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domingo, 4 de septiembre de 2011

EX-PIACIÓN


NOTITARDE,Valencia, 01 de Septiebre de 2011
Pio, al Panteón Nacional
Luis Cubillán Fonseca

Recibo la noticia: Pio al Panteón Nacional. El Profesor Agustín Blanco Muñoz, levanta la voz, contra el desaguisado de llevar los restos del gran político venezolano del siglo pasado, a descansar al lado de los venezolanos ilustres, al Panteón Nacional.
Antonio Guzmán Blanco, se copió lo que pudo de la ciudad de París, quería que los venezolanos fuésemos europeos, especialmente suizos, creyó que las leyes de aquel país serían aceptadas por los venezolanos, pero era él quien primero se salía de los límites de la Constitución, conducta común en los sátrapas. Ellos creen que las leyes son para que las cumplan los demás, dejando una abusiva discrecionalidad al tirano en ejercicio. Todo lo que Guzmán veía en el exterior donde pasaba gran parte de su tiempo, quería reproducirlo en Venezuela. Una de esas copias fue el Panteón Nacional. En París lo llaman: "Los Inválidos", allí reposa Napoleón Bonaparte, y algunos de sus familiares, también hay un recordatorio al general De Gaulle.
Pensó Guzmán, en hacer de la capilla de la Santísima Trinidad en Caracas, un templo civil, donde reposaran las cenizas de los más destacados hombres de Venezuela. Allí, al lado de los restos del Libertador hallarían abrigo los más grandes hombres de la Patria. Sin embargo, siempre se cuelan personajes, que en vez de realzarse con el honor concedido, se ven cada vez más disminuidos, tal es el caso de "El Agachao", cuando se quiere decir, que se han cometido graves errores en la escogencia de los acompañantes de Bolívar, se refieren siempre al pobre "Agachao."
Ahora se polemiza por la elección de los restos de Pio al Panteón. Aduce el destacado historiador Agustín Blanco Muñoz, que esta decisión de la Asamblea Nacional, sería una condena más al luchador que fue Pio Tamayo, quien quería permanecer en el Tocuyo, como lo dice en una carta a su hermano Toño: "No olvides que he sido sencillo y limpio de corazón. Procura enterrarme en El Tocuyo, pueblo al que he amado y cuyas gentes me quieren". Y así se cumplió.
Igual situación vivimos los valencianos, cuando el Soberano Congreso Nacional, recibió por parte del Dr. Rafael Enrique Casal, la petición de los honores del Panteón para José Rafael Pocaterra. En aquel momento, se oyó la voz del maestro, del extraordinario cultor de Valencia, el Dr. Guillermo Mujica Sevilla, quien adujo, que Pocaterra tenía bien ganados los honores que pretendían hacerle, pero que sobre la voluntad del Parlamento, estaba la voluntad del héroe civil José Rafael Pocaterra, quien había pedido un pedazo de tierra para descansar eternamente. La palabra del cronista, fue obedecida. Y en ella los deseos del homenajeado. Allí están los restos de José Rafael Pocaterra, en la tierra roja de nuestro cementerio. Allí descansa.
Hasta hace pocos años, acompañábamos al recordado poeta Felipe Herrera Vial, a depositar flores sobre la tumba del gran repúblico valenciano en el aniversario de su muerte. Felipe nos decía que era un encargo de Marta, la viuda de Pocaterra, que el gran Felipe Herrera Vial, cumplió mientras vivió.
Me han informado, por el correo de la brujas, que se prepara la construcción de un nuevo Panteón para El Libertador. Creemos que no hay actualmente en Venezuela un arquitecto que haga una obra superior a la que desde los tiempos de Juan Vicente Gómez, guarda los restos de Bolívar, y de los generales de la Independencia, allí reposa Páez, el héroe de la venezolanidad, el vencedor de Carabobo. Se sabe la opinión adversa de algunas personas sobre el héroe venezolano, no ha faltado el discurso obsceno ante sus reliquias. Pero la palabra infecunda nada puede contra la historia.

Creemos que actualmente no existe en Venezuela, artista plástico como Tito Salas, que pueda representar la carrera fulgurante de Bolívar. Bolívar no solo fue quien descoyuntó el imperio, fue también quien nos dio el mensaje eterno, de amar la libertad, de respetar las leyes, de cortar las manos peculadores y corruptas. Bolívar, vive en el alma de cada venezolano, en los genes de la libertad. Puede que alguna vez se haya adormilado, entonces el espíritu de Bolívar: que no es la osamenta, que ha sido comida para buitres enfermos - esta puede, aprovechándose de nocturnidad y poder-, disponerla cualquiera. Lo que nunca podrán borrar es la herencia por la libertad, que llevamos los venezolanos en contra de los tiranos, y que está impresa en nuestra alma.

sábado, 5 de febrero de 2011

febril carnestolenda legada


EL NACIONAL - Sábado 05 de Febrero de 2011 Opinión/7
ATres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
Los metieron en la cárcel...
RAMÓN MÁRQUEZ P.*

Pronto viviremos un aniversario más de aquellos carnavales que sirvieron de pretexto festivo para mostrarle al régimen dictatorial de Gómez que por los intersticios sociales y culturales de aquella Venezuela, y a contraola de ese feroz dominio dictatorial, crecía una generación de jóvenes llamados a concebir la idea y la conciencia de un país nuevo.

Todo un impulso de juventud estudiantil y de belleza femenina salió resuelto a la calle a valerse de lo carnavalesco para enrostrarle al dictador ignaro que no era más que un bufón con ropaje de militar y prosopopeya de presidente. Detrás de las caretas andaban las caras de una nueva realidad.

Cuando los esclarecidos intelectuales que lo asesoraban olfatearon el tufo y la valentía singular y creativamente política de estas festividades de la carne, activaron los dispositivos de la represión y desataron con ello una ola creciente de heroísmo juvenil, como quedó bien documentado en la literatura que se escribió pocos años después de aquellos hechos. Detuvieron a los líderes visibles y principales mientras más de 200 jóvenes se presentaron a las puertas de las mazmorras gomeras a ofrecerse como presos voluntarios, con una inmensa e inusitada dignidad y como gesto solidario con los compañeros detenidos.

Hablamos de la Semana del Estudiante que bien puede servir de referente histórico hoy para enaltecer las luchas de los jóvenes universitarios.

Una semana que se concibe y se pone en práctica como una festividad aparentemente gozosa y juvenil. Hasta el régimen llegó a pensar que aquel espíritu festivo de los muchachos y muchachas no era más que la prueba indubitable de la felicidad y el bienestar gozosamente vividos por el pueblo venezolano. El poder en el fondo es inocente y ciego, y los heroísmos eventuales nacen de esas cegueras y torpezas. De allí el título de esta nota que parafrasea las palabras que Guillermo Meneses le comunica a Miguel Otero Silva en una carta memorable; decía más o menos el Guille: "A Gómez no le gustaba que le escribieran cartas y nos metió a la cárcel e incluso nos metió en la historia".

Esa Semana del Estudiante comienza el 6 de febrero de 1928, en plena vísperas de los carnavales. Se cubrieron todos los trámites. Y aquella gran fiesta arrancó nada menos que con un desfile que salió de la Universidad Central de Venezuela directo al Panteón Nacional.

Nada hacía ver ni trastornos de orden público ni conspiraciones. Pero la celebración se extendió hasta la tarde con una conservadora y tímida "velada de gala" nada menos que en el Teatro Municipal de Caracas, en donde se proclamó a Beatriz Peña como reina soberana de los estudiantes. Allí aparece un poeta que canta y suelta versos a la belleza: Pío Tamayo.

Al día siguiente otro festival y más versos a la mujer, esta vez en el teatro Rívoli de Caracas, con los jóvenes poetas Miguel Otero Silva, Antonio Arráiz, Paz Castillo, Jacinto Fombona, entre otros.

Pero tras el encanto del canto viene el desencanto del régimen cuando aparece en escena un joven estudiante con proclamas a la patria, pero a una patria con libertad, justicia y bienestar. Aparece en la historia política de Venezuela quien con el tiempo iba a ser considerado el padre de la democracia: Rómulo Betancourt.

Esto se debe a los estudiantes y al respaldo inmediato del pueblo de Caracas que reaccionó también con heroísmo semejante ante el gesto valiente de los jóvenes. La dictadura no arrugó, pero era evidente que la suerte política del país iba a ser otra.

Sacalapatalajá, fue el grito del mulato Estanga en el acto de grado de la universidad donde recibiría el doctorado en Medicina. Con este juego de palabras Miguel Otero Silva crea una sonoridad emblemática de esa juventud rebelde del 28. En Fiebre (1939) se cuenta la his- toria novelada de esta generación, así como en la novela de Antonio Arráiz, Todos íbamos desorientados (1951), textos que bien vale la pena retomar por estos días para entender que, tras el más mínimo parpadeo, la historia puede convertirse en aquello que recogió Niesztche de los antiguos y sabios poetas: el eterno retorno de lo mismo.

(*) Universidad de los Andes