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miércoles, 16 de marzo de 2011

EJERCICIO PRETORIANOLÓGICO


EL UNIVERSAL, Caracas, 13 de Marzo de 2011
Del profesionalismo militar a la milicia
FERNANDO OCHOA ANTICH

Los dolorosos acontecimientos que vive el pueblo libio son un ejemplo trágico que deben analizar con detenimiento los venezolanos. Si observan la manera institucional como se resolvió la grave crisis política en Túnez y en Egipto y analizan la violencia desbordada desarrollada, de manera sorprendente, en Libia, pueden percibir ciertas diferencias entre estas crisis políticas y militares. Lo primero a resaltar son sus orígenes parecidos. Estos regímenes políticos africanos se caracterizan por ser dictaduras personales que han permanecido en el poder por muchos años, al rechazar la alternancia republicana como principio fundamental de toda democracia; han desarrollado camarillas corruptas que no se han preocupado por el bienestar de sus pueblos; han reprimido a sus opositores, violando sus derechos humanos y la pobreza ha crecido de manera inexplicable al ser países inmensamente ricos. Parece una descripción de la Venezuela chavista.

Las crisis políticas de Túnez y Egipto se resolvieron, sin que se iniciara una guerra civil, por la actuación institucional de sus Fuerzas Armadas, que desde el principio de los acontecimientos evitaron disparar contra sus compatriotas. Los mandos militares de cada una de sus Fuerzas Armadas no tuvieron duda al entender que la solución de la crisis obligaba a la renuncia de los dos dictadores: Ben Alí y Hossni Mubarak. El ofrecimiento fue similar: no ser candidatos en las próximas elecciones. Este planteamiento no era aceptable para una dirigencia de oposición que había logrado mantener la protesta por varias semanas, aun en medio de una fuerte represión policial. El rechazo a ese planteamiento trajo de inmediato un incremento de la violencia. La realidad de ver a su país al borde de la guerra civil condujo a los mandos militares a presionar a objeto que, tanto Ben Alí como Mubarak, salieran del país para poder encontrar una solución política de la crisis.

La diferencia es clara: en Egipto y en Túnez existen fuerzas armadas profesionales al servicio del Estado y del Gobierno, pero que tienen clara esta diferencia y comprenden su obligación de respetar la voluntad popular. Al contrario en Libia, las fuerzas armadas son fundamentalmente milicias ideologizadas, llegándose al extremo de la existencia de soldados mercenarios, que sin sentido de país asesinan a los ciudadanos sólo por no estar de acuerdo con los intereses de Muamar Gadafi.

Progresivamente el régimen libio fue debilitando a sus Fuerzas Armadas. La experiencia conspirativa que tuvo Gadafi, en sus tiempos de oficial activo, le hizo entender que las Fuerzas Armadas profesionales no sirven de base de poder de regímenes personales. Aquí en Venezuela, Hugo Chávez se ha dedicado a crear y fortalecer la Milicia Bolivariana con la finalidad de debilitar a la Fuerza Armada Nacional. El motivo, la misma experiencia conspirativa del dictador libio.
Esta gran verdad la desarrolla brillantemente el doctor y coronel José Machillanda Pinto en su libro: "Del Profesionalismo Militar a la Milicia". Allí analiza detalladamente las distintas reformas legales aprobadas por el régimen y sus objetivos políticos. También estudia a profundidad la reforma constitucional de 2007, rechazada inteligentemente por nuestro pueblo. Empieza desarrollando las características del profesionalismo militar, su larga evolución en Venezuela, sin esconder sus aciertos y debilidades. Entre los aciertos plantea: el cumplimiento de la Constitución Nacional y la garantía que, como poder-fuerza, produjo para alcanzar un largo proceso de estabilidad política y económica. Entre las debilidades resalta: la falta de una reconceptualización militar después del triunfo contra la guerrilla fidelista; las luchas intra e interfuerzas, la debilidad en la operatividad y en la logística; y la falta de un liderazgo militar éticamente reconocido por sus subalternos.

Al analizar el momento político-militar revolucionario establece tres períodos: la penetración ideológica, la crisis del mando militar y el control subjetivo fragmentario. En este último punto, analiza la propuesta de reforma constitucional de los artículos 328 y 329, que planteaba transformar muestra Fuerza Armada en unas similares a las existentes en Cuba, China y Libia; y la aprobación del decreto ley del año 2008, que tiene por objetivo consolidar la transición hacia la Milicia Bolivariana. El ejemplo de Libia, muestra el riesgo que puede vivir Venezuela si no se respeta el resultado electoral en el año 2012. Por suerte, en nuestro país todavía la Fuerza Armada preserva cierta institucionalidad que será fundamental a la hora de la transición hacia un verdadero régimen democrático. Mis compañeros de armas no deben defraudar a los venezolanos. Además, lean las encuestas. La caída del prestigio militar es una realidad. Revindíquenlo, respetando y haciendo respetar la Constitución Nacional.

NOTA Y FOTOGRAFÍA LB:

Alibiados, importa esta aproximación de Ochoa Antich a la obra de José Machillanda. Nos hemos permitido reseñar fotográficamente otros títulos de quien saltó a la opinión pública en los años ochenta, siendo militar activo, gracias a una tesis de maestría que acarreó su detención.

"Poder político...", es la tesis en cuestión editada por Centauro. Digamos, nada complicada, se refiere a un primer esfuerzo del especialista: el estilo pretoriano antes de 1958, el ejército en el poder y el Estado venezolano, su modernización, el sistema político, la subversión, educación técnica, partidos políticos. Recuerdo que la leímos para luego fijar una postura en la juventud del partido, pero que no llegó a nada.

"Cinismo...", es de 1993, un trabajo que incluye sendas entrevistas como fuente importante, y un prólogo de !José Vicente Rangel!. Lo encontramos MF y el suscrito en la "Gran Pulpería del Libro", al igual que el título reciente. La tradición militar en la política doméstica venezolana, la nueva realidad político-militar, la sociología militar, el descontento y el golpe de Estado de 1992, consecuencias.

"Nuevo intervencionismo...", de 1996, presentado por Martín García Villasmil, versa sobre América Latina y la unipolaridad, contexto regional y sus contrastes, reconceptualización militar, proceso militar estratégico, defensa colectiva en este lado del mundo y la estrategia estadounidense.

"Del profesionalismo...", ya nos hemos ocupado otras veces. Importante referencia "pretorionóloga".

lunes, 15 de noviembre de 2010

una clave para comprender un asunto nada trivial


Del profesionalismo militar a la milicia

Luis Barragán



Impresión harto frecuente, los líderes de opinión desconocen la naturaleza e implicaciones de la institución castrense. E, incluso, aunque José Machillanda ha obsequiado su obra a no pocos dirigentes, la materia no suele agendarse en el debate rutinario de los partidos: “Del profesionalismo militar a la milicia” (Italgráfica, Caracas, 2010), es la última entrega del experto que desea llevar su voz más allá de la academia.

Después de la semblanza y el prólogo que suscriben – respectivamente - Ramón J. Velásquez y Luis Enrique Rangel Bourgoin, el autor ofrece los indispensables apuntes sobre sociología militar que requieren de una posterior obra, extensa y exclusivamente relacionada con la disciplina, a objeto de darle una mayor y detallada universalidad. De ello está consciente (3), por lo que – inferimos – el título en cuestión versa definitivamente sobre la politología militar venezolana.

La acertada comprensión personal de Machillanda en torno a las relaciones civiles-militares como relaciones de poder, resultante de la compleja vinculación entre el poder político y la cúpula militar en el marco de la institucionalidad del control objetivo de uno sobre el otro realizador de una decisiva autonomía operacional (9, 113), es lo que permite examinar la situación pasada y presente de la Fuerza Armada Nacional con la sobriedad deseada. Nociones como la postmodernidad militar, profesionalismo, compromiso ético, ecuación C4ISR, imaginarios, reconceptualización, doctrina de guerra y correlativo equipamiento, pirámide ocupacional, tallo operacional, concepto estratégico nacional, entre otras aportadas y consideradas por Machillanda, exponen una perspectiva capaz de advertir la actual, profunda y hasta insospechada crisis experimentada por el componente militar venezolano, por lo pronto de contradicción y descontrol (131).

Concibe los momentos políticos (profesional y revolucionario) determinantes en la vida corporativa, añadiendo hitos importantes como el triunfo sobre la insurrección armada de los sesenta y el rápido tratamiento del conocido caso del Caldas en los ochenta, ahondando en la vigente Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y, por si fuera poco, anexando la propuesta que hizo – acaso, ingenuamente – por ante la Asamblea Nacional Constituyente.

No obstante, parece necesario el auxilio de una más actualizada obra histórica sobre la contemporaneidad militar en Venezuela que dé cuenta de la inserción del componente en la etapa degenerativa de la coalición (post) populista, el relacionamiento formal e informal de sus integrantes, las transformaciones académicas acaecidas, el tratamiento mediático, los debates parlamentarios o la propia y curiosa consignación de dos proyectos de ley orgánica por el Ejecutivo Nacional que precedió a la aprobación de una pieza, posteriormente reemplazada a través del abusivo recurso de la habilitación presidencial.

La preocupante milicianización de la entidad castrense la ejemplifica muy bien en la esfera operativa del comandante natural, con la pérdida de la “autonomía que le es militarmente ontológica” (63). La institucionalidad campamental abrió las puertas de la Fuerza Armada Nacional, no otra cosa que – si nos permiten – la parapetizada improvisación de los asuntos públicos que puede arribar a la celebración de una guerra civil o internacional comprometiendo la vida y suerte de los más ingenuos seguidores del chavezato, tras el oropel pseudo-revolucionario.

La denuncia que hace de entrada respecto a “la mercantilización como forma de vida y como razón de competencia en el ambiente militar” (XXV), hoy todavía nos interpela. Y es que, invocadas las promesas de un socialismo rentístico, el componente – por cierto, ceresoliano – las está profesando, sacrificando los principios constitucionales que intentan preservar no pocos de sus miembros, procurando reivindicar una vocación.

Título indispensable, el de Machillanda debe caber en la discusión de los cuadros políticos y sociales de conducción disponibles. De reiterada adjetivación, empero ofrece herramientas conceptuales de una hondura siempre imprescindible para atinar con las coyunturas que acostumbran a enceguecernos