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martes, 14 de junio de 2011

POR CIERTO, CASTORIADIS (1)


EL NACIONAL - LUNES 30 DE MARZO DE 2009 NACIÓN/11
Libros: Cornelius Castoriadis
NELSON RIVERA

Tomó el micrófono y citó a Octavio Paz, a quien tenía a su lado: "Comencé a escribir, operación silenciosa entre todas, frente y contra el ruido de las disputas y peleas de nuestro siglo. Escribí y escribo porque concibo la literatura como un diálogo con el mundo, con el lector y conmigo mismo ­y el diálogo es lo contrario del ruido que nos niega y del silencio que nos ignora­.

Siempre he pensado que el poeta no es sólo el que habla sino también el que oye". Esto ocurrió en Aix-en-Provence, en junio de 1988. Además de Castoriadis, compartían la mesa Octavio Paz, Jorge Semprún y Carlos Barral, quienes habían sido convocados a debatir sobre El escritor y la democracia.

Castoriadis convierte la cita de Paz en la rendija que le permite abrir el campo de su reflexión. Dice: Transcurrimos en la superficie, en la trivialidad de las preocupaciones o del entretenimiento.

Obviamos, desconocemos el abismo, el caos, el sin fondo en el que vivimos. Mientras la religión oculta lo abismal (para volver conmensurable, domesticable el a-sentido de todo sentido), la literatura rechaza esta ocultación (Pablo de Tarso, por ejemplo, no tiene vínculo alguno con el diálogo; no le interesa escuchar a otros hombres; su misión consiste en transmitir una exhortación, que se escucha o no se escucha). Castoriadis (1922-1997) hace una afirmación que cabría pensar y discutir: que la escritura de los libros sagrados no depende del diálogo con el mundo.

¿No son acaso las interpretaciones o exégesis de los libros sagrados formas de un diálogo hondo y descarnado? El escritor devela, rompe el velo de la existencia instituida y constituida para hacer aparecer el caos. Puesto que la forma artística es a la vez la forma del caos, ella se comporta como paso y abertura hacia el abismo, es decir, experiencia crítica "que apunta a la reforma del entendimiento humano, a la reforma del ser humano, a la reforma de la captación del mundo por parte del hombre, a la destrucción de la rígida red de significaciones establecidas que nos esconden las cosas y nos esconden a nosotros mismos, a la fluidificación del sentido".

Si el verdadero poeta puede adoptarse como una figura de la condición democrática, lo es porque la democracia es el régimen de la reflexividad, de la crítica y la discusión. Si la poesía tiene la facultad de salvar, ello se debe a que ella escucha y hace hablar a lo que se oculta. Esto es lo que hace distinto al poeta del profeta o del sacerdote. Es lo que sugiere Paz cuando asocia la figura del poeta a la revelación de lo que está presente en el mundo (Ventana al caos. Fondo de Cultura Económica. Argentina, 2008).

POR CIERTO, CASTORIADIS (2)


EL NACIONAL - SÁBADO 08 DE DICIEMBRE DE 2007 NACIÓN/15
Pensando en Venezuela
ALBERTO KRYGIER

Según el último informe de la ONU que evalúa los logros de 177 países en diversos aspectos del desarrollo humano, como la salud, el estándar de vida, la educación y el progreso económico, Venezuela bajó a la posición 74, por debajo de países como México (52), Costa Rica (48) y Chile (40). Son muy interesantes estos resultados para evaluar nuestro desempeño.

Aparentemente, durante estos últimos años, otros países se han desarrollado más que nosotros. Todo parece indicar que debemos prestarle mayor cuidado al desarrollo económico y social de nuestra Venezuela en vez de a otros temas de carácter internacional.

Los pronósticos para 2008 requieren nuestra atención: la reconversión monetaria, el cambio del modelo económico, las repercusiones de la posible crisis de los Estados Unidos, las políticas de endeudamiento público, la elevada inflación, la reducción en la inversión privada y extranjera, el abastecimiento y la productividad, así como la necesidad de fuertes inversiones en mantenimiento e infraestructura, en salud, en educación y en seguridad social y personal. ¿Podemos competir con India, China u otros países asiáticos reduciendo la jornada laboral, cuando ellos están trabajando, según algunos, "más de 24 horas diarias", con salarios menores, pero con mayor productividad y menor inflación? ¿Cuando las mentes más brillantes de los países emergentes, entrenadas por las principales empresas globales como Wal-Mart, Google, Microsoft, Shell y Nokia, están dejando su trabajo para formar sus propias empresas? Lo imprescindible para el desarrollo es un crecimiento sostenido y rápido. Sólo la industrialización puede brindarlo, porque la industria es el único sector donde es factible un rápido y sostenido crecimiento en productividad. Pero para industrializarse los países deben incrementar su capacidad tecnológica y gerencial, lo cual puede lograrse si se ayuda significativamente a los emprendedores privados en los sectores apropiados. Eso requiere protección e incentivos.

El notable pensador griego Cornelius Castoriadis decía que cada sociedad crea sus propias formas. Estas formas, a su vez, hacen nacer un mundo en el que esa sociedad se inscribe y se da su lugar. Es así como ella construye su sistema de normas e instituciones en el más amplio sentido del término.

¿Cuáles son las formas del desarrollo que debemos vigilar? El valor fundamental que debemos atesorar es la libertad: que todo ser humano posea la capacidad de escoger y perseguir sus objetivos por su propia voluntad. A este valor debemos añadir la democracia. Ambas, la libertad y la democracia, no pueden estar sometidas a la voluntad y/o coerción de otros.

Un valor primordial que debemos salvaguardar es la justicia social que conlleva la reducción de la pobreza, la promoción del empleo, la productividad y la razonable equidad en la distribución del ingreso y la riqueza para edificar el capital social; el ahorro y la inversión para la construcción del capital físico; la educación, la honestidad, la responsabilidad, el cuidado de la salud, la seguridad social y personal para formar el capital humano; los arreglos institucionales y las políticas públicas conducentes a la estabilidad de los precios y la creación del capital financiero; la diversificación de la economía.

Un sistema económico y social debe ser evaluado según la posibilidad que su población tenga de superarse y de realizar su potencial. Los derechos de los individuos son inalienables y universales y deben fomentar la "armonía" que permita que la gente viva unida y en paz, demostrando que se pueden dejar de lado los intereses egoístas para conseguir un bien común.

Otro mundo sí es posible.

EL NACIONAL - JUEVES 02 DE DICIEMBRE DE 2010 OPINIÓN/8
A Tres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
Pasión y medio por la autonomía
ELEAZAR NARVÁEZ*

Al leer el libro Insignificancia y autonomía, uno recibe la agradable invitación a reflexionar sobre un principio clave para la construcción permanente de la condición humana. Yago Franco, Héctor Freire y Miguel Loreti (escritor y filósofo) son los coordinadores de esta obra que presenta los trabajos de más de treinta autores de diversas disciplinas que participan en los "debates a partir de Cornelius Castoriadis", un multifacético pensador nacido en Constantinopla en 1922 y fallecido en París en 1997, en cuya obra destaca su acerba crítica tanto al estalinismo como a todo dogmatismo y a toda impostura totalitaria, y se pone de relieve, asimismo, además de un interés especial por el estudio del imaginario social, una ardorosa defensa del concepto de autonomía política al reivindicar "el proyecto de una nueva sociedad, proyecto de autonomía social e individual".

Ese proyecto, que en las palabras de Castoriadis, "...es creación política en su sentido más profundo, y cuyas tentativas de realización, desviadas o abortadas, han informado ya a la historia moderna", está alimentado por la pasión de la autonomía, la cual, como dice Yago Franco, conduce a un ilimitado movimiento de cuestionamiento de lo instituido; es decir, como una "actividad constante de desinstitución de todo lugar-amo", cuyo ejercicio es placentero en tanto nos posibilita darnos nuestras propias leyes, proporcionarnos de una manera lúcida un modo de lo social opuesto a la heteronomía, concebida ésta como un estado del colectivo en el cual la ley nos es impuesta o nos es dada aún en ignorancia de lo que sucede. Pues, como afirma este autor, "las sociedades tienden a crear a un Amo de la significación, una instancia vivida como exterior a ellas, que tomará la forma de procedimientos de funcionamiento político, orden jurídico-legal o tiranos, brujos, etc., todos vividos como naturales, incuestionables, originados en leyes divinas, o en héroes de una historia devenida novela, etc.".

Pasión por un principio en este tiempo en el que somos víctimas de los efectos del avance de la insignificancia, expresados, entre otros, en la pérdida de orientación para la vida colectiva e individual; y también en circunstancias y lugares donde nos amenazan prácticas totalitarias que persiguen, sutil o abiertamente, el secuestro de nuestras subjetividades y la prohibición de pensar críticamente, ávidas de tener almas rotas subordinadas incondicionalmente al poder. Con toda razón se señala que la noción de autonomía se encuentra en las antípodas de todo totalitarismo.

Es la pasión por la autonomía a la que otros autores también le han prestado atención con ópticas y herramientas conceptuales distintas, como Anthony Giddens, quien se refiere a dicho concepto como "la capacidad de los individuos de reflexionar por sí mismos y de autodeterminarse", de tal manera que estos, con base en sus propios criterios, puedan "deliberar, juzgar, elegir y actuar en diversos modos posibles de acción". Pasión por un principio, según el cual se les reconoce a los individuos iguales derechos y obligaciones en la determinación de las condiciones de sus propias vidas, sin que ello, por supuesto, niegue los derechos de los demás.

Una pasión por la autonomía alimentada además por un imperativo ético, como sostenía Paulo Freire, sin constituir en modo alguno un favor que podamos o no darnos los unos a los otros, y fundamentada en la conciencia de "la inconclusión del ser que se sabe inconcluso" y en "la vocación de ser más propia de los seres humanos".

Y a contrapelo de lo que es un verdadero compromiso político y ético con el principio en consideración, históricamente ha sido patente en diversos países el temor por la autonomía, sobre todo allí donde, como afirma Franco, hombres y mujeres han depositado/delegado su poder en instancias que lo han vuelto contra ellos. Un miedo que se ha hecho bastante visible en un régimen como el que tenemos ahora en el país, en el cual su mal llamada revolución no tiene nada que ver con lo que Castoriadis redefinía como "la institución de la autonomía en el campo político".

POR CIERTO, CASTORIADIS (3)


EL NACIONAL - MARTES 17 DE FEBRERO DE 2009 OPINIÓN/10
ATres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
La invención del nuevo socialismo
JAVIER BIARDEAU*

En medio del colapso del "socialismo realmente inexistente" en el año 1989, el campo intelectual de izquierdas aún se posicionaba bajo el espíritu de dos atractores ideológico-políticos para la izquierda: el "reformismo socialdemócrata" y el "marxismo-leninismo". Estos atractores ideológico-políticos aparecían como magmas hegemónicos de referencia, generando efectos de invisibilización y subalternización de otras corrientes, que constituían legítimos espacios de diferencia, disidencia, desprendimiento y apertura para un pensamiento socialista abierto a la crítica radical y a la diversidad de tendencias.

El 15-11-1959 concluía en Bad Godesberg el primer congreso extraordinario y noveno ordinario de la socialdemocracia alemana. A partir de Godesberg, la renuncia a Marx como legado teórico que fecundara el ideario político y la aceptación de la economía de mercado como realidad existente convertirían al SPD en partido "apto para los salones".

Se abandonaba así la referencia a la centralidad de las clases trabajadoras y se hablaba de un partido "atrapa todo" de "izquierda". Sin embargo, el abandono del marxismo había ocurrido mucho antes, cuando gran parte de la tribuna parlamentaria socialdemócrata no impedía la aprobación de los créditos de lo que a la postre fue la entrada de Alemania a la Primera Guerra Mundial. Pero hay elementos todavía más desconocidos, como las actitudes racistas, colonialistas y chovinistas de muchos miembros de la socialdemocracia europea. No han aprendido mucho desde entonces.

El arco decepcionante del reformismo socialdemócrata puede cerrarse con la declaración de Antonny Giddens, quien proclamó la muerte ya no del marxismo, sino del propio socialismo. El trayecto de las capitulaciones hace emblema con la siguiente afirmación: "La idea de que una economía controlada y que corresponda a las necesidades humanas pueda sustituir a los mecanismos de precio y ganancia, una vez puesta a prueba, ha fracasado en todas partes. Era una idea equivocada".

Giddens llegó efectivamente tarde a Von Mises. Y el proceso de neoliberalización de la socialdemocracia pasaba en los 80 y los 90 por los cuerpos de Touraine y Dahrendorf, anunciando también a su manera la muerte del socialismo, e incluso de la propia socialdemocracia. No extraña entonces que por efectos miméticos comprensibles en actitudes derivadas de la "colonialidad del saber", voces de "intelectuales latinoamericanos" sean ecos, réplicas de estas despedidascapitulaciones eurocéntricas.

Veremos qué ocurre ante la recesión generalizada en puerta. Veremos si el futuro será decidido en los salones neoliberales que encuadraban los intentos de fundar una "Tercera Vía". Pero estimados y estimadas, el otro lado de la ecuación tampoco da muestras de vitalidad, de fecundidad alguna. El "marxismo-leninismo", nebulosa de dogmas creados luego de la muerte de Lenin, cuyo operador doctrinario fue Stalin y su nomenclatura, que en su texto-maestro Principios de leninismo, instituyó el Diamat/Hismat, no dejó de hacer estragos en las filas del imaginario socialista como imaginario revolucionario. Ha sido Castoriadis quien ha retratado con profundidad los espejismos que atraviesan esta codificación del marxismo, en su ya conocido ensayo "La pulverización del marxismo-leninismo". Podríamos diferir en algunas extrapolaciones que sugiere Castoriadis, pero no se aleja de expresiones propias de Marx y Engels cuando señalaban de algunos "marxistas" que: "A decir verdad, no perderíamos gran cosa si pasáramos por ser `la expresión adecuada’ de esos perros tontos con los que se nos ha confundido estos últimos años" (Marx y Engels, Correspondencia).

Marx y Engels se rebelaron contra el espíritu de secta que prevalecía entonces en las organizaciones revolucionarias: "¿Cómo gente como nosotros puede tener su lugar en un partido?", se preguntaban preocupados por "conservar por encima de todo" su capacidad de trabajo y la libertad de su compromiso. Muchos años más tarde, conocemos la humorada de Marx disociándose del calificativo de "marxista".


EL NACIONAL - VIERNES 31 DE AGOSTO DE 2007 OPINIÓN/14
ATres Manos
Herencias sin testamento
Miradas múltiples para el diálogo
MAGALDY TÉLLEZ

Hay, especialmente en nuestro país, una cuestión que deber cruzar las modalidades e intensidades del debate político revolucionario: ¿de qué modo pensamos la reinvención del socialismo? Una cuestión compleja y, sin duda, cargada de desacuerdos y perplejidad, que involucra entre otras dimensiones fundamentales reconocer lo otro en la historia del pensamiento socialista: las herencias sin testamento, propuestas legadas por pensadores que trazaron la corriente del socialismo libertario y que hoy se tornan inactuales en el sentido nietzscheano: herramientas que ayudan a fracturar muchas cosas de las cuales se siente orgulloso nuestro presente, incluyendo, en nuestro caso, las simplistas pretensiones de proclamarnos del socialismo sin que medie contenido alguno acerca de lo que entendemos por construcción de un socialismo otro. Una cuestión que supone un nuevo modo de pensar la sociedad, sus formas de gobierno y cambio.

Entre otras razones, porque sin hacernos cargo de tales asuntos no hay debate que valga la pena, pues se trata de asumir, como decía Deleuze, que pensar es crear y crear es resistir. Contra las nuevas lógicas del capital y sus efectos, cierto, pero también contra las ideas simplificadoras que dominan el campo de la política, el más complejo y, sin embargo, en el que reinan las ideas más simples. Se trata de una tarea que amerita ciertas pausas para que la avalancha del movimiento no tenga el efecto del de las escaleras mecánicas: movernos siguiendo en el mismo sitio.

Una de esas herencias el pensamiento de Castoriadis, uno de los más agudos críticos del régimen soviético, quien definió el gulag no como accidente de una revolución desviada de sus fines, sino como el resultado de una lógica política que, luego de la Revolución de 1917, hizo de este régimen un "capitalismo burocrático total y totalitario , intrínsecamente asociado a la concentración absoluta del poder en el partido Bolchevique. Por ello, rechazó la construcción del socialismo desde un partido que funcionara como aparato, postulando esta construcción desde organismos de dirección colectiva.

¿Qué aprender de Castoriadis? Entre otras cosas: que la economía es una parte no determinante sino orgánica de todo régimen social; que no hay ningún "destino glorioso" fijado de antemano; que la utopía de la marcha inexorable hacia el socialismo es una peligrosa mentira; que las revoluciones son acontecimientos donde hombres y mujeres estamos llamados a reflexionar sobre nuestro propio destino; que las luchas de las minorías (los movimientos antirracistas, feministas o ecologistas, por ejemplo) son capaces de llevar a cabo modificaciones permanentes en la vida social con efectos globales y mostrar que pueden crearse nuevas formas instituyentes de lo social, donde la autonomía se produzca sin esperar un cambio general de la sociedad que, desde luego, no debemos perder de mira; que no hay cambios radicales sin imaginarios radicales.

De ahí que su llamada a crear ágoras tuviera este sentido: producir nuevos espacios instituyentes de sociedad, cuya finalidad es la de fundar la ekklesia, lugar de las decisiones democráticas del conjunto, una asamblea pública general con órganos intermedios integrados por todos los que tengan algo que ver y decir respecto de los asuntos públicos. Es una llamada a forjar la democracia directa, donde las leyes sean hechas por quienes han de cumplirlas, donde no exista delegación sino ejercicio de la participación directa, donde no existan gobernantes aislados de lo que acontece en la vida cotidiana de la gente, ni partidos políticos o cualquier otro grupo que decida por todos. Esto es lo que Castoriadis llamó una sociedad autónoma. Con lo que nos da a pensar que las luchas revolucionarias lo son en la medida en que inciden en la destrucción de la lógica del capital para ir fundando sobre sus ruinas un nuevo mundo de efectivo ejercicio de la igualdad, de la justicia, de la libertad y la fraternidad.

Queremos la igualdad, pero ¿qué igualdad? Queremos la justicia, pero ¿qué justicia? Queremos la libertad, pero ¿qué libertad? Queremos la democracia, pero ¿qué democracia? He aquí preguntas claves para un debate ejercido como desacuerdo.

domingo, 12 de junio de 2011

DESBRUJULAMIENTO EPISTOLAR


El Sol de Margarita, Porlamar, 11 de Junio de 2011
Chávez, Castoriadis y la deuda
Luis Barragán


En fecha tres de junio de 2011, arribó a la Asamblea Nacional el Proyecto de Ley Especial de Endeudamiento Complementaria para el Ejercicio Fiscal 2011, finalmente aprobada con desconocimiento de todas las observaciones consignadas por la oposición en los debates correspondientes. La carta de remisión, en sí misma, constituye una prueba irrefutable de las pretensiones políticas y los extravíos ideológicos presidenciales, aunque – importa reconocerlo - no como aquella celebérrima que dirigiera a la otrora Corte Suprema de Justicia.

De nuevo, como si no fuese responsable de los largos doce años de ejercicio del gobierno, invoca las “urgencias nacionales”, y, aunque alega “un deber y un mandato constitucionales”, la oposición demostró en los dos debates parlamentarios que la materia suscitó, la violación de normas expresas de la Constitución de la República, de la Ley Orgánica de la Administración Financiera del Sector Público y del propio Reglamento de Interior y Debates, por si fuese poco, a juzgar por las denuncias hechas sobre las actuaciones de la Comisión de Finanzas. Obviamente, se ampara Chávez Frías en el “espíritu constituyente, que debe ser permanente”, pretendiendo encarnarlo él mismo.

“Antes que la norma está vida”, porque “no existe razón jurídica que esté por encima del ser humano”, y, muy a lo Aristóteles o – precisando - a lo Fernando Savater en sus conversaciones con Amador, sobresale la idea del “buen vivir”, al solicitar 45 mil millones de bolívares para el agro, la vivienda y el empleo que, a pesar de las cifras manipuladas, constituyen una calamidad para la población que distingue entre las catástrofes naturales y las que tienen por epicentro al gobierno nacional. Y el firmante pronto advierte que no puede considerarse la ley de marras como “síntoma de los desórdenes de la administración del Estado”, lo cual equivale a una confesión de parte.

Además de ciertas expresiones que no hacen la innovación revolucionaria reclamada, exclamada y clamada por las emisoras radiotelevisivas del chavezato (“Consejo Administrativo de Ministras y Ministros Revolucionarios del Gobierno Bolivariano”), trae a colación a Montesquieu y, por supuesto, a Ernesto Guevara, pretendiendo quizá tornar una misiva de rutina en inadvertido y denso ensayo de remisión. Empero, sorprende que apoye el procedimiento administrativo en Cornelius Castoriadis respecto a las leyes justas, fruto de las enfebrecida lectura de un título probablemente adquirido en su celebérrima visita a una librería española, en la que adquirió ejemplares que no llegan ya a Venezuela, o aporte de un cercano colaborador.

Delicada cita por lo que conocemos modestamente del pensador francés de origen griego, nacido en Estambul, quien – por no leerlo adecuadamente el remitente o el asesor – corrobora todo lo que la oposición señaló en la Asamblea Nacional. Por ejemplo, bastando para finalizar, citemos: “… Tanto el gobernante como el preso político se encuentran en situaciones sociales particulares que no confieren como tales privilegio alguno a sus puntos de vista y hacen, por el contrario, indispensable una doble interpretación de lo que dicen” (“La institución imaginaria de la sociedad. 1 Marxismo y teoría revolucionaria”, Tusquets Editores, Barcelona, 1983: 18).

Fuente adicional: www.noticierodigital.com

jueves, 2 de diciembre de 2010

reflexión válida en medio de la tragedia lluviosa


EL NACIONAL - Jueves 02 de Diciembre de 2010 Opinión/8
A Tres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
Pasión y medio por la autonomía
ELEAZAR NARVÁEZ*

Al leer el libro Insignificancia y autonomía, uno recibe la agradable invitación a reflexionar sobre un principio clave para la construcción permanente de la condición humana. Yago Franco, Héctor Freire y Miguel Loreti (escritor y filósofo) son los coordinadores de esta obra que presenta los trabajos de más de treinta autores de diversas disciplinas que participan en los "debates a partir de Cornelius Castoriadis", un multifacético pensador nacido en Constantinopla en 1922 y fallecido en París en 1997, en cuya obra destaca su acerba crítica tanto al estalinismo como a todo dogmatismo y a toda impostura totalitaria, y se pone de relieve, asimismo, además de un interés especial por el estudio del imaginario social, una ardorosa defensa del concepto de autonomía política al reivindicar "el proyecto de una nueva sociedad, proyecto de autonomía social e individual".

Ese proyecto, que en las palabras de Castoriadis, "...es creación política en su sentido más profundo, y cuyas tentativas de realización, desviadas o abortadas, han informado ya a la historia moderna", está alimentado por la pasión de la autonomía, la cual, como dice Yago Franco, conduce a un ilimitado movimiento de cuestionamiento de lo instituido; es decir, como una "actividad constante de desinstitución de todo lugar-amo", cuyo ejercicio es placentero en tanto nos posibilita darnos nuestras propias leyes, proporcionarnos de una manera lúcida un modo de lo social opuesto a la heteronomía, concebida ésta como un estado del colectivo en el cual la ley nos es impuesta o nos es dada aún en ignorancia de lo que sucede. Pues, como afirma este autor, "las sociedades tienden a crear a un Amo de la significación, una instancia vivida como exterior a ellas, que tomará la forma de procedimientos de funcionamiento político, orden jurídico-legal o tiranos, brujos, etc., todos vividos como naturales, incuestionables, originados en leyes divinas, o en héroes de una historia devenida novela, etc.".

Pasión por un principio en este tiempo en el que somos víctimas de los efectos del avance de la insignificancia, expresados, entre otros, en la pérdida de orientación para la vida colectiva e individual; y también en circunstancias y lugares donde nos amenazan prácticas totalitarias que persiguen, sutil o abiertamente, el secuestro de nuestras subjetividades y la prohibición de pensar críticamente, ávidas de tener almas rotas subordinadas incondicionalmente al poder. Con toda razón se señala que la noción de autonomía se encuentra en las antípodas de todo totalitarismo.

Es la pasión por la autonomía a la que otros autores también le han prestado atención con ópticas y herramientas conceptuales distintas, como Anthony Giddens, quien se refiere a dicho concepto como "la capacidad de los individuos de reflexionar por sí mismos y de autodeterminarse", de tal manera que estos, con base en sus propios criterios, puedan "deliberar, juzgar, elegir y actuar en diversos modos posibles de acción". Pasión por un principio, según el cual se les reconoce a los individuos iguales derechos y obligaciones en la determinación de las condiciones de sus propias vidas, sin que ello, por supuesto, niegue los derechos de los demás.

Una pasión por la autonomía alimentada además por un imperativo ético, como sostenía Paulo Freire, sin constituir en modo alguno un favor que podamos o no darnos los unos a los otros, y fundamentada en la conciencia de "la inconclusión del ser que se sabe inconcluso" y en "la vocación de ser más propia de los seres humanos".

Y a contrapelo de lo que es un verdadero compromiso político y ético con el principio en consideración, históricamente ha sido patente en diversos países el temor por la autonomía, sobre todo allí donde, como afirma Franco, hombres y mujeres han depositado/delegado su poder en instancias que lo han vuelto contra ellos. Un miedo que se ha hecho bastante visible en un régimen como el que tenemos ahora en el país, en el cual su mal llamada revolución no tiene nada que ver con lo que Castoriadis redefinía como "la institución de la autonomía en el campo político".


*Ex vicerrector académico de la UCV

Fotografía: Omar Véliz (El Nacional, Caracas, 01/12/10)