Érase una tribu familiar
Guido Sosola
Hay bufones que gozan del prestigio y del aplauso inmediato, a la vez que son temidos y también eludidos con la cautela necesaria. Nadie se atreve a llamarlos como tales abiertamente y cuando las dictaduras concluyen, se sabe de ellos comenzando por darles el nombre más adecuado.
Víctor Modesto Franklin, mejor conocido como el duque de Rocanegras, árbitro indiscutible de la moda, excéntrico y despilfarrador de lo que no tenía, destacó inmensamente durante el régimen de Juan Vicente Gómez. Por 2007, Fedosy Santaella publicó una novela corta que lo tuvo por protagonista e imaginó que, al indagar sobre la muerte de Juan Crisóstomo Gómez, fruto de la conspiración de José Vicente Gómez y Dionisia Bello, le tendió una emboscada al delfín y, en su propia casa, el dictador lo encaró y lo despachó hacia la Europa que lo vería morir.
Juan Vicente era el presidente de la República, seguido por su hermano Juan Crisóstomo o Juancho, como primer vicepresidente, y su hijo, José Vicente, como segundo vicepresidente. Todo el país era de los Gómez, formidables aliados en cualesquiera aventuras comerciales se intentaran, terrófagos insignes, dispuestos a obtener ganancias hasta de los prostíbulos que las ramas más alejadas del tronco familiar ideaban.
Por supuesto, tenían copados todos los poderes públicos y el apellido fue aval suficiente para imponerse, si la comodidad no los llevaba a delegar funciones en un ministerio, una aduana, una jefatura civil, una mina de carbón. Como vimos, la sucesión estaba garantizada y habría Gómez por largo rato.
A Domingo Alberto Rangel le debemos un largo ensayo histórico, con mucho de novela y de análisis psicológico, que en 1975 popularizó aún más el nombre y el gobierno de Juan Vicente Gómez (Chacón, como gusta añadir Germán Carrera Damas). Lengua-larga de reconocido prestigio, fundado historiográfica y hemerográficamente, el orgulloso merideño de Tovar, relata la conspiración de José Vicente que culminó hacia 1923 con las 27 puñaladas propinadas a la media noche en Miraflores, regresando de la revista del teatro Olimpia que compartió con Rocanegras, cuya nobleza pocos se atrevían a cuestionar a viva voz, orquestada por la despechada Dionisia a través de un no menos despechado homosexual de apellido Barrientos: ella, vivió el dolor de la hija suicida a quien difamó Juancho, rompiendo un promisorio matrimonio; él, experimento la desdicha del amante que le arrebató Juancho.
Lo cierto es que el dictador decidió ocultar los motivos reales del crimen y, develada la anticipada sucesión que su precaria salud alentaba, eliminó las vicepresidencias, gracias a su amanuense Victorino Márquez Bustillos, y largó allende a la mar al delfín y a su familia. Y, como se trataba de un clan, los Gómez, los más viejos interpretaron el asunto como un triunfo ante los más jóvenes, empezando por el terrible Eustoquio Gómez que, por unos milímetros más que le hubiese dado una menor torpeza, se hubiese llevado por el medio a Eleazar López Contreras en 1935, con un cultivado olfato y sentido político que la paciencia le prodigó en un país que años atrás dejó las montoneras.
La lección no parece clara: érase el país de una tribu familiar que las demandas y conquistas democráticas se llevó por el medio, aunque no queramos reconocerlo. Del predominio político pasó y reinó en otros ámbitos, con el solo visado del apellido y habría que indagar cuánto hemos retrocedido en la augusta materia.
Reproducción:
- José Vicente Gómez. Billiken, Caracas, nr. 37 del 24/07/1925.
Mostrando entradas con la etiqueta Juancho Gómez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juancho Gómez. Mostrar todas las entradas
martes, 1 de septiembre de 2015
VICENTICO

En un estilo que tanto nos gustaba (del que sentimos nostalgia, lo admitimos), el lengualarga de Domingo Alberto Rangel se refirió al flamante coronel José Vicente Gómez, enun capítulo intitulado “Un clan dividido” (XVI de “Gómez, el amo del poder”, Vadell Hermanos, Caracas, 1975). Refiere que el oficial de treinta años, sustituye en 1916 a Félix Galavís en la Inspectoría General del Ejército, “la de más peligrosa importancia para Don Juan Vicente”, ausente el intrigante cuñado – Colmenares Pacheco - y a sabiendas de la importancia de la Inspectoría, Estado Mayor y órgano de planificación a largo plazo, respondiendo a un problema sucesoral que “se enreda en los pliegues de la psicología”, la del campesino previsor y rutinario.
José Vicente, hijo mayor del tirano, nació en 1888 y creció bajo la figura
destacada de quien fue vicepresidente de la República. “Delfín potencial que rasga el horizonte”, anticipa el mayorazgo: “Los delfinazgos
campesinos constituyen a veces una larga actuación previa donde los hábitos
acumulados enseñan las artes del oficio futuro. Padre previsor y delfín
preparado constituyen los dos polos de la sucesión campesina”. Empero, la
Inspectoría divide al clan Gómez. Los
más jóvenes se agrupan tras José Vicente (Alí, Gonzalo y sus hermanas de la
prole de Dionisia Bello). Los viejos tras Juancho y Eustoquio Gómez,
gobernadores de Caracas y del Táchira, cuyas guarniciones eluden al Inspector.
La de Maracay, directamente concierne al dictador. Relaciones muy tensas que
actualiza la crisis urinaria de finales de 1921. La sonda del doctor Adolfo
Bueno deja la fiebre ocasionada por una próstata que cede. Juancho conferencia
en Maracay con Benicio Giménez, Isaías Nieto, José María Merchán y David López
Henríquez oficiales adictos,y José Vicente con los suyos, como Julio Anselmo
Santander, Amadeo Anselmi e Isaías Vivas, de la guarnición maracayera. Lugar
éste que – para uno – agrupa los batallones Girardot y Bravos del Táchira y –
para el otro – los batallones Piar y regimiento de infantería Miranda. El
coronel Eleazar López Contreras es solicitado por ambos sin éxito. Sobrevive el
dictador y, de acuerdo a la Constitución fabricada por Victorino Márquez
Bustillos, para el período 1922.1929 de los ilusos constitucionalstas, Juancho
es el primer vicepresidente de la República, seguido por José Vicente en la
segunda vicepresidencia.
El retrato que hace Rangel de Eustoquio
Gómez, incluye su decisión de detener por “perreras” en el estado que gobierna,
a uno de los hijos del dictador resignado. Temible. Pero el que hace de
Juancho, con una “personalidad que cobra dimensiones ambientales”, es más
dúctil y ya habituado – desde 1914 – a las lisonjas y agasajos de los Boulton,
Blohm, LLamozas o Tovar, definitivamente homsexual. Mientras que José Vicente
se casa con Josefina Revenga, quien “además lleva en su personalidad las
ambiciones de cuna y las complejidades de una pasión por la política”. El
segundo vicepresidente vive en “El Llano” de Los Teques con su madre, Dionisia, “viuda en vida del marido” que –
ahora – está con Dolores Amelia Núñez Cáceres. Dionsia tiene un duro conflicto
con Juancho, porque hizo que a la hija Margarita Torres – de su matrimonio en
el Táchira – la despreciara Santos Matute Gómez, arrepentido de casarse como al
parecer proyectaba, porque era una perdida.
Margarita se suicidó.
Dionisia trama el ascenso de su
hijo José Vicente, personalmente. Va y conversa en Miraflores. Isaías
Barrientos tiene un gran despecho, pues, Juancho se ha prendado por un
zagaletón que fue su pasión. Juancho va
la noche del 29 de junio de 1923 al teatro Olimpia exhibiéndose con Vito
Modesto Franklin, “árbitro de la moda”. Regresa a Miraflores y Encarnación
Mujica le da el acostumbrado soporífero para dormir. Con Dionisia cerca,
Barrientos le propina 27 puñaladas. Una
doméstica descubre el crimen. Con Tarazona llegan todos. La guardia de Palacio,
con Barrientos, Mujica y Andara – los ejecutores – pasan a La Rotunda. El
propio gobernador Julio Hidalgo, reemplazante de Juancho, tortura a Barrientos.
Es liquidado antes que el dictador acepte conversar con él, pues, sabe que
Ovidio Pérez Agreda hizo una investigado la homosexualidad de Juancho en una
Auditoría del Ejército. Pérez Agreda que ama al dictador como si fuese su
padre, destruye el expediente. Parece despejado el camino para José Vicente.
Antes había caído Eustoquio, hacia 1925, yéndose a Curazao, sustituido en el Táchira por Juan Alberto
Ramírez, a raíz de la intriga inicial de Josefina, con una guarnición afín a
José Vicente. De un momento a otro puede
morir el dictador. Pasan acontecimientos como el de los estudiantes del ‘28 y
la sublevación militar principiada por Rafael Alvarado Franco.
Reunión el edificio del Telégrafo
que está entre las esquinas de Principal y Santa Capilla. Se encuentran
Eutosquio (regresó a Venezuela en 1927), Rafael María Velasco y Colmenares
Pacheco, el cuñadísimo. Hay un
expediente que inculpa a José Vicente de la muerte de Juancho. Lo envían a
Maracay con el arzobispo Rincón González. El dictador lo lee y – después – cita
a su despacho al otrora delfín, en compañía de Tarazona.
El dictador suprime la
Inspectoría y el Congreso elimina la vicepresidencia, tal como lo ordenó, y el
2 de mayo se va José Vicente a Europa, donde morirá. Nuevos nombramientos
militares. La policía caraqueña estará en manos de Clodomiro Sánchez, de los
andinos del ’99, y la prefectura en las de Elías Sayago. Ahora los viejos
ascienden en el régimen. Eustoquio va a la gobernación de Lara, José María
García a la de Caracas, Rafael María Velasco al ministerio de Hacienda: “Los
viejos han vencido, Pero (SIC) a Gómez no lo herederá ningún miembro del clan.
Con él muere el linaje”.
LB
LB
Reproducciones:
- Reseña. El Universal, Caracas, 27/06/1921.
- José Vicente Gómez. Billiken, Caracas, nr. 37 del 24/07/1925.
- Reseña. El Universal, Caracas, 27/06/1921.
- José Vicente Gómez. Billiken, Caracas, nr. 37 del 24/07/1925.
Etiquetas:
Clan Gómez,
Domingo Alberto Rangel,
José Vicente Gómez,
Juan Vicente Gómez,
Juancho Gómez,
LB,
Nepotismo
sábado, 23 de febrero de 2013
VIEJA INTERROGANTE
Los espantos de Miraflores. ¿Quién mató a Juancho Gómez?
Jose Rafael Garcia Garcia
Aterrado el " Indio " Eloy Tarazona (el guardian de Juan Vicente Gómez) vuelve a mirar atónito. El miedo, subido a la garganta, ahoga su respiración. Los ojos desorbitados y las manos temblorosas. No puede creer lo que ve, allí mismo en la ancha habitación del Palacio de Miraflores.
Allí, el cuerpo sin vida de Juancho Gómez, con la mirada muerta hacia el techo, tendido en medio de un sucio derrame de sangre,está el cuerpo sin aire del Juan Crisóstonomo Gómez, Primer Vice- Presidente de la República, hermano de su jefe, el Benémerito General Juan Vicente Gómez.
Tarazona entra al Palacio con el largo sable en la mano, reluciente, desenvainado, con agudo filo en la punta y brillo de plata pulida en la empuñadura. En los corredores murmuran, exhaustos de terror, inmensamente pálidos, en larga fila hacia la pared, los sirvientes y soldados. La alta puerta está medio abierta y una pesada cortina de damasco estorba el paso.
Hay un olor a sangre y miedo en el cuarto. Tarazona levanta sus ojos del muerto y repasa la habitación con mirada alerta, más firme la mano sobre el sable. Allí mismo en algún rincón, tras de la cortina, tras del biombo o debajo de la cama, puede estar el asesino. Si llegó hasta ahí, en la intimidad del Palacio, por encima de los sirvientes y soldados, por sobre los largos fusiles de la guardia y la vigilia de la Sagrada también puede estar allí agazapado, puñal tinto de sangre en el puño crispado.
El indio da media vuelta-
¡ Hay que avisar al General !- y a tropel apura el paso por el amplio corredor.
¿ Qué ha pasado aquella noche del 30 de Junio de 1923 en el Palacio de Miraflores? ¿ Quién o quienes son los asesinos del hermano del General Juan Vicente Gómez? ¿ Cuáles son los motivos para eliminar al General Juan Crisóstonomo Gómez, Gobernador de Caracas y Primer Vice- Presidente de la República?
¿ Cómo es posible cometer aquel crimen en una habitación del Palacio de Miraflores, en medio de una cerrada muralla de centinelas, garitas,guardias y rondines, a unos pasos apenas donde también duerme el dictador Juan Vicente Gómez?
¿ Nadie oyó forcejeo, las puñaladas hundidas en el cuerpo estremecido, el quejido doliente del moribundo, los pasos presurosos del asesino, el ruido de puertas violentadas, de susurros sorprendidos? ¿ Nadie escuchó la fuga de los asesinos, el silencio de la muerte ? ¿ Nadie?
Jose Rafael Garcia Garcia
Aterrado el " Indio " Eloy Tarazona (el guardian de Juan Vicente Gómez) vuelve a mirar atónito. El miedo, subido a la garganta, ahoga su respiración. Los ojos desorbitados y las manos temblorosas. No puede creer lo que ve, allí mismo en la ancha habitación del Palacio de Miraflores.
Allí, el cuerpo sin vida de Juancho Gómez, con la mirada muerta hacia el techo, tendido en medio de un sucio derrame de sangre,está el cuerpo sin aire del Juan Crisóstonomo Gómez, Primer Vice- Presidente de la República, hermano de su jefe, el Benémerito General Juan Vicente Gómez.
Tarazona entra al Palacio con el largo sable en la mano, reluciente, desenvainado, con agudo filo en la punta y brillo de plata pulida en la empuñadura. En los corredores murmuran, exhaustos de terror, inmensamente pálidos, en larga fila hacia la pared, los sirvientes y soldados. La alta puerta está medio abierta y una pesada cortina de damasco estorba el paso.
Hay un olor a sangre y miedo en el cuarto. Tarazona levanta sus ojos del muerto y repasa la habitación con mirada alerta, más firme la mano sobre el sable. Allí mismo en algún rincón, tras de la cortina, tras del biombo o debajo de la cama, puede estar el asesino. Si llegó hasta ahí, en la intimidad del Palacio, por encima de los sirvientes y soldados, por sobre los largos fusiles de la guardia y la vigilia de la Sagrada también puede estar allí agazapado, puñal tinto de sangre en el puño crispado.
El indio da media vuelta-
¡ Hay que avisar al General !- y a tropel apura el paso por el amplio corredor.
¿ Qué ha pasado aquella noche del 30 de Junio de 1923 en el Palacio de Miraflores? ¿ Quién o quienes son los asesinos del hermano del General Juan Vicente Gómez? ¿ Cuáles son los motivos para eliminar al General Juan Crisóstonomo Gómez, Gobernador de Caracas y Primer Vice- Presidente de la República?
¿ Cómo es posible cometer aquel crimen en una habitación del Palacio de Miraflores, en medio de una cerrada muralla de centinelas, garitas,guardias y rondines, a unos pasos apenas donde también duerme el dictador Juan Vicente Gómez?
¿ Nadie oyó forcejeo, las puñaladas hundidas en el cuerpo estremecido, el quejido doliente del moribundo, los pasos presurosos del asesino, el ruido de puertas violentadas, de susurros sorprendidos? ¿ Nadie escuchó la fuga de los asesinos, el silencio de la muerte ? ¿ Nadie?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


