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domingo, 7 de junio de 2015

DESAFECCIÓN

La Cena del Señor
José Antonio Pagola

Tomad, esto es mi cuerpo.
Los estudios sociológicos lo destacan con datos contundentes: los cristianos de nuestras iglesias occidentales están abandonando la misa dominical. La celebración, tal como ha quedado configurada a lo largo de los siglos, ya no es capaz de nutrir su fe ni de vincularlos a la comunidad de Jesús.
Lo sorprendente es que estamos dejando que la misa «se pierda» sin que este hecho apenas provoque reacción alguna entre nosotros. ¿No es la eucaristía el centro de la vida cristiana? ¿Cómo podemos permanecer pasivos, sin capacidad de tomar iniciativa alguna? ¿Por qué la jerarquía permanece tan callada e inmóvil? ¿Por qué los creyentes no manifestamos nuestra preocupación con más fuerza y dolor?
La desafección por la misa está creciendo incluso entre quienes participan en ella de manera responsable e incondicional. Es la fidelidad ejemplar de estas minorías la que está sosteniendo a las comunidades, pero ¿podrá la misa seguir viva sólo a base de medidas protectoras que aseguren el cumplimiento del rito actual?
Las preguntas son inevitables: ¿No necesita la Iglesia en su centro una experiencia más viva y encarnada de la cena del Señor, que la que ofrece la liturgia actual? ¿Estamos tan seguros de estar haciendo hoy bien lo que Jesús quiso que hiciéramos en memoria suya?
¿Es la liturgia que nosotros venimos repitiendo desde siglos la que mejor puede ayudar en estos tiempos a los creyentes a vivir lo que vivió Jesús en aquella cena memorable donde se concentra, se recapitula y se manifiesta cómo y para qué vivió y murió Jesús? ¿Es la que más nos puede atraer a vivir como discípulos suyos al servicio de su proyecto del reino del Padre?
Hoy todo parece oponerse a la reforma de la misa. Sin embargo, cada vez será más necesaria si la Iglesia quiere vivir del contacto vital con Jesucristo. El camino será largo. La transformación será posible cuando la Iglesia sienta con más fuerza la necesidad de recordar a Jesús y vivir de su Espíritu. Por eso también ahora lo más responsable no es ausentarse de la misa sino contribuir a la conversión a Jesucristo.

Fuente: http://www.luis-aleman.info/2015/06/04/la-cena-del-senor-j-a-pagola/
Cfr.  http://www.luis-aleman.info/
Ilustración: Vicente Macip Comes.

domingo, 15 de diciembre de 2013

ADENTRARSE EN LA REALIDAD PARA HACER EL MILAGRO

San Mateo, 11: 2-11
Curar heridas
José antonio Pagola

La actuación de Jesús dejó desconcertado al Bautista. Él esperaba un Mesías que extirparía del mundo el pecado imponiendo el juicio riguroso de Dios, no un Mesías dedicado a curar heridas y aliviar sufrimientos. Desde la prisión de Maqueronte envía un mensaje a Jesús: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”.
Jesús le responde con su vida de profeta curador: “Decidle a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia”. Este es el verdadero Mesías: el que viene a aliviar el sufrimiento, curar la vida y abrir un horizonte de esperanza a los pobres.
Jesús se siente enviado por un Padre misericordioso que quiere para todos un mundo más digno y dichoso. Por eso, se entrega a curar heridas, sanar dolencias y liberar la vida. Y por eso pide a todos: “Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo”.
Jesús no se siente enviado por un Juez riguroso para juzgar a los pecadores y condenar al mundo. Por eso, no atemoriza a nadie con gestos justicieros, sino que ofrece a pecadores y prostitutas su amistad y su perdón. Y por eso pide a todos: “No juzguéis y no seréis juzgados”.
Jesús no cura nunca de manera arbitraria o por puro sensacionalismo. Cura movido por la compasión, buscando restaurar la vida de esas gentes enfermas, abatidas y rotas. Son las primeras que han de experimentar que Dios es amigo de una vida digna y sana.
Jesús no insistió nunca en el carácter prodigioso de sus curaciones ni pensó en ellas como receta fácil para suprimir el sufrimiento en el mundo. Presentó su actividad curadora como signo para mostrar a sus seguidores en qué dirección hemos de actuar para abrir caminos a ese proyecto humanizador del Padre que él llamaba “reino de Dios”.
El Papa Francisco afirma que “curar heridas” es una tarea urgente: “Veo con claridad que lo que la Iglesia necesita hoy es una capacidad de curar heridas y dar calor, cercanía y proximidad a los corazones... Esto es lo primero: curar heridas, curar heridas”. Habla luego de “hacernos cargo de las personas, acompañándolas como el buen samaritano que lava, limpia y consuela”. Habla también de “caminar con las personas en la noche, saber dialogar e incluso descender a su noche y oscuridad sin perderse”.
Al confiar su misión a los discípulos, Jesús no los imagina como doctores, jerarcas, liturgistas o teólogos, sino como curadores. Su tarea será doble: anunciar que el reino Dios está cerca y curar enfermos.

http://www.luisaleman.es/evangelio.htm
Cfr. http://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/?f=2013-12-15
Ilustración: Dalia Ferreira.

lunes, 4 de noviembre de 2013

NI SE VENDE: ES GRATUITA



Fiesta de Todos los Santo y Domingo 31 de. T. ordinario /C
Mal programados. La felicidad no se compra.
José Antonio Pagola

Todos experimentamos que la vida está sembrada de problemas y conflictos que en cualquier momento nos pueden hacer sufrir. Pero, a pesar de todo, podemos decir que la «felicidad interior» es uno de los mejores indicadores para saber si una persona está acertando en el difícil arte de vivir. Se podría incluso afirmar que la verdadera felicidad no es sino la vida misma cuando está siendo vivida con acierto y plenitud.
Nuestro problema consiste en que la sociedad actual nos programa para buscar la felicidad por caminos equivocados que casi inevitablemente nos conducirán a vivir de manera desdichada.
Una de las instrucciones erróneas dice así: «Si no tienes éxito, no vales». Para conseguir la aprobación de los demás e, incluso, la propia estima hay que triunfar.
La persona así programada difícilmente será dichosa. Necesitará tener éxito en todas sus pequeñas o grandes empresas. Cuando fracase en algo, sufrirá de manera indebida. Fácilmente crecerá su agresividad contra la sociedad y contra la misma vida.
Esa persona quedará, en gran parte, incapacitada para descubrir que ella vale por sí misma, por lo que es, aun antes de que se le añadan éxitos o logros personales.
La segunda equivocación es ésta: «Si quieres tener éxito, has de valer más que los demás». Hay que ser siempre más que los otros, sobresalir, dominar.
La persona así programada está llamada a sufrir. Vivirá siempre envidiando a los que han logrado más éxito, los que tienen mejor nivel de vida, los de posición más brillante.
En su corazón crecerá fácilmente la insatisfacción, la envidia oculta, el resentimiento. No sabrá disfrutar de lo que es y de lo que tiene. Vivirá siempre mirando de reojo a los demás. Así, difícilmente se puede ser feliz.
Otra consigna equivocada: «Si no respondes a las expectativas, no puedes ser feliz». Has de responder a lo que espera de ti la sociedad, ajustarte a los esquemas. Si no entras por donde van todos, puedes perderte.
La persona así programada se estropea casi inevitablemente. Termina por no conocerse a sí misma ni vivir su propia vida. Sólo busca lo que buscan todos, aunque no sepa exactamente por qué ni para qué.
Las Bienaventuranzas nos invitan a preguntarnos si tenemos la vida bien planteada o no, y nos urgen a eliminar programaciones equivocadas. ¿Qué sucedería en mi vida si yo acertara a vivir con un corazón más sencillo, sin tanto afán de posesión, con más limpieza interior, más atento a los que sufren, con una confianza grande en un Dios que me ama de manera incondicional? Por ahí va el programa de vida que nos trazan las Bienaventuranzas de Jesús.
LA FELICIDAD NO SE COMPRA
Nadie sabemos dar una respuesta demasiado clara cuando se nos pregunta por la felicidad. ¿Qué es de verdad la felicidad? ¿En qué consiste realmente? ¿Cómo alcanzarla? ¿Por qué caminos?
Ciertamente no es fácil acertar a ser feliz. No se logra la felicidad de cualquier manera. No basta conseguir lo que uno andaba buscando. No es suficiente satisfacer los deseos. Cuando uno ha conseguido lo que quería, descubre que está de nuevo buscando ser feliz.
También es claro que la felicidad no se puede comprar. No se la puede adquirir en ninguna planta de ningún gran almacén, como tampoco la alegría, la amistad o la ternura. Con dinero sólo podemos comprar apariencia de felicidad.
Por eso, hay tantas personas tristes en nuestras calles. La felicidad ha sido sustituida por el placer, la comodidad y el bienestar. Pero nadie sabe cómo devolverle al hombre de hoy el gozo, la libertad, la experiencia de plenitud.
Nosotros tenemos nuestras «bienaventuranzas». Suenan así: Dichosos los que tienen una buena cuenta corriente, los que se pueden comprar el último modelo, los que siempre triunfan, a costa de lo que sea, los que son aplaudidos, los que disfrutan de la vida sin escrúpulos, los que se desentienden de los problemas...
Jesús ha puesto nuestra «felicidad» cabeza abajo. Ha dado un vuelco total a nuestra manera de entender la vida y nos ha descubierto que estamos corriendo «en dirección contraria».
Hay otro camino verdadero para ser feliz, que a nosotros nos parece falso e increíble. La verdadera felicidad es algo que uno se la encuentra de paso, como fruto de un seguimiento sencillo y fiel a Jesús.
¿En qué creer? ¿En las bienaventuranzas de Jesús o en los reclamos de felicidad de nuestra sociedad?
Tenemos que elegir entre estos dos caminos. O bien, tratar de asegurar nuestra pequeña felicidad y sufrir lo menos posible, sin amar, sin tener piedad de nadie, sin compartir... O bien, amar... buscar la justicia, estar cerca del que sufre y aceptar el sufrimiento que sea necesario, creyendo en una felicidad más profunda.
Uno se va haciendo creyente cuando va descubriendo prácticamente que el hombre es más feliz cuando ama, incluso sufriendo, que cuando no ama y por lo tanto no sufre por ello.
Es una equivocación pensar que el cristiano está llamado a vivir fastidiándose más que los demás, de manera más infeliz que los otros. Ser cristiano, por el contrario, es buscar la verdadera felicidad por el camino señalado por Jesús. Una felicidad que comienza aquí, aunque alcanza su plenitud en el encuentro final con Dios.


Fotografía y breve nota LB: Tomamos la gráfica durante la homilía del Padre Numa Molina SJ), en la Iglesia de San Francisco (Caracas, 04/11/13). Involuntariamente, pues, llamándonos la atención las alpargatas de Numa, la vecina levantó el codo y quedó una curiosa estampa.

domingo, 15 de septiembre de 2013

PROYECTO Y FIDELIDAD




San Lucas, 15: 1-32

Entre otros aspectos, el Padre José Vicente Ramírez Meza (Redentorista), señaló – por una parte – que estamos habituados a la fabricación en masa y esto, permite que salga imperfectos (o desperfectos) que a nadie le importa. Lo que importa es seguir la producción. A Jesús, estos imperfectos o desperfectos si le importan, y cuentan con su atención. Después que el pastor se asegura que el resto de las ovejas están bien, sale y celebra el hallazgo de la perdida. ¿Solemos hacerlo nosotros? Además, nos sentimos bien con el que conocemos y esperamos una gratificación o contraprestación, mas no nos atrevemos con el que no conocemos y no promete darnos nada a cambio. Y – por otra – indicó que el Padre Nuestro es un Proyecto del Reino a realizar.

El Padre Antonio Gracia (Pasionista), pregunta en la hoja dominical de hoy (Domingo XXIV del Tiempo Ordinario / C): “¿Tienes dificultad en perdonar o te sientes feliz al poderlo realizar? ¿Cómo vives en tu corazón el perdón de Dios?”.

El gesto más escandaloso
José Antonio Pagola

El gesto más provocativo y escandaloso de Jesús fue, sin duda, su forma de acoger con simpatía especial a pecadoras y pecadores, excluidos por los dirigentes religiosos y marcados socialmente por su conducta al margen de la Ley. Lo que más irritaba era su costumbre de comer amistosamente con ellos.
De ordinario, olvidamos que Jesús creó una situación sorprendente en la sociedad de su tiempo. Los pecadores no huyen de él. Al contrario, se sienten atraídos por su persona y su mensaje. Lucas nos dice que “los pecadores y publicanos solían acercarse a Jesús para escucharle”. Al parecer, encuentran en él una acogida y comprensión que no encuentran en ninguna otra parte.
Mientras tanto, los sectores fariseos y los doctores de la Ley, los hombres de mayor prestigio moral y religioso ante el pueblo, solo saben criticar escandalizados el comportamiento de Jesús: “Ese acoge a los pecadores y come con ellos”. ¿Cómo puede un hombre de Dios comer en la misma mesa con aquella gente pecadora e indeseable?
Jesús nunca hizo caso de sus críticas. Sabía que Dios no es el Juez severo y riguroso del que hablaban con tanta seguridad aquellos maestros que ocupaban los primeros asientos en las sinagogas. El conoce bien el corazón del Padre. Dios entiende a los pecadores; ofrece su perdón a todos; no excluye a nadie; lo perdona todo. Nadie ha de oscurecer y desfigurar su perdón insondable y gratuito.
Por eso, Jesús les ofrece su comprensión y su amistad. Aquellas prostitutas y recaudadores han de sentirse acogidos por Dios. Es lo primero. Nada tienen que temer. Pueden sentarse a su mesa, pueden beber vino y cantar cánticos junto a Jesús. Su acogida los va curando por dentro. Los libera de la vergüenza y la humillación. Les devuelve la alegría de vivir.
Jesús los acoge tal como son, sin exigirles previamente nada. Les va contagiando su paz y su confianza en Dios, sin estar seguro de que responderán cambiando de conducta. Lo hace confiando totalmente en la misericordia de Dios que ya los está esperando con los brazos abiertos, como un padre bueno que corre al encuentro de su hijo perdido.
La primera tarea de una Iglesia fiel a Jesús no es condenar a los pecadores sino comprenderlos y acogerlos amistosamente. En Roma pude comprobar hace unos meses que, siempre que el Papa Francisco insistía en que Dios perdona siempre, perdona todo, perdona a todos..., la gente aplaudía con entusiasmo. Seguramente es lo que mucha gente de fe pequeña y vacilante necesita escuchar hoy con claridad de la Iglesia.

http://www.luisaleman.es/evangelio.htmhttp://www.luisaleman.es/evangelio.htm
Cfr. Isabel Vidal de Tenreiro: http://elimpulso.com/articulo/buena-nueva-salvado-en-la-raya#.UjZAQn_3OD8
Reproducción: LB, portada de la revista Billiken, Caracas, nr.  593 del 28/03/1931.

domingo, 1 de septiembre de 2013

INSENSIBLES

Sin Excluir
José Antonio Pagola

Jesús asiste a un banquete invitado por “uno de los principales fariseos” de la región. Es una comida especial de sábado, preparada desde la víspera con todo esmero. Como es costumbre, los invitados son amigos del anfitrión, fariseos de gran prestigio, doctores de la ley, modelo de vida religiosa para todo el pueblo.
Al parecer, Jesús no se siente cómodo. Echa en falta a sus amigos los pobres. Aquellas gentes que encuentra mendigando por los caminos. Los que nunca son invitados por nadie. Los que no cuentan: excluidos de la convivencia, olvidados por la religión, despreciados por casi todos. Ellos son los que habitualmente se sientan a su mesa.
Antes de despedirse, Jesús se dirige al que lo ha invitado. No es para agradecerle el banquete, sino para sacudir su conciencia e invitarle a vivir con un estilo de vida menos convencional y más humano: “No invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes ni a los vecinos ricos porque corresponderán invitándote... Invita a los pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos”.
Una vez más, Jesús se esfuerza por humanizar la vida rompiendo, si hace falta, esquemas y criterios de actuación que nos pueden parecer muy respetables, pero que, en el fondo, están indicando nuestra resistencia a construir ese mundo mas humano y fraterno, querido por Dios.
De ordinario, vivimos instalados en un círculo de relaciones familiares, sociales, políticas o religiosas con las que nos ayudamos mutuamente a cuidar de nuestros intereses dejando fuera a quienes nada nos pueden aportar. Invitamos a nuestra vida a los que, a su vez, nos pueden invitar. Eso es todo.       
Esclavos de unas relaciones interesadas, no somos conscientes de que nuestro bienestar solo se sostiene excluyendo a quienes más necesitan de nuestra solidaridad gratuita, sencillamente, para poder vivir. Hemos de escuchar los gritos evangélicos del Papa Francisco en la pequeña isla de Lampedusa: “La cultura del bienestar nos hace insensibles a los gritos de los demás”. “Hemos caído en la globalización de la indiferencia”. “Hemos perdido el sentido de la responsabilidad”.
Los seguidores de Jesús hemos de recordar que abrir caminos al Reino de Dios no consiste en construir una sociedad más religiosa o en promover un sistema político alternativo a otros también posibles, sino, ante todo, en generar y desarrollar unas relaciones más humanas que hagan posible unas condiciones de vida digna para todos empezando por los últimos.

http://www.luisaleman.es/evangelio.htm
Cfr. http://elimpulso.com/articulo/humildad-verdad#
Pieza: León Ferraro.

domingo, 18 de agosto de 2013

APASIONADOS

Sin fuego no es posible
José Antonio Pagola

En un estilo claramente profético, Jesús resume su vida entera con unas palabras insólitas: "He venido a traer fuego a la tierra, y como quisiera que ya estuviera ardiendo!". ¿De qué está hablando Jesús? El carácter enigmático de su lenguaje conducte a los exegetas a buscar la respuesta en diferentes direcciones. En cualquier caso, la imagen del "fuego" nos está invitando a acercarnos a su misterio de manera más ardiente y apasionada.
El fuego que quema en su interior es la pasión por Dios y la compasión por los que sufren. Nunca podrá ser revelado este amor insondable que anima su vida entera. Su misterio no quedará nunca encerrado en fórmulas dogmáticas ni en libros de sabios. Nadie escribirá un libro definitivo sobre él. Jesús atrae y quema, turba y purifica. Nadie podrá seguir con el corazón apagado o con piedad aburrida.
Su palabra hace arder los corazones. Se ofrece amistosamente a los más excluidos, despierta la esperanza en las prostitutas y la confianza en los pecadores más despreciados, lucha contra todo lo que hace daño al ser humano. Combate los formalismos religiosos, rigorismo inhumanos y las interpretaciones estrechas de la ley. Nada ni nadie puede encadenar su libertad para hacer el bien. Nunca podremos seguir viviendo en la rutina religiosa o el convencionalismo de lo "correcto".
Jesús enciende los conflictos, no los apaga. No ha venido a traer falsa tranquilidad, sino tensiones, enfrentamiento y divisiones. En realidad, introduce el conflicto en nuestro propio corazón. No es posible defenderse de su llamada detrás del escudo de ritos religiosos o prácticas sociales. Ninguna religión nos protegerá de su mirada. Ningún agnosticismo no nos librará de su desafío. Jesús nos está llamando a vivir en verdad y a amar sin egoísmos.
Su fuego no ha quedado apagado al sumergirse en las aguas profundas de la muerte. Resucitado a una vida nueva, su Espíritu sigue ardiendo a lo largo de la historia. Los primeros seguidores lo sienten arder en sus corazones cuando escuchan sus palabras mientras camina a su lado.
¿Donde es posible sentir hoy este fuego de Jesús? ¿Donde podemos experimentar la fuerza de su libertad creadora? ¿Quema nuestros corazones cuando acogemos su Evangelio? ¿Donde se vive de manera apasionada siguiendo sus pasos? Aunque la fe cristiana parece extinguirse hoy entre nosotros, el fuego traído por Jesús al mundo sigue ardiendo bajo las cenizas. No podemos dejar que se apague. Sin fuego en el corazón no es posible seguir a Jesús.

http://www.luisaleman.es/evangelio.htm
Cfr. http://elimpulso.com/articulo/buena-nueva-cristo-divide-la-familia#.UhC7jn8TkhM

domingo, 4 de agosto de 2013

INTERPELACIÓN

NOTITARDE, Valencia, 4 de agosto de 2013
El peligro de las riquezas (Lc.12,13-21)
Joel Núñez Flautes

El evangelio de este domingo nos presenta la escena de un hombre que estaba en litigio con su hermano y le pide a Jesús que intervenga, como juez, para que su hermano reparta equitativamente la herencia con él. Ante tal posición, Jesús no toma parte, porque no vino a ser juez en las cosas materiales, sino que pronuncia una sentencia: “Cuídense de toda clase de avaricia” y esta frase, junto a la parábola del rico insensato, se convierte en el mensaje que Jesús quería transmitir a sus seguidores y también a nosotros, acerca de relativizar las cosas materiales frente al valor que debe tener el Reino de Dios en la vida de un cristiano. No se trata de entrada que ser rico o poseer bienes materiales sea negativo, el peligro está en que apeguemos el corazón a las cosas pasajeras de este mundo y olvidemos valores trascendentales y que perduran en el tiempo, como el amor, la disponibilidad, el servicio, la generosidad, la fraternidad, el compartir. Porque la práctica enseña que la avaricia y la codicia hacen que la persona se olvide de los demás, del prójimo y se vaya encerrando en un círculo vicioso que a la larga le trae intranquilidad, vacío, tristeza, inseguridad, amargura e insensibilidad. Por supuesto, hay que diferenciar la codicia de una legítima aspiración a asegurar el futuro, de aspirar a una vida mejor, a tener lo suficiente para vivir, pero de allí a caer en la tentación del dinero y dejar de lado los bienes espirituales es la advertencia que Jesús nos hace.
En la parábola, Jesús, deja ver el camino de la avaricia sintetizado en el egoísmo, en el disfrute sin compartir con los hermanos, especialmente con los más necesitados; el pensar que se es dueño absoluto del mundo y de la vida y olvidarse de Dios de quien viene y procede todo; peligro frecuente de las riquezas. Es la idolatría del dinero o las riquezas.
El evangelio nos advierte que este mundo es pasajero, que al final del camino debemos dar cuenta a Dios de las obras que hayamos hecho a lo largo de nuestra vida. Llegará un momento que todos tendremos que rendir cuentas al Señor y se trata en fin, que en lo mucho o poco que tengamos sepamos vivir la horizontalidad; es decir, la solidaridad y compartir con los hermanos, y la verticalidad, traducida en la relación amorosa con Dios de quien recibimos todos los bienes.
Dios quiere que todos su hijos vivan bien, que progresen, que tengan una vida digna; pero sin caer en egoísmos, competencias y durezas de corazón.
La segunda lectura de este domingo deja claro dónde está el equilibrio: “Aspirad a los bienes de arriba”; porque se sobreentiende que los bienes de este mundo, lo necesario para vivir es algo que busca satisfacer cualquier ser humano; por eso, lo que no debemos olvidar son los valores del cielo, lo que asegurará la vida futura; vida eterna que no se garantiza con cosas materiales, sino con obras de fe, esperanza y caridad.
Lamentablemente el mundo de hoy tiene su propia “predicación”, pudiéramos llamarlo la “doctrina del mundo postmoderno”; todos los días se predica consumismo, materialismo, afán de riquezas a costa de lo que sea y por encima de quien sea, están la tentación y la práctica institucionalizada de la corrupción que “desangra” a países como el nuestro y hace que existan más pobres, más miseria, mayor atraso y marcadas diferencias de clases. Lo que importa en la sociedad consumista es el tener por encima del ser; ya no se valora al otro por lo que es: Persona, hijo de Dios, ser humano, sino por lo que tiene y quizás hay muchos que tienen en lo material, pero en calidad humana y cristiana les falta mucho por andar o quizás por comenzar. La sociedad postmoderna, lamentablemente, produce muchos “ricos insensatos” y toda serie de codicias, lucha de poder, de placer, de inmoralidades, de desórdenes de todo tipo. En medio de esta cultura, y es la advertencia del evangelio de hoy, debemos saber diferenciar entre necesidades reales (comer, vestir, tener vivienda, educación, formación, descanso, vacaciones, deporte, convivencia, relaciones sociales) y necesidades ficticias sin las cuales para muchos no hay vida (exagerado lujo y confort).
Unas preguntas clave que quedan para meditar: ¿Qué me llevaré de este mundo al final de mi vida? ¿Estoy invirtiendo en amor a Dios y al prójimo para garantizar la vida futura? Recordemos lo que dijo Jesús: “Donde está tu tesoro, allí está tu corazón”.
IDA Y RETORNO: Hoy nuestros seminaristas de Valencia terminan las misiones en la parroquia San Juan Apóstol de Negro Primero. Agradezco de corazón a toda esa comunidad parroquial la hospitalidad y las atenciones para con los futuros sacerdotes de nuestra Arquidiócesis que estuvieron llevando el mensaje del evangelio a los diferentes sectores de esa querida y joven parroquia. Que Dios les bendiga y recompense con muchos frutos espirituales y los ayude en sus necesidades. Quiera Dios que de esa parroquia surjan muchas vocaciones sacerdotales, religiosas y laicales. Pidamos al Señor que nos regale santos sacerdotes.

Domingo XVIII del tiempo ordinario
Lc 12, 13-21
Luis Alemán Mur

Uno del pueblo dijo: Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia.
Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?
Guardaos de toda clase de codicia
Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado ¿de quien será?

“Uno del pueblo dijo: Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia”. Detrás de esta petición se esconde un desenfoque radical de las relaciones entre lo divino y lo humano. A Jesús se le considera un Profeta con poderes divinos y se le ruega que utilice esos poderes para arreglar los conflictos propios de los hombres. Es juego sucio recurrir a Dios para que solucione los desajustes y embrollos de nuestra sociedad.
“Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?” La misión de Jesús no es suplir el trabajo de los jueces, ni de los gobernantes, ni la de los superiores en el orden civil o religioso. Es falso, falsísimo que los jueces, gobernantes, superiores civiles o religiosos, representen las decisiones u opiniones de Dios. En cualquier escalafón de la complejísima sociedad humana, los que deciden suelen hacerlo sin tener en cuenta o si conocer los puntos de vista lejanos de Dios.
“Guardaos de toda clase de codicia”. La codicia de tener o ser más no entra dentro del diseño de Dios. La codicia aleja, no acerca a Dios. La codicia destroza y hunde al hermano. La codicia de unos pocos empobrece a muchos. Detrás de nuestras crisis sociales, siempre está la codicia de unos pocos contra unos muchos. O la codicia de algunas naciones hunde a muchas naciones.
“Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado ¿de quién será?” No es revelación. Es verdad constatada. Es verdad encontrada. No es verdad del científico. Es verdad del humilde. Es la necedad comprobada. Ese tipo de verdades evidentes es el más difícil de descubrir y aceptar. Pues resulta que las verdades evidentes y más imprescindibles son las más simples y las más cercanas a los humildes.

Contra la insensatez
José Antonio Pagola

Cada vez sabemos más de la situación social y económica que Jesús conoció en la Galilea de los años treinta. Mientras en las ciudades de Séforis y Tiberíades crecía la riqueza, en las aldeas aumentaba el hambre y la miseria. Los campesinos se quedaban sin tierras y los terratenientes construían silos y graneros cada vez más grandes.
En un pequeño relato, conservado por Lucas, Jesús revela qué piensa de aquella situación tan contraria al proyecto querido por Dios, de un mundo más humano para todos. No narra esta parábola para denunciar los abusos y atropellos que cometen los terratenientes, sino para desenmascarar la insensatez en que viven instalados.
Un rico terrateniente se ve sorprendido por una gran cosecha. No sabe cómo gestionar tanta abundancia. “¿Qué haré?”. Su monólogo nos descubre la lógica insensata de los poderosos que solo viven para acaparar riqueza y bienestar, excluyendo de su horizonte a los necesitados.
El rico de la parábola planifica su vida y toma decisiones. Destruirá los viejos graneros y construirá otros más grandes. Almacenará allí toda su cosecha. Puede acumular bienes para muchos años. En adelante, solo vivirá para disfrutar:”túmbate, come, bebe y date buena vida”. De forma inesperada, Dios interrumpe sus proyectos: “Imbécil, esta misma noche, te van a exigir tu vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?”.
Este hombre reduce su existencia a disfrutar de la abundancia de sus bienes. En el centro de su vida está solo él y su bienestar. Dios está ausente. Los jornaleros que trabajan sus tierras no existen. Las familias de las aldeas que luchan contra el hambre no cuentan. El juicio de Dios es rotundo: esta vida solo es necedad e insensatez.
En estos momentos, prácticamente en todo el mundo está aumentando de manera alarmante la desigualdad. Este es el hecho más sombrío e inhumano: ”los ricos, sobre todo los más ricos, se van haciendo mucho más ricos, mientras los pobres, sobre todo los más pobres, se van haciendo mucho más pobres” (Zygmunt Bauman).
Este hecho no es algo normal. Es, sencillamente, la última consecuencia de la insensatez más grave que estamos cometiendo los humanos: sustituir la cooperación amistosa, la solidaridad y la búsqueda del bien común de la Humanidad por la competición, la rivalidad y el acaparamiento de bienes en manos de los más poderosos del Planeta.
Desde la Iglesia de Jesús, presente en toda la Tierra, se debería escuchar el clamor de sus seguidores contra tanta insensatez, y la reacción contra el modelo que guía hoy la historia humana.

http://www.luisaleman.es/evangelio.htm
Ilustración: Matías O.

domingo, 21 de julio de 2013

COMUNITARIZARSE

21 de julio de 2013
16 Tiempo Ordinario (C)
Lucas 10, 38-42
Nada hay más necesario
José Antonio Pagola

El episodio es algo sorprendente. Los discípulos que acompañan a Jesús han desaparecido de la escena. Lázaro, el hermano de Marta y María, está ausente. En la casa de la pequeña aldea de Betania, Jesús se encuentra a solas con dos mujeres que adoptan ante su llegada dos actitudes diferentes.
Marta, que sin duda es la hermana mayor, acoge a Jesús como ama de casa, y se pone totalmente a su servicio. Es natural. Según la mentalidad de la época, la dedicación a las faenas del hogar era tarea exclusiva de la mujer. María, por el contrario, la hermana más joven, se sienta a los pies de Jesús para escuchar su palabra. Su actitud es sorprendente pues está ocupando el lugar propio de un “discípulo” que solo correspondía a los varones.
En un momento determinado, Marta, absorbida por el trabajo y desbordada por el cansancio, se siente abandonada por su hermana e incomprendida por Jesús: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano” . ¿Por qué no manda a su hermana que se dedique a las tareas propias de toda mujer y deje de ocupar el lugar reservado a los discípulos varones?
La respuesta de Jesús es de gran importancia. Lucas la redacta pensando probablemente en las desavenencias y pequeños conflictos que se producen en las primeras comunidades a la hora de fijar las diversas tareas: “Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; solo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán” .
En ningún momento critica Jesús a Marta su actitud de servicio, tarea fundamental en todo seguimiento a Jesús, pero le invita a no dejarse absorber por su trabajo hasta el punto de perder la paz. Y recuerda que la escucha de su Palabra ha de ser lo prioritario para todos, también para las mujeres, y no una especie de privilegio de los varones.
Es urgente hoy entender y organizar la comunidad cristiana como un lugar donde se cuida, antes de nada, la acogida del Evangelio en medio de la sociedad secular y plural de nuestros días. Nada hay más importante. Nada más necesario. Hemos de aprender a reunirnos mujeres y varones, creyentes y menos creyentes, en pequeños grupos para escuchar y compartir juntos las palabras de Jesús.
Esta escucha del Evangelio en pequeñas “células” puede ser hoy la “matriz” desde la que se vaya regenerando el tejido de nuestras parroquias en crisis. Si el pueblo sencillo conoce de primera mano el Evangelio de Jesús, lo disfruta y lo reclama a la jerarquía, nos arrastrará a todos hacia Jesús.

http://www.rscj.es/contenido/Oracion/Pagola/pagola.htm
Cfr. http://www.luisaleman.es/evangelio.htm
Ilustración: Tomada de la red, "El Kandinsky más grande del mundo | Blog Image & Web Solution"
Brevísima nota LB: ¿Pueden ser Marta y María?

domingo, 23 de junio de 2013

LLAMADO A LA SUBLEVACIÓN

Lc 9, 18-24
Luis Alemán Mur

Orando solo en presencia de sus discípulos
Les preguntó ¿quién dice la gente que soy yo?
Ellos contestaron: Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros…
Y vosotros ¿quién decís que soy yo?
El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, y se venga conmigo


Les preguntó ¿quién dice la gente que soy yo? Habría que aclarar qué es lo que quiere saber Jesús: 1. Pregunta teológica: ¿quién es como persona? O 2. Pregunta sociológica: ¿cuál es el papel que la gente espera que él desempeñe? Pero la pregunta en su doble sentido: quién es esta persona extraña; y qué papel desempeña, es el núcleo de los Evangelios. Dos mil años de cristianismo, cuatro o cinco concilios dedicados a investigar la persona de Jesús y fijar una repuesta oficial de catecismo. Respuesta un tanto vaporosa: contundente en su formulación en términos demasiado filosóficos. Hasta el punto de que podría presentarse hoy de nuevo Jesús y volver a preguntar ¿quién dice la gente que soy yo? A la Iglesia Institución le gustó siempre más la teología que la sociología. “Jesús es el Verbo encarnado, Dios hecho hombre”. Sin embargo, Jesús el de Nazaret, el que hizo la pregunta pensaba más en la liberación de un pueblo esclavizado por la religión y pisoteado por una sociedad injusta. Su misión nunca fue recuperar la grandeza de Israel sino levantar al hombre y a la mujer hundidos.
Jesús hizo esta pregunta después de hacer oración. Eso no nos da derecho a pensar que Jesús supiera nada del “Verbum caro factum est
“Ellos contestaron: Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros…”. En definitiva todos se equivocaron con Jesús. Y es que ninguno sospechaba que el antiguo testamento, la Torá, se había acabado. El problema no es ya La Ley ni su vieja teología. El problema es el Hombre. Cuando entra Jesús en la historia de la humanidad, el protagonista comienza a ser el Hombre. Hasta el punto de que sólo se podrá ir a Dios si es a través del hombre.
“Y vosotros ¿quién decís que soy yo?”  En este momento de la lectura evangélica, o de la homilía, debería hacerse un silencio para que cada cristiano responda. Es una pregunta dirigida a cada creyente. A partir de la respuesta de cada uno se podrá entender qué cristianismo hacemos entre todos. Es una pregunta a la que deben responder los señores obispos. Parece que el papa Francisco está respondiendo día a día, gesto a gesto. Como tendrá que hacer todo seguidor de Jesús día a día, gesto a gesto: proclamar quién es Jesús en quien creemos y a quien proclamamos
“El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, y se venga conmigo”. Que se niegue a sí mismo. No son tus ideas, ni tu sabiduría, ni tu inteligencia sino que te parezcas a Jesús.
       
¿Quién es para nosotros?
José Antonio Pagola

La escena es conocida. Sucedió en las cercanías de Cesarea de Filipo. Los discípulos llevan ya un tiempo acompañando a Jesús. ¿Por qué le siguen? Jesús quiere saber qué idea se hacen de él: “Vosotros, ¿quién decís que soy yo?”. Esta es también la pregunta que nos hemos de hacer los cristianos de hoy. ¿Quién es Jesús para nosotros? ¿Qué idea nos hacemos de él? ¿Le seguimos?
¿Quién es para nosotros ese Profeta de Galilea, que no ha dejado tras de sí escritos sino testigos? No basta que lo llamemos “Mesías de Dios”. Hemos de seguir dando pasos por el camino abierto por él, encender también hoy el fuego que quería prender en el mundo. ¿Cómo podemos hablar tanto de él sin sentir su sed de justicia, su deseo de solidaridad, su voluntad de paz?
¿Hemos aprendido de Jesús a llamar a Dios “Padre”, confiando en su amor incondicional y su misericordia infinita? No basta recitar el “Padrenuestro”. Hemos de sepultar para siempre fantasmas y miedos sagrados que se despiertan a veces en nosotros alejándonos de él. Y hemos de liberarnos de tantos ídolos y dioses falsos que nos hacen vivir como esclavos.
¿Adoramos en Jesús el Misterio del Dios vivo, encarnado en medio de nosotros? No basta confesar su condición divina con fórmulas abstractas, alejadas de la vida e incapaces de tocar el corazón de los hombres y mujeres de hoy. Hemos de descubrir en sus gestos y palabras al Dios Amigo de la vida y del ser humano. ¿No es la mejor noticia que podemos comunicar hoy a quienes buscan caminos para encontrarse con él?
¿Creemos en el amor predicado por Jesús? No basta repetir una y otra vez su mandato. Hemos de mantener siempre viva su inquietud por caminar hacia un mundo más fraterno, promoviendo un amor solidario y creativo hacia los más necesitados. ¿Qué sucedería si un día la energía del amor moviera el corazón de las religiones y las iniciativas de los pueblos?
¿Hemos escuchado el mandato de Jesús de salir al mundo a curar? No basta predicar sus milagros. También hoy hemos de curar la vida como lo hacía él, aliviando el sufrimiento, devolviendo la dignidad a los perdidos, sanando heridas, acogiendo a los pecadores, tocando a los excluidos. ¿Dónde están sus gestos y palabras de aliento a los derrotados?
Si Jesús tenía palabras de fuego para condenar la injusticia de los poderosos de su tiempo y la mentira de la religión del Templo, ¿por qué no nos sublevamos sus seguidores ante la destrucción diaria de tantos miles de seres humanos abatidos por el hambre, la desnutrición y nuestro olvido?

http://www.luisaleman.es/evangelio.htm
Ilustración: Reina Astrid Ramírez, "Tiempo y espacio de Macuro" (2013). Centro Cultural "Tulio Febres Cordero", Mérida.