- Abdón Vivas Terán. "¿Por qué COPEI? Últimas Noticias, Caracas, 18/07/1979.
- Gilberto Alcalá entrevista a Abdón Vivas Terán. El Nacional, Caracas, 09/06/66.
- Alfredo Peña entrevista a Abdón Vivas Terán. "El eurocomunismo modificará la geopolítica mundial". El Nacional, 01/11/77.
- Abdón Vivas Terán. "Los partidos políticos". El Diario de Caracas, 16/04/86.
- Gisela Ortega entrevista a Abdón Vivas Terán. El Diario de Caracas, 18/10/84.
Reproducciones: LB, Últimas Noticias, Caracas, 16/06/1966.
Nota LB: La noticia en cuestión, qued´diluida después por el presunto suicidio de Fabricio Ojeda. No obstante,contó con una trascendente significación al correr el tiempo, en el universo democristiano del país. Algún día retomaremos los remotísimos apuntes que nos llevaron, por ejemplo, a una suerte de ensayo juvenil sobre la JRC que, desafortunadamente, desapareció. Una década y tanto atrás, retomamos el asunto (por ejemplo, http://www.analitica.com/va/politica/opinion/3421353.asp), completando dos capítulos de un intento cercano a unas doscientas páginas sobre la historia de las juventudes políticas en el país que, otro infortunio, lo aniquiló un disco duro que probablemente hoy hubiese sobrevivido, gracias a los adelantos de la tecnología.
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miércoles, 18 de septiembre de 2013
domingo, 20 de diciembre de 2015
ALUNIZAJE
La Navidad sentida (y una larga coletilla sobre la visita de Robert Kennedy a Caracas, además de la lunar)
Luis Barragán
Frente a las más difíciles circunstancias, el sentimiento navideño es realizador de la esperanza. Significativamente, con el Orfeón Universitario (https://www.youtube.com/watch?v=bDnBdScdpBo), les deseamos a nuestros amables lectores una Navidad que se fundamente en la esperanza realizada y realizadora, irradiando desde cada hogar la promesa de un país diferente.
Un Kennedy en Caracas
En días pasados, conversábamos con Haroldo Romero sobre viejas vicisitudes. Una de ellas, el punto de inflexión en el historial juvenil de la democracia cristiana en Venezuela que marcó una – hoy – insospechada pauta en la Venezuela de los años sesenta del XX.
Haroldo está convencido que el momento estelar culminó con la III convención nacional juvenil de 1963, en la que se manifestaron las corrientes heterodoxas con sorprendente creatividad en el marco de la naciente democracia representativa. Nos dejó pensativos, porque – siendo una vieja línea de investigación personal – debemos buscar tiempo para revisar el supuesto que hemos cultivado en torno a la IV convención que eligió a Abdón Vivas Terán y a Rubén Darío González como sus conductores, emblematizada por un documento de irrefutable impacto y trascendencia: “Una juventud para el cambio”.
Por lo pronto, recordamos la visita que dispensó Robert Kennedy a Caracas el 1 y 2 de diciembre de 1965, sobre la cual no pudimos escribir en su momento debido a las ocupaciones de la consabida campaña parlamentaria. El célebre senador estadounidense redujo la estancia pautada originalmente para cuatro días, yendo a las barriadas populares, acudiendo a Miraflores, conversando con el liderazgo político y sindical de entonces, abriéndose a la prensa, en el contexto de un difícil país en el que todavía sobrevivía la subversión armada a pesar de la derrota electoral, política y militar que sufría. Sin embargo, la noticia fue poderosa al intervenir dos dirigentes demócrata-cristianos, integrantes del panel estudiantil que confrontó a Kennedy a través de las cámaras de televisión, bajo la moderación de Oscar Yánes.
Las interpelaciones de Abdón Vivas Terán y Joaquín Marta Sosa, cuestionando abiertamente al sistema capitalista y auspiciando la nacionalización petrolera, recibiendo una franca respuesta del senador, generaron un escándalo que, en definitiva, puso en el tablero de la opinión pública todo el proceso de discusión ideológica que experimentaba COPEI a partir de sus cuadros juveniles – por cierto – de convincente representatividad política. Lejos de acomplejarlos, suscitó la actualización de un partido que, al calor de las lecturas de Maritain, por citar sólo a un autor, entre varios de un formidable impacto, y a su modo anunció las bondades del Concilio Vaticano II, cuyos efectos más trascendentes todavía estaban en curso.
Kennedy culminó una visita que pocos líderes foráneos han realizado a nuestro país, debido al espíritu decidido e innovador de un mensaje que quiso testimoniar desde La Charneca, si mal no recordamos, quedando una huella importante que ayudó a motorizar un debate público que, valga acotar, en las últimas décadas no hemos experimentado debido a la militante censura y bloqueo informativo del actual régimen y a las condiciones públicas que ha implantado, marcando un evidente retroceso en nuestra cultura política. El testimonio que rindió para la revista Life, las más variadas notas de prensa de la época, algunos ensayos posteriores, adeudada la academia con aportes más sólidos sobre estas circunstancias, retratan un período de viva polémica, de personalidades que eran importantes porque hacían y pensaban en los más disímiles terrenos y, en fin, en la política que sencillamente se hacía y pensaba.
Recordamos tres notas de la prensa cotidiana que, al defender sendas líneas editoriales, dibujaban las inquietudes por entonces prevalecientes: los comunistas, aseguraron que el programa fue una farsa no bien montada (Qué Pasa); los comentaristas de ocasión especulaban sobre la promoción candidatural de Caldera, complementada por su ingreso a la Academia de la Lengua (Élite); Carlos Ramírez McGregor señalaba que el foro televisivo protocolizó la existencia de una juventud que incurría en la lectura anacrónica de Teilhard de Chardin (Momento). Nos parece ésta opinión la clave de un punto de inflexión en la vida partidista de los socialcristianos y quizá del país que ojalá tenga oportunidad de conversar con Haroldo, pues las consecuencias fueron importantes, aunque dudamos que Kennedy haya sido el factor determinante de la remoción de Vivas Terán como secretario juvenil de COPEI, asegurado después por Rubén Fernández en un breve ensayo politológico.
Materia de absoluto interés histórico, sobre una época en la que apenas iniciábamos la escuela, ofrece un repertorio espléndido para el contraste con la nuestra. Medio siglo atrás, con todas sus fallas, hubo una democracia pluralista que se perfeccionó con la Política de Pacificación, a pesar de los pesares.
Una coletilla lunar
En la última sesión ordinaria del actual período legislativo que concluye, la Asamblea Nacional votó por unanimidad (e indiferencia) la Ley Aprobatoria del “Acuerdo que debe regir las actividades de los Estados en la Luna y Otros Cuerpos Celestes”, originalmente asentado en Nueva York por 1979. No hubo ocasión para intervenir, pues ya lo habíamos hecho con ocasión del aniversario de la Constitución de 1999. Sin embargo, nos permitimos esta nota adicional, porque la materia que tanto motivó a nuestra generación, expuesta a las viejas hazañas espaciales, tuvo un decidido estudioso en Venezuela: Víctor José Delascio.
La rutina burocrática de la cancillería ha propiciado la remisión del proyecto aprobatorio a la Asamblea Nacional que lo recibió con la displicencia de todos, coincidiendo el hastío del Ejecutivo con el del Legislativo, e imaginamos que semejante recibimiento tuvo en la Comisión de Política Exterior. Cierto, no hay novedad alguna en ella, pero cobrará una mayor importancia cuando transcurran las décadas para un país que apenas tiene dos peroles que llama satélites artificiales, hoy, sin que sepamos de los beneficios que reportan (¿por qué tantos problemas con nuestra telefonía celular, por ejemplo?), a pesar del gigantesco costo que pagamos.
Fuente:
http://www.lapatilla.com/site/2015/12/21/luis-barragan-la-navidad-sentida-y-una-larga-coletilla-sobre-la-visita-de-robert-kennedy-a-caracas-ademas-de-la-lunar/
Luis Barragán
Frente a las más difíciles circunstancias, el sentimiento navideño es realizador de la esperanza. Significativamente, con el Orfeón Universitario (https://www.youtube.com/watch?v=bDnBdScdpBo), les deseamos a nuestros amables lectores una Navidad que se fundamente en la esperanza realizada y realizadora, irradiando desde cada hogar la promesa de un país diferente.
Un Kennedy en Caracas
En días pasados, conversábamos con Haroldo Romero sobre viejas vicisitudes. Una de ellas, el punto de inflexión en el historial juvenil de la democracia cristiana en Venezuela que marcó una – hoy – insospechada pauta en la Venezuela de los años sesenta del XX.
Haroldo está convencido que el momento estelar culminó con la III convención nacional juvenil de 1963, en la que se manifestaron las corrientes heterodoxas con sorprendente creatividad en el marco de la naciente democracia representativa. Nos dejó pensativos, porque – siendo una vieja línea de investigación personal – debemos buscar tiempo para revisar el supuesto que hemos cultivado en torno a la IV convención que eligió a Abdón Vivas Terán y a Rubén Darío González como sus conductores, emblematizada por un documento de irrefutable impacto y trascendencia: “Una juventud para el cambio”.
Por lo pronto, recordamos la visita que dispensó Robert Kennedy a Caracas el 1 y 2 de diciembre de 1965, sobre la cual no pudimos escribir en su momento debido a las ocupaciones de la consabida campaña parlamentaria. El célebre senador estadounidense redujo la estancia pautada originalmente para cuatro días, yendo a las barriadas populares, acudiendo a Miraflores, conversando con el liderazgo político y sindical de entonces, abriéndose a la prensa, en el contexto de un difícil país en el que todavía sobrevivía la subversión armada a pesar de la derrota electoral, política y militar que sufría. Sin embargo, la noticia fue poderosa al intervenir dos dirigentes demócrata-cristianos, integrantes del panel estudiantil que confrontó a Kennedy a través de las cámaras de televisión, bajo la moderación de Oscar Yánes.
Las interpelaciones de Abdón Vivas Terán y Joaquín Marta Sosa, cuestionando abiertamente al sistema capitalista y auspiciando la nacionalización petrolera, recibiendo una franca respuesta del senador, generaron un escándalo que, en definitiva, puso en el tablero de la opinión pública todo el proceso de discusión ideológica que experimentaba COPEI a partir de sus cuadros juveniles – por cierto – de convincente representatividad política. Lejos de acomplejarlos, suscitó la actualización de un partido que, al calor de las lecturas de Maritain, por citar sólo a un autor, entre varios de un formidable impacto, y a su modo anunció las bondades del Concilio Vaticano II, cuyos efectos más trascendentes todavía estaban en curso.
Kennedy culminó una visita que pocos líderes foráneos han realizado a nuestro país, debido al espíritu decidido e innovador de un mensaje que quiso testimoniar desde La Charneca, si mal no recordamos, quedando una huella importante que ayudó a motorizar un debate público que, valga acotar, en las últimas décadas no hemos experimentado debido a la militante censura y bloqueo informativo del actual régimen y a las condiciones públicas que ha implantado, marcando un evidente retroceso en nuestra cultura política. El testimonio que rindió para la revista Life, las más variadas notas de prensa de la época, algunos ensayos posteriores, adeudada la academia con aportes más sólidos sobre estas circunstancias, retratan un período de viva polémica, de personalidades que eran importantes porque hacían y pensaban en los más disímiles terrenos y, en fin, en la política que sencillamente se hacía y pensaba.
Recordamos tres notas de la prensa cotidiana que, al defender sendas líneas editoriales, dibujaban las inquietudes por entonces prevalecientes: los comunistas, aseguraron que el programa fue una farsa no bien montada (Qué Pasa); los comentaristas de ocasión especulaban sobre la promoción candidatural de Caldera, complementada por su ingreso a la Academia de la Lengua (Élite); Carlos Ramírez McGregor señalaba que el foro televisivo protocolizó la existencia de una juventud que incurría en la lectura anacrónica de Teilhard de Chardin (Momento). Nos parece ésta opinión la clave de un punto de inflexión en la vida partidista de los socialcristianos y quizá del país que ojalá tenga oportunidad de conversar con Haroldo, pues las consecuencias fueron importantes, aunque dudamos que Kennedy haya sido el factor determinante de la remoción de Vivas Terán como secretario juvenil de COPEI, asegurado después por Rubén Fernández en un breve ensayo politológico.
Materia de absoluto interés histórico, sobre una época en la que apenas iniciábamos la escuela, ofrece un repertorio espléndido para el contraste con la nuestra. Medio siglo atrás, con todas sus fallas, hubo una democracia pluralista que se perfeccionó con la Política de Pacificación, a pesar de los pesares.
Una coletilla lunar
En la última sesión ordinaria del actual período legislativo que concluye, la Asamblea Nacional votó por unanimidad (e indiferencia) la Ley Aprobatoria del “Acuerdo que debe regir las actividades de los Estados en la Luna y Otros Cuerpos Celestes”, originalmente asentado en Nueva York por 1979. No hubo ocasión para intervenir, pues ya lo habíamos hecho con ocasión del aniversario de la Constitución de 1999. Sin embargo, nos permitimos esta nota adicional, porque la materia que tanto motivó a nuestra generación, expuesta a las viejas hazañas espaciales, tuvo un decidido estudioso en Venezuela: Víctor José Delascio.
La rutina burocrática de la cancillería ha propiciado la remisión del proyecto aprobatorio a la Asamblea Nacional que lo recibió con la displicencia de todos, coincidiendo el hastío del Ejecutivo con el del Legislativo, e imaginamos que semejante recibimiento tuvo en la Comisión de Política Exterior. Cierto, no hay novedad alguna en ella, pero cobrará una mayor importancia cuando transcurran las décadas para un país que apenas tiene dos peroles que llama satélites artificiales, hoy, sin que sepamos de los beneficios que reportan (¿por qué tantos problemas con nuestra telefonía celular, por ejemplo?), a pesar del gigantesco costo que pagamos.
Fuente:
http://www.lapatilla.com/site/2015/12/21/luis-barragan-la-navidad-sentida-y-una-larga-coletilla-sobre-la-visita-de-robert-kennedy-a-caracas-ademas-de-la-lunar/
sábado, 6 de febrero de 2016
CENTENA
“Recordar la obra de Caldera es reivindicar lo mejor de
nuestro pasado democrático”
Tatiana Ferrin / 31 ene 2016.- Recordar la vida, obra y
acción política de Rafael Caldera es el principal objetivo de la Comisión
Centenaria, que impulsa una serie de 12 foros para revivir al fallecido
presidente de Venezuela. “La primera expresión de su personalidad está
constituida por su sólida aceptación del pensamiento cristiano, el cual
impregnó e inspiró toda su vida, tanto personal, como política”.
Así lo aseguró el dirigente Abdón Vivas Terán, quién
participó como ponente en el “Ciclo de Foros Diálogo Libre”.
De acuerdo a una nota de prensa, Vivas Terán criticó que en
el presente no se le reconozca a Caldera cada logro conquistado durante sus dos
gestiones de gobierno (1969-1974/1959-1961). “Caldera fue hombre que trabajó
por el país, se sometió a las discusiones y críticas. Gobernó por la justicia
social con el precio del barril más bajo de la historia, 7 dólares; y aún así
superó cada obstáculo. Consagró el derecho a la propiedad privada de los
ciudadanos. Promovió e impulso beneficios para los trabajadores del país, y
como ésto muchas más obras destacadas durante sus gestiones presidenciales:
Vastos programas de obras públicas carreteras, autopistas, vías férreas, vías
de penetración, metro, edificaciones escolares, puentes, viaductos, obras hospitalarias,
culturales, deportivas, religiosas, judiciales, administrativas, científicas”,
mencionó.
“Su política, de abrir una segunda etapa a la Pacificación
cuando decidió completar el proceso de sobreseimiento a los militares
sediciosos del intento de golpe de Estado de febrero y de noviembre de 1982,
que ya había sido iniciado por el presidente Carlos Andrés Pérez cuando todas
las organizaciones del país político y de la sociedad civil clamaban por su
liberación, sigue siendo uno de los temas más candentes de su segunda
administración. Solo el curso de la historia, la evaluación más objetiva y
reflexiva de todas las causas que alimentaron estos procesos hará que
-esperamos que con relativa rapidez- se haga una luz definitiva sobre todas
esas situaciones hasta que se pongan las cosas en su debido lugar y surja
nítido y con justicia el aporte histórico de Rafael Caldera”, consideró.
Durante el foro “Rafael Caldera y la Inspiración Cristiana
de Su Acción Política”, celebrado este sábado en la sede de la CTV en Caracas,
Vivas Terán, junto a grupo de panelistas como el diputado aragueño Luis
Barragán, la dirigente Saralilian Lizarraga, Naudy Suárez y Carlos Guerra,
recordó que son muchos los problemas por los que atraviesa Venezuela y que hoy
siguen sin solucionarse y que “se han agravado severamente a raíz de este
último gobierno autoritario”.
“Entre otros la pobreza, la marginalidad, la corrupción, el
desbordado gigantismo de la burocracia, el desorden administrativo, la
inseguridad jurídica, la inseguridad personal, el odio y la desconfianza que se
ha sembrado entre los sectores y clases sociales, el grave irrespeto a los
derechos humanos, el clientelismo partidista, el desempleo, la recesión
económica, los desequilibrios básicos de la economía, la pérdida de poder
adquisitivo aguda que ha sufrido el salario real, la tremenda tasa de
inflación, la escasez de alimentos y medicinas, el desprecio por las
instituciones democráticas que ha sembrado en el corazón del pueblo el gobierno
autoritario etc., son hoy males severos que aquejan al país. Nuevos gobiernos y
nuevos líderes, de inspiración popular y que porten el estandarte de una
democracia integral, así como los sectores más avanzados de la juventud y de la
sociedad civil, estarán a cargo de la tarea de superarlos en un futuro
próximo”, agregó Vivas Terán.
Por su parte, Barragán aseguró que Caldera es un aporte de
Venezuela a la democracia universal, por la fortaleza de sus convicciones, por
la postura de sus ideas y por las consecuentes actitudes que asumió en la vida.
“No se trata de celebrar el centenario de su nacimiento por afecto a su
persona, sino porque recordar su obra –así como la de Rómulo Betancourt y de
otros políticos venezolanos– es reivindicar lo mejor de nuestro pasado
democrático; es reivindicarnos a nosotros mismos, reivindicarnos como pueblo.
Es un acto, en fin, que confronta de manera natural el infausto despropósito de
quienes gobiernan nuestro país en esta hora aciaga. Algunos podrían sostener
que sería muy temprano para intentar apreciar desapasionadamente la importante
obra de Rafael Caldera”, dijo.
Entre la historia relatada por Barragán sobre la relación
iglesia-Estado de Rafael Caldera, reflexionó sobre la hora que vive el país,
que a su juicio “nos impone apresurar el paso para rescatar y valorar lo
esencial de su labor de entre las brumas de muchas decisiones polémicas. A
alguna de ellas haremos, sin embargo, necesaria e ineludible referencia. Sí,
entre nosotros, que parece que hemos olvidado la significación histórica de las
consecuencias de la decisión de Caldera de iniciar a la muerte de Juan Vicente
Gómez – y actuando tanto contra poderosos enemigos como contra el pesimismo de
los amigos– la construcción de una opción política que llegaría a su tiempo a
postular el valor de cada ser humano, la solidaridad, la pluralidad; que
promovería el bien común, la lucha permanente por la justicia social, la
perfectibilidad de la sociedad y el carácter subsidiario de la acción del
Estado”, expresó.
Por último, el politólogo e historiador Naudy Suárez aseguró
que hay un antagonismo entre la formación doctrinaria y una práctica divorciada
de la ética en la política en la actualidad. Recordó que, en el caso del
presidente Caldera, la influencia social de la iglesia católica impulsada por
el presidente venezolano, permitió una floración doctrinaria en lo político.
“Su vinculación desde muy joven con la iglesia católica, impactado a los 17
años por las palabras del Papa Pío XI en el Congreso de estudiantes católicos
en Roma, asumió la política como la forma más excelsa de practicar la caridad y
se entregó a promover en el país una corriente de pensamiento social cristiano,
actuante en política, que vendría a influir en aspectos muy importantes en el
desarrollo de la Venezuela del siglo XX”, recordó.
Sobre su acción política, Suaréz aseveró que estuvo
iluminada por las orientaciones de la doctrina social de la iglesia. “Su gran
aspiración fue llevar a la democracia las consecuencias derivadas de los
principios del humanismo cristiano. Por ello, luchó por ofrecer al país una
alternativa distinta tanto del colectivismo marxista como del individualismo
liberal. Nunca aceptó la tesis de que son incompatibles la libertad y la
justicia social, que es la premisa básica de estas ideologías políticas. Para
él, por el contrario, la libertad es condición esencial, indispensable de una
verdadera justicia social”, expresó.
Siguiendo con el ciclo de foros que se desarrollaran durante
todo el año, el próximo será el 20 de febrero. El evento titulado “Rafel
Caldera y el Estado de Derecho en sus gestiones presidenciales” contará con la
ponencia de Asdrúbal Aguiar.
Fuentes:
martes, 19 de abril de 2016
BITÁCORA: LANZAR LOS ARCHIVOS AL CIBERESPACIO
Julio César Moreno L. ha compartido alguna de sus viejas fotografías por el corre electrónico, tomadas a través de su tableta. Ésta y un blog, constituyen la posiblemente mejor solución para evitar la pérdida de las piezas, aunque el escaneo directo sea lo recomendable. En todo caso, perfectible, es preferible tener algo a no tener nada. Inmensas cantidades de imágenes y documentos se pierden, porque - también - no hay tiempo de organizarlos y lanzarlos al ciberespacio. En la primera, José Clarencio González, Daniel Perdomo y Enrique Arangurén.
Rafael Caldera, año impreciso, saliendo de la sede de COPEI que se encontraba entre las esquinas de Mercedes a Mijares.
Canuto Peña, entre otros militantes de la Juventud Revolucionaria Copeyana.
Abd´pn Vivas Terán y Julio César Moreno, suponemos que a finales de los '80 del XX (no antes de este siglo).
Julio César Moreno, siglo impreciso.
Acto en la Sala Plenaria de la Avanzada, hacia octubre de 1979. Edgar Barrios, finalmente candidato a la secretaría juvenil nacional de COPEI, Abdón Vivas Terán, Julio César Moreno, Gehard Cartay y Oscar Martín Corona (Oscalín). El otro afiche es de Lorenzo Tovar.
Escribe JCML: "Con mi entrañable Manolo Selva".
Abdón Vivas y Julio Moreno. No identificamos a la joven.
Julio C. Moreno, seguramente a principios de los '70.
Acto previo a la realizción de la Convención Nacional Juvenil de COPEI, hacia octubre de 1979. Lo recordamos, incluyendo una anécdota de estos años con Clemente Bolívar, quien asistió a la cita en la Sala Plenaria de Parque Central. Quizá puede dar ocasión a un artículo sobre el desarrollo institucional que, mal que bien, tuvieron los partidos como ahora ninguno. Por ejemplo, a iconografía revela la importancia no sólo del partido, sino de una instancia funcional (la juvenil) y de una corriente (la Avanzada). Finalmente, se impuso (por lo afiches, estaba por entonces decidida), la candidatura de Edgar Barrios frente a las aspiraciones de Lorenzo Tivar que, valga el otro ejemplo del juego complejo tan inherente a la vida política, quedó como primer vocal de la fórmula juvenil que triunfó (la de Agustín Berríos). Años más tarde, Barrios fue presidente de COPEI-Apure y diputado regional, encabezndo - si no apuntamos mal - la Asamblea Legislativa (en el presente, Consejo Legislativo). Tovar fue parlamentario suplente al Congreso de la República y, muy después, Superintendente Nacional de Protección al Consumidor. En el presdium, entre otros, Moiséses Benaím y Oscar Martín Corona. Habla Julio Moreno.
domingo, 4 de octubre de 2015
VEREDA DE PECES
Luis Barragán
Comprensión de una etapa – Lo que se dice – Fuentes de una inquietud – Una juventud política – Lo que se hacía al decirlo – Efectos – A contracorriente Referencias metodológicas
“ ... Las ideas no están por azar en la
mente de los hombres. Y mucho menos en
la mente de los hombres políticos. Las
ideas responden a una realidad y a la
ubicación en esa realidad cuyo influjo
deben modificar, o mantener, según el caso”
Elías Pino Iturrieta [1]
Nota de exclusivo interés histórico, el 31 de octubre de 1965, al celebrarse la IV Asamblea Nacional de la Juventud Revolucionaria Copeyana (JRC), el país supo de un documento que marcó el historial partidista y el de las mismas juventudes políticas venezolana. “Una Juventud para el cambio” – el texto en cuestión – avaló la elección de Abdón Vivas Terán y Rubén Darío González, como secretario y subsecretario juveniles nacionales de COPEI.
Ejercicio de precisión, una mirada a los planteamientos realizados por la juventud socialcristiana en la década de los sesenta, nos lleva a un elenco de razones teóricas y sociales distinguiendo lo que se dijo (enunciados locutivos), la intención de lo que se dijo (enunciados ilocitivos) y los efectos de lo dicho (enunciados perlocutivos), apretando así los enfoques de Diego Bautista Urbaneja [2] y Fernando Vallespín [3] sobre la historia de las ideas políticas. El espacio disponible impide abundar en los ricos matices de una experiencia de la que no supimos personalmente, pero –de un modo u otro- sintió nuestra promoción generacional.
Comprensión de una etapa
El país se reencuentra al caer la dictadura de Pérez Jiménez. Emergen con desenfado distintos problemas y tabúes, como la corrupción administrativa, la represión del Estado, la tenencia de la tierra o la explotación petrolera, en el marco de una democracia naciente que moviliza a los más variados sectores, en la difícil implementación de la tan deseada “unidad nacional”. La conflictividad del sistema populista en construcción, en los términos expuestos por Juan Carlos Rey en su “Problemas socio-políticos de América Latina” (Ateneo, Caracas, 1980), inmediatamente dará cuenta –por una parte- de la violencia de izquierda y de derecha que severamente lo amenazan y –por otra- del consenso que encontrará garantías mediante iniciativas como el llamado “Pacto de Punto Fijo” (o, en propiedad, “Puntofijo”), precedido por el Avenimiento Obrero-Patronal y, más concretamente, el desarrollo de líneas políticas como la “Autonomía de Acción” de COPEI.
No menos importante será el debate sobre la libertad de expresión y, siendo un dato inevitable, el reordenamiento del contexto hemisférico. Lo cierto es que las circunstancias de la Venezuela de los sesenta obligaba a un exigente ejercicio de la militancia política de la que, posteriormente, no se sabrá por el impacto psicosocial de las célebres bonanzas, entre otras causas.
Militancia que bien ilustra la juventud socialcristiana, portadora de un conjunto de creencias que, por entonces, constituían una novedad política por su naturaleza e implicaciones. Y es que sus indicios sociales y teóricos nos ubican en una etapa de abierta politización y creatividad, marcando pautas que inevitablemente contrastarán con el actual desempeño de una entidad que no reclama ni –al parecer- quiere saber de una significativa herencia histórica.
Lo que se dice
La propuesta comunitaria será el planteamiento estelar, acompañada de la polémica distinción de la propiedad privada como derecho natural y como derecho positivo. Las demandas políticas tendían a simplificarse a través de sendos proyectos históricos (sólo) en la medida que agudizaban las contradicciones existenciales del sistema.
Partimos de la generalización conceptual ensayada por Rafael Caldera, ejemplificada por una entrevista concedida a Ma. Elena Páez (El Nacional, 01/10/67) o un artículo de prensa donde reclama las directrices de la Organización Demócrata-Cristiana de América (ibidem, 06/10/67), por no citar el programa presidencial (“Hacia la sociedad que queremos”), hasta llegar a formulaciones que tocan el marxismo (en su vertiente camilista), a través de un quincenario de breve duración como “Venezuela Urgente” y su principal prédica: la revolución sin signo. Más tarde, el Centro de Estudios Comunitarios publicará obras como “Pensamiento comunitario”, decisivo en nuestra otrora adscripción demócrata-cristiana, convertida Mérida en epicentro de una inquietud que se hará exclusivamente académica.
No hay mejor retrato de la aceptación final de la tesis que el ofrecido por la VI Asamblea Nacional Juvenil, realizada en 1970, aunque median las distancias entre la documentación expuesta por Rafael Isidro Quevedo y Delfín Sánchez, dos de los candidatos a dirigir a la organización, previo reconocimiento, adaptación y adscripción de los grupos anteriormente reacios a ella (El Nacional, 05/04/70), zanjada por el triunfo electoral interno de Julio César Moreno. Se ha arraigado una visión tercerista que bien expresa José Rodríguez Iturbe: “Nosotros somos –digámoslo de entrada- radicalmente anticapitalistas y anticomunistas” (“El reto revolucionario”, Nueva Política, Caracas, 1969: 37), sugerida la aceptación formal de todos los sectores internos de un mensaje que el tiempo (des) hilvanará.
Al tomar como referencia el pequeño ensayo de Rodolfo José Cárdenas, “Hacia la sociedad comunitaria” (El Nacional, 30/10/66), apuntamos a las disputas juveniles provisionalmente resueltas, el peso político específico del autor y la importancia misma del medio empleado, en el marco de una competencia que el ajedrecista menos connotado sabrá intensa, variada y –a veces- sorpresiva, administrada la relativa ambigüedad de la propuesta. Dirá de “detalles indefinibles como todas las realizaciones que pertenecen al porvenir”, comprensibles en una primera fase donde coexistirán las propiedades privada, cooperativa, estatal, mixta y comunitaria, seguida de otra de “alta socialización, racionalización y organización”, prevaleciendo la comunitaria: “sociedad eminentemente científica y tecnológica” empeñada en la democratización empresarial y la abolición de las diferencias artificiales de la sociedad burguesa.
Más allá o más acá, ha fondeado los ánimos de las corrientes ortodoxa (“araguatos”) y heterodoxas (“astronautas” y “avanzados”), surgidas al calor de la IV Asamblea Nacional Juvenil de 1965, cuyos documentos hablan de un proceso continuo y mínimo de reflexión originado en 1958, con la discusión y aprobación de sendos Manifiestos. Los medios de comunicación se hacen eco de las denuncias formuladas en el evento, invocada la democracia formal y los congresantes, concejales y legisladores que comercian con sus credenciales en la “quincalla vergonzante de la componenda” (“Una juventud para el cambio”, multigrafiado, Caracas, 1965), o afincada en la contundente afirmación que trae el “Documento político” sobre el fracaso de la institucionalidad democrática (Tarcisio Ocampo, “Venezuela: ´ Astronautas´ de Copei. 1965-67”, CIDOC, México, 1968: 5/58).
La nacionalización de la industria petrolera, la nueva división político-territorial o la penetración del populismo, sensibilizados por la invasión estadounidense a República Dominicana, figuran entre los papeles heterodoxos. Caldera insistirá en que “no podemos ofrecerle al pueblo nada que no podamos realizar”, con el peligro de “lanzarnos por el camino de una literatura tremendista” (ibidem: 4/17 s.), y proclamará los principios que tres años más tarde concitarán el apoyo de todas las corrientes, concluida en San Felipe la V Asamblea Nacional Juvenil, luego de la expulsión de los sectores más intransigentes y radicales. Valga consignar la posterior impresión que las ya maduras diferencias grupales suscitaría en el órgano oficial del PCV, destacando “cierta unidad” en sus actitudes anticomunistas (Tribuna Popular, 19 al 20/02/70).
Fuentes de una inquietud
Las faenas de construcción de una experiencia diferente obligan a la justificación de la democracia misma en sintonía con los problemas cruda y esencialmente planteados. La rivalidad política supone un básico esfuerzo de comprensión de lo que acontece, adquirido un cierto sentido plenario y fundacional de la militancia que autoriza la inquietud ensoñadora.
La enseñanza social de la Iglesia Católica ha echado piso gracias a la labor emprendedora de un sacerdocio que llegaba a los jóvenes y los obreros, por obra de los círculos de estudio y otras iniciativas que incluían al laicado organizado. Juan XXIII despertará entusiasmo en la ruta que completará Pablo VI, señalando un precedente en la recepción de las encíclicas en Venezuela de acuerdo a Jesús Sanoja Hernández (El Nacional, 04/04/67).
El Concilio Vaticano II constituye un desafío para el redimensionamiento del compromiso político cristiano, aunque la realidad advierte de otros acontecimientos más próximos y encontrados que urgen de respuestas. De un lado, la subversión leninista fuerza al conocimiento y superación de los postulados propiamente marxistas, desembocando –a veces- en un anticomunismo feroz y –otras- sucumbiendo a sus atractivos, no sin generar la búsqueda extraordinaria de un tercerismo que Anatoli Shulgovski creerá emparentado con el socialismo utópico cristiano de Fermín Toro en Venezuela o de Manuel Murillo en Colombia (Revista América Latina, Progreso,Moscú, 1982, Nr. 3/51: 59). Y, por el otro, encontramos el reto de una opción aparentemente más débil, la liberal, que reporta una creciente influencia en el medio universitario gracias a la – relativamente representativa - prédica de Arturo Uslar Pietri, sintetizada en su “Hacia un humanismo democrático” (FND, Caracas, 1965). Por consiguiente, privarán los retos políticos e ideológicos más inmediatos, estando en trámite la noticia de la venidera etapa postconciliar y su acento pastoral, el reencuentro con el pueblo de Dios y la asunción del mundo moderno, conforme a la caracterización de Baltazar Porras Cardozo (El Globo, 04/07/96).
Numerosos cuadros de la juventud socialcristiana acceden a una bibliografía predominantemente francesa: Maritain, Mounier, Lebret, Teilhard de Chardin, Lepp, Suavet y Perroux o los protagonistas de las “Semanas Sociales” como Folliet, Lacroix o Remond, en competencia con los italianos Sturzo, La Pira o De Gásperi, incursionando algunos en Fromm. Los textos chilenos emocionan y un sector específico de la juventud promueve uno crucial: “Desarrollo sin capitalismo. Hacia un mundo comunitario” de Julio Silva Solar y Jacques Chonchol (Nuevo Orden, Caracas, 1964), sin olvidar la precursora edición castellana de Paulo Freire.
Al correr los años, terciando en la polémica de Joaquín Marta Sosa y Abdón Vivas Terán, José Ma. García Escudero deslindará la política de una “actitud de fe” (Revista Summa, Caracas, Nr. 42 de 1971). Apuntemos la enorme dificultad de innovar el pensar y el hacer políticos en forma simultánea, subrayando lo ideológico como un proceso en “ebullición” o en “elaboración” que guarda exacta correspondencia con lo dicho por Jacques Maritain en torno al Ideal Histórico Concreto, “una imagen prospectiva significando el tipo particular y específico de la civilización que tiende a una cierta edad histórica”, jamás realizado como término, sino en “vías de realización y siempre por realizar” (“Humanismo integral”, Carlos Lohlé, Buenos Aires, 1966: 132 y 195).
Una juventud política
La razonabilidad social la hallamos en una militancia de clase media, principalmente universitaria, capaz de organizarse políticamente y de ofrecer un proyecto cuya elaboración está vedada a los sectores que beneficia. Los problemas de la juventud remiten a un contexto cada vez más global, aunque exhiben rasgos muy particulares que –de un lado- los ejemplifica fenómenos como el de las “patotas” y hasta una desviación de naturaleza neonazista (Alicia Briceño: Momento, 03/10/65; y también las investigaciones adelantadas por el comisario Molina Gásperi: El Nacional, 01/06/66), y –por el otro- reclama una atención más sistemática de los especialistas, como el foro realizado en la UCV por febrero de 1965 (J.F. Reyes Baena: El Nacional, 12/09/79).
El doble proceso de urbanización y expansión educativa con el saldo de una mayor movilidad social, expresará fielmente al país que ha salido de la dictadura. Según el Instituto de Estudios de América Latina (IEPAL), COPEI cuenta con una influencia extraordinaria en las clases media, con predominio de la alta, y medianamente en la obrera y campesina del interior (“Venezuela: hacia una integración democrática”, Arte, Caracas, 1965). La ampliación de sus bases sociales contrastará con el partido de las décadas anteriores, reorientado el discurso fundamental.
El movimiento estudiantil está en todo su esplendor, convertidos los socialcristianos en la primera fuerza individual de estratégicos establecimientos, como la citada universidad, a juzgar por las cifras de Orlando Albornoz (“Ideología y política en la universidad latinoamericana”, Societas, 1972: 234). E, incluso, siguiendo al mismo autor, ofrecen la posibilidad de un escenario político nacional que compensa la actitud antipartido generada en el ámbito (“Estudiantes y política en América Latina”, Monte Avila, Caracas, 1968: 225 s.).
Estaba legitimada la existencia de las juventudes políticas y, específicamente, la Juventud Revolucionaria Copeyana (JRC) había sobrevivido al desmantelamiento de la Juventud de Acción Democrática (preocupando a cronistas como Juan David González: La Esfera, 21/03/60), al desvanecimiento de Vanguardia Juvenil Urredista y al sacrificio de la Juventud Comunista en la aventura guerrillera. Aquélla, realizaba sus comicios internos aproximadamente cada dos años y no votaba en el máximo cuadro de conducción del partido, promediando sus dirigentes más destacados la veintena de edad y en el marco de una organización con líderes que no alcanzaban la cincuentena, cuyas modestas dimensiones tendían presumiblemente a facilitar las relaciones interpersonales.
La aparición de tres tendencias en su seno dibuja una dinámica que otras entidades similares no ofrecían, adicional a una ambientación mística derivada de la lucha de calle e ilustrada en los variados cantos o himnos, siendo el más conocido el de Régulo Arias Moreno. Luce significativa la promoción de Rubén Darío Santiago a la subsecretaría juvenil nacional, proviniendo de los cuadros obreros. Por lo demás, es evidente el optimismo generacional que se ensaya como una opción frente a cierta actitud en boga que se dice no progresista ni cristiana, sino simple penetración del marxismo: “Somos, pues, los integrantes de la Juventud Revolucionaria Copeyana, los únicos que con puridad pueden llamarse representantes de esa generación política del 58, de la generación de la libertad” (Rodríguez Iturbe, op. cit.: 186 y 202).
Lo que se hacía al decirlo
Surgieron iniciativas destinadas a la formación de los cuadros, como el IFEDEC y el Instituto Pro-Pueblo Jacques Maritain. Gonzalo Alvarez destacará la labor realizada por el llamado Grupo de Arquitectura, la editorial y librería “Nuevo Orden” y el papel desempeñado por Julio González en la promoción de las ideas (Revista Momento: 16/06/67, cuyos argumentos serán repetidos anónimamente en la Revista Semana: 01 al 08/05/69). Se mencionan iniciativas impresas como la revista Vértice, amén de otros medios que directa o indirectamente manifestaron la preocupación por el estudio.
Los “cuadros pensantes” de la organización, a juicio de Enrique Jubes, lo conformaron Arístides Calvani, Hilarión Cardozo, Rodríguez Iturbe, el Padre Cardón, Alvaro Páez Pumar (implementador de los cursos de formación por correspondencia), Enrique Pérez Olivares, Joaquín Marta Sosa, José Curiel, Abdón Vivas Terán y Rodolfo José Cárdenas. Coincidiendo parcialmente, Joaquín Pérez-Ordaz R. (El Globo, 13/03/01), incluye a González, José Vitale, Pedro Bello, Nestor Coll, Saúl Rivas, no sin insistir en la brillantez de Marta Sosa. Y es que la relación de los jóvenes con el partido exigirá de puentes virtuosos, sirviendo de baremo al reconocimiento dirigencial, sin que olvidemos un importante sesgo tremendista: Cárdenas, por ejemplo, exhibía en su despacho la fotografía de Lenin en la Plaza Roja, vecina a la de Teilhard (El Nacional, 29/10/67).
El surgimiento de decisivas tendencias en la JRC, propicia para toda suerte de especulaciones, está avalado por la férrea adscripción y acatamiento de los postulados de la organización o a su abierta y pública discusión, suscitando problemas disciplinarios. Documentos como “Una juventud para el cambio” y “Materiales para una discusión que concluya en el trazamiento de una política correcta para la JRC”, no se entienden sin las abundantes declaraciones y artículos, como los de Marta Sosa sobre la propiedad y Vivas Terán sobre la industria petrolera que acarrearán sanciones expresas o tácitas (Bohemia, 19/06/66). Oswaldo Alvarez Paz, sucesor en la secretaría juvenil nacional, dirá compartir las tesis de avanzada de Vivas Terán, reiterando el respeto y la necesidad de expandir la propiedad privada (El Nacional, 10/06/66 y Bohemia, 26/06/66): aquél venía de presidir la federación de centros de la Universidad del Zulia y éste alcanzaría la vicepresidencia de la federación de la Universidad Central, en medio de una campaña que se resintió por la confusa medida adoptada, infiriendo así la sustentación real del liderazgo en pugna.
Aparecerán dos obras de considerable impacto por la fuerza de sus argumentos y el lenguaje empleado: “El combate político” de Rodolfo José Cárdenas (Doña Bárbara, Caracas, 1965) y “El reto revolucionario” de Rodríguez Iturbe, ya citado. No exageramos al incluirlos entre los clásicos venezolanos que, en su momento, tuvieron una resonante incidencia, acaso cercana a “Checoeslovaquia, el socialismo como problema” de Teodoro Petkoff o “Del buen salvaje al buen revolucionario” de Carlos Rangel, en los extremos de una literatura política que hoy extrañamos.
Efectos
Los planteamientos ideológicos expresan las naturales disputas políticas externas e internas. El foro televisado con Robert Kennedy los protocolizará ante el país, aunque Carlos Ramírez McGregor, director de un importante semanario, diga de “dirigentes jóvenes, viejas ideas” (Momento, 12/12/65), o un órgano legal de la insurgencia marxista hable de “una farsa no bien montada” (Qué Pasa, 15/12/65). Recordemos lo observado en aquellos años por Juan Páez Avila sobre las líneas editoriales establecidas en torno a los problemas y vicisitudes de la juventud, en un trabajo realizado para el Instituto de Investigaciones de la Prensa (UCV), luego reeditado por la Universidad de Carabobo.
Se decía que los planteamientos y actos jotarrecistas esbozaban un viraje hacia la extrema izquierda (Bohemia, 14/11/65), debido a las no escasas connotaciones socialistas de la documentación heterodoxa y la inusitada relevancia política adquirida a propósito de la visita del senador estadounidense que superó todas las expectativas (El Mundo, 29/11/65), permitiéndole demostrar su franqueza, llaneza y puritanismo frente al panel estudiantil (Rafael Valera: Elite, 15/06/68). No obstante, lucirán claras y frontales las manifestaciones de rechazo a la subversión castrista que “so-pretexto de un caudal doctrinario marxista leninista (ha) devenido ciertamente en equipos de asalto donde es difícil precisar que influye más o que los caracteriza”, como refiere “Una juventud para el cambio”, vivenciada la diaria y directa y difícil defensa de la democracia en liceos y universidades. Además, mayor sospecha y desconfianza cobrarán declaraciones como las del presidente de la Asociación Venezolana de Ejecutivos (AVE), Iván Lamberg, al afirmar: “... Cuando no queda otra alternativa sino entre la libertad y el orden, el orden es preferido para llenar el deseo previo de la libertad” (El Nacional, 02/11/65.
Lucen crecientemente favorables las perspectivas electorales, al igual que la sensibilidad e interés hacia la JRC. Se comentará el parcial descontento de Caldera con los resultados de la IV Asamblea Nacional Juvenil, apreciada la intensa promoción que significó unida a su escogencia como individuo de número de la Academia (Bohemia, 28/11/65).
Versiones encontradas se dan cita en 1968: Germán Borregales denunciará a los verdes como facilitadores de la implantación del comunismo en Venezuela, identificando a los portavoces en su “Copei, hoy, una negación” (Garrido, Caracas, 1968), y Ramón Díaz los calificará de fascistas (Semana, 27/09 al 04/10/68). Discreparán Uslar Pietri y Jorge Olavarría en torno al programa presidencial (El Nacional, 08 y 09/09/68). Olvidaron la observación de Carlos Rangel: “El izquierdismo socialcristiano inquieta a algunos empresarios, pero otros, convencidos que algún tipo de socialización es inevitable, están dispuestos a asirse de COPEI como de una tabla de salvación” (Momento, 21/01/68).
Ahondará la polémica en los comienzos del primer gobierno de Caldera, sin que sorprenda Orlando López, subsecretario juvenil nacional, al afirmar a secas que “somos socialistas” (El Nacional, 21/09/70). La lenta y, a la vez, rápida decantación de posiciones igualmente sabe de la cancelación y el diferimiento. Al proponerse la JRC celebrar un congreso ideológico que incluye la invitación al ministro de Educación del régimen de Velasco en Perú, Luis Herrera reclama su posposición hasta que el partido haga el suyo (Elite, 22/01/71), como en efecto lo hizo, pero quince años después y sin deparar sorpresas.
La realidad del poder impone los parámetros y, en todo caso, a guisa de ejemplo, nos servimos de Domingo Alberto Rangel cuando afirma que “derrotar a COPEI, el partido que defraudó a la más alta burguesía por sus veleidades reformistas, era empresa millonaria” (“Elecciones de 1973: El gran negocio” Vadell Hermanos, Valencia, 1974: 60). Quizá por descuido de sus editores gubernamentales, Steve Ellner ha tenido el coraje de reconocer una propensión hacia la izquierda del primer gobierno de Caldera (“El fenómeno Chávez: sus orígenes y su impacto”, Tropykos – Centro Nacional de Historia, Caracas, 2011: 91 ss., 135), contrariando la fácil satanización de estilo.
La juventud socialcristiana cerraba un ciclo caracterizado por la innovación de un discurso que hallaba audiencia en el sistema político, suscitaba una más consistente promoción de sus cuadros y alentaba una mística que tardaría en desaparecer. Las circunstancias objetivas, resueltas las amenazas existenciales cernidas sobre el sistema, contribuyeron al capítulo final, aunque también las experiencias de gobierno confirmaron las flaquezas en la formación teórica y práctica de una militancia extraviada ya en la Venezuela de las megabonanzas.
Asistiremos a una diversa evolución de “aragüatos” y “avanzados” en el seno del partido, mientras salen (y regresan), voluntaria e involuntariamente, figuras descollantes de los “astronautas”: el marxismo será puerto inmediato de sus inquietudes, a veces guevarista y otras gramsciano. Marta Sosa rendirá un elocuente testimonio a Dinorah Carnevalli, en un libro que –por cierto- fue objeto de nuestras modestas observaciones críticas (El Globo, 23/12/92; y Economía Hoy, 26/01/93) : “Con toda probabilidad, si el astronautismo hubiese nacido hoy, cuando tanta agua ha corrido bajo el puente y tantos aportes intelectuales han llegado al campo de la política, de la politología, de la economía, ya quizás nosotros tendríamos respuesta en fuentes distintas a la marxista ... Estamos a principios de los sesenta, donde el avance ideológico y la cultura política, era poco menos que precaria” (“Araguatos, avanzados y astronautas. Copei: conflicto ideológico y crisis política en los años sesenta”, Panapo, Caracas, 1992: 135).
Sobran los testimonios de prensa de varias décadas, emblemáticos de una tenaz lucha de Vivas Terán por lograr la conversión del partido, añadidos los señalamientos y denuncias por motivos que, a muy largo plazo, contribuyeron a su colapso. Por cierto, COPEI constituye un fenómeno bastante particular en el concierto de los partidos, con una prolongada coexistencia de tendencias tácitas y explícitas que todavía amerita de un estudio consistente, acaso esbozada por una circunstancial nota de Manuel Rojas Poleo (Sanoja Hernández): "Partido dialéctico Copei, donde Abdón y Oswaldo escenifican la lucha de los contrarios" (El Nacional, Caracas, 12/07/86).
A contracorrienteNo hay mejor lugar para el pasado que el pasado mismo, lo que sugiere un esfuerzo de interpretación incontaminada: suelen trasladarse mecánicamente las categorías del presente a un tiempo en el que, a veces, tímidamente se anunciaban [4]. Hay una importante experiencia histórica acumulada que exige una reinterpretación más allá de las predisposiciones que generaron, dominantes aún, mas no debemos reemplazarlas por las actuales, por las actuales cada vez más banales: necesitamos de adecuados criterios para mirar hacia el atrás ya transitado, urgidos de otros superiores para transitar el adelante impostergable y, faltando poco, indelegable.
Ciertamente, hoy, otras son las voces y las emociones. No obstante, adquiere relevancia el carácter y el alcance de la adscripción a un determinado mensaje que solía superar los linderos del partido político en los momentos de su definitiva formalización, como fue el caso de COPEI, y en el marco obligado de un sistema en construcción, dato suficiente para comprender los bemoles de un compromiso que intentaba explicar y modificar el todo y a la mayor brevedad posible. Nos referimos a una militancia de sentido pastoral que ahora probablemente no tenga equivalente en cuanto a las razones teóricas y sociales que la distinguieron en las citadas décadas.
Militancia que, en definitiva, estuvo dispuesta a nadar a contracorriente –como dijo Maritain- en procura de un porvenir, más allá o más acá de los remolinos y las tormentas que dijo domesticar el período dinerario de una sociedad mil veces apesadumbrada al sentarse sobre la tumba de un específico modelo de desarrollo. Otras son las realidades que ameritan del testimonio eficaz de los cristianos, inevitablemente roto – puede llamarse - el convencionalismo copeyano.
Referencias metodológicas
[1] “Las ideas de los primeros venezolanos”. Fondo Editorial Tropykos, Caracas, 1987: 91 s.
[2] “Consideraciones sobre metodologías en la historia de las ideas políticas”. Revista Politeia. Universidad Central de Venezuela. Caracas. 1976, Nr. 5.
[3] “Aspectos metodológicos en la Historia de la Teoría Política”, en: AA. VV. “Historia de la teoría política”. Alianza Editorial. Madrid. 1995, tomo I.
[4] “La preocupación por ´situar´ los textos del pasado dentro de las convenciones del habla propias de la época contrasta curiosamente con la correspondiente falta de indagación intersubjetivas y preconcepciones que informan nuestra misma capacidad de reflexión actual”. Ibidem, p. 45.
Reproducciones: La IV Asamblea Nacional de la JRC (1965), según Justo Molina (Momento, Caracas), y legada del candidato a la FCU-UCV, Abdón Vivas Terán, para una asamblea en las elecciones de 1966, según ¿Dimas? (El Nacional, Caracas). No se entiende la citada convención y su hstórico documento, sin otras dos circunstancias: a finales del mismo año, el programa televisivo con Robert Kennedy para protocolizar las posturas, y - al año sigue - reafirmación del liderazgo estudiantil.
Fuentes:
http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/23986-de-las-razones-de-un-debate
http://www.entornointeligente.com/articulo/7089429/VENEZUELA-De-las-razones-de-un-debate
Breve nota LB: A objeto de afinar nuestras notas aniversarias, buscamos infructuosamente el texto original en los archivos de analitica.com, publicado en 2002 o en 2003. Y decidimos reajustarlo.
Para una cronología de la época: http://lbarragan.blogspot.com/2015/10/cronologia-1965.html
domingo, 23 de diciembre de 2012
UNA JUVENTUD PARA EL CAMBIO
De una juventud política (y postdata navideña)
Luis Barragán
Nostálgicos más por el futuro que por el pasado, suscribimos estas notas sobre una juventud política que hizo historia en Venezuela. Consagrada la fecha como el día definitivo de su fundación, un 24 de Diciembre de 1947 fue bautizada como Juventud Revolucionaria Copeyana por Luis Herrera Campíns, Rodolfo Cárdenas, Valmore Acevedo, Eduardo Tamayo y Rafael Alfonzo.
Fue tal la importancia, significación y magnitud de la movilización de las juventudes venezolanas, que paulatinamente los partidos las canalizaron en un abanico indispensable de especialización funcional, ahora francamente pulverizado. Fundamentalmente, canalizaron y desarrollaron el liderazgo estudiantil, probando y consolidando vocaciones, frecuentemente de cara a sus específicas, dramáticas como intransferibles circunstanciales, fallando únicamente cuando pretendían decretarlo.
Fueron varias las etapas de la juventud socialcristiana y muchos sus protagonistas, los cuales torpemente no logra atisbar la ridícula y desinformada nota de Wikipedia. Digamos, por una parte, la de su larga travesía durante la dictadura de Pérez Jiménez, hasta que se institucionalizó definitivamente a partir de 1958, marcando un extraordinario crecimiento cuantitativo y organizacional que derivó en una intensa y trascendente polémica ideológica, acumulando una hoy asombrosa fuerza electoral, hasta que se hizo manifestación de la crisis del partido y de los partidos; y, por otra, celebrando sus convenciones o asambleas, como las denominaban los estatutos, la militancia tuvo ocasión de elegir a sus secretarios generales o secretarios juveniles, como los fueron – en orden de sucesión - Hilarión Cardozo, Eduardo Fernández, Abdón Vivas Terán, José Ramón Solano, Julio César Moreno, Donald Ramírez, Agustín Berríos, César Pérez Vivas, Vladimir Petit y Gregorio Graterol, destacando las encargadurías de Alvaro Páez Pumar y Oswaldo Alvarez Paz, junto a centenares de dirigentes juveniles municipales, regionales y nacionales de innegables méritos.
Suele ocurrir en toda entidad seria, surgieron sendas tendencias por obra de los planteamientos ideológicos y estilos de conducción, en una cordial y respetuosa competencia en la que, por lo general, la trayectoria política era decisiva para la promoción dirigencial. Hubo continuidad y perfeccionamiento de generaciones y procedimientos, hasta de orden administrativo, como ahora no lo imaginan los jóvenes y adultos que creen inventar el agua tibia de la política ya contaminada por eso que se ha dado en llamar la antipolítica. Sin embargo, a pesar de las demoliciones de la última década, quedan algunas expresiones de una juventud rebelde y cristianamente comprometida.
Acotemos, la última convención de la juventud demócrata-cristiana se hizo en 1994, dándonos una pista segura de su crisis. Hay quienes desean hacerla el venidero año, pero – irremediable – urgen de un debate de absoluta franqueza , por lo pronto, para avizorar tres perspectivas.
De un lado, la necesarísima, atrevida e innovadora actualización ideológica de cara al consabido proyecto totalitario en curso. La pobreza político-cultural puede superarse gracias a una honestísima interrogación sobre la otra sociedad deseada que fuerce a la reflexión creadora, que ha de ser privilegiada antes de sumergirse en los esporádicos cursillos o talleres que pretenden adiestrar y decretar ese liderazgo huérfano de principios y valores, excepto los utilitarios: no hay un dirigente juvenil que tenga idea del reto doctrinario de estos tiempos.
De otro, sólo concedido por una fuerte convicción, el compromiso político real y realista, mas no ese vulgar pragmatismo de la viveza efímera del relacionista público, intrigante y arribista. Este momento exige un dirigente juvenil de coraje e imaginación, capaz de concitar – ante todo – un compromiso moral para la travesía de los días duros que vienen, dispuesto a encabezarla, y que nunca concederán los esporádicos, improvisados y necios talleres que convierten a la política en un mero fenómeno mercadotécnico.
Finalmente, el saberse en una dimensión intergeneracional. Quienes tuvimos responsabilidades dirigenciales en la JRC, lo comprendimos pronto, aunque es necesario precisar que es tan peligroso creerse generacionalmente autosuficientes, como rendir culto exclusivo y clientelar a los representantes de una generación anterior que tiene por única oferta facilitar y literalmente regalar aquellas responsabilidades que deben conquistarse por esfuerzo propio. Vale decir, aprendiendo a separar el trigo de la cizaña.
Hemos escrito en distintas ocasiones sobre la historia de la juventud socialcristiana en Venezuela, pero más interesa ahora – de salvarse – la que los muchachos puedan escribir siendo hijos de su tiempo. Condición ésta irrenunciable de tomar en serio el compromiso político e ideológico, recordando por siempre que hay mundo nuevos que crear.
Post-data
Una feliz Navidad y mejor año 2013. Difícil coyuntura la que tenemos por delante. No hay destino personal absolutamente divorciado del colectivo. De modo que no ha de ser un sálvese quien pueda.
Fotografías: Reseña de la protesta reprimida ante el refinanciamiento de la deuda externa, protagonizada el 26-F por la JRC, quizá la última gran manifestación de calle que propulsó. 2001, Caracas, 27/02/1986. Y escena de la histórica IV Asamblea Nacional de la JRC ´de 1965, en la que, formalizándose las tendencias, resultó electo Abdón Vivas Terán, secretario juvenil nacional, y Rubén Darío González, precoz dirigente de los trabajadores, en subsecretario, según la gráfica de Justo Molina (Momento, 1967).
lunes, 25 de enero de 2016
CIEN AÑOS
Discípulos de Caldera conmemoran 100 años de su natalicio
Caracas, 18 de enero. En vísperas del Centenario de Rafael caldera, un grupo de discípulos tomó la iniciativa de homenajear durante el 2016 al fallecido expresidente de Venezuela, con una serie de actividades que comienzan el próximo 24 de enero por la celebración de su natalicio.
Misas, diplomados, foros y sesiones solemnes en concejos municipales del país, forman parte de la agenda prevista para todo el año.
A finales de septiembre de 2015 se constituyó una Comisión Nacional integrada por 17 dirigentes de la democracia cristiana: Saralilian Lizarraga y Nelson Oxford Belisario quedaron a cargo de la coordinación.
Asimismo, Abdón Vivas Terán, Flora Aranguren, Adonis Dager, Elías López La Torre, Naudy Suárez, Paciano Padrón, Rubén Dario Jiménez, Douglas Estanga, Werner Corrales, Luís Ignacio Planas, Macky Arenas, Oswaldo Álvarez Paz, Luís Barragán, Sergio Urdaneta, Erik Becker Becker y Nelson Hamana, forman parte de este equipo.
De igual manera, se constituyeron comisiones en los 24 estados.
Cronograma:
Este domingo 24 de enero se llevará a cabo una misa central en la iglesia de La Chiquinquira, ubicada en la urbanización La Florida, Caracas, a las 9:30 de la mañana. También se realizarán al menos 200 misas más a nivel nacional; y en otros países como, España, Perú, Panamá, Colombia, Estados Unidos, Canadá y México.
Luego, la Comisión Centenaria ofrecerá un ciclo de foros mensuales: “Rafael Caldera y la Inspiración Cristiana de su Acción Política”, será el primer evento intelectual que se celebrará el sábado 30 de enero, en el salón de conferencias de la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), a las 11:00 de la mañana; bajo la exposición del exgobernador de Caracas, Abdón Vivas Terán.
Biografía
Rafael Antonio Caldera Rodríguez, nació en San Felipe, estado Yaracuy, el 24 de enero de 1916 y murió en Caracas el 24 de diciembre de 2009. Fue abogado, sociólogo, escritor, profesor, político y estadista venezolano. Uno de los principales líderes del «Proceso de Consolidación Democrática» de Venezuela, así como prominente personalidad del ulterior período democrático. Firmante y principal impulsor del Pacto de Punto Fijo y candidato a la Presidencia de Venezuela en seis ocasiones, triunfando en dos de ellas. La primera para el período 1969-1974, y la segunda entre 1994 y 1999.
Caledera también fue senador vitalicio de la República entre 1974 y 1994, ejerció de nuevo este título en 1999, el cual no pudo mantener debido a su abolición en la Constitución del 99. Fue el fundador de Unión Nacional de Estudiante (UNE), COPEI y Convergencia, ejerciendo como máximo líder dentro de estas tres organizaciones.
Fuente:
http://www.radiowebinformativa.com/venezuela/discipulos-de-caldera-conmemoran-100-anos-de-su-natalicio/
Nota LB: Convengamos, es una nota de estilo, pues, no me considero un "discípulo de Caldera" en la acepción ordinaria del término. Aceptamos gustosos la integración a la Comisión Centenaria, porque se trata de un referente innegable de nuestra historia contemporánea y de un extraordinario valor. Cierto, puede calificarse de "indirecto" el discipulado, ya que Caldera sembró un ideario - por cierto, urgido de actualizar - en el marco de las dificultades más variadas y sorprendentes. Sin dudas, la labor de Sara Lizarraga ha sido de una principalísima importancia para reflexionar sobre una trayectoria que arroja luces en el siglo todavía impredecible que transitamos, constituyendo Caldera una aleccionadora perspectiva.
Agreguemos una sola circunstancia: el aporte de Sara, adelantado con mucho esfuerzo, es de alguien que, por razones de edad, no coincidió con los momentos más estelares del liderazgo partidista de Caldera. Circunstancia que, en sí misma, demuestra la influencia ejercida sobre las posteriores generaciones. Además, con un nivel de compromiso respecto a la conmemoración que muy pocos de los calderistas de toda la vida, discípulos directos y - ¿por qué no decirlo? - beneficiarios, no acometen.
Además de las ilustraciones, la fotografía - tomada por Juan Cristóbal Romero - fue a la salida de la misa centenaria de La Chiquinquirá (domingo, 24/01/2016), junto a Naudy Suárez. Nos valemos de la oportunidad para manifestar el orgullo de contar en Venezuela con un historiador del calibre de Naudy que, a pesar de la común militancia socialcristiana, perteneciendo a generaciones diferentes, aprendimos a apreciar al coincidir - por ejemplo - en los espacios de la Hemeroteca Nacional, de la vieja sede hemerotética. Él siempre profesó admiración por el yaracuyano y es toda una autridad sobre el periplo político del ex-presidente (25/'1/2016).
Caracas, 18 de enero. En vísperas del Centenario de Rafael caldera, un grupo de discípulos tomó la iniciativa de homenajear durante el 2016 al fallecido expresidente de Venezuela, con una serie de actividades que comienzan el próximo 24 de enero por la celebración de su natalicio.
Misas, diplomados, foros y sesiones solemnes en concejos municipales del país, forman parte de la agenda prevista para todo el año.
A finales de septiembre de 2015 se constituyó una Comisión Nacional integrada por 17 dirigentes de la democracia cristiana: Saralilian Lizarraga y Nelson Oxford Belisario quedaron a cargo de la coordinación.
Asimismo, Abdón Vivas Terán, Flora Aranguren, Adonis Dager, Elías López La Torre, Naudy Suárez, Paciano Padrón, Rubén Dario Jiménez, Douglas Estanga, Werner Corrales, Luís Ignacio Planas, Macky Arenas, Oswaldo Álvarez Paz, Luís Barragán, Sergio Urdaneta, Erik Becker Becker y Nelson Hamana, forman parte de este equipo.
De igual manera, se constituyeron comisiones en los 24 estados.
Cronograma:
Este domingo 24 de enero se llevará a cabo una misa central en la iglesia de La Chiquinquira, ubicada en la urbanización La Florida, Caracas, a las 9:30 de la mañana. También se realizarán al menos 200 misas más a nivel nacional; y en otros países como, España, Perú, Panamá, Colombia, Estados Unidos, Canadá y México.
Luego, la Comisión Centenaria ofrecerá un ciclo de foros mensuales: “Rafael Caldera y la Inspiración Cristiana de su Acción Política”, será el primer evento intelectual que se celebrará el sábado 30 de enero, en el salón de conferencias de la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), a las 11:00 de la mañana; bajo la exposición del exgobernador de Caracas, Abdón Vivas Terán.
Biografía
Rafael Antonio Caldera Rodríguez, nació en San Felipe, estado Yaracuy, el 24 de enero de 1916 y murió en Caracas el 24 de diciembre de 2009. Fue abogado, sociólogo, escritor, profesor, político y estadista venezolano. Uno de los principales líderes del «Proceso de Consolidación Democrática» de Venezuela, así como prominente personalidad del ulterior período democrático. Firmante y principal impulsor del Pacto de Punto Fijo y candidato a la Presidencia de Venezuela en seis ocasiones, triunfando en dos de ellas. La primera para el período 1969-1974, y la segunda entre 1994 y 1999.
Caledera también fue senador vitalicio de la República entre 1974 y 1994, ejerció de nuevo este título en 1999, el cual no pudo mantener debido a su abolición en la Constitución del 99. Fue el fundador de Unión Nacional de Estudiante (UNE), COPEI y Convergencia, ejerciendo como máximo líder dentro de estas tres organizaciones.
Fuente:
http://www.radiowebinformativa.com/venezuela/discipulos-de-caldera-conmemoran-100-anos-de-su-natalicio/
Nota LB: Convengamos, es una nota de estilo, pues, no me considero un "discípulo de Caldera" en la acepción ordinaria del término. Aceptamos gustosos la integración a la Comisión Centenaria, porque se trata de un referente innegable de nuestra historia contemporánea y de un extraordinario valor. Cierto, puede calificarse de "indirecto" el discipulado, ya que Caldera sembró un ideario - por cierto, urgido de actualizar - en el marco de las dificultades más variadas y sorprendentes. Sin dudas, la labor de Sara Lizarraga ha sido de una principalísima importancia para reflexionar sobre una trayectoria que arroja luces en el siglo todavía impredecible que transitamos, constituyendo Caldera una aleccionadora perspectiva.
Agreguemos una sola circunstancia: el aporte de Sara, adelantado con mucho esfuerzo, es de alguien que, por razones de edad, no coincidió con los momentos más estelares del liderazgo partidista de Caldera. Circunstancia que, en sí misma, demuestra la influencia ejercida sobre las posteriores generaciones. Además, con un nivel de compromiso respecto a la conmemoración que muy pocos de los calderistas de toda la vida, discípulos directos y - ¿por qué no decirlo? - beneficiarios, no acometen.
Además de las ilustraciones, la fotografía - tomada por Juan Cristóbal Romero - fue a la salida de la misa centenaria de La Chiquinquirá (domingo, 24/01/2016), junto a Naudy Suárez. Nos valemos de la oportunidad para manifestar el orgullo de contar en Venezuela con un historiador del calibre de Naudy que, a pesar de la común militancia socialcristiana, perteneciendo a generaciones diferentes, aprendimos a apreciar al coincidir - por ejemplo - en los espacios de la Hemeroteca Nacional, de la vieja sede hemerotética. Él siempre profesó admiración por el yaracuyano y es toda una autridad sobre el periplo político del ex-presidente (25/'1/2016).
jueves, 7 de febrero de 2013
NOTICIERO RETROSPECTIVO
- Ramón Rangel Mantilla. "Dos juventudes". Últimas Noticias, Caracas, 16/08/1978.
- Oswaldo Alvarez Paz llamó pasquín a Tribuna Popular al publicar declaraciones de Abdón Vivas Terán. Deslinde, Caracas, '1/04/70.
- Abdón Vivas Terán y la candidatura de Lorenzo Fernández. Summa,1ra. quincena 09/72.
- Especial sobre el lenguaje juvenil. Últimas Noticias, 10/07/88. Suplemento Cultural.
- Jesús Sanoja Hernández. "De la UDO a Letras". Deslinde, 15/02/72.
Fotografía: Teodoro Petcof preside Asamblea Legislativa del estado Miranda. Tribuna Popular, Caracas, 06/05/60.
Breve nota LB: Permitido por entonces, también era diputado sulente al Congreso de la República.
- Oswaldo Alvarez Paz llamó pasquín a Tribuna Popular al publicar declaraciones de Abdón Vivas Terán. Deslinde, Caracas, '1/04/70.
- Abdón Vivas Terán y la candidatura de Lorenzo Fernández. Summa,1ra. quincena 09/72.
- Especial sobre el lenguaje juvenil. Últimas Noticias, 10/07/88. Suplemento Cultural.
- Jesús Sanoja Hernández. "De la UDO a Letras". Deslinde, 15/02/72.
Fotografía: Teodoro Petcof preside Asamblea Legislativa del estado Miranda. Tribuna Popular, Caracas, 06/05/60.
Breve nota LB: Permitido por entonces, también era diputado sulente al Congreso de la República.
martes, 12 de febrero de 2013
NOTICIERO RETROSPECTIVO
- Joaquín Pérez-Ordaz R. "El fracaso generacional". El Globo, Caracas, 12/03/2001.
- Néstor Mora y la intervención de Caldera en la convención nacional de la JRC. El Nacional, Caracas, 01/11/1965.
- Abdón Vivas Terán. "Hacia una sociedad solidaria". Resumen, Caracas, nr. 63 del 19/01/75.
- S/a. "Propiedad comunitaria y licitaciones: señales de tránsito". Sin Gríngolas, Caracas, 30/07/80.
- Documento de la Escuela de Letras. Semana, Caracas, 29/05/69.
Fotografía: Abdón Vivas Terán, según Justo Molina. Momento, Caracas, nr. 721 del 10/05/70.
- Néstor Mora y la intervención de Caldera en la convención nacional de la JRC. El Nacional, Caracas, 01/11/1965.
- Abdón Vivas Terán. "Hacia una sociedad solidaria". Resumen, Caracas, nr. 63 del 19/01/75.
- S/a. "Propiedad comunitaria y licitaciones: señales de tránsito". Sin Gríngolas, Caracas, 30/07/80.
- Documento de la Escuela de Letras. Semana, Caracas, 29/05/69.
Fotografía: Abdón Vivas Terán, según Justo Molina. Momento, Caracas, nr. 721 del 10/05/70.
domingo, 4 de octubre de 2015
ALGO MÁS QUE UN EVENTO
Una Juventud para el Cambio: 50 años
Luis Barragán
Nota de exclusivo interés histórico, cincuenta años atrás la juventud socialcristiana incurrió en un acto de trascendencia mediante un documento intitulado “Una juventud para el cambio” (UJC), condensando - así - sus esfuerzos, reflexiones y emociones al calor de un vivido compromiso político. Impactando formidablemente al país, lo hizo en el marco de la IV Asamblea Nacional de la Juventud Revolucionaria Copeyana (JRC), en la que resultaron elegidos Abdón Vivas Terán y Rubén Darío González como sus máximos conductores.
Una juventud política, progresivamente organizada, celebraba regularmente sus comicios internos, dándose cita tres tendencias: los araguatos (ortodoxa), los avanzados y los astronautas (heterodoxas), denominación circunstancial luego consolidada con el tiempo, el 31 de octubre de 1965. Los astronautas plantearon un largo texto de implicaciones más domésticas ("Materiales para una discusión que concluya en el trazamiento de una política correcta para la JRC "), mientras que los avanzados profundizaron en un modelo alternativo de sociedad que, al actualizar las fuentes cristianas, desafiaron la propuesta programática formal del partido.
UJC, mecanografiado a varias manos, clamó por un cambio social inmediato, reivindicó la revolución personalista y comunitaria, denunciando la democracia formal, con propuestas – por entonces – muy osadas, como la de nacionalizar la industria petrolera y otras del sector energético, la reforma del Congreso Nacional y la eliminación de las Asambleas Legislativas, una audaz reforma agraria o la modificación de nuestra división político-territorial. La versión multígrafa que un buen día tuvo a bien obsequiarnos el otrora delegado Rafael Domínguez Daly, cobrando una superior e insospechada audiencia pública, motivó uno de los discursos de mayor cuidado quirúrgico de Rafael Caldera, secretario general del partido, planteada la sociedad comunitaria, quien prefería – dijo – un par de aspirinas para el dolor de cabeza, antes que liquidar a la JRC.
Enunciado sociológico, versamos en torno a una juventud predominantemente de clase media, con un objetivo soporte político en los liceos y universidades, capaz de afrontar abierta y claramente al marxismo-leninismo y sus afanes guerrilleros. El doble proceso de urbanización y de expansión educativa, con una creciente movilidad social, apuntará a una organización juvenil convincentemente representativa en el universo estudiantil y – valga añadir – timidamente en el obrero, explicando la elección de González como subsecretario juvenil.
Organización que sabrá de un desarrollo institucional, tendiendo a estabilizarse, camino a sentarse con voz y voto en la dirección nacional del partido, entendido como institución. Infructuoso esfuerzo, la tesis generacional ha procurado explicar un fenómeno que rompió con la propia concepción que se tenía de las juventudes políticas en Venezuela, contextualizadas directamente en las propias vicisitudes del país.
Enunciado politológico, UJC dijo, la opinión pública juzgó sus intenciones y generó consecuencias en el partido (COPEI ya no será el mismo), en sus adversarios (la confrontación con el marxismo tendrá otra dimensión), y en el país (se impondrá de una alternativa ideológica), adquiriendo la jerarquía de una noticia renovada en el tiempo, gracias a los nuevos elencos dirigenciales que, naturalmente, reafirmarán o tomarán rumbos diferentes en el futuro. Un sistema en construcción, intentando pasar de la conflictividad existencial a la agonal, tiene por fresca memoria la rebelión en Acción Democrática (AD) que originó al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), mas la iniciativa de los veinteañeros socialcristianos que forzaba a una constante alianza del MIR y la Juventud Comunista (JC) en las casas de estudios, tuvo otra naturaleza e implicaciones ciertas y duraderas.
Acontecido en un partido integrante de la coalición puntofijista, quizá de una sobreviviente fama de conservador, evidenciaba el peso que la representación estudiantil adquiría al asumir también una perspectiva partidista de sus luchas, yendo más allá de las vicisitudes gremiales, como lo protocolizó la célebre entrevista televisiva, realizada en Caracas, de Robert Kennedy frente al joven panel en el que destacaron Vivas Terán (avanzado) y Joaquín Marta Sosa (astronauta). Cobra importancia el planteamiento doctrinario e ideológico y, si bien es cierto que hubo los efectos del Concilio Vaticano II, coincidimos en que los más decisivos estaban por darse, enfatizando los debates que propiciaba la Iglesia Católica respecto a los autores innovadores a los que se resistían ciertos sectores de su jerarquía.
Enunciado histórico, el arqueo hemerográfico y el testimonio de muchos de sus actores y oponentes, aunque – sostenemos – la academia todavía está en deuda con una interpretación más sólida de lo acaecido, convirtió la IV convención juvenil (*) en un hito que marcó a la JRC, agotada ya – definitivamente - a principios de la década de los noventa del XX. Enriqueció la dinámica interna partidista (sistema parapolítico), irradiando al país que los urgía comprometidos con el cambio social (sistema político), un producto necesitado de una mayor precisión ante la obvia aparición de otros elencos dirigenciales.
Enunciado pedagógico, corren otros tiempos, nos convocan otros desafíos e intenciones, pero mal podemos olvidar un documento como UJC, surgido de los hornos de altas temperaturas cuando la política, como vocación y servicio, prende – incluso – prematuramente, en el rehacer y quehacer continuo de las coincidencias y discrepancias. Hoy, los más jóvenes, deben soñar un país diferente que sólo se hace a punta de realidades, con disciplina, ideas, acción, imaginación y coraje: ya no basta con atreverse.
(*) Refiere el diario El Nacional (Caracas, 02/11/1965): Pactaron los avanzados y astronautas, frente a los araguatos. De votación nominal y secreta de 169 de los 172 delegados principales, , quedó integrada por Vivas Terán (secretario general) y González (subsecretario general), con un directorio compuesto - con predominio araguato - por Rafael Peña, Alfredo Rojas, Erick Becker, José González Puerta, Germán López Méndez, Carlos Rivas, Rafael Blanchard, Pedro Nikken, empatados en la novena vocalía Marta Sosa y Guillermo Betancourt. La avanzada propuso originalmente, además, a: Adel Muhamad, José Ramón Solano, Miltón Granados, Carlos Julio González, Julio César Pineda, Julio César Moreno, Gema Belandia, Domínguez Daly y Oliver Belisario. Los araguatos postularon a Alvaro Páez Pumar (secretario general) y a Osealdo Alvarez Paz (subsecretaio general). Los astronautas nominaron originalmente a: Joaquín Marta Sosa (secretario general) y Saúl Rivas (subsecretario general), con Rafael Iribarren, Germán Ahrensburg, José Vitales, Gustavo Escobar, Pedro L. Castellanos, Antonio Barroeta, Ibrahín Sáchez, Alejandro Alfonzo, Rubén Colina.
Reproducciones: Robert Kennedy ante el panel estudiantil (Venevisión, Caracas, 1965). Y portada de un breve ensayo sobre la citada convención juvenil y la visita de Kennedy que protocolizó las posturas de la JRC ante la opinión pública. Al respecto, desde muy a principios de la década de los '80 del XX, el folleto estuvo listo, sin la suerte de su impresión (excepto, el intenso fotocopiado para el llamado Consejo Consultivo de la JRC de Caracas, 1980). Por cierto, para una cronología política de aquellos tiempos, puede verse: http://lbarragan.blogspot.com/2015/10/cronologia-1965.html
Fuentes:
http://www.noticierodigital.com/2015/10/una-juventud-para-el-cambio-50-anos/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?f=15&t=770
http://venezuela.shafaqna.com/ES/VE/234351
http://www.iberoamerica.net/venezuela/prensa-generalista/noticierodigital.com/20151005/noticia.html?id=2Vgku7z
http://titles.ws/venezuela/ve2015100526285235165423.php
Luis Barragán
Nota de exclusivo interés histórico, cincuenta años atrás la juventud socialcristiana incurrió en un acto de trascendencia mediante un documento intitulado “Una juventud para el cambio” (UJC), condensando - así - sus esfuerzos, reflexiones y emociones al calor de un vivido compromiso político. Impactando formidablemente al país, lo hizo en el marco de la IV Asamblea Nacional de la Juventud Revolucionaria Copeyana (JRC), en la que resultaron elegidos Abdón Vivas Terán y Rubén Darío González como sus máximos conductores.
Una juventud política, progresivamente organizada, celebraba regularmente sus comicios internos, dándose cita tres tendencias: los araguatos (ortodoxa), los avanzados y los astronautas (heterodoxas), denominación circunstancial luego consolidada con el tiempo, el 31 de octubre de 1965. Los astronautas plantearon un largo texto de implicaciones más domésticas ("Materiales para una discusión que concluya en el trazamiento de una política correcta para la JRC "), mientras que los avanzados profundizaron en un modelo alternativo de sociedad que, al actualizar las fuentes cristianas, desafiaron la propuesta programática formal del partido.
UJC, mecanografiado a varias manos, clamó por un cambio social inmediato, reivindicó la revolución personalista y comunitaria, denunciando la democracia formal, con propuestas – por entonces – muy osadas, como la de nacionalizar la industria petrolera y otras del sector energético, la reforma del Congreso Nacional y la eliminación de las Asambleas Legislativas, una audaz reforma agraria o la modificación de nuestra división político-territorial. La versión multígrafa que un buen día tuvo a bien obsequiarnos el otrora delegado Rafael Domínguez Daly, cobrando una superior e insospechada audiencia pública, motivó uno de los discursos de mayor cuidado quirúrgico de Rafael Caldera, secretario general del partido, planteada la sociedad comunitaria, quien prefería – dijo – un par de aspirinas para el dolor de cabeza, antes que liquidar a la JRC.
Enunciado sociológico, versamos en torno a una juventud predominantemente de clase media, con un objetivo soporte político en los liceos y universidades, capaz de afrontar abierta y claramente al marxismo-leninismo y sus afanes guerrilleros. El doble proceso de urbanización y de expansión educativa, con una creciente movilidad social, apuntará a una organización juvenil convincentemente representativa en el universo estudiantil y – valga añadir – timidamente en el obrero, explicando la elección de González como subsecretario juvenil.
Organización que sabrá de un desarrollo institucional, tendiendo a estabilizarse, camino a sentarse con voz y voto en la dirección nacional del partido, entendido como institución. Infructuoso esfuerzo, la tesis generacional ha procurado explicar un fenómeno que rompió con la propia concepción que se tenía de las juventudes políticas en Venezuela, contextualizadas directamente en las propias vicisitudes del país.
Enunciado politológico, UJC dijo, la opinión pública juzgó sus intenciones y generó consecuencias en el partido (COPEI ya no será el mismo), en sus adversarios (la confrontación con el marxismo tendrá otra dimensión), y en el país (se impondrá de una alternativa ideológica), adquiriendo la jerarquía de una noticia renovada en el tiempo, gracias a los nuevos elencos dirigenciales que, naturalmente, reafirmarán o tomarán rumbos diferentes en el futuro. Un sistema en construcción, intentando pasar de la conflictividad existencial a la agonal, tiene por fresca memoria la rebelión en Acción Democrática (AD) que originó al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), mas la iniciativa de los veinteañeros socialcristianos que forzaba a una constante alianza del MIR y la Juventud Comunista (JC) en las casas de estudios, tuvo otra naturaleza e implicaciones ciertas y duraderas.
Acontecido en un partido integrante de la coalición puntofijista, quizá de una sobreviviente fama de conservador, evidenciaba el peso que la representación estudiantil adquiría al asumir también una perspectiva partidista de sus luchas, yendo más allá de las vicisitudes gremiales, como lo protocolizó la célebre entrevista televisiva, realizada en Caracas, de Robert Kennedy frente al joven panel en el que destacaron Vivas Terán (avanzado) y Joaquín Marta Sosa (astronauta). Cobra importancia el planteamiento doctrinario e ideológico y, si bien es cierto que hubo los efectos del Concilio Vaticano II, coincidimos en que los más decisivos estaban por darse, enfatizando los debates que propiciaba la Iglesia Católica respecto a los autores innovadores a los que se resistían ciertos sectores de su jerarquía.
Enunciado histórico, el arqueo hemerográfico y el testimonio de muchos de sus actores y oponentes, aunque – sostenemos – la academia todavía está en deuda con una interpretación más sólida de lo acaecido, convirtió la IV convención juvenil (*) en un hito que marcó a la JRC, agotada ya – definitivamente - a principios de la década de los noventa del XX. Enriqueció la dinámica interna partidista (sistema parapolítico), irradiando al país que los urgía comprometidos con el cambio social (sistema político), un producto necesitado de una mayor precisión ante la obvia aparición de otros elencos dirigenciales.
Enunciado pedagógico, corren otros tiempos, nos convocan otros desafíos e intenciones, pero mal podemos olvidar un documento como UJC, surgido de los hornos de altas temperaturas cuando la política, como vocación y servicio, prende – incluso – prematuramente, en el rehacer y quehacer continuo de las coincidencias y discrepancias. Hoy, los más jóvenes, deben soñar un país diferente que sólo se hace a punta de realidades, con disciplina, ideas, acción, imaginación y coraje: ya no basta con atreverse.
(*) Refiere el diario El Nacional (Caracas, 02/11/1965): Pactaron los avanzados y astronautas, frente a los araguatos. De votación nominal y secreta de 169 de los 172 delegados principales, , quedó integrada por Vivas Terán (secretario general) y González (subsecretario general), con un directorio compuesto - con predominio araguato - por Rafael Peña, Alfredo Rojas, Erick Becker, José González Puerta, Germán López Méndez, Carlos Rivas, Rafael Blanchard, Pedro Nikken, empatados en la novena vocalía Marta Sosa y Guillermo Betancourt. La avanzada propuso originalmente, además, a: Adel Muhamad, José Ramón Solano, Miltón Granados, Carlos Julio González, Julio César Pineda, Julio César Moreno, Gema Belandia, Domínguez Daly y Oliver Belisario. Los araguatos postularon a Alvaro Páez Pumar (secretario general) y a Osealdo Alvarez Paz (subsecretaio general). Los astronautas nominaron originalmente a: Joaquín Marta Sosa (secretario general) y Saúl Rivas (subsecretario general), con Rafael Iribarren, Germán Ahrensburg, José Vitales, Gustavo Escobar, Pedro L. Castellanos, Antonio Barroeta, Ibrahín Sáchez, Alejandro Alfonzo, Rubén Colina.
Reproducciones: Robert Kennedy ante el panel estudiantil (Venevisión, Caracas, 1965). Y portada de un breve ensayo sobre la citada convención juvenil y la visita de Kennedy que protocolizó las posturas de la JRC ante la opinión pública. Al respecto, desde muy a principios de la década de los '80 del XX, el folleto estuvo listo, sin la suerte de su impresión (excepto, el intenso fotocopiado para el llamado Consejo Consultivo de la JRC de Caracas, 1980). Por cierto, para una cronología política de aquellos tiempos, puede verse: http://lbarragan.blogspot.com/2015/10/cronologia-1965.html
Fuentes:
http://www.noticierodigital.com/2015/10/una-juventud-para-el-cambio-50-anos/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?f=15&t=770
http://venezuela.shafaqna.com/ES/VE/234351
http://www.iberoamerica.net/venezuela/prensa-generalista/noticierodigital.com/20151005/noticia.html?id=2Vgku7z
http://titles.ws/venezuela/ve2015100526285235165423.php
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