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sábado, 5 de marzo de 2016

¿QUÉ SERÁ?

De una indecible amenaza
Luis Barragán


La Sala Constitucional y todo el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), pretenden limitar – en nombre de una Constitución que desconocen – las facultades, atribuciones y competencias de la Asamblea Nacional, ignorando – por lo demás – el Reglamento Interior y de Debates. Ha bastado la sola intención de investigar la designación de los magistrados realizada en diciembre próximo pasado, deber inaplazable de un parlamento de mayoría democrática y- por tal -  avizor, para articular un ataque artero y desproporcionado, tan afín al agavillamiento, contra las más elementales y universales nociones que explican la existencia y conveniencia del órgano independiente del Poder Público.

Designación francamente inmoral, como lo prueba el informe correspondiente de la Comisión Especial, delata la vocación y estrategia de un gobierno que tampoco acepta las soluciones constitucionales para superarlo, siendo tan evidente e inequívocamente responsable de la quiebra del país. Yendo más allá de la agremiación tribunalicia, el problema es el de la supervivencia en el poder a cualquier precio.

Problema que se desea como una confrontación de poderes que, en propiedad, técnicamente no lo es, coincidiendo con lo expresado por Tulio Alvarez en un reciente foro efectuado en la Universidad Central de Venezuela. El abuso de poder es el signo de un conflicto anti-histórico, pues, en lugar de afrontar los desafíos propios de un diferente siglo, está el empeño de un continuismo asfixiante que ya la sociedad entera no teme enfrentar.

Sentencia tan del gusto de Ortega y Gasset, la moneda falsa no circula sin el aval de la verdadera. Los hay nada merecedores de una posición y una responsabilidad  tan elevadas, al lado de los magistrados que cumplieron con un mínimo de los requisitos exigidos en la ya lejana oportunidad del ascenso judicial, pero resulta incomprensible que concursen en agresión a la Asamblea Nacional, intentando darle alguna textura y color jurídico, por lo que no luce nada ociosa la posibilidad de confrontar una severa amenaza del propio gobierno en términos absolutamente individuales que rocen lo indecible.

El TSJ desconoce nuevamente la voluntad de la ciudadanía, golpeando a un parlamento de actualizada legitimidad. Valga reconocer su sinceridad, pues, antes, por cualquier pretexto y subterfugio, ha impedido la renovación de las autoridades de varias universidades públicas y gremios profesionales, obstaculizando los procesos electorales que eviten  - precisamente – su descomposición.



07/03/2016

sábado, 27 de abril de 2013

CUADERNO DE BITÁCORA

Cierto, aunque también el caso nos lleva a un tema que se hizo tabú por miles de años: los ingresos del parlamentario. Por ejemplo: por una parte, el sueldo es de alrededor de 5 millones de bolívares y, con él, debe pagar comida, casa (condominio o alquiler), luz, teléfono, agua, educación para sus hijos, ropa, las inevitables herramientas de comunicación, transporte, etc. Digamos, por otra,  los viáticos más "generosos" pertenecen al parlamentario más distanciado de la capital: pongamos por caso, el del Táchira, contando con alrededor de 5 millones de bolívares para pagar cuatro boletos áereos al mes, hospedaje en la ciudad capital, transportación, comida....El suplente cobra casi 400 y tantos por sesión, con el viático respectivo: incorpórese ahora y le pagamos después, es la consigna. No hay para todos un acuerdo tarifario con hoteles, líneas aéreas, etc. Y no digamos de la seguridad personal, pues, a los opositores los ampara Dios, siendo contados con los dedos de la mano quienes pueden pagarse sendos guardaespaldas. ¿Alguien sabe si los principales y suplentes del oficialismo  sufren de estos rigores?

En una ocasión, pidiendo una constancia de ingresos en la Asamblea Nacional, a los fines de declarar el ISLR, el empleado confianzudo comentó en muy baja voz que no valía la pena trabajar para cuatro lochas. No le respondí nada, y - luego - al encontrarlo días después en el ascensor, se disculpó. Apenas le dije tres cosas, apenas, llegados al piso tres: 1) los opositores no pretendemos "hacernos ricos" con esta lucha que es vocacional, espontánea y arriesgada - incluso - en términos de vida personal; y 2) ni siquiera tuve sueldo como subsecretario general del partido. Y, como se estaba poniendo intenso, guardando las formas, añadimos 3) nos sentamos en una curul de más de cien mil votos, mientras que él se siente en un escritor de dos o tres tarjetas de recomendación. Calló y siguió, saludándome con respeto al tropezarlo una que otra vez, aunque - eso ocurrió el año pasado - creemos no haberlo visto más.

LB