Nos espera la Comunidad Andina de Naciones
Juan Pablo García
Insistimos, otra de las mayores irresponsabilidades en las que incurrió Chávez Frías fue sacarnos de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) de la que todavía ni debe haberse enterado Maduro Moros, porque – incluso – fue un alguien que vacacionó por largo tiempo en la Cancillería antes de que los cubanos lo impusieran en el poder. Por supuesto, la salida de Venezuela del mecanismo de integración fue absolutamente inconsulto, algo muy contrastante con el debate público que supuso, décadas atrás, la suscripción del Acuerdo de Cartagena. Por cierto, suscripción que fue finalmente decidida por un gobierno democrático a pesar de la resistencia de un sector organizado de nuestro empresariado privado. Dato éste, relevante a la hora de hacer un balance de la experiencia que tuvimos en el siglo XX respecto a la integración latinoamericana, muy distinta a la desintegración por la que apostó el chavismo y la chequera que ahora le ha entregado por completo al Foro de Sao Paulo.
Los expertos apuntan a varias de las ventajas que representa nuestro ingreso a la CAN. Por ejemplo, la subregión constituye nuestro mercado natural; puede ayudarnos a la reindustrialización de Venezuela, recuperando el sector eléctrico; es considerable la cuantía de compatriotas que están en el exilio social y económico en la zona; el Tribunal de Justicia del mecanismo integrador es fiable y, además, refieren los entendidos, hay una superior estabilidad en el manejo intergubernamental, pues, MERCOSUR se ve indefectiblemente afectada por los cambios de gobierno. Estas facetas las h ponderado la Fracción Parlamentaria 16 de Julio, llamando a un debate lo más amplio posible en medio de las dificultades, del momento crítico o hipercrítico que vivimos. Refiere el dicho popular que se puede caminar y, a la vez, mascar chicle. Vale decir, nuestras responsabilidades políticas y parlamentarias obligan a una variedad de tareas que igualmente contribuyan a lo que se ha dado en llamar “el día siguiente del cese de la usurpación”.
El régimen narco-comunista violentó una política de Estado en relación a la integración regional y subregional, a favor de esa chequera que recorrió a América Latina, inventándose instancias de siglas demagógicas de cualquier tipo y, repentinamente, nos condujo a MERCOSUR porque – simplemente – le dio la gana. Debemos revertir ese trabajo desintegrador, dependiente de los intereses geopolíticos – además – extracontinentales. Nos fuera a quebrar la obscena dependencia con la Cuba totalitaria que nos parasita. En el horizonte, convengamos, está la CAN esperándonos.
Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/36529-can-
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miércoles, 11 de marzo de 2020
jueves, 14 de abril de 2011
CAN (ES)
Sobre la comunidad andina
Oswaldo Alvarez Paz
En abril de 2006, el Gobierno separó a Venezuela de la Comunidad Andina de Naciones, CAN. Grave decisión. Ha contribuido a generar problemas terribles para el país, malamente enfrentados a realazos para evitar el desplome total del abastecimiento en renglones fundamentales de la vida cotidiana. Este disparate, sumado a la ofensiva contra el aparato productivo privado, sin que el sector público funcione, nos dejó fuera de un sistema que ofrece extraordinarias ventajas comerciales por el libre acceso a los mercados andinos de los productos objeto de comercialización. Nunca estuvieron claras las razones. Lo de la prepotencia característica del Presidente no es suficiente para explicarlo. La construcción de la CAN fue un proceso inteligente y serio de varias administraciones. Lo primero fue la idea del mercado común y luego la estructura actual. Consolidada y útil para las naciones que la integran gracias a normas adecuadas que garantizan la igualdad de oportunidades y el equilibrio en relaciones siempre difíciles. Uno de los objetivos era dejar fuera las influencias derivadas de confrontaciones políticas y preservar los intercambios económicos en beneficio de todos. El retiro se produjo sin medir las consecuencias agravadas, por no haber sabido aprovechar adecuadamente el plazo de cinco años que la normativa establece para que cualquiera de los integrantes que quiera retirarse pueda mantener las ventajas comerciales que le corresponden como miembro pleno de la Comunidad. Cinco años es tiempo suficiente para reflexionar y reincorporarse, en caso de considerarlo conveniente. Pues bien, ese plazo se vence el próximo 22 de abril. El Gobierno no dice ni una palabra al respecto. Vimos con preocupación la oleada de nuevos convenios con Colombia, uno de los cuales prorroga por tres meses el esquema actual de relaciones comerciales, para ganar tiempo para concretar algo. También se anuncian conversaciones con Ecuador y con el incierto Perú, pero no se da el brazo a torcer. Venezuela debería reingresar a la CAN en función de los intereses nacionales. La apuesta del actual régimen fue para integrarnos a Mercosur. Objetivo no logrado. Son demasiadas las objeciones de sus integrantes, por los peligros desestabilizadores que para algunos significa la presencia del castrochavismo. El ALBA, Unasur y los centenares de convenios celebrados en todo el continente han sido una sangría para Venezuela. Un beneficio para terceros, las ayudas y negocios concretados con el "venaíto" del Caribe, como empieza a llamarse al comandante presidente. En todo esto también hay un problema de dignidad.
Oswaldo Alvarez Paz
En abril de 2006, el Gobierno separó a Venezuela de la Comunidad Andina de Naciones, CAN. Grave decisión. Ha contribuido a generar problemas terribles para el país, malamente enfrentados a realazos para evitar el desplome total del abastecimiento en renglones fundamentales de la vida cotidiana. Este disparate, sumado a la ofensiva contra el aparato productivo privado, sin que el sector público funcione, nos dejó fuera de un sistema que ofrece extraordinarias ventajas comerciales por el libre acceso a los mercados andinos de los productos objeto de comercialización. Nunca estuvieron claras las razones. Lo de la prepotencia característica del Presidente no es suficiente para explicarlo. La construcción de la CAN fue un proceso inteligente y serio de varias administraciones. Lo primero fue la idea del mercado común y luego la estructura actual. Consolidada y útil para las naciones que la integran gracias a normas adecuadas que garantizan la igualdad de oportunidades y el equilibrio en relaciones siempre difíciles. Uno de los objetivos era dejar fuera las influencias derivadas de confrontaciones políticas y preservar los intercambios económicos en beneficio de todos. El retiro se produjo sin medir las consecuencias agravadas, por no haber sabido aprovechar adecuadamente el plazo de cinco años que la normativa establece para que cualquiera de los integrantes que quiera retirarse pueda mantener las ventajas comerciales que le corresponden como miembro pleno de la Comunidad. Cinco años es tiempo suficiente para reflexionar y reincorporarse, en caso de considerarlo conveniente. Pues bien, ese plazo se vence el próximo 22 de abril. El Gobierno no dice ni una palabra al respecto. Vimos con preocupación la oleada de nuevos convenios con Colombia, uno de los cuales prorroga por tres meses el esquema actual de relaciones comerciales, para ganar tiempo para concretar algo. También se anuncian conversaciones con Ecuador y con el incierto Perú, pero no se da el brazo a torcer. Venezuela debería reingresar a la CAN en función de los intereses nacionales. La apuesta del actual régimen fue para integrarnos a Mercosur. Objetivo no logrado. Son demasiadas las objeciones de sus integrantes, por los peligros desestabilizadores que para algunos significa la presencia del castrochavismo. El ALBA, Unasur y los centenares de convenios celebrados en todo el continente han sido una sangría para Venezuela. Un beneficio para terceros, las ayudas y negocios concretados con el "venaíto" del Caribe, como empieza a llamarse al comandante presidente. En todo esto también hay un problema de dignidad.
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sábado, 9 de abril de 2011
MEMORANDUM (3)

A quien pueda interesar:
Sírvanse hacer labores de mantenimiento, a objeto de recordar la prontitud con la cual Venezuela hubo o habría de incorporarse plenamente al MERCOSUR, suficiente justificación para el retiro de la CAN.
Estuvo a la vuelta de la esquina, pues. Empero, aún en el supuesto de un ingreso efectivo, sírvanse también sacar la cuenta de la tardanza. Y valga resaltar la absoluta impunidad que reclama el régimen en la materia.
Atentamente,
LB
Ilustración: Ultimas Noticias, Caracas,8 de Diciembre de 2005
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martes, 5 de abril de 2011
DOCE AÑOS NOS MIRAN

Política exterior y nomenclatura
Luis Barragán
Frecuentemente, la política exterior venezolana fue una manifestación del consenso necesario, básico y posible. Excepcionalmente, estuvo a espaldas del país o de los liderazgos de opinión que – en todo caso – hallaban conductos institucionales para protestarla.
Una de las iniciativas más vigorosas y polémicas que antecedieron al chavezato, la encontramos en la adhesión venezolana al Pacto Andino que, no por casualidad, contrarió a los sectores agremiados en Fedecámaras, generando la campaña de rigor al iniciarse el primer calderato. Ilustrando los extremos, José Angel Oropeza Ciliberto lo diabolizaba, tratándolo como una gesta antinacionalista (Elite/Caracas, 21/10/67), y, más tarde, Manuel Caballero o Enrico Kramer lo satirizaba, por aquello de la mona norteamericana vestida de seda andina (Punto en Domingo/Caracas, 18/02/73).
Necesaria digresión, la relativa independencia de la otrora dirección del Estado, insigne captador de la renta internacional, permitía adoptar determinadas decisiones que lo confrontaban con los sectores sociales que supuestamente expresaba. Dato importante para el analista que varias veces abusa del marxismo, sin reparar tampoco – valga el ejemplo – en la política de no más concesiones petroleras que inauguró la década de los sesenta, abierta entre quienes la deseaban ilimitadamente y los que demandaban una inmediata nacionalización (por cierto, hubo opiniones interesantes y contrastantes como la de Arturo Uslar Pietri, desde El Nacional, y Juan Nuño, desde Crítica Contemporánea).
Próximo a vencerse el plazo de cinco años para la rectificación o ratificación, hoy, la decisión de sacarnos de la Comunidad Andina de Naciones (CAN), para condenarnos al limbo de un MERCOSUR que tarda demasiado en aceptarnos, constituye otro de los exabruptos del presidente Chávez. Y, aunque lo deseable es que – al menos – pidiera una prórroga del referido plazo, lo cierto es que a la deliberada destrucción del aparato productivo interno ahora se suma la asombrosa renuncia a los mercados naturales y de innegable importancia geopolítica, precipitándonos hacia una nueva dependencia que muy bien pueden actualizar los tardíos seguidores de Faletto, Dos Santos o Gunder Frank.
La política internacional venezolana, materia que no adquiere la debida relevancia en los estudios de opinión, a pesar de las funestas consecuencias que comporta, es fruto de la exclusiva voluntad presidencial que, para más señas, cree ilegítima toda discusión y cuestionamiento. Impedida la misma comisión permanente de Política Exterior de la Asamblea Nacional para abordarla más allá de los trámites burocráticos, los más consumados intérpretes del oficialismo, con su marxismo prêt-à-porter a cuestas, no se dan por notificados de los intereses que realiza la nomenclatura, presumida reemplazante de la burguesía apátrida, que necesita urgentemente de sociólogos responsables y serios que la desnuden, partiendo de los registros y notarias donde dice ocultar sus huellas: derivada de la alianza cívico-militar, el poder petrolero se pretende una clase “en sí” y “para sí”, con su propia diplomacia, intereses y objetivos.
Nomenclatura banalizadora de materias y situaciones dramáticas, como la “auto-expulsión” de la CAN o la defensa obstinada de Kadafi. Sin embargo, ese poder petrolero es de alcances limitados, pues el escenario internacional exige mayor musculatura, por lo que – puede concluirse – está subordinada a intereses foráneos y, ¿por qué no señalarlo?, apátridas.
Fuente:
http://www.medios24.com/politica-exterior-y-nomenclatura-por-luis-barragan.html
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