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sábado, 23 de abril de 2016

UNA CARACTERÍSTICA OLVIDADA



Evangelio Dominical: Mandamiento del amor
José Martínez de Toda, S.J.

Comentario dialogado al Evangelio que se proclama el quinto Domingo de Pascua, Ciclo C, correspondiente al domingo 24 abril 2016.  La lectura es tomada del Evangelio según San Juan 13, 31-35.
"Ámense como yo les he amado"
¿Qué es lo más llamativo en el evangelio de hoy?
Sin duda, cuando dice Jesús: "Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros, como yo les he amado".
Esto lo dijo Jesús varias veces en su vida. Pero hoy de una forma muy solemne, pues se está despidiendo. Es su último mensaje, el más importante.
En la Última Cena, Jesús espera a que Judas el traidor se vaya, y comienza a desahogarse diciendo: "Ahora es glorificado el Hijo del hombre".
¿Qué significa que el Hijo del Hombre es glorificado?
En sentido bíblico, la 'gloria' pertenece sólo a Dios; es lo que lo distingue como Dios.
Por ejemplo, la gloria de Dios se reveló en el Sinaí (Éxodo 24:16-17), cuando Él le dio a Moisés las Tablas de la Ley con los 10 Mandamientos.
Ahora Jesús tiene la gloria divina precisamente por obedecer al Padre, que le manda renunciar a la gloria terrena y asumir la humillación y la muerte en cruz (10:17-18) junto con la resurrección y ascensión. La gloria quedó revelada en la cruz y en la tumba abierta y vacía.
¿Es bello este Mandamiento del Amor?
Y una madre contestó:
- Sí, hay algo más hermoso. Es la visión de un hombre y una mujer ancianos haciendo su viaje final juntos. Sus manos débiles pero todavía unidas, sus caras arrugadas pero todavía radiantes, sus corazones cansados pero todavía amándose.>
Los dos amores son muy bellos: el amor joven y el amor viejo, el amor de siempre.
Pero Jesús amplía esta belleza del amor. Y nos presenta no sólo el amor de pareja, sino el amor universal, que llega a todos, incluso hasta a los enemigos.
Esto es lo novedoso de Jesús. Jesús es el profeta del amor. Nadie ha predicado tanto el amor como Jesús. Es su distintivo. Por eso tiene tantos seguidores en todos los tiempos. Él supera a todos.
¿Y en la Biblia se ve esta novedad?
Algo de este tipo de amor se menciona en el Antiguo Testamento, pero muy pocas veces: "Ama al prójimo y al extranjero como a ti mismo" (Levítico 19:18, 19:34).
Pero el amor cristiano va más allá:
– Primero, Jesús nos manda amar aun a los enemigos (Mateo 5, 43-48).
-Segundo, Jesús nos manda tener un amor de servicio humilde, hasta llegar a lavar los pies de los demás (13:1-20). Lo nuevo es amar "como Yo os he amado", es decir, sin condiciones, sin reservas, sin fronteras, sin protección, hasta la muerte en cruz, con el corazón perforado, con las manos clavadas, en la cama de la cruz. "Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos." - Una vez Pedro le preguntó a Jesús: "¿Cuántas veces tengo que perdonar: hasta siete veces?". Jesús le respondió: "Hasta 70 veces siete", es decir, siempre.
– Tercero, este nuevo mandamiento inaugura una nueva Alianza con Dios (Jeremías 31:31-34). La antigua Alianza era obedecer al Torá. La nueva Alianza es amar a todos.
– Cuarto, este nuevo mandamiento es positivo y abierto. Muchas leyes del Antiguo Testamento tenían una formulación negativa: "No matar, no robar", aunque en él predomina la afirmación de la vida y del fruto del trabajo, que es lo más positivo del mundo. Jesús dice de frente: "Ama". Eso incluye lo que prescribía el Antiguo Testamento y lo lleva más allá. Hace del amor un amor sin límites. Y con una preferencia para los más necesitados.
¿No debería ser esto lo que nos caracteriza a los cristianos?
Jesús nos lo dice: "La señal por la que conocerán que ustedes son discípulos míos es que se amen unos a otros". Y así, de los primeros cristianos los paganos decían: "Miren cómo se aman". (Tertuliano, Apología).
- "OK, pruébeme que usted es ese famoso pintor. Ahí tiene varios campesinos. Dibújelos". El pintor lo hizo tan bien y tan rápido, que el guardia ahora sí le creyó. Su dibujo confirmó su identidad.>
La identidad cristiana es amarnos. Dicen que si un cataclismo quemara toda la Biblia, y quedara sólo una página sin quemarse, con una cita que resuma toda la Biblia, esa cita debería decir que Dios es amor, un amor que se verifica en el amor al prójimo.
¿Cumplimos los cristianos de hoy con este amor?
Aquí es donde fallamos nosotros. Lo proclamamos, pero no lo cumplimos.
- Tengo un gran respeto por el cristianismo. Leo con frecuencia el Sermón de la Montaña y he aprendido mucho de él. No conozco a nadie que haya hecho más por la humanidad que Jesús. De hecho, no hay ningún error en el cristianismo. El problema son los cristianos. Ustedes no viven según sus enseñanzas.>
Y Jesús les dirá a sus discípulos que se amen uno a otro, pero antes Él se lo dice con su ejemplo.
S. Francisco de Asís decía a sus frailes: "Prediquen el evangelio siempre, y, si hace falta, usen las palabras." Lo importante es ponerlo en práctica. Ésa es la mejor predicación.

Fuente:
Cfr.
José Antonio Pagola: http://www.feadulta.com/anterior/Ev-jn-13-31-35_Pag-C.htm
Ilustración: Andrew Bick.

TESTADOR



NOTITARDE, Valencia, 24 de abril de 2016
“Caminando con Cristo”
El mandamiento nuevo del amor (Jn.13, 31-35)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes

El texto del evangelio de este domingo nos presenta a Jesús en el contexto de la Última Cena con sus apóstoles y dónde les da un mandamiento nuevo: “Ámense los unos a los otros como yo los he amado… así todo el mundo conocerá que son discípulos míos”. Estas palabras, aparte de ser pronunciadas antes de su pasión y sacrificio en la cruz, forman parte de un discurso de despedida. Jesús deja a sus discípulos un testamento espiritual, un mandamiento “nuevo”, que aunque ya el precepto del amor estaba presente en la ley mosaica, en el Antiguo Testamento; Jesús lo coloca como el mandamiento fundamental, central, sintético de la vida cristiana y sobre todo es nuevo, porque lo que hará Jesús en la cruz será un sacrificio de amor y por amor a la humanidad; alcanza a todos los hombres, de todos los tiempos. Además, en su vida pública Jesús dejó de manifiesto que su amor alcanza a los pobres, los pecadores, los marginados, los que según la sociedad no cuentan. Su amor es universal, no tiene límites, por esto y por su glorificación en la cruz es nuevo. La cruz se convertirá para los apóstoles y discípulos en testigo, expresión y señal del inmenso amor de Dios por la humanidad. El amor es el nuevo mandamiento dentro de la nueva y eterna alianza de Dios con los hombres. El amor viene de Dios y siempre hace nueva todas las cosas y hace nuevo al ser humano que vive en el amor. El amor transforma, da aliento, hace respirar, da vitalidad, impulsa, da fuerza, inyecta energía, coraje, ánimo y deseos de seguir siempre adelante. El amor es y debe ser el motor de la vida de cada persona y es esto lo que Jesús está pidiendo a sus apóstoles, que vayan a lo esencial de la vida, que vivan amando, sabiendo que Dios es amor y el que ama ha nacido de Dios y se convierte en testigo de Dios en el mundo. (1Jn. 4,7-21).
IDA Y RETORNO: Venezuela necesita de la oración de los cristianos católicos y de acciones concretas para salir de la crisis.

Cfr.
Ilustración: Carl Heinrich Bloch.

domingo, 28 de abril de 2013

REALIZAR LA IGLESIA

DOMINGO 5º DE PASCUA /C
Como yo os he amado Jn 13, 31-33a. 34-35
Amistad dentro de la Iglesia El camino universal hacia Dios
Dios ama al mundo
José Antonio Pagola


AMISTAD DENTRO DE LA IGLESIA

Es la víspera de su ejecución. Jesús está celebrando la última cena con los suyos. Acaba de lavar los pies a sus discípulos.
Judas ha tomado ya su trágica decisión, y después de tomar el último bocado de manos de Jesús, se ha marchado a hacer su trabajo. Jesús dice en voz alta lo que todos están sintiendo: "Hijos míos, me queda ya poco de estar con vosotros".
Les habla con ternura. Quiere que queden grabados en su corazón sus últimos gestos y palabras: "Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que os conocerán todos que sois mis discípulos será que os amáis unos a otros". Este es el testamento de Jesús.
Jesús habla de un "mandamiento nuevo". ¿Dónde está la novedad? La consigna de amar al prójimo está ya presente en la tradición bíblica. También filósofos diversos hablan de filantropía y de amor a todo ser humano. La novedad está en la forma de amar propia de Jesús: "amaos como yo os he amado". Así se irá difundiendo a través de sus seguidores su estilo de amar.
Lo primero que los discípulos han experimentado es que Jesús los ha amado como a amigos: "No os llamo siervos... a vosotros os he llamado amigos". En la Iglesia nos hemos de querer sencillamente como amigos y amigas. Y entre amigos se cuida la igualdad, la cercanía y el apoyo mutuo. Nadie está por encima de nadie. Ningún amigo es señor de sus amigos.
Por eso, Jesús corta de raíz las ambiciones de sus discípulos cuando les ve discutiendo por ser los primeros. La búsqueda de protagonismos interesados rompe la amistad y la comunión. Jesús les recuerda su estilo: "no he venido a ser servido sino a servir". Entre amigos nadie se ha de imponer. Todos han de estar dispuestos a servir y colaborar.
Esta amistad vivida por los seguidores de Jesús no genera una comunidad cerrada. Al contrario, el clima cordial y amable que se vive entre ellos los dispone a acoger a quienes necesitan acogida y amistad. Jesús les ha enseñado a comer con
pecadores y gentes excluidas y despreciadas. Les ha reñido por apartar a los niños. En la comunidad de Jesús no estorban los pequeños sino los grandes.
Un día, el mismo Jesús que señaló a Pedro como "Roca" para construir su Iglesia, llamó a los Doce, puso a un niño en medio de ellos, lo estrechó entre sus brazos y les dijo: "El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí".
En la Iglesia querida por Jesús, los más pequeños, frágiles y vulnerables han de estar en el centro de la atención y los cuidados de todo.

EL CAMINO UNIVERSAL HACIA DIOS

Hace algunos años, el prestigioso teólogo francés Joseph Moingt, en una de sus obras más conocidas, hacía esta afirmación central: «La gran revolución religiosa llevada a cabo por Jesús consiste en haber abierto a los hombres otra vía de acceso a Dios distinta de la de lo sagrado, la vía profana de la relación con el prójimo, la relación vivida como servicio al prójimo».
Este mensaje sustancial del cristianismo queda explícitamente confirmado en la revolucionaria parábola del juicio final. El relato evangélico es asombroso. Son declarados «benditos del Padre» los que han hecho el bien a los necesitados: hambrientos, extranjeros, desnudos, encarcelados, enfermos; no han actuado así por razones religiosas, sino por compasión y solidaridad con los que sufren. Los otros son declarados «malditos», no por su incredulidad o falta de religión, sino por su falta de corazón ante el sufrimiento del otro.
Por lo general no solemos captar el cambio sustancial que esto introduce en la historia de la religión. Se puede formular así: la salvación no consiste ya en buscar a través de la religión un Dios salvador, sino en preocuparnos de quienes padecen necesidad. Lo que salva es el amor al que sufre. La religión no es requerida como algo indispensable, y no podrá nunca suplir la falta de este amor.
Seguimos pensando que el camino obligatorio que conduce a Dios y lleva a la salvación pasa necesariamente por el templo y la religión. No es así. El cristianismo afirma que el único camino dispensable y decisivo hacia la salvación es el que lleva a ayudar necesitado. Esta es la gran revolución que introduce Jesús: Dios amor gratuito, y solo se encuentra con él quien, de hecho, se abre a la necesidad del hermano.
En estos tiempos de crisis religiosa en que bastantes viven una fe vacilante y sin caminos claros hacia Dios, esta es la Buena Noticia que nos llega de Cristo. Se puede dudar de muchas cosas, pero no de esta: hay un camino que siempre conduce hasta Dios, y es el amor al necesitado. Las religiones no tienen ya el monopolio de la salvación. Solo salva el amor. Este es el camino universal, la «vía profana» accesible a todos. Por él peregrinamos hacia el Dios verdadero, creyentes y no creyentes.
Desde ahí hemos de entender el mandato de Jesús: «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado. La señal por la que os conocerán que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros».

DIOS AMA AL MUNDO

Hay en el Evangelio frases que deberíamos gravar con fuego en nuestro interior, pues podrían transformar de raíz nuestra visión de Dios. Una es ésta que leemos en el evangelio de Juan: «Tanto amó Dios al mundo, que entregó su Hijo único... Dios no mandó a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él» (Jn 3,16-17).
Nunca ha sido fácil la relación de los cristianos con el mundo. A veces ha predominado la actitud pesimista, se ha predicado el «desprecio del mundo», la condenación de lo mundano y la huida de lo terreno para encontrarse con Dios. Otras veces, un frívolo optimismo ha llevado a la Iglesia a vivir un neopaganismo mundano muy alejado del Evangelio. ¿Cuál es la actitud de Dios?
Dios ama al mundo. Es lo primero que hemos de recordar. Dios no condena, no excluye a nadie, no discrimina. No abandona a nadie en ninguna circunstancia. Ama a la humanidad, ama la historia que van construyendo los humanos, ama las culturas y las religiones, ama a los pueblos. A todos. Su amor no depende de nuestras clasificaciones y fronteras.
Dios quiere salvar al mundo. Dios ama al mundo no porque el mundo es bueno, sino para que llegue a serlo. En el mundo hay mucho de injusticia, mentira e indignidad. Dios ama para salvar, para que el mundo llegue a ser más humano, más digno, más habitable. Orientar la vida hacia la verdadera voluntad de Dios siempre lleva a hacerla más sana, más responsable, más plenamente humana.
Dos rasgos deberían caracterizar la actitud del cristiano ante el mundo. Antes que nada, el cristiano ama el mundo y ama la vida. Quiere a las gentes, disfruta con los avances de la humanidad, goza con todo lo bueno y admirable que hay en la creación, le gusta vivir intensamente. Lo ve todo desde el amor de Dios, y esto le lleva a vivir en una actitud de simpatía universal, de misericordia y de perdón.
Al mismo tiempo, sabe que el mundo necesita ser transformado y «salvado». Por ello, su modo de estar en el mundo está marcado por el empeño de hacer la vida más humana y el mundo más habitable. No se desentiende de ningún problema grave, sufre con los pueblos que sufren, le duelen las guerras y la violencia criminal, lucha contra la xenofobia y los racismos, se preocupa de quienes no tienen un sitio digno en la sociedad, hace lo que puede para que la vida sea más llevadera y más humana para todos. Su corazón es el de un «hijo de Dios».
Por eso, la única señal decisiva por la que se le conoce al discípulo de Cristo es siempre la misma: sabe amar como él nos ha amado. Esto es lo esencial. Sin esto no hay cristianismo.
Fuente: http://www.musicaliturgica.com/0000009a2106d5d04.php
Ilustración: Jean Dewasne.

HALLARSE LOS UNOS A LOS OTROS

NOTITARDE, Valencia, 28 de abril de 2013
"Caminando con Cristo"
El mandamiento nuevo del amor (Jn.13,31-35)
Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes

El texto del evangelio de este domingo nos presenta a Jesús en el contexto de la Última Cena con sus apóstoles y dónde les da un mandamiento nuevo: “Ámense los unos a los otros como yo los he amado… así todo el mundo conocerá que son discípulos míos”. Estas palabras, aparte de ser pronunciadas antes de su pasión y sacrificio en la cruz, forman parte de un discurso de despedida. Jesús deja a sus discípulos un testamento espiritual, un mandamiento “nuevo”, que aunque ya el precepto del amor estaba presente en la ley mosaica, en el Antiguo Testamento; Jesús lo coloca como el mandamiento fundamental, central, sintético de la vida cristiana y sobre todo es nuevo, porque lo que hará Jesús en la cruz será un sacrificio de amor y por amor a la humanidad; alcanza a todos los hombres, de todos los tiempos. Además, en su vida pública Jesús dejó de manifiesto que su amor alcanza a los pobres, los pecadores, los marginados, los que según la sociedad no cuentan. Su amor es universal, no tiene límites, por esto y por su glorificación en la cruz es nuevo. La cruz se convertirá para los apóstoles y discípulos en testigo, expresión y señal del inmenso amor de Dios por la humanidad. El amor es el nuevo mandamiento dentro de la nueva y eterna alianza de Dios con los hombres. El amor viene de Dios y siempre hace nueva todas las cosas y hace nuevo al ser humano que vive en el amor. El amor transforma, renueva, da aliento, hace respirar, da vitalidad, impulsa, da fuerza, inyecta energía, coraje, ánimo y deseos de seguir siempre adelante. El amor es y debe ser el motor de la vida de cada persona y es esto lo que Jesús está pidiendo a sus apóstoles, que vayan a lo esencial de la vida, que vivan amando, sabiendo que Dios es amor y el que ama ha nacido de Dios y se convierte en testigo de Dios en el mundo. (1Jn. 4,7-21).
Amarse los unos a los otros necesita ser y debe ser el distintivo de todos aquellos que por el bautismo se hacen discípulos de Cristo. El amor necesita y debe mediatizar nuestras relaciones interpersonales; esto implica el reconocimiento del otro como persona, el respeto, la tolerancia, el servicio, el perdón y sobre todo reconocer que en el otro también está Dios. Jesús completa diciendo que se amen unos a otros como Él nos ha amado y la prueba máxima de su amor es su entrega, su donación en la cruz para salvación y perdón de nuestros pecados. El amor, por tanto, del cristiano tiene que ser vivido al estilo de su Maestro, sin medida, implica la entrega total, la donación al otro y sabiendo que quien se dona y entrega por amor realmente es feliz y vive feliz. Y el amor va más allá de un sentimiento, implica muchas cosas, sobre todo servicio al otro, buscar la salvación y felicidad del otro y en esa misma medida, se encuentra la propia realización, la propia felicidad.
El amor es un don de Dios, es Dios mismo viviendo en nuestras vidas. Cuando Jesús entregó este mandamiento de amarse los unos a los otros, como ya dijimos, lo hizo en el contexto de la Última Cena; es decir, de la Eucaristía, de la primera misa. Fue allí y es desde allí donde se alimenta el amor. El cristiano para poder vivir y hacer vida el mandamiento nuevo y siempre nuevo del amor, necesita y tiene que vivir unido a Dios, estar en comunión con Él; aprender del amor que el Padre y Jesús se tienen y que ahora se nos invita a nosotros a vivir amando al Otro con mayúscula que es Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo y amando al prójimo como a nosotros mismos; para que esto sea posible necesitamos ir a la fuente misma del amor; alimentarnos del amor que está presente en la Eucaristía y así, sólo así, podremos amar no con categorías humanas, sino al estilo mismo de Dios, según lo que nos ha enseñada en Cristo.
Un verdadero cristiano se distingue por el amor sin sectarismos, sin clasificaciones, sin condiciones; como lo vivió Jesús; por eso, pidamos al Señor que infunda en nuestros corazones el don del amor; que nos enseñe y nos ayude amar como Él y que sintiéndonos amados por Él, amados por los demás, podamos también dar amor y ser felices en esta vida y eternamente felices en el cielo.
Ida y retorno
Los invito a que sigamos orando por nuestro país Venezuela. No es un secreto para nadie que vivimos momentos de tensión, intolerancia e incertidumbre en nuestro país. Ante este panorama, los que creemos en Cristo y en su promesa, sabemos y reconocemos qué debemos hacer: Confiar en Dios, aferrarnos a Él y pedirle que venga sobre Venezuela lluvias de bendiciones, de paz, justicia, progreso, libertad, reconciliación, diálogo, unidad, respeto y democracia. Que luchemos por instaurar la cultura de la vida, la civilización del amor y desterremos la cultura de la muerte y del odio que nos está aniquilando unos a otros. Esto no viene ni es de Dios. Somos un país eminentemente cristiano, tenemos tarea y necesitamos apelar a nuestra fe que genera confianza.
Ilustración: Gregorio Camacho.