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sábado, 4 de abril de 2020

RUTA HACIA LAS ESTRELLAS

ENTREVISTA
Mario Hamuy, astrónomo: “Materialmente hablando, los humanos somos extraterrestres”
El académico, investigador y divulgador científico chileno es el jefe de la misión que está ultimando la puesta en marcha de un telescopio que abrirá una nueva ventana al espacio
Rocío Montes

Una generación de connotados astrónomos chilenos decidió hace una década salir de los observatorios para inundar las calles y lo han conseguido con éxito: llenan auditorios, sus libros son superventas y se han vuelto ídolos de niños y niñas que sueñan con seguir sus pasos. El doctor Mario Hamuy (Santiago de Chile, 1960) —investigador y académico— es uno de los líderes de esta cruzada, en un país donde se han instalado los más avanzados instrumentos de observación de las potencias tecnológicas del mundo. Esta semana publica en España El universo en expansión, de la editorial Debate, donde repasa “la improbabilísima secuencia” que permitió la vida en la Tierra, desde el Big Bang hasta el Homo sapiens. “Es un paseo por el espacio-tiempo y otorga herramientas fundamentales para entender la astrofísica actual, pasando por exoplanetas, estrellas, galaxias y agujeros negros”, adelanta Hamuy, jefe de la misión en Chile de la Asociación de Universidades para la Investigación en Astronomía (AURA). En 2022, la organización podrá empezar a usar un telescopio que abrirá una nueva ventana al espacio.
PREGUNTA. ¿Cómo será el Vera Rubin?
RESPUESTA. Gracias a la calidad de sus cielos, Chile alberga el 40% de la observación del universo que se realiza desde telescopios ópticos ubicados en la superficie de la Tierra. Pero en la próxima década llegará al 70%, cuando se terminen de construir tres telescopios de última tecnología. Uno de ellos es el Vera Rubin, bautizado en honor a una notable astrónoma mujer que fue codescubridora de la materia oscura. Tiene una particularidad única: es un gran angular que en solo tres días logrará tomar una imagen completa del cielo austral con ultradefinición. Cada noche va a producir 15 millones de megabytes de datos. Al cuarto día comenzará el patrullaje del hemisferio austral de nuevo y lo va a hacer por 10 años. Entonces, desde Chile, dentro de poco veremos una especie de reality show del universo. Vamos a ver cosas que nunca hemos visto. Quizá desde el desierto de Atacama surjan las respuestas a las preguntas esenciales para el ser humano.
¿A qué preguntas se refiere?
Las que tienen relación con la búsqueda de vida y actividad biológica en otros rincones. Es una de las preguntas fundamentales y hoy día tenemos la gran oportunidad que nos otorga la tecnología para poder responderla científicamente. Otros interrogantes: ¿cómo comenzó el universo? Y ¿de qué está hecho? Apenas el 4% está hecho de la materia que conocemos, que son los átomos.
¿Por qué los seres humanos buscan en el cielo algunas respuestas que no encuentran en la Tierra?
El cielo es una fuente de esperanza. Hay un lazo muy atávico con el universo del cual no siempre tenemos conciencia y es que nuestros orígenes vienen de allá. Ninguno de nuestros átomos fue fabricado en la Tierra; por tanto, materialmente hablando, los seres humanos somos extraterrestres, hijos de las estrellas. Fueron las estrellas las que produjeron los elementos químicos como el carbono y el oxígeno y, por tanto, hay una conexión a menudo inconsciente que nos liga con el universo. Es la razón por la que solo contemplar la bóveda celeste nos emociona y nos hace plantearnos preguntas fundamentales.
¿Y usted cree que existe vida más allá de este planeta?
Es la pregunta del millón. Y cualquiera que sea la respuesta, nos va a cambiar. Saber que hay actividad biológica en otras nebulosas es algo que quizá nos haga más humildes. Por otro lado, si no encontramos vida por más que busquemos y concluyamos que quizá somos los únicos, nos debiera hacer sentir que cargamos con una tremenda responsabilidad sobre nuestros hombros. Porque al universo le ha tomado 14.000 millones de años producir conciencia y si nos autodestruimos, si impedimos que la vida continúe en la Tierra, sería una tragedia. Significaría que el universo se queda sin su propia conciencia que le permita mirarse a sí mismo.
¿Cree que estamos en un proceso de autodestrucción?
Observo con mucha preocupación los efectos del cambio climático, que sin duda son reales. Si seguimos en esta lógica de contaminar nuestra atmósfera, es posible que no podamos dejar a nuestros descendientes un planeta donde desarrollarse como hemos hecho los mayores. Me parecería tremendamente injusto. Es el problema quizá más grave que afecta a la humanidad y hay que tomar medidas ya.
Dedica un capítulo a una de sus obsesiones: las supernovas y la expansión acelerada del universo.
En los años noventa formé parte del revolucionario Proyecto Calán-Tololo, que permitió calibrar las supernovas —las estrellas que explotan— como herramientas precisas para medir distancias en la galaxia. Gracias a esa técnica, en 1998 dos grupos de astrónomos demostraron que el universo, en vez de frenarse, se acelera y cada vez la expansión es más rápida. En 2011, la Academia concedió el Nobel de Física a tres de los investigadores y mencionó que el Proyecto Calán-Tololo fue esencial para lograr el descubrimiento. Me llena de orgullo haber contribuido a un cambio paradigmático en la astrofísica mundial desde un país pequeño como Chile. Lo hicimos con mucha épica y esfuerzo y con pocos recursos.
¿Qué lo llevó a combinar la investigación con la divulgación?
Es fundamental para el futuro de la humanidad incorporar de manera cada vez más creciente la ciencia como una palanca de desarrollo. Y en un país como Chile me interesa que mi trabajo, que ha sido financiado con fondos públicos, llegue a los ciudadanos de a pie. Es un deber retribuir y llegar a los lugares donde hay menos oportunidades. Busco que los niños desarrollen pensamiento propio.
¿La ciencia contribuye a ello?
Es una consecuencia de la investigación científica; establecer métodos experimentales y empíricos para demostrar o no una idea. Obliga a pensar muchas veces tus propias hipótesis, y eso genera pensamiento propio. La investigación científica resulta fundamental en la era de la posverdad.

Fuente:
https://elpais.com/ideas/2020-03-07/mario-hamuy-astronomo-materialmente-hablando-los-humanos-somos-extraterrestres.html
Fotografías: 
Vera Rubin a los mandos del telescopio de 2,1 metros del Kitt Peak National Observatory con el espectrógrafo de Kent Ford montado en él – NOAO/AURA/NSF  https://www.microsiervos.com/archivo/ciencia/vera-rubin-lsst.html

jueves, 28 de diciembre de 2017

MIL MILLONES DE ESTRELLAS EN UNA SOLA VÍA

EL PAÍS, Madrid, 27 de diciembre de 2017
AMINA HELMI | ASTRÓNOMA
“Cuando choquemos contra otra galaxia no notaremos nada”
La astrofísica argentina trata de desentrañar la naturaleza de la materia oscura y explica cómo apareció nuestra galaxia, la Vía Láctea
Daniel Mediavilla
Helmi, catedrática en el Instituto Astronómico Kapteyn de la Universidad de Groninga (Países Bajos), participa en la misión Gaia de la Agencia Espacial Europea (ESA), que está caracterizando las propiedades de mil millones de estrellas de la Vía Láctea. Con esa pequeña fracción de todas las estrellas que componen nuestra galaxia, un 1% del total, se quiere crear un mapa tridimensional que revelará su composición, formación y evolución. Entre otras cosas, ese mapa puede ayudar a explicar qué es la materia oscura y cómo se forman las galaxias. La semana pasada, visitó Madrid invitada por la Fundación BBVA. En la sede de la institución en la capital española y dentro de su ciclo de astrofísica y cosmología, pronunció la conferencia La fascinante Vía Láctea.
Pregunta. ¿Cuándo sabremos qué es exactamente la materia oscura?
Respuesta. En los próximos diez años vamos a poner a prueba todas las predicciones del modelo cosmológico y de lo que es la materia oscura, tanto en la Vía Láctea como en algunas de sus galaxias satélites, pero también a una escala mucho mayor. Con Gaia lo vamos a hacer en la Vía Láctea y sus satélites, y con otras misiones de la ESA, como Euclid, va a ser a la escala de todo el universo. Con eso tendríamos que saber de qué tipo de materia oscura hablamos o si la materia oscura no es una solución para explicar lo que observamos, que también es una posibilidad. Si comprobamos que la materia oscura es de un tipo concreto, la idea sería buscarla después también en la Tierra, detectar las partículas y comprobar que son del mismo tipo.
P. Los biólogos descubren con bastante frecuencia especies inesperadas. Da la sensación de que los físicos teóricos tienen mucha más capacidad para realizar previsiones sobre los objetos que encontraremos en el universo, por extraños que puedan parecer. ¿Qué posibilidades hay para encontrar sorpresas en la observación del cosmos?
R. No sabemos qué es la materia oscura así que el factor sorpresa puede ser grande. Tenemos un modelo cosmológico que funciona bien, pero hay aspectos en los que se contradice con lo que vemos. Así que es posible que el tipo de materia oscura que descubramos no sea un WIMP [partículas masivas que interactúan débilmente de las que se cree que está hecha la materia oscura] sino que sean distintos tipos de WIMPS. O incluso que algunos sean partículas que no interactúen y otras que sí. Pero es posible hacer predicciones, no es tan difícil como si hablamos del cerebro o de seres vivos.
En astrofísica o astronomía, las leyes sobre cómo se comporta el universo las entendemos. Pero también hay cosas que no sabemos. Las estrellas dentro de estas pequeñas galaxias satélites de la nuestra no se mueven como predice el modelo cosmológico y eso puede significar que la materia oscura no es lo que hemos asumido hasta ahora. O incluso, puede que la fórmula que nos sirve para calcular la masa que hay en las galaxias y que nos indica que hay más de la que vemos no sea correcta. Puede que sea un fallo que surge de que no entendemos bien la fuerza de gravitación. Así que puede haber sorpresas.
P. ¿Cómo empezó la Vía Láctea, cuál fue el germen? 
R. La idea es que el universo empieza con el Big Bang y durante la etapa inicial del universo hay como fluctuaciones en la densidad, como grumos. Los lugares donde se forman esos grumos, donde se acumula masa, atraen más masa, y se van formando nuevos objetos. La idea fundamental es que las galaxias como la Vía Láctea se formaron por fusión de objetos muy pequeños. Estos objetos están dominados por la materia oscura. Eso atrae gas y del gas se forman estrellas y cuando se fusionan las estrellas por la fuerza de gravitación, se producen galaxias cada vez mayores.
Si quieres probar si esa es la forma en que se creó la Vía Láctea, como la materia oscura no se ve, puedes hacerlo analizando las estrellas que se formaron en aquellos primeros momentos. Buscas las estrellas más antiguas, porque estos procesos de fusión ocurrieron en el universo muy temprano. Eso da lugar al halo estelar de la Vía Láctea. Después la idea es que una vez que la galaxia adquirió una masa lo bastante grande, se formó un disco de gas que fluyó hacia el centro y eso es lo que consideramos la Vía Láctea en sí misma. La idea es que el Sol se formó en el mismo disco de la Vía Láctea, no llegó desde otra galaxia, pero hay muchas estrellas del halo que presumiblemente se formaron en estas galaxias más pequeñas. Nuestro trabajo es como construir un árbol genealógico de la Vía Láctea.
P. ¿Qué edad tendrían estas estrellas más antiguas?
R. Calculamos que son tan antiguas como el universo mismo.
P. ¿Se formaron donde están ahora?
R. La idea es que se formaron en estos primeros grumos y son la segunda o tercera generación de estrellas que se formó en el universo. Hay estrellas que se formaron antes del cuásar [conocido recientemente] que se formó solo 690 millones de años después del Big Bang. Cuando podemos medir la edad de una estrella en el halo, vemos que son estrellas que se han formado incluso antes que estos objetos, en los primeros cientos de millones de años del universo.
P. Los sistemas planetarios en torno a esas estrellas, ¿podrían ser similares al nuestro o no tendrían nada que ver?
R. Las condiciones del universo en aquella época eran muy diferentes de las actuales. Por ejemplo, una de las cosas que se cree es que las primeras estrellas que se formaron eran muy masivas. Y una estrella que es muy masiva explota enseguida como supernova, así que no da tiempo a que se formen planetas a su alrededor. Además, para formar un planeta como la Tierra necesitas metales, elementos más pesados que el helio y el hidrógeno. En estos estallidos de supernova se forman estos elementos más pesados, pero son necesarias varias generaciones de estas estrellas y supernovas como para tener bastantes de estos elementos para producir un planeta rocoso como la Tierra.
P. ¿Sabemos por qué todas las galaxias como la nuestra tienen un agujero negro supermasivo en su centro?
R. Existe una relación entre este agujero negro y el resto de la galaxia, pero no se entiende en detalle por qué sucede.
P. ¿El papel de la materia oscura como pegamento de la galaxia es similar al del agujero negro?
R. La materia oscura sirve para hacer crecer la galaxia porque atrae más masa. La cantidad de masa de una galaxia es predominantemente materia oscura y determina el crecimiento y la dinámica de una galaxia. El agujero negro tiene otro rol. En cierta forma parece impedir que las galaxias más grandes sigan formando estrellas. Hay galaxias que tienen hasta diez veces la masa en estrellas de la Vía Láctea, y en principio los modelos predecían que podrían ser hasta cien veces más grandes. Pero no vemos galaxias de ese tamaño. En un momento dado hay un límite sobre el tamaño de una galaxia y se cree que eso está regulado por el agujero negro.
P. Usted ha estudiado la canibalización de galaxias. ¿Qué pasará si chocamos con otra galaxia? ¿Será un encuentro violento?
R. No pasa nada. Si te preguntas por las probabilidades de que una estrella choque con otra es la misma que dos mosquitos choquen en el Gran Cañón del Colorado. La mayor parte del espacio está vacío y las estrellas no chocan. Cuando dos galaxias se fusionan pueden sentir que el campo de fuerza cambia, pero fuera de eso no hay un impacto directo sobre nosotros. En algo menos de 10.000 millones de años nuestra galaxia se fusionará con Andrómeda, otra galaxia gigante cercana. En ese momento, el impacto sobre la Tierra, si todavía existe, va a ser mínimo. Cuando choquemos no notaremos nada. Lo único que se notará es que cambia en el cielo la distribución de estrellas. Ahora vivimos en un disco y cuando dos galaxias que son disco se fusionan, eso da lugar a una galaxia elíptica. Si miras el cielo cuando Andrómeda y la Vía Láctea se fusionen, no vas a ver la banda de estrellas que ahora ves sino una distribución más o menos uniforme.

Fotografía: Amina Helmi, astronoma, fotografiada en la Fundacion BBVA CARLOS ROSILLO.
Fuente:

lunes, 8 de agosto de 2011

Y TITIRITAMOS DESDE LEJOS


El Nacional - Domingo 03 de Agosto de 2003 B/17
“La astronomía es el estudio de la obra de Dios”
El barquisimetano Humberto Campins Camejo conquistó el reino de la NASA, conoció a Neil Amstrong e inmortalizó su propio nombre en el infinito cosmos
CLAUDIA FURIATI PÁEZ

La cruzada astronómica de Humberto Campins Camejo comenzó a los cinco años de edad, entonces no decía que quería ser astronauta sino tener un helicóptero para ir a Marte. Esta inquietud infantil se traduciría en su participación, con tan sólo siete años, en la Sociedad Astronómica de Venezuela que funcionaba en la plaza Lara de Barquisimeto. Allí, bajo la tutela de las hermanas Silveira, conoció lo básico de la astronomía.

Ya en Caracas, siguió las sugerencias de su padre de hacer un básico en la Universidad Simón Bolívar, lo que le permitió adquirir estándares de excelencia que le abrirían otras puertas: una beca del Conicit para estudiar Astronomía en Estados Unidos, con tan sólo 18 años de edad. Obtiene la licenciatura en Física y Astronomía en Universidad de Kansas (1977) y posteriormente el PhD. en la Universidad de Arizona (1982).

Estando allí presencia el paso del cometa West, fenómeno que le permite profundizar estudios sobre la composición del núcleo de estos objetos celestes.

Esto hizo posible que Campins dibujara su propia estela de triunfos profesionales: posdoctorado en la Universidad de Maryland (1984) financiado por la NASA, y una ascendente carrera académica y de investigación entre las universidades de Tucson, Arizona y Central de Florida (UCF) donde desarrolló un proyecto de la NASA para todo el estado. Actualmente, dirige el Centro de Ciencias Planetarias de la UCF, donde creará la licenciatura y el posgrado en el mismo campo; también es director del Observatorio Robinson de Orlando.

Su aporte al estudio de los cometas trascendió la frontera sideral, el asteroide 3327 fue bautizado por Edward Bowell con el nombre “Campins” en su honor (1987).

—¿Cuáles fueron las primeras señales que descifró del Universo?
—En 1965, durante una noche clara, desde una hacienda en Sarare (Lara), pude ver uno de los espectáculos más bellos de la historia astronómica: el cometa Ikeya-Seki. Su cola comenzaba a salir cuatro horas antes que su cabeza, la que finalmente se dejó ver al despuntar el alba. Tenía 10 años de edad, y fue entonces cuando despertó mi interés por estudiar los cometas.

—¿En qué momento tuvo contacto con uno de esos grandes observatorios?
—En 1977, siendo estudiante de posgrado en Tucson, Arizona, tuve la oportunidad de visitar el observatorio de Kitt Peak, famoso por albergar el mayor número de telescopios del mundo para ese momento. Entonces, mi interés de estudio se centró en las ciencias planetarias y me fui a la Universidad de Arizona. Allí contaba con los recursos para procesar los datos que había tomado del cometa West durante su paso por la tierra en 1976. Analizamos la fragmentación que sufrió su núcleo, especialmente la composición del polvo de cada uno de sus pedazos.

Fue mi tesis de posgrado, publicada bajo el patrocinio de la NASA.

—¿Cuándo profundizó su “idilio” con la NASA?
—En la Universidad de Maryland trabajé de forma estrecha con el Centro Goldan de la NASA.

Allí, tuve acceso a poderosos telescopios que transportan naves espaciales manejadas de forma remota, como el Internacional Ultraviolet Explorer. Es entonces cuando concibo mi propio proyecto, el cual fue respaldado por la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos (equivalente al Conicit).

Y, al principio, fue el cometa

Humberto Campins explica que su interés por excavar en la densidad y la estructura de los cometas es por la amenaza, aunque leve, que encierran cada vez que se aproximan a la órbita terrestre (cada 3 a 10 millones de años).

—Una de esas ocasiones en que cometas o asteroides colisionaron sobre la superficie terrestre sucedió hace 65 millones de años, y provocó la extinción de las dos terceras partes de las especies, incluyendo a los dinosaurios. Por ello, aunque la nosotros como no corremos tal peligro, el hombre como especie sí, por lo que la humanidad debe prepararse para tal eventualidad.

Tenemos idea de como desviar un asteroide, por ser rocoso, pero no un cometa, dado que su estructura podría desmoronarse al tratar de hacerlo, convirtiendo en amenaza a cada uno de sus trozos.

—¿También vincula la composición del núcleo del cometa con elementos que pudieron originar el agua y la materia orgánica en la Tierra?
—Sí, porque más de la mitad de la masa de un cometa es agua densa (hidrógeno pesado o deuterio) y el resto es polvo (silicatos y materia orgánica no viva). Buscamos determinar si los cometas contribuyeron en la formación de los mares y océanos terrestres una vez que impactaron la superficie. Al chocar, se cree que se atomizaron en millones de partículas de denso hidrógeno, y que posteriormente se recompusieron en los mares, ríos y lagos.

Dios es el orden cósmico

— Viniendo de una familia profundamente católica ¿cómo asocia la creación divina con su explicación del origen de la vida?
—Para mi no hay ningún tipo de conflicto. La religión y la ciencia tienen su lugar en la vida de cada quien. Existe conflicto cuando una de ellas sobrepasa los límites de la otra. He trabajado con colegas jesuitas del Observatorio del Vaticano y no hemos tenido diferencias.

Para mí, Dios es el orden que tiene el Universo, es la condición que presenta el cosmos de unidad y energía entre todos sus elementos.

Creo que la astronomía es el estudio de la obra de Dios.

—¿Y en cuanto a la astrología?
—La astrología se ha mantenido como una disciplina netamente empírica. No es una ciencia. Respeto a los astrólogos que la asumen de forma seria, pero son minoría.

La mayoría de ellos se presta a la charlatanería.

— Hablando de literatura y realidad, ¿existe el asteroide de El Principito (B612) ?
—¡Existe! porque un colega descubrió entre Marte y Júpiter un asteroide con una luna y le puso el nombre de su autor, Atoine de Saint-Exupéry.

A los 11 años, tuvo el privilegio de conocer a Neil Amstrong, antes de su conquista lunar, en una reunión de la Asociación Venezolana del Avance de las Ciencias, en Caracas.

La patria desde el cosmos

—¿Conoce otros colegas venezolanos con buena estrella en el exterior?
—Hay varios venezolanos en Estados Unidos haciendo trabajos relacionados con el Espacio, algunos directamente con la NASA.

Conozco a Sabatino Sofia, profesor del Departamento de Astronomía de la Universidad de Yale. Además, está el Centro de Investigaciones de Astronomía, de la Universidad de los Andes, que mantiene un convenio con las universidades de Indiana y Yale, el cual les ha permitido hacer importantes descubrimientos cósmicos.

— Desde la perspectiva de un venezolano que ha pasado más de tres décadas fuera del país, ¿cómo lo percibe?
—Con mucha preocupación, no sólo porque el país está afectado, sino porque también lo están las instituciones que se ocupan de las ciencias. La ausencia de una política de Estado para las ciencias hace que el país sea condenado a un peor futuro.

—¿Qué mensaje envía a aquellos venezolanos talentosos que ven el exilio voluntario como única salida?
—Que no se desanimen. Soy optimista, creo que como Nación superaremos esta crisis. Y si necesariamente tienen que irse, les diría que no pierdan el contacto con la patria y sus raíces.

Impacto profundo

Su tutor en Maryland, Michel A’ Hearn, a quien ayudó en las observaciones sobre el cometa Halley en 1986, le pidió nuevamente apoyo para un proyecto de la NASA tan futurista como cualquier film de ciencia ficción acerca de objetos celestes a punto de colisionar con la Tierra. De hecho, su nombre es de película: Deep impact. Consiste en disparar un proyectil de cobre desde una nave espacial al cometa Tempel 1, el cual estará pasando cerca de la Tierra en julio de 2005. De ser exitosa, la destrucción de su núcleo permitirá a los investigadores descifrar, en vivo y directo, códigos de vida primigenia.