Mostrando entradas con la etiqueta Galería de Arte Nacional. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Galería de Arte Nacional. Mostrar todas las entradas

jueves, 9 de julio de 2015

LA BOLSA DE MERCADO COMO PARTE DEL PAISAJE PICTÓRICO

Paisaje en la GAN

Una reconstrucción del paisaje venezolano, elaborada por distintas generaciones de pintores, se encuentra exhibida en la Sala 1 de la Galería de Arte Nacional.
La exposición, titulada Interpretaciones de la mirada. El paisaje en la colección, inauguró la mañana de ayer y plantea un recorrido que inicia en las nociones de los expedicionistas y se adentra, luego, en las obras de las primeras generaciones de pintores criollos que realizaron estudios paisajísticos y representaron escenarios de eventos históricos nacionales.
En la muestra, también se encuentran presentes las creaciones de quienes participaron en el surgimiento de la corriente paisajística, en la primera mitad del siglo XX, iniciada por el Círculo de Bellas Artes y prorrogada por la Escuela de Caracas, para llegar hasta fechas recientes.
Entre los artistas que están presentes con sus obras en la sala resaltan Jean-Baptiste Louis Gros, Nicolás Ferdinandov, Cristóbal Rojas, Martín Tovar y Tovar, Manuel Cabré, Pedro Ángel González, José Vicente Aponte Istúriz, Carlos Herrera, Ramón Vásquez Brito, Mario Abreu, Juan Araujo, Armando Reverón, Antolín Sánchez, Luisa Palacios, Luis Lizardo, Patricia van Dalen, Harry Abend, Margot Römer, Antonio Alcántara, César Prieto, Paolo Gasparini. Jorge Pizzani, Irene Pressner, Víctor Valera, Gego, Paul Klose, Rolando Dorrego o Luis Molina-Pantin.
La muestra reúne la visión de una Venezuela con alto valor estético y pictórico que ha sido reconocida y capturada por los artistas que han contemplado su paisaje.
Fuente:
https://zonalibredigital.wordpress.com/exposiciones/

EL NACIONAL, Caracas, 8 de julio de 2015
Interpretaciones de la mirada
Lorena González

A finales del mes de mayo, la Galería de Arte Nacional inauguró la exposición Interpretaciones de la mirada. El paisaje en la Colección. La curaduría estuvo a cargo del investigador Richard Aranguren, quien dibujó un proyecto donde pone en juego un conjunto de aproximaciones transversales sobre el paisaje venezolano. Desde esta disposición, la mirada se aleja de ese punto focal de reconstrucción cronológica anclada en períodos cerrados sobre sí mismos, para abrir sus perspectivas y extenderse hacia la exploración de enlaces pertinentes, poéticas de gran riesgo con las cuales la propuesta articula sintomatologías, técnicas, formatos y sensibilidades en torno a las diversas vertientes que pueden convivir en un imaginario tan heterogéneo y plural como el paisaje.
De los logros contenidos destaca el diseño de una museografía certera y casi interactiva, una dinámica que se apropia de la sencillez de la palabra para otorgar pequeñas señales con las cuales el espectador se moviliza tras la lectura de los núcleos y de las relaciones anunciadas en los textos de sala; desde las transformaciones de la luz en las obras de Armando Reverón y el contemporáneo Juan Araujo, hasta llegar a los no-lugares de la fotografía objetual de Luis Molina Pantin o las estelas matéricas de la obra de Irene Pressner, en reflejo directo con las tramas geométricas de apropiación y las atmósferas conceptuales de creadores como Víctor Valera, Gerd Leufert, Paul Klose, Harry Abend y Rolando Dorrego.
En esta cadencia de alternativas la visual se activa y se desplaza, reconociendo relaciones inéditas y ampliando también el campo de lo ya visto. Pintura, fotografía, escultura, grabado y dibujo se van alternando en una narrativa de selecciones que abarcan sucesivamente distintos rincones de un siglo de arte. Esta estrategia que remueve la clásica rigidez de lo antológico para brindar los atisbos inusitados de otra luz, es un acertado punto en el estudio de una Colección, línea de acción que podría consolidarse como la posibilidad infinita de relectura y expansión de nuevos estudios en ese vasto caleidoscopio visual del paisaje venezolano.
Sin embargo, es relevante apuntar el necesario acompañamiento de la institución en el correcto desenlace de lo que una muestra como esta puede brindar al espectador. Al alimón de este panorama, otro, menos organizado –como performance inusitado del propio tema– se desarrollaba en las puertas de la Galería ese domingo: personal no calificado dormitando en sillas, guías sin información pertinente, ruido, puertas abiertas que dejaban salir el aire elevando la temperatura en sala junto a bolsas de mercado ubicadas detrás de la escalera principal.
En este ambiente poco propicio me sorprendió encontrar esta exhibición. Ante la dicotomía de lo real, me aferré a una pieza fundamental ubicada en la entrada, junto al título. Era un retrato de Ventura Gómez del año 1936 en el que un hombre intenta mirar a lo lejos teniendo que hacer sombra sobre su rostro con la mano. En este gesto evidente parecíamos de pronto estar todos: el curador en sus investigaciones, la GAN en su incapacidad de acompañar el logro, los visitantes sobrecogidos por la belleza de la curaduría y aquellos llenos de prejuicios que no ven más allá de ese paisaje caótico que también nos asola; en fin, el gesto de todos los que intentamos mirar en la resolana de un país consumido por las contradicciones.

viernes, 31 de agosto de 2012

PUEBLO-TEJIDO

El Nacional - Lunes 16 de Agosto de 2004     B/10 Cultura y Espectáculos
AXEL STEIN cree que la ciudadanía está hecha de patrimonio artístico
El arte venezolano es privilegiado afuera, aquí es pasto de las llamas
Este venezolano, investigador e historiador de arte, no puede ver con indiferencia el desmantelamiento vandálico del que han sido objeto algunas de las obras de arte contemporáneas más emblemáticas del país. “Esas creaciones no son metal, son obras.
Son nuestro patrimonio para el presente y para nuestros hijos. Un puente lo puedes reponer, pero una obra de arte es única”
EDGAR ALFONZO–SIERRA
ENTREVISTA

“Es insólito que la construcción de la sede de la Galería de Arte Nacional, un proyecto que ya tiene 12 años, sea hoy una nueva ruina en la ciudad, en plena avenida Bolívar”
De acuerdo con una información publicada en estas páginas el sábado pasado, el especialista en artes Axel Stein logró la atención de la Unesco en el caso de las obras públicas de la ciudad que -creadas por primeras figuras del arte venezolano y mundial: Jesús Soto, Carlos Cruz–Diez, Marisol Escobar, Alejandro Otero, Gego y Gerd Leufertsufren un proceso de desmantelamiento vandálico.
La Unesco señaló sus limitaciones al respecto, ya que no puede “tomar iniciativas y acciones sin una solicitud oficial por parte del Gobierno, en este caso las autoridades encargadas de la protección del patrimonio”, según informó el organismo en carta dirigida a Stein. Sin embargo, también indicó que hará “todo lo posible para movilizarlas (a las autoridades del país) para que investiguen sobre las actuales condiciones de las obras y tomen los apropiados remedios en la ciudad de Caracas y a monitorear el estado de conservación del área”.
Stein es venezolano, crítico, investigador e historiador de arte egresado de la Universidad de Bruselas, ex profesor universitario y ex director de la Sala Mendoza. Desde 1990, ha ocupado diferentes cargos directivos en Sotheby’s para América Latina y Estados Unidos.
“Todo este problema va más allá de robar la defensa de una autopista”, explica. “Esas creaciones no son metal. Son obras. Son nuestro patrimonio para el presente y para nuestros hijos. No podemos dejar que esto siga, porque si no esto no va a parar aquí. Un puente lo puedes reponer, pero una obra de arte es una creación única y en el caso referido afecta a proyectos de artistas de la remarcada talla internacional y talento como los venezolanos Alejandro Otero, Jesús Soto y Carlos Cruz–Diez, quienes crearon con un basamento teórico-práctico de gran envergadura espiritual para el país”.
–¿Qué se puede hacer?
–Hay recursos, una regulación, normas de salvaguarda, orientaciones para la preservación, instituciones.
Son cosas concretas: leyes. No las puedes obviar, pero el problema es complejo porque, aún así, quiero saber cuáles han sido las medidas y previsiones del Instituto de Patrimonio Cultural para detener el desmantelamiento ocurrido -día tras día- en la obra de Alejandro Otero. Por sus condiciones, fue objeto de un trabajo continuo porque implicaba montarse en la estructura y bajar las piezas, que por sus dimensiones y peso debieron transportarse en un camión. A lo mejor hasta con una grúa se actuó. Es grave. Estamos hablando de nuestra cultura contemporánea, de los valores de nuestros artistas.
Soto, Cruz–Diez y Otero, te guste o no te guste, están irrefutablemente ubicados entre los 5 ó 10 artistas más importantes que ha dado Venezuela para el mundo en los últimos 200 años.
Profetas de otras tierras
Axel Stein defiende esta última idea: “Acabo de ver la exposición Utopías invertidas del Museo de Bellas Artes de Houston, que es un centro de investigación en Estados Unidos atento al estudio del arte latinoamericano. Esta exposición fue curada por Mari Carmen Ramírez y es una suerte de recapitulación de las vanguardias latinoamericanas desde los años 30 hasta los 70. ¿Quiénes están allí considerados como los más destacados miembros de las vanguardias latinoamericanas del siglo XX? Pues, no otros sino Soto, Cruz–Diez y Otero, junto con Gego y, en papel preponderante, Reverón.
La exhibición está acompañada por un libro sobre el tema, de 700 páginas, en el que se publican todos los manifiestos de vanguardia e investigaciones que se hicieron en el momento de las vanguardias creativas, principalmente, de Brasil y Venezuela. Los héroes de la exposición, los que tienen los mejores espacios en el edificio del museo son los venezolanos”.
–Evidentemente, esa experiencia choca con la situación de las obras públicas de esos mismos artistas en Venezuela.
–Sí, por un lado, en esa muestra tenemos a Venezuela en su más alta expresión de creatividad y cultura, como una líder de vanguardia.
Es insólito, es muy conmovedor para todos, ver el cariño con el que está abordado el tema y el tamaño de la investigación allá vertida. Por otro lado, llegas aquí, al país, y resulta que lo que afuera se trata con guantes blancos, aquí es pasto de las llamas. ¿Quién vigila las obras desmanteladas? Por Dios, se trata de la plaza Venezuela, que debe tener policías permanentes para vigilar el lugar. Entonces qué, ¿mañana van a tumbar el Cristóbal Colón, lo van a picar y a fundir también? Después será Madariaga y pare usted de contar.
Añade: “Sin embargo, pasan cosas como con la fuente Las Toninas de Francisco Narváez, que se han mantenido hasta ahora como único vestigio decente de lo que queda de Caracas porque hay gente detrás de eso. Los familiares del artista hicieron una fundación, formaron su personal en Venezuela y en el exterior, invirtieron su patrimonio en la conservación de esa obra y la de otros artistas, llevan 20 años ocupándose de la plaza O’ Leary, pero, entonces, alguien dice dame acá esa plaza que yo me ocupo de ella. No me gustaría pensar que el futuro de la fuente sea el mismo de los monumentos cercanos a ellos, bajo la guarda del Estado”.
Mutilaciones, mudanzas, nuevas ruinas
“¿Por qué tanto interés en María Lionza y no en todo el resto de los monumentos públicos? Me aventuro a decir que lo que representa la diosa es algo de lo que se está extrayendo provecho. Con todo el respeto a ella, esa estatua no es lo mejor de Alejandro Colina, sí tiene un valor popular eminentemente votivo que no se adecúa a la plaza de los Museos, porque no es un punto para un culto ya que es un lugar civil y laico. Por favor, ¿a quién se le ocurrió cambiar la pieza? Ése es nuestro problema crítico y continuo de mudanza de las esculturas que siempre ha sido un tema durante 20 años. Si quitas una estatua, un monumento, estás quitando cosas de las que está hecha nuestra ciudadanía.
Trasladarlas es crear un faltante.
Es como que te quitan un brazo.
Así quitan el edificio Galipán o lo que sea. Qué queda entonces de ti, de nuestra historia. Menos mal que no pueden quitar el Ávila, si no ya se les hubiera ocurrido”.
–¿No hay, entonces, una sensibilidad política hacia el arte como patrimonio?
–No, pero con María Lionza hasta el TSJ tuvo que manifestarse.
¿Por qué no pasa algo así con el Abra solar de Alejandro Otero? Yo tuve la inmensa suerte de ver esta obra colocada en la punta de la isla de los jardines de Venecia, donde está el pabellón de Venezuela, dominando totalmente el canal, con todos sus rotores eólicos en acción con una extraordinaria majestad.
Un homenaje en aluminio de Alejandro Otero, de El Manteco, en el estado Bolívar, a la riqueza de su tierra.
Para esa obra Otero adelantó estudios técnicos en el Instituto Tecnológico de Massachussets durante dos años. ¿Todo eso vale qué? Vale.
Vale muchísimo para nosotros. Si no, sería como arrancarle el corazón al venezolano, su unicidad. Si eso no tiene valor, entonces alguien me tiene que explicar qué sí lo tiene.
–¿Habría que estudiar y repensar el sistema de valores del país?
–Sí y nuestras deficiencias al respecto.
Tenemos cantidad terrible de taras, huecos y lagunas. Es insólito, por ejemplo, que la construcción de la sede de la Galería de Arte Nacional, un proyecto que ya tiene 12 años, sea hoy una nueva ruina en la ciudad, en plena avenida Bolívar.
Cómo en un gobierno que quiere el progreso material, espiritual y cultural de su pueblo, sus instituciones relacionadas con la preservación y transmisión de ese conocimiento son las más golpeadas en todo el sistema.
Todo lo que se hizo en la cuarta república no era malo. ¿Dónde están las exposiciones que se hacían en esa época que ayudaron a colocar a Venezuela y sus artistas en el panorama internacional? ¿Qué nos llega del exterior? ¿Dónde el presidente o el vicepresidente o el presidente de la Asamblea Nacional o del TSJ han inaugurado una exposición?
Que den ese ejemplo, un apoyo con su presencia.
–Se ha reforzado el pensamiento que ciertas formas artísticas y culturales son privilegiados secuestrados y negados históricamente al colectivo.
–Desconocen que aunque la alta cultura es elitista, no puedes prescindir de ella. Es una pequeña locomotora que arrastra mucho. Y no me mientan. El arte popular per se tampoco arrastra masas. Debemos saber que la cultura es cosa de tejidos.
No puedes pasar de una cosa sin la otra. Por ejemplo, el arte popular ha nutrido al arte pop y hasta la palabra pop es popular. Si no tienes los dos lados de las cosas no quedamos en nada. Podemos poner el arte popular y el arte contemporáneo, uno al lado del otro, y ambos hablan de nuestro país. Además, ¿dónde está el arte popular aquí? Acabo de recorrer el país y todos los artistas populares están pasando trabajo. Por otra parte, al creador popular no lo sostiene el pueblo sino una cantidad de individuos con una sensibilidad formada, algunos con cierta educación especializada, que adquieren sus obras, que dan a conocer a esos artistas, que los exponen y los legitiman en las instituciones.
Espíritu
Stein no quiere obviar, como parte de este problema, sus convicciones sobre el perfil político del país: “Se cree que alrededor de una sola persona se deben coagular todas las aspiraciones espirituales y nacionales de un país. Algo fatal. El espíritu de un territorio es compartido. Nadie es dueño del espíritu venezolano, puede decidir de modo terminal qué es ese espíritu, porque es pretender querer saber qué pasa por la cabeza de 25 millones de personas.
Hay que entenderlo. El alma venezolana es de múltiples orígenes”.
“Aquí no mandan los indígenas, ni los mantuanos, ni italianos, ni portugueses, ni mestizos, ni indios guaraníes, ni guaiqueríes, ni waraos, ni pemones, ni los negros de Barlovento, ni nadie que se te ocurra poner en esa lista. Este es un país de ciudadanos donde todo el mundo ha aportado algo. De paso, los mantuanos han aportado muchísimo: esta entrevista es en español, no en arawako. Cuando llegamos a la casa tal vez descansamos en un chinchorro, que no es español. Es decir, el tejido del país es lo que hay que respetar. El grave problema es que no entendemos cómo está hecha la trama social.
Privilegiando sólo una parte el país, no lo podemos mantener. El pueblo no es exclusivamente los indigentes y los pobres. Ésa es una visión errada de la vida. El pueblo es todo el tejido social. Una gran pintura que todos hacemos”.

Fotografía: Yanni Montilla

viernes, 17 de agosto de 2012

PERSISTENCIA (3)

EL NACIONAL - Viernes 17 de Agosto de 2012     Opinión/8
Del retrato de Bolívar
ÓSCAR LUCIEN

1. La potente y colorida imagen de Los nenúfares de Claude Monet no me abandona desde que empezó la machacona justificación de la nueva imagen del Libertador Simón Bolívar en la "supremacía" de la interpretación digital que pretenden imponer sobre el ingenio de artistas que con sus múltiples talentos contribuyeron a la creación colectiva del imaginario del Bolívar civil, militar, héroe singular de esta parte de la América hispana que nos acompaña desde la infancia.
¿Qué es más verdadero, más real, más sublime, más conmovedor que las plantas que Monet pintó laboriosamente en el estanque de su jardín en Giverny que podemos admirar en el Museo de Arte Moderno de Nueva York o en el Museo de la Orangerie de las Tullerías en París, o la hipotética fotografía de ese mismo jardín tomada con una moderna cámara digital de 64 megapíxeles? ¿Con qué derecho este nuevo retrato de Bolívar, por muy sofisticadas que hayan sido las técnicas para lograrlo, va a destruir todo el imaginario que tenemos del Bolívar de las múltiples plazas de Bolívar de Venezuela, de América Latina y del mundo, de los numerosos artistas que lo han representado, de las maravillosas interpretaciones de nuestros tallistas populares? Dando por descontado que toda esta superchería tecnológica no es sino el resultado de un capricho narcisista que se funde en un obsceno dispositivo de manipulación histórica, topamos nuevamente ante viejos dilemas y tradiciones de la producción del conocimiento, del arte y la ciencia.
¿No es el arte una forma legítima y fundamental de mostrar el mundo? En el caso que nos ocupa, ¿no es acaso la fotografía, igualmente, una convención?
2. Entre los géneros esenciales de las artes plásticas y de la fotografía, el retrato ocupa un lugar relevante.
Centrándonos en la fotografía, intentemos responder: ¿Qué es un retrato? El retrato es, particularmente, una relación, un trato, entre la persona retratada y el retratista.
Una fotografía, y mejor, una buena fotografía, no es un mero registro técnicamente impecable de la realidad, sino una construcción intelectual. La pregunta que debe responder todo aquel que toma una cámara fotográfica en sus manos es cómo hacer una buena fotografía o, una vez que ha fotografiado un personaje, por ejemplo, si su registro tiene calidad.
Si bien los aspectos técnicos tienen un papel significativo, lo esencial sigue siendo la mirada, la forma personal como vemos o construimos la realidad fotografiada. ¿Es la mirada de Chávez, fundada en la profanación de sus restos, la que va instaurar la "verdad" sobre el rostro de Bolívar? Arnold Newman, célebre fotógrafo norteamericano, decía estar convencido de que cualquier intento fotográfico de mostrar la persona plena era una tontería, que sólo podíamos mostrar lo que la persona revela exteriormente, porque la persona "interior" rara vez se revela.
Hipervalorar el uso de los huesos de Bolívar para construir su retrato es una inmensa tontería de Chávez llevada al extremo.
3. El retrato de Bolívar ordenado por el presidente Chávez (desproporcionados gastos frente a tantas urgencias de los venezolanos más pobres) convoca nuevas y viejas interrogantes que están en el corazón de la idea de fondo que trato de evocar con esta breve nota. Se suma, además, lo que podríamos calificar como el extemporáneo peso positivista del valor mayor que tendría esa imagen generada con modernas tecnologías digitales.
Pero ¿por qué debemos aceptar los venezolanos o latinoamericanos la imposición de esta nueva imagen de Bolívar que ostenta toda la artificialidad de un personaje de la película El planeta de los simios, frente al Bolívar que desde niños guardamos en nuestro imaginario? ¿Por qué debemos enviar al cesto de la basura la regia imagen del Libertador obsequiada por el pintor limeño José Gil Castro, retrato del cual el mismo Bolívar acreditó de su puño y letra como: "Retrato mío hecho con la más grande exactitud y semejanza"? ¿No fue acaso este el retrato que Bolívar obsequió a su hermana María Antonia? Con este nuevo retrato de Bolívar desbordamos la cota máxima de la extravagancia y la desmesura. Luego del cambio del nombre del país, de la modificación del escudo y de la bandera nacional, pretender imponernos esta nueva imagen producto de un mero capricho narcisista obliga a una respuesta de mayor coraje. Venezuela no merece sucumbir bajo los delirios de alguien que definitivamente no pareciera estar bien de la cabeza.
Y, por cierto, lo único que Chávez prometió cambiar no lo ha hecho: cambiarse el nombre de seguir existiendo niños de la calle.

EL NACIONAL - Viernes 17 de Agosto de 2012     Cultura/3
POLÉMICA Se teme que la pintura republicana pierda valor en comparación
La GAN contrastará los rostros del Libertador
La iconografía de Bolívar será examinada a la luz de la reconstrucción forense y 3D de su rostro
CARMEN VICTORIA MÉNDEZ

"¿Usted pretende que yo sea una estatua?", le dijo Bolívar a José María Espinosa, el pintor colombiano a quien se debe buena parte de la iconografía del Libertador. Bolívar tenía una agenda ocupada, iba de batalla en batalla y no tenía tiempo para posar. Esa es la razón por la cual era tan difícil hacerle un retrato.
Para poder captar el rostro de Bolívar, Espinosa tuvo que hacer visitas diarias a su despacho. "Fue el único artista al que Bolívar le posó. El mismo José Gil de Castro, de quien Bolívar asegura le hizo el retrato más fiel, no tuvo ese privilegio", afirma el historiador de arte Roldán Esteva-Grillet. Tampoco lo tuvo Juan Lovera, uno de sus contemporáneos y autor de los cuadros 19 de abril de 1810 y 5 de julio de 1811.
La pintura republicana no era exacta, apelaba al recuerdo y a la idealización, pero tiene valor histórico, artístico y patrimonial. Uno de los debates que ha abierto la promoción por parte del Gobierno del llamado nuevo rostro de Bolívar (reconstruido a partir de técnicas forenses) es si su colocación en las oficinas públicas y su reproducción masiva en medios de comunicación y textos escolares terminará por borrar del imaginario colectivo la obra de pintores como Gil de Castro, Espinosa, Tito Salas o Arturo Michelena. "La imagen de Simón Bolívar que quedará para la historia será la que proporcionó la ciencia", asegura Juan Calzadilla, director de la Galería de Arte Nacional y curador de la exposición El rostro del Libertador visto por sus contemporáneos.
Calzadilla explica que la idea de la exhibición es confrontar los resultados de la investigación científica que se llevó a cabo con técnicas forenses y tecnología 3D con las imágenes que hicieron los contemporáneos de Bolívar que pintaron su retrato al natural en diversas épocas, y así separar la verdad histórica de la interpretación artística. "Hemos tratado de conseguir originales de las obras que se le hicieron al Libertador en varias etapas de su vida. No queremos que por el hecho de que los artistas no pintaron a Bolívar al natural, sino a través de grabados que circulaban en la época, recuerdos o interpretaciones, los vayamos a olvidar. Después de todo, esas piezas tienen algo de la fisonomía de Bolívar".
Calzadilla dice que no se atreve a asegurar que la imagen "real" vaya en detrimento del trabajo de los pintores; tampoco teme que en algunos años a los niños no se les vuelva a hablar de Michelena, Lovera o Salas. "La sustitución es válida porque la imagen en 3D se aproxima más a la realidad.
¿Qué podemos hacer con el Bolívar de Marisol, Régulo Pérez, Luis Guevara Moreno, Pedro Centeno Vallenilla o Guayasamín? Pienso que conservarlos en los museos, porque la iconografía funciona independientemente de la fisonomía histórica. Sus obras estarán exhibidas y serán admiradas más por su valor artístico que por ser documentos históricos".
El director de la GAN cree que el hallazgo de la ciencia sí podría influenciar la iconografía futura de Bolívar, pues los artistas plásticos podrían comenzar a inspirarse en ese modelo para realizar sus aproximaciones.
Insustituible. Esteva-Grillet no cree que la sustitución de esta iconografía por la imagen 3D pueda darse con éxito. "El destino de esa reconstrucción 3D es el basurero de la historia.
Bolívar fue uno de los hombres más retratados en el continente. Su imagen ha sido consumida por muchas generaciones que no están dispuestas a borrarla de su memoria".
El crítico no cree que la medida de la fiscal general Luisa Ortega Díaz de ordenar la sustitución de los retratos en las oficinas del Ministerio Público haga mella en la memoria colectiva. "Tendrían que obligar hasta a las bodeguitas. La gente tendrá el Bolívar que quiera tener".
Tanto Calzadilla como EstevaGrillet descartan que las piezas que se descuelguen de las oficinas del Ministerio Público para cumplir con la orden de la fiscal general vayan a parar a los museos. "Hay gran cantidad de reproducciones de retratos de Bolívar en instituciones que no tienen mayor valor artístico.
Algunas excepciones pasarán a la posteridad, pero muchas están condenadas a desaparecer porque no son idóneas para los museos, que tienen las bóvedas bastante llenas", dice el director de la GAN.


Fotografía: LB, estante de la Hemeroteca Nacional, Caracas (16/08/12)

lunes, 12 de septiembre de 2011

¿GAN-GA?


EL NACIONAL - SÁBADO 10 DE SEPTIEMBRE DE 2011 PAPEL LITERARIO/1
Papel Literario
La GAN se oxigena
ROLDÁN ESTEVA-GRILLET

Por fin, la principal institución del país dedicada a la preservación y divulgación del arte venezolano, no otra sino la Galería de Arte Nacional, se encamina a recuperar la decencia museológica. Desde el estreno de su nueva y todavía inconclusa sede en 2006 con una deplorable y costosa exposición sobre Francisco de Miranda, hasta hace poco, ninguna de las directoras designadas se distinguió en el cargo por razones de causa mayor, léase: Farruco Sesto. Sin embargo, luego de ese desfile de autoridades --desde la más capaz pero de breve paso, hasta la más inútil, también efímera--, en un momento desesperado antes de abandonar el barco, el mismo causante de tales desatinos alumbró una propuesta: poner de director a Juan Calzadilla (1931), un reconocido poeta, dibujante y crítico de arte, algo ya retirado de la escena pero muy cercano al régimen chavista. Su prestigio, como fue el caso de Francisco Dantonio en la vieja sede, podría repotenciar la institución y --¡quién sabe!-- preservarla de usos non sancto.

Una última visita a las salas de la GAN permite descubrir que uno no estaba errado en sus críticas al abuso de textos en las paredes, como si éstas fueran hojas gigantes de papel y los visitantes acudieran a un museo a leer y no a ver obras. Especialmente en los segmentos de la cultura aborigen, de la pintura colonial ("arte del invasor") y del arte republicano ("postcolonial") quedaba la impresión de que las obras no tenían mérito por sí mismas, sino que fungían de ilustración a los farragosos discursos que ni siquiera eran de propia elaboración sino reproducciones de largas parrafadas de textos ajenos. Ahora, por ejemplo, las vitrinas de etnografía están rodeadas con fotos de Carlos Germán Rojas sobre piezas arqueológicas pertenecientes a la institución. Felicitaciones.

También es justo reconocer una continuidad en la lectura museográfica de una sala a otra, de un piso a otro, y no como antes que no había un recorrido sugerido, se cerraba de pronto con Reverón y al subir las escaleras se topaba uno con Otero, Soto y demás vanguardistas. Ahora, en efecto, hay un completo despliegue de las diversas expresiones artísticas hasta los años sesenta en la planta baja, para seguir en el piso superior con la fotografía, el dibujo, el grabado, el performance, el arte conceptual, el video art y demás propuestas contemporáneas. Un discurso fluido y comprensible, con breves textos de presentación en cada segmento.

Es justo reconocer una continuidad en la lectura museográfi ca de una sala a otra, de un piso a otro, y no como antes que no había un recorrido sugerido

Sólo resalta un gran vacío: la cerámica artística con Cristina Merchán, Tecla Tofano, Colette Delozanne o Nohemí Márquez. Y eso que está exhibido el gran impulsor de ese arte, Miguel Arroyo, pero con una pintura que lo representa muy mal.

Quizá no esté conforme con la inclusión de alguna obra en una expresión o corte temporal definido, al dificultarse la evidencia de una búsqueda común. Un paisaje de Alejandro Otero, de 1944, junto a pinturas de la gente del Taller Libre de Arte; o un Virgilio Trómpiz de índole realista social camuflado de neofiguración; o una Mary Brandt lejos de los informalistas. Son sutilezas de la curaduría que en buena parte es subjetiva. Lo que no me explico es cómo se descuida la protección de algunas obras, de suyo frágiles, colocadas en pedestales sujetos a cualquier tropiezo accidental. En particular, desearía llamar la atención sobre la Bacante (1913, bronce patinado), de Andrés Pérez Mujica; la Cabeza de Medium (1914, bronce patinado), de Pedro Basalo y el Leño viejo (1961, ensamblaje, hierro, alambre y óleo sobre madera), de Jesús Soto, todas en delgados pedestales y sin cajas de acrílico que amortigüen una eventual caída. Ya un fino jarrón de porcelana de la muestra de obras del Palacio de Miraflores se hizo añicos por la misma falta de cuidado.

Más allá del remontaje de parte de la colección, a manera de panorámica sobre la historia del arte venezolano, se exhiben dos exposiciones temporales, como debe ser en todo museo. La experiencia museológica aconseja realizar, como homenaje, una exposición antológica a un artista de larga trayectoria, y a un artista de menor jerarquía o más joven una exhibición de su obra más reciente. Empecemos por la pintora figurativa Azalea Quiñones (1951), cuya inclusión echa por la borda la nefasta política de no hacer exposiciones individuales sino colectivas.

No estoy al tanto de las razones de la escogencia, pero como simple espectador me sobreviene una suspicacia vergonzosa al encontrarme con dos tipos de obras que si bien calzan con su trayectoria, la coincidencia aquí me resulta oportunista. Nos encontramos con obras antiguas y nuevas, éstas las más interesantes para mi gusto y que ya en parte había presentado en el Celarg.

Entre las conocidas, su versión de la última cena (1981) con una serie de creadores entre los cuales están José Ignacio Cabrujas, Jorge Luis Borges, Salvador Garmendia, Juan Calzadilla, Armando Reverón, Oswaldo Trejo, Aquiles Nazoa, Roberto Guevara, Bárbaro Rivas y Cristóbal Rojas, con ella misma en su doble papel de Judas y de Jesús (Colección Leonardo y Linda Blasini); y un tríptico que no le conocía pero de la misma fecha, donde repite a Juan Calzadilla flanqueado por otros dos santos de la libérrima devoción de la pintora: José Gregorio Hernández (Colección Museo de Arte Contemporáneo) y Charles Chaplin, todos enfundados en trajes negros.

Más allá del remontaje de parte de la colección, a manera de panorámica sobre la historia del arte venezolano, se exhiben dos exposiciones temporales, como debe ser en todo museo

No es que considere improcedente retratar a un célebre crítico, pues también Luisa Ritcher y Emerio Darío Lunar lo hicieron, todos útiles para una iconografía del personaje. Pero dos retratos del Director de la institución que acoge a Azalea Quiñones suena a pleitesía o a autocomplacencia, según quién sea el responsable de la selección. Si bien se incluye, de su serie de retratos, uno grande de Bolívar (1981), me incomoda esa serie de retratos de pequeño formato en la que remeda al resto de su iconografía con la infaltable Manuelita, todos de recientísima factura (2011), cómo decir, previos a la inauguración. ¿Qué es eso? ¿Una moda política o un pago de peaje? Por otra parte, la GAN no ha podido retomar su bella y envidiable labor de publicación de catálogos pero, en este caso, prefiero que siga así.

Para no equivocarnos de institución y del nuevo tiempo museístico que sufrimos, la otra exposición temporal es una impertinencia del Museo Bolivariano: una serie de fotografías que dan cuenta del proceso de restauración de piezas textiles, actualmente exhibidas en su sede original.

Lo normal habría sido que los visitantes de ese museo hubieran podido apreciar estos detalles o ver el video correspondiente en su propia sede.

Pero ya esto está más allá de las decisiones de la Galería de Arte Nacional, sometida a una pérdida de autonomía programática ante los caprichos de la Fundación de Museos Nacionales. Basta con seguir la visita hacia el Museo de Bellas Artes, que si bien pudo gritar triunfo al recuperar su edificio primigenio, el mismo está ocupado casi en un cincuenta por ciento de su espacio expositivo por sendas exposiciones ajenas.

La primera, elucubrada por el Museo Nacional de la Historia, es una vuelta a la noria mirandina para escolares a partir de un pedazo del Leander que no han podido construir en el Parque del Este, perdón, Parque Miranda; la segunda, más de artes plásticas, una muestra de un artista autodidacta organizada por el Museo de Arte Popular, institución convertida en lastre de la GAN pues al permanecer de puertas cerradas, ni lava ni presta la batea, cuando debería exhibir en el espacio usurpado la colección que le es propia, la adquirida a Mariano Díaz. Por lo menos la temporada de vacaciones mantiene plena de escolares las salas de la GAN; ojalá que ya creciditos la visiten voluntariamente y no acarreados como ahora.

Fotografía: Manuel Sardá

domingo, 4 de septiembre de 2011

CURSO DE ARTE COMPARADO



Una, es la gráfica tomada en la Galería de Arte Nacional (GAN), Caracas. Otra, evidenciando las condiciones, en la estación del metro de Chacaíto, ciudad. Huelgan los comentarios.

Fotografías: LB, Narciso Deboirg (26/08 y 30/08/11).