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jueves, 30 de julio de 2020

AVISOS

1.- EL CIGARRÓN, Caracas,1904: Desde el Táchira, a menos que sus dueños hayan heredado el nombre, se planta en Puente Hierro todo un botiquín, precisamente,  con todos los hierros. Presumimos el sector como un referente importante de la ciudad. Atendido por su propia dueña: Pura Rodríguez, a quien suponemos la propietaria.  Además del llamativo nombre del medio impreso, por lo pronto, llama la atención otros detalles.

La una, la expresión luego desterrada de la cotidianidad: "favorecedores". ¿En qué momento histórico la prensa comenzó a desprenderse del vocablo? Algo más elegante que "clientes", por ejemplo. Lo otro, la distinción entre tabacos y cigarrillos, aunque éste último término derivó de cigarro, por su empleo inmediato,efímero, económico, prácticamente "invadido" por toda suerte de marcas. Luego, no sabemos en qué consistía la gente "Smart": ¿Alguna asociación con una costosa marca de prestigio o un estilo de vida determinado?

2.-  LENGUA Y LÁTIGO, Caracas, 1909: Domingo Otati avisa que la palabra "botiquín" no había alcanzado el desprestigio del que supo después, con los años. Nadie la imagina para un lugar donde se ofrezca, incluso, confitería y para bodas.

"Ocurrir" era otro término de uso cotidiano que, por cierto, luego quedó sólo para los documentos forenses. Por cierto, ¿no era necesario dar la dirección? Quizá el lugar gozaba de buena fama.

3.-  CARACAS ARTÍSTICA (SEMANARIO TAURINO),  1906: Las fiestas taurinas fueron muy populares y tanto que hubo distintos medios impresos y distintas épocas que lograron el  éxito hoy insospechado.  Como vemos, para 1906, Pedro Ignacio Manrique está entre las esquinas de Camejo a Santa Teresa.  El aviso señala el empleo de un moderno procedemiento de platino y recerda la acreencia de varias medallas honoríficas, dentro y fuera del país.

El fotógrafo no escapa de la atención de Wikipedia (https://es.wikipedia.org/wiki/Pedro_Ignacio_Manrique).  Su experiencia académica revela una extraordinaria sensibilidad artística. Acotemos también que introdujo la fotografía a color en Venezuela, meses después de inventada en Francia. Debió ser muy costosa una gráfica de entonces.

4.-  EL UNIVERSAL, Caracas, 1914: Años después, encontramos a Manrique entre Gradillas y Sociedad, referente comercial para las personas de mayor poder adquisitivo en Caracas. Doce grandes premios y medallas de oro, lo acreditan. Por ello, siguiendo la Wikipedia, queda ratificada nuestra percepción inicial: el fotógrfo tuvo un gran instinto comercial. Valga referirnos a la nota de Caracas en Retrospectiva (http://mariafsigillo.blogspot.com/2013/03/un-gran-fotografo-caraqueno.html).

Tempranamente, registra su propia empresa de alcance nacional. Y será con su muerte (1926) que comenzará a perder el ritmo que la había inspirado, aunque su hijo logró mntenerla por más de una década (1938), formando a destacados fotógrafos.

Por supuesto, cabe preguntarse ¿qué ocurrió? Ciertamente, fue una empresa duradera en aquél país que fuimos.  ¿Acaso no logró actualizarse tecnológicamente y sobrevivir a la competencia? 

La herencia fue  la de una marca,  sin duda alguna. Será interesante indagar de su historia o de las historias que desembocaron en la pérdida de un nicho tan importante. ¿Desdén de sus herederos? Ya el popósito hubiese sido de una más acentuada imainación comercial.  

5.-  LA CAMPAÑA. POLÍTICA GENERAL, Caracas, 1891: Manrique había trabajado con Juan Bautista Pinottini, quien - señalaba - cultivaba la fotografía artística. El uno tuvo una mayor popularidad que el otro. 

Sobre el fotógrafo de orígen italiano,  son muy escasas las referencias. Al dominio técnico y artístico del novedoso medio, se suma también una vocación comercial, pero - después - muy poco sabemos de la suerte de su local o empresa.

Entre un siglo y otro, no eran tan escasos los fotógrafos con locales estabecimientos más o menos duraderos. Un asunto interesante paa indagar.

(LB)  

lunes, 29 de junio de 2020

AVISOS

(Recordemos que, al clickear sobre a imagen, ésta se amplía).

1.- LA ESFERA, Caracas, 1946: María F. Sigillo aportó al grupo facebookeano  Caracas en Retrospectiva, el 03/05/2020), el aviso en cuestión. Probando de nuevo la bondad del medio, varias fueron las personas que intervinieron paa enriquecer la nota. Seguídamente, citando algunas:

Renny Rangel, ubicó la tienda empleando los recursos que domina tan extraordinariamente. Refirió: "El predio Nro. 45 en la decada de 1960 ya era parte de un estacionamiento junto con el 47,49 y el 51 (cuatro casas demolidas). Actualmente se encuentra la sede del Ministerio Público de la Defensoría".

"Orlando Torrellas Ese es el actual bulevard Panteón mas o menos al frente de Arturos".

"José Eduardo Espinoza D Reloj del abuelo de olmo. Siglo XVIII. Luis XVI década 1790 Precio actual 4569,69 dollares".

"José Eduardo Espinoza D La celebracion de un caballero obra Philips Wouwerman (Haarlem, 1619 – Haarlem, 19 de mayo de 1668) fue un pintor holandés especializado en cuadros de batallas, cacerías y paisajes. Su habilidad principal fue pintar caballos, por lo que prefirió temas que permitiesen incluirlos. Se le atribuyen un millar de obras , el estudio más reciente sobre este pintor, debido a Birgit Spero chumacher (2006), restringe la cifra de pinturas auténticas a unas 560 y considera que las demás las crearon dos hermanos menores del maestro, Pieter (1623-1682) y Jan Pauwelsz. Wouwerman (1629-1666), así como imitadores de diversos países europeos. Posiblemente la de Caracas sea imitacion".
"Nicomedes Febres Luces Alfredo Boulton en el primer tomo de su Historia de la Pintura en Venezuela hace un recuento del inventario sobre el arte colonial existente en venezuela pintado aqui o fuera. Luego hay una gran oscuridad salvo alguna cronica suelta de venta de obras de arte en sastrerias de Caracas como negocio anexo y eran los hombres solos quienes las adquirian, por lo que salvo prueba en contrario debe ser el primer aviso de un anticuario".

"Jose Gabriel Escala Mèndez Wao... Pero esos no eran "cuadritos costumbristas..." Quien los habrá comprado y dónde estarán hoy dia?".

"Maria Filomena Sigillo Giannetto Jose Gabriel Escala Mèndez uno piensa mil cosas, que apasionante".


"Jose Gabriel Escala Mèndez Acabo de buscar sobre obras de Louis Monie en venta actualmente, hay tres para subasta: una en Londres, otra en París y otra en Bruselas... Pero no me suelta el precio de inicio, sino me suscribo a las casas de subasta!!! Perdimos ese boche Ma Filomena....! jajaja".

(https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10157280464628927&set=gm.10158255151353544&type=3&theater).

2.- LA LEY, Maracaibo, 1907: De anteojito, tratamos de la explotación infantil. Aunque no había una normativa de protección al respecto, por lo que el medio podía ostentar cómodamente su nombre.  Entre las exigencias, la de saber leer y escribir es mucha, pues, la población venezolana era - por entonces - predominantemente rural y analfabeta.

Por lo demás, el peródico se ocupa de otras cosas y, para ello, hay un individuo informado que, en propiedad, es gestor. Le echa pichón a todo y, cuidado, si al detectivismo privado. Además, el periódico, como odo que se llame tal, es un buscador por excelencia de las informaciones que, ahora, prodigan las redes digitales.

Barato el trabajo, no admite regulación oficial alguna.

3.- EL UNIVERSAL, Caracas, 1973: Ya pcos imaginan el esqueleto del Centro Ciudad Comercial Tamanaco y sus alrededores. Antes, un "peladero de chivo", cuenta con na extraordinaria ubicación para las más variadas diligencias.

Con o sin pandemia, ya los centros comerciales de la capital están aquejados por la crisis económica. Quizá el CCCT, la pirámide invertida, ha sido uno de los pocos, salvo nuevo aviso, que se mantiene en pie por los servicios que presta.

4.-  EL HERALDO, Caracas, 1945:

Las páginas de los avisos clasificados de la vieja prensa de cualquier época, constituyen un tupido mundo de información. Quizá todavía esperan por el estudioso de las ciencias sociales al radiografiar cualesquiera e inimaginables actividades.

Un taller mecánico, entre lasesquinas de Principal y Santa Capilla, equivale para 2020 un extraordinario ejercicio de imaginación. La venta de un escaparate de caoba, todo un lujo, nos da idea del pesado mobiliario de una casa que estaba muy distante del teflón, el plástico, el aluminio y otros materiales que aligeran la vida doméstica.

En la carretera de E Valley Los Rosales (sí, carretera), se busca un pintor de pistola. De pistola de pintura y no de aquella que hoy anida en el sector, con un malandraje temible.

(LB)

domingo, 31 de mayo de 2020

AVISOS

{Quizá sobra comentar que bastará con colocar el curso en las imágenes para abrirlas por completo y guardar}

1.- EL NACIONAL, Caracas, 1958: Por entonces, El Pinar, la Cota 905, la avenida Páez ni El Paraíso mismo fueron  lo que hoy  simplemente  son. Huelga el comentario actual. Lo cierto es que la fuente de soda en cuestión, constituyó un grato rincón de la Caracas más extendida hacia el oeste que hacia el este. Bastará con imaginarse por un instante el lugar. Y tanto que, quizás por los pocos referentes en la ciudad de salones o agencias de festejos, fueron muchos los brindis y otros saraos de la década. Cumpleaños de instituciones, partidos, familiares, personales, tuvieron por exacta estancia la un sitio boscoso al que, por cierto, al menos, una de las vías para llegale, era por Puente Hierro.  Y quienes hicimos buena parte de nuestra infancia en el lugar, todavía recordamos a la policía montada, los columpios, los toboganes y, por supuesto, el rugido de los leones y tigres, como los monos de un zoológico extraordinario,  sencillo, grato, y la fuente de soda cara, subida de precios.

Grimaldi-Siosa, despachaba nada más y nada menos que desde el Centro Simón Bolívar. Agencia de viajes, ¿aérea o autobusera?

2.-  LA OPINIÓN NACIONAL, Caracas, 1879: Comprensible la falta de quorum para la primera sesión del año de la Asamblea Constiuyente, o una de las tantas que ha distinguido a Venezuela por ese intento enfermizo de refundarse cada vez que puede. Pero no es el caso de comentar políticamente la cosa, sino el de imaginar el traslado de los diputados o constituyentistas de entonces, en un país francamente incomunicado. ¿Qué no debieron vacacionar?  Es fácil decirlo: se trató del período navideño, porque suponemos que el 31 de diciembre no tuvo en aquél país la jerarquía que adquirió en el siglo XX.  ¿Parálisis total? El señor Rivera, el del "alma desfallecida", agradece el cambur concedido.

Basilio Adechederra se separa del negocio industrial de la esquina del Castán. Hay píldoras vegetales azucaradas. E, imagínense, nada dulce,  el aceite de hígado de bacalao dió lata desde hace añales atrás. Sin embargo, dos notas nos permitimos comentar brevemente.

Los hermanos Ramella, por una parte, recogieron pesos constantes y sonantes entre los dueños de panaderías, marchantes y quién sabe de la clientela diaria, para dar un testimonio de caridad decembrina "á los infelices elefansiacos". Buscamos en las redes y constatamos la enfermedad. ¿Los hubo tantos en Caracas? ¿O, por reducidos, facilitaba la obra de caridad? Lo cierto es que los comerciantes que operaban entre Gradillas y Reducto, un amplio trecho, al parecer, exitoso, eran capaces de una soliaridad que siglo y tanto después no supo de una reedición mejorada y aumentada.

Y, por la otra, un niño de ueve años se perdió. No es difícil imaginar la angustia y, tanto tarda en aparecer, que hubo de poner el aviso en la prensa.

3.-  EL SEMANARIO, Caracas, 1878: Entre la variedad de los anuncios, cabe destacar una ahora inimagibles bodega - suponemos - en la esquina de El Chorro.  En el mismo lugar de los portentosos edificios de ahora, antes de un pujante sector privado, hubo casas de distintos tamaños y colores para una calle larga y angosta. Bodeguita, bodeguita, no sería, pues, anuncir en la prensa significaba ir más allá del vecindario.

El señor Duprat atiende en la esquina de La Bolsa. Lugar estratégico para la gente de negocios, cercano al Congreso que requiere de senadores y diputados bien vestidos, asiduos a la Casa Amarilla. Aunque, un poquto más allá, está el señor en Pajaritos, quien no sospechará que un siglo después el lugar será referente de tribunal y tribunalicios, sede administrativa del parlamento.

Se da por entendido lo del "cañón rayado" para entonces. Por cierto, ¿La Hoyada de San Lázaro era el nombre completo, muy antes del metro de La Hoyada como ahora se le conoce? ¿Era necesario que el destista fuese tambén operador y mecánico? ¿De la silla odontológica? ¿Dentistas prácticos, como le llamaban antes? ¿Dónde quedaba el puente de Guzmán Blanco y Tracabordo? ¿El médico atendía frecuentemente en su propia casa de habitación? ¿Cuál esquina de los Marrones? Pero de todas, todas, el  Café del Louvre, ¿concesionario exclusivo de la Plaza Bolívar? ¿Fue habitual que los estaurantes y afines tuviesen un rinconcito en la plaza para las libaciones y fumaciones? De mesas ambulantes, dicen.

4.- LA REACCIÓN, Caracas, 1898:  El botiquín del señor Izquierdo, garantiza un "trato afable" entre las esquinas de Colón y Cruz Verde. Trabaja sólo en las noches, porque no refiere a almuerzos y, menos, a desayunos. Se puede libar, comer - suponemos - bien y despacharse los mejores cigarrillos que incluye los importados de Cuba.

Quizá duraban poco, quizá mucho, los establecimientos de este tipo. A lo mejor, eran numerosos en toda la ciudad de entonces. Y muy bien se mezclaban los dgnatarios políticos y de los negocios con toda suerte de personas.O, lo más seguro, que disfrutaban en sus propias casas, casas de hacienda, o locales más exclusivos. Pero botiquín siempre fue botiquín, aunque el término padeció del desprestigio que, muy luego, estuvo asociado a los "bares de mala muerte".  De nuevo, la presunción: el sólo hecho de colocar un aviso, significaba que iba más allá del vecindario o entorno inmediato, con una numerosa clientela.  Alguna distinción tendría y hasta Cipiano Castro más de una vez se echaría un trago en "El Trabuco".

5.- EL NUEVO DIARIO, Caracas, 1934: El Dr. Pedro M. Arcaya avisa que se irá a vvir a Washington, D.C., junto a su señora y a una señorita que se ahorró el pago del anuncio.  Con el aviso se evita una fiesta más allá de la que daría a sus círculos más íntimos. Por supuesto, los negocios son los negocios y quizá le espera diligenciar algunas cosas de interés para Gómez y dar un vistazo al exilio político.  ¿Dónde y cómo viviría? ¿Cuántos venezolanos podían emularlo? ¿Por varias generaciones, los Arcaya fueron viajeros insigne? Ya no imaginamos que alguien coloque un aviso semejante de despedida. Por distintas razones que hoy lucen obvias. Pero - quizá - cuidó muy bien el despacho o  escrtorio Arcaya de avisar de la ausencia del país de su importante socio, capaz de atender - a quien pueda interesar - los legítimos asuntos económicos que van más allá de las fronteras.

jueves, 30 de abril de 2020

AVISOS

[Recordemos, un sencillo click sobre las imágenes, las abre].

1.- EL UNIVERSAL, Caracas 1928: Cerca de la Calle Real de Catia, la casa en venta de un precio quizá accesible. Se está a solo tres dígitos telefónicos de llamar y hasta cerrar un negocio atractivo, teniendo en cuenta que los herederos de la segunda o cuarta generación agradecerán muchísimo tan oportuna adquisición por el desarrollo del tráfico inmobiliario que impondrá la avenida Sucre, debidamente asfaltada: la otra carta de presentación para la autopista que va y viene de La Guaira.  Faltando poco, está la oferta de un taller mecánico, aunque no refiere la ubicación, porque de Dr. Paúl a Salvador de León lo dicen, o marcando los otros tres dígitos de la fortuna.

"Guanchez" tiene por carta de presentación a "La Alemania", con mucho de todo.  Dentro de setenta años es que llegará la trágica vaguada, peor que el terremoto que se sentirá de la "Mansión Charaima" en adelante. Esto es, hay razones para animarse y llegar a Macuto, tomando la carretera con sumo cuidado. Valga el dato, la comida es tan confiable que aceptan comensales no hospedados.

2.- EL FEDERALISTA, Caracas, 1866: En la imprenta del periódico se dan noticias sobre el precio de los cuatro caballos para la trilla o las diligencias que hagan falta por la ciudad. Definitivamente, la de los Bravos es una calle respetable para los negocios y, si usted es acreedor de las Rentas Municipales, con decreto en mano, Rafael Domínguez hace todo el papeleo, cubriendo los gastos necesarios: apenas, pide el 15% de comisión de la misma deuda que se reciba de la Junta de Crédito Público distrital.

¿Que marzo ya pasó? ¿Quién dijo? Mueva bien la máquina del tiempo y colóquese en situación de provecho. No serán como los bonos 2020 del siglo XXI, pero en algo ayudan bien  para adquirir los caballos e irse de vacaciones a la pensión "Guanchez" y, si queda algo, comprar la casa de Catia.

Por cierto, sólo el extranjero que llega a la ciudad, puede encontrar una "pieza de habitación" que, a la vez, gratamente recibido, le servirá la casa para perfeccionar el idioma. ZB es caueloso y únicamente en la imprenta es que puede diligenciarse la acogida familiar. No hay mejor lugar para la enseñanza y práctica del idioma que vivir en un vecindario y, es de suponer, el inmigrante - por transitorio que fuese - llega a hacer negocios, en nombre de alguna casa que requiere de algún trámite en la ciudad capital, por distante que sea el ejericio de la representación de la transnacional. El Táchira, por ejemplo.  Por ello, faltó colocar: "Favor abstenerse los curiosos".

¿Cobrará el pater familiae en divisas? Lo dudamos. ¿Quién las recibe y las cambia? Además, ha  de competir con las fichas de los latifundistas. Ya el Congreso ha derogado la de 1857, por lo que, desde 1865, está vigente una nueva Ley de Moneda. Refiere Arturo Uslar Pietri, en un libro de esos que en el XXI no se publican, que la particularidad de la ley en cuestión reside en haber ordenado la acuñación con la efige de Bolívar. Es la primera vez que ocurre en Venezuela ("Sumario de economía venezolana para alivio de estudiantes", Ediciones del Centro de Estudiantes, Caracas, ¿1945?: 119).

Ahora bien, entendemos mejor el término pieza. Así se le llamarán después a las msmas habitaciones, aunque por 2020 se hará ya poco uso de la expresión. Luego, la habitación es la propia casa - por lo demás - habitable. Y se confundirá con residecia o domicilio personal.

3.- LA PROPAGANDA, Caracas, 1894: "Sediento de ocupación", un joven de clara vocación por el trabajo paga el aviso para encontrarlo. No será cualquier cosa la que hará, si es que debemos tomar en cuenta la inversión previa. Quiere ganarse la vida, quizá probando a un celoso padre la opción que representa para la hija. A falta de dote, servirá el  aviso aún sin clasificar que aparece en un medio de nombre sincero. Sinceridad que también se agradece. La redacción del aiso ilustra el afán moral del aspirante.  O será el esilo del redactor del aviso que le puso inspiración y vuelo.

Según la costumbre, en la imprenta se darán detalles. No obstante, acaso tenga el aspirante razón al pagar el aviso. Le sale más barato lograr que el eventual empleador se anime al comprar el periódico. De un lado, sale leer  tene un mínimo de poer de compra (al menos, del periódico), en una sociedad de hacendado analfabetismo, por lo que su oferta debe estar por encima del promedio en una ecoomía en ruinas. Y, por el otro, ¿qué puede hacer el aspirante, recorriendo las calles del casco que será el "histórico" para 2020, y de os pueblos circunvecinos, gastando dinero al transportarse o tiempo, si anda a pie?

Un detalle. ¿Será el retrato hablado de la oveja extraviada? Tiene por nombre el collar de cascabeles. ¿La gratificación?  Es "mui bien", según la promesa. Quizá e buscador de empleo pueda hallarla en La Candelaria, ero no podrá caerse a palos con la recompensa. Tiene un firme propósito moral que no admite tamaño desliz.

4.-  LA ESFERA, Caracas, 1954: Pedir prestado, nunca ha sido fácil.  Mucho menos por la bicoca de noventa mil bolívares, toda una fortuna a mediados del siglo XX. Por ello, la garantía hipotecaria. Así será de bueno el negocio planteado. El Sr. Tovar ha de ser un dligente tramitador de este tipo de relaciones.  Además, honrada la toponimia, opera desde una casa de Bolsa a Mercaderes. Faltará muchísimo tiempo todavía para que los registros y notarías se hagan poco confiables.

5.- EL NACIONAL, Caracas, 1993: Nuestra sección no acepta publicidad política, pero la necesidad obliga al tener en cuenta que nadie nos fía y, mucho menos, podemos dar garantía hipotecaria alguna. Además, tentadora la oferta de la casa de Catia, o la de pasar un fin de semana en Macuto,  no encontramos a la oveja del collar de cascabeles  ni por mucho que lo pongamos acá, conseguimos un empleo confiale y estable. De modo que vale el aviso del técnico petrolero trastocado en exitoso político y no menos exitoso hombre de negocios, a quien - por cierto - despidieron tan injustamente de la embajada guaidosiana de Bogotá. Valga la nota: no se necesita invitación especial, ni militar en el partido citado.

(LB)

lunes, 30 de marzo de 2020

AVISOS

[Recordemos que un sencillo click sobre la imagen permite ampliarla y hasta  archivarla].

1.- EL AMIGO DEL PROGRESO, Caracas, 1865: Debemos estar pendientes de los días fijados por el Colegio del Ávila para los exámenes. A las doce en punto del mediodía, impelable, esperan los profesores. Puede apreciarse el pensum y, porque faltan algunos años para el decreto de instrucción pública y gratuita del guzmancismo insospechado (faltando más años  aún  para materializar el propósito), hay que pagar en pesos constantes y sonantes el privilegio del aula.. Mal haríamos en perder esos reales por pereza.

Prebandado José María Ávila presidirá el acto de premiación, teniendo por orador al licenciado Miguel Arroyo. Todavía no sabemos si Ávila tiene por nombre Prebandado, o el término  obedece a una distinción académica o de otra naturaleza.  No estamos tampoco al cabo de saber a cuáles “planas” se refiere.  Lo cierto es que, a pesar de la llamada Guerra Federal, todavía hay colegio para asistir con un año lectivo que, para mitad de año, finaliza.

Cual cartel, el novísimo Colegio Bolívar también avisa de sus exámenes. El doctor Rafael Domínguez pronunciará el discurso correspondiente.

2.- EL TRABAJO, Caracas, 1890: Hay una particularidad en la pieza de la que ojalá el amable lector  pueda percatarse. Respecto a lo demás, estamos hablando del centro comercial de la  ciudad. ¿Qué no encuentra o están muy caros los cigarrillos? Ahí los tiene non plus ultra, “elaborados con exquisito gusto”, en lugar de aventurarse con los contrabandeados que, por cierto, sostienen en última instancia a la economía informal en la plenitud de sus naufragios. ¿Un buen traje? En el centro está el sastre ideal para el trato y el encargo personalizado. Quincallería y sombrerería a la mano. Por supuesto, en el  sitio no hallará gorra alguna. No faltaba más. Y, menos, la del Magallanes por muy de Catia que se digan.

La casa de las novedades lo  puede sorprender. Quizá un local llamado “La Linda” traiga reminiscencia de hilos y tejidos, pero no hemos tenido tiempo de constatar el rubro que trabaja. Como vemos, la denominación comercial tiene sus cuantos años. Esto no fue óbice para que el registrador reconociese otras empresas de semejante nombre en el siglo siguiente y, ahora, menos.

Claro está, corre un riesgo al llevar su automóvil a la latonería, porque el aluminio debió esperar más para masificarse y, finalizando el XIX, estamos habituados a metales más rudos y capas de pinturas efímeras. Ésta es otra latonería, sin dudas, propia de una faena de herrero desconocedor de la energía eléctrica. Apuntemos, hace poco, el SENIAT cerró el “Mielantine” que, fíjese usted, tiene que ver más con hilos y tejidos que con las mieles. Dos posadas devienen hoteles, por lo que quizá sean confiables. No lo sabemos. Nos hemos llevado cada fiasco al recomendar la hotelería de la ciudad.

3.- EL DEMÓCRATA, Caracas, 1900: Podrán quejarse de toda esta sección, pero no del pitazo que acostumbramos a dar.  Tiene la ocasión de departir con doña Zoila de Castro en la Casa Amarilla  los miércoles y los viernes, por dos horas. Sólo debe cumplir con un par de requisitos mínimos: tener amistad con ella, es uno y de los más esenciales. Sin embargo, si tiene algún familiar o relacionado en Ramo Verde , La Tumba o El Helicoide, quizá pueda diligenciar la audiencia. Esto tiene que ver con el otro requisito: gestionar su inclusión en la lista.  El llamado Círculo de Valencia puede ayudar pero no se afane tanto. Esos presos de los que habla, serán verdaderos presos políticos un poquito más adelante, pues, todavía está la luna de miel con el recién investido y muy presidencial andino al que muchos apuestan que no durara en el cargo. Todavía Gómez no es el amigo y confidente de la señora Zoila que no sabe que, a la vuelta de la esquina, se mudará de la Casa Amarilla por algo más que un tembleque. Además, el agasajado marido, dicen las buenas lenguas, todavía es tímido y las farras legendarias tardaran. En todo caso, a los panas los atiende en cualquier momento y, a los menos panas, deben contentarse con hacer la cola para la lista obligada, ya que la asedian demasiado. Así que paciencia para el selfie. Por cierto, ¿qué tal estos versos finales de Federico Villena?

4.- EL UNIVERSAL, Caracas, 1972: De nuevo nos piden información en torno  al  Sr. Casimiro Soleares, quien puede resolver el problema del insomnio a corto plazo. O el del mal dormir que es algo diferente. Quizá por ello, expresamente, lo aclara.  No deposite el dinero en banco alguno, porque – aunque no lo crea – el correo postal es confiable para la remisión de los cincuenta bolívaritos.

Todavía no tenemos información fidedigna de las habilidades y técnicas para el buen dormir que, no insomnio. ¿Alguna manobra psicológica de calado? ¿Una revisión concienzuda de las condiciones para pernoctar, como la calidad de la cama o de la almohada? ¿Ayudará  a solventar algún problema personal que no permite descansar adecuadamente? ¿Quizá se limitará a recomendar una buena compañía para las noches largas? ¿Una compañía que deje dormir para más señas? ¿O todo concluirá en aconsejar una apropiada y aislante cortina, por supuesto, lavada en Madrid?

 5.- EL COLIBRÍ, Caracas, 1827:  Josefa Machado, la que vive frente a la casa del Sr. Chipi, en la calle Salvador de León, para que no haya confusión, está en posesión de unas  tierritas en un lugar de Guaracarumbo y oye ofertas para venderlas. No da más noticias. No sabemos si están invadidas o si, creyéndose la  legítima propietaria, algún caudillo de ocasión ya las tiene registradas como suyas. ¿Total, las escrituras no aguantan todo?

Presumimos su ubicación en Miranda en lugar de Vargas (que no, estado de La Guaira), aunque falta un tiempito todavía para la toponimia harto conocida. Al igual que pedirá el pago en divisas.  Acotemos, El Colibrí  adelantó un número, gracias al entusiasmo de sus seguidores. Sólo, eso.  Que después no lo consigan, es porque quebró. Sólo, eso.

6.- LA BANDERA ESPAÑOLA, Caracas, 1898: No nos entusiasma mucho publicitar la hotelería citadina, pero necesitamos los reales para sostener el blog y, además, se trata de una posada.  Muy orondos, recomendamos acá el Club Cataluña y, después, porque no era precisamente de familia, aunque quizá le diera origen a algunas,  nos reclamaron por el lupanar.

Nicolás Gravina está entre las esquinas de San Pablo  y La Gorda. Búsquelas que las encontrará.  Dos cosas atraen, aunque otra debe darla por entendida el posadero: “una comida exquisita” y “a precios de situación” (finalizando el siglo,  todo está apretado), pero eso  sí, pide más, paga más: nada es gratis.

7.- EL TRUENO, Caracas, 1905: ¿ Quién duda del carácter oficioso del diario?  Además,  no es sólo que están confeccionado una lista de la “caterva de individuos”, sino que lo dice a viva voz o letra. Imaginamos que, antes de concluirla o de publicarla, ya la policía de El Cabito le ha caído encima a la caterva. O, suficientemente intimidada, ss miembros se abstienen de andar por ahí exhibiéndose. Lo cierto es que la advertencia apunta a la importancia que tuvo la Plaza Bolívar, como epicentro de todas las comidillas, intrigas y maniobras políticas que, por lo general, zanjaban sus reales diferencias en el campo de batalla. Y, ni siquiera eso, porque nadie podía adivinar por entonces cuán decisiva fue la batalla de Ciudad Bolívar de 1903, exaltada hasta el hastío por Manuel Caballero.

¿Sólo comentarios de un mero proselitismo, o encendidos discursos que también conocerían otras plazas públicas de la ciudad capital?  Además, la siguiente nota se refiere a un curruña (viejo término, como hemos  visto),  quien acusa de gallina a  Nicolás II. ¿Le llegaría la noticia al zar?  Y el diario que está pendiente de los malos comentarios (bueno, dijo de mentiras políticas), no se atreve a completar la obscenidad: ¿será el cara de …, hoy empleado?  (tampoco nos atrevemos a escribirlo, aunque acusamos al régimen de farsante).

En verdad, no es un aviso pagado, pero "Boleros" se acerca.

(LB)

sábado, 29 de febrero de 2020

AVISOS

1.- EL FEDERALISTA, Caracas, 1866:  Mencionamos la  calle en la entrega de febrero próximo pasado. Al parecer, muy de los bravos, importante referente comercial de la ciudad capital. Como puede verse, hay chance hasta el 1º de marzo y, apenas, 15% de comisión.

Como vemos, hay gente interesada en aprender el idioma. Quizá pueda acarrear una comisión la enseñanza adicional del inquilino. Únicamente en la imprenta se sabe del personaje. 

A falta de gasolina, bueno son los caballos. 

Luego, la imprenta se ofrece como una excelente oficina de negocios.

2.- EL NUEVO DIARIO, Caracas, 1934: Quizá don Pedro Manuel tuvo un destino diplomático, quizá olfateó que se acercaba el fin de Gómez. Lo cierto es que se mudó al norte, con su señora y llevando a una señorita amiga de la casa que agarró cola con el aviso.  Recursos tenía para tomar un barco e irse, pero - suponemos - obligaba una vida más modesta en la capital estadounidense, con el otro quizá, haciendo diligencias propias del despacho al que estaba asociado, probablemente.

Un aviso semejante, es impensable hoy. ¿Por qué? El más elemental ejercicio, nos lleva al problema de la seguridad personal, o a considerarlo como algo cursi. 

Por lo pronto, deducimos, el avisador no le debía a nadie.

(LB)

jueves, 2 de enero de 2020

AVISOS

1.- LA RELIGIÓN, Caracas, 1901: La edición del viernes 22 de febrero de 1901, trae un curioso anuncio o aviso, aunque no precisa la dirección del local en Caracas, ni en La Guaira. Nos hace suponer que el negocio de los hermanos Volcan era muy conocido, siendo importante definir y avalar la encargaduría del señor Jesús L. Carrizalez, pues, quizá hubo problemas o confusión en torno a la clientela litoralense.

Luce obvia la atención que concita un venezolanismo o lo que a la postre se convirtió en tal, como es el término "guarandinga". Un comodín de origen centenario, muy frecuente cuatro o cinco décadas atrás, ajeno a las nuevas generaciones, se refiere a cosas de escaso valor, incluyendo  personas,  animales y situaciones. En las redes, se observa como posible origen las expresiones "guaro" (loro o perico), o "warandol", una tela empleada para cortinas y manteles (https://diccionariovenezolano.com/guarandinga).  Se nos antoja que la palabra tiene otra connotación: la del enredo o la complejidad de un asunto que puede causar perplejidad. El empleo de la mayúscula en el aviso, "Guarandinga", da una idea de  cosas de valor o de algún valor, a  lo mejor complementarias en lo que fue el arte de fumar pipas.

¿"Vales al portador" en todos (SIC) sus cajetillas a pagar en "DINERO EFECTIVO"? Está de más aclarar que no había transferencias electrónicas, aunque su más cercano equivalente sería la letra de cambio, descartando el trueque. Acotemos, vaya nombre para la tabaquería ("La Realidad"), en contraste con "Tú Quincallita" de La (SIC) Cruz Verde a Santa Teresa.

2.- LA RELIGIÓN, Caracas, 1915: El tercer día de febrero de 1915, con un nombre ambicioso, el restaurant subraya cuatro características que seguramente lo hicieron competitivo: esmero, aseo, atención y comodidad, en el corazón de la ciudad capital. No da noticias de  los platos, pero muy lo sabe Nicomedes Febres, quien tiene una importante colección de viejos menúes que, esperamos con calma a la publicación, arrojará luces sobre la mesa cotidiana del país de entonces o, mejor, de la Caracas de buen paladar. Y ésto, distante todavía de los beneficios de la renta petrolera.

Suponemos que la "comida a la carta", con sus distintas opciones, diferenciaba el local de otros, quizá las propias pensiones, que abrieron sus puertas con una escasa oferta: la comida del día. Por cierto, menúes convertidos  en la mejor receta para superar el enflaquecimiento que permitía, después de visitar a Navarro, afinar y probar la dentadura.

3.- EL PATRIOTA, Caracas, 1852: Un caso de despido injustificado que no encontró, ni podía encontrar,  por entonces, la jurisdicción especializada y adecuada para una efectiva demanda. Empero, Domingo Salazar, cuida muy bien de aclarar las cosas, porque "raya" al Dr. Fidel Rivas y Rivas, publicando el caso a la espera de unas autoridades que se conduelan o, quién sabe si conocía algún desliz, facturen al empleador.  Más que apelar a la inteligencia de las autoridades, ensaya algo para "los efectos legales", según entendemos, ya que no puede accionar directamente o, al menos, con la garantía, prontitud y eficacia que podría esperar, por lo que apuesta por algun  cuenta pendiente con quienes tienen un mayor poder, si nos permitimos la conjetura.

Lo más importante, deja claro que ha concluido su "responsabilidad como impresor". Así las cosas, lo que salga mal o regular de la  imprenta, no debe afectar su reputación.

4.- AMERICANO, Caracas, 1856: Alguna circunstancia fortuita, impidió la edición de días atrás del semanario. Ess circuntancia fue felizmente allanada, un término que no tiene la preocupante sigificación de los días que corren.  No eran precisamente felices los tiempos del monagato para  el ejercicio del libre periodismo.

Una persona con impedimento físico, busca a otra - por supuesto, inteligente y honrada - para cobrar unos reales que le deben. "Miti-miti" de lograr cobrarlos, con la deducción de los costos que ha de incluir el pago del aviso. Quizá por un favor personal o de amistad, en la imprenta se darán las señas del acreedor, o quizá porque la publicación el aviso incluye el servicio de revelación personal de la dirección de la persona interesada.

No sabemos si está implícita la exigencia de algo más que inteligencia y honradez, pues, sin  que pueda hacerlo por sí mismo, dada la limitación referida, bien valoraría el auxilio de un hábil espadachín o de algún "enchufado" o "palanqueado" que le pusiera celeridad al caso.

5.- EL INDEPENDIENTE, Caracas, 1862: Ha mejorado el servicio del Ferrocarril del Este que lo prestará aún en Domingo de Resurrección. Un dato importante: con música.  Además, obviamente, en vivo. No sabemos si, ocurriendo en los medios públicos de transporte, los había "coleados", con su guitarra a cuestan atreviéndose al precursor "rapeo". Por cierto, considrablemente escasos  hoy por el hacinamiento de los usuarios y el riesgo inminente de perder el instrumento, gracias a la amabilidad de un malechor con patente de corso.

Los expertos "ferroviólogos" podrán ilustrarnos sobre el itinerario a cumplir en las afueras de Caracas que, por entonces, no sospechaba lo cercano que se haría el este a la vuelta de un siglo. Quizá el Sr. Duprat aprovechó de dar una vueltica por esos lares, antes de ausentarse del país. Algún secuestrador de ofico, en los días que corren, hubiese visto con interés el aviso.

domingo, 1 de diciembre de 2019

AVISOS

¿Será necesario aclarar que puede colocarse el cursor sobre la imagen para ampliarla? Es el aviso ineludible...

1.- AHORA, Caracas, 1941: Sorprende la vieja prensa con sus recursos publicitarios. No imaginamos el costo del aviso adherido a la primera plana.  Es de suponer que se hizo manualmente, aunque el ejemplar en consideración daba la impresión de una adhesión impecable y, por casualidad, repetido, nos hace también suponer de una máquinilla de pegamento.  Al "Sobre de la Suerte", se suma el "Cupón Plata".

Luego, es una página de entrada al diario, sin remilgos. Así lo hemos visto en la prensa del XIX. Se dirá, "sino ay leal, no hay lopa". De modo que la novedad, quizá, es una hipótesis, estuvo en cubrir de noticias el portal del periódico, encarecida la publicidad.

2.-  CARACAS ARTÍSTICA, 1906: Una muy céntrica sede en la ciudad capital. Muy movido. Habla de obsequios, aunque seguramente no se tomara el asunto al pie de la letra. El aviso da idea de una nutrida inmigración catalana en la gran aldea, la privilegiada aldea caraqueña. Faltaba demasiado agua por correr debajo de los puentes. Quizá muchos venezolanos ignoran una remota procedencia catalana.

¿Habría algún decidido adelantado del separatismo? Lo cierto es que "Caracas Artística", fue - nada más y nada menos - que un semanario taurino, cuyo director respondió al nombre de Luis Matela. No recordamos haber visto un ehemplar en la biblioteca de Pedro Grases, en la UNIMET, aunque es de presumir que los viejos ejemplares todavía se ofrecían en la ciudad de mediados del XX.

Fabres nos comenta lo siguiente, al pie de la nota sobre el Club Catalán en Caracas en Retrospectiva I: "Nicomedes Febres Luces Estimado Luis, era un hotel de mala muerte de tres pisos a donde llegaban los toreros menores y los cantantes menores de las compañías de ópera y zarzuela que venían a Caracas y quedaba entre Torre y Veroes. Tenía tres pisos y se usaba como hotel de raticos y el segundo piso fue descrita como la Universidad de los Vicios por Guillermo J. Schael pues allí quedaba uno de los mayores garitos de la ciudad. Nos vemos antes de navidad".
Fuente:
https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10217567979085901&set=oa.10151736546552039&type=3&theater
Cfr.
http://lbarragan.blogspot.com/2020/01/notas-de-nicomedes.html


3.-  EL UNIVERSAL, Caracas, 1928: Por entonces, envidiablemente ubicada la casa. Diez piezas "entabladas", con abundante agua, con dos patios, parecía suficiente para una pensión estable. Por lo demás, la panadería de la no menos céntrica Gradillas, completaba las señas del inmueble. ¿Qué quedará ahí en los días que corren?

Para quienes debían comercialmente dilgenciar a Caracas, aparte del estudiantado que fue muy poco, proveniente del interior, dispusieron seguramente de una generosa oferta de pensiones y hoteles. No cuesta mucho imaginarlo, añadidos los altos precios en canto se acercaba al cuadrilátero de los poderes ministerios, juzgados, sedes empresariale, etc.

No conocemos estudio alguno del tráfico inmobiliario de la ciudad de entonces. No sería fácil vender o alquilar las viejas casas del centro que, a la postre, deteriorándose,quedaban para el hospedaje provisional. Sostenerlas, sería también difícil.  Y, aunque no lo precise en cifras, la literatura dará noticias ciertas de esas vivencias "inmobiliarias" de la urbe en ciernes.

4.-  LA REVOLUCIÓN, Caracas, 1900: La primera constatación, luce obvia: supimos tempranamente de las pastas italianas. Quizá muy modestas, las fábrics sucumbieron por el oleaje importador de la Venezuela petrolera. La sola existencia de las fábricas, hablan de un consumo cotidiano mínimo. Lo asombroso es que, muy avazado el siglo, la prensa no supiese cómo escribir o deletrear algunos nombres, en relación al espaguetti, por ejemplo (puede verse: https://webs.ucm.es/info/especulo/numero29/notigast.html). Queda la curiosidad que José Rafael Lovera, por citar otro ejemplo, seguramente ha despejado en sus trabajos sobre la historia de la alimentación.

Una segunda, redes mediante, saber de velas "esteáricas". Un ácido que se mezcla con la parafina y, endureciéndolas, hace más duradera las velas. Luego, las habría, en la ciudad desalumbrada,  de muy corta duración. El viejo teléfono (nr. 42), ofrece el indicio de un negocio estable o duradero.

5.-  RECORTES, San Felipe, 1909: Aunque, si de tráfico inmobiliario hablamos,  la oferta de la capital yaracuyana revela un importante ritmo de actividades. "Sita" en el "Barrio de los Bravos", todavía ocupada por Cincinato Cordido, parece atractiva para un local comercial o una posada. Al hacer uso de un apoderado general,  Antonio  Rivero  tuvo quizá varias propiedades. Si una venta o alquiler era difícil en Caracas, según presumimos, más aún lo sería en el interior de la República.

viernes, 25 de octubre de 2019

AVISOS

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1.- DIARIO DE LA MAÑANA, Coro, 1922: Así sería la cosa, que Justiniano Bravo pagó el aviso para aclaarar que no alquilaba su carro en las noches.   El escándalo y la borrachera es lo primero que uno se imagina al pretender devolver el vehículo en horas de la madrugada, salvo mejor opinión. Y el "sea quien fuere" luce como una indirecta muy directa.

Por cierto, Enrique Roetering tiene un taller mecánico que, por siempre, lo entendimos como sitio para la reparación de carros. Hasta a las armas de fuego le metía mano, y hoy - indudable -  tendría una selecta clientela. Por cierto,  el grafófono (https://sites.google.com/site/enmediodelamusica/presentacion/home/grafofono), debió ser muy corriente para la época. Era costumbre en la Venezuela muy de antes  que los más prestigiosos hoteles publicaran la lista diaria de sus clientes. Es de anteojito que el solo detalle dará ocasión a los chistes que no admiten mucha variación.

2.- EL CONCILIADOR, Coro, 1906: Pedro Manuel Arcaya, desde muy joven, ejercía su profesión. Estaba a la orden, en la calle Zamora.

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3.- EL PORVENIR, Caracas, 1864: Jesús María Quintana despacha un reconocimiento muy particular al Dr. Laloubie. Salvó a Juan Bautista Castro de las furibundas garras de la parca. Después de Dios, el combatidor de la epidemia.

4.- EL UNIVERSAL, Caraas, 1973: Acá, la letra no sólo es muda, sino invisible. Magnífico nombre para un hotel. Además, el cobro era semanal, de modo que no era de "a ratos". Quizá fue un establecimiento algo grande, como para tener un bar-discoteca. Calle hoy peligrosa, probablemente no lo era por entonces, en el enjambre de casas de escasos edificio de las inmediaciones que hoy tiene por epicentro un centro comercial y un hotel de vrias estrellas.

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5.- EL NACIONAL, Caracas, 1968: La vieja prensa venezolana, por lo general, gozó de una cierta profusión de avisos publicitarios. Dos notas sugiere la pieza. Por una parte, el empuje de la Orquesta Sinfónica de Venezuela, la existencia de la sociedad de "Amigos del Museo de Bellas Artes de Caracas", la enseñanza del italiano, las sucursales de "Don Disco".  Obvios los contrastes con el presente. Nadie concibe una sociedad de amigos de alguna entidad artistica del Estado, porque éste se basta a sí mismo para sostenerla y, además, qué filantropía puede avenirse con una dictadura patrimonialista.  Nadie imaginó, medio siglo atrás,el destino de "Don Disco" que estaba en la Plaza de Chacao, seguramente aún sin construir el centro comercial.Nos gustaría ver la reconstrucción del lugar, quizá por una maqueta u otros medios como el informático.


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La otra nota se refiere a la presencia de don Lino Rodríguez Arias-Bustamente en la Librería Nuevo Orden. Y, aunque - hoy - discrepamos de varias de sus perspectivas, resulta interesante reivindicar el esfuerzo intelectual que desarrolló desde la Universidad de Los Andes. Le dio hondura al planteamiento que las, por entonces, nuevas generaciones reclamaban. Asombra que, tempranamente, haya publicado los títulos referidos en el aviso. Alguna vez leímos su texto sobre obligaciones, pareciéndonos interesantísimo. Creemos que la prédica ideológica, varias veces reiterativa, sacrificó en mucho al jurista de aportes novedosos.

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domingo, 30 de septiembre de 2018

AVISOS

1.- EL PATRIOTA, Caracas, 1852:  Apropiada vivienda para la familia y también para la soledad. El Dr. Michelena también da cuenta de una pedrera. Quizá el escritorio debía aprovechar cualquier diligencia de bienes raíces que, demás, acarreaba la redacción de los documentos correspondientes. La Venezuela feudal de entonces, posiblemente tenía muy delimitado el litigio civil y mercantil, en algo próspero el penal. Por supuesto, no hubo el celebérrimo 185-A del CC, el choque de vehículos o la Inspectoría del Trabajo para que el letrado, aún el práctico al que le bastaba el título de bachiller en las pocas ciudades que podían reputarse de tales, saliera de apuros. Entre las esquinas de Trapozos (SIC) y Colon (SIC), era la cosa.

2.- EL NACIONAL, Caracas, 1948: Faltaba alrededor de diez años para la primera Ley de Propiedad Horizontal y dos décadas adicionales para el auge en el ramo, incluyendo el subsidio del Estado a la banca hipotecaria. Puede decirse que, más o menos, todo el mundo vivía alquilado por entonces. Por lujoso que fuese, el canon de arrendamiento no sería muy alto, pues, suponemos, La Castellana estaba lejos del centro caraqueño, motor comercial y ministerial de la urbe en crecimiento. Y nada mejor se le ocurrió a Johnny Alex que ofrecer el mobiliario. El negocio ideal, pues, al fin y al cabo, lo presumimos, lo caro fueron los muebles. Nos preguntamos si todavía existirá el edificio Coromoto.

Además, un piso siete, por entonces, era alto. Nada fácil encaramarse en un apartamento bien distante del suelo. Por esos días, si mal no recordamos, con un número de pisos aproximado, estaba inaugurándose la torre Phelps en la avenida Urdaneta.

3.- EL  UNIVERSAL, Caracas, 1937:  Suponemos que la Plaza del Municipal se ubicaba exactamente a la entrada del teatro y que la oferta gastronómica era algo generosa. Ahora bien, botiquin y botillería, los creemos dos renglones distintos.  El uno, un armario contentivo de implementos médicos o farmacéuticos, con el tiempo se hizo sinónimo de un expendio de licores. Quizá, en el botiquín, estaban las bebidas de fabricación casera, de alambiques o cosas parecidas, mientras que la botillería versaba sobre el líquido industrializado, el envasado en serie. La otras curiosidades, queda pendiente averiguar sobre el menú y sus costos, además de la comida para llevar, cercano el negocio al moderno "delivery".

4.- DIARIO DE AVISOS, Caracas, 1851: El señor Splieth, apelando a un buen método, promete a los seis meses convertir al interesado en traductor y, al año, en hablante del alemán. A las familias germanas, sólo cabe el perfeccionamiento. Pablo Acosta (¿abuelo o padre del Ortíz médico que se hizo célebre en el siglo siguiente?), remite el  asunto al mercado, porque el precio a convenir (a pesar de la disyuntiva "y"), ha de tener en cuenta la hora, como la pericia de quien le toca enseñar a los jóvenes.

La curiosidad, esta vez, nos lleva sobre el número de pobladores alemanes y, legación aparte, los suponemos ligados a los intereses de las casas que operaban con el café en el lejanísimo Táchira, u otros rubros, como el de la importación de las cosas que interesaban a los más citadinos.  En todo caso, acá se enseñaba también el alemán, pero Guzmán Blanco, en proceso de formación, deliraba por el francés.

5.- EL CONSTITUCIONAL, Caracas, 1902: Igual vale, en casa venezolana o extranjera, solicita alquilar una dependencia o departamento, aunque nada de vecindario. A lo mejor, cual lobo estepario de Hesse. De la departamentalización, pasamos a los apartamientos que luego se hicieron apartamentos, como espacios que ya no explican una casa o una gran casa, sino varias casas en un mismo edificio. La "situación central", no es otra cosa que la ubicación, aunque esta aparente perogrullada, hacia 1902, camino al bloqueo y a los conflictos que faltaban en la era de El Cabito, hoy remitiría a la interesada cercanía al centro de los acontecimientos. GPS diferentes, por lo visto. Bastará "G.B." en el sobre a entregar en la avenida sur. Suponemos que, ahora, admitirá el solicitante, un correo electrónico.