EL PAÍS, Madrid, 5 de noviembre de 2017
LA PUNTA DE LA LENGUA
Declaración de doble sentido
Recorrido por los juegos de lenguaje con dos interpretaciones, hasta llegar a la resolución del Parlament
Alex Grijelmo
Esto último sucede con el ejemplo que comenta Adelino Cattani (Expresarse con acierto 2010: 93): “Gracias por el libro que me ha enviado. Estoy seguro de que no perderé el tiempo leyéndolo”.
El doble sentido con dos posibilidades válidas se usa a menudo para titular reportajes. Por ejemplo, cuando en 1983 un preso recibió en Madrid la visita de su hermano gemelo. Durante el encuentro a solas, se cambiaron las ropas, el recluso escapó de la cárcel y el inocente se quedó en ella. Éste no tardaría en demostrar que se había producido un error, y también salió libre. El reportaje se tituló “Una evasión por la cara”.
(En España, “por la cara” significa “con atrevimiento y sin cumplir los requisitos”).
En el caso del humor, Les Luthiers juegan mucho con un segundo sentido oculto que se hace presente por sorpresa. Cuando Marcos Mundstock se jacta de ser el autor de la frase “Los niños de hoy, mañana serán hombres”, su compañero Martín O’Connor se carcajea de él y contesta riéndose: “¡Hay que tener coraje!”, de modo que todos entendemos que está mofándose de que su amigo se atribuya como original lo que es un tópico viejísimo. Pero luego añade Martín: “Los niños de hoy, mañana serán hombres. ¡De un día para el otro!... ¡Qué manera abrupta de crecer!”.
Salvador Gutiérrez Ordóñez recoge en De pragmática y semántica (2002: 57) el anuncio de una compañía de seguros que decía así: “Mujer al volante. Precaución”. Los prejuicios activan en el público la interpretación de que hay que tener cuidado si una mujer conduce. Pero se trata sólo de un reclamo retórico, porque luego se aclara que las mujeres son más prudentes al volante que los hombres. Por tanto, “mujer al volante” equivale aquí a “precaución”. El segundo significado también era posible, pero sin explicación adicional sólo habríamos recibido el primero.
A veces el doble sentido deriva en equívoco. Así ocurrió, según cuenta Juan Luis Conde en El segundo amo del lenguaje (2001: 55), en la antesala de una consulta donde se hallaban esperando un hombre de abultada joroba y otro paciente al que una esquirla se le había alojado en un ojo. El doctor dijo en voz alta desde su despacho: “A ver, que pase el del cuerpo extraño”. El jorobado se levantó sin dudarlo, y sólo dio la vuelta tras ser informado por la enfermera de que el paciente del cuerpo extraño era en realidad el otro.
El procès nos ha brindado un tipo más de doble interpretación. La última resolución aprobada por el Parlament “insta” al Gobierno catalán a “dictar todas las resoluciones necesarias para el desarrollo de la ley de transitoriedad jurídica y fundacional de la república”. Por tanto, una vez más, no se declara la independencia, sino que se anima al Govern a que lo haga. Sin embargo, en la exposición de motivos sí se explicitaba: “Constituimos la república catalana como Estado independiente y soberano”. Ay, pero esa frase no se votó, porque no se hallaba en “la parte dispositiva” .
Así pues, con los juegos de doble interpretación podemos creernos el hombre del cuerpo extraño, pensar en las mujeres al volante como un peligro, entender que los niños crecen de repente... o declarar la independencia. Después, cuando pregunte un juez, el autor del mensaje quizás dé por no enunciado el primer sentido para acogerse sin más al segundo. En el caso de los dirigentes independentistas, tiene toda la pinta de ser una triquiñuela ideada con dedicación.
Fuente:
https://elpais.com/elpais/2017/11/02/opinion/1509624283_471666.html
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sábado, 4 de noviembre de 2017
sábado, 22 de agosto de 2015
TONELADAS DE HUMOR, COMO HERENCIA
A propósito de Daniel Rabinovich
Ox Armand
Ha fallecido un gran humorista. Supimos de él, desde el primer momento que Les Luthiers pisó territorio venezolano añales atrás, con sus imperecederas toneladas de humor. Inevitable recordar las legendarias presentaciones del grupo que, además, cumplió la diaria rutina de los mediodías con Renny Ottolina, en una etapa en la que el animador sacaba su antigua y espontánea simpatía de vez en cuando. Quizá el espectáculo más memorable que torpemente difundió después el canal 8 del Estado, por la mala grabación que sobrevive en las redes, haya sido aquella donde Daniel Rabinovich aseguró que no podía vivir atado. Y nos permitimos dos o tres rápidos comentarios. Digamos, primero, que la banda de los raros instrumentos se hizo noticia en la Universidad Central cuando comenzaron a circular sus discos por allá en los comienzos de los setenta. Una innovación que partía de los cuadros intelectuales de un maniático y, a veces, desacertado esnobismo. Lo segundo, muy a pesar de las personas que todavía les parece que los luthierranos dicen tonterías, la inmensa posibilidad del humor inteligente, negro y corrosivo, que contrasta con el facilón y descalificador moral dl otro y de los otros. Lo tercero, la irremediable carga política superviviente, difícilmente superviviente en la Argentina de los más asombrosos momentos de la historia, que no necesitaba de la consigna directa y sectaria como puede verse en algunas interpretaciones que versan sobre la derrota de un ejército o en el nombramiento del gabinete ejecutivo de una dictadura (como toda, militar) que confía el ministerio de educación a un cabo o un sargento. Lo cuarto, los dólares que hubo para importar el show del humor.
Quiero detenerme por un instante en esta importación a la que creadoramente le opusimos y complementamos la sustitución respectiva con nuestra propia cosecha. Claro que hubo injusticias con las divisas que se otorgaban, en la Venezuela de antes, en la que muy poco, es verdad, aportaba la economía no petrolera. Sin embargo, no sólo ésta economía contribuía con dólares constantes y sonantes en una proporción impensable en la actualidad. Y, puede asegurarse, estaba mejor repartida que ahora. Alcanzaba hasta para pagar el humor y tender a un cierto nivel de calidad de vida de los sectores medios y populares. Ahora, los dólares no alcanzan para todos y – supercomprobado – ni para medicinas o alimentos. Antes que los insumos básicos, esos dólares tiene por destino las cuentas privadas de los más avispados burócratas de turno en el exterior, el financiamiento de cuanto festival u otras visitas hagan los camaradas del extranjero para el turismo y la propaganda políticas. E, incluso, no menos avispados, para los promotores de espectáculos efímeros, pues, ví al grupo Yes tres o cuatro años atrás, con media banda, rapidito y pirateando, en lo que – a todas luces – fue un negocio caraqueño más en la era del control de cambio.
Gozamos de las presentaciones de Daniel y todo Les Luthiers por varios años. Hoy, estamos aislados de las novedades bajo un completo monopolio de las divisas por el Estado que, así, decide hasta de nuestras tristezas. Una de ellas, la ausencia física del humorista. Las otras, frutos de un régimen que es … de tristeza.
Ox Armand
Ha fallecido un gran humorista. Supimos de él, desde el primer momento que Les Luthiers pisó territorio venezolano añales atrás, con sus imperecederas toneladas de humor. Inevitable recordar las legendarias presentaciones del grupo que, además, cumplió la diaria rutina de los mediodías con Renny Ottolina, en una etapa en la que el animador sacaba su antigua y espontánea simpatía de vez en cuando. Quizá el espectáculo más memorable que torpemente difundió después el canal 8 del Estado, por la mala grabación que sobrevive en las redes, haya sido aquella donde Daniel Rabinovich aseguró que no podía vivir atado. Y nos permitimos dos o tres rápidos comentarios. Digamos, primero, que la banda de los raros instrumentos se hizo noticia en la Universidad Central cuando comenzaron a circular sus discos por allá en los comienzos de los setenta. Una innovación que partía de los cuadros intelectuales de un maniático y, a veces, desacertado esnobismo. Lo segundo, muy a pesar de las personas que todavía les parece que los luthierranos dicen tonterías, la inmensa posibilidad del humor inteligente, negro y corrosivo, que contrasta con el facilón y descalificador moral dl otro y de los otros. Lo tercero, la irremediable carga política superviviente, difícilmente superviviente en la Argentina de los más asombrosos momentos de la historia, que no necesitaba de la consigna directa y sectaria como puede verse en algunas interpretaciones que versan sobre la derrota de un ejército o en el nombramiento del gabinete ejecutivo de una dictadura (como toda, militar) que confía el ministerio de educación a un cabo o un sargento. Lo cuarto, los dólares que hubo para importar el show del humor.
Quiero detenerme por un instante en esta importación a la que creadoramente le opusimos y complementamos la sustitución respectiva con nuestra propia cosecha. Claro que hubo injusticias con las divisas que se otorgaban, en la Venezuela de antes, en la que muy poco, es verdad, aportaba la economía no petrolera. Sin embargo, no sólo ésta economía contribuía con dólares constantes y sonantes en una proporción impensable en la actualidad. Y, puede asegurarse, estaba mejor repartida que ahora. Alcanzaba hasta para pagar el humor y tender a un cierto nivel de calidad de vida de los sectores medios y populares. Ahora, los dólares no alcanzan para todos y – supercomprobado – ni para medicinas o alimentos. Antes que los insumos básicos, esos dólares tiene por destino las cuentas privadas de los más avispados burócratas de turno en el exterior, el financiamiento de cuanto festival u otras visitas hagan los camaradas del extranjero para el turismo y la propaganda políticas. E, incluso, no menos avispados, para los promotores de espectáculos efímeros, pues, ví al grupo Yes tres o cuatro años atrás, con media banda, rapidito y pirateando, en lo que – a todas luces – fue un negocio caraqueño más en la era del control de cambio.
Gozamos de las presentaciones de Daniel y todo Les Luthiers por varios años. Hoy, estamos aislados de las novedades bajo un completo monopolio de las divisas por el Estado que, así, decide hasta de nuestras tristezas. Una de ellas, la ausencia física del humorista. Las otras, frutos de un régimen que es … de tristeza.
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HUMOR DE LUTHO
Ilustración de Miguel Rep sobre Daniel Rabinovich y fotografía de Claudio Álvarez en una presentación de Les Luthiers en Madrid, 1996. Ambas, tomadas de la edición digital de El País de Madrid.
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