Mostrando entradas con la etiqueta Conflicto. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Conflicto. Mostrar todas las entradas

domingo, 29 de octubre de 2017

AGUAS REVUELTAS

Conflictividad y Estado No-Constitucional
Luis Barragán

Inherente a la política, no basta con invocar y asomar el conflicto. Requiere de una mínima base material para sustentarlo y de un arraigado simbolismo para expresarlo,  suscitando así las respuestas orientadas a su calificación  e incidencia real y también provechosa.

Por siempre latente, imposible de asfixiarlo, luce curiosa la dramática disminución de las causas en la jurisdicción ordinaria, como se nos ha dicho. Por cualesquiera motivos, nada difícil de adivinar, la solución de las diferencias cotidianas toma cauces diferentes y hasta impredecibles, condenándonos a los laberintos que ha sembrado el poder establecido.

Muy pocos acuden ya a los tribunales, debido al alto costo de incoar alguna acción justa y legítima, por modesta que sea. Excepto los inevitables problemas  relacionados con los delitos contra las personas, sucesorales, pensiones de alimentos o tributarios, el país económicamente quebrado y socialmente desbarajustado, hace innecesario y hasta contraproducente el litigio civil, mercantil, penal, laboral o de tránsito.

La conflictividad pierde así un importante y fundamental  referente institucional, desconfiados de todos los principios y formalidades que dicen garantizar caros derechos constitucionales. Vale decir, realizando el Estado No-Constitucional, convertida la vida política en un acto de fuerza, reglado el conflicto según los intereses – además – sobrevenidos del poder establecido, desinstitucionalizado hasta el hartazgo, nada extraña que haya dado alcance, re-creándose constantemente, al resto de la sociedad.

El problema está en que, impostergable, algún día reventarán los diques artificiales y el más sencillo esbozo de libertad,  será ocasión para que la conflictividad adquiera toda la sinceridad, vigor y empuje que reclama. Por ello, una transición democrática que, por sí misma, asegure una importante recuperación social y económica, ameritará de un radical saneamiento y actualización de la administración de justicia,  cuyo servicio será esencial para la propia existencia republicana.

domingo, 11 de diciembre de 2016

INDESEABLE LECCIÓN



De una perversa pedagogía

Luis Barragán

Respecto a la mesa de diálogo y el proceso de paz que ha de contextualizarla, no puede equipararse el fracaso del caso colombiano con el venezolano, pues, en éste, ni siquiera alcanzó la mínima institucionalidad capaz de concederla la credibilidad, confianza y eficacia tan indispensable, mientras que, en aquél, la hubo lo suficiente para hacer las correcciones necesarias e intentar nuevamente la consulta referendaria. Por lo demás, resulta contrastante la conducta asumida por los actores. 

Demasiado abultado, el incumplimiento de los compromisos adquiridos por Miraflores encontró una respuesta tímida y confusa de sus inmediatos interlocutores de la oposición que raya en una generalizada e insondable sospecha, a juzgar por las declaraciones de Capriles Radonski, cuya promesa, por cierto, puede conocer el mismo destino que tuvo la muy celebérrima de Piñerúa Ordaz  sobre una lista de los más connotados corruptos de la década final del siglo pasado. Inevitable sospecha de considerar el costo político, social, económico y también cultural de un fracaso que no guarda correspondencia con las expectativas creadas, las advertencias que sobraron y la propia iniciativa revocatoria de incuestionable precisión y oportunidad constitucional que, faltando poco, quiso monopolizar un sector que se sintió dueño y expresión de la misma noción unitaria, ahora, deseosa de compartir el dramático revés.

Por lo pronto, ha quedado en pie una vil maniobra del engaño que actualiza, provocando una perversa pedagogía, la imposibilidad de una sana, pacífica y sostenible solución de cualesquiera  conflictos cotidianos que padecemos en Venezuela. No existe la más modesta cola para adquirir los insumos básicos, por ejemplo, en la que brille la ausencia de un conflicto, imponiéndose el hábito cambiante de organizarla según la destreza e intereses de los más atrevidos y fuertes en complicidad con los custodios que, para comenzar, revestidos o no de autoridad pública, la hacen miserablemente rentable; cualquier pleito hasta por motivos fútiles, se convierte en una aventura callejera con la indiferencia del cómodo Estado que ostentamos, ocultando sus incapacidades; los estrados judiciales, convierten las formalidades procesales en una ocasión prolongable para linchar a justos y pecadores que ni siquiera desearon asomarse; definitivamente anómicos, nos esmeramos en fingir las reglas que ayudan a rasgar las vestiduras para violentarlas burdamente.

La llamada mesa de diálogo, expuso algunos de los elementos que lucen  tan familiares en la vida rutinaria: ante el derecho, se impone la fuerza; ante la verdad, el cinismo;  ante  la responsabilidad, el descaro de la palabra deshonrada; y ante la integridad, el oportunismo. Pesa más la aventajada arbitrariedad y el fraude, celebrada la viveza de una ganancia ocasional que dice legitimar cualquier triquiñuela.

Subyace en el rechazo de los venezolanos a los resultados del tal diálogo, el que es propio de una cultura que la vinculamos al sempiterno rentismo de nuestros tormentos hasta nuevo aviso. Hay indicios, síntomas y tendencias favorables a otra realidad signada por el cumplimiento de la palabra empeñada, de las normas básicas para una pacífica convivencia, corresponsables de un destino irrenunciablemente común al que debemos concurrir con la autenticidad que demanda.

12/12/2016:

lunes, 4 de noviembre de 2013

INSÓLITO PORTAL

De uno a otro zafarrancho
Luis Barragán


El parlamento no se explica sin el derecho a la réplica, la efectiva refutación y hasta el zafarrancho de combate. Escenario natural de las mejores y peores pasiones, sublimándolas, regulariza el conflicto, agotando sus extremos para hallar y forzar a la normalidad deseada.

Nuestro historial republicano exhibe situaciones, escenas y escenarios ciertamente difíciles y angustiosos, pero – excepto el monagato y otros capítulos de los siglos anteriores – solíamos ponderarlos y alcanzar el equilibrio necesario, por efímero que fuese. Empero, escandalizada, la prensa de antaño nunca adivinó cuán lejos llegaríamos.

Demasiado evidente el sesgo antiparlamentario del oficialismo, el país no cuenta con una instancia para el debate, institucionalizando sus diferencias, al igual que el partido y los partidos de gobierno, valga la distinción, carecen de un mínimo sentido y oportunidad para la libre discusión.  Ha sido tal el desaprendizaje, que gobernador o alcalde que responda a los diputados o ediles, no genera el temor o miedo que dicen indispensable para rasguñar e imponer el pánico convertido en sinónimo de una inaudita gobernabilidad.

Ya el problema de la Asamblea Nacional no es la intolerancia, el irrespeto y la descalificación sistemática de los gubernamentales que se afincan en la oposición, sino la banalización de instituciones fundamentales como la de las inmunidades parlamentarias. Todo  el mundo supo que, al demandar la habilitante y anunciar al decisivo diputado habilitador, Nicolás Maduro prácticamente hacía una oferta pública de recompensa, pero el acento se puso – por más de dos meses – en cazar al tal ’99, sospechando de justos y pecadores, en lugar de desenmascarar al propio gobierno dispuesto a comprarlo.

Los de antes, aseveramos, eran zafarranchos para reivindicar las competencias del parlamento, pero los de ahora buscan deslegitimarlo y liquidarlo. Se está mejor sin órganos deliberantes – se dirá – en ésta nueva república, en los gremios, en los partidos, en los condominios, etc., aunque estemos a las puertas de una insólita crisis.

http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/17272-de-uno-a-otro-zafarrancho
Reproducción: El Nuevo País, Caracas, 02/1989.