la comunión con Dios y con los hermanos de fe, le sucede como a las ramas que se secan, que sólo sirven para cortarlas y echarlas al fuego. Si el cristiano quiere una vida firme, llena de alegría, paz, plenitud y amor, necesita estar unido estrechamente al Señor y sólo así podrá dar frutos y lograr que otros se nutran y encuentren también en Cristo la razón que le da sentido pleno a su existencia en este mundo.

En el Antiguo Testamento la vid era símbolo del Pueblo de Israel, de hecho los historiadores afirman que en el Templo de Jerusalén había una enorme vid de oro con racimos grandes. Ahora, en el Nuevo Testamento la vid, por boca de Jesús, representa a la Iglesia, cuya cabeza es Cristo y el cuerpo son todos sus discípulos (pastores y fieles).

El cristiano necesita aprender que sin Cristo no puede hacer nada y no puede dar fruto abundante; por el contrario, si permanece en Cristo puede pedir lo que quiera y lo alcanzará; la cosecha siempre será rebosante y tendrá la capacidad para superar las adversidades y alcanzar sus buenos proyectos. Con Cristo el discípulo siempre sale vencedor y logra la victoria, sin Él se agotan las fuerzas, se pierde el horizonte y se seca la vida. El cristiano que permanece en Cristo no sólo da fruto abundante, sino que da gloria a Dios Padre por ser un discípulo fiel y un auténtico hijo de Dios.

Los cristianos católicos que continuamente estamos planificando la pastoral, que organizamos eventos, que nos agrupamos en movimientos apostólicos, que hacemos proyectos parroquiales, que hablamos de misión y evangelización; necesitamos entender que no habrá una auténtica pastoral, que logre frutos de santidad, sino aprendemos a estar a los pies del Maestro, si no dedicamos tiempo para un rato sereno y tranquilo de oración, si no buscamos un tiempo para estar de rodillas ante el Sagrario, donde está la presencia viva de Jesús que se ha quedado con nosotros en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía. Las palabras del Señor hoy: "Sin mí no pueden hacer nada", nos deben recordar siempre que cualquier planificación o movimiento en la Iglesia necesita partir siempre de una íntima sintonía con el Señor, lograr espacios para que juntos busquemos estar con el Señor, orando, meditando su Palabra, reflexionando su Buena Noticia; sólo así podremos proyectar el trabajo y sólo así podremos dar frutos; porque la obra buena en la Iglesia no depende de nosotros; todo es por gracia de Cristo, de sus dones, del Espíritu Santo que nos regala cuando lo invocamos y buscamos con fe.

Dar fruto en definitiva significa vivir en la fe y en el amor que son los distintivos de un verdadero discípulo. Fe y amor van de la mano, son regalos de Dios que nos otorga cuando vivimos unidos a Él y que se expresan en nuestras obras buenas.

IDA Y RETORNO: Desde aquí queremos brindar nuestro apoyo al Cardenal Jorge Urosa, que en los días santos afirmó en la homilía de una santa misa que no se puede ser cristiano católico y santero a la vez. Sin ir en contra de la libertad de culto; el Cardenal hizo un llamado a vivir con radicalidad nuestra fe cristiana, sus valores, sus principios. Nadie puede ser magallanero o caraquista al mismo tiempo, o ser chavista o de la oposición a la vez. El católico tiene una identidad, cree en un solo Dios revelado en Cristo y el santero cree en varios dioses africanos. Que lamentablemente utilicen nuestros signos católicos para adorar sus dioses, no debe confundir a un verdadero católico. Hoy, más que nunca, necesitamos vivir nuestra fe y dar testimonio de una vida auténticamente cristiana. Cada quien en su lugar, respetando.

Ilustración: Sigfredo Chacón