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lunes, 29 de junio de 2020

DEL BOLSILLO ROTO

De los medios de pago
Luis Barragán

En los días que corren, escasea el papel-moneda como difícilmente pueden imaginarlo aún quienes envían  regularmente sus remesas desde el exterior. El elemental medio de pago, símbolo exacto de la modernidad perdida,  incluyendo sus fracciones, ha desaparecido prácticamente del territorio nacional.

Retratada en buena medida la economía criminal que le sirve de soporte, el régimen acepta y auspicia la circulación del dólar estadounidense para desplazar al bolívar ahora presumido de acuñación y curso legal. Pocos son los que aceptan el pago en moneda nacional, como los transportistas públicos que desean ganar la inmediatez que no les concede el empleo de un dispositivo electrónico, trastocados predilecta y  literalmente en vendedores del efectivo acumulado.

Otros medios de  pago yacen en la (in) esperada tumba de algo más que el socialismo, y las letras de cambio, cheques y vales, entre otras modalidades convencionales, cedieron el paso a las tarjetas bancarias de débito (quedando las de crédito y prepago para el recuerdo), incapaces de evolucionar adecuadamente hacia las llamadas de comercio, mercado-pago, Paypal u otras aplicaciones. Al deterioro de la infraestructura bancaria, crecientemente eliminados los cajeros automáticos que no surten dinero, sumamos la desconfianza y alejamiento de las empresas financieras internacionales reacias a avalar las operaciones de pago presente y a futuro de nuestros consumidores.

El  Estado, o lo que queda de él, ha sobrepasado los límites en la generación de dinero inorgánico y, por ello, es que no ensaya el nuevo cono monetario (término ya rutinario), al menos, con la estridencia acostumbrada, por lo que nos estamos quedando sin billetes reales, constantes y sonantes. Divisa aparte, sólo el bolívar es el  referente de nuestras transferencias electrónicas,  remitidos – por cierto -  a las otras verdades, como la brecha digital que se agiganta, el encarecimiento de los equipo (in) móviles y la misma falta de energía eléctrica.

Principios, instituciones y normas vigentes, están derrumbándose, en favor de un cuestionable derecho mercantil y financiero que relega a las masas al trueque,  mientras pugnan por consolidarse las mafias que, entre ellas, aún más al relacionarse con el mundo, lo versionan de acuerdo a las circunstancias. El trueque de supervivencia, expresión de la pre-modernidad a la que retrocedemos, a lo sumo, nos devuelve a las nociones básicas del derecho civil que también perderá toda vigencia, en el caso de avanzar el régimen, reducido a los problemas de identidad, filiación y capacidad, porque el de la responsabilidad únicamente será penal y no habrá propiedad que defender, intercambiar, ni transmitir. 

28/06/2020:

Breve nota LB: Remitido el sábado 27 de los corrientes para publicarse el martes 30, como fue indicado expresamente en la remisión,  según la costumbre, pero sorpresivamente apareció el domingo 28.

domingo, 26 de noviembre de 2017

ADEMÁS, SE DESPACHAN Y SE DAN EL VUELTO

Del ultrafraccionamiento de la moneda
Luis Barragán

La debacle económica está muy bien ilustrada por un fenómeno sin precedentes, por lo menos, en la Venezuela contemporánea: la del radical e incesante fraccionamiento que no, contaminado el lenguaje, fraccionalización, de la moneda de curso legal. E, incluso, solemos perder la idea misma de la unidad monetaria en cada marejada inflacionaria.

El precio básico de una pieza de pan, de la transportación pública, de una llamada telefónica o de un caramelo, se ofrece como insustituible marcador de la vida económica cotidiana. La golosina que, décadas atrás, costaba menos de cinco céntimos (la otrora y nunca bien ponderada “puya”), ha ascendido hoy a un mil bolívares (en realidad, un millón de bolívares), burlándose abiertamente de las políticas oficiales que, en venganza, la hará desaparecer aun tratándose de  la     doméstica o artesanalmente elaborada para las faenas de una buhonería desesperada, ambulante y de mera supervivencia.

Así, el bolívar realmente no está dividido en cien partes, porque cada vez se aleja más del céntimo como noción esencial, fragmentándose infinitamente. El numeral partitivo ha doblegado cualesquiera billetes de 20, 50 y 100 bolívares, prometiendo relegar muy pronto  al orondo papel moneda de cien mil bolívares (cien millones de bolívares).  De la centésima galopamos a  la millonésima que muy bien pueden disfrazar las transacciones electrónicas que aspira a monopolizar el Estado a través del llamado Carnet de a Patria, convertido también en medio de pago, quizá algo inédito en las experiencias socialistas de todo el planeta.

Precisamente, el ultrafraccionamiento de la moneda, por lo demás, sin el debido y aconsejable respaldo, por cierto, pretendiendo repletar las reservas internacionales con divisas igualmente tan abatidas como el bolívar mismo, se une a la tecnología ya apenas disponible, para liquidar – excepto el ideado por la dictadura –  todo medio de pago y, faltando poco, todo tráfico mercantil.  Sin embargo, no nos engañemos, pues, la liquidación no se debe al deliberado y exitoso propósito de sustituir las relaciones capitalistas más elementales, por otras de una superior racionalidad, comprobada eficacia y convencida equidad.

Al contrario, haciendo mil veces más pobres a los pobres, ha fracasado estruendosamente no sólo por la concepción de sus políticas económicas, sino por la propia gestión, instrumentación u operatividad que, al traducirse en novedosos modos delictivos, propios de un Estado – cada vez – más nominal, en proporción a su gigantismo, nos ha devuelto, asaltándola, a la premodernidad.  Queda muy atrás la peregrina ocurrencia de Chávez Frías sobre las fichas llamadas a sustituir a la moneda de curso legal que, ahora, sin un decimal respetable, simboliza muy bien el desastre de un siglo XXI que se dijo prometedor.

26/11/2017:
http://guayoyoenletras.net/2017/11/26/del-ultrafraccionamiento-la-moneda/