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viernes, 17 de abril de 2020

MEDIANDO LA DISTANCIA

Érase el Apolo XIII
Guido Sosola

Escribir sobre las imágenes recientemente publicadas de la frustrada misión Apolo XIII, parecerá algo baladí o cursi que es casi lo mismo. Sin embargo, a vuelo rasante nos lleva al problema del régimen estadounidenses de los documentos clasificados, amén del dato psicoanalítico.

Medio siglo después, emergen unas fotografías que estuvieron en las bóvedas de la NASA y, más allá del descuido o el solapamiento en los archivos de la agencia, intentamos examinar algunos detalles del juego fotográfico de los astronautas y del satélite artificial mismo para saber si algún desliz afectaba la seguridad nacional del país del norte, no olvidemos, enfrascado en la Guerra Fría. Inexperto  en estos asuntos, no los percibimos, pero valoramos también que celosamente fuesen guardadas las gráficas por decisión de la agencia, o por recomendación o instrucción del Pentágono, pues, alguna sensibilidad reportaba.

Por más que persistan los grandes secretos de Estado, al menos, cumplido un determinado período,  total o parcialmente, deben desclasificarse los documentos de interés para los historiadores y los más variaos analistas. Valga el ejemplo, las propias grabaciones de la Casa Blanca, durante el tiempo de  la célebre crisis de los cohetes de principios de los años sesenta del veinte, fueron conocidas y ampliamente difundidas al igual que los comentarios personales de os Kennedy.

En este lado del mundo, no hay equivalente alguno y, todavía, no se conocen siquiera los documentos imprescindibles de los antiguos servicios de inteligencia que arrojarían luces en torno a nuestro particular proceso histórico de mediados de la anterior centuria.  Además, ¿cuánto tiempo no tiene cerrado el Archivo Histórico de Miraflores, cuya documentación ya nada tiene que abonar a  la seguridad del Estado?

La publicación de las fotografías en cuestión, nos lleva un poco a indagar sobre las perspectivas lacanianas de la realidad – real,  simbólica e imaginaria, tratando de explicar el estremecimiento infantil en un mundo que, por entonces, rogaba por el regreso de los astronautas al planeta; valga acotar, mediaba una distancia entre la otrora primera plana de El Nacional y la de Últimas Noticias que recuerde, ambos de Caracas. Adicionalmente, recordemos que así como existe la creencia de una estafa o engaño sobre a pisada del hombre en la Luna, todavía hay quienes  osan cuestionar la propia existencia del Holocausto: entonces, no es tan baladí y cursi referirse al Apolo XIII.

NASA, Andy Saunders, Stephen Slater: Un momento ligero en medio de la crisis: Lovell (izqu.) y Swigert (centro) parecen estar de buen humor.
NASA, Andy Saunders, Stephen Slater:El panorama muestra el módulo de comando operando con poca energía. Haise lo inspeccionó antes de que pasaran a ocuparlo al final del peligroso regreso.

lunes, 12 de octubre de 2015

DESESTATIZARSE, ULTRAESTATIZÁNDOSE

De la otra información: la de Estado
Luis Barragán


El Estado Nacional trajo consigo el perfeccionamiento eficaz en la búsqueda e interpretación de la información relacionada con su preservación, que es – propiamente -  la de sus primarios elementos existenciales: territorio, población y poder. Los servicios de inteligencia y de contra-inteligencia prosperaron en forma desigual, consumiendo grandes recursos, que ameritaron del control simultáneo o posterior de la ciudadanía, en los países de convincente vida democrática, mientras que en otros, debieron soportarlo como expresión emblemática de una tiranía, cuyo único interés fue el de sobrevivir a cualquier precio: sobran los testimonios, todavía vigentes,   en uno y en otro sentido.

Que sepamos, hay parlamentos que cuentan con sendas comisiones especializadas para ejercer el control de las agencias de seguridad, velando porque – sencillamente – lo sean, evitando los abusos o desviaciones de poder y, en todo caso, existiendo la posibilidad de limitarlos a través de la consideración y aprobación anual del presupuesto público. Potencias nucleares que generan y cotizan una información vital, deben lidiar – además – con fenómenos como WikiLeaks, afrontando la todavía inconclusa y costosa polémica en torno a las libertades.

En buena parte del planeta, tales controles y desafíos no existen, porque – puede aseverarse – son las propias agencias o servicios de seguridad las que gobiernan, ya que los regímenes a los que sirven no se explican sin ellas, gozando – por decir lo menos – de una inmensa discrecionalidad. Frecuente y directamente gobiernan quienes las dominan previamente, convertidos en los zares de la política – además – prebendaría que dice darle prestancia a la extorsión, versionándose en los niveles medios y más básicos.

Nos llama poderosamente la atención el control democrático posterior de las labores de tales agencias o servicios que se traduce en la tardía publicación de sus documentos, faltando aún otros mecanismos eficientes, provocando la sanción moral que alguna incidencia tiene en el mantenimiento y prestigio de tales agencias o servicios.  Veinte o más años después, cuando las amenazas o peligros que los justificó cesan, existe la obligación de liberarlos acarreando un debate histórico que también puede gozar de las más actuales implicaciones políticas.

Entre las más célebres divulgaciones, por ejemplo,  se encuentra la transcripción de las grabaciones realizadas en la Casa Blanca durante la crisis de los cohetes en Cuba, o los papeles que abonan al caso de  Ethel y Julius Rosenberg, ejecutados en tiempos de la cacería de brujas. En contraste, únicamente con el derrumbe de la Unión Soviética, se ha sabido de una parte del historial macabro de la KGB, aunque todos los regímenes postdictatoriales cuidan – paradójicamente – de no revelar los procedimientos e intimidades de sus predecesores, forzando también a la creación de las comisiones de la Verdad para conocer de todos sus excesos.

En Venezuela no hubo ni hay un control adecuado de las delicadas informaciones que procesa el Estado, excepto las diligencias parlamentarias que antes se acercaban. El sólo debate democrático, abierto y susceptible del escándalo, o el planteamiento mismo del proyecto de presupuesto, constituía una seria advertencia para quienes dirigían los las agencias o servicios de inteligencia y contrainteligencia y más de una vez, sus directores o agentes tuvieron que someterse a una comparecencia en el Congreso de la República o en el mismo tribunal de la opinión pública para responder personalmente por sus actos.

Evidentemente ahora, nada parecido ocurre y ni siquiera el ministro de adscripción siente el deber de contestar alguna pregunta precisa, directa e inequívoca. Mucho menos, suelta la documentación relacionada y, por muy insistente que sea la demanda de explicaciones, manipulan las investigaciones, como acaeció en 2002 simulando una comisión de la “verdad”.

Nadie duda de la preeminencia que tales agencias o servicios exhiben por más de década y media en nuestro país, siendo legítimo asegurar que hay inmensa documentación acumulada sobre el seguimiento de muchísimas personas y sucesos que se encuentran en las bóvedas del poder establecido, incluyendo el realizado en tierras foráneas que dejan muy atrás las diligencias – preferiblemente consulares – de las que Gómez tanto se benefició. Horas siderales de transcripciones e informes, espesamente alfombrarán cada decisión racional y hasta díscolamente adoptada.

Tratándose de una información de Estado, costeada y realizada en su nombre, no debe desaparecer más allá del necesarísimo interés histórico que implica.  Constituye un delito la pérdida, extravío o destrucción de tan valiosa documentación – añadida la audiovisual – que, apenas, como la punta de un iceberg, ha sido empleada – la otra paradoja de la innovación – como arma política en la programación radiotelevisiva de los que gobiernan, “entreteniéndonos” a la vez que profundizando en su guerra psicológica.

Puede decirse de una “secuela documental” del régimen, importante para la indispensable reflexión que su superación traerá. Empero, se nos ha dicho, que las novedades tecnológicas apuntan a una extraordinaria captación y procesamiento de las informaciones que incluye su oportuna desaparición.

Reproducción: Traspapelada la fecha, tomado de la revista Élite.
Fuente:
http://opinionynoticias.com/opinionnacional/24065-de-la-otra-informacion-la-de-estado