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domingo, 17 de abril de 2011

¿POR QUÉ DE LA DESERCIÓN?


NOTITARDE, Valencia, 16 de Abril de 2011
Apertura de la Semana Santa (Mt. 26, 14-27,66)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes

Con el Domingo de Ramos, damos inicio solemne a la Semana Santa, a los días que nos hacen rememorar la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor, Jesucristo. En este primer día llamado de Ramos, evocamos la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén que es proclamado como Rey y Mesías por el Pueblo que ante su paso bate palmas y las coloca en forma de alfombra para significar su majestad y honor. Este acontecimiento va a contrastar con el Viernes Santo, cuando el mismo Pueblo pida a gritos la crucifixión del Señor, que prefiera la libertad de un ladrón y condene a muerte a Jesús. En este Domingo de Ramos, aparte de recordar este acontecimiento de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, se hace lectura de la Pasión del Señor, para introducirnos ya en el sentido de estos días, que son un tiempo litúrgico fuerte y profundo para el mundo cristiano católico.

El Jueves Santo comienza el llamado "triduo pascual" (los tres días más importantes de la Semana Santa que nos introducen en el misterio de la Pascua de Cristo). En este día se celebra la Cena del Señor, se recuerda así la institución de la Eucaristía y del Sacerdocio por parte de Nuestro Señor, acontecimientos que están conectados directamente con su Pasión, Muerte y Resurrección. En este día, frente a los monumentos donde se coloca el Santísimo Sacramento, los cristianos católicos reconocemos la presencia real en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo, según las mismas palabras del Señor, la Tradición bíblica del Nuevo Testamento y la de los primeros cristianos que reconocen la Eucaristía como presencia viva del Señor en medio de la comunidad.

El Viernes Santo los cristianos católicos meditamos sobre la Pasión y Muerte de Nuestro Divino Salvador; en este día reflexionamos en el amor de Dios que es capaz de entregar a su Hijo Único para rescatar a la humanidad del pecado y de la muerte eterna; meditamos sobre el sentido de la cruz en la vida del creyente. La cruz es símbolo de amor para el discípulo; porque por amor Cristo, voluntariamente, se sometió a la muerte y si para los judíos la cruz es escándalo, para los griegos es necedad, para nosotros los cristianos es fuerza de amor por medio de la cual nos vino la redención y salvación. En este día veneramos la cruz, como el árbol que nos trajo la vida, porque en ella estuvo clavada la salvación del mundo.

Finalmente, en la Vigilia Pascual del Sábado Santo, los cristianos católicos celebramos solemnemente, con la liturgia más hermosa del todo el año, la triunfante Resurrección de Nuestro Señor, Jesucristo. Ésta noche es la meta de toda la Semana Mayor, hacia ella apunta, es rememorar y actualizar el triunfo de Jesús sobre la muerte y el pecado, es la victoria de Dios sobre el mal y es nuestra propia victoria en Cristo, el Hijo de Dios, nuestro hermano, que nos ha abierto las puertas del cielo y la posibilidad de vivir eternamente, en la presencia de Dios que es Amor.

Queridos lectores, queridos hermanos, ¿para qué son estos días santos, para que nos sirven? Son una oportunidad para acercarnos a Dios, para vivir con intensidad nuestra fe cristiana católica, para detenernos en el camino y reflexionar sobre nuestra vida; muchas veces vamos de prisa, todo es estrés, todo es desesperación, nos cuesta muchas veces el silencio interior, nos da miedo meternos hacia dentro de nosotros mismos y mirar que estamos haciendo con nuestra vida, hacia donde estamos caminando. Esta Semana Mayor, que para muchos se queda en paseos, playa, comida, bebida, placeres; necesita ser para el creyente, para el discípulo de Cristo un espacio propicio para cultivar la vida espiritual, para acercarnos a Dios, para proyectar nuestra vida, nuestro presente y futuro, el de nuestra familia, trabajo o estudios a la luz de Dios, de su amor, de lo que Él quiere para cada uno de nosotros.

Meditemos en estos días en la humildad de Jesús, en su sencillez, en su profundo amor, en su fortaleza ante el dolor y la cruz, su firmeza en la fe, su perseverancia en la misión que el Padre le había encomendado, su capacidad de perdón, su serenidad en medio de la crisis, su silencio, sus palabras de vida, su testamento espiritual en la hora cumbre del Calvario, miremos a María, la Madre del Señor y Madre Nuestra y aprendamos de ella también.

IDA Y RETORNO: ¿Por qué algunos católicos se cambian a otras denominaciones cristianas o religiosas? 3. La gente va detrás de lo novedoso, de lo que está de moda, de lo que no le exija mucho, de lo fácil. 4. El fuerte proselitismo y fanatismo de las sectas protestantes o de otras religiones que critican a la Iglesia Católica y buscan adeptos como si se tratara de una competencia de números. 5. La gente tiene hambre de Dios y donde le den respuestas, aunque sean equivocadas o a medias, pero satisfactorias para ellas, allí se quedan. 6. No menos cierto es el antitestimonio de algunos sacerdotes, religiosas o laicos que alejan a las personas de la Iglesia, en vez de atraerlas con el ejemplo de sus vidas.

Ilustración: Corina Briceño (Galería Artepuy)

sábado, 16 de abril de 2011

RITMO E INCISIÓN


EL NACIONAL - Martes 12 de Abril de 2011 Escenas/2
Esto es lo que hay
Artes visuales
A propósito de Corina Briceño
LORENA GONZÁLEZ

No suelo hablar de estas cosas. No lo hago porque no debería mirar desde el ejercicio crítico de esta columna el discurrir de algunos proyectos en los que participo. Sin embargo, tal vez el desplazamiento de estos tiempos silenciosos y movedizos, junto con los desfallecimientos resbalosos de palabras, historiografías y acentos que sobre la producción artística más actual se escapan en el día a día de un país "tan ocupado" en otras cosas, me han llevado a reparar en la ausencia de espacios de discusión para --sin razón o con ella-- arriesgarme a escribir unas breves notas sobre mi propia historia y la de esos relatores visuales a los que acompaño en algunos de sus procesos creativos.

Conocí a Corina Briceño a través de la Galería Artepuy, con ocasión de organizar su más reciente muestra individual inaugurada el pasado domingo. El encuentro con ella y su trabajo representó una extraña grieta que se manifestó como una incisión abierta en un doble sentido: por un lado, la sorpresa que me produjo su disciplinada fuerza creativa y el rumor incansable de su actividad; en otro ángulo más profundo, el despertar soterrado de reflejos dolorosos donde afloran los síntomas de esa historia difícil y compleja que agobia los entornos artísticos de nuestra contemporaneidad, en especial para esa generación no acostumbrada a las modas, para esos artistas centrados en su labor, desprendidos ya del producto último, de la gran muestra, de las agobiantes demandas del pequeño espacio comercial.

Tal es el caso de esta creadora que comenzó su camino a mediados de los años setenta. Junto a ella y frente al contexto me detengo en otros nombres: Adrián Pujol, Consuelo Méndez, Víctor Hugo Irazábal, Antonio Lazo, Jorge Pizzani, Ana María Mazzei, Luis Lizardo y muchos más... Artistas olvidados por el silencio institucional de los museos y por el furor esnobista de ciertos organismos emergentes preocupados en extremo por la novedad, por la venta, por los aciertos efímeros y las apariencias engañosas de lo inédito. Personalidades de trayectoria que deberían estar en las salas oficiales de la cultura venezolana, brindando las resonancias de sus logros y desvaríos, de sus hallazgos y desencuentros, de ese sendero recorrido a través de muchos años de trabajo.

A este relato me llevó la confrontación estética que pone en escena la artista, frases que se construyen sinuosas en algunos lugares todavía dispuestos a otorgarle un campo de acción a la experiencia. En su taller me conmovió la constancia y el riesgo, la persistencia acentuada junto con la reflexión y el valor. Se hacen visibles nuevos formatos que la trasladan desde la pintura y la gráfica hacia los linderos del video y la fotografía. En la diversidad de materiales las piezas se afianzan, vislumbran una esencia que subsiste y se engrana en las particularidades de cada trazo, de cada toma, de cada pincelada, de cada gesto construido. En homenaje a Corina me permití estas palabras sobre los vericuetos de una obra comprometida, imágenes desprendidas y arraigadas en las trampas de la perspectiva y los matices, en las posibilidades de los artificios y los desplazamientos efímeros de la luz y el sonido. Una propuesta que deja que la hibridez y el ritmo hablen de las cadencias de un desalojo que permanece, desde el centro de sus propias inquietudes conceptuales hasta los derroteros formales de una trayectoria que hoy es ejemplo para las nuevas generaciones.