Del ministro perfecto
Luis Barragán
Centenares o, mejor, miles de ministros y viceministros, trillaron el siglo XXI venezolano. La usurpación agigantó de tal manera el poder central, que las reuniones de gabinete se hacen impensables, como ocurre con la sola realidad idea de la reunión personal de quien ahora se dice el jefe de gobierno con sus ejecutivos para lo que antes se concebía como la obligada evacuación de los llamados puntos de cuenta.
La alta rotación aún en despachos tenidos como técnicos, no negará jamás la existencia de sendas roscas políticas y comerciales en pugna permanente, con figuras más o menos constantes en las altas nóminas. Acá, algún día, más allá de los nombramientos estampados en la Gaceta Oficial, habrá que hacer una suerte de sociología de la nomenclatura gobernante por dos décadas, quizá como pacientemente, en España, lo hizo Amando de Miguel y los ministros de Franco, incluso, descubriendo varios periodos de contraste, por sus orientaciones y condiciones de acuerdo a las circunstancias.
No sabemos cuán lejos llegará la propaganda de autovictimización, cuando superemos el presente régimen, pero será difícil que el hecho de haber ejercido un (vice) ministerio con Chávez y Maduro, sea motivo de distinción, como sucedió con los que fueron de Allende, pues, además de la corresponsabilidad ineludible en el desastre, esta «nobleza» política en ciernes, parece imposible al tratarse de una infinidad de funcionarios que incluye a muchos desertores, oportunistas y agazapados. Entonces, el ministro perfecto, supuesta, política y moralmente autorizado para dar testimonio de la revolución halagada, no se verá en el futuro, sino en el real ejercicio del presente, mientras que sobreviva a las naturales rencillas internas del poder.
Lo es, porque nadie lo controla, mandando a sus anchas, mientras no toque los intereses de los pares que representen a las otras mafias concursantes de la usurpación. No tiene que ir al parlamento para alguna interpelación, tampoco responder a las preguntas de la prensa; maneja el presupuesto (si es que lo hay), a su antojo y si hay diferencias qué dirimir, contraloría adentro, se hacen los ajustes técnicos del caso; faltando poco, no responde por sus áreas de trabajo, ya que – salvo a los contratistas con los que está bien concertado – un problema de salud pública, electricidad, finanzas, orden público, o cualesquiera políticos, se convierte en un asunto existencial del régimen que lo releva hasta de dar la cara a los medios, garantizándole el anonimato.
El ministro perfecto es el que no responde por sus actos a nadie, con la obvia salvedad de hacerlo ante quien recomendó y afianzó su nombramiento, permitiéndose planificar su futuro ascenso a una cartera acaso más decisiva, o retirarse a tiempo para huir por las buenas o por las malas a disfrutar de los «ahorros», por supuesto, en el exterior. Son tantos los funcionarios de alto nivel que los parlamentarios, como nunca antes ocurrió, no sabemos a ciencia cierta quiénes son y la duración exacta en los cargos, ya que jamás declaran y, más que periodistas que le ayuden en una faena prescindible, cuentan con relacionistas públicos que les facilitan una labor absolutamente fatua: la de cordializar con los posibles competidores en
casa.
02/06/2020:
http://www.ventevenezuela.org/2020/06/02/del-ministro-perfecto-por-luis-barragan/
Mostrando entradas con la etiqueta Ministerios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ministerios. Mostrar todas las entradas
domingo, 14 de junio de 2020
domingo, 26 de febrero de 2017
PARA UNA SOCIOLOGÍA POLÍTICA DEL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI
Aviso para los investigadoresLuis Barragán
Suele ocurrir, periódicamente revisamos, reacomodamos y hasta purgamos los libros y papeles en casa. Por la falta de espacios, deterioros inevitables, pérdida de vigencia de los textos o cualesquiera otros motivos, tratando en lo posible de digitalizarlos y orbitarlos en las redes, nos lleva a obsequiarlos a los amigos más interesados, siendo desaconsejable donarlos a las bibliotecas públicas más cercanas, pues, no existen, no tienen tal costumbre de recepción o, simplemente, pueden extraviarse por obra de esa burocracia que se sabe en un Estado precario.
Restos de una modesta colección de muchos años atrás, cuando febrilmente nos cautivó la república y la guerra españolas, reapareció en el fondo de una caja el libro de Amando de Miguel: “Sociología del franquismo”, una estupenda edición de tapas duras (Euros, 1975). El autor, de envidiable estilo literario, constatable a través de otros títulos, da cuenta de los gabinetes ministeriales de Franco, periodizándolos para lograr un análisis – algo más que ideológico – de una gestión de logrado soporte político que obtuvo buen provecho de las más variadas circunstancias para sobrevivir, pues, sus adversarios la creyeron – desde el principio – pasajera.
De Miguel viene al caso, porque los venezolanos ostentamos un récord de ministerios y viceministerios, en un siglo XXI inesperado. Ciertamente, se nota una rotación muy selecta de nombres que gozaron de toda la confianza del extinto presidente y de los que la gozan de su sucesor, pero el número de los más altos funcionarios – los que van y vienen - también genera asombro, por no contabilizar los cargos diplomáticos y consulares que sincerará aún más el nepotismo reinante. Ahora, con una complicación innecesaria que asegura un buen tiempo de ocio presidencial, sin que nadie pueda indagar en torno a la actividad recreacional de Maduro Moros, la vicepresidencia ejecutiva se ha multiplicado en otros despachos similares que no sabemos siquiera del propio consejo de ministros.
Luce generosa la oportunidad para los investigadores que deseen hurgar en la presente centuria, a objeto de definir las características del mismo gobierno que hemos tenido tan largamente. Urge una mínima reflexión sociológica en relación a la curiosa división del trabajo de los elencos del poder y su copiosa clientela política, revelando tendencias, acciones y contradicciones que, probablemente, tipificarán toda una hazaña del ascenso social por obra del tráfico petrolero, de pensarlo tan solo benévolamente.
Citando un par de casos, al evocar el período legislativo de 2011-2015, el equipo ministerial de Giordani lucía muy distinguido frente al de Varela a la hora de visitar o de comparecer a la sede parlamentaria para cualquier acto de ocasión, incluso, al exhibir y empuñar un bolígrafo, aunque el costoso modelo de sus móviles celulares fuese tan semejante. Nos antojamos hasta de los propios modales, porque el técnico fabricante de la lumpenburguesía, de cautelosa amabilidad con las celebridades de la oposición con las que tropezaba, pronto contrastaba con los torpes ademanes del técnico fabricante del lumpemproletariado, inseguro en un escenario que lo deslumbraba.
Obviamente, la pesquisa ha de comentar por las incontables ediciones y correcciones de la Gaceta Oficial, la ejecución de los presupuestos, o los registros y notarías, pero una decidida minería de datos puede dar, adicionalmente, con estilos de vida que traicionan la prédica ideológica que les daba algo de legitimidad. Extendiendo la búsqueda a las entidades desconcentradas o descentralizadas, sistema público bancario, registro de contratistas y subcontratistas, nóminas policiales y militares, medios convencionales o digitales de información, facturación de los consumos, posiblemente le permitirá al tesista trazar un mapa actualizado de la estabilización o cambio de sectores o clases sociales que la economía rentista ha cultivado incesantemente para asombro del académico noruego que se acerque a nuestras costas.
Los abscesos continuos de la burocracia media y alta del Estado, ahora tan agotado ante las miles de tareas a las que no puede responder, marcan un itinerario de confirmaciones y de deserciones, pero también de deslizamientos grisáceos, hábiles y oportunistas si de compromiso político hablamos. Una transición democrática tendrá que lidiar con los conversos del momento, por tardíos que fuesen, que hacen de la política una disciplina atlética de las más exigentes.
26/02/2017:
http://guayoyoenletras.net/2017/02/26/aviso-los-investigadores/
01/03/17:
http://www.ventevenezuela.org/aviso-los-investigadores-luis-barragan
domingo, 3 de julio de 2016
VENCER EL ARTIFICIO

Sencillez y complejidad
institucional
Luis Barragán
Contamos por centenares los
ministros y viceministros que han ejercido por más de década y media, en una
constante y enfermiza redefinición, acomodo y reacomodo, fusión y confusión de
competencias, facultades, atribuciones y potestades que atentan contra la más
elemental noción y convicción planificadora. Obviamente, el presupuesto público
anual sufre el inmediato impacto que, por cierto, imposibilita cada vez más la
debida salvaguarda del patrimonio público.
El siglo XX supo de un número
modesto de despachos ejecutivos que, además, con prestigio y tradición como el
de Fomento, Obras Públicas, Sanidad y Asistencia Social o Agricultura y Cría,
atendieron los múltiples y agudos problemas convincentemente, sin necesidad de
una prolija ramificación burocrática, evitando la duplicidad de funciones
definitivamente ya desbordada desde mediados del decenio anterior. E, incluso,
agravando la responsabilidad contraída, el presidente de la República atendía
los más variados asuntos de gobierno y de Estado, sin necesidad de un
vicepresidente ejecutivo o de un primer ministro, celebrando con puntualidad
las sesiones y deliberaciones de un gabinete – dato importante – responsable de
sus actos ante el parlamento y la opinión pública, más de las veces combativos.
Concediéndole al titular un
ministerio sin cartera, desde los años setenta, por ejemplo, la Oficina Central de Coordinación y
Planificación de la Presidencia de la República (Cordiplan), creada en 1958,
gozó de una reconocida importancia que no requirió de un majestuoso cupo
burocrático para su cabal desempeño, y, valga la comparación, el CNE o la
Fiscalía no necesitaron de la elevación a órgano del Poder Público para un
desempeño que, hoy, evidentemente es inferior y casi ornamental si no fuese por
la calamidad que generan. Agreguemos que
la descentralización y el conjunto de reformas proyectadas y ejecutadas
respecto al Estado, facilitaron esa sencillez o relativa sencillez con la que
el Estado también pudo afrontar miles de problemas que la artificiosa
complejidad actual, algo peor, agrava.
Absurda decisión que dejaría al
propio Marx estupefacto, siendo la división social del trabajo una conquista
irrefutable de la contemporaneidad, añadida la urbanización, el régimen pretende hacer de cada citadino un sembrador
y cosechador en su reducido e inseguro hábitat para una supervivencia a la que
confesamente lo condena, pretendiendo que, a la postre, sea un empleado directo
o indirecto del Estado, sojuzgado por sus dádivas y subsidios, porque –
sencillamente – no tendrá tiempo para ganarse el pan a través de su propio
esfuerzo, oficio o profesión. Si fuere el caso, basta un programa y una oficina
para literalmente acometer la aventura, pero Maduro Moros ideó todo un
ministerio para la Agricultura Urbana que succionará los pocos recursos
disponibles y ampliará la clientela política a través de viceministerios,
direcciones generales, entes desconcentrados y descentralizados, en un viaje
seguro a la premodernidad de la cual puede costar demasiado el regreso.
Por muy buenas intenciones que
hubiere, el Viceministerio para la
Gestión de Riesgo y Protección Civil, cuyo titular es anónimo para un país
proclive a cualesquiera desastres, muy probablemente no los atenderá con la
prontitud y diligencia mínima que una dirección u oficina, como la de Defensa
Civil, antes exponía con todas las críticas que pudieron hacérsele. Tenemos
información no confirmada de las carencias y desatenciones que en el seno del
mismo gobierno padece, con una marcada rotación de sus más altos funcionarios,
pero el asunto estriba – en esta ocasión – que la veleidad del régimen, tan
ufano de sus antojos, complicó de tal manera las cosas que una precisa responsabilidad resulta contaminada en ese
espeso bosque de los intereses eminentemente burocráticos.
04/07/2016
Etiquetas:
Estado,
Institucionalidad,
Institucionalidad estatal,
Luis Barragán,
Ministerios
domingo, 29 de septiembre de 2013
CONSTELACIÓN DEL PODER
Ministerios de propaganda
Luis Barragán
Búsquense cualesquiera ediciones de la Gaceta Oficial y contabilícense los ministerios existentes, por no citar los viceministerios y demás entidades adscritas a los más disímiles despachos, añadidas las fundaciones beneficiarias del augusto presupuesto asignado y de los infaltables créditos adicionales que explican el esencial ejercicio parlamentario del oficialismo. No hay un problema, por más sobrevenido que sea, multiplicando las instancias con semejantes tareas y angostando los recursos, que no merezca un edificio burocrático capaz de asomar las apetencias que encuentran su mejor pretexto, a la vez que una ventilación puertas adentro de los errores, faltas, equívocos y omisiones que resquebrajan las bases hincadas en terrenos movedizos.
En medio de una continua tempestad de la imprevisión e ineficiencia, la constante es crear y recrear esas instancias, reducido el asunto a la cadena de mando más que a la institucionalidad del Estado (desinstitucionalizado). A modo de ilustración, militarizando los asuntos públicos, recientemente sabemos de un tal Órgano Superior de la Economía, agrietando la estructura departamental de los diferentes dispositivos que hay en la material, cual Estado Mayor de las Lluvias convertido en hábito para atender las inundaciones calamitosas.
Otro ejemplo, es el ministerio encargado de la energía eléctrica en Venezuela que jamás guarda comparación con las empresas públicas y privadas que tuvimos en el área, como la propia atención dispensada por los órganos del Poder Público, en cuanto al diseño y desempeño institucional. Remedio que ha empeorado la enfermedad, sumado el estelar rol de titulares como Alí Rodríguez Araque y Jesse Chacón, inconsecuente – por cierto – con su promesa de renunciar, por no citar la breve estadía pinacular de alguien que hurtaba la energía pública para su casa de habitación, cuyo nombre olvidamos, es otro de los elefantes enrojecidos en medio de la cristalería del país petrolero.
Y, como suele ocurrir, por más portales digitales que exhiban, reina la desinformación de los usuarios que pueden incurrir – además – en algún delito, en el caso de hallar y denunciar las razones reales de sus tomentos. Únicamente vale el pronunciamiento de los burócratas, a través del denominado sistema nacional de medios públicos, mas no la modesta indagación y precaución que puedan exhibir la prensa independiente y los angustiados usuarios, siendo impensable una autónoma organización social en reclamo de las consecuencias domésticas del colapso eléctrico, como la pérdida de alimentos, electrodomésticos y hasta equipos médicos.
El despacho eléctrico, como el resto de aquellos que hacen inviable, complicado y farragoso el consejo de ministros, si es que efectivamente sesiona, no está para responder a las demandas ciudadanas, catalogadas de sospechosas cuando – recurrentes – manifiestan su inconformidad con las versiones oficiales del desastre ocasionado por un servicio que, sencillamente, antes de 1998, nunca expuso los apagones tan prolongados, inexplicables y habituales de ahora. Y, menos, cuando en década y media se ha evidenciado una quiebra gerencial tan vasta que, lo sabemos, costará años en recuperar.
Y es que la progresión aritmética de las dependencias oficiales, amén de enjugar la crisis ocasionadas por el clientelismo partidista puertas adentro, se debe a las rigurosas exigencias de una maquinaria propagandística y publicitaria que se departamentaliza. El presupuesto anual y las infaltables solicitudes de crédito público, así lo dibujan, como el talante que demuestren sus titulares para emplear los micrófonos y las cámaras de video en eso que llaman gobierno de calle.
Ilustración: Rolando Peña.
http://www.analitica.com/va/politica/opinion/3404827.asp
Luis Barragán
Búsquense cualesquiera ediciones de la Gaceta Oficial y contabilícense los ministerios existentes, por no citar los viceministerios y demás entidades adscritas a los más disímiles despachos, añadidas las fundaciones beneficiarias del augusto presupuesto asignado y de los infaltables créditos adicionales que explican el esencial ejercicio parlamentario del oficialismo. No hay un problema, por más sobrevenido que sea, multiplicando las instancias con semejantes tareas y angostando los recursos, que no merezca un edificio burocrático capaz de asomar las apetencias que encuentran su mejor pretexto, a la vez que una ventilación puertas adentro de los errores, faltas, equívocos y omisiones que resquebrajan las bases hincadas en terrenos movedizos.
En medio de una continua tempestad de la imprevisión e ineficiencia, la constante es crear y recrear esas instancias, reducido el asunto a la cadena de mando más que a la institucionalidad del Estado (desinstitucionalizado). A modo de ilustración, militarizando los asuntos públicos, recientemente sabemos de un tal Órgano Superior de la Economía, agrietando la estructura departamental de los diferentes dispositivos que hay en la material, cual Estado Mayor de las Lluvias convertido en hábito para atender las inundaciones calamitosas.
Otro ejemplo, es el ministerio encargado de la energía eléctrica en Venezuela que jamás guarda comparación con las empresas públicas y privadas que tuvimos en el área, como la propia atención dispensada por los órganos del Poder Público, en cuanto al diseño y desempeño institucional. Remedio que ha empeorado la enfermedad, sumado el estelar rol de titulares como Alí Rodríguez Araque y Jesse Chacón, inconsecuente – por cierto – con su promesa de renunciar, por no citar la breve estadía pinacular de alguien que hurtaba la energía pública para su casa de habitación, cuyo nombre olvidamos, es otro de los elefantes enrojecidos en medio de la cristalería del país petrolero.
Y, como suele ocurrir, por más portales digitales que exhiban, reina la desinformación de los usuarios que pueden incurrir – además – en algún delito, en el caso de hallar y denunciar las razones reales de sus tomentos. Únicamente vale el pronunciamiento de los burócratas, a través del denominado sistema nacional de medios públicos, mas no la modesta indagación y precaución que puedan exhibir la prensa independiente y los angustiados usuarios, siendo impensable una autónoma organización social en reclamo de las consecuencias domésticas del colapso eléctrico, como la pérdida de alimentos, electrodomésticos y hasta equipos médicos.
El despacho eléctrico, como el resto de aquellos que hacen inviable, complicado y farragoso el consejo de ministros, si es que efectivamente sesiona, no está para responder a las demandas ciudadanas, catalogadas de sospechosas cuando – recurrentes – manifiestan su inconformidad con las versiones oficiales del desastre ocasionado por un servicio que, sencillamente, antes de 1998, nunca expuso los apagones tan prolongados, inexplicables y habituales de ahora. Y, menos, cuando en década y media se ha evidenciado una quiebra gerencial tan vasta que, lo sabemos, costará años en recuperar.
Y es que la progresión aritmética de las dependencias oficiales, amén de enjugar la crisis ocasionadas por el clientelismo partidista puertas adentro, se debe a las rigurosas exigencias de una maquinaria propagandística y publicitaria que se departamentaliza. El presupuesto anual y las infaltables solicitudes de crédito público, así lo dibujan, como el talante que demuestren sus titulares para emplear los micrófonos y las cámaras de video en eso que llaman gobierno de calle.
Ilustración: Rolando Peña.
http://www.analitica.com/va/politica/opinion/3404827.asp
Etiquetas:
Crisis eléctrica,
Luis Barragán,
Miguel Lara,
Militarización,
Ministerios,
Rolando Peña
viernes, 15 de julio de 2011
GABINETAJE

Uno de los aspectos más interesantes del período, susceptible de una rica investigación histórica, jurídica y politológica, el Gabine Ejecutivo de Chávez constituye una formidable curiosidad. Ha faltado, como reportamos en la sección "Noticiero Retrospectivo", al sugerirlo décadas atrás, un ministerio de Estado para Asuntos Incomprensibles. Son centenares los ministros y viceministros, la reformulación de los despachos, la adscripción de instituciones aún de áreas ajenas a los ministerios, la concepción misma del Poder Popular (el que es más que el propio parlamento), por no citar los servicios autónomos, fundaciones y comisiones presidenciales que, incluyen, si mal no recordamos, una "encuesta" para decidir el destino del ramo de Juventud.
El tren ministerial ha sido recientemente ratificado, por lo que - deducidos - creen prematura una convincente renovación parcial o total que considere al superministro estrátegico de los afanes del Estado: la Vicepresidencia Ejecutiva. De modo que, igualmente postergada toda pugna interior de poder, permanecen intactas las políticas oficiales, porque - al fin y al cabo - el ministro es uno: el que los nombra.
Está faltando un estudio semejante al que hizo el sociólogo Amando de Miguel sobre los ministros de Francisco Franco, estableciendo etapas, protagonismos, procedencias, intereses representados, juegos abiertos o aplazados. Sería interesante la sistematización del caso venezolano, pues añadiría a aquellos que, perdiendo la investidura parlamentaria, son llamados recurrentemente a Miraflores, mientras que otros no lo han sido nunca. Por lo pronto, los "minpopos" siguen su curso, aún con pistola en cinto como gusta a una de los titulares dar ruedas de prensa para anunciar medidas desde el despacho de Agricultura y Tierras.
LB
Ilustración: El Nacional, Caracas, 13/01/08.
Etiquetas:
Administración Central,
Chavezato,
Gabinetaje,
LB,
Ministerios
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

