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jueves, 21 de marzo de 2013

CURIOSIDAD

De la golpiza de Medina y Betancourt (1949)
Luis Barragán

La historia está llena de curiosidades, o - también valdría decir - la historia del periodismo venezolano no se explica sin ellas.  Escuchamos una vez decir de esta golpiza a alguien, añales atrás, abundando en detalles que probablemente variaron con el tiempo: liados Isaías Medina Angarita y Rómulo Betancourt, en un aeródromo neoyorquino.

Excepto que se diga de una coincidencia incómoda, no creemos que exista una versión real y documentada del intercambio de golpes. Por lo menos, el uno lo dio y el otro, no contragolpeó como – al parecer – las circunstancias del 18-O pudieron aconsejar exitosamente.  Además, nos atrevemos a asegurar que también se gana en experiencia política, cuando dos feroces rivales se encuentran personalmente y saben que dependen más del florete verbal que de los nudillos.

Y, si nos permitimos especular, por un lado, la conducta asumida luego de 1958, a pesar de los resentimientos aletargados, los rencores subyacentes y el revanchismo pendiente, otras circunstancias recomendaron una mayor corrección y mejores modales para limarlos,  en atención a la coexistencia republicana. Conductas como las de Eleazar López Contreras y Arturo Uslar Pietri, dibujando una experiencia que se hizo madurez, porque no siempre se funden,  no indican que Medina Angarita hubiese hecho algo distinto, en el caso de haber sobrevivido.

Agreguemos que, bajo la dirección de Oscar Yánez, esa tremendura de Últimas Noticias pudo haber regocijado a la Junta Militar encabezada por Carlos Delgado-Chalbaud, pero también preocupado a Marcos Pérez Jiménez, su aparentemente silencioso integrante: la fotografía agrandada del denostado Rómulo Betancourt, tan joven y competitivo como ellos, en las calles. El amarillismo o el sensacionalismo cuenta con un generoso historial en la Venezuela que, por cierto, fue predominantemente analfabeta y rural, hallando después un camino triunfal en la urbanizada y pretendidamente ilustrada que nos arrojó a las orillas de la llamada antipolítica, finalizando el siglo.

De bondades y defectos se hizo el sensacionalismo periodístico, aunque  - trajinado los años – queda la leyenda de una original o burda ocurrencia. Y de leyendas también se nutre la historia, tradición oral por delante que ha de convertirse en tradición dental de hallar a algún tesista innovador que sonría por sus hallazgos convincentemente documentados.

Fotografías: Últimas Noticias, Caracas, 29/11/1949.

http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/14519-de-la-golpiza-de-medina-y-betancourt-1949

miércoles, 16 de marzo de 2011

BIOANÁLISIS


EL NACIONAL - Lunes 14 de Marzo de 2011 Cultura/4
El foro del lunes
OSCAR YANES El periodista reeditó una reflexión sobre el caudillismo
«Al venezolano le apasiona la gloria roja, aunque no haya sangre»
La verdad sobre el asesinato de Delgado Chalbaud, que se publicó por primera vez en 1980, "es la radiografía de una época en la que Gobierno y oposición estaban totalmente equivocados", dice
ALEXIS CORREIA

La tierra de los chivos, donde hay que quitarse los zapatos y amarrarse los pantalones, "porque aquí no vamos para misa". Con estas palabras atribuidas a Olegario Reyes, hombre de machete certero y partícipe de la toma de Curazao de 1929 contra la dictadura gomecista, se describe la esencia de la sierra falconiana, polvoriento teatro de demostraciones de hombría y de compromisos de palabra como en un Lejano Oeste venezolano, en La verdad sobre el asesinato de Delgado Chalbaud, libro de 1980 del periodista caraqueño Oscar Yanes ­casualmente apodado "Chivo negro"­ recientemente reeditado por la Editorial Planeta, a propósito del aniversario número 60, el 13 de noviembre, del único magnicidio de la historia republicana del país.
El cuerpo principal de La verdad sobre el asesinato de Delgado Chalbaud compila en primera persona los testimonios de Pedro Vicente Díaz, campesino de la sierra que a los 28 años de edad acompañó al caudillo falconiano Rafael Simón Urbina (el tomista de Curazao) en el secuestro que derivó en el nunca esclarecido asesinato del coronel Carlos Delgado Chalbaud, presidente de la Junta Militar de Gobierno que además componían Marcos Pérez Jiménez y Luis Llovera Páez. El libro de Yanes asoma la tesis de un presunto golpe de Estado en el que Urbina ­que creyó ingenuamente que el Ejército "estaba peleando" en las calles de Caracas mientras ocurría el secuestro en la quinta Maritza de Las Mercedes­ fue utilizado bajo engaño como útil peón y luego desechado, en una movida que tuvo como beneficiario a Pérez Jiménez.

La verdad sobre el asesinato de Delgado Chalbaud probablemente no es una joya literaria, pero sí un pasaporte a un país ­el de los caudillos regionales y las guerrillas de macheteros­ que parece desvanecerse hoy, pero cuya fibra palpita incluso en la Venezuela urbana y de clase media profesional que quizás, en el fondo, resulta el verdadero espejismo. El país de la gente que usaba expresiones como "mamadera de gallo", "fuñir" y la palabra "cuestión" en la acepción de asunto o materia: "Yo no me meto en esas cuestiones de política".

Además de anécdotas que revelan más de lo que diría la historia oficial sobre ese país paralelo (la afición al espiritismo de Román Delgado Chalbaud, padre del presidente asesinado, o la carta astral que se mandó a hacer Rafael Simón Urbina antes del magnicidio), La verdad sobre el asesinato de Delgado Chalbaud anticipa incluso, a través del relato de Díaz sobre sus 20 años en la cárcel, las causas del fracaso persistente del sistema penitenciario.

--Pocos venezolanos contemporáneos conocen esa estirpe de macheteros falconianos descritos en su libro. --Rómulo Gallegos dijo una vez que el venezolano sigue apegado a la gloria roja: esa cosa de buscar, por hábito, la solución a través de la fuerza.

Gallegos añadía que el venezolano no se sentía humillado cuando protagonizaba acciones de violencia, sino que más bien era un elemento de estima, y que eso venía de la cultura de los indios caribes.

Da la impresión de que no tenemos ningún héroe civil.

Pero no debemos juzgar a los protagonistas de estos hechos de fuerza sin recordar que ellos fueron el fruto de su formación y de su época. Boves no era cruel porque le daba la gana: del lado patriota hubo un señor, el "Diablo" Cedeño, que le regaló a Bolívar tres cabezas de españoles. A un Rafael Simón Urbina le hubiera parecido absurdo llevar a Juan Vicente Gómez al tribunal internacional de La Haya.
Urbina fue nuestro Walter Raleigh, así lo reflejaba la prensa europea luego de que tomó Curazao.

--La edición de 2010 de La verdad sobre el asesinato de Delgado Chalbaud incluye una entrevista a María Isabel Urbina, hija de Rafael Simón. ¿La reivindicación de un caudillo maltratado por la historia? --Cuando publiqué el libro en 1980 hubo gente que me dijo: "Chico, ahora tú te metiste a urbinista". Pero el libro no pretende llevar al Vaticano a Urbina ni condenarlo, sino reconocer que este país sigue aferrado a la gloria roja a la que se refería Gallegos. El libro quiere ser la radiografía de una época en la que tanto el Gobierno como la oposición estaban totalmente equivocados. Y por eso aún hoy estamos como estamos.

Con todo el respeto que uno le tiene a Acción Democrática, darle el golpe de octubre de 1945 a un demócrata como Medina Angarita, cuando apenas le faltaban seis meses para entregar el poder, es algo que no tiene perdón de Dios. Boves, el urogallo, además de una biografía, es un estudio del temperamento del venezolano. Hay otro texto que yo arbitrariamente convertiría en materia oficial en las escuelas: La autoestima del venezolano del psiquiatra Manuel Barroso.

--¿La gloria roja puede ser, también, la aprobación de una Ley Habilitante hasta 2012 en plena Navidad? --Eso lo ha perpetuado el humor criollo con la metáfora de las focas, y tampoco tiene perdón de Dios. Pero también es absurdo un diputado que sólo pide la palabra para echarle vainas al Gobierno. Yo estuve 15 años en el Congreso Nacional como presidente de la Comisión de Medios, y seguramente también cometí ese error. Al venezolano le cuesta hacer autocrítica. Necesitamos aún mucha educación cívica.

--Más allá de que uno no comparta la fascinación por la gloria roja, el caudillismo es un fenómeno apasionante. --Fíjate en Pancho Villa, un caudillo legendario en México: fue un hombre que firmó un contrato de miles de dólares con una compañía de Hollywood para que se filmaran sus batallas con muertos de verdad, mientras él se quitaba el sombrero y posaba para los ataques de caballería como todo un galán de ficción.

Eso sólo se ve en América Latina.

--Otro ejemplo: un Presidente de la República que, en una transmisión en vivo por televisión, llama al dueño de un banco para amenazarlo con la expropiación. --Ahí lo tienes: la gloria roja, aunque no haya sangre. En la escuela uno gozaba un puyero cuando el profesor contaba que el lema de los indios caribes era: "Sólo nosotros somos gente". Y uno se ríe, pero eso es una maldición para un país.
Fotografía: Nelson Castro

lunes, 7 de febrero de 2011

¿con "z" o "s"?


Oscar Yanes y las historias cruzadas en torno al golpe a Delgado Chalbaud
Iván R. Méndez

El veterano periodista entrega la segunda edición, con nuevos documentos, de su obra “La verdad sobre el asesinato de Delgado Chalbaud”. En breve entrevista aseguró que “la educación venezolana tiene un gran defecto: creer que todo lo que se ha hecho, lo bueno y lo malo, nació en la Independencia”

Rafael Simón Urbina (Falcón, 1897-Caracas, 1950), el enemigo más acérrimo de Juan Vicente Gómez, repetía constantemente que para gobernar a Venezuela “hay que saber amarrarse los pantalones”. Esa afirmación, asevera Oscar Yanes, aún se aplica en la política venezolana…

La “La verdad sobre el asesinato de Delgado Chalbaud” (Planeta, 2010) presenta temas que parecen distantes en el país: el valor de la palabra, el honor y la intrepidez. Aunque el título delinea el contenido (los antecedentes, la perpetración y algunas supuestas razones tras el asesinato del Presidente de la Junta Militar de Gobierno), el veterano Yanes sabe como abrirnos senderos alternativos de la historia. El periodista nos sumerge en una lectura apasionante: la de nuestro siglo XX poblado de civiles que luchan por la libertad, por el respeto y, por qué no, por algunas formas de poder. La palabra clave es “civil”, pues algunos de los hombres con quienes convivirá el lector por más de 300 páginas son campesinos falconianos, tipos brabucones que no bajan la cabeza y no les tiembla la mano para repartir machetazos. Ese sendero narrativo lo dicta la voz de Pedro Antonio Díaz (Coro, 1922), personaje emblemático y accidental de ese golpe militar de 1950, que terminó por atornillar, por casi una década, al corrupto y caprichoso Marcos Pérez Jiménez.

Sobre Rafael Simón Urbina

“Vino al mundo en Cumarebo, 1897, y todavía era un niño cuando supo que su padre, el general Antonio Urbina, había muerto en el Castillo Libertador bajo la férrea y joropera tiranía del Cabito o Restaurador… “ A los 17 años tomó la gobernación de Caicara del Orinoco. Urbina organizó, a lo largo de su vida, diversas incursiones armadas en la sierra falconiana. Persiguió y castigo a quienes lo traicionaron con Juan Vicente Gómez. Betancourt nunca le perdonó por lago que pasó en La Habana (quizá el comunismo visceral de Rómulo versus el anticomunismo del caudillo hicieron circuito). En algún momento decidió tomar Curazao con 50 hombres, 150 dólares, cincuenta machetes, algunas pistolas y dos hachas, lo hizo “para que venguemos los ultrajes que nos han inferido a mí y a todos mis compañeros en esta maldita isla”… Tomado el fuerte, se sumaron otros 300 venezolanos a la intentona, que culminó con la entrega de todo el arsenal por parte del gobernador. Sus aventuras lo llevaron a Panamá, República Dominicana (aquí planificó tomar la isla, derrocar a Trujillo y tomar todo el arsenal para regresar a combatir en Venezuela… Pero el dictador lo descubrió y le pidió irse de la isla, “¡no lo mando a fusilar porque yo no le voy a hacer ese favor a Rómulo Betancourt!”), Colombia, Aruba…

Antes del golpe

Urbina le dijo a Pedro Díaz, la noche antes del golpe que luego de tomar a Delgado y sacarlo del país, irían por Llóvera Páez y Pérez Jiménez, ese era el plan ideado por un doctor que citó Urbina, pero que Díaz no recuerda. Dijo Urbina, “yo estoy contra todas las dictaduras, porque yo fui una víctima de Juan Vicente Gómez y mis familiares sufrieron por culpa de ese bandido. Si éstos —en abierta referencia a los comandantes— se mantienen en el poder será Venezuela una dictadura eterna, porque esta gente es muy inteligente y no tienen los mismos intereses que tenía Juan Vicente Gómez”.

El golpe

Rafael Simón Urbina, su mujer y los falconianos, secuestraron al Presidente apenas salía de su casa en el Country Club. Iba sólo con chofer y un motorizado. Lo llevaron a la quinta Maritza en Las Mercedes, para retenerlo un par de días y luego sacarlo del país rumbo a Francia.

—Delgado Chalbaud: “General Urbina, ¿qué pasa? Nosotros no entendemos… Dime lo que está pasando”
—Urbina: Comandante, conmigo no tiene usted nada que hablar. Usted va a hablar ahorita con el comandante Marcos Pérez Jiménez.

Llegando a la casa, a Díaz se le escapa un disparo (la hija mayor de Urbina asegura, en los anexos del libro, que Díaz jugaba para los dos bandos, arrojando dudas sobre el relato idílico del falconiano) y le destroza el tobillo a Urbina. A partir de allí todo se descontrola. Delgado intenta desarmar al primo de Urbina, Domingo, mientras su edecán (Bacalao Lara) mira sin intervenir, y Carlos Mijares (chofer del auto) tiene encañonado a Pablo Aponte, el motorizado-escolta, que temblaba de pies a cabeza. Delgado está a punto de someter, a patadas, a Urbina, y es allí cuando Díaz le pide que se detenga o tendrá que dispararle… Hasta que lo hizo… (estas secuencias están graficadas e ilustradas en el libro)… Urbina, herido y consciente de que fue embarcado en esa aventura golpista, se traslada a la casa del doctor Franco Quijano y envía a su mujer e hijos a la Embajada de Nicaragua (en Altamira). Luego llega a la Embajada, amenaza con suicidarse, su hija le quita la pistola y se entrega. El golpista es trasladado a la cárcel del Obispo, pero a las once de la noche lo saca una comisión de la Seguridad Nacional y lo asesina a tiros.

El FBI

Relatan los corianos que fueron abordados por un inspector del FBI, que fue invitado a investigar el homicidio de Delgado. En pleno Tribunal de Baruta, le dijo a Díaz y sus cómplices:
“Declaren sin perjudicarse ustedes y sin dañar a nadie. No compliquen a nadie y no se compliquen ustedes, porque si alguien sale perjudicado, se les aplicará la ley de fuga”.

Comenta Díaz, “yo escuché todo aquello en silencio y comprendí que lo mejor era llevarse por los consejos del gringo. Además, ya se veía que nadie tenía interés en aclarar nada y que como dicen ahora, parece que la línea era ‘hacerse el loco’, pues no presionaban a ninguno para buscar más datos”.

Historias cruzadas

Este libro no se agota en el único magnicidio en la historia venezolana, sino que se adentra en historias cruzadas (la invasión de Cumaná por parte de Román Delgado Chalbaud; la invasión con el “Falke”; historias de la cárcel Modelo; la versión, muy sentida, de la hija mayor de Urbina; informe del patólogo, entre otras) que trazan un itinerario que aún hoy no culmina: la tensión entre la visión militar-autoritaria y la del pueblo civil, incómodo primero, y rebelde después, ante esa enfermedad de poder.

Breve entrevista telefónica a Oscar Yanes: “Las Fuerzas Armadas siempre han sido mercenarias”

— La muerte del Presidente de la Junta Militar fue, según se lee en su libro, un complot militar que devino en una comedia de equivocaciones…
— Oscar Yanes: El caso de Delgado Chalbaud denota algo muy doloroso, fueron dos balazos que cambiaron la historia de Venezuela. El primero se lo da Pedro Antonio Díaz, uno de los urbinistas, a su propio jefe, y le destroza el tobillo, inhabilitando a Rafael Simón Urbina para tener pleno control de sus hombres. Luego se escuchan unos tiros al fondo de la quinta Maritza (Propiedad de Antonio Aranguren), Urbina le dice a Díaz que vaya y averigüe qué pasa, pero al regresar encuentra que Delgado Chalbaud intenta desarmar a Domingo Urbina, entonces le mete el tiro que cambia la historia y consagra la dictadura de Pérez Jiménez.

Luego, Pérez Jiménez y Llovera Páez regaron la bola que era un problema personal entre Urbina y Delgado Chalbaud, pero no fue así, pues relata Díaz que Rafael Simón Urbina siempre insistió en que no podían matar al presidente, incluso les dice que si le pasa algo todo se viene abajo. Por eso buscó a los campesinos falconianos, porque confiaba en ellos y no quería sorpresas…
— ¿Cómo fue el encuentro con Pedro Antonio Díaz?
— Oscar Yanes: Un amigo (Rafael Oria, prologuista del libro) me dijo que los urbinistas estaban a punto de ser liberados luego de cumplir veinte años presos (en la Cárcel Modelo). Entre éstos se encontraba Pedro Antonio Díaz, el joven que cambió la historia al dispararle a Carlos Delgado Chalbaud. Era tímido y no quería contar la historia, se veía preocupado y al preguntarle qué lo inquietaba, me dijo: “cuando entré a la cárcel veía todo del mismo tamaño. Ahora veo todo chiquitico, a la gente la veo como enana y eso me preocupa mucho”.
— ¿Qué le dice a la Venezuela del siglo XXI la biografía del guerrillero Rafael Simón Urbina? ¿Por qué no estudiamos esta historia apasionante en los liceos y universidades?
— Oscar Yanes: Le dice cosas de carácter positivo. Es lo que Rómulo Gallegos llamó la gloria roja, que utilizar la fuerza para enderezar entuertos no es el mejor camino que ha tenido Venezuela. A los pueblos se le impone una situación penosa, pero eso no es la deseable.
A Urbina se le excluye de la historia oficial, al igual que se hizo con Horacio Ducharne y Arévalo Cedeño simplemente porque la educación venezolana tiene un gran defecto: creer que todo lo que se ha hecho, lo bueno y lo malo, nació en la Independencia. Da la impresión que Venezuela fue un país hecho por los militares, por Bolívar, por Sucre y eso no es así. Aquel ejército del siglo XIX no era otra cosa que el pueblo en armas, eran analfabetos que aprendieron a manejar un fusil para ser libros, no fueron ningunas Fuerzas Armadas que siempre han sido elementos mercenarios a lo largo de nuestra historia.


Así es Oscar Yanes


Oscar Yanes (Caracas, 1927) es periodismo puro. A los doce años, alternaba sus lecturas en la Biblioteca Nacional de Caracas con un curso de periodismo dictado en la Escuela Superior de Comercio de Caracas. A los 14 ya era reportero de Últimas Noticias y desde allí todo es ascendente: director de La Esfera (con apenas 25 años); Premio Nacional de Periodismo, catedrático en la UCV y UCAB; aprendió periodismo televisado en la BBC de Londres y a su retorno asumió la jefatura de prensa de Venevisión. Fue diputado al Congreso Nacional y es un prolífico escritor-historiador que cautiva multitudes enseñándoles que “Así son las cosas”.

Fuente: http://www.opinionynoticias.com/librosyautores/7182-oscar-yanes-y-las-historias-cruzadas-golpe-a-delgado-chalbaud#