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sábado, 22 de febrero de 2020

DESILUSIÓN SOCIOLÓGICA

Cesarismo democrático
Ángel R. Lombardi

“La bandera de la Independencia para las 
masas populares fue el delito”. 
Laureano Vallenilla Lanz

Simón Bolívar (1783-1830) escribió ya al final de su existencia que la "libertad se ve sentada sobre ruinas" y que le temía mucho más a la paz que a la guerra. Su desconfianza ante la incapacidad de sus compatriotas por carecer de facultades republicanas fue confirmada en los hechos. Laureano Vallenilla Lanz (1870-1936), constata desilusionado ochenta y nueve años después, que la transición de Colonia a República, fue un evento cataclísmico; una antropofagia social que da nacimiento a un gentilicio de violencia iracunda sin límites.

Lo que se inició en 1810, un evento ilustrado del mantuanaje blanco criollo en Caracas, devino, al finalizar el horror de una guerra de exterminio en 1823, en la profundización de los mismos conflictos que antes estaban atemperados por el orden hispánico: “odios de casta, regusto por la sangre, y sobre todo una absoluta desarticulación respecto a las razones o ideales del fratricidio”. (Miguel Ángel Campos)

La Independencia dio como resultado la negación de la cultura colonial, abrasando (SIC) con su continuidad y lanzando al abismo a una población maltrecha sin un referente de identidad definido. Los caudillos, grandes capitalizadores de la victoria guerrera, ya se las arreglarían para conseguir desde los mitos y las mentiras la justificación de la nueva dominación. 

Andrés Bello (1781-1865), y muchos otros más, prefirió huir del incendio descomunal y no apoyó la Independencia porque se dio cuenta que la guerra civil sepultaba al pasado colonial con el cuál se sentía directamente identificado y representado. Prefirió irse al exilio que "construir patria". En Chile llegó a ser Rector.

Nos dice Vallenilla Lanz: “El aristócrata, el mantuano, el gran señor, el superviviente de la alta clase social que por siglos había ejercido la “tiranía doméstica, activa y dominante”; el más alto representante de la “minoría audaz” naufragaba en el mar de sangre de la revolución. La lucha entre Bolívar y Páez, “el corifeo de la gente colorada” -como le llamó Peñalver- habría desatado sobre Venezuela la lucha de castas, la guerra de colores que no solo estaba latente, sino que hacía explosiones parciales en todo el país”.

La "causa" de Bolívar fue platónica. La "causa" de Páez fue real o pragmática. El primero murió rechazado por sus propios aliados. El segundo "disfrutó" de su caudillaje peleando contra los otros caudillos. El bienestar e intereses nacionales siempre fue algo subalterno. Desde el año 1826 José Antonio Páez (1790-1873) se le alzó a Bolívar y ganó porque sus adeptos le proclamaron  en el año 1830 el “Padre de la Patria” en Venezuela.

El “patrocinio militar” llenó el vacío institucional dejado de lado por una Colonia destruida. La supremacía del más fuerte, del más sagaz, vigoroso y valiente exacerbando el más grande individualismo estableció la nueva jerarquización social ahondando ya no sólo en la desigualdad de las antiguas castas durante la Colonia, sólo niveladas jurídicamente en la República, sino incubando el fenómeno del personalismo basado en las lealtades de los pactos y conjuras.

Todo el caudillismo nuestro nace con esto y permite la renuncia de las obligaciones generales de sus ciudadanos para con la sociedad. El bandolerismo legalizado se confundió con la nueva Patria a partir del año 1830 haciendo del general Páez el “Gendarme Necesario” para lidiar con la más grande anarquía. Un resguardo de la nueva República, que paradójicamente, se hizo ahondando en la violencia desatada y nunca contenida.

“El Gendarme Necesario” no procuró ni hacer respetar las constituciones de papel y mucho menos resguardar el logro de un igualitarismo confuso hacia un pueblo acostumbrado a la rebatiña y el saqueo, lo que hizo en realidad, fue reducir los niveles del descalabro a una escala conveniente a sus propios intereses y a la de su clientela de seguidores.


El libro de Vallenilla Lanz, “Cesarismo Democrático” fue publicado en 1919 producto de una desilusión sociológica. Hoy, cien años después, su actualidad se hace inesperada ante la persistencia del fenómeno autoritario junto al “patrocinio militar” que no remite ante las aspiraciones de la épica civilista. El chavismo no es más que la mutación del desarreglo venezolano que nunca atendió el dictamen de su atraso social desde unos atavismos trágicos. El petróleo, su bonanza, fue una oportunidad despreciada. Hoy, todos nuestros males, vuelven a reaparecer desde el más grande ímpetu autodestructivo.

Fuente:

martes, 4 de julio de 2017

domingo, 14 de diciembre de 2014

MEDIO SIGLO

Nota adicional sobre Escalante
Ox Armand


A  mediados de noviembre de 1964, desapareció físicamente Diógenes Escalante, el varias veces aspirante a la presidencia de la República que intentó rebanar la densa sombra del gomezalato original y sus derivados. De estricto interés histórico,  apuntamos a las excepcionales posibilidades que todo régimen de fuerza ofrece. A pesar de las brutales dictaduras a las que sirvió, quizá conmovido e impotente en el exterior,  su preparación y actuación contrastó con el gamonal y los gamonales de los que aprendió también a cuidarse, hábilmente escurrido hacia Caracas para evitar el riesgo que Eustoquio Gómez acusaba a la hora de gobernar la natal tierra tachirense. Hubo ciertas destrezas políticas de supervivencia que, resignado o culpablemente resignado, lo llevaron a postergar, en distintas etapas, sus aspiraciones miraflorinas a favor de un Victorino Márquez Bustillos, Juan Bautista Pérez o Isaías Medina Angarita.

Los interlocutores foráneos le resultaban más cómodos que los funcionarios del patio, lidiándolos sagazmente cuando ejerció el ministerio o la secretaría general de la presidencia en Caracas. Lo imaginamos de una clara inteligencia,  prudencia de bisturí y  modales cuidadosos, aunque nunca despojado de la andinidad que muy bien retrató Javier Vidal en su célebre y marcadora pieza  teatral. Permitiéndonos la larga cita, José Abel Montilla – coetáneo – escribió: “El comunicar con Escalante sorprendía al algunos, porque lo hallaban un tanto frío, introverso y con cierto matiz aristocrático, matiz de gentleman de la vieja Albión, lo cual era solamente aparente, pues tenía el espíritu abierto a todas las inquietudes humanas, con un sentido de observación alerta ante las nuevas realidades de la vida y con un intelecto claro y una fina sensibilidad” (El Universal, Caracas, 21/11/1964).  Agrega, luego de apuntar que estuvo en los combates de Jajó (1898) y El Zumbador (1899), y los de la campaña contra la Libertadora (1901-1903), como ayudante de Gómez, Olivares, Morales y Velutini, invocada su trayectoria burocrática, “no era pues un desvinculado del país, como algunos retrógrados e intrigantes, con propósito hostil, lo propalaban para cerrarle el paso”.

Podemos juzgar el oportunismo  del aldeano al que deslumbró inicialmente Caracas para luego desenvolverse confortablemente en las grandes capitales del mundo, o el periodismo complaciente que hizo desde  El Nuevo Diario que cofundara, pero una perspectiva balanceada igualmente nos orienta al reconocimiento de un alto funcionario que, paciente, disciplinado, riguroso e informado, sobresale respecto a  los otros que simplemente saquearon el erario público. Suele ocurrir, por más retardatario que sea un régimen que – por si fuese poco – se reclama como progresista o adelantado, hay quienes casi cautelosamente  se empinan, labrando un talento acaso insospechado.  En el cuadro primitivista del régimen, por capricho o por una de esas poderosas intuiciones que la jefatura del Estado impone, Gómez acertó con determinados colaboradores que, lejos de demeritarlos, toda una paradoja, constituyeron la excepción de la regla dictatorial que contribuyeron a afianzar.

Precisamente, iniciada la transición lopecista, es en el servicio exterior donde destacan algunos nombres que se convierten en el elenco político alternativo. Escalante o Esteban Gil Borges, por ejemplo, cuyas labores diplomáticas no los implicaba directamente en las faenas represivas, a pesar del seguimiento y espionaje del exilio que debieron cumplir, fungían como la inmediata reserva política de una sólida reputación intelectual que, después, hubo de medirse con las nuevas promociones dirigenciales.Además, planteada la transición de la década de los cuarenta, no por azar surgió la opción de Escalante que quedará como una incógnita para siempre. Históricamente accidentado por una sorpresiva enfermedad mental, nunca sabremos cuál hubiese sido el destino del país bajo su presidencia.

Recordemos, fallecido en Florida y trasladado a Caracas, significativamente el presidente Leoni concurrió a sus funerales, medio siglo atrás.  Queda la referencia de un actor político, como Escalante, y ojalá no sea tarde para indagar y recuperar los archivos que seguramente llevó de una larga travesía.

Reproducciones:
"El XVI Aniversario de 'El Nuevo Diario'. Élite, Caracas, nr. 173 del 06/01/1929. En una etapa dirigido por Diógenes Escalante y, en otra, por Laureano Vallenilla Lanz, teniendo por jefe de Redacción a Alejandro Fernández García, "ha cumplido con una excelente obra de cultura nacional y de acendrado partidarismo y adhesión hacia el Gobierno Nacional que reside el señor General J. V. Gómez". En la fotografía de Luis F. Toro, aparecen Vallenilla Lanz y Fernández García, junto a "eminentes y destacadas personalidades del Ejecutivo, de la Diplomacia, del Ejército y de todos los organismos representativos".
El Nacional, Caracas, 27/11/1964.

domingo, 16 de noviembre de 2014

CAZA DE CITAS

"Pero marxistas y demócratas atacaron a (Laureano) Vallenilla (Lanz)  para por gomecista, supusieron equivocadamente, que había elaborado un discurso para favorecer únicamente a Gómez. No se percataron que el discurrir fundamental del periodísta fue el tiempo histórico de la independencia, es decir, el tiempo de Bolívar. Inclusive, políticos como Betancourt y Caldera, atacron a Vallenilla Lanz porque el gendarme necesario representaba a Gómez. Descuidaron que también representaba a Bolívar. La estatua de mil batallas del prócer, pudo más que la relexión política"

Giovanni Meza Dorta

("El olvido de los próceres", Editorial Jurídica Venezolana, Caracas, 2012: 103)

domingo, 28 de julio de 2013

USLARIDAD

A propósito de una gráfica
Luis Barragán

Arturo Uslar Pietri, a quien no debemos desconocer sus méritos, constituye un emblema de la política venezolana del pasado. Gozó de un protagonismo que incluyó el exilio amargo, aunque - competente - pudo desenvolverse como docente universitario en Estados Unidos y sobrevivir como a duras apenas otros paisanos lo lograron.

Su obra sigue interesando a los investigadores, como Edgardo Mondolfi y el balance que ha hecho de sus opiniones sobre variados asuntos. Todavía recordamos, por ejemplo, la convicción que expone sobre el personaje, en un sano ejercicio crítico de clartificación, Juan Carlos Rey al ventilar el sistema de partidos;  o el tremendismo que exhibió Uslar, ya jubilado de las actividades públicas, haciéndose un notable por los '90.

Contamos con modestos archivos de la vieja prensa, mas no con el tiempo necesario para procesarlos y sustentar algunas impresiones sobre el importante actor político que fue. Periódicos y revistas, actas parlamentarias y videos, esperan por un examen riguroso, lamentando que - presuntamente - no hubiese dejado unas memorias.

Interesa saber del fulgurante ascenso político de un miembro de la llamada  Generación de 1928, de la que no se sintió partícipe para tristeza de las consabidas tesis de Ortega y Gasset. En un extenso escrito, Aquiles Certad versaba, a pocos días de los hechos de octubre de 1945,  en torno a "una de las carreras más brillantes y rápidas que se han producido en Venezuela" (Billiken, Caracas, nr. 932 de la primera quincena de octubre de 1945).

Refirió - además - que conoció a Uslar al regresar de Europa, atendiendo sus obligaciones como profesor universitario (Economía Política y Finanzas), y concurriendo a sendas tertulias literarias, como las que se daban en la sede de El Universal, mientras trabajaba en la cancillería con Esteban Gil Borges, quien lo designó director de Política Económica. Certad comenta las posteriores responsabilidades, tales como la dirección del Instituto Técnico de Inmigración y el ministerio de Educación, con Eleazar López Contreras; o el ministerio de Hacienda y la Secretaría de la Presidencia, con Isaías Medina Angarita.

El autor de marras lo considera una persona de recto proceder, sencilla,  cordial y discreta, cuyo automóvil podía verse estacionado por las tardes, en la sede del Partido Democrático Venezolano (PDV).  Tiempos de una feneril actividad que sintetizaba los encuentros habituales con la prensa, los mítines y la cotidianidad política, el profesorado universitario, el despachar miraflorino y las giras al interior para acompañar al Presidente Medina.

Esta rápida nota está motivada por una estupenda fotografía aportada al Facebook por el joven historiador Javier Escala, la que destinamos a una página que denominamos  La Afición Histórica. Perteneciente a la colección de la llamada Casa Uslar Pietri, la traemos a colación en el blog.

Fotografía: Arturo Uslar Pietri (agregado de la Legación), Laureano Vallenilla Lanz (Ministro Plenipotenciario en Francia) y Caracciolo Parra Pérez. Aunque, nos preguntamos,  ¿fue éste canciller de Gómez?

viernes, 9 de marzo de 2012

NOTICIERO RETROSPECTIVO
















- Luis Ugalde (SJ) y la dictadura del proletariado. SIC, Caracas, nr. 398 de 09/77.
- Javier Pereira. "Los venezolanos se han 'derechizado' al reforzar valores del perezjimenismo". El Nacional, Caracas, 14/10/05.
- Heinz Rudolf Sonntag. "Psiquiatría y subdesarrollo". SIC, nr. 382 de 02/76.
- La gerencia y sus modas. Debates IESA, Caracas, vol. VI, nr. 1 de 09/00.
- Luis Beltrán Prieto Figueroa. "La justicia militar: Salom Mesa". SIC, nr. 413 de 01/79.

LA BIGOTURA SOBREVENIDA


EL NACIONAL - Viernes 09 de Marzo de 2012 Opinión/7
Betancourt y Vallenilla
EDUARDO MAYOBRE

Por un trabajo que adelanto, releo en paralelo los libros Venezuela, política y petróleo de Rómulo Betancourt y Escrito de memoria de Laureano Vallenilla Lanz.

Se trata de los comentarios sobre el acontecer político nacional de dos protagonistas fundamentales en el devenir del país en las décadas de los años cuarenta, cincuenta y sesenta, y algo más, del siglo pasado. El primero como jefe del principal partido político y presidente de la República en dos oportunidades, y el segundo como cerebro gris de la década militar de 1948-1958. Ambos, cultos y leídos, nos presentan testimonio de una época de la que el analfabetismo de los militares de entonces dejó pocos registros.

El primer contraste que encuentro consiste en que Vallenilla era de origen aristocrático, hijo del teórico de la dictadura de Juan Vicente Gómez, y Betancourt, hijo de inmigrante, oriundo de Guatire, para entonces un pueblo de menor importancia. Ambos eran civiles y en su vida política fue decisiva su relación con los militares. Betancourt llegó por primera vez al poder gracias a ellos, pero su partido fue derrocado e ilegalizado por los mismos hombres de armas que lo habían encumbrado. Vallenilla siempre se cobijó a la sombra de las charreteras. Sólo confiaba en ellas, porque consideraba que el pueblo venezolano no estaba preparado para vivir en democracia.

En Escrito de memoria, Laureanito, como era conocido, cuenta un diálogo que sostuvo en 1946 con el teniente coronel Carlos Delgado Chalbaud, para entonces miembro de la Junta Revolucionaria de Gobierno que presidía Betancourt. Ante la actitud decididamente contraria a los adecos de Vallenilla, le dice: ­El ejército no va a prescindir de Acción Democrática. Rómulo es el alma de la revolución. Nos trajo al pueblo. Un movimiento exclusivamente militar habría fracasado.

Y agrega: ­Un golpe sin color social no se concibe en nuestros tiempos. Se requiere del apoyo de las masas y Rómulo Betancourt cuenta con ellas.

Dos años más tarde, como el apoyo de las masas resultaba menos decisivo, los militares tomaron el poder y establecieron por primera vez en la historia de Venezuela una Junta de Gobierno Militar que basaba su legitimidad en la voluntad institucional de las Fuerzas Armadas. La presidió Carlos Delgado Chalbaud hasta que fue asesinado en 1950 y los militares que despreciaban a las masas se hicieron del gobierno.

En 1952, tras perder las elecciones que habían convocado, dan un golpe de Estado inspirado por Vallenilla Lanz. El coronel Pérez Jiménez es elevado a presidente provisorio y luego investido como presidente constitucional por un Congreso fraudulento. Cinco años más tarde, como todo dictador, intenta reelegirse. Las mismas Fuerzas Armadas y una reacción popular se lo impiden. Laureano Vallenilla había inventado un plebiscito para asegurar la continuidad del para entonces general en el poder, pero en esa oportunidad el engaño había sido excesivo. El militarismo, que había dominado la historia de Venezuela durante toda la primera mitad del siglo XX, que había edificado el Círculo Militar para solaz de sus oficiales y había construido una inmensa avenida para hacer sus desfiles, como el del pasado 4 de febrero, mientras el resto del país transitaba por caminos de tierra, había perdido la partida. Antes de desaparecer intentó todo tipo de actos de fuerza, de izquierda y de derecha, que dificultaron la implantación de la democracia en el país.

Pero quien tiene a mano una metralleta no descansa. Cuatro décadas después el jefe de los paracaidistas se dijo que había llegado su hora y reivindicó el papel político de los militares que en su época había defendido con pasión Laureano Vallenilla Lanz, el cual después de haber perdido las elecciones de 1952 dijo, según él mismo cuenta: "La fórmula civil, la solución jurídica, es fácil fabricarla cuando se cuenta con el respaldo de los machetes".

Dos civiles distintos entre sí tuvieron aproximaciones diferentes hacia los militares. Mientras Betancourt intentó que cumplieran con sus funciones institucionales, Vallenilla Lanz los estimuló para que definieran un Nuevo Ideal Nacional e impusieran al resto de la nación cuál era el camino a recorrer.

Cuarenta años después de haberse establecido un régimen civil democrático llega al poder un militar alzado. Lo intentó por la vía de las armas pero no tuvo la eficiencia necesaria y lo logró por medio de los votos, gracias a consejos de civiles parangonables con Vallenilla Lanz. Intentó perpetuarse por todos los medios a su alcance. Lo mismo que pretendió Laureano Vallenilla en 1957, no le resultó, y determinó que dejara de ser el favorito del líder militar, quien pocos días después huiría del país en forma vergonzante. Así se renovó la democracia en Venezuela y así se renovará próximamente.

Ilustración: Ugo



NOTA LB:

Habría que chequear si "Laureanito" lució una delgadez y una bigotura como la reseñada por Ugo, quien seguramente se confundió con Laureaño, el padre. Digamos, avatares del diario periodismo de ilustración. Nada condenable. Esperamos por el trabajo del autor del artículo.

jueves, 24 de febrero de 2011

NOTICIERO RETROSPECTIVO


- Massimo Desiato. "La política rehén de la cultura". SIC, Caracas, nr. 625 de 06/00.

- Wagner Rafael Suárez. "Perestroika y Cuba". SIC, nr. 522 de 03/90.

- Andrés Cañizalez y José Virtuoso: la hegemonía chavista. SIC, nr. 669 de 11/04.

- Juan Pablo Pérez Alfonzo y la explosión poblacional. Resumen, Caracas, nr. 213 del 04/12/77.

- J. A. Oropeza Ciliberto y el retorno de Rómulo Betancourt. Elite, Caracas, nr. 2212 del 17/02/68.

- Juan Inojosa entrevista a Laureano Vallenilla Lanz. Elite,nr. 2393 del 06/08/71.

- José Balza. "Punto de partida sobre la pintura venezolaa". Lamigal, Caracas, nr. 4 de 09/84.

sábado, 5 de junio de 2010

Notas del remate




Tenemos una extensa lista de libros pendientes, incluyendo el reajuste presupuestario (eso que tan prosopopéyicamente llaman "enjugar el déficit"). Meier es parte de la lista. Un título, relacionado con la Constitución de 1999 y un capítulo específico como el referido a la seguridad y defensa. Otro, el recientemente conquistado.

Vi en las vitrinas, "La gobernabilidad ....", a bs. 60,oo o 70,oo, pero que maravilloso es el azar. En las Fuerzas Armadas, intacto, encapsulado en plástico transparente, Bs, 15, oo. Pendiente para la otra lista, gruesa lista de vacaciones (si las hay): La gobernabilidad en la teoría política y sus elementos, teoría general de los dd. hh., breve historia y características, condensándose en el capítulo final: Los derechos humanos y la gobernabilidad democrática.

Por Bs. 80,oo (esta vez fuertes), logramos los dos tomos de RH, impreso en 1956. ¿Quién era RH? Nada más y nada menos que Laureanito Vallenilla Lanz (o Planchart), ministro de Relaciones Interiores de Péreez Jiménez.

Temas como la Escuela Superior de las Fuerzas Armadas, el Partido Comunista, 25 años de Doña Bárbara, La generación del '28, César Zumeta, El inefable New York Times, Isla de Aves, Aburguesar al proletariado, entre otros, llaman poderosamente la atención. El vendedor me dijo de otros ejeplares, pero que aún no los tenía. Claro, con una advertencia: serán más caros. De modo que la técnica, si puede llamarse así con la venia de Abraham, consiste en dejar que lleguen porque no es mucha la demanda, adquiriéndolo en la debida oportunidad en el remate de las Fuerzas Armadas.


!Diez bolívares en el remate de las Fuerzas Armadas! Perdí el título muchos años atrás. Ya lo recuperé. No recuerdo si está en las Obras Selectas de Romero, recientemente editadas. No olvido que, por entonces, denostaban de Aníbal por ser autor de una sola obra: la presentación de la compilación y, si acaso, una ponencia.

La obra, impresa en 1980, tiene - entre otros autores - a Juan Carlos Rey, Arístides Calvani, Carlos Celis Noguera, Elsa Cardozo, Alberto Müller Rojas, José Vicente Rangel.