Mostrando entradas con la etiqueta Justicia social. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Justicia social. Mostrar todas las entradas

domingo, 31 de agosto de 2014

QUIS CUSTODIET IPSOS CUSTODES?

Del califato biométrico
Luis Barragán


Los controles biométricos dejan atrás el rústico y cotidiano cartón de racionamiento, acarreando una extraordinaria inversión, la que muy bien convendría destinar al aumento de la producción agropecuaria y agroindustrial para saciar el hambre de la población. Portadores de la cédula de identidad más insegura del mundo, susceptible de una rápida falsificación, mientras que otros países formalmente más pobres la exhiben con el blindaje adicional que autoriza un chip, el gobierno venezolano se atreve al masivo ensayo tecnológico, aunque en forma titubeante y temerosa de lo que puede convertirse en un genial negocio para sus implementadores.

Huérfano de toda explicación, Nicolás Maduro asegura que la población aplaudirá la ocurrencia.  Por menos que eso, las consabidas y hasta artesanales listas, añadida la que prohíben a numerosos ciudadanos abordar un avión de la empresa no tan obviamente aérea del Estado, pues, igualmente sirve para proyectos que muy poco tienen que abonar a su objeto social, llevan a la sistemática persecución de toda disidencia, por ligera que sea.

Lo peor es que el oficialismo alega que, tales controles, aseguran la justicia social partiendo de la premisa de la venezolanísima estantería hogareña repleta de comida, medicamentos, detergentes, papel higiénico, etc. La engañifa gubernamental parte de sus propios gabinetes, a juzgar por el presupuesto público anual y ordinario que dibuja los excesos en el consumo doméstico, definitivamente impensables para el más común de los mortales: por ejemplo, la norma legal, porque el presupuesto es una ley como la que más, autoriza el empleo de champú por cada cuatro o cinco minutos en la casa presidencial, consecuente con la astronómica cifra mensual que comporta el rubro en bolívares constantes y sonantes.

Ya es demasiado evidente que se trata de un burdo y eficaz mecanismo de control, automatizador del acoso y de la sanción que espera por todos, menos por los que gozan el poder. Lejos de realizar la justicia social, la envilece, la distorsiona, la pulveriza, la tergiversa y la desprestigia como una aspiración legítima, falseando el lenguaje hasta la saciedad del morbo convertido en una banalidad. Interesa y conviene al califato imperante, desesperado por actualizar el soporte tecnológico de un integrismo o fundamentalismo político e ideológico que aún pugna por ingresar al universo mágico-religioso de sus mejores empeños. Sin embargo, todavía no prende lo suficiente el culto al extinto presidente, quemando inútilmente los inciensos en el curso de las realidades insobornables.

Cualesquiera diligencias necesarias ante el Estado, incluye una carga parafiscal: debemos llevar nuestros legajos fotocopiados para diligenciar el derecho de frente o probar otras circunstancias de las que creemos ya está lo suficientemente enterado, condenados a la consignación documental de siempre, pero ésta vez la capta-huellas insurge  con una jerarquía que ya sospechábamos, a la espera del control de retina u otros que pueden incursionar hasta en los olores.  La literal cacería comenzará por la boca, no bastando por la que habla sino por la que come: el califato estomacal al que poco le importará la faceta intestinal, como una audaz e inédita contribución al historial totalitario del mundo.

Fuente:
http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/20358-del-califato-biometrico

sábado, 21 de julio de 2012

¿Y EL INE?

EL UNIVERSAL, Caracas, 16 de Julio de 2012
Venezuela y el índice de riqueza inclusiva
ALBERTO JOSÉ HURTADO B.

La necesidad de identificar la capacidad de una sociedad para elaborar bienes y servicios, generar empleo y asegurar bienestar justifica la utilización del Producto Interno Bruto (PIB) como medida de la riqueza de un país, a partir de su estimación a través de los enfoques de producción, ingreso y gasto. Desde la perspectiva de la contabilidad económica constituye un instrumento útil para expresar de forma simplificada la capacidad productiva de una economía, convirtiéndose sus resultados en una "obsesión" para gobiernos, banqueros y catedráticos.
Referida preocupación por el crecimiento económico medido a través de la evolución del PIB por habitante ha cambiado en la actualidad, debido a un proceso de globalización en donde la participación de los países del mundo es cada vez mayor y el agotamiento progresivo de los recursos naturales sigue la misma tendencia, lo que ha disparado las alarmas sobre el daño irreversible que se pudiera estar causando al planeta y la incapacidad del actual modelo de producción para usar de forma eficiente los recursos escasos.
Desde esta perspectiva, en víspera de la Conferencia de la Organización de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible Río+20, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente presentó el Informe de Riqueza Inclusiva 2012 que propone una nueva medida de la riqueza de las economías, concebido como un indicador para impulsar la sostenibilidad. El Índice de Riqueza Inclusiva (Inclusive Wealth Index) evalúa la base productiva de un país considerando la mayor gama de activos con que cuenta: capital manufacturero (infraestructura, bienes e inversiones), capital natural (combustibles fósiles, minerales, bosques, tierras cultivables) y capital humano (educación y habilidades de la población), con el propósito de mostrar de forma integral el verdadero estado de la economía (riqueza, empleo, bienestar y sostenibilidad del crecimiento).
De los resultados presentados en el informe se desprende que entre 1990-2008 la economía venezolana creció 1,3%  en términos del PIB per cápita, mientras que por el Índice de Riqueza Inclusiva nuestra capacidad por habitante para generar riqueza, empleo, bienestar y sostenibilidad fue de -0,3%. Resultados que deben llamarnos a la reflexión, no solo porque formamos parte de los seis países con  Índice de Riqueza Inclusiva negativo (de los veinte que consideró el estudio), sino porque la actividad económica nacional se sigue desarrollando sin ningún criterio de eficiencia y preocupación alguna por las generaciones futuras.