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miércoles, 4 de febrero de 2015

EL HISTORIADOR DE LA LINCOLN

Carlos Noguera in memoriam:
Lo siento de veras, fuimos amigos, seguí paso a paso su obra literaria, su mejor novela, se lo dije y además públicamente en una reseña, fue La Flor escrita. Siempre me recibió en sus oficinas de la revolución con afecto, sabiendo que siempre fui y seré un disidente, que solo quiero democracia y derechos humanos. Y cuidé esa amistad, como siempre lo hice con mis amigos inteectuales chavistas, porque la amistad es los más grande, porque siempre supe que todo volvería a su sitio algún día, que el poder no dura para siempre, cosa bien aprendida por mi en la historia. Deja una huella luminosa en nuiestras letras. Para Juliana y sus hijos mi abrazo,
Roberto Lovera De-Sola.

Fuente: https://www.facebook.com/roberto.desola?ref=ts&fref=ts

viernes, 1 de agosto de 2014

ABUNDANTE LUZ

En-Obra: Poesía Venezolana
R.J.Lovera De-Sola

Hoy es un día especial para este Círculo de Lectura, nuestra sesión número cincuenta y siete la dedicaremos a la poesía, especialmente para recibir a la antóloga de la misma Gina Saraceni. Y para con ella a través de su vasta antología revisar lo que sucede en la poesía venezolana en los días que vivimos.
Debemos decir que Gina Saraceni es también poeta, traductora e investigadora literaria. Lo que la mueve cuando escruta los libros son los temas relativos a la literatura de viajes, a los temas de la memoria y de la identidad. En este campo conocemos su muy interesante libro Escribir hacia atrás(Rosario: Beatriz Viterbo Editora,2008.240 p.), con su insinuante introducción “Escribir hacia atrás”, volumen que preside el precioso poema “El mandato” de nuestra Yolanda Pantin(País. Caracas: Fundación Bigott,2007,p.28). Al explorar el tema lo hace a través de la obra de cinco escritores latinoamericanos, a uno de los cuales Sergio Chejfec(1956) conocemos. Pero leído, y deteniéndonos en su tan sugerente prefacio, se nos ocurre proponerle que un día aplique a nuestras letras de esos mismos espacios, los de la herencia y la memoria, todos los elementos teóricos que aquí nos presenta.
Esquema de la Poesia Venezolana
Deseamos trazar, para los estudiosos y lectores de nuestra literatura que siguen nuestras reuniones, el esquema de la poesía venezolana, hecho, desde luego desde el ángulo peculiar de nuestra propia comprensión de su proceso.
En verdad si echamos una mirada a lo hecho por nuestros aedas y nos detenemos en el primer siglo del vivir venezolano, el XVI, ya que del XV apenas tuvimos tres años, debemos mencionar a Juan de Castellanos(1522-1607), hacia finales de ese siglo publicó sus Elegías del varones ilustres de Indias(Madrid: Viuda de Alfonso Gómez,1589.202 p.). Y decimos que este fue nuestro primer poeta porque si bien cronológicamente existe otro fue Castellanos el primero en haber vivido entre nosotros, haber sentido y padecido la tierra venezolana en sus pasos por Cubagua, Margarita, Coro y sitos del golfo de Venezuela. El anterior que hemos mencionado se llamó Pedro de la Cadena(c1438-c1607) y no lo contamos porque nunca estuvo aquí, no sintió ni olió nuestra tierra ni supo como eran nuestras gentes de aquellos remotos tiempos. Su poema lo pudo hacer tras escuchar del fundador de Cumaná, Diego Fernández de Serpa, la historia de sus aventuras. Se trata de Los actos y las hazañas valerosos del capitán Diego Fernandez de Serpa, compuesto por allá por 1563-64. El texto de Pedro de la Cadena se imprimió por vez primera en 1973 gracias al historiador Pablo Ojer(1923-1996) y el poeta Efraín Subero(1931-2007) en El primer poema de tema venezolano. (Caracas: Ministerio de Educación, UCAB,1973.436 p.). Perdónese lo erudito del punto pero son tan escasas las noticias literarias de nuestros siglos coloniales que hay que detenerse en esto, porque de hecho, por ejemplo, de nuestra primera poeta, y primera escritora, Sor María de los Ángeles, María Josefa de la Paz y Castillo(1765-c1818), solo conocemos dos poemas. Porque en el tiempo que sigue de Juan de Castellanos a Andrés Bello(1781-1865), hasta 1800, año del que data el primer poema de don Andrés, lo que hallamos son textos sueltos, casi sin unidad ni continuidad, a nuestro entender por el hecho de no haber poseído imprenta el país hasta 1808.
Bello fue el padre fundador, de nuestra poesía y de la literatura autónoma latinoamericana, nuestro libertador cultural. Fue el quien trajo el romanticismo con el que se contagió en sus años en Londres, sin embargo, pese a su influencia en algunos de nuestros aedas, los “poetas bellistas” estudiados por Lubio Cardozo(1938) en La poética de Andrés Bello y sus seguidores(Caracas: Academia Nacional de la Historia,1981.123 p.) la lección del prístino romanticismo bellista no fue escuchada, y esta venía de una de sus raíces originales: la inglesa.
Dentro del país figuras claves dentro del siglo XIX fueron José Antonio Maitín(1804-1874), el primer romántico y Juan Antonio Pérez Bonalde(1846-1892), el mayor poeta de ese siglo, romántico auténtico, romántico crepuscular como lo fue Gustavo Adolfo Becquer(1836-1870) en España. Si bien Maitín aclimató el romanticismo el suyo venía del hispano de José Zorilla(1817-1893) y era, como dijo Octavio Paz(1914-1998) de esta escuela en América Latina, “reflejo de un reflejo”(Los hijos del limo. Barcelona: Seix Barral,1974,p.122). En cambio Pérez Bonalde fue genuino por venir el suyo de la propia raíz de aquel movimiento: Alemania. Lo inspiró Heinrich Heine(1797-1856) a quien además vertió a nuestro lengua, fue considerado, por don Marcelino Menéndez Pelayo(1856-1912) el mejor traductor castellano del bardo germano. Es por ello que podemos decir que pese a la importancia del movimiento romántico en el mundo occidental, el nuestro fue parco y escaso. Solo en prosa podemos exhibir una obra a nivel continental, la Biografía de José Felix Ribas(Caracas: La Revista Literaria,1865) de Juan Vicente González(1810-1866) y, desde luego, el bello escribir del agónico Pérez Bonalde. Pero fue tan yerma la tierra del romanticismo latinoamericano que al lado de estos solo podemos nombrar otras nueve obras. Y ello pese a haber sido aquel todo un terremoto, un cambio de señal porque como dijo el maestro Paz: “El romanticismo fue un movimiento literario, pero asimismo fue una moral, una erótica y una política. Sino fue una religión fue algo más que una estética y una filosofía: una manera de pensar, sentir, enamorarse, combatir, viajar”(Los hijos del limo,p.89).
El siglo XX es el de la madurez de nuestra literatura, la que puede ser vista como el proceso del ascenso creador, tal es su riqueza generación tras generación. En ella serán figuras centrales, Salustio González Rincones(1886-1933), los poetas de 1918, entre los que para muchos resalta José Antonio Ramos Sucre(1890-1930) pero también Fernando Paz Castillo(1893-1981), Rodolfo Moleiro(1898-1970), Enriqueta Arvelo Larriva(1886-1962) e incluso Andrés Eloy Blanco(1896-1955), el sentido más lírico de su decir ha sido poco comprendido hasta ahora; le siguen los del grupo Viernes(1939-1941) con Vicente Gerbasi(1913-1992) y Luis Fernando Alvarez(1901-1952) a la cabeza; en medio solo hallamos a Juan Liscano(1915-2001), que fue a la vez el gran vigía de nuestra evolución literaria contemporánea; los de 1942 entre los que resalta por encima de todos Juan Beroes(1914-1975), dado el sostenido aliento de su escribir; entre ellos encontramos a Ida Gramcko(1924-1994) y Ana Enriqueta Terán(1918). En los mismos años cuarenta, aunque no ha sido considerado entre los de Contrapunto(1948-1950), un grupo más de narradores, sobre todo de maestros del cuento que de poetas, encontramos a Juan Sánchez Pelalez(1922-2003), fragmentos de Elena y los elementos(Caracas: Ediciones Garrido,1951.46 p.) fueron impresos en aquella gaceta(revista Contrapunto, n/ 5,1949,p.59-61); el gran empuje de Sánchez Peláez y el surrealismo, que fue proyectado desde Luis Fernando Alvarez, Sánchez Peláez y José Lira Sosa(1930-1995), de hecho Sánchez Peláez y Lira Sosa aparecen en las páginas de País portátil(Barcelona: Seix Barral,1969. 278 p.) de Adriano González León(1931-2008). Sánchez Peláez se proyectó, y está vivo, sobre los poetas de las generaciones siguientes, desde los sesenta hasta ahora. De los sesenta nombres centrales son Guillermo Sucre(1933), Francisco Pérez Perdomo(1930) y Ramón Palomares(1935) entre los de Sardio; Miyó Vestrini(1938-1991) la mas alta de Apocalipsis(1955-1958), aunque no publicó su primer libro hasta los setenta: Las historias de Giovanna(Caracas: Editorial Tiempo Nuevo,1971.45 p.); Rafael Cadenas(1930) entre los de Tabla Redonda(1960); Juan Calzadilla(1931), nuestro primer poeta urbano gracias a Dictado por la jauría(Caracas: El Techo de la Ballena,1962.22 p.) y solitario, como siempre fue, está una figura tan grande como la de Eugenio Montejo(1938-2008).
Y con esos fundamentos a través de la intensa creación que veremos en las siguientes décadas, figuras como Hanni Ossott(1946-2002), poeta siempre angustiada, fue la principal figura de la generación de 1968, momento aun no historiado; Alejandro Oliveros(1948) por los aires anglosajones y clásicos de su decir; William Osuna(1948) en el registro ácido de la urbe; María Auxiliadora Alvarez(1956) con sus mil dolores mujeriles; Miguel James(1956), cantor del amor; Edda Armas(1955), con su maestría en el cultivo del poema brevísimo; María Clara Salas(1947) con su particular acento filosófico.
Así llegamos a los nombres de Armando Rojas Guardia(1949), Yolanda Pantín(1954), altísima figura de nuestra poesía, Igor Barreto(1952) en quien el llano ha vuelto a tener eco; Rafael Arraíz Lucca(1959), quien atrapa en sus metros la luz de Caracas y Leonardo Padrón(1959) a quien la mujer y la ciudad incitan y, desde allí, todos aquellos que aparecen en la antología En-obra(Caracas: Equinoccio,2008.553 p.) de Gina Saraceni, para cuyo análisis nos hemos reunido esta tarde.
Una Observacion Más
Aquí, para cerrar estas consideraciones, es bueno hacer una observación a algo que se señala en editorial del número 7 de la revista El Salmón, no está firmado, pero lo suponemos de Willy McKey(1980). Allí se critica una cierta insensibilidad de nuestra crítica literaria para comprender la obra de González Rincones, de Ramos Sucre, Luis Fernando Álvarez, e incluso podría hacerse extensiva a María Calcaño(1906-1956). En verdad no hubo tal silencio o incomprensión por los menos por tres razones: para comprobarlo basta leer las reseñas que en su tiempo los propios críticos e intérpretes escribieron, cuando se publicaron las primeras ediciones de sus libros, esto es singular en el caso de Ramos Sucre. De Luis Fernando Álvarez deberían verse, entre otras, las reseñas de Pascual Venegas Filardo(1911-2003) y Ulrich Leo(1890-1964), entre otras.
En segundo caso porque todas las generaciones siempre buscan a sus propios autores, a sus libros de cabecera, y ese el caso de los actuales creadores, como de la gente de El Salmón.
Y en tercer caso porque hay autores abresurcos, quienes escriben para más tarde, y son las nuevas promociones literarias las que los descubren y hacen suyos, el propio Ramos Sucre dijo que estaba seguro del sentido de su obra, “creo en la potencia de mi facultad lírica”(Octubre 25,1929) escribió a su hermano Lorenzo, su gran confidente(Obra poética. México: Fondo de Cultura Económica,1999,p.463), que sería entendido cuarenta años después. Y sucedió. Solo que solo a veinte y seis años de su deceso cuando Juan Calzadilla(1931) llamó la atención en dos artículos sobre el sentido de su hacer(“Ramos Sucre y nosotros”, El Universal, Caracas: Noviembre 29,1956 y “Ramos Sucre y la nostalgia heroica”, El Nacional, Caracas: Noviembre 6,1956) que fueron los iniciadores de su recuperación. Esta es una constante dialéctica de lo literario, de la creación con la palabra.
El caso de González Rincones estriba en el hecho de que sus poemarios no solo fueron publicados bajo seudónimo, Otal Susi, su anagrama, sino en ediciones privadas, impresas en París, fuera de comercio, practicamente solo circularon entre sus amigos. Solo hubo una excepción, el poemario Balnai(Caracas: Editorial Elite,1933. 36 p.) publicado después de su fallecimiento, texto considerado por Jesús Sanoja Hernández(1930-2008) no digno de antologizarse. González Rincones no llegó a volver a pisar tierra venezolana, dejó de existir en el barco que lo traía de regreso en 1933, después de largo destierro(1910-1933), al menos literario pues en esos años actuó en nuestra diplomacia en Paris y Ginebra. Fue un escritor de gran modernidad, se le ha conocido gracias al impulso del doctor Ramón J.Velasquez (1916), quien fue quien lo hizo conocer al auspiciar la Antología poética(Caracas: Monte Ávila Editores, 1977. 207 p.;2ª.ed.Caracas: Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses,1994.207 p.) preparada por Sanoja Hernández y más tarde la edición de buena parte de sus piezas teatrales y primeros textos(Salustio González y La Alborada. Caracas: Celarg,1998.462 p.), de importancia también en el proceso de modernidad de nuestra escena. La primera vez que escuchamos hablar de este poeta fue a través del doctor Velásquez, vimos que los poemarios estaban en nuestra Biblioteca Nacional. Algún día habrá que pensar en una edición completa de los siete, bien antologados por Sanoja Hernández (Corridos sagrados y profanos,1922; Trece sonetos con estrambote,1922; Siete sonetos de color, 1928; Yerba santa,1929;Viejo jazz,1930;Cantando germinan,1932.151p.), algunos con supuestas traducciones de textos de su propia cosecha sin duda, sin duda texto apócrifos, los cuales han sido bien entendidos en nuestro días. Podría ser considerado un “raro”, en el sentido de Rubén Darío(1867-1916), por su novedad como de alguna forma lo fue Ramos Sucre. Y, también, María Calcaño por abrir la forma como la mujer expresaría su mundo íntimo.
En-Obra
En-obra, la antología alrededor de la cual nos reunimos, es la de de una poesía en creación cada día, en movimiento, Gina Saraceni la llama “en-obra” pero tiene el mismo sentido de aquella muestra que tanto leyó nuestra generación de la “poesía viva” que hace décadas compilara Aldo Pellegrini(1903-1973) con la latinoamericana de los sesenta(Antología de la poesía viva latinoamericana. Barcelona: Seix Barral, 1966.317 p.), en aquel momento ya aparecían entre los elegidos Sánchez Pelaez, Cadenas, Pérez Perdomo y Palomares. Suya es también la Antología de la poesía surrealista latinoamericana(México: Joaquín Moritz, 1974. 243 p.) en donde presenta a Ramos Sucre como uno de los antecedentes de aquel movimiento que fue por cierto el mismo Peregrini quien estableció en América Latina.
De 1983 a 2008
Apunta Gina Saraceni: “En-obra nace del propósito de realizar una selección de poetas venezolanos nacidos entre 1960 y 1980 para mostrar las tendencias poéticas que han surgido en nuestro país en los últimos veinte y cinco años…decidí llevar a cabo este trabajo asumiendo las limitaciones del género, como también las propias de mi gusto como lectora, para proponer un recorrido por algunas voces de nuestra poesía reciente”(p.13-14). Es decir, están aquí, pasados por la criba de la lectura y el análisis crítico literario, aquellos y aquellas cuyas obras comenzaron a publicarse desde, más o menos, el comienzo o mediados de los años ochenta cuando ya algunos eran ventiañeros y hasta, más o menos, el 2005.
Indica Gina Saraceni “La mayoría de los libros seleccionados son de los años noventa y la primera década del 2000, con la salvedad de las óperas primas de Alberto Barrera Tyzska(1960), Patricia Guzmán(1960), Luis Pérez Oramas(1960), Alicia Torres(1960), José Antonio Yepes Azparren(1960), Cristina Falcón Maldonado(1963), Jacqueline Goldberg(1966) y Sonia González(1964) que muestran tópicos y tendencias de la década anterior”(p.14). Y ello porque la generaciones literarias, como en el tiempo histórico, están encabritados el antes y el ahora. Para Gina Saraceni los más destacados de la analecta son Barrera Tyzska, Pérez Oramas, Patricia Guzmán, Yepes Azparren, Alicia Torres, Sonia González y Jacqueline Goldberg.
Indica a la vez: “intenté levantar un mapa representativo de poéticas, estilos y propuestas de los últimos diez y ocho años”(p.14), es decir de 1990 al 2008.
“Quiero aclarar, anota, la razón de la incorporación de Martha Kornblith(1959-1997) a este trabajo, a pesar de que su año de nacimiento es un año anterior a la de los primeros poetas antologados. Se trata de una excepción que halla su justificación en la necesidad…de darle… una visibilidad mayor a la que la crítica le ha otorgado. Al cumplirse diez años de su muerte me parece necesario volver a escuchar su voz con oído atento, reconocer en su canto honesto y desgarrado, temerario y lúcido, una poética del malestar y de la inconformidad que recupera y actualiza el legado de algunas de las voces de los sesenta, y a la vez propone una mirada novedosa sobre los vínculos entre poesía, enfermedad e identidad”(p.15).
Y “con relación al título. En-obra busca romper con la idea de la poesía como estado de gracia o de inspiración ocasional, y con la del poeta-vate, revelador de verdades y certezas, para plantear, más bien, el ejercicio poético como trabajo de búsqueda incesante, como laboratorio de experimentación, como ‘edificio en construcción’ a través del cual el poeta se enfrenta con la materia, el lenguaje, para escucharla, explorarla, despojarla, reconstruirla y hasta destruirla. Una poesía para la que el proceso de la escritura, ese hacerse lenguaje del lenguaje, ese estado en-obra, abierto a la reescritura, al error, a la corrección, a las múltiples posibilidades del sentido, es la voluntad de seguir”(p.16). Y continúa: “el obrar-la-obra como acción inconforme, insatisfecha, precaria, que se aproxima al lenguaje para tantear sus posibilidades, para explorar sus inagotables formas de decir, para explorar las experiencias más diversas, desde las más personales e íntimas hasta las más intelectuales y colectivas”(p.16).
Estas Dos Décadas
Traza Gina Saraceni el suceso literario de las dos décadas que examina, lo hace, desde luego, a través de las obra de los poetas elegidos, pero nos muestra lo que podemos llamar lo socio-histórico de la sociedad, la nuestra, en la que escriben estos creadores.
Son dos tiempos distintos pues es diverso, con su grave problemática, incluso cultural, lo que se vivió entre 1983-1999 y lo que hemos vivenciado, siempre con dolor y tormento, al ver la destrucción de la nación, en los últimos doce años.
Es evidente, y ella lo dice, que pese a la constancia del trabajo literario, siempre ha sido así en nuestra literatura, desde muy atrás, había señales desalentadoras desde los noventa, que coincidieron con la crisis nacional, el Viernes Negro(Febrero 18,1983), el Caracazo(Febrero 27,1989), el golpe de Estado(Febrero 4,1992), los trastornos causados por el Paquete Económico perecista, y la propia caída del mismo presidente(Mayo 20,1993). Y desde 1999 “con la llegada del chavismo y la ideologización cada vez más evidente del Estado”(p.17), centralización, alteración, restar la libertad de creación, persecución de los intelectuales, censura dentro de la actividad editorial del gobierno, “un acelerado proceso de mediatización de la sociedad que revela la intención controladora y homogenizadora”(p.18). Así vivenciamos “Los golpes del Estado, la quiebra de los bancos, el paro de 2002, el control estatal absoluto de la industria petrolera y otras empresas privadas, la progresiva instalación del proyecto revolucionario en todas las instituciones culturales del país, el enfrentamiento social, la corrupción, los preocupantes niveles de inflación, la inseguridad y la criminalidad conforman el espacio de surgimiento de los poetas aquí antologazos. Este paisaje quebrado por el resentimiento, la escasez, el desencanto, el escepticismo, el cinismo, el miedo y a la vez, también dinamizado por el desarrollo mediático, el incremento del mercado editorial nacional, los flujos globales, los nuevos modos de producción de escritura genera, paradójicamente, un clima propicio para el ejercicio poético”(p.27).
Pero también está presente el universo entero, es insoslayable, la crisis final del socialismo, con su día cenital, el 10 de Noviembre de 1989, con la Caída del Muro de Berlín, pero antecedido por una serie de hechos como las huelgas en Polonia en 1980 y el anuncio de la Perestroika en 1985, con sus lejanos antecedentes en la insurrección húngara de 1956 y en la Primavera de Praga en 1968, verdadero inicio de la caída del socialismo. Nuevos días comenzaron para la humanidad a fines de 1989. Ese es el tiempo que vivimos.
Gina Saraceni está consciente de ello. Escribe: “Las diversas ‘crisis’ que marcan el fin de siglo XX, la crisis de identidad, de la ideología, de la religión, de la representación…causan en lo que respecta al ámbito literario, venezolano y latinoamericano, el surgimiento de estéticas que sospechan de los relatos totalizadores, de la omnipotencia del sentido, de la confianza en la institución literaria y que abren camino para otros acercamientos a la escritura, más conscientes de la derrota y el fracaso del lenguaje en su intento de representar la experiencia del mundo, del amor, de la cotidianidad, de la poesía”(p.26).
Y siguiendo al poeta y crítico Javier Lasarte(1955) señala que a Venezuela, a este estado de de intemperie social, ideológica, estética que caracteriza el fin del siglo XX se suman, a lo largo de los años ochenta “la progresiva acentuación de la crisis económica, vista cada vez más insalvable, los estallidos y tensiones sociales, la pérdida de credibilidad y legitimidad del estamento político, la disolución de proyectos políticos alternativos…la entronización de la corrupción, la ‘pobrecía’, la violencia urbana”(Al filo de la lectura. Maracaibo: Universidad Católica Cecilio Acosta/Equinoccio, 2005, p.259).
Si ello fue así, también estamos ante un panorama muy pleno, creadoramente hablando, el que tuvimos en los noventa. Y gran importancia a partir del comienzo del nuevo siglo, tal que nuestra literatura vive un momento luminoso, así lo hemos denominado nosotros, y ello en medio del horror que vivimos, la intolerancia y las persecuciones intelectuales.
Es tal el día de hoy que Gina Saraceni nos presenta así este hecho inquietante: “En un país dividido políticamente en bandos al parecer irreconciliables, donde el espacio para el diálogo, la tolerancia, la negociación de intereses y de voluntades se vuelve cada vez más indispensable y donde las instituciones culturales se han resquebrajado en pro de un ‘proyecto renovador’ que busca borrar por todos los medios los vestigios del pasado democrático”(p.22), allí los poetas y la poesía, que es nuestro tema de esta tarde, pero también preocupación de nuestros narradores, los dramaturgos, los críticos, los pensadores, los historiadores, trabajan para registrar lo que sucede y hacer luz en el laberinto.
Así frente a lo que ha sido destruido se observa la acción personal de los escritores, y dentro de los poetas para publicar sus libros, o las revistas, caso reciente de El Salmón, por ejemplo, su contribución al examen de nuestro grupos literarios históricos, caso Apocalipsis(1955-1958) o Trópico Uno(1964-1965), es subrayable y de las diversas páginas virtuales, entre las que se destacó Ficción Breve de Héctor Torres(1968) y todo el universo de los blogs, el e-mail, las páginas web, Facebook, las revistas electrónicas y ahora Twitter. Esa ha sido la salida encontrada por esta generación de escritores, formada por un el tipo de intelectual que viene desde una amplia gama de formaciones, desde las humanidades hasta las ciencias, hecho subrayado por Gina Saraceni. Y con ellos, en su escribir, la “ruptura respecto al tono solemne, hermético, ‘nocturno’ de la poesía de los sesenta”(p.24) y el surgimiento “de una conciencia creativa crítica”(p.25) de la que ha hablado Luis Miguel Isava(“La desbordante pulsión de la palabra poética”, Revista Iberoamericana, Frankfurt, n/ 2-3(1978),p.220).
Qué es lo que Hallamos
Lo que Gina Saraceni encontró nos puede ser más interesante, más vivo, eso mismo que sentimos cuando habríamos los poemarios de estos bardos y leemos con emoción, tocándonos el alma lo que hallamos.
Ella halló al menos diez rasgos, según nuestra propia síntesis.

    “la orfandad y el desencanto como formas de habitar el mundo y de enfrentarse al hecho poético…El desvío, la arrancia, la errata, la perplejidad, la extranjería, la intemperie, constituyen su proceder en el mundo. Su saber de lo precario, de lo roto, de lo fragmentario. Su idioma: el balbuceo, la mudez…asume la pérdida y la derrota…En esas voces no hay lamentación, ni tampoco resignación”(p.28-29);
    "es la referencia a la cotidianidad y el afuera como espacio de introspección”(p.29);
    'explora la cotidianidad…Se trata de una aproximación nostálgica y melancólica de los espacios que habitamos a diario, un registro de esa ‘épica mínima’ que pasa desapercibida porque se vuelve rutinaria y de la que Arturo Gutiérrez Plaza…es sin duda una de las voces más contundentes”(p.30-31), tal podrían ser los casos de poemas suyos como “Al calor de los manteles” o “Las casas; Alfredo Herrera Salas(1962), Luis Enrique Belmonte(1972), quien “reprenda el ‘desastre’ de lo cotidiano, esa ‘geografía que se desploma’”(p.31) o Luis Moreno Villamediana(1966);
     Gabriela Kizer(1964), con su “contra épica de la cotidianidad”(p.32);
    "La poética del fracaso y de la derrota”(p.33), casos de Martha Koornblith y Teresa Casique(1960);
    "Cabe destacar la tendencia una tendencia…la casa de la infancia, los vínculos de sangre, los legados familiares, las figuras tutelares, abuelos, padre, madre, el regreso a la raíces…vivimos en una época en la que los vínculos afectivos están marcados por la brevedad y el olvido, en que las relaciones se construyen a partir de ‘otros modos de estar juntos’ que no pasan necesariamente por el hecho de compartir físicamente las experiencias o por pertenecer a un mismo lugar o cultura, lo que causa, como consecuencia, una relectura del origen y de las herencias familiares sin la pretensión de restituir ese pasado sino, más bien, de asumirlo como espacio inconcluso y problemático abierto a la reescritura”(p.34-35). Aquí desde luego cabe la amistad y la hermandad, como se ve en los versos de Patricia Guzmán. Aquí ejemplifica la antologista también a través Pérez Oramas, Gutiérrez Plaza y Carmen Verde Arocha(1967);
    “El tópico del viaje en su dimensión más clásica, como experiencia de naufragio y aprendizaje, de aventura y navegación”(p.37), como lo observa en Odette da Silva(1978), Jorge Vessel(1979) y Gregory Zambrano(1963);
    "imaginarios culturales ajenos y/o exóticos, el medioeval, el mitológico, el bíblico, como la presencia de la intertextualidad, la cita literaria o musical, la referencia histórica o la cultura cibernética como una forma de reflexionar críticamente sobre la identidad, el amor, el oficio poético, la condición femenina, la cultura mediática”(p.37), evidentes en Alicia Torres, María Antonieta Flores(1960), Sonia Chocrón(1961), Belén Ojeda(1961) y Beatriz Alicia García(1966);
    “La experiencia de la ciudad…la ciudad de ahora se desintegra, se vuelve espectral, niega sus calles, se vuelve campo de batalla y trinchera, mata a sus habitantes y, a los que sobreviven, los obliga a replegarse en los recintos domésticos”(p.38), lo que ejemplifica a través de Sin freno concebido(Caracas: Actum,2006) de José Tomás Angola(1967);
    “La crítica le ha atribuido un lugar central a la poesía escrita por mujeres”(p.39). Así “La doncella, la madre, la esposa, la hermana, la abuela, la concubina, la amante, la escritora son motivos central” varios de los libros”(p.39), tal los casos de Alicia Torres, Sonia Chocrón y Astrid Lander(1962). Aquí subraya sobre el escribir de Patricia Guzmán que ”constituye una referencia ineludible en este ámbito por la solemnidad y compostura con que el amor, como potencia erótica, se vuelve aquí ritual y ceremonia sagrada para asumir la imposibilidad del deseo y de la palabra que lo nombra”(p.39). Hay también un sesgo religioso en modo de mirar la realidad, bien imbricado desde de la mística española del siglo de Oro. Para ella María Antonieta Flores “también explora la temática amorosa y erótica a través de una voz ‘apenas’, de la hipótesis diferida, de la multiplicidad de máscaras y figuras que revelan la ‘escacez interminable’ y el ‘muy lejos’ del cuerpo mujer-lenguaje”(p.39).
Reflexión sobre el lenguaje, inevitable en el ejercicio poético.

Para Cerrar
Este es apenas un repaso de un libro muy rico, tan opulento como lo es nuestra creación poética de estos días, como lo es nuestra literatura de este presente, tanto que para tener una completa visión de lo que hallamos en En-obra y lo que sucede debemos mirar los otros géneros y observar lo que cada uno nos dicen porque toda literatura debe ser vista, según nuestra mirada, como unos vasos comunicantes, cuyo fundamento, raíz y cimiento es siempre la poesía. Y ello, porque como dice Octavio Paz, siempre maestro, “el universo es una escritura cifrada, un idioma en clave, ‘que es el poeta, en el sentido más amplio, sino un traductor, un descifrador’(Baudelaire)… escribir un poema es descifrar al universo solo para cifrarlo de nuevo. El juego de la analogía es infinito: el lector repite el gesto del poeta en el poema del lector”(Los hijos del limo,106-107). Eso es la poesía y por ello, como dijo Friedrich Hölderlin(1770-1843), “lo que dura es obra de poetas”. ¡Que así sea hoy y mañana!. Y gracias a Gina Saraceni por permitirnos mirarlo con tanta luz.

(*) Leído en la sesión del Círculo de Lectura de la Fundación Francisco Herrera Luque, celebrada en su sede de la Biblioteca Los Palos Grandes, Caracas, la tarde del martes 7 de Junio de 2011.

Fuente: http://www.arteenlared.com/lecturas/articulos/en-obra-poesia-venezolana.html

Breve nota LB:  La obra luce atractiva y fundamental.  Incluimos una reseña pequeña de la portada en la que aparece Sonia Gozález. Mucho antes de la fecha indicada, la descubrimos gracias a los espacios literarios de la prensa escrita que ahora no existen o escasean, siendo generosos. Ella y otros poetas nos prendaron casi inadvertidamente. De pronto, buscábamos las antologías en la Biblioteca Nacional cuando no, adquiríamos el ejemplar. Era la Venezuela de antes, la del ejercicio crítico que nos fue tan útil: crítico y libérrimo en beneficio de los lectores más legos. Días más lejanos, en la que destacaban los muchachos del grupo Tráfico y del Guaire, atrreviéndonos a mirotear lo que escribían...

viernes, 11 de enero de 2013

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Pedro Salinas. "Los nuevos socialistas". Tribuna Popular, Caracas, 03/07/1981.
- Carlos Rangel. "El futuro del capitalismo". El Nacional, Caracas, 16/09/72.
- "El problema del siglo XX es impedir que se forme una gigantesca cosmocracia", advirtió Luis García Arias, profesor de derecho internacional invitado por la Facultad de Derecho de la UCV al evento "Aspectos jurídicos de la guerra moderna". El Nacional, 27/10/57.
- R.J.  Lovera de Sola y "Reflexiones de La Rábida" de Rafael Caldera". Resumen, Caracas, nr. 169 del 30/01/77.
- Aura Torrealba entrevista a Luis Herrera Campíns. Elite, Caracas, nr. 3427 del 17/09/91.

Fotografía y nota LB:

Por una parte, Luis Miquilena, en nombre de los trabajadores autobuseros, y Julio Santiago Azpúrua, usufructuario (SIC) de "Colectivos Caracas", firman el contrato colectivo de la empresa que sustituirá a ésta, "Autobuses Metropolitanos". En la gráfica, Ignacio Luis Arcaya, abogado de Azpúrua. Fotografía: Francisco Edmundo "Gordo" Pérez (El Nacional, Caracas, viernes 29/12/44). Agreguemos, el evento tuvo una amplia difusión, pues ocupó a otros diarios y revistas de la ciudad capital. Probablemente, haya tesis de grado referidas a una historia del transporte público de Caracas y otras localidades del país, política, sindical y jurídicamente entendida. Nuestra pobreza editorial impide conocerla, y - desafortunadamente - la amplísima documentación hasta de carácter registral, debe licuar el polvo de los archivos oficiales.


Por otra, Gehard Cartay publicó en Facebook una interesanttísima fotografía con la siguiente leyenda:  "A propósito del 67 aniversario de Copei: Luis Herrera Campíns, entonces jefe de la Fracción Parlamentaria de Copei en el Congreso Nacional, de gira por Barinas en 1967. En esta foto, captada en la Plaza Zamora, lo acompañan el secretario general de JRC, Gehard Cartay Ramírez, a su izquierda, y a la derecha, Alberto Suárez, dirigente nacional juvenil, y Abelardo Vásquez. Atrás están Ezequiel Quevedo, Héctor Arias y Carlos Enrique Behrends, junto a Froilán López, dirigente de base. Nótese el uniforme del Liceo O´Leary que portan aquellos jóvenes".

Inevitable, finalmente, consignaremos nuestro comentario: no constituye patología alguna la reminiscencia de los viejos tiempos. Abulta demasiado una elemental distinción entre los viejos y nuevos elencos de la política venezolana. Hubo continuidad, incluso, para disentir. Mucho y muchos tememos que, en quiebra, debemos comenzar otra vez a construir esos elencos. Tradición de futuro, las diferentes generaciones políticas no se decretan, ni salen de una caja de detergentes. Incluso, una tradición que hace posible la disidencia creadora. Estamos agradecidos con Gehard por las imágenes que aporta.

domingo, 6 de enero de 2013

FILO-SOFÍA (1)

EL PAÍS, Madrid, 30 de Diciembre de 2013
EL NACIONAL - Domingo 06 de Enero de 2013     Siete Días/6 Opiniones
Sartre y sus ex amigos
MARIO VARGAS LLOSA

Estaba ordenando el escritorio y un libro cayó de un estante a mis pies. Era el cuarto volumen de Situations (1964), la serie que reúne los artículos y ensayos cortos de Sartre. Lo encontré lleno de anotaciones hechas cuando lo leí, el mismo año que fue publicado. Comencé a hojearlo y me he pasado un fin de semana releyéndolo. Ha sido un viaje en el tiempo y en la historia, así como una peregrinación a mi juventud y a las fuentes de mi vocación.
Sus libros y sus ideas marcaron mi adolescencia y mis años universitarios, desde que descubrí sus cuentos de El muro, en 1952, mi último año de colegio. Debo haber leído todo lo que escribió hasta el año 1972, en que terminé, en Barcelona, los tres densos tomos dedicados a Flaubert (El idiota de la familia), otra de las tetralogías que dejó incompletas, como las novelas de Los caminos de la libertad y su empeño en fundir el existencialismo y el marxismo, Crítica de la razón dialéctica, cuya síntesis final, prometida muchas veces, nunca escribió. Después de veinte años de leerlo y estudiarlo con verdadera devoción, quedé decepcionado de sus vaivenes ideológicos, sus exabruptos políticos, su logomaquia, y convencido de que buena parte del esfuerzo intelectual que dediqué a sus obras de ficción, sus mamotretos filosóficos, sus polémicas y sus ucases hubiera sido tal vez más provechoso consagrarlo a otros autores, como Popper, Hayek, Isaías Berlin o Raymond Aron.
Sin embargo, confieso que ha sido una experiencia estimulante ­algo melancólica, también­ la relectura de su polémica con Albert Camus del año 1952, sobre los campos de concentración soviéticos, de su recuerdo y reivindicación de Paul Nizan, de marzo de 1960, y del larguísimo epitafio (casi un centenar de páginas) que dedicó a la memoria de su compañero de estudios, aventuras políticas y editoriales, amigo y adversario, el filósofo Maurice Merleau-Ponty (1961).

Era un soberbio polemista y su prosa, que solía ser siempre inteligente pero seca y áspera, en el debate se enardecía, brillaba y parecía insaciable su afán de aniquilación conceptual de su contrincante. No se equivocó Simone de Beauvoir cuando dijo de él que era "una máquina de pensar", aunque habría que añadir que ese intelecto desmesurado, esa razón razonante, podía ser también, por momentos, fría y deshumanizada como un arenal. Leída hoy, no cabe la menor duda de que su respuesta a Camus era equivocada e injusta, y que fue el autor de El extranjero quien defendió la verdad, condenando la muerte lenta a que fueron sometidos millones de soviéticos en el Gulag por el estalinismo a menudo por sospechas de disidencia totalmente infundadas y sosteniendo que toda ideología política desprovista de sentido moral se convierte en barbarie. Pero, aun así, los argumentos que esgrime Sartre, pese a su entraña capciosa y sofística, están tan espléndidamente expuestos, con retórica tan astuta y persuasiva, tan bien trabados e ilustrados, que suscitan la duda y siembran la confusión en el lector. Arthur Koestler pensaba en Sartre cuando dijo que un intelectual era, sobre todo en Francia, alguien que creía todo aquello que podía demostrar y que demostraba todo aquello en que creía. Es decir, un sofista de alto vuelo.
La evocación de Paul Nizan (1905-1940), su condiscípulo en el liceo Louis le-Grand y en la École Normale Supérieure, a quien lo unió una amistad tormentosa, es soberbia y ­adjetivo que rara vez merecían sus escritos­ conmovedora. Hijo de un obrero bretón que, gracias a su talento, recibió una educación esmerada, Nizan fue muchas cosas ­un dandy, un anarquista, autor de panfletos disfrazados a veces de novelas que seducían por su violencia intelectual y su fuerza expresiva­ antes de convertirse en un disciplinado militante del Partido Comunista. Cuando el pacto de la URSS con la Alemania nazi, Nizan renunció al partido y criticó con dureza esa alianza contra natura. Poco después, apenas comenzada la Segunda Guerra Mundial, murió en el frente de una bala perdida. Pero su verdadera muerte fue la pestilencial campaña de descrédito desatada por los comunistas para envilecer su memoria.

Camus rompió con Sartre por la cercanía de éste con el partido; Nizan, por las diferencias y reticencias que guardaba con aquél. En su ensayo, que sirvió de prólogo a Aden, Arabie, Sartre hace un recuento muy vivo de la fulgurante trayectoria de ese compañero que parecía destinado a ocupar un lugar eminente en la vida cultural y que cesó, de aquella manera trágica, a sus 35 años.
En tanto que, cuando refuta a Camus, aparece como un perfecto compañero de viaje, en el que dedica a defender la vida y la obra de Nizan, Sartre es un debelador implacable del sectarismo dogmático que cubría de calumnias infames a sus críticos y prefería descalificarlos moralmente antes que responder a sus razones con razones. El ensayo es también una premonición de lo que podría llamarse el espíritu de Mayo de 1968, pues en él Sartre propone a Nizan como un ejemplo para las nuevas generaciones, por haber sido capaz de romper los moldes ideológicos y las convenciones y esquemas dentro de los que se movía la izquierda francesa, y haber buscado por cuenta propia y a través de la experiencia vivida un modo de acción ­una praxis­ que acercara el medio intelectual a los sectores explotados de la sociedad.

El ensayo sobre MerleauPonty es, también, una autobiografía política e intelectual, un recuento de los años que compartieron, como estudiantes de Filosofía en la École Normale Supérieure, su descubrimiento de la política, del marxismo, de la necesidad del compromiso, y, sobre todo, su toma de conciencia del odio que les inspiraba el medio burgués de que ambos provenían. Este odio impregna todas las frases de este ensayo y se diría que, a menudo, es él, antes que las ideas y las razones, y antes también que la solidaridad con los marginados, el que dicta ciertas tomas de posición y pronunciamientos de los dos amigos. Sartre es muy sincero y poco le falta para reconocer que, en su caso, la revolución no tiene otro objetivo primordial que borrar de la tierra a esa clase social privilegiada, dueña del capital y del espíritu, en la que nació y contra la que alienta una fobia patológica. En este ensayo aparece la famosa afirmación sartreana ("Todo anticomunista es un perro") que llevó a Raymond Aron a preguntar a Sartre si había que considerar a la humanidad una perrera.

 Merleau-Ponty fue el último de los intelectuales de alto nivel con los que Sartre fundó Les Temps modernes, en romper con la revista que, durante años, fue para muchos jóvenes de mi generación una especie de biblia política. A partir del alejamiento de Merleau-Ponty, en los años cincuenta, sólo quedarían con Sartre los incondicionales, que, durante toda la Guerra Fría, aprobarían sus idas y venidas y sus retruécanos a veces delirantes en esa danza sadomasoquista que vivió hasta el final con todas las variantes comunistas (incluida la china de la Revolución Cultural).
Este ensayo impresiona porque muestra la fantástica evolución de Europa en el medio siglo transcurrido desde que se escribió. Cuando Sartre lo publica, la URSS parecía una realidad consolidada e irreversible. La Guerra Fría daba la impresión de poder transformarse en cualquier momento en guerra caliente y, aunque Sartre y Merleau-Ponty discrepan sobre muchas cosas, ambos están convencidos de que la tercera guerra mundial es inevitable y que, una vez que estalle, el Ejército soviético tardará muy poco en ocupar toda Europa Occidental.
La política impregna hasta los tuétanos la vida cultural en todas sus manifestaciones y los extremos apenas dejan espacio a un centro democrático y liberal que tiene pocos defensores en el mundo intelectual.
No sólo Sartre y Merleau-Ponty ven en de Gaulle y la Quinta República un fascismo renaciente y en Estados Unidos un nuevo nazismo. Semejante disparate es en aquellos años de esquematismo e intolerancia un lugar común. Produce vértigo que pensadores que nos parecían los más lúcidos de su tiempo se dejaran cegar de ese modo por los prejuicios políticos.
Ahora bien. Pese a las orejeras ideológicas que delatan, aquellos debates tienen algo que en el mundo de hoy ha sido barrido por, de un lado, la banalidad y la frivolidad, y, por otro, el oscurantismo académico: la preocupación por los grandes temas de la justicia y la injusticia, la explotación de los más por los menos, el contenido real de la libertad, cómo conciliar ésta con la justicia e impedir que sea sólo una abstracción metafísica, etcétera.

En nuestros días los debates intelectuales tienen un horizonte muy limitado y transpiran una secreta resignación conformista, la idea de que aquellas utopías de los tiempos de Sartre y Camus han quedado para siempre erradicadas de la historia. Hoy por hoy, tratándose de política, el sueño está prohibido, ya sólo son admisibles los sueños literarios y artísticos.

Nota LB:

Por una parte, nos llamó la atención una fotografía hogareña, en la que dos personas conversaban respaldadas – entre otras – por la fotografía en blanco y negro de Sartre.  Aparecida en las redes sociales (Ana Sosa / Facebook, 14/12/12), nos hizo meditar sobre la suprema importancia mediática alcanzada por el hoy olvidado. Le escribimos a Ana en dos ocasiones, obteniendo la debida autorización para su publicación y la identificación de las personas en cuestión: Elisa Arráiz Lucca y Roberto Lovera de Sola, dueño de casa, departen bajo la cámara de Sosa.
Por otra, casualmente, Vargas Llosa después escribe sobre el agitador de Paris del ’68,  como antes lo fue – devenido profeta – de los movimientos insurreccionales latinoamericanos, a raíz de la defensa personal y escrita del proceso cubano. Por ello, ejemplificándolo, recordamos y traemos a colación un comentario suelto, publicado en Crítica Contemporánea, Caracas (nr. 5 de mayo-junio de 1961).  Sin dudas, tamaña demostración de amistad, generó muchísimos amigos en este lado del mundo que, sobrevivientes, ya ni lo mencionan.
Finalmente, de arriba hacia abajo, nos hicimos de varias ilustraciones: la de Manuel Vicent (El País), seguida por las de un autor desconocido (tomada de la red), Ugo (El Nacional), y otro autor insuficientemente identificado,  que apareció en Crítica Contemporánea, Caracas (nr. 1 de mayo-junio de 1960), con un texto de Juan Nuño sobre el teatro sartreano,  seguramente comprendido en un libro ulterior sobre el francés, publicado – si mal no recordamos – por la UCV. Empero, es necesario observar la meritoria ilustración de Vicent que contrasta con el igualmente ocupado Ugo, a quien admiramos aunque evidentemente sólo confía en el trazo acostumbrado, sin el ingenio de sus ya antiguos atrevimientos: referido en el blog con anterioridad, es el riesgo de trabajar con los artículos de don Mario aparecidos con anterioridad en diferentes latitudes.