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sábado, 11 de agosto de 2018

¿QUÉ PAÍS SE VIVE?

La manía registral
Luis Barragán


Recientemente, se ha anunciado un Censo Nacional del Transporte, como si ello fuese – en sí mismo – una solución del grave, masivo e inocultable problema. Además de pretender ganar tiempo, (des) organizando el registro, ya son muchas las voces que advierten la formalización del apartheid más social que político.

Virulento e improvisado, el Estado Comunal que, por cierto, lo es en la medida que la dictadura se antoje,  repetidamente torpedea toda noción de institucionalidad capaz de sobrevivir, fuera o dentro de las aguas que lo agitan.  De nada le sirve la data administrativamente reglada del Instituto Nacional de Transporte o de cualesquiera agencia policial interesada, pues, mejor si es posible manual, su reconstrucción tiene los efectos de terrorismo psicológico suficientes, para chantajear a la población en el deslinde que apuesta por una consolidación imposible del poder establecido.

Huelga el comentario respecto a la forzada adhesión al nuevo Estado que sólo se expresa a través de una nomenclatura: en un sentido, por las palabras que identifican un vacío, precisamente el de Estado, y por la dirección exclusivamente ejercida sobre los escombros del que ilusamente desea reemplazarse.  Así como, tras los fraudulentos comicios del anterior y presente año, movieron a los funcionarios del partido, sufragados por el tesoro público, para captar el código digital de los adeptos que lo sufragaron, mediante un móvil celular aplicado al llamado Carnet de  la Patria, luego de cumplidas las supuestas formalidades de la mesa electoral, incapaces de cubrir a todos los escasos simpatizantes,  algo parecido habrá de ocurrir con el penoso trámite de acceder a la gasolina racionada.

Demasiada  obvia la segregación, no solemos reparar en el perverso aumento del combustible que, muy antes, fue materia sensible para la ultraizquierda ahora gobernante, que fue capaz de incendiar literalmente al país con la ligera amenaza oficial del alza, temiendo hoy por una tenue discrepancia. Y tampoco, en la degenerada mentalidad de una mafía de cuño policíaco que, distante de la prestación de los servicios policiales que puede dispensar los datos, tiene por empeño la persecución lo más personal posible de sus adversarios difusos y concretos, fabricando toda suerte de listas para el fusilamiento – por lo menos – moral de quienes saben o adivinan que la rechazan.

Por todos estos años, se ha levantado un censo de las personas que necesitan de vivienda, de los discapacitados requeridos de atención y de todo (im) posible beneficiario de las demandas que peligrosamente se articulan ante el régimen indolente que opta por un registro para atenuarlas y neutralizarlas. Empero, esta vez, augurando un nuevo modelo de negocios, la mafia incurre en el mayor de los descaros con la gasolina e, inevitable, el transporte.

05/08/2018:
http://guayoyoenletras.net/2018/08/05/la-mania-registral/

lunes, 29 de junio de 2015

INMERECIMIENTO



El Estado Censal (y una nota liscaniana)

Luis Barragán

“Nos infecta el afán de poder,
el ansia de dominar
sin merecimiento”
Juan Liscano


Días atrás, la actual ministra de la Mujer anunció como un importante logro el registro de más de un millón y tantos de personas en una plataforma que aspira a coordinar el trabajo de alrededor de 400 movimientos feministas del país. El  trabajo  tiene como expresa prioridad la de consolidar el socialismo bolivariano y fortalecer – ni siquiera crear – la economía productiva.

No hay promesa, programa o plan de esta década y media que no comience con el censo   de sus potenciales beneficiarios, actividad ésta que sólo es capaz de empujar la maquinaria del Estado. Fueron inmensas las colas esperanzadas en las plazas públicas de los que creyeron que bastaba con registrarse para conseguir una vivienda a la vuelta de uno o dos años, como ha ocurrido en el resto de  las llamadas misiones.

Una y otra vez, el Estado no sólo anota la data personal del aspirante a sus favores, sino que acopia y embala los documentos que dan soporte a su petición. Nos asombra que, tras la acumulación de una gigantesca data, aparentemente desconozca quiénes somos los venezolanos, qué necesitamos y aspiramos, a qué estamos dispuestos, cuáles actitudes albergamos u otros aspectos para los cuales invierte inmensas cantidades de dinero a objeto de precisarlas, como los seguimientos de (contra) inteligencia o los estudios de opinión.

Demagógicamente, la aludida registraduría gubernamental que, por cierto, no ha de confundirse con las actividades y formalidades registrales que llevan el sello del gobierno cubano, se ofrece como una gran conquista, cuando son muchos los años de espera por un beneficio  incumplido millones de veces. La única y clara razón para la acostumbrada inscripción en las misiones, apunta a una terrible realidad: los recursos no alcanzan para todos. Y, por consiguiente, confundido con el Estado, el Partido renueva la inscripción de los militantes en cada departamento, rifando – a lo sumo – todas las posibilidades y disponibilidades entre los más fieles u obsecuentes.

Permitiéndonos una digresión, en la vecindad del centenario de su nacimiento, Juan Liscano fue un duro  crítico de la insurgencia guerrillera de los años sesenta del XX, sin ceder a la tentación de una buena parte de la intelectualidad que la aplaudió y después, simplemente, se lavó las manos. No temió a la defensa de la – por entonces – renaciente democracia representativa, ni al vivo cuestionamiento del marxismo que hoy no encuentra – interesadamente – quien lo discute.

Fotografía: Archivo de El Nacional. 
Cfr. Juan Liscano: http://www.poesi.as/jli001.htm