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martes, 17 de enero de 2017

VIDA FICTICIA

Evangelio Dominical: Cordero de Dios
José Martínez de Toda, S.J.

Comentario dialogado al Evangelio que se proclama el Segundo Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo A, correspondiente al domingo 15 enero 2017.  La lectura es tomada del Evangelio según San Juan, 1, 29-34

"He visto que el Espíritu bajaba sobre Él"

¿Qué nos puede apasionar?
Al día siguiente pasó por allí un rebaño de cabras y lo adoptaron. El baby tigre se convirtió en una cabra: comía hierba y vivía como las cabras. Pero nuestro baby tigre intuía que era algo diferente y cuando contemplaba su imagen en el agua se veía distinto de las cabras. Un día un tigre grande, maduro y macho, se acercó donde las cabras pastaban y todas huyeron despavoridas. El baby tigre se quedó quieto, mirando y esperando.
De repente el tigre grande rugió con toda su fuerza. Entonces los ojos del pequeño se abrieron y supo quién era. Se despertó en él la imagen perdida y descubrió su identidad. No era una cabra. Era un tigre. Y corrió hacia él y pasó el resto de sus días en su compañía. >> (Félix Jiménez, escolapio)
Nosotros, como el baby tigre, vamos llevando una vida ficticia, superficial, adormecida, sin identidad: estamos distraídos, no nos concentramos en lo fundamental, estamos ofuscados por tantas cosas... Necesitamos algo que nos despierte, que nos sitúe, una llamada que sea un rugido que nos ponga alerta y de pie.
En las tres Lecturas de hoy tres personas escucharon un día el rugido del Espíritu y se sintieron llamadas a ser testigos de Dios, presencia de Dios, señales de Dios para los hermanos de la familia humana: Isaías, Pablo y Jesús.

¿Cuál es ese rugido de hoy que nos despierta?
Es el de Juan que nos grita:
-"Mira, ahí va el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo".
Aquí se refiere al Cordero y a la Oveja Pascual, cuya sangre liberó al pueblo de Israel de la muerte en Egipto, y preparó el camino para su liberación de Egipto (Éxodo. 12).
También se refiere al Siervo de Yahveh, que: "como manso Cordero, fue llevado al matadero y no abrió la boca". (Is 53,7). "El Siervo de Yahveh justificará a muchos y sus culpas él soportará...; él llevó el pecado de muchos" (Is 53,11.12).
También significa el cordero proporcionado por Dios a Abraham para sacrificarlo en lugar de Isaac (Gen. 22:8-13).
Asimismo las ovejas y corderos, que se sacrificaban a diario en el templo para redimir a la gente de sus pecados.
Y Juan continúa: "Este Cordero de Dios quita el pecado del mundo" (v. 29). En una sola frase, Juan Bautista condensa todo lo que Jesús es y toda su misión. Él es "Jesús", que significa "Salvador" del mundo. Pero en la frase "Cordero de Dios", el elemento crucial es 'de Dios', pues solo Dios quita o perdona el pecado.
Esto lo logró Jesús de una sola vez, cuando cumplió la misión que recibió del Padre, de encarnarse, anunciar –con palabras y obras- la cercanía del Reino de Dios y ser, en ello, fiel hasta la muerte, y muerte de por los pecados del mundo. En efecto, en la última cena Jesús tomó el cáliz y dijo: "Esta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por todos".

¿Cuál es la verdadera misión de Juan el Bautista?
El Bautista dice que él bautiza "para que (Jesús) sea manifestado a Israel" (vs. 31).
El trabajo de Juan es revelar a los demás lo que ya se le ha revelado a él.
Dos veces dice Juan que él no conocía a Jesús. Lo conocía físicamente, pues sus mamás María e Isabel eran primas y se trataban. Pero solo ahora Juan reconoce a Jesús por quien es de verdad. No conocía la identidad profunda ni la misión de Jesús.
Lo supo porque Dios, que lo envió a bautizar con agua, se lo reveló. (Nadie puede reconocer a Jesús como Dios y Señor si no le es revelado de lo alto. Por eso la fe hay que pedirla. Es un don, no una imposición ni una conquista personal.)

¿Y los bautizos que hacía Juan el Bautista?
El rito del bautismo, que Juan popularizó, significaba un reconocimiento público de estar dispuesto a cambiar de vida para preparar así el camino al Mesías.
Y no es poco ese inicio. Sin embargo, el bautismo de Juan no quita el pecado del mundo ni comunica el Espíritu. Simplemente limpia. Es como una figura o preanuncio del que había de venir. Es signo de la buena disposición a recibir el Reino. Pero no transforma. No recrea. No libera.
Por eso hay que decir que el bautizo de Jesús por medio del Espíritu y el fuego es infinitamente superior, pues da nueva vida en Dios. Fue Jesús Resucitado el que derramó el Espíritu sobre sus discípulos para hacer de ellos una nueva creación.

¿Cuándo reconoció Juan el Bautista a Jesús?
Cuando bajó el Espíritu Santo como paloma sobre Jesús, y se oyó la voz del Padre: "Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco" (Mc 1,11).
Dos veces dice Juan que el Espíritu bajó del cielo como si fuera una paloma, y se posó sobre Jesús. Esta repetición indica su importancia. El Espíritu se queda y permanece con Jesús (vs. 32), como cuando una paloma busca su nido, su hogar, su lugar natural y querido, y allí se queda. El amor del Padre tiene nostalgia de su nido, que es Jesús, y baja a establecerse en Él como su morada permanente. La paloma es símbolo del cariño del Espíritu Santo.
Se abre el cielo: esto quiere decir que Dios está cercano a Jesús. Desciende como si fuera una paloma: algo nuevo va a comenzar y, así como el Espíritu volaba sobre las aguas el primer día de la creación del mundo, aletea ahora sobre Jesús, el hombre nuevo.
Con esta evocación, el evangelista quería decir que el Espíritu desciende sobre Jesús para hacer una nueva creación, el Hombre Nuevo, del que nosotros estamos llamados a ser imagen por el bautismo (Rom 8,29).
Al ver el Espíritu y oír la voz Juan comprende, finalmente, quién es Jesús.
"Y yo le vi, y he dado testimonio que éste es el Hijo de Dios" (v. 34).
Jesús es "el Novio", el que tiene a la Esposa, que es el nuevo Israel, la Iglesia. Juan sólo es el amigo del Novio que se alegra cuando escucha su voz (cf. Jn 3,29). No hay rivalidad ni envidia en Juan. El Bautista disminuye para que Cristo crezca.
Por eso Juan invita a sus propios discípulos a seguir a Jesús.
Y varios de los discípulos se fueron tras Jesús hacia las 4 de la tarde y pasaron largas horas con Él, y después se quedaron definitivamente con Él.

Fuente:
http://radioevangelizacion.org/noticia/evangelio-dominical-cordero-dios
Isabel Vidal de Tenreiro: http://www.notitarde.com/para-que-bautizarnos-/columnistas-del-dia/2017/01/13/1044568/
Marcos Rodríguez: http://feadulta.com/anterior/Ev-jn-01-29-34.htm

Fotografía: Vitral lateral izquierdo de la Iglesia de la Colonia Tovar (LB, 15/01/16).

EXPRESIÓN

NOTITARDE, Valencia, 15 de enero de 2016
 “Caminando con Cristo”
“Éste es el cordero de Dios…” (jn. 1,29-34)
Joel de Jesús Núñez Flautes

Comenzamos hoy el tiempo Ordinario, que luego vamos a interrumpir con el tiempo de Cuaresma que nos preparará a la Semana Santa. Se llama tiempo Ordinario, porque no hay un acontecimiento importante que destacar o acentuar de manera especial, sino que simplemente se va presentando, domingo a domingo, una escena de la vida de Nuestro Señor, un mensaje de una de las cartas paulinas o un acontecimiento del Antiguo Testamento, que se propone para nuestra reflexión y que podamos hacer vida en el presente. Es el caso del pasaje del evangelio de hoy, tomado del evangelista San Juan, que nos presenta a Jesús como el “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”; expresión que utiliza San Juan Bautista al ver a Jesús caminando  cerca del río Jordán y con lo cual proclama su mesianismo y divinidad.

La expresión de Juan Bautista es realmente profunda y más allá de una simple comparación de Jesús con un animal indefenso, remite al Antiguo Testamento, donde la figura del cordero tiene un significado especial para el pueblo de Israel. Para nosotros es una expresión que nos remite a la Eucaristía, donde el sacerdote mostrando la Hostia Consagrada a los fieles, la utiliza para manifestar que Jesucristo es el Cordero sacrificial que expía, vence y borra el pecado de la humanidad y que lo recibimos como alimento en la Sagrada Comunión de su Cuerpo y su Sangre.

En el Antiguo Testamento se recoge la figura del cordero que se sacrificaba en el Templo de Jerusalén para expiación de los pecados del pueblo o se utilizaba el “chivo expiatorio” a quien, a  través de un ritual de los sacerdotes del Templo, se le colocaban “encima” todos los pecados del pueblo y se enviaba al desierto, donde moría y así con él los pecados de toda la comunidad. Sería muy interesante leer todo el capítulo 12 del libro del Éxodo y Hb. 10, 1-18.

IDA Y RETORNO: Oración y acción por Venezuela.

Fuente:
http://www.notitarde.com/este-es-el-cordero-de-dios%E2%80%A6-jn-129-34/columnistas-del-dia/2017/01/14/1044668/
Cfr.
Pedro Olalde y Patxi Loidi: http://feadulta.com/anterior/Evang-08-2%20DO-08.htm
Fotografía: Vitral lateral izquierdo, Iglesia de la Colonia Tovar (LB, 15/01/16).

martes, 21 de enero de 2014

TESTIMONIO (I)

"Este es el cordero de Dios..." (Jn. 1,29-34)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes

Comenzamos hoy el tiempo Ordinario, que luego vamos a interrumpir con el tiempo de Cuaresma que nos preparará a Semana Santa. Se llama tiempo Ordinario, porque no hay un acontecimiento importante que destacar o acentuar de manera especial, sino que simplemente se va presentando, domingo a domingo, una escena de la vida de Nuestro Señor, un mensaje de una de las cartas paulinas o un acontecimiento del Antiguo Testamento, que se propone para nuestra reflexión y que podamos hacer vida o vivir en el presente. Es el caso del pasaje del evangelio de hoy, tomado del evangelista San Juan, que nos presenta a Jesús como el "Cordero de Dios que quita el pecado del mundo"; expresión que utiliza San Juan Bautista al ver a Jesús caminando  cerca del río Jordán y con lo cual proclama su mesianismo y divinidad.
La expresión de Juan Bautista es realmente profunda y más allá de una simple comparación de Jesús con un animal indefenso, remite al Antiguo Testamento, donde la figura del cordero tiene un significado especial para el pueblo de Israel. Para nosotros es una expresión que nos remite a la Eucaristía, donde el sacerdote mostrando la Hostia Consagrada a los fieles, la utiliza para manifestar que Jesucristo es el Cordero sacrificial que expía, vence y borra el pecado de la humanidad y que lo recibimos como alimento en la Sagrada Comunión de su Cuerpo y su Sangre.
En el Antiguo Testamento se recoge la figura del cordero sacrificial que se sacrificaba en el Templo de Jerusalén para expiación de los pecados del pueblo o se utilizaba el "chivo expiatorio" a quien, a  través de un ritual de los sacerdotes del Templo, se le colocaban "encima" todos los pecados del pueblo y se enviaba al desierto, donde moría y así con él los pecados de toda la comunidad. Sería muy interesante leer todo el capítulo 12 del libro del Éxodo y los primeros 16 capítulos del libro del Levítico que nos hablan de los sacrificios rituales por los pecados y que nos ayudan a comprender la profundidad del significado de la expresión que Juan Bautista aplica a Jesús y con lo cual deja claro ante sus discípulos y seguidores que ya no será la sangre de un animal o la muerte del mismo o el comer su carne lo que nos limpiará de nuestros pecados; será un nuevo y definitivo sacrificio realizado por Cristo en el madero de la cruz, será su  Sangre la que limpie y lave los pecados de cada uno de los hombres que acepten sus palabras y la pongan en práctica. Será su Cuerpo y su Sangre la verdadera comida que sacie nuestra hambre y calme nuestra sed.
Jesús, como los corderos o chivos expiatorios del Antiguo Testamento, fue inmolado el día de la Pascua, fiesta grande para los judíos y cristianos. Él es ahora el sacrificio definitivo de la Nueva Alianza de Dios con los hombres que supera y elimina la sangre de los sacrificios de animales (Hb.10,1-18). Por su sangre derramada en la cruz hemos recibido la redención y el perdón de los pecados (Ef.1,7), Él es "el Cordero sin defecto ni mancha" cuya sangre nos ha rescatado de la muerte eterna y que supera todo valor o sacrificio alguno. (1Pe.1,18-19).
Cristo de una vez para siempre, con su sacrificio en la cruz, como ese "cordero manso llevado al matadero" (Is.53,7) ha logrado quitar el poder del Demonio, del poder del pecado en el mundo. Ya el mal, la muerte o la iniquidad no tendrán la última palabra sobre el ser humano, sino su Sangre redentora a la cual tendrá acceso todo hombre. Con la muerte de Jesús y con su resurrección no sólo queda saldada la deuda pecaminosa del Antiguo Israel, sino el pecado de la humanidad de todos los tiempos; porque su sacrificio en la cruz fue de una vez para siempre. Sacrificio que se actualiza, se rememora en cada celebración eucarística donde los cristianos católicos podemos recibir su Cuerpo, su Sangre y  participar así de su redención; de acuerdo a sus mismas palabras y promesa: "Quien come mi cuerpo y bebe mi sangre tendrá vida eterna", "Yo soy el pan vivo bajado del cielo, quien come de éste pan vivirá para siempre", "Tomen, esto es mi Cuerpo, beban, esta es mi Sangre". No es algo simbólico, metafórico, sino expresiones explícitas, con actos explícitos del Señor que aluden a este sacrificio que cada sacrificio de la misa actualiza.
Ida y retorno: Como ser humano, cristiano y sacerdote he recibido conmovido la triste noticia de la tragedia en la Manguita. Desde esta columna expreso mis condolencias a los familiares y amigos de los cinco niños y del señor fallecido en tan lamentable accidente. Estoy seguro que Jesús, el Buen Pastor, los tiene junto así en el cielo y creo también que a sus familiares y seres queridos los ayudará con su amor a sobrellevar el dolor, la tristeza, el vacío y la soledad que se experimenta ante la pérdida de un ser amado y sobre todo en las circunstancias en que ocurrió este fatal accidente. Dios bendiga a éstas familias que viven su duelo y otorgue vida eterna, esa que esperamos y creemos que Jesús nos tiene preparada para ellos y nosotros. Descansen en paz.

http://www.notitarde.com/Columnistas-del-Dia/-Este-es-el-cordero-de-Dios-Jn-129-34/2014/01/18/297901
Cfr. José Martínez de Toda (SJ): http://www.jesuitas.org.co/homilias/944.pdf
Fotografía: LB,  intervención de un feligrés durante la homilía del Padre José Martínez de Toda (SJ). Caracas, 19/01/2014.

TESTIMONIO (II)

San Juan, 1: 29-34
Con el fuego del Espíritu
José Antonio Pagola

Las primeras comunidades cristianas se preocuparon de diferenciar bien el bautismo de Juan que sumergía a las gentes en las aguas del Jordán y el bautismo de Jesús que comunicaba su Espíritu para limpiar, renovar y transformar el corazón de sus seguidores. Sin ese Espíritu de Jesús, la Iglesia se apaga y se extingue.

Sólo el Espíritu de Jesús puede poner más verdad en el cristianismo actual. Solo su Espíritu nos puede conducir a recuperar nuestra verdadera identidad, abandonando caminos que nos desvían una y otra vez del Evangelio. Solo ese Espíritu nos puede dar luz y fuerza para emprender la renovación que necesita hoy la Iglesia.

El Papa Francisco sabe muy bien que el mayor obstáculo para poner en marcha una nueva etapa evangelizadora es la mediocridad espiritual. Lo dice de manera rotunda. Desea alentar con todas sus fuerzas una etapa “más ardiente, alegre, generosa, audaz, llena de amor hasta el fin, y de vida contagiosa”. Pero todo será insuficiente, “si no arde en los corazones el fuego del Espíritu”.

Por eso busca para la Iglesia de hoy “evangelizadores con Espíritu” que se abran sin miedo a su acción y encuentren en ese Espíritu Santo de Jesús “la fuerza para anunciar la verdad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente”.

La renovación que el Papa quiere impulsar en el cristianismo actual no es posible “cuando la falta de una espiritualidad profunda se traduce en pesimismo, fatalismo y desconfianza”, o cuando nos lleva a pensar que “nada puede cambiar” y por tanto “es inútil esforzarse”, o cuando bajamos los brazos definitivamente, “dominados por un descontento crónico o por una acedia que seca el alma”.

Francisco nos advierte que “a veces perdemos el entusiasmo al olvidar que el Evangelio responde a las necesidades más profundas de las personas”. Sin embargo no es así. El Papa expresa con fuerza su convicción: “no es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocerlo, no es lo mismo caminar con él que caminar a tientas, no es lo mismo poder escucharlo que ignorar su Palabra… no es lo mismo tratar de construir el mundo con su Evangelio que hacerlo solo con la propia razón”.

Todo esto lo hemos de descubrir por experiencia personal en Jesús. De lo contrario, a quien no lo descubre, “pronto le falta fuerza y pasión; y una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie”. ¿No estará aquí uno de los principales obstáculos para impulsar la renovación querida por el Papa Francisco?

http://somos.vicencianos.org/comentarios/2014/01/13/2o-domingo-de-tiempo-ordinario-reflexion-de-jose-antonio-pagola-2/
Cfr. Isabel Vidal de Tenreiro:  http://elimpulso.com/articulo/bautismo-para-salvarse#
Fotografía: LB,  intervención de un feligrés durante la homilía del Padre José Martínez de Toda (SJ). Caracas, 19/01/2014.

martes, 18 de enero de 2011

cordero


San Juan, 1: 29-34

De acuerdo con nuestros apuntes, sobre el pasaje el Padre Jesús Pino (SJ) recordaba al Divino Niño de Escuque. Comentó que el pueblo de Israel había tardado en llegar cuarenta años a la tierra prometida, cenando con el cordero más limpio; en cambio, sobre el cordero defectuoso recaían todos los pecados, siendo abandonado lo más lejos posible. Jesús es el cordero sacrificado, muriendo a las tres de la tarde, la misma hora en que son sacrificados los corderos en Jerusalén. Y, finalmente, versó sobre los pecados sociales (San Francisco, Caracas, 20/01/08).

Ilustración: kazuya-akimoto.com