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jueves, 30 de noviembre de 2017

AVISOS

1.-     DIARIO DE AVISOS, Caracas, 1851: No sabemos si todavía será fácil llegar a la calle Ricaurte para enterarnos dónde se ubica la esquina del Quebrado. La permuta parece más atractiva y quizá el Dr. Sistiaga pueda hacer y visar el documento respectivo. Por cierto, recordemos, se puede clickear la imagen para apreciarla mejor, o guardarla y, luego, abrir y ampliar el archivo.

2.-   EL UNIVERSAL, Caracas, 1927: La casa está sobre la Carretera del Este. Nueve habitaciones habla muy bien de un terreno que, más adelante, esperando casi cien años después, servirá para un buen centro comercial. Esto es, pensando en que dejar a la quinta generación. El número telefónico es inolvidable. Quizá pueda contactar al promotor o propietario del inmueble a través del WhatsApp.

3.-   EL UNIVERSAL, Caracas, 1953: ¿Tendrá buena letra? ¿Caligrafía Palmer? ¿Capaces de una buena gigantografía? Empero, lo más atractivo de la gráfica es una nota de promoción sobre la Cruz Roja: no es una institución de médicos, sino una organización de hombres y mujeres, sin distinciones.  Es bueno recordarlo, ahora, cuando hubo la necesidad de promover la Cruz Azul, la Verde, etc., para auxiliar a las personas que protestaron por más de cien días en Venezuela, mientras la Cruz Roja, atacada por el mismísimo régimen, ni pío...

4.-    LA ESFERA, Caracas, 1953: Un mercado periférico con estacionamiento de dos plantas. La nota constituye una advertencia, pues, desmiente cualquier intervención de la dictadura, apoderamiento de mafias bachaqueras e intervenciones falsas. !Jamás! Porque funciona a las mil maravillas. Y a precios de 1953, con el dólar a ¿3,30 o 4,30? Además, hay azúcar, verduras, carnes blanca y roja, pescado. Harina-Pan, no, porque faltan algunos añitos para su invención e industrialización.

5.-   EL UNIVERSAL, Caracas, 1944:  Un sanatorio que incluye a narcómanos y con balneoterapia moderna. A precios accesibles. Y la oferta para un calculista de facturas con un buen sueldo. No está mal escribir al apartado. Boleíta queda demasiado lejos. Por cierto, ¿habrá hoy alcohólicos y drogómanos, con esta hiperinflación?

Nota complementaria LB: Orbitado el aviso "Se solicitan pintores" (El Universal, Caracas, 1953), en el grupo facebookeano Caracas en Retrospectiva I,, generó los habituales comentarios del caso. No obstante, destacamos las intervenciones del señor Ángel Eduardo Arvelo Guerrero, quien comentó: "En esa propiedad vivían mis bisabuelos, Gregorio Arvelo González y Martina González de Arvelo (...) Si, de hecho tengo el acta de defunción de mi bisabuelo que dice que murió en el numero 8". Ofrecida, después nos escribió al correo: "Soy hombre de palabra, aquí tiene el acta de defunción de mi bisabuelo".  Luego, hizo una corrección: "Solo quería aprovechar pedirle que indique que hubo un error de transcripción con la villa donde nació mi bisabuelo, siendo el correcto 'La Orotava' (y no 'Sansotava' como aparece en el acta)".
Estamos agradecidos por su receptividad.

El hecho nos permite expresar que la mayor curiosidad que generan las redes sociales, sobre todo las referidas a las materias retrospectivas, reside en la  posibilidad de que alguien identifique o relacione los archivos con la memoria familia, dsecubra un hecho o una persona cercana olvidados e, incluso, presto al ejercicio literario, no sepa o muy tarde se entere de esa lejana e insospechada relación. Quizá es uno de los pocos casos que reportamos sobre el descubrimiento o la casualidad de una nota e imagen, aunque el éxito y la divulgación de CER todavía puede deparar muchas sorpresas.

Referencias: https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10212229957998710&set=oa.10151736546552039&type=3&theater&ifg=1
https://www.facebook.com/arveloangel?fref=gc&dti=14739997038

Por cierto, el señor Avelino Coleccionista Incurable, aportó una magnífica postal dando ejemplo de los buenos letristas de la publicidad de Ponche Crema (https://www.facebook.com/photo.php?fbid=708139046062299&set=p.708139046062299&type=3&theater&ifg=1):

lunes, 9 de junio de 2014

OPACIDAD URBANA

De una coletilla reveroniana
Luis Barragán


Ciertamente, la interesada sobresaturación noticiosa del gobierno nacional impide cualesquiera inquietudes sobre los problemas tenidos por secundarios, en la escala que se ha hecho una pésima costumbre. Son tan graves las ficciones y realidades a las que apunta que, inadvertidos, existen detalles reveladores que no gozan de jerarquía alguna en el extenso problemario que nos agobia.

Finalizando o comenzando, como se quiera, el caraqueño boulevard de Sabana Grande, hay una pieza – rara avis in terris -  de Johan González (2014) que rinde un justo tributo a Armando Reverón. Hemos tenido ocasión de fotografiar la sugerente postura del extraordinario pintor, como el mudo registrador de sus vecindades, incluyendo al transeúnte curioso que puede hermanarse con él  a través de un novedoso “selfie”. Sin embargo, recientemente nos percatamos que la escultura comienza a andar el camino de sus deterioros, pues, ya está partido el block de sus trazos como anuncio de los otros actos vandálicos que pueden afantasmarlo aún más en el extravío de una urbe por siempre urgida.

Se nos antoja una doble paradoja del hecho que puede tenerse por intrascendente, pues, por un lado,  no hace mucho, el oficialismo parlamentario rasgó sus mejores vestiduras al pretender homenajear a Reverón desde una perspectiva casi demencial, debido a la interpretación tan peculiar que hizo de su vida. Ocurre mientras la pieza en cuestión soporta, estoicamente, sintetizándola, la dramática situación que vivimos todos los venezolanos de carne y hueso.

Del otro, nos permitimos hablar del Estado desintegral en la medida que ensaya estos tributos artísticos, pero no puede garantizar la propia supervivencia de sus inversiones porque – simplemente – no atiende sus responsabilidades básicas. Ojalá que no fuese así, sospechamos que ello permitirá futuras remodelaciones y restauraciones para enjugar algunas cuentas bancarias, ya que no encontramos una explicación adecuada para la creación y colocación de piezas después sometidas a la prueba del consabido vandalismo.

El Reverón de González quizá boceteó la rutina con tanta vehemencia, añadiendo el retrato hablado de los delincuentes que lo circundan, por lo que mejor fue quebrar la lámina de sus anotaciones. Más adelante, ridiculizado con un baño de pintura, hurtada la chistera o desfigurado el rostro, ejemplificará el trance de los numerosísimos testigos de crímenes que no cuentan con garantía alguna para las diligencias policiales o judiciales que los requieran, absteniéndose.

Fuentes:
http://opinionynoticias.com/opinionnacional/19535-de-una-coletilla-reveroniana
Fotografías: Caracas, 09/09/2013 y 12/05/2014.