San Marcos, 9: 38-43, 45, 47-48
En su homilía de ayer, entre otros aspectos, el Padre Roberto Martialay (SJ), llamó la atención sobre la inclusión. Católica, la Iglesia es universal, amplia, anchurosa, acogedora. Notamos, desde los inicios de la cristiandad, que la Salvación no está destinada únicamente a los judíos. Hacia el año 39, antes de Los Hechos de los Apóstoles, éstos, en concilio, dejaron el primer testimonio neotestamentario en tal dirección, bajo la referida orientación.
Recordó el Padre Martialay sus actividades pastorales en las cárceles, y cómo también los presos cambiaron las armas para empuñar la Biblia. Esto lo lograron los evangélicos. E, independientemente de las diferencias, es necesario reconocer una labor tan intensa. Los que no están contra mí, están a favor. Y, con esa estupenda sencillez que lo caracteriza, prosiguió su homilía (no llevamos los elementos necesarios para el apuntaje).
Núm 11, 25-29
Salmo 188
Stgo 5, 1-4
Ilustración: Gehard Richter.
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lunes, 1 de octubre de 2012
domingo, 19 de junio de 2011
MISTERIO

NOTITARDE, Valencia, 19 de Junio de 2011
La santísima trinidad (Jn. 3, 16-18)
Joel de Jesús Núñez Flautes
En este domingo, después de haber terminado el tiempo pascual con la solemnidad de Pentecostés, los cristianos católicos celebramos la fiesta de la Santísima Trinidad, dogma fundamental de nuestra fe cristiana, ya que Cristo, el Hijo eterno de Dios, nos reveló en su vida pública este misterio trinitario y nos comunicó y nos mostró cómo es Dios en esencia y a qué nos invita a nosotros.
Lo primero que hay que decir es que en la Biblia, específicamente en el Nuevo Testamento, no aparece la palabra Trinidad para referirse a Dios como lo hacemos hoy los cristianos; es la Tradición cristiana la que va a acuñar este nombre. Pero decir que en la Biblia no aparece la palabra Trinidad, no quiere decir que no aparezca mostrado o revelado por Jesús este misterio radical de Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. En varios textos del Nuevo Testamento aparece manifestado en boca de Jesús o por el acontecimiento que se narran la actuación de Dios Uno y Trino; por ejemplo, en el momento de la Anunciación y Encarnación del Hijo de Dios: Lc. 1, 30-35. La teofanía (manifestación de Dios) en el momento del Bautismo de Jesús: Mc. 1, 9-10. Las palabras de Jesús reconociendo a Dios como su Padre y hablando del Espíritu Santo que enviará: Jn. 1,1 ; 10, , 10.38 ; 14,11 ;17, 11-26, etc. Ya al final de su vida, antes de ascender al cielo, queda muy claro el envío a bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo: Mt. 28, 19. San Pablo abunda en confesiones de fe trinitarias; por ejemplo: Rm. 8,9-11 ; 15,26 ; 2 Cor. 13,13 ; Filp. 2,6 ; Gál. 2,9 ; 3,28, etc.
Cuando hablamos del "misterio de la Santísima Trinidad", no nos referimos a algo oscuro, oculto, que no se pueda conocer o contemplar, sino que se afirma que por nuestra razón limitada, no podemos entender ni comprender del todo, es algo que si bien lo podemos ver con los ojos de la fe, sobrepasa nuestro conocimiento humano.
Lo importante del misterio de la Santísima Trinidad es comprender, en primer lugar, cómo es Dios en esencia: Uno y Trino a la vez, porque así se nos ha revelado en Cristo y por Cristo. Dios es una unidad perfecta y comunión de amor al mismo tiempo y ese amor se comunica entre la persona del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. En nuestra experiencia humana, sabemos que lo más importante es ser persona y que se nos reconozca como tal y la esencia de una persona es la capacidad de amar y ser amado; por tanto, hay un deseo innato, natural a la interrelación, al encuentro, a formar comunidad, comunión y unidad. Así es Dios en sí mismo, así nos lo ha mostrado Jesucristo, Nuestro Señor y es a esto a lo que nos invita Dios, a que entremos en este misterio de unión y amor con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo y que nos amemos los unos a los otros, como Dios mismo nos ha amado.
Cristo viniendo al mundo, encarnado en el vientre purísimo de la Santísima Virgen María, por obra y gracia del Espíritu Santo (ya aquí se ve la actuación de la Trinidad: El Padre que envía al Hijo y el Espíritu Santo que hace posible la Encarnación), nos muestra el misterio de la Santísima Trinidad; Él mismo se reconoce como Hijo de Dios e invita no sólo a creer en Dios, sino a creer en Él como Hijo de Dios, lo que da muestra de su igualdad con el Padre y, por tanto, de su condición divina. Él mismo habló del Espíritu Santo como una persona y lo prometió a sus Apóstoles.
Dios Padre nos ha creado y nos sostiene a lo largo de nuestra existencia, no nos deja solos ni huérfanos, nos ama y nos ha demostrado su amor radical en Cristo. Por eso, Dios Hijo nos ha redimido del pecado y salvado de la muerte eterna, nos ha mostrado nuestro destino final, que es vida eterna, vida sin fin, vida en Dios para siempre. Dios Espíritu Santo nos ha santificado y nos sigue santificando, nos hace entender lo que Cristo nos ha revelado, nos alienta y fortalece con sus dones y nos impulsa a dar frutos de buenas obras. Por tanto, los cristianos católicos no adoramos a tres dioses, sino a un solo Dios que al mismo tiempo y de forma distinta es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Por eso, todos los domingos, como los primeros cristianos confesamos el Credo que resume nuestra fe.
IDA Y RETORNO: Hoy, quiero referirme a un tema que nos está afectando a todos los valencianos y carabobeños y de manera especial a los hermanos de escasos recursos y de la clase media: El "Metro de Valencia", cuya obra estaba proyectada para estar finiquitada en su tramo hacia la universidad en el año 2006, pero que hoy con tristeza vemos parado, afectando no sólo el tráfico, el ornato de la ciudad, el trabajo de muchos comerciantes y sus empleados, sino la calidad de vida en general de todos los que hacemos vida en esta importante Ciudad del país. Por eso, hacemos un llamado para que los que tienen responsabilidad directa en esta situación la asuman y se retomen, de una vez por todas, los trabajos que le den a nuestra querida Valencia el Metro que se merece.
Ilustración: Gehard Richter
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San Juan 3: 16-18
domingo, 5 de junio de 2011
PREVER EL DESTINO (IM) PREVISTO

NOTITARDE, Valencia, 5 de Junio de 2011
La Ascensión del Señor (Mt. 28, 16-20)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes
Como lo confesamos los cristianos católicos todos los domingos que Jesús de Nazareth que nació de María Virgen por obra y gracia del Espíritu Santo, el Hijo de Dios, que creció y vivió como un hombre verdadero, padeció, se sometió a la muerte y resucitó al tercer día, subió a los cielos y ahora está a la derecha del Padre como se lo había manifestado a sus apóstoles y discípulos y es eso lo que hoy, litúrgicamente, celebramos. Este Jesús resucitado que asciende hacia el Padre, se manifestará al final de los tiempos para juzgar a vivos y muertos.
El texto del evangelio de hoy nos relata que los apóstoles al ver a Jesús resucitado "lo adoraron"; es decir, lo reconocen como Dios verdadero, merecedor de culto y alabanza, igual al Padre a donde el mismo manifestaba que regresaba. Jesús, con el poder recibido de su Padre eterno, delega ahora en ellos la responsabilidad de ir al mundo entero a proclamar la Buena Noticia de la Salvación y a hacer que abran sus corazones al Dios Uno y Trino y lo reciban en sus vidas por medio del bautismo. La fe, la conversión y el bautismo serán la garantía de ser discípulos de Cristo e hijos de ese Dios Amor revelado en su persona. No sólo les da su poder y el mandato misionero, sino que les promete que estará con ellos hasta el fin del mundo. Será una nueva forma de estar con ellos a través del Espíritu Santo que junto con el Padre enviará sobre la Iglesia y a través de la Eucaristía, su Cuerpo y su Sangre, su vida entera donada como alimento espiritual para el cristiano.
Como dice el texto de Los Hechos de los Apóstoles que hoy leemos en la misa (Hch.1, 1-11), que cuando los apóstoles reciban el don del Espíritu Santo que vendrá sobre ellos, saldrán a dar testimonio de Cristo hasta los confines del mundo, comenzando por Jerusalén. De hecho sucedió así, después de la Ascensión de Cristo, aguardaron la llegada del Espíritu Santo y luego de este acontecimiento (Pentecostés) salieron a predicar con valentía que Cristo estaba vivo y fueron bautizando en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo para abrir a los hombres a la amistad con el Dios verdadero revelado en Cristo Jesús.
Jesús asciende al cielo, regresa al Padre, no para abandonarnos, sino para mostrarnos el camino que conduce a nuestro destino, para prepararnos un lugar en la vida eterna y para al final mostrarse totalmente a los hombres y consumar la obra que el Padre le ha encomendado: conducir a la humanidad hasta su fin último, que no es la muerte, sino la vida eterna. Hablando en términos científicos, este sería el último peldaño de la evolución humana, su máxima expresión; el llegar a Dios, el contemplarle cara a cara y vivir para siempre con Él y esto no es un mensaje vacío, no es una promesa estéril o alienante, es Palabra de Dios atestiguada con la sangre de Cristo, con su muerte en la cruz y sobre todo con su Resurrección y Ascensión al cielo.
Mientras seguimos en este mundo, mientras vamos de camino y peregrinamos hacia la Casa del Padre, necesitamos vivir nuestra fe, dar testimonio de nuestra vida cristiana y cumplir la misión que el Señor nos ha encomendado, sembrar la semilla para que la gracia de Dios, su amor y su mensaje fructifique en el corazón y la mente de tantas personas que andan en búsqueda de la felicidad, de la paz, de la libertad, del amor y no saben como encontrar el camino o se extravían ante tantas ofertas engañosas que al final lo que dejan es soledad, tristeza, depresión y muerte. Estamos invitados los cristianos a proclamar al mundo que Dios está vivo, que Dios ama al ser humano, que lo quiere feliz y realizado, que le ofrece una vida en su amor y que todo esto es posible si creemos en Jesús, si hacemos caso a su Palabra, al mensaje que vino a dejarnos. Necesitamos dar testimonio de una vida cristiana auténtica para que los que no tienen fe, no conocen a Dios, viven confundidos o se han alejado, pueda saber lo que hace Dios e
n la vida de quien abre su corazón a Él.
Miremos al cielo, anhelemos la vida eterna, sepamos cual es nuestro destino, pero con los pies en la tierra, viviendo a plenitud cada día que Dios nos regala, haciendo el bien, tendiendo la mano al pobre, amando y dejándonos amar, siendo felices y ayudando a los otros a ser felices, a encontrar a Dios que ama al hombre.
Ida y retorno: Total repudio, rechazo y condena a quienes están cometiendo el sacrilegio, el irrespeto y manifestando su intolerancia religiosa al destruir imágenes cristianas que significan mucho no sólo para los que tienen fe, sino para aquellos que aman la cultura y reconocen las tradiciones y los símbolos que identifican a un país, a una región o un pueblo. Nunca en Venezuela habíamos llegado a esta barbarie, a este primitivismo y atentado contra lo más sagrado que tenemos los venezolanos. A los católicos nos toca estar, como María, de pie, con firmeza, orando sabiendo que Dios escucha las súplicas de su pueblo y exigiendo que cosas como éstas no queden impunes, que se haga justicia.
Ilustración: Gehard Richter
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San Mateo 28: 16-20
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