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miércoles, 21 de marzo de 2012

EL LIBRO DE MANUEL


Julio Cortázar no se encuentra en casa
Ricardo Bad
a

El jueves 21 de octubre de 1982, a pocos minutos del mediodía europeo, sonó mi teléfono en la redacción de la Radio Deutsche Welle, en Colonia/Alemania, ciudad donde sigo sobreviviendo. Era mi jefe, para comunicarme algo que acababa de saberse, que el Nobel de Literatura de ese año le había sido concedido a Gabriel García Márquez: ¿no podría yo fabricar –“sobre el pucho” (es decir: ya)– un programa especial de media hora, ad hoc?

[Cinco minutos más tarde, y como estímulo a improvisar ese programa lo más pronto posible, me preguntaba el jefe de otro servicio latinoamericano de la emisora: ¿no tendría yo ganas de viajar a Estocolmo en diciembre, para transmitir la entrega del Premio?]

Ni corto ni perezoso me enclaustré en un despacho de la redacción, cerrado a cal y canto, y eché mano al teléfono. Tenía los auriculares puestos, el magnetofón a punto, y una lista de números y nombres al alcance de la mano. Durante más de una hora llamé y llamé sin pausas: a París de la Francia y a Deyá de Mallorca, a Madrid y a Barcelona, a Toulouse...

Y estuve conversando sobre García Márquez con José Manuel Caballero Bonald, el escritor español que residió muchos años en Colombia por la época cuando se cimentaba el renombre de Gabo; con Paco Porrúa, el argentino que acometió la hombrada de publicar en Sudamericana, con cuatro años de diferencia, Rayuela y Cien años de soledad; con otro argentino, Osvaldo Bayer, a quien se debe la epopeya de La Patagonia rebelde; con Severo Sarduy, el cubano que fue responsable de que Cien años se tradujese al francés; con Óscar Collazos, el único paisano de Gabo al que logré alcanzar ese día; con el poeta ecuatoriano Jorge Enrique Adoum, autor de Entre Marx y una mujer desnuda; con Mario Benedetti, el uruguayo; con el paraguayo Augusto Roa Bastos; y last but not least con la poeta salvadoreña Claribel Alegría, coautora con su esposo, Bud Flakoll, de una novela estremecedora –Cenizas de Izalco– sobre la masacre de los campesinos acaudillados por Farabundo Martí, durante la dictadura de Maximiliano Hernández Martínez, un generalote teósofo y vegetariano.

Sólo debo precisar que mi primera llamada había sido a Julio Cortázar, en París. Pero ahí me respondió su contestador automático informándome en francés, con la voz del Gran Cronopio:

«Julio Cortázar no se encuentra en casa por el momento. Si lo desea, puede dejar un mensaje después de oír la señal sonora». Y luego un ¡bip! escueto. De modo que le dejé un mensaje explicándole el objeto de esa llamada y diciéndole que aún quedaban un par de horas hasta la emisión del programa, que lo volvería a intentar.

Lo hice al terminar el resto de mi maratón telefónico, y otra vez el aparatico automático y el ¡bip! Ahora le dejé el mensaje de que lo intentaría de nuevo una hora antes de la emisión, y me puse a editar el material que había grabado. Ya casi al cierre, fue mi tercera llamada al 00331.824-6138, pero volvió a salir la criada respondona automática, y en ese instante lo decidí: registraría la voz de Julio en su contestador. Y así, cerré el programa informando a mis oyentes de que también procuramos obtener el testimonio de Cortázar, pero con el siguiente resultado: sencillamente les hice oír la cinta pregrabada de JC en su criada respondona automática.

Menos de año y medio después, el 12 de febrero de 1984, Osvaldo Soriano me telefoneaba desde París para decirme que Julio acababa de morir, y no hice nada más que colgar el tubo cuando ya estaba sonando de nuevo el teléfono. Mi jefe: ¿no podría encargarme yo, por favor, de escribir la necrológica de Cortázar, para el programa de esa noche? La escribí, sí, la escribí doliéndome cada palabra que escribía. Y sin que sepa de dónde me vino la idea, de repente me vi escribiendo este final: «Ya no vendrá. Ya no volveremos a escuchar su voz en el contestador automático, cuando llamábamos a su apartamento de París», consignando a continuación el código del archivo de un corte, para el técnico que me iba a grabar. El corte, claro está, era ese registro, gracias al cual, casi fantasmagóricamente, Julio nos seguía pidiendo –después de muerto– que le continuáramos dejando mensajes.

En algún lugar de su extensa obra, el doctor Castaño Castillo ha dejado dicho, de manera muy generosa, que ese ha sido el mejor programa de radio en la historia de este medio. Con todos los respetos, a mí me bastaría pensar en la adaptación por Orson Welles de La guerra de los mundos, de H.G. Wells, para convencerme de que no. Pero hay algo de lo que sí estoy seguro: de que quizás siga siendo la única necrológica que aún, al oírla hoy a 26 años de la muerte de Cortázar, nos vuelve a poner el corazón en un puño cuando escuchamos la voz del Gran Cronopio.

Fuente: http://fronterad.com/?q=node/723
Fotografía:
Cortázar en su casa de París en 1974 /Bassouls /Sygma /Corbis

sábado, 25 de febrero de 2012

ACORTADOS


EL NACIONAL - Sábado 25 de Febrero de 2012 Cultura/4
CONMEMORACIÓN Minotauro publicó la primera edición del libro
Julio Cortázar convirtió a la humanidad entera en cronopios, famas y esperanzas
La banda de homúnculos literarios tiene medio siglo engalanando las letras en castellano
MICHELLE ROCHE RODRÍGUEZ


Aquella mañana comenzaba su rutina cuando el grifo se desprendió. Aún no había entrado a la bañera y el sonido, ¡pac!, la despertó. ¡Pac!, como un tronco había caído sobre las manchas transparentes de agua. Suspiró. El día antes fue una cafetera posesa. Había vomitado su líquido oscuro pintando a lo Pollock el tope de la cocina, el suelo ya coleteado y las paredes recién pintadas.

El día anterior, cuando fue a montarse en el carro, observó que había dejado las llaves encerradas adentro. Pero no se afligió, le gusta caminar hasta el trabajo. Lo peor, sin embargo, ocurrió esa misma tarde, cuando salió a c o m p ra r comida. Iba cantando, entusiasmada de tal manera que casi la atropella un ciclista y se necesitaron tres mesoneros para levantarla del suelo, a ella y a su almuerzo, porque tan distraída estaba que no vio la escalera tras la puerta.

Y ahora era la bañera.

Se amarró una cola y se miró al espejo. Estaba verde y una película aceitosa humedecía su cara. Años acumulando anécdotas inverosímiles por su despiste la convirtieron en una cronopia. Aunque quizá no sea la única, pues por estos días se cumple medio siglo de la primera edición del libro de Julio Cortázar Historias de cronopios y famas, que publicó entonces Minotauro, un sello especializado en ciencia ficción y fantasía que en 2001 adquirió Planeta.

Humanidades verdosas. El libro regaló a la literatura universal tres grupos de personajes en los que cabe la humanidad entera: cronopios, famas y esperanzas. Aunque Cortázar se negaba a dar descripciones físicas de sus personajes, en las entrevistas sobre el tema el autor de Rayuela (1963) comparaba a los primeros con los poetas y los antisociales, los soñadores que viven al margen de las cosas. Los famas eran los individuos civilizados: los gerentes de bancos, los abogados, los administradores; gente formal que defiende un orden. Las esperanzas eran personajes intermedios, sometidos a las influencias de los otros dos.

Léase, por ejemplo, el cuento titulado "Almuerzo", en el que describe una comida entre un cronopio, un fama y una esperanza con un profesor de lenguas, el día en que el cronopio acababa de inventar "un termómetro de vidas": "Aplicando sus descubrimientos estableció que el fama era infra-vida, la esperanza para-vida, y el profesor de lenguas inter-vida.

En cuanto al cronopio mismo, se consideraba ligeramente súper-vida, pero más por poesía que por verdad. A la hora del almuerzo este cronopio gozaba en oír hablar a sus contertulios, porque todos creían estar refiriéndose a las mismas cosas y no era así. La inter-vida manejaba abstracciones tales como espíritu y conciencia, que la para-vida escuchaba como quien oye llover tarea delicada. Por supuesto la infra-vida pedía a cada instante el queso rallado, y la súper-vida trinchaba el pollo en cuarenta y dos movimientos, método StanleyFitzsmmons. A los postres las vidas se saludaban y se iban a sus ocupaciones, y en la mesa quedaban solamente pedacitos sueltos de la muerte".

Esquema de las cosas. El libro de inspiración surrealista cruza los géneros narrativos con el desparpajo de lo mejor de su autor. Si bien su parte más extensa corresponde a las anécdotas de los homúnculos verdosos, incluye otras tres: "Manual de instrucciones", "Ocupaciones raras" y "Material plástico". La primera reúne nueve microcuentos que reproducen instrucciones para cantar, llorar y tener miedo, y otras tan insólitas como las referidas al modo de subir una escalera o dar cuerda a un reloj: "No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj".

En la segunda se encuentran ocho textos sobre anécdotas extravagantes de la vida humana, como un grupo de personas que hace de "posatigres".

En "Material plástico", la tercera, se exponen las relaciones cotidianas entre la gente.

El lustro que corre está lleno de ocasiones para celebrar la memoria de Cortázar, que el 12 de febrero de 2009 cumplió 25 años de fallecido, pues así como ahora se conmemoran los 50 años de la aparición de Historias de cronopios y famas, el año que viene le tocará el turno a la novela Rayuela, que vio la luz en 1963, publicada por la Editorial Sudamericana. El 26 de agosto de 2014, además, se festejará el centenario de su nacimiento, lo que asegurará una reunión mundial de cronopios alrededor de la literatura iberoamericana. En esa fiesta, no cabe duda, los lectores bailarán tregua y bailarán cátala.




miércoles, 16 de junio de 2010

Algo inesperados ....


EL NACIONAL - Sábado 12 de Junio de 2010 Papel Literario/4
Ondas concéntricas
VIRGINIA RIQUELME

El Libro de los pasajes de Walter Benjamin es sin duda una maravillosa muestra de lo desconocido antologado, del increíble mundo que habita en lo ya escrito y que, una vez compilado y ordenado, cobra una nueva dirección, un nuevo sentido, un significado otro. En el Libro de los pasajes, Walter Benjamin se dio a la tarea de buscar en un cajón de sastre el conocimiento infinito de los libros y le dio un orden muy propio que explora un universo inagotable de conocimiento. Algo similar, pero editorialmente hablando, ocurre con la edición de Papeles inesperados que prepararon para Alfaguara Aurora Bernárdez y Carles Álvarez Garriga, con aquello que literalmente se encontraba desordenado en un cajón de Julio Cortázar. Así, Papeles inesperados se convierte en algo más que una antología, en algo más que una compilación de textos con cierto orden. Es, finalmente, un lugar habitado por todo lo conocido y lo que está por descubrirse. Es un lugar donde sentirse cómodo. Un espacio para hallar respuestas. En este libro, donde se conjugan una cierta cantidad de textos sueltos publicados en revistas o prensa en vida de Cortázar y otro tanto de textos inéditos, se da paso a un mirar más allá de lo que conocemos.

Esto es, que lo que se encuentra en Papeles inesperados no viene a sumar bibliografía a la ya conocida de Cortázar sino a complementar, a dar un poco de luz a lo que ya tenemos. En los cuentos, en los textos varios e incluso en los poemas resuenan, entre otros, Rayuela, Los reyes, Libro de Manuel, Divertimento y Último Round, todos allí adquieren una nueva dimensión.

Ordenando el cajón Papeles inesperados es un libro para coleccionistas, para coleccionistas del universo cortazariano, de sus vueltas de tuerca a la historia, de su mundo mágico, de su poética y de su ser escritor. Cuentos como "Los gatos", "Manuscrito hallado junto a una mano" o "Secuencias"; textos como "Un capítulo suprimido de Rayuela" o "Un cronopio en México"; la autoentrevista "Como ya lo hiciera otra vez, Julio Cortázar" y el poema "La mosca" abren el campo de interpretación de la obra cortazariana, expanden su onda creadora, no suman, complementan. De ahí que este libro tenga un doble valor imaginativo: ir de los libros anteriores a Papeles inesperados o regresar a los libros desde este reciente título.

En este sentido, no es un libro para entrar a la obra de Julio Cortázar por primera vez. Si ese es su caso, amigo lector, buen comienzo es, a mi modo de ver, Un tal Lucas y, sin duda, la entrevista que le hiciera Joaquín Serrano Soler. Pero si es usted de esos que ha recorrido entero a Cortázar arrellánese con Papeles inesperados y descubra más de lo que ha llegado a pensar, más de lo que su imaginación ha podido crear saltando con una tiza, una piedra y los números sobre el asfalto.

Nuevos conejos rosados
"Prefiero contar cosas que también son la realidad de cada día pero al sesgo, vividas entre dos luces".
Julio Cortázar
DIAJANIDA HERNÁNDEZ G.

Veinticinco años después de la muerte de Julio Cortázar los lectores tenemos la oportunidad de un feliz reencuentro con sus letras.

Un reencuentro con lo maravilloso. Un descubrimiento de textos que permanecían guardados como tesoros en una cómoda de una casa del distrito XV de París. Papeles inesperados reúne una serie de escritos inéditos del cronopio mayor de diversa índole, géneros y temas. Más cronopios y famas, más de un tal Lucas, más Rayuela, más del Libro de Manuel, más poemas, más Cortázar.

Me gusta la descripción que hizo Sergio Ramírez de la naturaleza de esos cajones mágicos, el escritor nicaragüense escribió: "son cajones de contenido inagotable que vomitan cuentos inéditos, capítulos de novelas inacabadas, comentarios sobre libros y centenares de cartas, así como aquel personaje de su cuento `Carta a una señorita de París’ vomita conejos rosados". Estos conejos rosas y mágicos saltan con alegría en 450 páginas.

Estos conejos inesperados dan más. Este es un libro para saber más de. Los conejos brincan y los seguimos para asomarnos nuevamente al delicioso universo cortazariano. Estupendas disertaciones sobre la literatura latinoamericana, reflexiones sobre Rayuela, prólogos a volúmenes de cuentos, textos de dudoso género, crónicas fascinantes, opiniones sobre la realidad política de nuestro continente, escritos sobre amigos y escritores, relatos, notas sobre exposiciones de arte o fotografía, las razones de su doble nacionalidad, la historia detrás de Fantomas contra los vampiros multinacionales, textos poéticos y unas hilarantes y divertidas autoentrevistas de la mano de Calac y Polanco. El lector tiene ante sí un amplio catálogo de la prosa y la poética de Cortázar. Aquí de nuevo vemos al escritor que huía de las facilidades del lenguaje y que contaba el lado de la realidad en el que aparecen conejos rosados, esa realidad "entre dos luces". En eso se jugó los dados. Y apostó al cronopio. En su declaración de cómo es ser uno de ellos, el mayor, puede estar condensado el gesto de su obra. "No es fácil ser cronopio. Lo sé por razones profundas, por haber tratado de serlo a lo largo de mi vida; conozco los fracasos, las renuncias y las traiciones. Ser fama o esperanza es simple, basta con dejarse ir y la vida hace el resto. Ser cronopio es contrapelo, contraluz, contranovela, contradanza, contratodo, contrabajo, contrafagote, contra y recontra cada día contra cada cosa que los demás aceptan y que tiene fuerza de ley" (185).

Ahora sólo nos queda esperar el próximo vómito del cajón del distrito XV de París.

Referencia Sergio Ramírez. "Encuentro con la Maga". Siete Días.
El Nacional. Pág. 6. Domingo, 30 de mayo de 2010.
Lectura de tránsito obligatorio.
Cfr.
http://www.jornada.unam.mx/2010/06/02/index.php?section=opinion&article=a07a1cul

Biblio-FIA


FIA 2010. Stand de la gobernación del estado Miranda, a la entrada del evento. . . Nos pareció interesante.

Un cronopio va a abrir la puerta de calle, y al meter la mano en el bolsillo para sacar la llave lo que saca es una caja de fósforos, entonces este cronopio se aflige mucho y empieza a pensar que si en vez de la llave encuentra los fósforos, sería horrible que el mundo se hubiera desplazado de golpe, y a lo mejor si los fósforos estan donde la llave, puede suceder que encuentre la biiletera llena de fósforos, y la azucarera llena de dinero, y el piano lleno de azúcar, y la guía del télefono llena de música, y el ropero lleno de abonados, y la cama llena de trajes, y los floreros llenos de sábanas, y los tranvías llenos de rosas, y los campos llenos de tranvías. Así es que este cronopio se aflige horriblenrente y corre a mirarse al espejo, pero como el espejo esta algo ladeado lo que ve es el paraguero del zaguán, y sus presunciones se confirman y estalla en sollozos, cae de rodillas y junta sus manecitas no sabe para que. Los famas vecinos acuden a consolarlo, y tambien las esperanzas, pero pasan horas antes de que el cronopio salga de su desesperación y acepte una taza de té, que mira y examina mucho antes de beber, no vaya a pasar que en vez de una taza de té sea un hormiguero o un libro de Samuel Smiles.
JULIO CORTAZAR
(Historias de cronopios y de famas)
Fuente:
http://sololiteratura.com/cor/historiasde.html

Fotografía: MFSG